¡Hey! Después de dos meses aquí estoy. Juro que he intentado empezar este capítulo como tres veces hasta que ha salido esto. Ale, ya no me enrollo, ¡a leer!

Disclaimer: Los personajes que aparecen en esta historia pertenecen a Disney y a Dreamworks (que a este paso también será de Disney así que…)

CAPÍTULO 13

En su habitación, días después, Elsa se acordaba de la cena familiar de la que había formado parte. Familia… hacía demasiado que había olvidado el significado de esa palabra. Pero la familia de Anna hacía honor a ella. Conversaban, se reían, incluso se metían unos con otros. Echaba tanto de menos pertenecer a una… Pensó en ellos, en lo diferentes que eran. Beatriz, su madre, una mujer no muy alta con el pelo azabache e inicios de canas. Sus ojos marrones tan típicos de la cultura mediterránea y de piel olivácea. Kristoff, rubio, como si lavase el pelo con agua oxigenada todas las mañanas y alto como una montaña, tanto que superaba a su madre aproximadamente por medio metro. Sus hombros anchos pegaban muy bien con él, y aunque podría parecer una persona intimidante por lo grande que era, todo eso quedaba anulado con la calidez de su mirada parda.

Y luego estaba la pequeña y dulce Anna, su novia. De un castaño pelirrojo, inundada de pecas, miles de pecas, incluso se atrevería a decir que millones. Recorrían su piel por entero, pero lo que más le gustaba de ellas era cómo enmarcaban sus ojos azules con tintes de verde. Simplemente increíbles. Sí, definitivamente eran muy diferentes entre ellos.

Recordó que Kristoff era adoptado, ¿Anna también lo sería? Ella nunca había mencionado un padre, y aclararía aquel desajuste de genética que parecía haber entre ellos. Lo que sí que era indudable era el amor que se tenían, y eso para Elsa superaba cualquier factor biológico.

No era temprano, pero era sábado así que la rubia platino no tenía necesidad de tener prisa para salir de la cama. No es que fuese perezosa, pero no había cosa más placentera que levantarse cuando el cuerpo te lo pedía y no cuando lo exigía el despertador. Miró la hora en el móvil, marcaba las diez y media de la mañana. Dejó el teléfono sobre la almohada al lado de la cabeza y se frotó la cara con la mano, despegándose el sueño. Se quitó las sábanas de encima y salió del calor de la cama, notando un escalofrío recorrer su cuerpo. Aunque su apodo fuese la reina de las nieves por su aparente falta de frío, el momento justo después de salir de la cama era mortal, así que se fue a la cocina a prepararse un "negro", y no, no un café. Era como llamaba a su forma de hacerse el cola cao, que llevaba casi más porcentaje de cacao en polvo que de leche. El chocolate era su perdición.

En cuanto estaba a punto de llevarse el vaso con el líquido caliente, se escuchó el sonido de su móvil que estaba en su habitación. Soltó un quejido por la interrupción de ese sagrado momento de su mañana, pero posó la taza en la barra americana que separaba el salón de la cocina y en la que estaba sentada, y se fue a por el aparato que sonaba de forma insistente rápidamente, antes de que colgasen. Casi se tiró en plancha sobre le cama para alcanzarlo y consiguió coger la llamada, sin darse tiempo a mirar quién estaba identificado en la pantalla.

-¿Sí?

-Ya pensaba que no me lo cogerías.

Elsa rodó los ojos al reconocer a una de sus mejores amigas al otro lado de la línea, su sarcasmo permanente en la voz era inconfundible.

-Buenos días a ti también, Mérida.

-Sí, sí, buenos días, y todo eso. A lo que iba. Te llamo para recordarte que hemos quedado para comer, como últimamente solo tienes a la niña "intento de pelirroja" en la cabeza, no me extrañaría que se te olvidase.

Elsa suprimió una risa al escuchar el sobre nombre con el que su amiga escocesa llamaba desde que ese lunes Anna y ella habían tenido aquella pelea. Mérida había decidido que era una mala influencia y que solo le iba a hacer daño, así que decidió meterse con su cabello no tan fogoso como el suyo. Elsa no abría su corazón a muchas personas, y cuando lo hacía le llevaba tiempo hacerlo. Pero Anna había llegado, se había metido en su cabeza y luego en su corazón como si los muros de hielo que rodeaban su alma le dejasen el paso libre, como si le conociesen, como si fuese una vieja amiga a la que llevas mucho tiempo sin ver y que abrazas sin dudar. Y Mérida tenía miedo de que su amiga quedase destrozada por culpa de una criaja.

