Hola a todos! La semana pasada no pude actualizar por temas de trabajo, aunque eso no quiere decir que no haya seguido escribiendo. Mi plan de esta semana era publicar dos capítulos el mismo día, sin embargo no he tenido mucho tiempo tampoco, pero no os preocupéis, aquí os dejo un capitulo bastante largo para deleitaros. ¡Seguiré escribiendo tanto como pueda!

Como siempre Loki y todos los personajes de Marvel pertenecen a Stan Lee.

Refrescó mucho más aquella noche, el dios de las mentiras de incógnito y yo, habíamos disfrutado de un buen chocolate caliente, él prefirió probar un chocolate puro, sin azucar, le iba lo amargo, eso me hizo gracia porque por mucho que pensase en ello no podía imaginarme otro chocolate a corde con él.
Seguía nevando, él parecía absuelto en sus pensamientos, me pregunté si echaría de menos su hogar Asgard, Jotunheim, fuese cual fuese. Se mostraba casi tan melancólico como podría serlo una noche de nieve, sin embargo parecía a gusto entre ella. Fue entonces cuando le propuse salir al día siguiente por la mañana, cuando la nieve ya hubiese endurecido y estuviese todo cubierto. Nueva York no era una ciudad necesariamente fría, pero cuando nevaba lo hacía con ganas.

Y aquí estaba por la mañana, enfundada en mi polar de color morado, era de cuello y mangas anchas, además era largo, por lo que no sentía nada de frío, mucho menos debajo de los pantalones, o de las botas. Además, a parte de eso llevaba una bufanda negra super suave y calentita. Loki por su parte iba con la misma ropa, alegaba que no necesitaba nada más, y no me extrañé de que fuese resistente al frío, en Jotunheim haría mil veces más frío que aquí, seguramente. Pero aún y así le presté una bufanda y se la puso, aunque a regañadientes.
Se le oscureció el rostro cuando le dije que me gustaría ir a Central Park, porque hacia mucho tiempo que no iba, claro que yo no sabía que él no hacía mucho que se había visto obligado a entrar y le fue una odisea salir. Aceptó maldiciendo en silencio, tenía tantas ganas de enseñarselo.

Tardamos un poco en llegar, pero valió la pena al ver aquel paisaje, era precioso, todo blanco. Sin embargo, al ser sábado estaba todo complementamente lleno, lleno de niños jugando, y no hay cosa más irritable y peligrosa que esa.
Para mi sorpresa, Loki me escondió detrás de un árbol.
- ¿Q..Que haces? - Volvía a estar demasiado cerca, y eso no podía ser, él siempre respetaba mi espacio.
- no aguanto a los niños. - contestó, y con un simple chasquido de dedos, aparecimos en otra parte.

Era un sitio más alejado, lleno de árboles y de nieve, no había gente en esa zona, yo no lo sabía, pero él me había traído justo donde había estado días atrás leyendo el libro mi padre.
Loki estaba exasperado, "vayamos de excursión", le dije ayer, como iba a saber él que ir a pasear era "excursión". Si fuese un tonto midgardiano estaría bien con eso, pero no lo era, era un dios, el próximo general de las tropas chitauri, y el próximo amo y señor de midgard, o en ello estaba, no tenia tiempo que perder. Además, una vez conseguido todo eso iría hasta Asgard, a patearle el trasero al gran Padre de todos.
Algo frío y mojado se estrelló en su nuca haciendo que se inclinase hacia delante.

- ¡Ajá! Los dioses tambien bajais la guardia, ¿eh? - le dije riendome. La cara que hizo fue inolvidable, furia y vergüenza se cruzaron en su rostro. Alzó su mano derecha y al bajarla de golpe. Hizo caer la nieve del árbol que había detrás de mi, medio enterrandome.
- estúpida midgardiana ¿Como osas atacar a...- No pudo continuar hablando. Verme cubierta de nieve intentando salir de allí y muerta de la risa, le dejó la mente en blanco. Se acercó inconscientemente sonriendo y con un movimiento de mano me quitó la nieve de encima.- ¿Te gusta ponerme las cosas difíciles verdad?

