Bueno, como podéis ver, vuelvo a tratar de subir un capitulo por semana, quiero aprovechar para escribir todo lo que pueda en verano, ya que a partir de Septiembre vuelve la universidad y me da que estaré varias semanas (o meses) teniéndoos en vilo, a si que trataré de que disfrutemos ahora lo máximo posible. Por fin llego a una parte crucial en la historia, espero que os guste.
Los derechos de Loki y cualquier personaje de Marvel que aparezca en esta historia pertenece a Stan Lee.
Justo acababa de llegar a mi balcón, aún era de noche, pero faltaría una hora más o menos para el amanecer. Logró dejarles un regalito a S.H.I.E.L.D. antes de partir, ahora, con Selving bajo su poder, no tenía de qué preocuparse, después de todo, ellos mismos fueron los que le llamaron, su investigación debería pasar más que desapercibida, nadie iba a sospechar de él.
Hacía frío afuera pero cuando entró tiró la chaqueta a un lado, acalorado, ese día y el hechizo que había tenido que realizar para teletransportarse hasta aquí, le habían agotado. Incluso sus manos se habían vuelto azules, todo y ser un mero hechizo de principiante.
Miró el sofá al entrar, estaba desordenado, seguramente yo hubiese estado allí. Lo más sigiloso que pudo, se acercó a mi habitación y abrió la puerta, en efecto, estaba allí tirada, si quiera me había tapado, ¿y tal vez estuve demasiado tiempo esperándole? Sacudió la cabeza, era verdad que llevaba un día sin verme, pero no había razón por la que una estúpida Humana le esperase despierta hasta tarde. El dios retrocedió sobre sus pasos, y con algo de desdén, lanzó, con su magia, una sabana, la cual cayó encima de mi.
Aquella mañana me desperté peor de lo que me acosté, los ojos rojos eran más que perceptibles, además de un dolor de cabeza terrible. Si no se me pasaba, tendría que llamar al taller para decir que no iría hoy, cosa que me puso de mal humor, quedaba nada para la entrega, no podía dormirme en los laureles.
Me puse un jersey negro de cuello alto, unos vaqueros y unas botas negras, mi estado de salud era evidente, pero tenía que cumplir con mi deber. Al salir al salón me estremeció ver a Loki durmiendo en el sofá.
Desde que leí que se trataba del dios del engaño, pesadez y ansiedad se apoderaron de mi interior. Se me estaba empezando a entrecortar la respiración, pero no podía caer presa del pánico, todo y que probablemente estuviese conviviendo con un dios psicópata y manipulador. Esto hizo que no pudiese darle la espalda, no podía confiar en él, seguro que me estaba mintiendo con algún fin, y lo descubriría. Fui a abrir la puerta para irme, pero mi dolor de cabeza se intensificó más, asustandóme y haciendo que mis pulsaciones saliesen disparadas. Tuve que sugetarme al marco de la puerta, pero a penas pude aguantarme cuando empezaron a flojearme las piernas. Cuanto más débil me sentía, más me pesaban las piernas, hasta que me recorrió la espalda un sudor frio y caí, o eso pensé.
Unos brazos, que estaban detrás de mi, me agarraron, eran helados como dos barras de hielo. Alcé la cabeza y vi que era Loki, intenté incorporarme, pero no pude.
- ¿a que estas jugando, midgardiana? - preguntó el dios, algo molesto. Seguramente le había despertado. Sentía su aliento en mi nuca, muy frío, esto hizo que me revolviese intentando escapar. - ¿Pero qué demonios te pasa? - gritó enfurecido.