-Claro que no, me acordaba perfectamente, así que deja de entretenerme y déjame prepararme. Nos vemos en un rato.

Colgó la llamada. En realidad había mentido, no se acordaba de la comida con sus amigos y maldijo, puesto que habían quedado a las doce y tenía apenas una hora para ducharse, arreglarse y salir hacia la casa de Jack y Olaf porque había quedado con ellos para recogerles con el coche. Mérida tenía razón, Anna parecía absorber todos sus pensamientos, y no estaba segura de hasta qué punto eso podría ser bueno. De lo que estaba segura era de que no le importaba, y eso sí que le asustaba en cierto modo.

Mientras se quitaba la ropa a toda velocidad y la dejaba regada por el suelo creando un camino de prendas entre su habitación y el cuarto de baño ya estaba recorriendo mentalmente su armario para que cuando saliese de la ducha tuviese claro lo que se iba a poner. Se metió bajo el agua sin preocuparse por regular la temperatura o esperar a que el agua caliente llegase a sus tuberías, haciendo que la impresión por el cambio de temperatura le hiciese pegar un pequeño grito, pero no tardó en habituarse. Pasó de lavarse el pelo que llevaba recogido en un moño, no lo tenía sucio, tenía prisa y no tenía ganas de pegarse con él, así que intentó mojarlo lo menos posible a la vez que pasaba la jabonosa esponja por su piel. En el tiempo record de diez minutos ya estaba fuera envuelta en su esponjoso albornoz blanco, caminando regreso a su habitación y dejando un camino de pisadas húmedas inverso al que había dejado la ropa.

A la vez que dejaba que el albornoz secase por sí solo su piel mojada abrió el armario y debido a lo ordenado que lo tenía no le constó nada encontrar todo lo que necesitaba. Terminó ella misma de eliminar el agua restregando rápidamente la prenda de toalla. Al mirar la hora observó con algo de alivio que aún contaba con cuarenta minutos para terminar de arreglarse, así que se vistió sin demasiada prisa. Antes de irse a arreglar su cabello se miró en el espejo delgado de cuerpo entero que colgaba en el interior de una de las puertas de su armario. Le devolvió una imagen que hizo sonreír satisfecha a la chica. Llevaba una blusa de manga corta blanca metida por dentro de sus pantalones favoritos. Eran unos pantalones de mezclilla grises, con un degradado en los muslos algo más claro simulando estar algo desgastados, de talle alto que definían perfectamente sus piernas y la curva de su cadera. Como calzado se había puesto unos botines negros con unos pocos centímetros de tacón ancho. Asintió al reflejo y se fue al baño. Comenzó a pasar el peine por los mechones de su pelo, algo enredados por haberse metido en la ducha sin peinarse, teniendo en cuenta que se había levantado pocos minutos antes. Una vez libre de nudos enchufó un momento el secador, ya que no todo el pelo había salido indemne de mojarse, sobre todo las puntas, pero no tardó demasiado en conseguir que quedasen completamente secas. Para su agrado esto había hecho que su lacio cabello se ondulase ligeramente en ellas, así que decidió que llevaría el pelo suelto ese día. Con lo que sí tuvo un poco más de problema fue con el flequillo, que no se quedaba quieto. Al final lo dejó que cayese lateralmente sobre su frente.

Sacó el lápiz para hacerse una ligera raya de maquillaje en los ojos. Lo miró con una mueca, estaba ya demasiado corto y le tocaría ir a comprar uno nuevo… tal vez probaría a comprarse un eyeliner líquido… Como toque final se roció un poco de perfume. Ese día se había levantado con ganas de arreglarse.

Giró la muñeca para mirar el reloj de pulsera de oro blanco, único complemento que había incluido en el conjunto. Sonrió y decidió que con los minutos que le habían sobrado iba a recoger el desastre que había dejado por la casa, así que recogió los cachivaches del baño y la ropa que había por todo el pasillo. Lo bueno de tener una casa pequeña es que no había demasiado espacio para ensuciar, así que tenía menos que limpiar. Metió la ropa en la lavadora para ponerla cuando volviese.

Al mirar sobre la encimera vio su abandonado, olvidado y solitario desayuno y se lamentó porque frío no era lo mismo. De todos modos tampoco le quedaba tiempo de tomárselo tranquilamente, así que lo metió en el frigorífico y agarró el blazer negro que había dejado sobre una silla, las llaves del coche, las llaves de la casa y la cartera. Esas tres últimas cosas las metió en un pequeño bolso y por último metió el móvil en el bolsillo trasero del pantalón, saliendo del apartamento y cerrándolo con llave.