No sabía a que se refería con ese comentario, ni siquiera sabía porque sonreía de esa forma tan boba, incluso parecía que sus blancas mejillas habían cobrado algo de color. Al darse cuenta de que se habia quedado mirandome con aquella cara, se apartó y su rostro volvió a ensombrecerse y volvió a sumergirse en sus pensamientos. Él me había dicho que estaba aquí, en midgard, para demostrar que podía lograr lo que se proponía. Supuse que a quien se lo quería demostrar sería a su familia, a su gente. Siempre se le veía atormentado y siempre pensaba que era porque les echaba de menos. Tal vez había hecho una promesa que tenía que cumplir o esto era una prueba ¿ no dicen que Odin siempre lo hace todo por una razón? O..¿ tal vez le habían castigado? Fuese cual fuese la razón, parecía afligido, parecía que necesitaba desahogarse.
Sólo le conocía de una semana, pero sabía que era una persona reservada, que lo mantiene todo en su interior y que no va a soltar prenda, y menos a mi, siendo midgardiana. Por eso mismo decidí sacar yo misma el tema, sabía que no iba a hablar de ello a si que forzaria un poco la situación, tal vez pudiese sacar algo, aunque de momento me fuese por las ramas.

-Loki - Le llamé, pero sólo me miró de reojo y volvió a darme la espalda. - Oye, Loki.- me acerqué un poco más,colocandome en su espalda.- ¿Cómo es el sitio de donde vienes?
- Ya te respondí a eso una vez.- contestó seco, sin mirarme.
- No me refiero a cómo es social o políticamente. ¿ Como es? ¿Qué aspecto tiene? - se giró con el ceño fruncido, como si no entendiese el porqué de todo aquello.- Sólo es curiosidad.
- No tiene nada que ver con esto. - Volviendome a dar la espalda, cruzó sus brazos en ella.- No hace frío nunca, ni tampoco calor, siempre hace buen día, con nubes blancas y cielos azules y siempre hace noches estrelladas, donde se ven las lunas claramente.
- Pensaba que Jotunheim era un páramo helado. - Yo ya sabía que él venía de Asgard, pero quería que me lo contase él, que contase quien es y de quien es hijo en realidad. Y estaba tratando de hacerle caer en una trampa.
- Si, Jotunheim es frío, frío, cubierto de hielo y rocas, no tiene demasiado encanto. Incluso Midgard es más bonito ... aunque nada comparado con los atardeceres de Asgard. - Sonrió calidamente, eso daba a entender que él vivía allí, no en Jotunheim, o al menos si era un sitio que añoraba. Se me pasó por la cabeza pensar que me estaba mintiendo, que no era un jotun, pero lo vi con mis propios ojos, a si que aquello debía de ser mucho más complicado que una simple mentira.
- Bueno los atardeceres de aquí pueden llegar a ser preciosos también. - Alegué.
- Vuestra estrella, el sol, está formada de fuego, es lógico que veáis los colores del fuego en el cielo. Sin embargo, ¿has visto todos los colores del mundo reflejados en el cielo alguna vez? Formando manchas degradadas... nuves moradas de cielos ocres, tonos naranjas dejándose asomar, dejando atrás el azul del día, es indescriptible. - En todo ese momento no dejó de mirar al cielo gris de midgard con añoranza y tristeza.
- Vaya, me gustaría verlo.- respondí sin poder evitar mirar al cielo.
- Dudo que eso sea posible, no se permite la entrada a humanos en Asgard. - contestó, seguía sin mirarme.
-¿Laufey vive en Asgard?- pregunté intentando pillarle. Debió ser mala idea hacerlo, porque la mirada de reojo que me echó Loki fue tremenda. Sólo pude tragar saliva.
- Él está muerto ahora.

¿Como iba a saber yo que quien según él era su padre ya había fallecido? bueno de hecho era una criatura de miles de años, lo extraño es que siguiera con vida,¿no? Aunque tratándose de dioses no era de extrañar que sus vidas fuesen longevas. Loki seguía mirándome enfadado, ¿habria notado que quería hacerle confesar? Él sabía que yo sabía quien era Laufey, el rey de Jotunheim, ¿como iba a estar Laufey en Asgard? Si habian estado en guerra según las historias, si se le hubiese ocurrido pisar Asgard, lo hubiesen matado. No se me daba tan bien mentir y tejer redes como a él.