Me soltó y caí sobre el suelo. Cuando vio que no me sostenía de pie y que no me levantaba pensó que me había matado. Cambió de opinión cuando vio que intentaba levantarme con los brazos, pero me temblaban, no tenía suficiente fuerza. Se acercó a mi algo inseguro, él no había enfermado nunca, por lo que no sabía que hacer. Me puso boca arriba, mi respiración era muy agitada y tenía toda la cara roja, me puso la mano en la frente, estaba ardiendo. En un impulso de no saber qué hacer, me cogió en brazos, mirando al techo con asco, sólo pensar que estaba tratando así a una midgardiana,... quería vomitar, vomitar y esconderse, sólo esperaba no generar malentendidos. Me acostó en la cama, al sentirlo traté de levantarme, no podía quedarme en casa, tenía mucho trabajo que hacer, pero Loki me detuvo con una fria mano sobre mi hombro, y aunque me miraba severo, seguía sin entender.
- Deja que me vaya, tengo que ir a trabajar. - le agarré el brazo con el que me retenía.
- Ve donde te plazca, pero dudo que puedas rendir mucho en tu estado.- Loki había cogido una silla y ahora estaba sentado en ella al lado de la cama, con las piernas cruzadas. Se puso a fingir que estaba distraído, le daba vergüenza verme así.
Me levanté de nuevo de la cama, a este paso llegaría tarde y Dean me lo echaría en cara, aunque ésta vez no pude llegar ni a la puerta de la habitación, de nuevo el dios me había cogido.
- ¿ por qué me ayudas? - le pregunté. Estaba más que molesta con él por mentirme, aunque al fin y al cabo, a eso se dedicaba. - creía que no eras un dios misericordioso.
- hay muchas cosas que no sabes de mi, mortal.- comentó, casi retandome con la mirada. Esto me enfureció, no podía saber que yo lo sabía, tenía que encontrar la forma de hacer que lo dijese, ojalá estuviera en buena forma, de momento sólo podría echarme en la cama y tirar pullitas.
- Se demasiadas. - respondí. Masajeé las sienes con mis dedos, me fastidiaba una barbaridad, pero hoy tendría que quedarme en casa. - Loki, por favor, ve al salón y coge mi móvil.
-... - no hacía falta que hablase, no sabía que era un móvil y su cara ya hablaba por él.
- es un aparato pequeño con una pantalla que hay encima de la mesa. Normalmente lo guardo debajo de la almohada porque me gusta quedarme leyendo algunas noches, pero ayer me lo dejé.
Loki se levantó y tardó nada en traerlo, me miraba algo raro cuando lo hice funcionar y me lo pegaba a la oreja, habían aparatos de comunicación parecidos en Asgard, pero sin la necesidad de pegarte nada en ningún sitio.
Claramente llamaría a Dean y se lo explicaría, estaba enferma por mucho que me pesase. Lo entendió y me pidió que me quedase sin hacer nada, pero hasta él sabía que en el momento en el que me encontrase mínimamente mejor, me pondría a trabajar, que menos, después de todo estábamos hablando del proyecto de mi vida.
Cuando dejé de hablar me tumbé en la cama y dejé el móvil encima de la mesa de noche. Loki seguía allí, en la silla, expectante.
- De momento descansaré.- le informé. Él asintió y se levantó de la silla dejándome sola.- ¿qué piensas hacer hoy?
- ...- el dios, que ya estaba saliendo,se giró. Sintió algo de desidia en esa pregunta. - tratar de que estés mejor. - sonrió pícaro, no me esperaba que saliese por ahí.- ¿No me pediste que te tratase como a un igual?
Me dejó en la habitación, antes de que me percatase estaba dormida.Él se sentó en el sofá, estúpidos humanos, ¿cuanto orgullo propio debería sacrificar para conseguir sus objetivos? necesitaba mi ayuda, así lo sentía, sin embargo toda esta pérdida de amor propio la pagaría con el resto de la humanidad.
Había dejado a Selving trabajar ni nada más ni nada menos que con el Tesseracto, una de las pocas fuentes de energía inagotables y ahora estaba en sus manos, temblaba de emoción. Hacia falta una gran cantidad de energía y de materia oscura para hacer funcionar un Bifrost, ahora no habría problema alguno. Tenía todas las de ganar, una vez consiguiese un ejército para conquistar midgard, iría derecho a Asgard y la haría suya, después de todo, Thor había roto el puente, ellos ya no podrían utilizarlo de no ser que lo reconstruyesen, y eso llevaría mucho tiempo.
