Hola de nuevo y como siempre, viernes, aquí actualizo mi fic, en el capitulo anterior creo que le faltó algo de sustancia, pero que no cunda el pánico, que cada vez va a ponerse más interesante. De hecho a partir de este capitulo la historia irá tomando forma. Sin más espero que os guste.

Los personajes de marvel no me pertenecen a mi, si no que son creaciones de Stan Lee.

"Historias nórdicas."

Era la mañana del domingo, hubiese pensado que todo lo sucedido era un sueño, de no ser por la fecha que marcaba el despertador de mi mesa de noche. Aún era temprano, así que me dispuse a disfrutar un ratito más de la cama. Seguía dolorida y las agujetas se abrieron camino en mi cuerpo, pero eso no pudo impedir que me volviese a elevar al nirvana, y que empezase a cerrar los ojos, sin oponer resistencia.

- ¿midgardiana? - llamaron a la puerta de mi habitación. Abrí los ojos con molestia, pero no contesté, ese dios, o lo que fuese, no le estropearía su domingo. Me haría la dormida. - ¿midgardiana?

Quedé expectante de algún sonido, de alguna insistencia, algo, pero no hubo señales de vida. Me relagé aún más, no sabía porque me había llamado ese hombre, si es que me había llamado, porque no me daba por aludida cuando pronunciaba aquella palabra... "midgardiana", no sabía que idioma era, pero esa palabra me resultaba familiar. Por otro lado me sentía extrañamente reconfortada, se había fijado en mi aunque solo fuese para estorbarme, de toda la gente del mundo habia acudido exclusivamente, por alguna razon desconocida, a mi, y eso, nadie suele hacerlo.

- Que poco honorable por tu parte, hacerte la dormida... como si pudieses engañar a..- Loki paró en seco, su boca casi lo echa todo a perder, no le convenía que supiese que era el dios del engaño, de las travesura, de el caos.- ...un Dios.
- Dije que nada de leer pensamientos.- me había sorprendido la súbita voz de Loki. No había otra forma de saber que estaba haciéndome la dormida, de no ser por sus poderes.
- tengo hambre, midgardiana.- sólo contestó eso.
- ¿es que quieres que te haga el desayuno? - pregunté retoricamente.
- si. - respondió igualmente, ademas de sonar rotundo. Le miré entrecerrando los ojos y con una mueca desagradable. Se había colado en mi casa y ,casi obligándome, se instaló en ella. ¡Y ahora quería el desayuno!. Su ceño se frunció, él y su maldita manía de leer mentes. - escuchame bien simple e inútil, estúpida, tozuda, pequeña, frágil y fea mortal. Soy tu dios y vas a prepararme el desayuno.
- oh, por supuesto. Eres tan amable y educado que enseguida voy.- hice caso omiso a sus insultos y le respondí irónicamente sin moverme de la cama.
- ¡Agh!. - gritó furioso.- malditos midgardianos, sois tan arrogantes y temerarios. ¡Me ponéis enfermo! - su voz sonó como un eco lleno de ira reprimida.

Sus ojos se llenaron de furia y se tornaron rojos como la sangre y su piel azulada desprendía un frío glaciar que hizo que mi cuerpo tiritase, unas marcas oscuras aparecieron en su piel en formas trivales. Su ropa se llenó de escarcha, al igual que sus pies desnudos, que llenaron el suelo del hielo que desprendia su cuerpo.
No fue pánico lo que me dio realmente verle en esa forma, si no sorpresa, lo último que me esperaba ya de aquel extraño hombre era que se volviese azul. Él reaccionó al ver que estaba perdiendo los estribos, no supo que cara poner cuando me vio con la boca abierta, esperaba que me fuese corriendo, pero no fue así. No estaba asustada.
Entonces como si algo en mi cerebro se accionase, automáticamente lo recordé. Loki me miró extraño cuando me levanté de la cama y me dirigí a la librería que había en mi habitación. Cogí con algo de ternura un libro verde, adornado con arabescos morados. Tanto en el lomo como en la portada, habían unas letras doradas ornamentadas y algo recargadas, formando el título: "Historias nórdicas". Era el libro de mi infancia, el libro que mi padre me leía siempre antes de dormir. Lo único que me quedaba de él.
Ese libro me despertaba tantas emociones, que su simple tacto casi me quemaba. Al verme tan sumergida y ausente, Loki acudió a mi lado y al ver el libro, me sonrió irónicamente.