Antes de meterse en el coche quitó un panfleto de publicidad que alguien había dejado enganchado a su limpiaparabrisas y haciéndolo una bola lo tiró a una papelera que estaba enganchada a una farola justo al lado. El ronroneo del motor le dio la bienvenida. Su coche no era una marca o modelo de alta gama, ni siquiera lo había comprado de concesionario, perlo le gustaba cuidar lo que tenía puesto que, aunque no era una persona realmente material, y precisamente por eso, sí apreciaba lo que le importaba. Su coche era una de esas cosas, para ella era una especie de sinónimo de libertad. Mentiría si dijese que al principio le gustaban los coches. En realidad le daban un pavor absoluto por culpa del accidente que provocó la muerte de sus padres. Y sí, lo había superado, pero eso no quitaba que siempre conducía con bastante precaución.

Envió un mensaje a su "hermano" y el canijo de Olaf avisando de que ya había salido hacia allí. Por el camino llevaba la radio puesta y tarareaba mientras golpeteaba sus pulgares sobre el volante al ritmo de las canciones. Al poco rato ya estaba frente al edificio donde estaba el apartamento de los chicos y apenas tuvo que esperar antes de ver la puerta del portal abrirse y dejar ver a sus dos amigos. Espera, si no se había olvidado de contar del edificio estaban saliendo tres personas, no dos, y una de ellas era una chica bastante mona. Dio gracias al ver a Olaf vestido con una camisa azul clara, no sería la única que iba arreglada, no como Jack, que iba con una chaqueta con capucha abierta sobre una camiseta negra con un diseño geométrico de un lobo. Olaf se dirigió al automóvil sin mirar a los otros dos, con una cara completamente seria, muy diferente a la radiante y contagiosa sonrisa que solía llevar todo el rato. Se subió en el asiento del copiloto, normalmente reservado a Mérida o Jack, cosa que le terminó de confirmar a Elsa que el chaval de pelo negro bastante corto y bajito había tenido algún problema con su compañero de piso y amigo.

-Buenos días – dijo de forma bastante seca y manteniendo los brazos cruzados sobre su pecho.

Al mismo tiempo Jack se despedía de la chica, la cual le dio un ligero beso y se alejó despidiéndose con la mano. Al subir a uno de los asientos de atrás y se aclaró la garganta, claramente avergonzado con la situación que acababa de presenciar Elsa.

-Buenos días.

-No lo parecen… - miró a Jack a los ojos a través del espejo retrovisor, pero arrancó el coche y puso rumbo al restaurante donde habían quedado para comer.

A Elsa no le había pasado desapercibido que Jack se había tragado su caprichoso carácter y no había dicho nada sobre la reciente usurpación de su asiento por parte de Olaf. Así que era consciente del enfado del más bajito. Sí que debía de haber sucedido algo gordo entre ellos para que estuviesen así… Seguramente Jack hubiese hecho una cagada sin darse cuenta, la prepotencia del chico causaba muchas situaciones similares. Lo que no entendía era el comportamiento de Olaf. El chico bajito era el compañero de piso perfecto para Jack, cuando él hacía algo que molestaba a Olaf, este se lo decía sinceramente, pero de una forma que en vez de reproche sonaba a una madre que le explica a su hijo por qué algo está mal. Perdonaba cualquier cosa que hiciese el peliblanco, no conocía el rencor. En ese momento, Olaf estaba de todo menos dispuesto a perdonar a Jack, fuese lo que fuese lo que había hecho, y Jack parecía ignorante del porqué del enfado de su amigo. Y las escasas ocasiones que algo como lo que estaba presenciando había pasado, Olaf solo ignoraba a Jack y trataba al resto igual que siempre, de forma encantadora.

Elsa simplemente guardó silencio, el ambiente era un poco pesado. Olaf miraba por la ventana con el ceño fruncido y Jack desbloqueaba y bloqueaba el móvil de manera constante, poniéndole nerviosa cada vez que el aparato emitía el sonido de desbloqueo. Elsa dio gracias a los dioses cuando el tono de llamada de su móvil resonó a través del sistema bluetooth del coche y sin mirar de quién se trataba le dio al botón de descolgar que se encontraba en el volante, todo con tal de romper aquel silencio.

-¡Buenos días, Elsa! – el tono alegre de Anna algo mecanizado inundó el coche.

