Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen, si no a Disney y Dreamworks.
CAPÍTULO 14
La comida había ido como cabía esperar. Tras unos entrantes de los cuales picoteaban todos, con los respectivos robos de comida, y un principal, el grupo de amigos se encontraba saciado y disfrutando de la sobremesa tomándose un café. Elsa había decidido que aquel día estaba yendo de maravilla y ella se encontraba de buen humor, así que acompañó su bebida negra con hielo con un delicioso brownie de chocolate y nueces con helado de vainilla. Al dar el primer bocado no pudo hacer más que soltar un gemido de placer. "Chocolate".
-Que sepas que todavía no te perdono que te comieses el último nacho – dijo Jack con el ceño fruncido y los brazos cruzados.
Mérida se rió ante aquel comentario.
-Lo siento Frosty, se me olvidó.
Elsa miró a su mejor amiga con la ceja levantada mientras daba un sorbo a su café, pero no dijo nada. Mérida sabía perfectamente que Jack se pirraba por unos buenos nachos y el hecho de que ella le privase del placer de comerse la última tortilla de maíz con forma de triángulo no había sido accidental.
Aunque su grupo de amigos fuese muy unido todos sabían que entre Mérida, Jack y Elsa había un lazo aún más fuerte. Cualquiera se preguntaría qué mantenía a tres personas tan diferentes unidas de aquella manera. Era normal la confusión puesto que distaban mucho de parecerse. Jack era un chico alocado, perezoso y picaflores. Pocas veces se preocupaba por las responsabilidades y las consecuencias. Mérida en cambio, aunque también tenía un carácter voluble, era mucho más pasional, se dejaba llevar fácilmente por emociones extremas. Aun así, sorprendentemente, era mucho más consecuente que Jack y al final solamente pensaba en el bienestar de sus seres queridos, llegando a ser sobreprotectora. Y Elsa… bueno, era la que más discordaba del trío. Seria y fría, responsable y con un serio problema con el excesivo control de las emociones. Para Elsa estar con estas personas era casi una necesidad, le hacían salir de esa coraza impenetrable que se había creado tras el accidente de sus padres. A los cinco años de edad tuvo que tomar la decisión más difícil de su vida, la cual le marcaría de por vida.
Antes de que Elsa pudiese sumergirse en su pasado la voz de Olaf interrumpió sus pensamientos.
-Oye, ¿no le dijimos a Anna que a las cinco estuviese en la bolera?
Elsa había avisado a la chica de cabellos cobrizos antes de empezar a comer por medio de un mensaje.
-Es cierto – miró su reloj que marcaba las cuatro y media pasadas.
El centro donde jugarían no quedaba demasiado lejos, pero todavía no habían pagado, y todos sabemos el lío que se monta cuando toca dividir la cuenta, que si no tengo suelto, que si yo solo tengo la tarjeta, que si tú me pagas esto luego te invito a una partida, etc.
Al final después de volver un poco loco al camarero que les estaba atendiendo, y dejándole una generosa propina, consiguieron ponerse en marcha hacia el recinto.
Por su parte, Anna, había saldo de su casa vestida con unos jeans tobilleros, ajustados pero cómodos, y una camiseta de tirante ancho, dejando al aire sus hombros plagados de pecas, con el hueco de la manga lo suficientemente bajo como para ver el inicio de su sujetador negro. Una luna con la icónica silueta de la bicicleta voladora de la película de E.T. adornaba la tela negra de la camiseta. Dentro de la mochilita de cuerdas que tenía colgada a la espalda llevaba unos calcetines, puesto que llevaba manoletinas como calzado. Aparte de eso llevaba el par de "por si acaso", estaba acostumbrada a ir a jugar con su prima Rapunzel y su inevitable despiste crónico, el cual provocaba que once de cada diez veces se le olvidasen los calcetines sin los cuales no te dejan entrar en la bolera.
Llevaba un par de minutos en la puerta del complejo e iba a sacar el móvil para entretenerse con alguno de los múltiples juegos que tenía instalados, de los cuales la mitad los tenía abandonados y apenas jugaba, cuando un ruido de jaleo cada vez se iba haciendo más fuerte, indicando que se estaba acercando a ella. Al levantar la cabeza vio por primera vez a todo el grupo de Elsa junto desde aquellas veces en el pub, y en esas ocasiones todos iban disfrazados. Anna pensó que con la ropa de diario eran aún más dispares entre ellos que customizados.
