Buenas! pido disculpas por estar tantas semanas sin actualizar, hoy pretendía subir dos capítulos y uno de ellos ha muerto junto a la batería de mi móvil. Por suerte este capitulo ya lo tenia pasado en el ordenador, a si que vas a poder leerlo, mejor esto que nada. Sin más os dejo con el capitulo e intentaré reescribir el próximo capítulo lo antes posible!
"El pasado siempre llama dos veces I"
Estaba bastante fastidiado, había encontrado un objeto interesante en Midgard, como lo era la televisión, pero lástima que su función no fuese la que él esperaba. Por un momento pensó que su finalidad era igual a la del trono de Odin, un trono que en su momento llegó a ser suyo, un trono desde donde se podían ver absolutamente todos los nueve mundos, cada persona, cada ciudad, nube, valle, río. Tras pensarlo unos segundos calló en la cuenta, era imposible que una simple humana tuviese un objeto tan valioso y con tantísimo poder. Al menos por el momento, se quedaría con las ganas de saber sobre aquel astrofísico. Era quien él pensaba, aquel que había ayudado a la humana de su "hermano", Thor. Sintió que sería interesante visitar a ese científico.
Tras mucho divagar en sus pensamientos, al fin decidió mirarse en el espejo de aquella cámara donde le habían dicho que podía probarse aquellas... prendas. Se asustó de verse convertido ,(¿o mas bien disfrazado?) en midgardiano. Había cogido varias prendas, aunque ninguna le convencía suficientemente. Ahora llevaba puesto unos pantalones negros de tela gruesa, adornados con un par de cremalleras. Una playera blanca de manga corta y una camisa aguamarina abierta, además se había probado una chaqueta de cuero negro, forrada por dentro y por el cuello de tela gris. Se veía bastante bien, pero aún y así arrugó la frente e hizo una mueca de fastidio, algo chulesca, mientras se repeinaba.
Mientras, tonta de mi, esperando fuera de los probadores, sentada en uno de los sillones de terciopelo blanco de los que contaba el local. No había nada que me llamase la atención en aquella tienda, para variar, volvería con las manos vacías a casa. Encima, para colmo tenía que permanecer allí por culpa del tipejo que me "obligaba" a compartir con él, mi hogar. A que mala hora propuse venir aquí, cómo me aburría.
La cortina del probador se abrió apareciendo un Loki diferente al que había entrado casi un cuarto de hora atrás. Tragué saliva, no me esperaba que le sentase tan bien la ropa humana. Él captó mi impresión y se plantó delante de mi, arreglándose el cuello de la chaqueta.
- si te gusta, creo que me lo llevaré puesto. - dijo con malicia.
- descarado- farfullé.- está bien, si te la llevas puesta, avisa al chico de antes y paga en la caja, yo te espero fuera, no puedo estar aquí dentro más tiempo. -me asfixiaba pensar en estar ahí un segundo más.
- ¿Pagar? ¿con oro? - mi cara palideció al nivel de la harina, estaba claro que Loki no llevaba dinero, o si lo llevaba, seguro que no tenía nada que ver con el dinero de aquí.
- déjame ver las etiquetas. - le ordené casi tirando de él
Como no tuviese suficiente dinero para pagarlo todo, iba a matar a Loki por hacerme pasar vergüenza. Él parecía haberse molestado tras la sacudida que le di para que se acercase, lógicamente no tenía ni idea del sistema de pago en el mundo humano. Por suerte para él, llevaba la tarjeta de crédito, aunque tendría que recortar en comida este mes tras este gasto inesperado. Resoplé e indignada me dirigí al mostrador, arrastrando los pies con algo de pereza.
- perdona. - llamé al dependiente que antes había aguantado a Loki.- Si no te importa, cóbrame lo que lleva puesto mi... - ¿mi qué?¿mi amigo? ¿compañero de piso?¿ conocido?...¿cosa?- este... chico.
- muy bien. - el tal Danny alargó la mano y cogió mi tarjeta. Tecleó algo en la caja registradora y me acercó un aparato para que firmarse en su pantalla.
- He estado pensando. -empezó Loki. - esas extrañas criaturas de detrás del cristal, no son humanos ¿verdad? Entonces son una forma de vida menor, ¿algo como un vegetal? - alcé la vista "*¿por qué no te quedarás callado?*" pensé, esperando que lo escuchase. El chico de la tienda miró a Loki algo molesto, de seguro pensaba que le estaba tomando el pelo, vi que abrió la boca para decir algo, pero no le dejé.
- psst. - chisté , poniéndome la mano a un lado de la boca para que los demás no supiesen qué iba a decirle. - perdónale, no se ha tomado su medicación. - de pronto la expresión de fastidio de Danny se relajó, aunque aún asomaba por su mirada. Alcé el dedo índice a mi sien, tratando de decirle que Loki no se encontraba en sus plenas facultades mentales, o que estaba loco, una de dos.
