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N/A 1: Imaginen a los personajes con los rostros y anatomías del "K.O.F. All Star"
N/A 2: K.O.F. y sus personajes son propiedad de SNK.
N/A 3: La canción en la cual está inspirado este Fanfic le pertenece al grupo musical: PXNDX. - Estrofa I y III.
Sentían la brisa en sus cuerpos. El terreno no había cambiado en absoluto, todo parecía en orden; clima nublado, la suave corriente de aire, el lugar; pero sus prendas, si eran diferentes ahora. La miró por unos pocos segundos; la mujer llevaba puesta una blusa larga de color blanco con líneas rojas horizontales y verticales, creando cuadros con la perpendicularidad de estas, un pantalón oscuro ajustado, mas sin embargo, descalza.
Y él… de una forma tan similar; la diferencia de su vestir era únicamente el color de su camisa con mangas, la suya era roja con líneas negras; también descalzo.
—¿Acaso mi sangre maldita está jugando conmigo? ¿O es qué estoy muerto? —cuestionó el pelirrojo mirando a la fémina tras incorporar su espalda. —¡Esta es la alucinación más patética que he visto!
—No. Te puedo asegurar que esto no es ninguna ilusión. Es la realidad. Sigues vivo. —comentó, sorprendida por lo escuchado.
—¡Maldita sea, Chizuru! ¡Esto es una burla! Déjate de estupideces ¡¿Qué ganas con hacerte pasar por ella?! —recriminó, escéptico. Pero debía reconocer que si se trataba de un engaño, la voz era idéntica a la de Maki.
—Lamento decepcionarte. Pero no soy mi hermana Chizuru. —dijo algo triste, bajando la mirada por las palabras ajenas.
El Yagami quedó en silencio por unos instantes sin despegar sus ojos de ella. La miró detenidamente. Sí, era tan parecida a Maki; es decir, sabía que era una gemela, pero había ciertos rasgos que la diferenciaban y algo dentro de sí que lo obligaban a creer.
No cabía duda alguna; aun si quería desafiar la situación al compararla con la menor, no podía negar los hechos evidentes.
—Es… es imposible. —decía con desesperación en su habla. —Debo haber perdido la cordura. Tú deberías… —calló, cambiando sus palabras por otras. —Deberías ser Chizuru. —respiró con pesadez, no podía dar crédito a la "realidad". —No puedes ser Maki, no debes ser Maki.
—¿Y por qué no puedo ser yo? Maki. —preguntó un poco enojada.
—Porque tú eres Chizuru. —contestó nada convencido.
—Jmm. —sonrió tranquilamente de lado, cerrando sus ojos. —Bueno, ¿Crees que Chizuru haría algo como esto…? —los abrió, acercándose a su rostro. La joven Yata tomó con ambas manos las mejillas de su compañero y le dio un beso suave en los labios.
Iori se inmutó al sentir la boca femenina; la textura, el sabor, la noción, todo lo llevó a recordar el pasado; se sentía igual. Por instinto, ambos cerraron los ojos profundizando más aquel beso.
Al separarse, el varón la miró detenidamente y sin avisar, la tomó rápidamente con una mano de sus mejillas, apretando de manera ruda. La duda había desaparecido completamente.
—¿Por qué? ¡¿Por qué?! —frunció el ceño, exigiendo respuesta inmediata.
—¿De qué hablas? —cuestionó Maki como pudo, oponiendo fuerzas con ambas manos sobre la muñeca del pelirrojo.
—¡¿Tienes idea por lo que he pasado estos últimos meses, maldición?! ¡¿La tienes?! ¡No pude! ¡Me siento indigno! ¡Un idiota! ¡La deshonra de mi clan! —gritó, soltándola con brusquedad. El Yagami se colocó de pie dándole la espalda, apretó los puños por la impotencia que sentía. Ni siquiera sabía el motivo por el cual podía hablar con ella, estar con ella, sentirla, besarla.
—Iori. —musitó consternada, incorporándose lentamente de la arena.
—Vine a este jodido lugar, para tratar de aliviar mi dolor interno. Vine… porque estaba harto de mí sentir, ¿Cómo demonios crees que me siento ahora? —cuestionó con molestia sin mirarla.