La chica de ojos azules verdosos levantó la mano todo lo alto que pudo y saludó animadamente haciéndose notar. La sonrisa que portaba tenía una parte de nerviosismo, era la primera vez que salía con el grupo de Elsa, y sabía que por ejemplo, Mérida no le tragaba, nadie se lo había dicho, pero no había que ser muy listo para darse cuenta de las miradas que le daba la del cabello fogoso cuando se cruzaban por el campus, aunque la mayoría de veces ignoraba a Anna deliberadamente. A medida que ellos se acercaban, los nervios de Anna se revolvían en la entrada de su estómago. Cuando todos la notaron sus miradas se posaron en ella, y como había supuesto la expresión de Mérida se había contraído en una mueca de… ¿fastidio? ¿le molestaba que ella estuviese allí? Los siguientes a los que vio fueron a Mulan y Shang caminando tranquilamente agarrados de la mano. Anna conocía mucho mejor a Shang que a Mulan por el simple hecho de que en el poco tiempo que llevaba en el país se había hecho muy amigo de su hermano Kris. Los otros dos chicos de los cuales apenas se acordaba y que iban cada uno en un extremo del grupo supuso que debían de ser Olaf y Jack, podía apostar que el bajito con expresión aniñada se trataba del primero de los dos.
Por último su mirada se posó en Elsa y su cerebro cortocircuitó. Después de pensar una sola línea que era básicamente "Diablos, está hermosa" dentro de su cabeza solo podía oírse ese zumbido que hacían los televisores antiguos cuando no tenían señal. Sus labios se habían abierto unos pocos milímetros para dejar entrar el aire de una fuerte inspiración y no parpadeaba. A medida que el grupo se acercaba Anna seguía estática. Había dejado caer la mochila que llevaba agarrada con una mano y no se había dado cuenta. Al fin la distancia se deshizo entre ellos y la visión periférica de Anna se había cerrado para solo centrarse en el rostro de su novia que tenía una ceja alzada y media sonrisa extendida. Se notaba que se estaba divirtiendo con la situación de la pobre chica.
-Hola – su voz también tenía ese tono de humor.
Ante eso Anna sabía que tenía que hacer algo, pero… ¿qué? ¿Contestar? ¿Lanzarse directamente a sus labios? Pero una neurona que parecía haber salido del shock hizo conexión y le devolvió a la castaña cobriza un poco de su sentido común, recobrando con él su capacidad motora y siendo capaz de responderle.
-Hola… - el calor se extendió por su cara al escuchar las risitas no solo de Elsa, sino también del resto. Teniendo en cuenta la situación en la que se encontraba no podían pedirle que fuese más elocuente que eso.
Puso ambas manos sobre su cara queriendo morirse de la vergüenza y agitó la cabeza haciendo que sus trenzas golpeasen los antebrazos. Tras eso los amigos no pudieron dejarlo en unas simples risitas mal disimuladas, sino que directamente se rieron a carcajada limpia. Hasta a Mérida le sacó una sonrisa mientras giraba los ojos como queriendo decir "Hormonas"
Quiso hacerle un altar a Olaf cuando efusivamente le exclamó su nombre y sintió sus brazos alrededor de ella, dejándola inmovilizada de cintura para arriba y moviéndose un poco hacia los lados, obligando al cuerpo de Anna a seguirle. Esto hizo que Anna también se riese y le salvó de aquel momento tan incómodo.
-Encantada de conocerte a ti también Olaf – le dijo cuando consiguió zafarse de su abrazo de boa, y sin que el muchacho se lo esperase ella le rodeó de igual manera a él.
Olaf sorprendido miró a Elsa.
-Definitivamente me cae bien.
Elsa se rió con su mano sobre la boca y Mérida volvió a rodar los ojos, pero el mensaje esta vez era un sarcástico "Por favor". Jack se acercó a ellos para presentarse también, a lo que Olaf se apartó un poco.