La rubia sonrió inevitablemente, aquel había sido el primer "buenos días" de toda la mañana que de verdad hacía parecer que el día era bueno.

-Buenos días, Anna.

-¿Qué tal? Te echo de menos – la forma en que lo dijo le dio a Elsa una imagen metal perfecta de su novia haciendo un puchero con los labios, pero no le dio tiempo a reírse cuando Jack ya lo había hecho por ella, recordándole que no estaba sola en el coche.

-¿Elsa? – la pelirroja preguntó extrañada, era obvio que esa no era la risa femenina que solía escuchar de su novia.

Elsa notaba cómo su cara empezaba a adquirir el calor característico del momento en el que la vergüenza le invadía.

-Es el idiota de Jack.

-¡Holaaa! – saludó asomando su cabeza entre los asientos delanteros del coche y saludando con la mano a la pantallita incrustada en el salpicadero, como si Anna pudiese verle.

-¡Hola Jack! – Anna también saludó efusivamente, no conocía a todos los amigos de Elsa, y Jack era uno de ellos porque no iba a la misma universidad que ellas.

-También tengo aquí a Olaf, estamos en el coche.

-¡Hola a ti también, Olaf!

-Por fin nos conocemos Anna, Elsa habla mucho de ti – por primera vez en lo que llevaban juntos Olaf sonreía sinceramente. El brillo en su mirada revelaba la ilusión que le hacía hacer nuevos amigos. Él era el otro que no conocía, por la misma razón del Jack.

-¿En serio? – esta vez la imagen que se formó en la cabeza de Elsa era de Anna con una ceja levantada y una media sonrisa de suficiencia.

-Podría decirse que eres de lo único que habla – eso seguido de una carcajada fue lo último que la vergüenza de Elsa pudo aguantar. El comentario de Olaf había sido sin malicia alguna, pero Jack lo había hecho para molestar a la rubia.

-Bueno, ya está bien, ¿no?

Los tres rieron al unísono, haciendo que la molestia de Elsa se esfumase y acabase rodando sus ojos y poniendo una pequeña sonrisa, dándoles por imposibles.

-¿Necesitabas algo Anna?

-¡Ah, sí! – exclamó la chica recordando porqué había llamado – Solo quería saber si podíamos vernos hoy, pero parece que ya tienes planes.

Y era cierto, ya que no solo habían quedado para comer, si no para pasar la tarde juntos.

-¡Puedes venirte luego si quieres! – soltó Olaf antes de que la rubia pudiese decir nada.

-¡Sí! Lo más seguro es que vayamos a la bolera, ¿te gusta? – continuó Jack.

-¿Bromeáis? ¡Me encantan los bolos! ¿En serio que puedo ir? – la emoción teñía la voz de Anna.

La cara de Elsa a medida que la conversación se daba era de horror, ¿y ahora qué hacía?

-Si no puedo no pasa nada… – se escuchó a la chica decepcionada después de los segundos sin respuesta de Elsa.

-¡No! No, claro que puedes venir – dijo nerviosa, lo último que quería es que su novia pensase que no quería estar con ella, sobre todo después de una semana en la que apenas se habían visto.

-En serio que no pasa nada, no quiero molestar…

-Anna – dijo Elsa ya más firme –, no molestas, ¿de acuerdo? Si quieres puedes venir, quedamos en el centro comercial, luego te mando un mensaje con la hora.

-¡Genial! – se notaba que la sonrisa había vuelto a su cara – Hasta luego, te quiero.

-Te…. quiero – fue más un murmullo que otra cosa, pero parece ser que fue suficiente para Anna y simplemente colgó.

Olaf la miraba con ojitos emocionados a la vez que la expresión de Jack reflejada por el retrovisor era socarrona.

-¡Agh! Sois imposibles – no desviaba la mirada de la carretera, sabía que sus amigos no la dejarían en paz tras esa llamada.

Olaf se pondría a fanguirlear y Jack no dejaría de meterse con ella. Suspiró y en un semáforo golpeó levemente su frente contra el volante.

-Chicos, sabéis que Mérida me va a clavar un tenedor en la frente en cuanto se entere de que viene Anna, ¿por qué le habéis invitado?

-Porque somos los únicos que no la conocen aún.

-Y porque te mueres por verla, capaz serías de dejar una partida a medias si te hubiese llamado más tarde para estar con ella. Lo hicimos por el bien del juego – dijo Jack de forma convincente.

-Os odio.