De momento dejaría trabajar a Selving, sin mucha presión, en la teoría entredimensional, cuando fuese capaz de realizar portales entre dimensiones, empezaría su plan. De momento estaría "cuidandome".
No conocía mucha gente en Midgard, pero estaba seguro de que no iba a encontrar a nadie con un carácter y un sentido de la libertad como el mío, y eso le agradaba, aunque más le agradase el hecho de que una mente como la mía, fuese la que crease su propio ejército.
Sin embargo, sus planes habían sufrido un cambio bastante mejorable desde ayer, ahora ya no necesitaría que yo hiciese el ejército desde cero, si no que con la ayuda del doctor, podría traer el ejército a la tierra. Yo podría mejorar ese ejército, diseñar armas y armaduras, he incluso medios de transporte.
Estuvo pensándolo desde anoche, una raza belicosa y mortal, sádica y sin miedo a darlo todo por su rey. Existía una: los chitauri. Aunque su comienzo en la historia del mundo no sea muy claro, se habían dado a conocer gracias a sus guerras y a lo poco que les importaba ensuciarse las manos. Una raza monstruosa, de apariencia reptiliana y robótica, dedicada a destruir todo a su paso, temibles, incluso se rumoreaba que el mundo sobre el que viven está destruido, al igual que se rumoreaba que no eran más que los secuaces de alguien más poderoso. Como fuese, los compraría y se las arreglaría de algún modo para convencerlos, a ellos o a su jefe, le daba igual. No sería la primera vez que engañase a un señor de la guerra, o a dos.
No sabía donde se encontraba su planeta, mandaría a Selving que lo buscase y abriese un portal cuando volviese a la base de aquella organización. Algo le decía que era la misma organización que capturó a Thor durante su estancia en la Tierra.
La mañana pasó más calmada que el día anterior, se había vuelto a releer el libro de mi padre para encontrar algún tipo de conexión entre los textos. Esto debería saberlo yo, ¿ que motivos debería tener para arrancar una hoja de algo supuestamente importante para mi ?
Abrí la puerta de la habitación y fui hacía la cocina, el verde siguió mis pasos desde el sofá, sentía su mirada pegada en la nuca. Al parecer se había quedado ahí sin hacer nada, cosa que no sabía si alegrarme o hacerme sospechar todavía más. Cogí un bollo y un vaso de leche, además de una pastilla para el dolor de todo, y fui a sentarme inocentemente a su lado. Sus ojos desfilaban de arriba a abajo, y su expresión como la de un animal al que estas invadiendo su terreno, pero decidí ignorarlo y planté la mirada en el libro que sostenía.
-¿Lo estás leyendo? - pregunté mientras abría el bollo, dejando que su aroma me hiciese babear.
- Ya lo he hecho. - lo cerró.- Dos veces.- El hecho que me quitaste el libro de las manos la primera vez y de que insistese en leerlo me hacía sospechar que temiese que en él se encontrase su verdadera identidad y que no quisiera que me enterase. - He de preguntarte algo, sólo por curiosidad. He encontrado toda clase de historias en este libro, historias reales y otras leyendas que tu gente ha inventado durante mucho, sin embargo, no hay nada sobre mi.
- ¿Qué quieres decir con eso?
- He encontrado que hay rastros de una pagina arrancada ¿Qué había en esa página? - le miré extrañada, ni sabía eso, y si lo sabía no me acordaba.
- No se nada sobre eso. - le cogí el libro de las manos. Loki me analizaba la expresión y entonó los ojos, parecía que no le estaba mintiendo. Parecía hasta triste, acariciando el lomo del libro.- Recuerdo las historias que me leía mi padre, de eso ya hace mucho tiempo, demasiado. Hay historias que prácticamente ni me acuerdo. Sinceramente. - Le miré conteniendo el llanto e intentando esbozar una sonrisa.- No he vuelto a abrir este libro desde que mi padre falleció.