Sin decir nada más, me dió el ticket de compra y nos marchamos. Loki por su parte, no entendía absolutamente nada de lo que había pasado en los últimos minutos. Podía leer las mentes, pero no le servía de nada si no sabía a que nos referíamos, aún necesitaba muchas clases de "midgardiano" y adentrarse más en nuestra obsoleta cultura, cada vez más extinta y ridícula a lo largo de los años.
Al fin habíamos salido de la tienda cuando unas nubes grises empezaron a surcar el cielo. No sería de extrañar que lloviese en breves, había hecho una semana fría y húmeda, sin contar que el invierno estaba a la vuelta de la esquina. Y en efecto, vi como el suelo naranja (sucio y lleno de chicles), de el centro comercial, empezaba a recoger gotas de lluvia. Iban formando un dibujo en el suelo, dejándolo a dos tonos, el de el suelo seco y el del suelo mojado, me parecía relajante. Hasta que fui perturbada por una señora y un par de niños, los cuales corrían hasta dentro de una tienda de zapatos para resguardarse de la lluvia. Entonces caí en la cuenta, miré de nuevo al suelo para encontrarme con los pies de Loki, aún calzados con sus pesadas botas. Levanté la vista y me encontré con sus ojos verdes carentes de sentimiento, a la espera de alguna orden o sugerencia mía.
- vamos al interior de la zapatería, aún no te has comprado zapatos...- antes de que terminase la frase él ya estaba dentro.
Las gotas habían hecho mella en él, casi sin darse cuenta. Se sacudió la chaqueta una vez dentro, hecho que provocó una mirada furiosa por parte de la gente que estaba allí. Les había salpicado, aunque claramente poco le importaban esos humos por parte de los midgardianos, sabía que con sólo mirarnos podía fulminarnos, o eso pensaba.
Esa estancia estaba repleta de calzado de todas las formas y colores, distribuidos en estanterías por todo el local. Estaba repleto de gente por la lluvia y el señor menudo que había tras el mostrador se frotaba las manos.
- ¿no hay buenas botas para el campo de batalla o algo así? - preguntó el moreno, sentándose en el escaso hueco que quedaba en una banqueta ocre.
- ¿campo de batalla? - miré sus botas negras con refuerzos de metal, se veían duras y pesadas ¿sería un dios de la guerra o algo así? - veré si puedo hacer algo.
Le indiqué con la mano que no se moviera y supliqué que no hablase con nadie más. Suficiente bochorno me había hecho pasar con el pobre chico de antes. Fui colándome por los huecos que dejaba la gente, intentando pasar lo más cerca de los puestos que pudiese para buscar algo barato y que le agradase al "señorito". Levanté la vista y de lejos pude ver lo incomodo que estaba allí sólo, y como miraba con cara de asco a unos niños que correteaban delante suya. No pude evitar reírme, ni reírme ni resbalarme con el agua que había en el suelo y acabar encima del pobre hombre que tenía delante mía. Me faltó tiempo para levantarme muerta de la vergüenza y maldiciendo no haber visto el agua por haber estado vigilando a Loki.
- ¿Prue? - Oh, dios mío, no. - ¿ Eres tú, Prue? - ¡No podía ser! ¡No podía estar pasándome esto! Levanté la vista y en efecto, me topé con unos ojos azules y caídos. Quería morirme. - Vaya, quien iba a decir que nos reencontraríamos... así.
Este día estaba resultando insoportable y sólo era medio día, ¡Y ahora encima me pasaba esto! No habían suficientes personas en toda Nueva York y en toda la faz de la Tierra, que tenía que caerme, justo, encima de mi ex.
Se levantó y se plantó delante de mi, rascándose la base de su afilada nariz, con el dedo. No pude evitar poner una mueca desagradable, y no tuve más remedio que tragármela por ahorrarme un mal mayor. Ahora me arrepentía de sobremanera haber salido con semejante personaje. Tenía dos años más que yo y había sido el típico muchacho que conoces toda la vida y que, un día por arte de magia, te empiezas a fijar en él. Era un chico moreno, de pelo corto ( demasiado para mi gusto. ) ojos azules y caídos, acompañando a una nariz afilada, unos labios carnosos y una cara sin afeitar de haría un mes al menos. Su cuerpo mostraba claros indicios de haber sido gordo alguna vez, ello lo demostraba su papada y su.. "pecho" algo flácido.