- Lo siento- respondí al había mucho más que decir.
- No importa, él nunca fue nada para mi.- cada vez estaba más contrariada, pero más ansiosa por saber y no quería preguntarle directamente. - tampoco tengo porque darte...
- Escuchame. - le corté.- Y mirame, no soporto que me den la espalda y no me miren cuando estoy hablando. - Se giró y parecía más imponente que nunca, me miraba desde arriba con autoría y esos ojos, tan verdes que parecían tener vida propia. - Se que seguramente no lo harás, porque lo sé, se que somos de mundos diferentes y aunque no estoy de acuerdo, crees que eso nos condiciona. Sin embargo, se que puedes sentir también, sufrir, entristecer, y es normal, a si que si alguna vez necesitas hablar, aunque no lo entienda, te escucharé.
- ¿Contarte a ti mis problemas? ¿Como si fuese un niño que no sabe hacerles frente? ¿Te parezco así de débil? - Supongo que era de esperar que saliese por ese camino, no me sorprendía que hubiese recibido la típica educación espartana de "los hombres nunca lloran.".
- Estoy hablando de ayudar a que te desahogues. - "Eso y que me digas de una vez que eres el dios del mal" eso pensé, hubiese sido divertido habérselo dicho.
- ¿Y por qué intentar ayudar a aquel que se metió en tu casa a la fuerza, amenazandote y ha estado intentando molestarte mañana y noche?- ni si quiera me miraba a los ojos. Miraba a lo lejos, a alguna sombra del pasado.
- Por que la idea de tratarse como iguales fue mía. - Crucé los brazos cuando vi que se giró intentando volver a responderme mal. Imité su cara de enfado, haciendo que el hiciese una mueca extraña.
- ¿No vas a ponerme las cosas fáciles, eh? - volvió a repetir, con un rostro más relajado y más color en las mejillas.
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Todo y la calefacción que le proporcionaban, Erik Selving estaba helado, ni la emoción por trabajar y descubrir conseguía calentarle el corazón, sensación que le pareció algo rara.
Pese a esto, S.H.I.E.L.D le estaba tratando de maravilla. Le tenían allí interno, con disposición a dormitorio propio, tres comidas y cuarto de baño, sin contar que le proporcionaban todo el material que necesitaba para sus investigaciones y que le dejaban husmear un poco por el recinto cuando se tomaba un descanso, aunque eso no era muy a menudo. El Tesseracto estaba presentándose como todo un reto para él y eso le hacía trabajar día a día, y alguna que otra noche.
No encontraba tiempo para aburrirse, además le habían conseguido a algunos buenos científicos que se unirían a la causa.
Esa mañana el doctor estaba arreglando el error cuántico de uno de los otros científicos, todos eran inteligentes y con talento, pero les faltaba precisión y experiencia. Estaba tan concentrado en el trabajo que no escuchó los pasos de las dos personas que habían detrás de él.

- Doctor Selving. - La gruesa voz de Nick Fury hizo que se sobresaltara, tropezando con la pizarra en la que escribía. Se sintió raro, como si estuviese haciendo algo malo.- Vaya, cuidado profesor.- Fury se acercó a observar- ¿Qué es esto? ¿qué hacía?
- Oh, esto es una fórmula para determinar la velocidad de los fotones, ya sabe, el Bifrost es un puente de luz, como un arcoiris. La materia oscura junto a la energía hacen que esos se muevan a la velocidad de la luz continuamente, creando así una ruptura dimensional y creando un agujero de gusano. - Erik se expresaba con una sonrisa en la boca, lo suyo era pasión.
- No me he enterado de nada.- comentó el hombre que había al lado de Fury. - ¿Qué? - dijo al ver la mirada que este le estaba dedicando. - Lo mío no es la ciencia, lo siento.
- Disculpe al irrespetuoso de mi subordinado.- Le comentó Fury a Selving, mientras miraba al otro severamente. - Su nombre es Clint Barton, está aquí para protegerle a usted y a la investigación.