-Vaya, vaya ¿qué tenemos aquí? – tomó a Anna de la muñeca y delicadamente le hizo dar una vuelta sobre sí misma, quedando muy cerca de ella al terminarla –. Yo soy Jack, pero tú puedes llamarme "SBILF".
En ese momento Olaf se alejó del todo de la escena con una mueca de asco.
-¿SBILF? – preguntó la chica con el ceño fruncido en confusión, sin dejarse afectar por la cercanía del cuerpo del albino.
-Sí, o lo que es lo mismo, Sexy Boy I'd Like to Fuck – le tradujo con una ceja sugerentemente levantada.
El silencio tras esto fue espectral, hasta que Anna estalló en una carcajada, y cuando se le pasó le devolvió la mirada sugerente al chico y se acercó a su oído.
-A la única persona de pelo blanco I'd like to fuck está justo detrás de ti congelándote con la mirada, así que si fuese tú yo me apartaría.
-Bueno, ¿vais a dejar que salude a mi novia o no? – Elsa había alcanzado a oír lo que Anna le había dicho a Jack, así que estaba bastante sonrojada.
Jack se rió entre dientes y se apartó con una sonrisa en los labios, aun sabiéndose derrotado en su propio juego. Fue sustituido por Elsa, que le tomó por la cintura y por fin le dio un suave beso sobre los labios.
-Lo siento Merimer, tiene mi voto – escuchó Anna que le dijo cuando volvió a ponerse al lado de la escocesa, a lo que ella solamente resopló, quitando un mechón de su rebelde pelo de su cara.
-Hola Shang, ¿qué tal? Hace mucho que no pasas por casa – dijo Anna cuando ella y Elsa volvieron a encarar al grupo. Le tendió la mano al chino, quien la estrechó con una sonrisa.
-Hola Anna, todo va bien, en general hace bastante que no veo a Kristoff, no sabía que el trabajo de repartidor de pizzas pudiese absorber tanto tiempo – dijo con una ligera risa.
-Bueno, ya conoces a Kris, siempre que pueda montar a Sven será feliz.
-¿Y a ti qué tal te va en la universidad?
-Bien, ya sabes, lo típico. El primer año es duro, cuesta acostumbrarse al sistema. ¿Cómo lo llevas tú? ¿El ejército español te trata bien?
El resto de grupo menos Ping y Elsa quedaron asombrados con la conversación entre ellos dos, sabían que se conocían, pero no hasta tal punto.
-Chicos, ¿podemos continuar esta agradable charla dentro?
-¡Ops! Por supuesto, lo siento chicos.
Ya dentro, el ruido de bolas que podían aplastarte un pié chocando con los bolos les rodeó. El sitio era bastante grande, así que no tuvieron problema para poder jugar. Decidieron que jugarían en dos grupos, uno de tres y otro de cuatro, por el simple hecho de que con muchas personas en una sola pista dar la vuelta completa y que vuelva a tocarte a veces era un suplicio. Mientras pedían el calzado Shang y Anna continuaron la conversación.
-Pues la verdad es que es un poco raro – dijo el militar contestando a la pregunta que le había hecho Anna –, no termino de acostumbrarme al hecho de que aquí todos se… tocan mucho – torció los labios al decir esto último.
Anna entendió al instante a lo que se refería. En los países occidentales, sobre todo en la zona del Mediterráneo, el contacto físico era lo más normal, se aprendía de niño y al final lo llevabas enraizado. Pero para Shang que se había criado en China y no había tenido referentes con este tipo de comportamiento cultural, el llegar allí y que todos se den abrazos y besos nada más conocerse podía parecer bastante chocante. Incluso en el ejército, que todo era mucho más formal y respetuoso, los mismos compañeros muchas veces se cogían cariño y se tomaban licencias entre ellos.
-Aparte, ya había memorizado el reglamento chino, y tener que estudiarme también el español… – el chico resopló, pero en seguida se recompuso –. Esto no quiere decir que lo odie o algo así, no me mal entiendas.
-No te preocupes, yo también podría quejarme sin parar de la universidad, pero al final es porque quejarse es gratis – se sonrieron.
-¡Mierda! – una exclamación hizo que ambos interrumpiesen la conversación y girasen la cabeza.
-¿Ocurre algo Elsa? – Anna puso una mano sobre el hombro de su novia, preocupada.