- Eres un Jotun, un gigante de hielo. - respondí, sin girarme a verlo, casi con añoranza.
- ¿Sabes que soy? - me preguntó susurrando, muy curioso y sorprendido de que tuviese esa clase de información sobre los otros mundos... ¿lo pondría en ese libro?- ¿ pone en el libro... quien soy yo?
- N-no lo sé.- dije un poco confundida.
Aquel libro contenía muchas leyendas sobre la mitología nórdica, una de mis favoritas era "el manantial de mimir". Hablaba sobre cómo Odin viajaba a Jotunheim para obtener su sabiduría, a cambio de sacarse un ojo. Cuando escuchaba esa historia me imaginaba todo al detalle: las cordilleras heladas, gigantes azules, el cuerpo decapitado de mimir... pero nada de Loki.
- sin embargo...- al ver que seguía hablando, el Dios volvió a volcar su intensa mirada en mi. - se quien es Laufey. - abrió los ojos como platos.- el autor lo nombra en su Edda prosaica, en Gylfaginning y es un kenningar para hacer referencia a un árbol. Pero no dice nada de ti. -Loki me miró pasmado, ¿como era posible que conociese tantas cosas sobre ellos? Se suponía que los humanos sólo teníamos una ligera idea de que eran y sus leyendas pasaron sobre tantas bocas, que muchas habían sido distorsionadas hasta convertirse en una invención, sin embargo, esas palabras le recordaban a su antiguo hogar, eran de su idioma, algo que una simple humana jamás debería comprender. Me arrebató el libro de las manos casi con desesperación.
- quiero leerlo. - insistió muy determinado. Yo le observé un poco indecisa.
- si me prometes que no lo romperás. .. adelante.- Loki alivió el rostro, pero yo no pude tensarlo más.- ¿me has mentido? - pregunté. Él levantó la vista del libro, sorprendido. - dijiste que eras hijo de Laufey, pero según este libro, sólo tiene dos, y ninguno de ellos eres tu.
- este libro miente.- respondió seriamente.- son mitos que vosotros solos habéis creado acerca de nosotros, es probable que muchas de estas historias ni si quiera sean reales.
- hablas como...- paré en seco y recordé todo lo pasado la noche anterior, como traspasaba paredes, leía pensamientos y rompía cosas con sólo mover un dedo. Agité las manos delante de mi cara intentando borrar lo que había estado a punto de decir, aunque seguramente él ya sabría que continuaba: "*...si fueses uno de ellos.*". , seguro que lo había leído en mi mente. - lo siento, no es fácil intentar acostumbrarse rápido a algo tan...
- ¿...onírico?- respondió Loki, altivo y arqueando una ceja.
- si.- le sonreí, posiblemente por primera vez desde que nos conocimos.

Sin decir nada más, salí de la habitación y me dirigí a la cocina para preparar algo de desayuno, cogí la cafetera y me puse a preparar algo de café. En ese momento me di cuenta de algo realmente tonto, pero al mismo tiempo, de algo realmente importante. Loki no era de mi mundo. Por eso vino a pedir el desayuno, porque no tenía ni idea de como funcionaban nada. Había camuflado su ignorancia con su ironía y su altivez, intentando hacerme creer que su petición de comida era una orden. Ya que él era el Dios y yo.. una simple humana. Tras esta reflexión, me giré a observarle y lo único que hizo fue encogerse de hombros y desviar la mirada. Debió sentirse algo fastidiado, seguramente.

