Hola de nuevo otra semana, ¡como prometí, aquí está el nuevo capitulo! He sudado un poco con él, ya que no estoy acostumbrada a escribir escenas emotivas o con las que hay sentimientos de por medio (de hecho me da mucha vergüenza), a sí que espero que valoren el esfuerzo!
Comentar también que todos los sitios que aparecen en este Fic, ya sea este capitulo u otros, verdaderamente existen, he cambiado cosas como los propietarios o cosas así para que se acoplen a mi historia.
Por último, recordar que Loki, como aquellos personajes de Marvel que aparezcan en este fic, pertenecen a Stan Lee.
¡Disfrutadlo!
De la nada quedaba nada más y nada menos que una semana para el estreno de mi obra maestra, tras el colapso del martes, aunque todavía algo tocada, me incorporé al trabajo antes que cantase un gallo. Ya estábamos a viernes e ibamos a ir a merendar, todo el entintado estaba listo para llevar a imprimir y encuadernar el próximo lunes. Había sido una paliza adelantar todo el trabajo que dejé atrasado, pero con ganas y ayuda de mis amigos, lo conseguí. Ahora mismo me encontraba en el estudio, de los nervios, mirando todo el trabajo de años de carrera embalado. De vez en cuando suspiraba como si estuviese enamorada de mi obra, y no era para menos, aunque llevaba casi cinco años elaborandola y presentandola a concursos para que la publicasen, la historia la escribi a los ocho años, en un intento de ser como mi padre,sin embargo desde que entré en bellas artes decidí no conformarme con nada de lo que tuviese, por eso decidí pasar la historia de novela a comic y mi próxima meta es lograr que pase a la pantalla. No podía conformarme, mis personajes tenían que volverse lo más reales posible, han sido aquellos que me han acompañado durante las largas tardes de soledad en la casa de los McAdams.
Esto estaba pasando también gracias a mis amigos y compañeros de sufrimiento, Dean, Amy y Charlotte habían adoptado mi proyecto como si fuese suyo, lo habían mimado y le habían dado la máxima prioridad, sabiendo que es algo importante para mi.
Trataba sobre un grupo de chicas estudiantes de preparatoria, cansadas de que la sociedad las limitase, toman las riendas de su propia vida y deciden fugarse, acabando en una realidad paralela donde un malvado rey pretende arrebatar todo el color del mundo, para evitar que el mundo se exprese libremente.
Está claro que no escribí esto a los ocho años, la historia es algo diferente de entonces, ha madurado conmigo, aún y así siempre tuve un tema claro: la libertad. Lo que no tuve durante mucho tiempo y que querían arrebatarme.
- No puedo creer que esa señora haya tenido las narices de llamarte.- comentó Amy, en la cafetería de siempre, en su sitio de siempre, tomando lo de siempre.- ¿Qué harás? ¿no hay manera de perderle la pista?
- Al parecer no. - suspiré. - no se como hacer frente a esto, no quiero resignarme, quiero vivir libre.
- ¿Por qué has dicho que te ha llamado? Eso me lo he perdido.- dijo un Dean un poco espeso. Tanto trabajo y tanto estrés, sólo podía causar insomnio, y ahora mismo estaría durmiendo sobre la mesa por no ser por el gofre de chocolate que estaba zampandose.
- Según ella porque nuestro trabajo no es un trabajo de verdad, por lo que quiere pagarme los gastos.
- ¡Pero eso está muy bien! - exclamó Charlotte, mientras permanecía sumergida en su móvil hablando con alguien vía chat. - No se qué tiene de malo eso, de hecho hasta hace poco ibas un poco justa de dinero, ¿no?
- Es que ese no es el punto, Charlotte.- intervino Amy.- Ella quiere que la dejen en paz y hacer su vida a solas.
- Claro, es que no es que ahora pueda permitirme subsistir sin su ayuda, de hecho me vendría bastante bien si el comic no tuviese acogida. Pero no quiero nada de ellos, quiero conseguirlo por méritos propios. Además, a cambio quiere que vuelva.