-No nos odias, odias que te conozcamos tan bien, pero en realidad nos adoras – volvió a hablar Jack y Elsa solo fue capaz de resoplar pensando en todo lo que tendría que correr para que Mérida no la hiciese descansar en paz.

Al menos todo esto había servido para que el ambiente se relajase un poco. Jack y Olaf todavía no habían interactuado en todo el rato, ni siquiera mientras se desarrollaba la conversación con su novia. Pero Jack ahora hablaba con la rubia sin problema y Olaf iba canturreando las canciones que sonaban en la radio. Esperaba enterarse de qué era lo que les había pasado, o al menos que ellos lo arreglasen pronto.

Llegaron a una zona donde Elsa dejaría el coche y para el resto del camino usarían el metro. Ni de coña se metía en el centro con el coche, perdería más dinero con la gasolina gastada en atascos y luego el parking, que con un billete de metro.

Al llegar al establecimiento vieron que Mérida, Mulan y Shang ya estaban allí, les saludaron con la mano desde la puerta y se acercaron. Mérida iba con su habitual cabello despeinado, si de ella decían que era indomable, no estaba segura en qué porcentaje era por su carácter y en qué por su pelo. Iba vestida de forma sencilla, aunque llevaba una falda verde suelta hasta los tobillos, con algún detalle bordado en hilo dorado. Se fijó en que tanto Mulan como Shang llevaban el mismo peinado, un moño al estilo samurái en lo alto de sus cabezas, aunque Shang llevaba rapada toda la parte de la nuca, a diferencia de su novia. Repasó un poco con la mirada a la chica, que resultaba que no era una chica, si no al revés. Elsa supo identificar a Ping porque tras la camiseta blanca de cuello cerrado que llevaba no se diferenciaban los pechos, seguramente se habría puesto uno de sus sujetadores deportivos ultra pequeños que tenía precisamente para eso. Según él era más cómodo que ir lleno de vendas. Aparte de eso llevaba una chaqueta de cuero de talle masculino y unos vaqueros a juego algo sueltos. Eran un grupo bastante variopinto, sus estilos eran discordantes a más no poder, y lo mejor era que a veces lo hacían más aposta.

Olaf saludó a todos con un fuerte abrazo, incluido Shang, que aún no terminaba de acostumbrarse. Jack solo hizo un movimiento de cabeza y dio los buenos días. Para Elsa todo esto era un poco más complicado, puesto que saludaba a cada persona de una manera diferente. A Mérida le dio un abrazo y un beso en la mejilla, a Ping le dejó que él le envolviese en un abrazo, y a Shang simplemente le sonrió y este le devolvió el saludo con una inclinación de cabeza. Ella no le conocía del todo bien, y él no era una persona de demasiado contacto físico, así que Elsa le respetaba.

Al ir a sentarse, la mesa estaba dispuesta para que tres personas se colocasen en un lado y otras tres en el otro. Los abrigos puestos en los respaldos de las sillas revelaban que los tres amigos que habían llegado antes se habían sentado en uno de los lados. Elsa quiso sentarse frente a Mérida que estaba en uno de los extremos, pero antes de que pudiese apartar la silla, Olaf le agarró por los hombros y tiró de ella un poco. Cuando le miró casi le suplicaba con los ojos que le dejase a é sentarse ahí.

-¿Podrías ponerte en el medio, por favor?

Elsa miró la mesa, en la que en el otro extremo, delante de Shang, ya se había sentado Jack, así que entendió el motivo de su amigo a la perfección.

-Claro – sonrió y le pasó la mano por sus cortos cabellos, imposibles de despeinar.

Se quitó el blazer y lo colocó en su silla, quedando en su blusa de botones, que llevaba desabrochada hasta donde se podía antes de enseñar demasiado.

-Vaya Elsa, qué sexy vienes hoy, ¿no? Seguro que ha sido por mí – dijo Mérida con un tono sugerente, a lo que Elsa le guiño un ojo siguiéndole el juego.

-Ya quisieras – se rió Jack –. Se ha puesto así para impresionar a su amorcito.

-Jack, sabes perfectamente que ya estaba así antes de saber que Anna vendría, no seas idiota – a medida que hablaba la sonrisa ladina de Jack se hacía más ancha.

-¡¿Qué?!

El grito agudo de Mérida hizo que Elsa quisiese golpearse contra un poste al darse cuenta de que había caído de lleno en la trampa de su amigo.

-Te pienso matar, Frost – la mirada de Elsa atravesaba a Jack como una lanza, pero él solo se encogió de hombros sin quitar la sonrisa de la cara.