-Esta mañana se me ha olvidado coger unos calcetines por las prisas – se lamentó –. Solo llevo unas medias… ¿por qué sonríes?
Anna en cuanto escuchó eso se había quitado la mochila y había empezado a hurgar en ella. Cuando encontró lo que buscaba sacó los dos pares de calcetines que había metido al salir de casa por precaución y le tendió uno de ellos a Elsa.
-Deseo concedido – Anna rió ante la sorpresa de Elsa, ante lo que la chica sonrió y rodeó la cintura de su novia con un brazo.
-Vaya… ¿así que solo me quedan dos? – Elsa hablaba a un par de centímetros del rostro de Anna, quien podía sentir su aliento sobre los labios, pero no despegó sus ojos del intenso azul.
-I'm a genie in a bottle baby – canturreó Anna con una chispa de picardía en la mirada, tras lo cual Elsa solo pudo cerrar el espacio entre ellas, comenzando un lento beso y olvidándose de que estaban en compañía.
-Emm… no es por arruinaros el momento, pero estáis haciendo cola – Ping se había acercado a ellas y lo había murmurado, casi nadie lo había oído, pero ambas chicas se separaron avergonzadas y mirando al suelo tomaron sus zapatos del mostrador y se alejaron, haciendo que muchos de los presentes sonrieran.
-¿Al final cómo vamos? – preguntó Anna mientras se ataba los cordones. Al estar hablando con Shang no había prestado atención al reparto de grupos.
-Pues tú y yo vamos juntas – "Obvio" pensó la chica –, y Olaf también va en nuestro grupo.
Lo que Anna no sabía era que para hacer los grupos se había armado un jaleo monumental. Para empezar, por norma no escrita, las parejas debían ir juntas. Para seguridad y disfrute de Anna la segunda norma era que Mérida y ella estuviesen separadas. Podrían haber hecho un grupo solo con las parejas y los otros tres en otro, pero no, también entraba en la ecuación el hecho de que Olaf no había querido estar a menos de tres metros de Jack en todo el día, así que al final los grupos habían quedado como acababa de explicarle Elsa a Anna.
-¡Vas a morder el polvo! Te voy a hacer pagar lo de ese nacho – la amenaza de Jack se escuchó en toda la bolera.
-¡Más quisieras! – se carcajeó Mérida –. Aparte, deja de ser llorica, cómo se nota que no tienes tres diablos que te roben la comida en casa ¡solo era un nacho!
-¡Pero era mi nacho! – lloriqueó, tal y como dijo la pelirroja.
Por su parte, Shang y Ping se dedicaban a sujetar las bolas de diferentes colores y pesos, decidiendo cual iban a usar para la partida.
Elsa se puso al lado de Anna, que miraba el espectáculo que se estaba armando en la calle contigua.
-Tengo que serte sincera, si esperabas competición has acabado en el lado equivocado de la cancha. Prácticamente lo nuestro va a ser solo entre tú y yo, porque Olaf solo juega por diversión y aparte… - se acercó a su oído como si fuese a contarle un secreto y susurró– es un poco torpe.
Anna rió ante esa confesión.
-¿Pero eso? – dijo señalando el grupo de cuatro –. Va a ser una partida de bolos hasta la muerte.
Anna entendió el punto de Elsa. Había visto lo suficiente como para imaginar perfectamente a los cuatro lanzándose las bolas los unos a los otros, aunque Ping y Shang fuesen un poco más discretos, se les notaban las ganas de ganar en sus miradas rasgadas.
-Bueno, eso es una verdadera lástima para ti, porque tienes frente a ti a la mejor jugadora de bolos de la ciudad – dijo señalándose y sonriendo arrogantemente.
-Ajam – una de sus cejas iba subiendo a la vez que se le ocurría una manera de chinchar un poco a su novia –. Si tan segura estás, no te importará que nos apostemos algo, ¿verdad?
-¡Por supuesto! – exclamó sin ver en Elsa una verdadera competencia.
-Bien.
Se acercó a la mesa que había entre las dos pistas y que compartían con el otro grupito y llamó la atención de todos.
-Se me ha ocurrido que el que gane podrá pedir al resto del grupo lo que quiera, ¿qué os parece?