- Quieren mantenerte vigilada otra vez, tío, que pesados. .¿ por qué? es que no lo entiendo- Amy se desesperaba, se implicaba mucho conmigo emocionalmente, muchas veces me había servido de consuelo.
- yo tampoco se por qué tanta insistencia en que vaya, y dudo que sea por que me echan de menos, luego allí me tratan peor que a un perro. - estaba pasándolo bastante mal, cuando por fin había conseguido ser libre y perderles de vista.
Todo me supuso un gran esfuerzo, tuve que compaginar las clases con una larga lista de trabajos variados y secretos para la familia McAdams, desde pasear perros hasta colgando carteles de publicidad, o incluso limpiando escaleras. Años y años de sacrificio para poder conseguir la casa en la que vivía ahora y poder pagar el alquiler del estudio. Todo tan metodicamente construido como para que ahora me lo arrebatasen. Dean vio mi cara de pocos amigos y decidió suavizar las cosas metiendo, casi a la fuerza, un trozo de gofre en mi boca.
- Bueno, ahora lo importante es centrarnos en la gran fiesta de la editorial del próximo viernes. - dijo Dean, limpiandose las manos, yo seguía masticando aquel empalagoso trozo que casi me hace reventar las arterias.- Y todavía más importante es... ¡ hombres! ¡la gran cantidad de hombres trajeados y buenorros que habrán para deleitarme la vista!
- pues yo estaba pensando en invitar a Charlie... - dijo Amy algo sonrojada.- Como nos dejan llevar a un invitado...
- A si que Charlie, ¿eh?- Dean movía las cejas frenéticamente para incomodar a Amy. - ¿Aquel machote vecino tuyo? ¿Con el que te lo montaste encima de aquel tractor?
- Pues si, ese mismo.- contestó muy orgullosa la pelirroja.
- No puedo esperar a ver sus músculos formados y fornidos trabajando las bastas tierras de Texas. - Dean tenía por afición molestar a Amy por ser de Texas, ella generalmente se lo tomaba a broma, pero cuando alguien ajeno a nosotros lo hacía, se molestaba muchísimo.
- Pues yo no se a quien podría llevar, porque claro, todos trabajan...- dijo Charlotte.- ¿tu vas a llevar a alguien, Prue?
- No se a quien... - La cara de Loki apareció en mi mente ¿y si le dijese a él? Tal vez se negase... Era un día importante para mi, tal vez si le explicase..- puede ser... - contesté sin pensar, provocando que mis compañeros abriesen los ojos como platos.
- ¿Qué? ¿Como que "puede ser"?- dijo Dean.- ¡¿No me digas que has conocido a alguien?! - gritó emocionado. Mierda, no quería que se enterasen, pero ahora no había vuelta atrás.
- Es posible. - Me limité a responder.
- pe... pero ¿como es? ¿como os conocisteis? Concreta. ¿tienes alguna foto?- gritó Amy. Nadie se lo esperaba al parecer, y no era de extrañar, hacía muy poco que lo había dejado con el inútil de Ted y lo había pasado muy mal, pero Loki y yo sólo éramos compañeros de piso (algo forzados) o como mucho amigos.
- No tenéis de qué preocuparos, sólo somos amigos. - Y ya está, no diría nada más, si les dijese que vive conmigo se amaría una buena.
No insistieron más, confiaban en mis palabras, además sabían que no me gustaba hablar de ese tipo de cosas, siempre me costaba. Nos despedimos hasta el lunes siguiente, no tendríamos mucho trabajo hasta pasada la fiesta, pero aprovechariamos para limpiar.