- ven.- dije mirándole de reojo. Él me observó algo extrañado.- vamos, ven. - le insistí, y se acercó con pies de plomo, mientras mantenía sus manos entrelazadas en la espalda. - esto es una cafetera y sirve para hacer café.
- ¿qué es el café?- preguntó mientras cogía el objeto y lo miraba desde varios ángulos, tratando de encontrarle sentido a las formas.
- Es una bebida de este mundo, la mayoría de la gente lo toma- le sonreí.-. Presta atención, voy a enseñarte como se usa esto.- le cogí la cafetera de las manos y la abrí. Puse agua en el contenedor y el café de la bolsa en el filtro, luego acoplé la parte de arriba. También le enseñé como iba la encimera y como debía hacer para calentar el café.
- es muy sencillo.- comentó con total indiferencia, aunque la cara le empezó a cambiar cuando el aroma a café recién hecho le inundó las vías respiratorias. - huele... de maravilla. - admitió.
- ve al salón si quieres, ahora lo sirvo y llevo algo para comer.- el Dios asintió y se dirigió a la mesa.
- un momento. - se giró repentinamente. Su mirada volvía a ser fría y sus facciones se endurecieron. -¿ como se que no quieres envenenarme?- preguntó, provocándome una carcajada. Cosa que al parecer le hizo enfurecer. Yo todavía no confiaba en él, sin embargo, me hizo gracia comprobar que él tampoco confiaba en mi y que tomaba sus precauciones, todo y que yo sólo era una simple mortal.
- no te preocupes. - le respondí como pude, entre risas.- si estás más tranquilo, yo lo probaré antes. - Loki agachó la cabeza, como aprobación.
Llené dos tazas de café, con leche y azúcar, delante de él. Además preparé unas tostadas con mermelada de arándano. Las llevé a la mesa y me encontré a Loki sentado en una silla con los codos apoyados en la mesa y las manos sujetando su mentón. Como alguien que se sienta a ver una pelicula. Me senté en frente de él, y sin pronunciar palabra, me llevé la taza a la boca y empecé a beber.
Él me miraba algo dudoso. Ahora que era de dia y la luz alumbraba la estancia, podía verme con más facilidad y nitidez. Era una muchacha joven, de unos veinticinco años, de pelo largo, bastante escalonado y con el flequillo de lado. Aunque mi tono de cabello era oscuro, con la luz de el día le crecían reflejos algo rojizos. Mis ojos, lejos de ser espectaculares, eran marrones muy oscuro, igual que los de la mayoría de la población, aunque claro, eso él no lo sabía. Además llevaba ese estúpido pijama azul oscuro de manga y pantalones cortos, de seguro que me hacía ver mucho más ridícula y escuálida, con la piel tan blanca... como un fantasma, como alguien invisible, por eso nadie se percataba de mi presencia. No destacaba entre la multitud, sobretodo teniendo en cuenta que siempre andaba con Amy y Charlotte, ¿qué se podía hacer contra una pelirroja de ojos verdes y una rubia de ojos azules? En fin, poca cosa. Se terminó el café.
Puse la taza del revés para que viese que no quedaba ni una gota al mismo tiempo que negaba con la cabeza, como señal de que no pasaba nada. Cogió su taza y arrebatado por el dulce aroma, lo probó. Sus ojos se abrieron con sorpresa y por un momento, su afilado rostro pareció olvidar aquello que le atormentaba. Le sonreí y me acabé mi tostada. Tenía ante mí a una de las criaturas de mi infancia y además era real, le había visto con mis propios ojos. Ese hecho, para bien o para mal, hizo que le diese un pequeño voto de confianza. Me pilló mirando abobada como bebía.
- Midgardiana... - desperté de mis pensamientos al oír su voz.- .. necesitaré que me enseñes más cosas mortales, voy a quedarme por aquí... algún tiempo.
No sabía que podía enseñarle exactamente, no obstante le observé de arriba a abajo. Anoche llevaba aquella armadura extraña y con un chasquido se cambió de ropa, aún y así, estaba segura de que tan sólo era la ropa que usaba debajo de su atuendo.
- Eres más intuitiva de lo que me esperaba.- soltó el Dios, haciendo que me diese un respingo.
- Eres un cotilla, no hurgues en mis pensamientos. - reproché. - así no podré pensar cosas malas de ti sin que te enteres.- bromeé algo molesta.
- así me aseguraré que no atentas contra mi. - respondió, acompañando la respuesta con una sonrisa socarrona.
- es un atentado contra mi privacidad, en toda regla. -exclamé horrorizada. No iba a pasar por el aro. Si quería seguir en esa casa, nada de leer mentes.
- me da igual. - dijo Loki, totalmente impasible.
- Eso ya lo veremos. - respondí desafiante, mientras él alzaba una ceja con un aire burlesco.- como sea, sea lo que sea que vayas a hacer, necesitas ropa humana para pasar desapercibido, no puedes pasearte con esa ropa por ahí. Deberíamos ir a comprar algo para ti. - sinceramente, odio ir de tiendas, pero yo no disponía de ropa masculina y seguramente no le quedaría bien la ropa de Dean. Dios mío, Dean, me iba a matar cuando supiese que he metido a un desconocido en mi casa.

Loki me miró pasmado, estaba clarisimo que no entendía nada, por una parte me daba pena porque al parecer "oficialmente" llevaba en la Tierra como... ¿un dia? No estaba muy segura si realmente él conocía todas las costumbres humanas. Fui a la habitación y cerré la puerta, dispuesta a ducharme y a vestirme para salir. El Dios parecía entenderlo, ya que no me siguió. Esto de que leyese la mente podía ser útil después de todo, aunque me inquietaba un poco no poder leérsela yo a él, después de todo, tampoco sabía cuales eran sus propósitos en este mundo. Loki, se había quedado en el salón, no tenía ni idea de lo a que me refería, él pensaba que con sus ropas iba bien vestido, pero, igualmente me seguiría corriente, después de todo, ¿Qué mejor para parecer un midgardiano que dejándose asesorar por una? No podía negar que le había sorprendido que justamente yo tuviese ese tipo de libro en mi poder y que supiese de la existencia de los Jotun. Grave error por su parte, se suponía que debía mantener la calma, sin embargo había perdido los estribos leyéndome la mente, cosa que había provocado que apareciese su verdadera forma y, además liberase magia, esperaba que Heimdall no lo hubiese descubierto.

Aun y así, él sabía que por mucho que se hubiese enfadado, su forma verdadera no aparecía así como así, eso solo podía significar que El Padre de Todos había estado aflojando su magia hacia él. "El Padre de Todos siempre hace las cosas con un fín.", le vino a la mente. Pero solo podía pensar que la verdadera intención de Odín no era otra mas que burlarse de él y, si sabía que estaba vivo, amargarle la existencia y hacerle pagar por lo ocurrido en Nuevo México. Sacudió la cabeza, esos hechos le perseguirían de por vida, y no lo entendía, después de todo él solo reclamaba lo que era suyo por derecho y para lo que había sido educado desde bien pequeño: el Trono de Asgard. No obstante, eso no importaba ya, no quería el trono. Se sentó en el sofá que la noche anterior fue su cama y sin querer calló encima del mando a distancia del televisor. encendiéndolo. Entonces, como si de una aparición se tratase, apareció una imagen muy familiar para Loki en aquella caja extraña, entonces comprendió que lo que él deseaba era mucho mayor, mucho más ambicioso.