Anna, cuando escuchó sus palabras palideció. ¡Aquel no era su plan! Una cosa era enfrentarse a Elsa únicamente, y otra cosa sacar mayor puntuación que aquellos maniacos competitivos. Pero la chica era orgullosa e igual de competitiva por lo que no iba a retirarse del reto. Tampoco podría poner ninguna excusa, porque en los bolos contra quién te enfrentases daba lo mismo, el resultado dependía únicamente de uno mismo.
-¡Genial! Tengo una cosa pendiente con cierta ladrona – dijo Jack mirando a Mérida con los ojos entrecerrados.
-¿De veras crees que tienes la mínima posibilidad contra mí, Frost?
Elsa se volvió a girar hacia la chica de pelo cobrizo y ahora era ella la que sonreía de forma petulante, sabiendo que se la había colado sin que ella lo viese venir.
-Esta me la pagas Elsa Winter – masculló Anna cuando se sentó a su lado.
Elsa se sorprendió al escuchar su apellido. Que ella supiese nunca se lo había mencionado, aunque no le dio demasiada importancia. Seguro lo había visto en alguno de sus trabajos o planos, o incluso si habían coincidido Mérida y ella a la vez, su mejor amiga era muy dada a llamarles por el apellido, era posible que lo hubiese dicho frente a Anna.
Las pantallas sobre las pistas ya marcaban sus nombres frente a una fila de cuadraditos donde se podrían las puntuaciones. Los bolos ya estaban colocados y las primeras en lanzar fueron Mérida y Elsa. Como se esperaba de alguien que casi había ido a los Juegos Olímpicos en la disciplina de tiro con arco, Mérida demostró una gran puntería haciendo un semipleno, muy bueno teniendo en cuenta que era el calentamiento. Pero cuando fue a mirar cómo le estaba yendo a Elsa tuvo que tragarse su bravuconería. La peli platino había conseguido hacer un semipleno, ¡pero no cualquier semipleno! Tras la primera tirada se le habían quedado en pie solo los dos bolos de las esquinas traseras. Si alguna vez habéis jugado a los bolos debéis saber que la única manera de tirar ambos es que la bola golpee a uno de ellos de tal forma que salga disparado hacia el otro. Un tiro que o bien eres un as de los bolos, o gastas toda la suerte que te queda en ese año.
Y por la mirada tranquila de Elsa y la poca sorpresa que mostraba el resto, no había sido suerte. Anna tragó saliva. Esto no iba a ser el camino de rosas que esperaba.
Ya habían terminado la primera partida, quedando las puntuaciones en orden descendiente tal que Ping y Mérida empatados, Anna (la cual se había esforzado más que nunca y había ganado por muy poquito a su novia), Elsa, Jack, Shang y Olaf.
-¡Esto no es justo, doble o nada! – decía Jack refiriéndose al empate entre Mérida y Ping.
-Tienes muy mal perder – dijo Mérida cruzándose de bazos.
-Oye, a mí no me molesta, igualmente íbamos a jugar otra partida – Ping se encogió de hombros tras decir eso, se le veía muy confiado.
-El premio era individual – continuó Jack intentando conseguir una segunda oportunidad para ganar.
-Bueno, en realidad tiene parte de razón – intervino Anna no muy segura de si tenía voz y voto en aquella conversación. Había conseguido quedar justo tras ellos dos y quería volver a intentarlo.
Mérida la fulminó con la mirada, pero no dijo nada y suspiró.
-Está bien, pero el resultado va a ser el mismo, conmigo de ganadora.
Antes de volver a ponerse a jugar hicieron un pequeño descanso, aprovecharon para evacuar y pedir unas bebidas.
-Pobre Olaf – comentó Anna mirándolo.
-¿Hmm? ¿Pobre por qué? – Elsa lo dijo sin saber de qué estaba hablando la castaña medio pelirroja.
-Bueno, está claro que le gusta Jack y él no le da ni la hora.