Cogí el coche y me dirigí a casa al fin, hoy le dije a Loki que volvería antes. Nuestra relación se había vuelto más consentida, discutíamos, pero nada comparado con los primeros dí és de contarle sobre mi, parecía haberse hablando, como si hubiese roto un poco de la enorme barrera que mantiene todo el tiempo, aunque no volvimos a hablar de eso, todo y que tras su declaración sobre que él también se había fugado, había alimentado mi curiosidad y mis teorías, todas relacionadas con el hecho de que él es el dios del engaño.
Al entrar en casa vi que no estaba, salía bastante a menudo, salía cuando yo no estaba en casa, no sabía a donde, muchas veces hablaba sobre las cosas que veía por la calle, me preguntaba sobre cosas que no entendía, pero nunca me hablaba de adonde se dirigía, que buscaba. Me pasaba el día entero pensando mal de él, pero por algún motivo, al llegar a casa, al verle, no podía evitar sonreír, sentirme acompañada y escuchada, estaba a gusto, en confidencia. Pensé tantas veces que era un hechizo... y él me lo había negado tantas veces.
Un destello apareció en mi espalda, y al darme la vuelta le vi. Siempre vestía la ropa humana que le compré, tal vez debería ir a por más, él se duchaba y yo la lavaba de vez en cuando, pero llevar siempre la misma ropa es extraño. Llamaría la atención de la gente de la calle. ¿Veis? ¡Siempre defendiéndolo! Se acercó a mi sonriendo, tan irónico como siempre, andaba como si le pesaran los pies y al sacar las manos de los bolsillos de la chaqueta, se repeinó hacia atrás algunos mechones rebeldes. No le miraba con amor, si no con una cierta complicidad. A lo mejor no es que él me hubiese hechizado para hacerme pensar bien de él, a lo mejor es que me estaba empezando a dar igual que fuese el Dios del Mal.
- ¿Qué tal ha ido, midgardiana? - Preguntó mientras alzaba una ceja. Se había plantado delante de mi. Era alto y cuando hacía eso me obligaba a levantar la cabeza, le llegaba por los hombros. Ser bajita no es divertido.
- Bien, ya está todo preparado para el Lunes que viene, estoy algo nerviosa, espero que todo salga bien. - Asintió y se sentó en el sofá, quitándose la chaqueta. - ¿No crees que necesitas ropa nueva? ¿No te molesta ir siempre igual?
- ¿Y tener que volver a centro comercial? No, gracias. - Movía la mano a modo de advertencia, demasiada gente para él. - Ya he recopilado suficiente información del mundo humano, no necesito ropa nueva, puedo crearla con mi magia.
- ¿En serio? - Loki asintió. - Vaya, eso haría que me ahorrase dinero, sin duda. Tengo que encontrar algo bonito que ponerme para el viernes que viene.
- ¿El próximo viernes? ¿Qué pasa el próximo viernes? - Ni se lo había comentado, había estado tan liada...
- Nos han invitado a mis compañeros de trabajo y a mi a la fiesta de la editorial que nos ha acogido el cómic, es una fiesta importante para nosotros, porque si caemos bien hay muchas probabilidades de que nos hagan un buen contrato, lo que significa trabajo fijo y un buen sueldo.
- Entiendo, pareces más animada. - Había pasado unos malos días después de la llamada de Victoria McAdams. Al parecer a él le había impactado este tema, se preocupaba por mi, casi parecía más humano.
Me rondaba la cabeza la posibilidad de pedirle que me acompañase el día de la fiesta. Había una amplia gama de posibles respuestas negativas por su parte, y yo tenía el suficiente miedo al rechazo como para intentar si quiera dárselo a entender. Sin embargo, si no se lo pedía, iba a estar sola ese día, completamente sola. Me despertó de mi batalla interior el sonido del timbre, Loki y yo nos miramos, no esperaba a nadie ¿quien sería?