—Ha, yo… —suspiró con la boca abierta. —Te juro, que si hubiera podido hablar contigo antes de este día, lo hubiera hecho sin dudar. —en esos instantes, un Yami Barai avanzó rápidamente por el suelo hacia Maki; la joven Yata hizo repeler con una mano el ataque usando su poder, alejando el fuego del cuerpo de ambos.
—¿Qué hace a este diferente? Habla. —se giró, caminando hasta estar cerca de ella.
—Tú.
—…?!
—Te ibas a quitar la vida. —decía mirándolo seriamente. —E ibas a romper la promesa que nos hiciste a ambos. No podía permitir que murieras de esa forma indigna. Aún no has cumplido el propósito en tu existir. —terminó de decir, deslizando el mechón de cabello ajeno para ver sus dos ojos.
—Propósito. —dijo con asco. —Si mi maldito propósito es vivir esta miserable vida del culo, llena de tragedias y calamidades, entonces lo estoy haciendo de maravilla. —habló con ironía.
—Tu propósito va más allá de lo que imaginas. Pero siempre fuiste un retraído. —decía con firmeza. —Siempre traté de que lo notaras en todo; cuando salíamos juntos, cuando intercambiábamos puntos de vista; cuando hablábamos respecto al Orochi. Cuando me invitabas a lugares. Nunca te forcé a nada. Tú fuiste quien tomó esa decisión. Estar aislado de todo el mundo no es sano para nadie. —terminó de hablar con decepción.
—¡Mientes! Soy un Yagami, se supone que todos sean inferiores a mí. Ninguna basura puede conmigo; no necesito de nadie, no necesito a nadie. Nadie en este mundo me puede importar. —decía con soberbia.
—¿Ni siquiera yo? —cuestionó, entrecerrando un poco sus ojos por el comentario del pelirrojo. Iori quedó en silencio, demostrando el orgullo de su apellido, aunque muy dentro de sí, no quisiera admitir lo que ella significaba para él. —… … … Acompáñame, quiero mostrarte algo. —indicó Maki, pasando seriamente a un lado de él.
Al verla alejarse conforme avanzaba, el varón no tuvo más opción que seguirla; detestaba tener que obedecer órdenes o indicaciones de quien fuera, pero un impulso reconocible dentro de él lo obligó a hacerlo. Después de todo, no era cualquier mujer, se trataba de "ella", e Iori lo sabía perfectamente.
Tras ir ascendiendo de entre las rocas, pudo notar cómo el camino de regreso había desaparecido por completo, dando lugar a más límite del acantilado. Su motocicleta color vino seguía ahí, mas no la carretera. No le importó demasiado aquella anomalía.
Se fueron adentrando lentamente en el bosque, mientras la ropa de ambos se secaba en el trayecto. El Yagami seguía a la mujer Yata un poco alejado de ella, observando cada detalle del ecosistema. Árboles frondosos, pinos enormes, el menear de las ramas y hojas a causa del aire fresco, un pequeño arroyo; el sonido del agua fluyendo era sumamente relajante, transmitía paz; el cantar de los pajarillos invisibles a causa de las copas de los árboles era tan hermoso, como escuchar la más hermosa melodía de violín o piano. Enormes rocas cubiertas de musgo se encontraban enterradas en el barro, a un costado de donde corría el pequeño arroyo. Un aroma tan característico del bosque… madera, menta, hierbabuena, rosas, tierra húmeda. El medio ambiente hacía sentir de alguna manera bien al pelirrojo.
—¿A dónde vamos?
—Espera, ya lo sabrás. —contestó Maki sin voltear.
Siguieron caminando sobre la vereda, hasta atravesar una enorme roca que permitía paso por debajo de ella. Al pasar, Iori fue notando lentamente una peculiar cabaña en medio de los enormes pinos y encinos. Humo salía por la chimenea; jamás había visto un lugar como ese, no recordaba en absoluto una construcción así en medio del bosque.
—¿En dónde estamos? —preguntó deteniéndose, observando cómo la chica subía por los tres escalones y se limpiaba sus pies sobre el tapete.
—Creí que lo sabías. —dijo ella mirándolo desde su posición. —Ven… entremos. —indicó con la cabeza.
Sin tener opciones, el Yagami caminó a la puerta, echando un último vistazo a sus alrededores antes de entrar.