Elsa abrió mucho los ojos sorprendida por el comentario, no entendía por qué decía eso. Es decir, son sus amigos y se habría dado cuenta. Aparte, Olaf siempre le contaba todo, y no le había dicho nada sobre esto. Antes de responder que era algo imposible Anna señaló en dirección al chico, que estaba con el ceño fruncido y mirando un punto muy concreto. Elsa siguió la línea de la mirada de Olaf, encontrándose con una situación muy familiar para la rubio platino: Jack ligando con un chico bastante mono que parecía ser el bar tender.
En ese momento Elsa comprendió de golpe el comportamiento que Olaf había tenido todo el día con respecto al chico alto. No entendía cómo no lo había visto antes, si estaba claro como el agua. Si hacía memoria podía recordar cada una de las veces que la escena que estaba contemplando había ocurrido con anterioridad.
-Así que es por eso… - Elsa recordó que cuando comenzaron a vivir juntos la única norma que puso Olaf era la de no traer a sus ligues a la casa, cosa que parecía que la noche anterior Jack había incumplido.
La chica sintió mucha lástima por Olaf, viviendo con la persona que te gusta, aguantando sus constantes flirteos con infinidad de gente, era frustrante el pensamiento de que a alguien parezca que le gusta todo el mundo menos tú.
-Hay que hacer algo con esto – dijo Elsa de forma determinada.
Anna la miró impresionada. Elsa normalmente era de las que le gustaba tener un perfil bajo, dejando a las personas solucionar sus problemas y no inmiscuyéndose en los asuntos ajenos.
-¿Algo? ¿Cómo qué? – Anna por el contrario siempre quería solucionar los problemas del resto, y se apuntaba a un bombardeo.
-Vamos a aprovechar la apuesta con los bolos, pero el resto no se puede enterar, necesitamos ganar alguna de las dos.
Anna sonrió, satisfecha de que su independiente novia la incluyese en sus planes y dejase que le ayudase.
Pero sus planes no estaban saliendo como querían, llevaban ya varios tiros y Mérida y Ping les sacaban unos cuantos puntos. Así que Anna decidió recurrir a su parte más Slytherin para ganar esto, al final, era todo por un bien mayor. Trampas.
-Vaya, estoy tan enamorada de Elsa que no me voy a separar de ella nunca – dijo remarcando con efusividad la última palabra.
Mérida, que en ese momento se encontraba rematando un semipleno del que se le habían quedado levantados tres bolos, cayó en el sucio truco de la pecosa, desconcentrándose y errando el tiro, haciendo que la bola pasase lejos de rozar los objetivos. Ante eso, la pelirroja le lanzó una mirada asesina a Anna, que fingió no darse cuenta de ello y siguió con el juego como si nada.
-¿Qué te crees que estás haciendo?
-¿Qué te pasa, estás celosa? ¿Acaso es que te gusta Elsa? – Anna estaba harta de que la pelirroja le tratase así, y en un arranque de ira lo soltó como si nada.
-¿Yo? ¿Celosa de ti? Ya te gustaría. No, la que debería estar celosa eres tú, jamás tendrás con Elsa lo que tengo yo, o cualquiera de nosotros, a ver si te entra en la cabeza. Amigas. Y perdóname si quiero protegerla de que alguien como tú le haga daño – Mérida se iba acercando peligrosamente hacia la otra pelirroja, le molestaba tanto que confundiesen su profunda amistad con sus dos mejores amigos con algo más. No sabía qué más podría querer de ellos, su amistad era mejor que cualquier cosa, y era arromántica. ¡Arromantica por todos los dioses!
Ambas chicas juntas eran un peligro, pero porque eran demasiado parecidas en algunas cosas y chocaban tan fuerte que al final se prendían en el fuego de la ira.
-Ya basta – dijo Elsa severa y tajante –. No sé a qué ha venido todo esto, pero va a parar ya y vamos a seguir con el juego.
Elsa, aunque no aprobase aquella pelea que se había desatado, se había quedado boquiabierta tras las palabras de Anna, pero al ver cómo el marcador de su mejor amiga quedaba manchado por ese tiro malo entendió las intenciones del pequeño diablo que parecía tener su novia en su interior. No era partidaria de las trampas, pero sí de ganar, y mucho más de ayudar a sus amigos, así que ella entró también al trapo y comenzó a hacer comentarios para distraer a sus amigos. Al final todos acabaron lanzándose pullas, convirtiéndose en una batalla campal, solo que a Anna y a Elsa, como sabían de qué iba la cosa no les afectaban.