Era un hombre joven, de pasados los treinta años, su altura estaba en la media, aunque era algo bajo. Su pelo era castaño claro, y su corte puntiagudo y despeinado, le daba un toque de dinamismo. Todo y no ser un armatoste de músculos, parecía fuerte y experimentado, más aún vistiendo el uniforme de S.H.I.E.L.D. aunque el arco y las flechas que llevaba en la espalda le desconcertaban un poco.
Tampoco entendía muy bien qué clase de peligro podría haber en una base perdida en mitad del desierto, repleta de guardias. Nick Fury se despidió del doctor dándole una palmadita de espalda y una mirada de "pórtate bien" a Clint y se marcho dejándolos solos. Había mandado a uno de sus mejores hombres a vigilar esa investigación tan importante, tenía que mantenerla vigilada desde cerca ya que el Tesseracto era miel para muchas abejas. Johann Schmidt, líder de HYDRA, lo tuvo bajo su poder en los 40's y ya se utilizó indebidamente. Gracias a el Capitán América, el cubo permaneció congelado, hasta que Howard Stark lo recuperó y lo mantuvo en secreto en las instalaciones de S.H.I.E.L.D. desde su fundación.

- Espero poder aprender mucho de usted, señor. - Comentó Clint. Empezó a andar curioso por el laboratorio, bajo las miradas expectantes de los demás cientificos, los cuales seguramente estarían rezando que por favor no se le ocurriese de tocar nada.
- Lo mismo digo. - Respondió Selving con tono servicial.
- Pues como no pretenda que le enseñe tiro al arco... - Bromeó el agente. Se acercó a una especie de aro de metal que estaban construyendo más hacia delante, unos cuantos ingenieros estaban soldando y saltaban chispas, por lo que mantuvo las distancias. - ¿Qué es eso?
- Oh, pues es un acelerador de partículas. - Selving cogío una libreta llena de cálculos que Clint no podía leer. - La idea es lanzar la energía del Teseracto a los receptores de este acelerador que estamos construyendo, para que se cumpla la ley que haga que el puente de Einstein-Rosen abra dos "puertas", por así decirlo, en el espacio. Es decir, una sería aquí y la otra donde las coordenadas decidan, supongo que haremos varias pruebas hasta intentarlo con Asgard.
- Impresionante, pensaba que los agujeros de gusano solo eran una hipótesis. - Clint miró desconfiado el artefacto, tendría que estar muy atento a esto, que cayese en malas manos podría ser una fatalidad a escala mundial.
- Y todavía es una hipótesis, todo esto es una hipótesis, a sí que habrá que ser precavidos, al mínimo fallo podría crearse un agujero negro con la potencia suficiente como para tragarse toda la tierra. - Rió divertido. Clint se limitó a reprimir el escalofrío que sintió en su espalda.
- De acuerdo, buscaré un sitio desde donde vigilar. Usted asegúrese de que esto sale bien, yo procuraré que no entre nada, ni nadie sin autorizar, a esta habitación. - El agente Barton se percató de un pilar de hierro del cual sobresalía una pequeña cornisa, ese sería un buen sitio. Empezó a escalar el pilar.
- ¿Agente? ¿Qué hace? - Preguntó Selving agarrándose la cabeza.
- Veo mejor de lejos. - Siguió subiendo. - No me llame "agente", soy Ojo de Halcón.


Cuando Loki abandonó la base de S.H.I.E.L.D. dejó restos de su consciencia en la mente de Selving. Él no sabía nada, por supuesto, no sabía que las voces de curiosidad que oía en su cabeza era Loki, ni que este era capaz de leer sus pensamientos a distancia. Fue a causa de esto que Loki supo de la presencia de Clint Barton, tendría que ir con cuidado con ese midgardiano, vio su mirada a través de la de Selving y se metería en problemas si no lo mantenía vigilado.
Sacudió levemente la cabeza, ya habíamos dejado atrás central park. Nos dirigiamos a comer a un restaurante de comida japonesa cercano, aunque de eso él no se había enterado, claro que su mente estaba en otro lado cuando se lo propuse a si que simplemente me limité a tomarmelo como un "sí", pagaba yo después de todo.