- ¿cuanto hace de ello? - No es como si me esperase el más mínimo tacto por su parte.
- Mucho, muchos años, yo era pequeña.
-¿Y desde entonces no lo has abierto? - exclamó sorprendido, ¿entonces sería verdad que no sabía sobre esa hoja arrancada?
Me miró y estaba cabizbaja, en su interior se debatía entre creerme o no, entre preguntarme sobre mi padre, dejarme en paz o hacerse presa de su propia curiosidad. Tal vez se vería reflejado como preocupación hacia mi, y eso le haría parecer más cercano y confiable, pensaba que yo le contaria más cosas que él pudiera usar en mi contra. Falsa preocupación, o eso pensaba él.
- ¿Por qué decidiste no abrirlo más? - Parecía dulce, preocupado, más humano y menos capullo. Me planteé si responderle, "dios de las mentiras" aún me rondaba por la cabeza. Sin embargo, me dio confianza para hacerlo, después de todo ¿que iba a hacer él ?
- Siempre estuve muy sola. - empecé.- mi madre murió al darme a luz y mi padre era lo único que me quedaba, la vida no fue generosa con él. Un día decidí que no podía seguir aferrándome al pasado. - Me descubrí agarrando con fuerza el libro y abrazandolo contra mi pecho. - Es algo así como una promesa. - levanté la cabeza, mis ojos le parecieron fuertes, pero al mismo tiempo llenos de rabia. Suspiré.- No recuerdo nada sobre una página arrancada, lo siento. No sabría decirte si siempre estuvo así o si alguien la ha quitado, pero te aseguro que no fui yo. - Loki, como buen dios del engañado, sabía cuando alguien le mentía, por eso mismo sabía que este no era el caso.
Ya había dejado de comerme lo que tenía preparado y con la poca bebida que me quedaba me tragué la pastilla para el dolor de cabeza, era la última y eso era mala señal. Sufría migrañas de vez en cuando, necesitaría otra dentro de 6 horas como mínimo, si quería mantenerme estable y no sufrir más mareos.
Ahora me encontraba más despierta y por lo tanto, hasta que la pastilla tuviera efecto, sentiría más dolor. Dentro de unas horas sería medio día y no sabía si iba a poder cocinar, estaba resultando un verdadero día infernal.
Me levanté del sofá y fui a vestirme de nuevo, iría a comprar. Cuando salí, Loki estaba leyendo uno de los libros de mi librería, aunque logré llamar su atención, sin pretenderlo, haciendo que arquease una ceja y se levantase, colocándose detrás de mi, preparado para cogerme de nuevo si me caía. Estaba raro hoy, no parecía el mismo ser extraño, creído y egocéntrico, y eso me preocupaba.
- ¿Algún problema, señor?- bromeé.
- ¿A donde vas?- no sabría decir si me lo preguntaba con preocupación o con autoridad.
- He de salir a comprar pastillas.- me miró extraño, en Asgard se curarian por arte de magia, o algo, pensé.- medicina. - ya entendió.- necesitaré tomarme al menos una cada seis o ocho horas, hasta que me encuentre mejor.
-¿Aún estas enferma? -¿que clase de pregunta era esa? me encogí de hombros y asentí con algo de miedo, no sabía por donde iba a salir ahora.- voy yo.- respondió a mi gesto, haciendo que hiciese una exagerada mueca de sorpresa que le hizo suspirar.
-¿ por qué todo esto? ¿por qué hoy, de repente, parece que te preocupas por mi? y no sólo eso, te interesas sobre... ¿mi pasado? Sinceramente, no se si alegrarme o pensar que tramas algo o...- Loki me tapó la boca con la mano, me miraba neutro, sin ninguna emoción.