No soy de las personas que se fijan mucho en el físico de sus parejas, prefiero que alguien sea inteligente a el hombre más guapo del universo, sin embargo, este mamarracho había estado cuidando de más su cuerpo y descuidando de más su mente, hasta el punto de convertirse en un ser deportista y obsesionado por su físico, a tal extremo, que todas las palabras de ánimo ,y de intento de que se quisiera más a si mismo, que salían de mi boca, fueron en vano. Hasta que me canse, nuestra relación no era nada recíproca y yo misma pensé que me merecía algo mejor. Sin saber como, acabé enterándome de que había tenido a dos "mujeres" más, a parte de a mi, las cuales le animaban mejor que yo.
Mi ira iba aumentando a medida que recordaba todo eso y verle delante de mi con cara de no haber roto un plato en su vida, iba alimentando mis ganas de cruzarle la cara con unos tacones de aguja que tenía a mi izquierda.
- ¿te apetece que vayamos a tomar café, cuando amaine la lluvia? - dijo mirándome cabizbajo, como si así me suplicase.
- ¿café? ¿A medio día? - ¿es que a caso este tío tenía tanta cara dura como para intentar quedar conmigo después de todo?
Di un paso atrás para recuperar algo del espacio vital que mi ex-pareja me había robado y sin querer pisé a quien tenía detrás. Al girarme para pedir perdón me topé con una cazadora que me era familiar y, al alzar la vista vi el rostro impasible de Loki, observando al tío que tenía ante mi. Los ojos zafiros y caídos, se abrieron y alzaron para chocar contra un par esmeralda y frío. Al ver que Loki le sacaba casi una cabeza de altura, se tensó por algún motivo. Me miró algo nervioso, seguramente malinterpretó que de repente apareciese detrás de mi y le empezase a mirar de arriba abajo.
- lo siento, Prue, no sabía que estabas con alguien. - alargó la mano hacia el dios después de chistar e intentar no mirarle a los ojos. - Hola, me llamo Ted McAdams.
Loki no parecía muy seguro de que hacer, primero miró la mano del midgardiano y le pareció repulsiva, ni loco iba a tocar a ese espécimen. Luego al ver como Ted bajaba la mano y la apretaba, tomándose aquel desplante como un desafío, pasó a mirarme a mi. Yo solo intentaba taparme la boca y que no se me escapase la risa.
- muy bien pues.- dijo finalmente. - ya nos veremos.- me guiñó un ojo y se fue, intentando no prestar atención a la sonrisa torcida que se había apoderado del rostro del dios.
- ¿qué demonios hacías hablando con ese? - Loki sonó tan áspero y autoritario, que me hizo fruncir el ceño.
- ¿y a ti que más te da? - respondí.¿Que narices le pasaba ahora a este tío?¿ Iba a ponerse celoso?
- De primeras, creo que no tengo ningún motivo por el cual debería ponerme celoso, eres una tonta midgardiana y yo un Dios, ni si quiera estas a mi altura. Y de segundas, has estado gritando pensamientos como una histérica, ¿como no iba a acercarme a pararte? ¡Me martilleas la cabeza! - Lo soltó todo a la carrera y cuando terminó cogió todo el aire que había perdido y volvió a incorporarse en su pose altanera de siempre.
¿como se atrevía a decirme todo eso delante de toda aquella gente? Nos miraban raro, muchos curiosos nos observaban de reojo y cuchicheaban. Pegué los puños dentro de los bolsillos del pantalón y salí a la calle, tras apartar a varios empanados que no me dejaban pasar.
Seguía llorando el cielo, y casi lo acompañé de la rabia que me daba haber vuelto a ver a Ted, había sido una época dura de mi vida. Demasiado. Por supuesto, la intervención de Loki, aunque me había facilitado una escapatoria limpia de las garras de Ted, también había logrado irritarme.
Subí al ascensor y pulsé para bajar a por el coche, sin si quiera esperar al dios. Las puertas se cerraron dejándome dentro, no supe si Loki me seguía, estaba demasiado ocupada pensando en el pasado como para saberlo. Las puertas se abrieron y salí al parking, había dejado el coche cerca a si que no tuve que andar mucho, saqué las llaves y abrí. Al meterme dentro fue como si hubiese aumentado mi masa corporal elevado a la décima, todo me pesaba demasiado, hasta el punto de dejar caer la cabeza sobre el volante.
Extrañamente no me sentía sola, como normalmente me pasaba en esos casos. Ladeé la cabeza hacia mi derecha y pude ver a Loki sentado, con la cabeza en el reposa-cabezas, de brazos cruzados y con los ojos cerrados. No parecía querer inmutarse, a si que simplemente arranqué el coche y conducí hasta casa. Aparqué en la calle de detrás, salí y caminé hasta la puerta del patio, entramos, subimos en el ascensor y entramos en mi casa, todo eso sin soltar ni una palabra. ¿encima el enfadado era él? ¿con qué derecho? Si tanto le molestaban mis pensamientos era tan fácil como dejar de leerlos ¿o es que a caso no podía? O que se fuese a otro sitio, que fuese a buscar a alguien que le animase mejor que yo.