El juego terminó con una enfurruñada Mérida, un indignado Jack, y una victoriosa Elsa.
-Genial, estamos a la merced de la reina de las nieves – se lamentó Jack.
-Unas tramposas ¡eso es lo que son! – acusó Mérida a Anna y Elsa, ya que sabía perfectamente que la primera había sido la que había empezado todo aquello –. No sé qué estáis planeando para recurrir a algo tan bajo, pero como me hagas hacer una estupidez te lo recordaré toda la vida Winter.
-¿Si os invito a una copa me perdonáis? – preguntó la aludida con una sonrisa.
Los rostros de sus amigos cambiaron del reproche a la euforia en cuestión de milésimas de segundo, excepto el de Mérida que seguía con el ceño fruncido y los brazos cruzados sobre su pecho. Elsa se acercó y con una voz tentadora le ofreció a la chica algo que sabía que no podría rechazar.
-Con doble de whisky – canturreó subiendo y bajando las cejas, a lo que la otra chica resopló con fastidio.
-¡Está bien, está bien! Maldita manipuladora… - provocando que Elsa soltase una fuerte carcajada. Sabiéndose derrotada se alejó de ella para irse con el resto del grupo.
-Les tienes en la palma de tu mano – dijo Anna entre sorprendida y divertida.
-En realidad, solo nos conocemos todos muy bien – sonrió ampliamente mirando a sus amigos con cariño en los ojos –. Que por cierto, lo que le dijiste a Mérida para desconcentrarle, fue increíble, sin conocerla de nada echaste su mejor cualidad abajo.
Anna se encogió de hombros.
-En realidad he usado una técnica centenaria, solo usé el hecho de que no me soporta contra ella misma. Si estoy contigo todo el tiempo ella no podría estar a solas contigo. Teme perder lo que más quiere en el mundo, a sus amigos.
-Vaya, las clases de psicología parecen que dan sus frutos, no sé si alegrarme por ello o tener miedo – bromeó Elsa.
-¡Oye! – exclamó fingiendo que se había ofendido, ante lo que Elsa rió.
-Eres adorable cuando me meto contigo – la abrazó por la cintura y fue a poner su frente contra la de la chica cuando se dio cuenta de una cosa –. Hey ¿Has crecido?
Anna entonces olvidó su falso enfado y miró a los ojos de Elsa, que ahora quedaban casi a la misma altura, antes no se habían dado cuenta porque la rubia platino llevaba los botines con un considerable tacón, pero en ese momento estaban ambas con los zapatos de la bolera.
-Vaya, parece que sí… Es posible que no tenga nada que ver, pero puede que sea porque se acerca mi cumpleaños – dijo despreocupadamente.
-Espera ¿por qué no estaba yo enterada de eso?
La pelirroja pálido soltó una pequeña risa al escuchar la indignación en la voz de su novia.
-Oh venga amor, queda todavía un mes para ello, y antes hay que acabar el cuatrimestre en la uni, ya sabes, trabajos, exámenes…
-Está bien, pero después celebraremos tu cumpleaños, y no acepto un no por respuesta.
-Vale, vale, como quieras – rió un poco más para luego pasar a besar suavemente sus labios, ante lo que solo recibieron silbidos y abucheos por parte de sus amigos.
-Envidiosos – Anna les sacó la lengua y volvió a besar a Elsa, ignorándoles por completo.
Hey! Y me preguntaréis, ¿para esta cosa que no es más que relleno te has tirado seis meses? Sí. Lo siento, en serio, y probablemente esto haga perder el interés de muchos, pero se acerca una parte muy importante de la historia y quiero dejar el terreno llano antes de ponerme y cagarla. Espero que al menos os haya gustado.
Toca responder a los review:
Miguel puente de Jesus: Muchas gracias por el apoyo!
AzuRush: Jajaja muchas gracias por los elogios. Espero que con esto haya quedado algo más clara la posición de Mérida en cuanto a Elsa. Que no son más que amigas y a Mérida no le gusta. Espero que no me odies por tardar tanto.
Y me debo despedir. ¡Hasta luego!
Bisu! (^3^)
Yomi.