- Me pediste que te tratase como a una igual, ya te lo he dicho antes que es lo que estoy haciendo. Te has caído dos veces esta mañana ¿ crees que puedo simplemente dejarte caer?- si, si que podía, y yo lo sabía, sin embargo me ruboricé y aparté mis ojos de su mirada. - iré a por tu palistilla.
- pastilla. - le rectifiqué.
-Eso he dicho. - Dijo con su gesto de burla de siempre.
- Toma esto, te dejo la caja, pídele a la Señora de la farmacia que te de una igual.- lo metí en un pequeño bolso de cuero sintético marrón. - y aquí el dinero.- le tendí el bolso y se lo cruzó en el torso. Menos mal, al paso que íbamos no me hubiese extrañado que no supiera que es un bolso. - la farmacia está...
- ¿al salir del portal a la izquierda y la segunda calle a la derecha? - asentí, vale no volvería a subestimar. Cerró la puerta sonriendo, dejándome con la palabra en la boca, vale, ahora tendría que volver a ponerme el pijama, otra vez.
Loki se atrevió a coger sólo el ascensor por primera vez, no confiaba demasiado en la equivocada ciencia de Midgard y en sus chapuzas tecnológicas, cambiaría eso cuando la tierra fuese suya. Salió del ascensor, aliviado de que no hubiese salido disparado de golpe.
Estuvo a punto de salir por la puerta cuando sintió la presencia de alguien que le observaba, al darse la vuelta vio a una señora mayor con cara de amargura permanente, sus ojos reflejaban el veneno que su seca y blanca lengua, contenía. Debería tratarse de la portera cotilla que le mencioné. Vio como sacó más la cabeza por la ventanilla, miró a ambos lados. Su pelo era blanco y estaba recogido en un moño desecho, como una bruja loca, y llevaba un jersey rosa que a Loki le produjo picor de sólo verlo. Cuando esa pelleja vio que estaban solos, sacó su mano de uñas rojas, y largas cual reptil asgardiano, y le indicó que se acercase. Loki obedeció, quien sabe, tal vez tenía otras dos hermanas y poseían un ojo para ver el futuro.
- ¿Eres el chico de la niña de artes? - Loki no sabía a que se refería con "ser el chico de alguien", a si que no dijo nada.- No hace falta que contestes, el silencio otorga. Hay que ver estos jóvenes, sois unos frescos.- sonrió y la mujer se lo tomó a la tremenda, aúnque el sonrió porque era mucho mayor que esa señora.- la juventud de ahora es una calamidad, y tu amiguita una fresca, hace bien poco andaba con uno y ahora está contigo y a saber cuánto durais, abrireis las piernas un tiempo y luego os buscareis a otro. Mi madre os llenaría de azotes si os viese, maleducados, impresentables.
- también es de ser maleducada meterse en vidas ajenas- le cortó con cierta expresión de diversión en la cara.
Yo tenía razón, aquella vieja bruja era un horror de persona, que se había atrevido a hablarle de tal manera a su próximo rey. Movió ligeramente la mano, algo empezó a moverse entre el pelo de ella, aún no se había dado cuenta de la serpiente que le había aparecido. Ella seguía hablando, pero él optó por ir a por mis medicinas. Conforme él salió por la puerta, escuchó los escandalosos gritos de la señora portera.
Aquel incidente hizo enfadar a Loki, sorprendentemente, para él. Estaba seguro de que yo no era una fresca, ¿El chico al que se refería aquella arpía sería ese tal Ted? No sabía cuanto tiempo había pasado desde que lo había dejado, tampoco había querido hablar del tema. Con su nuevo plan, dejando a Selving encargandose de todo en el laboratorio, le dejaba espacio para aprender más de mi y más de Midgard. Usarme seria sumamente fructífero y para ello, cuanto más se acercase a mi, mejor, ir a por mis medicinas solo sería el primer paso. A parte de eso, necesitaría saber más sobre las zonas más pobladas, costumbres, conducta del ser humano frente al peligro. A parte de conseguir un buen diseño de mi parte, conseguiría una gran cobaya para experimentar situaciones.