-¡Olvídate de Jack! ¿Cómo es eso de que viene Anna? ¡La comida es precisamente porque ya no pasas tiempo con nosotros por culpa de ella!

Elsa se quedó muda porque la pelirroja tenía bastante razón.

-Mérida, tranquilízate, ni siquiera fue Elsa quien la invitó – intercedió Olaf por ella, lanzando también una mirada asesina a su compañero de piso –. Anna llamó mientras estábamos en el coche viniendo y Jack y yo le preguntamos si quería venirse.

-¿Y por qué rayos hicisteis eso? – la chica seguía histérica, una reacción desmesurada si preguntabas al resto de integrantes del grupo.

-Porque parece agradable, porque queremos conocerla y porque es la novia de nuestra amiga.

-Precisamente, es su novia, no nuestra amiga.

Ante esas palabras dichas con un tono tan duro, todos miraron automáticamente a Shang, más que por reprocharle a Mérida que él estaba allí, por ver si le habían afectado, pero parecía estar bien.

-Oh, venga, no es lo mismo – masculló la chica cruzándose de brazos.

-Mérida – por fin habló Elsa –, es cierto, no todas las situaciones son iguales, pero Anna no te ha hecho nada – al ver que la pelirroja abría la boca para hablar puso un dedo delante de su cara para indicar que todavía no había terminado –. Que yo haya tenido problemas con ella o no es cosa mía, porque ninguna relación es perfecta, ni siquiera – dando énfasis en sus palabras cuando veía que iba a volver a interrumpirle – entre amigos. Así que me harías un enorme favor si al menos respetases mis decisiones.

Mérida resopló.

-Está bien, pero no entiendo esas enormes ganas de querer sufrir.

Elsa rodó los ojos, era obvio que Mérida no lo entendía, pero no quiso seguir discutiendo así que dejó el tema.

-Mejor vamos a pedir – dijo cogiendo la carta.

-Pero… si son solo las doce y media – intervino Shang.

Todos le miraron y soltaron una pequeña risa. El chico frunció el ceño sin entender de qué se reían y es que Shang apenas llevaba en España un año y a veces se le escapaban costumbres que ahí se hacían de forma natural.

-Vamos a tomar algo antes de ponernos a comer – le dijo su novio.

Shang negó con la cabeza, confundido.

-¿Y luego tenéis hambre? Jamás os entenderé.

Todos en la mesa volvieron a reír, incluso Shang se les unió esa vez.

Y hasta aquí por hoy. La verdad quería sacarle más chicha al resto de personajes que hay en esta historia, como reto personal más que nada, porque me cuesta manejar a una gran cantidad de personajes.

También me gustaría que vosotros que me habéis leído desde el principio me dieseis vuestra opinión, viendo mi progresión de como escribía antes a como lo estoy haciendo ahora. ¿Os gusta más, queréis que retome algo de antes? Las críticas constructivas siempre ayudan.

Bueno, ahora es hora de reviews:

Luu7: A ver, es obvio que la forma nunca es lo peor, si no lo que viene después. Pero para eso todavía queda un rato de vivir sobre la nube, así que procura disfrutarlo jajaj.

UDPusa: Vaya, gran sorpresa verte por aquí, me hizo mucha ilusión que escribieses en todos mis caps, pero ¿pasó algo en el capítulo ocho para que desaparecieses? ¿O simplemente te aburriste? Jajajajaj. Respondiendo al comentario de capítulo siete, era mi idea en ese entonces, y todavía le estoy dando vueltas, pero no sé si con todo el drama que se avecina también meterle esto xD

: ¡Muchas gracias por tu encantadores comentarios!

Azu Rush: ¡Holi Azu! No pasa nada por leer más tarde o más temprano, teniendo en cuenta que yo soy un desastre para actualizar, solo hay que ver lo de este capítulo xD Yo también soy muy, pero MUY como Anna, trabajos, exámenes, tareas de la casa, etc. Kris tiene dos motivos por los que estar así, pero eso supongo que se irá viendo a lo largo de los siguientes capítulos. Para empezar el siguiente tratará de la tarde de bolos de los amigos de Elsa junto con Anna, pero a partir de ahí, quién sabe lo que escribiré… yo no lo sé y soy la escritora JAJAJAJA

Bueno, y hasta aquí todo, cada review me alegra el día chicos, así que ya sabéis, ¡quemad la sección de comentarios!

Bisu! (^3^)~

Yomi.