Le miré, por si seguía absuelto, y él me miró serio, un silencio incómodo se alzó entre nosotros, hasta que sin darnos cuenta llegamos a la puerta del local. Loki se quedó mirando la puerta extrañado, en ella habían dos enormes dragones japoneses tallados en bronce, uno a cada lado de la puerta, además el rótulo de este le era imposible de comprender, eran kanjis japoneses formando el nombre del restaurante, pero él no tenia ni idea de eso.
Al entrar, un gran árbol de flores de cerezo se alzaba a mitad del local. Habían muchas mesas al rededor con gente, además estaba decorado con farolillos, cumpliendo el papel de lámpara, y cuadros por las un sitio impresionante, estaba segura de que a Loki le gustaría.
Una señorita con kimono nos dio la bienvenida y nos indicó un lugar para poder sentarnos.

-¿ Seguimos en Midgard? - me preguntó seriamente.
- Claro que si.- reí.- ¿Por qué lo dices? Es cierto que el local está muy bien ambientado, y hace que te olvides de lo que hay fuera.

Me miró comprendiendo lo que decía. Andaba algo perdido todavía en Midgard. ¿Como de maravilloso debía de ser Asgard para que Loki pensase que al cruzar una puerta podía pasar a otro mundo? Seguramente rompería muchas leyes y realidades de mi Mundo.

- ¿Qué comida sirven aquí? - preguntó, aunque no le contesté, simplemente le abrí el menú para que leyese lo que había. Al cabo de unos minutos volvió a hablar.- No se qué es la mayor parte de lo que leo.
- Entonces yo pediré por los dos. - Le ofrecí, él sonrió de forma ladina y movió la mano en señal de que me cedía el honor. - Echaba de menos venir aquí. - comenté en voz alta sin querer.
- ¿ Vienes aquí muy amenudo? - Preguntó algo sorprendido.
- Solía hacerlo. - Otra vez había tocado un tema delicado, parecía como si supiese qué preguntar en cada momento. Su mirada subía y bajaba al mismo ritmo que la mía.- Bueno... antes solía venir a menudo con Tedd, él solía invitarme a comer aquí.
- ...- insospechadamente se puso tenso y serio, se acomodó y bajo los brazos debajo de la mesa, yo no lo vi, pero apretó sus puños en sus rodillas.- ¿ Por qué me has traído aquí? - Sonaba algo borde y seco, como si ese tema le incomodase.
- Bueno, dejé de salir con ese, pero este sitio me gusta ¿por qué dejar de hacer cosas que me gustan porque tengan que ver con mi ex pareja? - Su rostro se relajó. - Lo digo en serio, mira este sitio, es fantástico. - parecía sonreír complacido. No estaba segura del porqué se había puesto así. Una pregunta me empezó a rondar por la mente.- ¿ Y tu? ¿Has estado con alguien?
- ¿Yo?- Sonrió con picardía. - ¿Por qué quieres saberlo?
-Porque yo te he contado mucho sobre mi y tu, sin embargo... nada. Lo de siempre, Jotun, derecho al trono de Jotunheim y de Asgard, hijo de Laufey. - Sonrió divertido, subió los brazos, apoyando su mentón en las manos.
- Yo contándole mis intimidades a una midgardiana. ..- su sonrisa se volvió más sarcástica por segundos. Estaba sacrificando tanto su orgullo por aquel estúpido " tratarse como iguales" que cuando la tierra estuviese en la palma de su mano no sabría si gobernarla o ó sus manos, formaba parte de una estrategia, era por un bien mayor, no por gusto. Eso se repetía una y otra vez en su cabeza.- Nunca he "estado" con alguien, si es eso lo que quieres saber.
-Lo imaginaba.- dije simplemente.
- ¿Ah, si?- me miró altanero.
- Si, eres ese tipo de hombre... ya sabes, seguro que te has acostado con muchas mujeres, pero nunca te has enamorado. - Alzó una ceja y sus ojos verdes brillaron.