Ya casi había llegado, sacó la bolsa que le había dado de dentro del bolso, "Setadol" se podía leer en el dorso de la caja. Hizo todo tal y como lo pedí y volvió a casa, la lagarta ya no estaba en el portal, había huido seguramente. Al subir por el ascensor escuchó unos gritos que provenían de dentro del piso, asustado, atravesó la puerta.
- ¡No os metáis en mi vida!- Grité. Loki vino hasta la habitación para ver que sucedía. Allí solo estaba yo hablando por el móvil. - No necesito nada de vosotros, me marché porque soy capaz de sobrevivir sola. - Loki suspiró sin saber porque y se quedó parado en la puerta, yo aún no le había visto.- ¿Que haya visto a tu hijo qué tiene que ver en todo esto? - el dios alcanzó a escuchar una voz femenina al otro lado del teléfono.- ¿y si estuviera saliendo con alguien qué? No es asunto vuestro, no vuelvas a llamarme.
Apreté un botón rojo y la llamada finalizó, eso me daría problemas. Al parecer no puede moverse una libremente sin que se entere nadie. Me volví a sentir mareada, esa llamada había agotado mi paciencia y mi humor. De pronto lo sentí todo demasiado calmado, sentía una presencia detrás de mi, me giré al ver una sombra en la pared.
- ¡Por el amor de un gato gordo! - exclamé.- ¡Me has asustado!
- Lo siento, no quería interrumpir.- el dios no sabía qué era un gato a si que trató de ignorar la expresión.- Te he conseguido lo que me has pedido. - levantó la bolsa para que lo viese.
- Muchas gracias, Loki, de verdad que has sido muy amable.- me cogí la cabeza y me senté en la cama.
- ¿estas bien?- asentí.- ¿quien era?
Alcé la vista y me encontré con unas cejas arqueadas de preocupación, era gracioso, en su frente se formaban algunas arrugas. Hizo una mueca alzando más una de sus cejas, y torció los labios hacia un lado, expectante a oirme. No había usado su poder para leer mentes en días, esto me daba confianza, ya que no estaba cotilleando a la fuerza. ¿Tal vez debería contárselo? No nos conocíamos a penas y era algo muy importante para mi, sin embargo, necesitaba imperiosamente contárselo todo, ¿contárselo todo al dios del caos y del engaño?
- ¿por qué quieres saberlo? - puso mala cara al escucharme.- no te lo pregunto de forma enfadada, sólo quiero saber el motivo.
- Porque creo que necesitas hablar. - se sentó a mi lado.- esto no va con mi personalidad, te lo aclaro. Te doy la opción de hablar para desahogarte. Se que desconfias de mi mucho más que yo de ti, y estas en tu derecho. - no dejé de mirarle a los ojos ni un sólo momento desde que se había sentado a mi lado.
Él siempre dijo y dejó claro que no iba a usar ningún hechizo en mi porque así le parecía más interesante, a parte de la lectura mental también dijo que no iba a "persuadirme". Tal vez no era tan malo... tal vez no era tan mentiroso. Cogí aire.
- Mi... padre era un escritor de ciencia ficción algo mediocre, aunque a mi me embelesaba todo lo que podía salir de su cabeza. - sonreí pesarosa, y él empezó a mirarme serio.
" Era la típica historia del escritor que se enamora de su editora, vivían en un pueblo cerca de Phoenix, pero tuvieron que mudarse a Nueva York, ya que ascendieron a mi madre. Ella lo tenía todo aquí, familia y amigos. Aunque la familia de mi madre nunca estuvo de acuerdo con el matrimonio que contrajo con mi padre, hasta el extremo de no hablarse, nunca más. Por lo tanto sólo pudieron apoyarse en sus amigos cuando mi madre contrajo la enfermedad. No se exactamente qué tenía, mi padre nunca me habló de eso, tampoco es la clase de cosas que suelas contar a una niña pequeña... El caso es que mi madre se quedó embarazada y por culpa de padecer esa enfermedad, falleció en el parto.