Estaba orgullosa de que su familia perteneciese a la flor y nata de Nueva York durante generaciones. En el siglo XVIII empezaron siendo una humilde familia de forjadores, y hoy por hoy se habían convertido en una de las mayores empresas de joyería de todo el mundo, aunque no se conformaba sólo con eso, el dinero que había ahorrado durante años lo había invertido en la compra de dos de los hoteles más importantes de Nueva York, los cuales sólo hacían que traer más y más ganancias a la familia. Si, Victoria McAdams era rica, estaba podrida de dinero, lo estaba... o lo estuvo, hasta que descubrió que Robert, su inútil marido, había perdido más de la mitad de sus pertenencias en Las Vegas, maldito vegestorio inconsecuente.
Después de esa gran pérdida, aún no habían logrado volver a recuperarse, la repetitiva universidad de Ted y la escuela de Allison habían pasado a ser la máxima prioridad, allí iban a parar casi todos los gastos, poco a poco se recuperarian, a la señora McAdams le gustaba tener siempre todos los cabos atados, sin embargo, hacía unos años que siempre se le escapaba uno, yo, Prue Halley, hija de Tommas Halley y de Catherine Halley, aunque Victoria conocía más a mi madre por su nombre de soltera: Catherine Bolton, la hija pequeña de los Bolton de Irlanda, además de una de sus preciadas amigas de la infancia, tan cándida como era, y tan cómo mi padre que había salido yo.
Se retorció de ira en su caro sillón tallado a Mano y forrado con el mejor terciopelo morado, estaba a oscuras bebiendo vino en su habitación, como siempre. Daba vueltas y vuelta al vino de la copa mientas lo observaba a contraluz por la luz que llegaba desde la calle, mientras se repetía una y otra vez como de desgraciados éramos yo y mi padre por habernos llevado a mi madre de su lado. Yo, el puñetero cabo suelto, que resultó ser más problemático de lo que esperaba, dio gracias a que mi padre ya no estuviese, pensar en tratar con ambos le daba jaqueca.
Sin embargo, por mucho rencor que me tuviese, no podía tocarme ni un pelo, sería su salvación. Al principio se desesperó un poco al no encontrarme durante esos tres meses, sin embargo Ted me vio por casualidad, y gracias a unas cuantas llamadas ya sabía donde vivía y donde trabajaba. Lo que no esperaba era que estuviese con un chico, eso sólo empeorarian las cosas.
Aunque lo haría con el más profundo dolor en su corazón, obligaría a Ted a casarse conmigo. Poco le importaba luego si él decidía estar con otras mujeres, había algo mucho más importante que mantener, aunque yo no fuese consciente. Su salvación.
- ¡James! - gritó la señora a su mayordomo, quien abrió la puerta de la habitación. Era alto, de color y demasiado buena persona como para habitar en esa casa. - necesito hacer una llamada. - De detrás suyo sacó un teléfono inalámbrico y se lo dio a su señora. - ¿Como van los preparativos?
Me dirigí curiosa al telefonillo, no esperaba a nadie y el casero no vendría hasta la semana que viene, sólo esperaba que no fuese ningún compañero del estudio. No obstante, al contestar, no me sonaba nada la voz de quien llamaba, parecía una niña. - Vengo para entregarle su pase a la novena convocatoria de Ediciones Meller. - No había recibido ninguna noticia sobre que repartiesen pases o entradas, o lo que fuese, a domicilio. Me esperaba algo más como una lista de invitados o algo así .
Abrí sin tapujos, hasta me hacía ilusión. Esta vez, el dios, lejos de ponerse en guardia como cuando trajeron la pizza, cruzó los brazos, aunque se puso de pie.
A los pocos minutos se escuchó el ascensor y con él, una vocecita.
- Buenas tardes, ¿Eres Prue Halley? Tengo una invitación para la fiesta de la editorial Meller, que debo entregarte.- Era alta y morena, de pelo ligeramente ondulado, ojos marrones y piel muy blanca, vestía un vestido verde oscuro con estampado de pájaros blancos, además llevaba un sombrero que le quedaba adorable.
- Claro, soy yo, por favor pasa.