La camarera pasó al lado de nuestra mesa, por lo que aproveché para pedir la comida: algo de sushi, sashimi de salmón y sopa de Miso para contrastar el frío de fuera, sería nuestro menú de hoy. Cuando trajeron la comida esperaba poder reirme de ver a Loki tratando de comer con palillos, pero lo cierto es que no hizo falta explicarle como se hacía, era todo un experto y tan elegante como siempre. Sin embargo, la sonrisa burlona de hacia un momento se había esfumado, volvía a estar sumergido en sus pensamientos, algunos más encontrados que otros. A penas me miraba, ni si quiera mencionó si la comida estaba buena, y es que Loki estaba molesto, aunque no quería mostrarlo, se había molestado por haberle dicho eso . Nunca le habían importado lo más mínimo las relaciones. Sus relaciones habían tenido poco de amorosas, más bien eran de una sola noche y esto se debía a que nunca había sentido la necesidad de amar. Él siempre lo había hecho todo por placer, por eso se guiaba, no quería necesitar a nadie, porque nadie le necesitaba a él, además, se consideraba un hombre libre y por ello consideraba que debía de estar y amar a alguien por el placer de estar con esa persona. Que yo hubiese sugerido y sacado ese tema de ese modo significaba que le veía como un hombre del estilo de Thor, lleno de hormonas y sin autocontrol.

- No soy un cabronazo, si es eso lo que piensas. - dijo de la nada, yo casi ya había olvidado el tema, pero parecía que él le seguía dando vueltas.
- Yo no pienso nada, sólo digo lo que pareces, si no lo eres, demuestralo.
- ¿A una midgardiana?
- "Una midgardiana", que está dispuesta a ser tu amiga, pese haber irrumpido en su vida con todo el morro y declararse "dios". Ya que te doy un voto de confianza, ganatela también, demostrando. - Loki tragó duro, se le veía en el rostro. No estaba siendo fácil hacer confesar al Dios del caos, tal vez de esta forma si lo haría. Ya dije que no me importaba si era o no el dios del mal, y seguía sin importarme, pero quería que me lo dijese él.
- Está bien. - Levantó las manos, como si estuviese desarmado.- Me he acostado con mujeres, nunca he amado a nadie. Pero eso no quiere decir que use sólo a las mujeres para satisfacerme, es sólo que aún no he encontrado a nadie. - Me sonrió forzado. Estaba conteniendo su ira, aunque parecía relajado. - No le cuento mis intimidades a nadie, a si que como le cuentes esto a alguien, no dudes en que te mataré.- Sonreí, no sabía si iba en serio o no, pero me hizo gracia. Pasé mis dedos sobre mis labios como si se tratase de una cremallera que había que cerrar.

Llamé a la señora camarera y pedí la cuenta, no era un sitio muy barato, por eso no podía permitirme ir muy a menudo. Cuando salimos, el frío chocó contra nuestra cara, hacía aire y se había nublado, todo apuntaba a que iba a volver a nevar. No pude evitar separar la mirada de Loki ni un segundo, la nieve y el frío le favorecía sin duda. Su piel pálida parecía más blanca, su nariz se volvió algo coloreada, y sus labios rojos y cuarteados expulsaban vapor que había en sus pulmones. Bajó la mirada y me pilló observandole, aunque lejos de apartar la mirada, se la mantuve. Había poca gente que se atrevía a ello y eso a él no sabía si le agradaba o le enfurecía. Había echado la culpa a su relación con los midgardianos, al tiempo que estaba allí, incluso a algun hechizo de Odín,fuese cual fuese el culpable o la causa, Loki se había hablandado ante una humana.
Se sentía un hipócrita, pues justo en las redes de otra midgardiana cayó su hermano durante su destierro, hecho que le había reprochado y del que se había avergonzado enormemente. Sin embargo, allí estaba mirandome, una persona, sola en Midgard y llena de defectos, defectos que contrastaban con su inteligencia, la cual era capaz de hacer que el congelado corazón de un Jotun palpitase más de lo normal.
Aún y así, no iba a engañarse, había un propósito que cumplir, y si tenía que engañarme con amoríos para que le ayudase, lo haría. A fin de cuentas, iba a matarme cuando todo acabase, no podía dejar que algo tan inestable como el amor le desajuste los planes. ¿Amor? ¿Eso era? ¿o tal vez algo de afecto por encontrarse con alguien con quien se mantenía identificado? Fuese lo que fuese, no iba a reconocerlo.