El lugar era muy agradable. Todo parecía recién construido y barnizado; la madera de los muros, trabes, pisos y losas era de Ébano, cuidada a la perfección. Los rooms distintivos, estaban localizados de manera perfecta, pues la cabaña contaba con dos pisos para la distribución adecuada. El mobiliario, equipo de cocina, sala y demás, se encontraba completo. Daba la impresión de como si la joven Yata hubiese vivido en ese lugar hacía tiempo.
—¿Quieres comer? Puedo preparar algo para los dos si quieres. —comentó Maki, sonriendo desde la cocina.
—… … … ¿Cómo es posible? —dijo fríamente, avanzando por la sala.
—¿A qué te refieres?
—¿Cómo es posible que estés viva? —repitió de la misma manera.
—Bueno; tú dímelo. Haz encontrado la forma de hablar conmigo, lo cual es diferente. Me siento muy feliz por eso. —decía con sinceridad en sus palabras.
—¿Cómo lo hice? Tu hermana dijo que los muertos y los vivos no podían hablar entre sí.
—Es cierto. Y dadas las circunstancias, me sorprende que no analizaras la situación. Quizás, no esté en estado "no vivo" después de todo.
—…?! Explícate. —ordenó con frialdad.
—Ya lo hice. Por alguna razón fuiste a IoKi; tratando de encontrar paz en tu interior, pero confundiste las situaciones sin poder comprender la realidad. Estabas tan obsesionado, buscando la manera de poder hablar conmigo de alguna u otra manera, ¿No es verdad? Tu voluntad no ha muerto aún. Este, es el ejemplo más claro de ello. —habló con dulzura en sus palabras.
—No puede ser. —recriminó apretando sus puños con furia.
—Renunciaste a la paz mental a la que tenías derecho después de enterarte de lo de Goenitz, Iori. ¿Fue acaso eso lo que querías? —dijo la fémina con desaprobación.
—¡Cállate! —gritó, lanzándole un ataque. El fuego impactó contra el cuerpo ajeno, haciendo que Iori se sorprendiera por lo sucedido, creyó que repelería el ataque.
—Con que así es [?] Ahora lo entiendo todo. ¿Por qué? —cuestionó con tristeza, anteponiendo un clon de sombra para que el ataque no la hiriera.
—No tienes idea por lo que ha pasado Chizuru, por lo que he pasado yo. Lo negro que nos las hemos visto con relación a ese hijo de perra que quiere liberarse del sello. —dijo con rabia, haciendo tronar los huesos de sus nudillos por el coraje que sentía.
—No me digas, ¿Me estás culpando de todo lo que está pasando? ¿Esa es tu justificación? —preguntó con molestia, frunciendo el ceño.
—¡Me importa una mierda lo que está pasando con Orochi o con los demás! ¡Te necesité! No fue fácil para nadie; me daba asco propio. —quedó en silencio por un momento. —Solo quería que todo fuera como antes, pero era engañarme a mí mismo. —golpeó el muro con fuerza. —Y ahora, por alguna jodida razón, te apareces así de la nada, hablándome como si todo estuviera bien, ¡Nada está bien! Nunca lo estuvo desde que te fuiste. Y no te das cuenta, ¡Maldición! —la joven Yata quedó enmudecida con la boca abierta, un sentimiento de culpa enorme la invadió en esos momentos.
—Cariño… yo jamás creí que te afectaría tanto. Nunca quise que pasara nada de eso, de ninguna manera…
—¡No fue tu culpa! —le interrumpió, volviendo a golpear la madera. —Fue mía… kggg… kggg… —luchó contra su lengua, guardando las palabras hirientes en su garganta. —No estuve ahí para impedirlo. Cargo con ese peso todos los días, sin poder perdonarme. —terminó de decir saliendo rápidamente de la cabaña.
—¡Iori! ¡Espera! ¡Iori! —corrió Maki tras él. —¡Iori! —gritó, perdiéndolo de vista a causa de los enormes pinos del bosque. —No te vayas. —masculló, suspirando con tristeza.
N/A: Agradezco, en verdad, a todos ustedes que han usado parte de su valioso tiempo en leer este fanfic. Gracias por leer sobre este shipp y mi nueva pairing favorita - [Iori Y., Maki Yata] Sí, recuerden que este es un "Ioki" o "MakIori". Me encantan estos dos juntos.
Alguna queja, sugerencia, observación, sobre el Ooc con respecto a Maki o Iori, por favor, háganmelo saber, estoy tratando de hacer a Iori lo más "Iori" que puedo.
See us soon!