Entró en casa, al verla , Loki dio un paso atrás. Ella al entrar y verle allí le sonrió y levantó una mano a modo de saludo, él levantó una mano también, pero no sonrió, puso una cara extraña.
- Lo siento, ¿interrupo algo? - dijo ella mirandome cual cachorrito.
- para nada, no le hagas caso, es un borde.- le lancé una mirada a Loki, pero él sólo me apartó la vista.- ¿Quieres tomar algo.. ehh..?
- Trizzia, me llamo Trizzia Sartori. Y no gracias, la verdad que venía como mensajera para entregar la invitación y me iba. - De su bolso sacó un papel dorado del tamaño de un dolar. Me lo entregó.
- Veamos. - Dije, leyendo. En él habían unas letras negras - "Editorial Meller, 10º Aniversario. Entrada VIP Nº107 Destinada a Prue Halley (más un acompañante). Lugar de encuentro Mandarin Oriental, Nueva York."... No puede ser. - No podía ser justo "ese" hotel, debía de ser una broma. Me sentía como si hubiese caído en una trampa, en una ratonera. Un queso delicioso al final del camino y una guillotina a mitad.
- ¿Qué ocurre? ¿Algún problema? - Preguntó Trizzia, preocupada. El Dios, que seguía en el sofá, rondaba su mirada de mi al papel, algo andaba mal. Pero le desconcerté al cambiar de expresión.
- No no es nada, solo que es un hotel muy caro y me sorprende poder ir a visitarlo. - Sonreí todo lo que pude, casi me hacía daño, pero a ella pareció convencerla mi argumento y me devolvió la sonrisa.
- Muy bien, pues si eso es todo, me retiro. Espero que paséis buena noche, y espero veros a los dos en la fiesta. - Se despidió levantando la mano de nuevo. Loki se levantó de repente para decir algo pero le corté antes de tiempo.
- Ah, no. Él y yo.. no...no. - Casi soné creíble de no ser por la risa falsa que se me escapaba, aunque no mentía, no eramos nada. Ella desde el marco de la puerta sonreía como si nos hubiese pillado con las manos en la masa. - Nos veremos el viernes.
- Desde luego. - La acompañé hasta la puerta y hasta que no escuché como el ascensor se abría abajo, no la cerré.
Alguna clase de dios migdargiano estaba haciéndome la vida imposible, o eso o era la humana con peor suerte del mundo entero. De tantísimos hoteles importantes, ¡demonios! Si justo a una manzana estaba The London NY, The muse, o incluso The time, todos juntos y cerca, ¿Por qué justo tenía que tratarse ese hotel? Desde luego había mentido a Trizzia al decirle que estaba totalmente emocionada por poder ir, después de todo ya había entrado varias veces, más de las deseadas. Apoyé la cabeza en la puerta cerrada, sentía la presencia de Loki tras de mi, seguía con los brazos cruzados.
- Bueno, ¿Vas a contarme qué pasa con ese papel? - Reaccioné y me giré para verlo ¿Al ser el dios de las mentiras tendría una especie de radar o algo así? Se balanceaba un poco, ladeando la cabeza en busca de una respuesta a su pregunta.
- Acabo de perder todas las ganas de ir a esto. - Me dirigí hasta el sofá y me senté en el apoyando los codos sobre las rodillas, y la cabeza sobre mis manos, sujetándome la frente. - No lo entiendo. - Sollocé. - ¿Qué de malo tiene querer forjar tu propio camino?
- ¿Tiene algo que ver con la llamada de el otro día? - Loki se sentó a mi lado, cerca, pero lejos al mismo tiempo, siempre guardaba las distancias.