Estuvimos mirándonos a los ojos sin decir nada hasta que un trueno surcó el cielo, Loki volvió en sí y me cogió de un brazo tirandome hacía él, apoyé una mano en su pecho para amortizar la sacudida y no pude evitar ponerme roja. Al levantar la mirada, su intensa menta me observaba casi con lástima, no me di cuenta de cuando me había cogido de la mano. Lo que si vi fue como una luz verde nos envolvía y en menos de unos segundos aparecimos en mi casa. Al llegar, Loki parecía confundido, me soltó y al ver donde estábamos se cogió la cabeza.
- Lo siento, ha sido un acto reflejo, no quería usar mis poderes. - Parecía enfadado, pero no lograba entender el porque.
- No pasa nada, estamos en casa. - reí.- Además ha sido muy guay... ¿Como lo haces?
- No, no es "guay", maldita sea. - se apoyó en la pared. Su puño se apretaba en ella, parecía estar a punto de tirar el tabique.- No he podido controlarme, llevo algunos días usando más magia de la cuenta. Si Heimdall se percata del uso de esta en puntos cercanos de forma seguida, sospechará. Todo por culpa de ese estúpido trueno.
- ¿El trueno? No entiendo, ¿te dan miedo y por eso reaccionaste así? - No veía a Loki como alguien miedoso, no a algo como los truenos. Sin darme cuenta dirigí mis ojos a sus manos, estaban azules de nuevo. Él ardía en ira en ese momento.
- Yo no temo a nadie ni a nada, en todo caso a mi, porque en cuanto vuelva a ver a quien me está haciendo esto, se lo haré pagar muy, muy caro. - Me acerque poco a poco hasta donde estaba, parecía ser capaz de matarme con sólo mirarme. Él seguía cara a la pared maldiciendo por lo bajo. Al apartarse de la pared, empezó a frotárselos y a esconderlos debajo de la ropa como si fuese la peste.
- ¿Qué está pasando? - Pregunté, estaba empezando a temer haberme metido en un buen lío entre dioses. - ¿Quien es Heimdall? ¿Por qué te persiguen, Loki? - Al girarse entre cerró los ojos, se acercó a mi, parecía agotado y unas ojeras horribles le asomaban debajo de los ojos.
- He huido de mi mundo para demostrar a todos que soy capaz de lograr mis metas y cerrarles el pico a más de uno. Antes, yo lo tuve todo, y me fue arrebatado porque pensaron que no era digno de ello, o que no estaba preparado para ello. Pero ahora, se que puedo conseguirlo y él único que puede estropearme los planes es Heimdall, él puede verlo todo. - Me puso la mano en el hombro, volvió a traspasar la barrera de nuevo y eso era extraño en él. - Prue, si se diese el caso en el que yo te necesitase para llevar a cabo mi meta, ¿Me ayudarías? - Se me cayó el alma a los pies, cogí aire, al fin reconducir la conversación había servido para algo, ahora tenía ocasión de plantearle la dichosa cuestión que me había estado atormentando dias atrás.
- Solo si me dices qué clase de Dios eres.

Él me miró sorprendido, en ningún momento pensó que yo podría estar sospechando sobre su procedencia, ¿A caso los midgardianos eran más inteligentes de lo que se pensaba y los había subestimado? ¿O es que era yo, que además de inteligente era precavida? Empezó a respirar agitado, me miraba y se temió lo peor. Como buen dios del Engaño, conocía toda clase de características psicologicas de los seres vivos, no solo podía y sabía leer mentes, si no que sabía leer los gestos, las miradas, las acciones. Le gustaba tener todo eso controlado, le daba seguridad, sin embargo me había subestimado. Mi mirada mostraba seguridad, no iba a dar un paso atrás en mi petición y eso él podía verlo. Por primera vez en Midgard, temió que su plan no se llevase a cabo y aunque no quería reconocerlo, temió que yo le diese la espalda y que le dejase sólo. Él siempre se había sentido sólo y ahora que parecía que tenía esperanzas en alguien, seguramente, al saber quien era en realidad, me asustase.