El encuentro con Ted me hizo mella ese día. Tardaría en volver a relajarme.
Por otra parte, mientras yo me había encerrado en mi habitación, Loki no había desperdiciado ni un segundo y había vuelto a enchufar la televisión, tenía que mirar si emitían alguna imagen de el Doctor Selving por algún lado, tenia que dar con él cómo fuese. Además, seguía molesto conmigo, seguía sin saber por qué había reaccionado de esa manera, aún y así había optado por dejar de leer mi mente, al menos de momento. Tener que soportar a una mujer midgardiana gritando hasta en pensamientos le exasperaba, sin embargo, era consciente de que sin mi ayuda, no sería capaz de moverse por Midgard con la rapidez y fluidez que él precisaba. No es que no supiese nada de Midgard, habían muchas historias sobre este mundo en libros de la biblioteca de Asgard, además habían muchos libros donde se explicaban costumbres, geografía, arte... Se quedó serio mirando a la pared que tenía en frente, recordando aquellas tardes en las que las pasaba leyendo junto a su madre, mientras su estúpido hermano... Paró de pensar en seco, a veces se le olvidaba que ya no eran hermanos, bueno, nunca lo habían sido en realidad. Se preguntó como hubiesen sido las cosas si Thor hubiese sido él, pero de poco sirvió, la realidad chocó contra su vientre. Era él quien había dado todo por el Reino, todo por el bien de Asgard, todo por impresionar a su supuesto padre... todo para acabar en un estúpido y horrible mundo, criado en el seno de la ineptitud, amamantado con la leche de la ignorancia y anclado a un hormiguero social.
Unos rugidos aparecieron en su mente y recordó nuestra discusión en el ascensor, mis palabras no deberían surgir efecto en él, ya que aunque quisiera, una midgardiana no puede hacer nada para cambiar su destino, no tiene el poder necesario, sin embargo, algo le hizo pensar que por algun doble fondo de nuestro interior, éramos iguales.
Abrí la puerta de la habitación, estaba empezado a apretarme el hambre, y aunque no me apetecía cruzarme con nadie, no me quedaba otra que pasar por el salón para ir hasta la cocina. Intenté no prestar mucha atención al Jotun que había en mi sofá, cambiando los canales de la televisión sin parar, cuando llegué a la cocina y lo preparé todo para empezar a cocinar unos macarrones a la carbonara, sentí una presencia detrás de mi. Mi cocina contaba con una ventana que daba al salón, tenía una barra que era bastante ancha, por lo que se podía de usar de bar. Loki estaba apoyado con los codos en la barra y sugetandose la cabeza, mirándome desganado. Fruncí el ceño y volví a mi tarea.
- Quiero saber quien era el de antes.- soltó de la nada. No pensaba contestarle. - Responde cuando te preguntan.
- no me estás preguntando, me estás exigiendo. -dije con el tono más neutral que pude, aunque por dentro trataba de intentar no lanzarle la olla a la cabeza.
- Responde a mi exigencia, Midgardiana. - siseó cada una de las palabras, relamiendolas, como si fuese de repente una serpiente a punto de inyectar veneno mortal en su presa.
- ¡Ya está bien! - grité haciendo que se apartase de la barra.- Eres un... ¡Tirano! ¡No tienes la más mínima consideración, no tienes derecho a hurgar en mi vida de ese modo! - Salí de la cocina, enfurecida, y me dirigí hacia él. - Ya te dije lo que hay, tu no eres mi Díos, tu no mandas sobre mi y yo no soy tu sirvienta. ¡No tienes ningún derecho a exigirme nada, cuando yo no se nada de ti! Además, en mi casa te trataré como un igual, que te entre en esa cabeza - le dí un toque con la palma de la mano en la frente. Loki dio un paso atrás, parecía no saber qué decir. - si vas a volver a imponerme algo, fuera de mi casa.
- ...- Su cara había mostrado sorpresa durante todos mis gritos discursivos, pero sinceramente, había conseguido hacerme perder los nervios después de todo lo que habíamos discutido hoy. Su mirada volvió a relajarse, ahora me observaba con dureza. Elevó su brazo derecho hacía delante y una energía verde y extraña empezó a brotar de su mano.- Podría matarte ahora.
En efecto, Loki podía acabar con esto, podía acabar con muchas cosas y había tenido mil oportunidades a lo largo del día para hacerlo. Por una parte le retrasaría considerablemente el hecho de volver a encontrar ayuda (aunque forzada) en Midgard. Por otra parte, no podía hacerlo, por alguna razón que aun no llegaba a entender. Los ojos marrones que le observaban no parecían dar tregua, no le temían, no le desviaban la vista, no estaban dispuestos a dejarse domar.