Después de eso mi padre no tenía demasiado dinero para poder mantener la casa y a un bebé, como ya te dije, era un escritor bastante mediocre. Perdió la casa, y casi me pierde a mi de no ser por unos amigos de mi madre, la familia McAdams. La familia de mi madre era bastante adinerada, por lo que la gente con la que mi madre de joven solía codearse era de clase alta. Ellos nos acogieron en su casa, mientras mi padre trataba de buscar un trabajo decente. No recuerdo mucho de mi padre, murió en un accidente de tráfico cuando tenía ocho años. Aunque recuerdo que cada noche venía a leerme "Historias nórdicas", cada noche una historia diferente, y siempre me contaba como mi madre y él habían editado ese libro y lo habían publicado, muchas veces bromeaba diciendo que era como mi hermano. Cuando él murió la única herencia que me dejó fue el libro, eso y una vida de infierno en la casa de los McAdams.
Delante de mi padre me trataban siempre muy bien, pero cuando él ya no estaba, era como si fuese una maldición para ellos, como si me desearan todo el mal del mundo. Me tenían constantemente bajo vigilancia, no me dejaban interactuar con casi ninguna persona ajena a su familia, sin contar el maltrato físico y verbal al que me sometían día y noche. Todos me trataban así, exceptuando de su hijo mayor Ted, Teodor McAdams empezó a tratarme como si de verdad formase parte de esa familia, era el único que me hablaba bien, hasta que... bueno, me enamoré como una tonta y cuando tuve la oportunidad me declaré, salimos por varios años. Con el tiempo me di cuenta de que no me miraba como yo a él, no teníamos las mismas visiones de futuro, y había dejado de ser quien era, solo para poder estar con él. A su madre Victoria McAdams, le convenía mantenerme vigilada, por eso le dijo a su hijo que saliese conmigo. Pensé que me merecía algo mejor que eso, ser libre... Me fugué. Llevo tres meses viviendo por mi cuenta. Menos tiempo de lo que me gustaría, pero decidí que lo prepararía todo, encontraría un trabajo estable, un sitio donde vivir y desaparecería."
- Todo iba bien, hasta que me topé con Ted el Domingo. - Me había pasado todo el rato mirando al suelo mientras le contaba todo eso a Loki. Levanté la vista y me miraba con una expresión seria, con los ojos ligeramente entre cerrados y el ceño fruncido. - Eso es todo.
- No entiendo. ¿Sin más? - Loki se acercó a mi. Su cara reflejaba desconcierto. - ¿Por que sí? ¿Sin ningún motivo?
- Nada aparente. - Me levanté, estaba empezando a enfadarme al haberlo recordado de nuevo. - Siempre se escudaban diciendo que era por mi bien, pero dudo que dejarme en ridículo delante de todo el mundo, o pegarme por no querer estudiar lo que ellos querían, fuese por mi bien. - Sentí la presencia de Loki de pie detrás de mi. - No te preocupes, estoy bien. - Me giré y le sonreí, pero él cada vez parecía más enfadado.
- ¿Qué es lo que quieren? - Preguntó áspero, mirando hacia otro lado.
- Que vuelva. - Volvió a mirarme y el verde de sus ojos parecía arder. No podía dejar que me fuese a una casa llena de gente, tenía que permanecer allí con él para que su plan se llevase a cabo a la perfección, o eso pensaba. Todo y esto, confirmó su teoría, en el fondo, eran iguales. Estaban solos en un mundo injusto. - Nunca volveré, no estoy hecha para vivir encerrada como un pájaro. - Loki volvió a ver esos ojos decididos que le llevaron a confiar en mi. Sonrió sin enseñar los dientes, ya se marchaba de la habitación. Pero se detuvo antes de salir por la puerta.
- Yo también me fugué.