- Si, ese hotel es propiedad de esas personas. Parece que lo hacen a propósito para cerrarme el camino. Si voy, tendré que verlos, se que estarán allí, es una celebración importante.- Me lancé hacia atrás haciendo chocar la espalda con el respaldo y empecé a morderme las uñas, nerviosa. - No quiero ir... Si me ven son capaces de meterme en un coche y llevarme de vuelta a su casa, tengo que inventarme alguna excusa, no lo se, que me he puesto enferma otra vez o que he tenido que salir del país por alguna urgencia. No puedo creer que tantos años de esfuerzo y sacrificio no hayan servido para nada.
- Cállate. - Murmuró el dios.
- ¿Qué? - Me quedé a cuadros, ¿Habría escuchado bien?
- Te ordeno que te calles, estúpida. - Se levanto rabioso, me cogió la entrada de la mano de un tirón y la estampó contra el suelo. Se quedó de pie delante de mi, con una pose muy rígida, parecía como si estuviese cargando mucha rabia en sus puños. - ¿Vas a consentir que te traten de esa manera? ¿A eso es a lo que aspiras, a ser frenada toda la vida? Me esperaba más, pero veo que después de todo si que eres una mediocre midgardiana. - Abrí los ojos como platos.
- ¿Se puede saber de que estas hablando? Por eso mismo no quiero ir, porque si voy me capturarán de nuevo, quiero huir, para ser libre. ¡Eso está bien de vez en cuando! - Le di con la palma de la mano al sofá.
- ¿Y vas a echar a perder todo lo que has sudado estos años? - Se giró y me levantó de un brazo, haciendo que me pusiera de pie. - ¿Sabes? Te creía con más ambición.
- ¡Y tengo ambición! ¿Crees que no me fastidia? - Empecé a elevar el tono de voz sin querer. - ¿Pero qué quieres que haga si las cosas se han vuelto así?
- ¡Qué les plantes cara! - Casi sin darnos cuenta estábamos demasiado cerca. Él me agarraba con fuerza por los hombros y me miraba casi con desesperación. - Estoy en Midgard por el mismo motivo. Para demostrarles a todos que voy a luchar por lo que deseo.
Tenía razón, siempre había querido salir de aquella casa y había conseguido mantenerme alejada durante tres meses, ¿Quien me decía que no podía volver a hacerlo? Había sacrificado muchas cosas para tener el futuro que yo misma me había forjado y que por suerte, era aquel en el que deseaba estar, lejos de la familia McAdams ¿Y ahora iba a darme por vencida tan fácilmente? No caería esa breva, tenía estar lista para encontrarme lo peor ese día, pero estaría preparada y no les haría las cosas tan fáciles. Sonreí y Loki pareció aflojar un poco su atadura, le cogí las manos y se las estreché - gracias. - Susurré, casi a posta para que no lo escuchase, pero lo hizo, porque sus pupilas se contrajeron de sorpresa, incluso se echó hacia atrás y soltó mis manos, algo apabullado.
- Estas frío... - Le comenté. Entonces me acordé de algo. - Oye Loki, ¿has probado el chocolate caliente?
- No. - Contestó simplemente.
- Pues vayamos, todavía es muy temprano para hacer la cena. - Me puse el abrigo y cogí las llaves. Salimos a la calle y hacía tanto frío que nuestro aliento se transformaba en vapor. Esto hizo que cierto pensamiento me volviese a la mente. - ¿Puedo pedirte algo? - El Jotun no habló. - ¿Vendrías conmigo...
-...al "hotel" ese? - Terminó la frase por mi.- ¿Y dejarte sola allí? - Me quedé totalmente petrificada ante ese comentario, él siguió andando hacia delante como si no hubiese pasado nada. Pero yo no pude.
Allí de pie pensé en todo lo que había pasado las últimas semanas, en como había dejado de ser un fantasma para alguien, en como había dejado de sentirme tan sola. Una mota de nieve se posó en mi nariz y me hizo recobrar el sentido. Él ya estaba casi en la esquina y se había dado la vuelta para verme al ver que no le estaba siguiendo, al verlo allí de pie solo, solo pude hacer una cosa, correr a su lado.