-¿Quien eres? - Mi voz se hizo más fuerte, me estaba creciendo. Incluso tal vez me lo estaba creyendo demasiado, no sabía como iba a reaccionar el Díos.
- ¿Qué harás si te lo digo?- Parecía un gato callejero cuando tratas de acariciarlo. No se que expresión puse en ese momento, pero Loki palideció, su rostro ensombreció y un aura oscura parecía envolverle. - Vaya, vaya. A si que era eso... Tú ya sabes quien soy. ¿Qué tratabas de conseguir? Me has engañado, eso no es facil.
- No trataba de engañarte, de hecho no he podido. Tan sólo quería que me lo dijeses tú, no quería creer lo que decían en Internet, pensaba que si me lo decías sería porque confiabas en mi, pero como eres tan sumamente cabezón y orgulloso, nunca me has dicho nada, por lo que he tratado de tirarte de la lengua.- Me puse muy nerviosa y no sabía exactamente qué estaba tratando de decir con todo eso.
- Te dije que confiaba en ti ¿Y así me lo pagas? - gritó, estaba viniendose arriba.- ¡Dejé de leerte la mente porque pensé que una inútil y descerebrada humana como tú, sería capaz de confiar en alguien como yo! Y pensaste que podrías engañarme... ¿Como lo descubriste? ¡¿Como sabes quien soy?! - A medida que hablaba gritaba más y más y su figura se volvía más aterradora. Sin embargo, a cada grito, más me escogía en una esquina, sin dejar ni un momento de mirarle a los ojos.
- Lo busqué. - Dije señalando el portátil, a penas me salía un hilo de voz. - Quería saber más sobre ti... - Me puse a llorar, Loki había conseguido asustarme y por algún motivo me sentía culpable.

El dios, al ver esto, volvió en sí. Era verdad que estaba muy enfadado, tal vez demasiado, pero temía perderme, por algún motivo más allá de lo que su cabeza podía encontrar lógico, y esto había llevado a que montase en cólera, si no quería asustarla, no lo había hecho bien. Ahora si que definitivamente su plan había sido chafado y no por otra persona, si no por él mismo.
No dejaba de pensar que tenía que haber dejado a un lado el tema, aunque no hacía falta decir que al tema no le faltaba misterio, incluyendo la página arrancada del libro de mi padre, la cual Loki buscaba, seguramente pensaba que ahí estaba su historia, pero... ¿Por qué tanto empeño en esconderlo? ¿Por qué tanto rencor? Ahora que por fin había encontrado alguien con quien no me sentía sola... Hace unos minutos pensé que incluso teníamos cosas en común, ahora, después de un mar de gritos por su parte, un abismo nos separaba de nuevo y eso sólo hizo que tuviese más ganas de llorar.
Me apoyé en la pared y me deslicé hasta el suelo, me arrinconé todo lo que pude. Un vacío empezó a cubrir terreno en mi interior, casi me dolía, y mi llanto se hizo más fuerte. Podía sentir como estaba de pie delante de mi, sin moverse, sin hacer nada al verme así, me sentía sola. Yo que pensé que tal vez era importante, que tal vez, por una vez en mi vida podría ser alguien para alguien, como mi padre lo fue para mi, como mi padre lo fue para mi madre. Tal vez había pecado de curiosa, pero gracias a ello había descubierto como de desagradable podía llegar a ser el Dios del Engaño. Había sufrido lo suficiente como para saber que hacer en estos momentos. Había aguantado demasiados desplantes en mi vida para dejar que un hombre como él, después de como me había gritado, tan siquiera se dignase a mirarme a los ojos, a tocarme, a consolarme. Ardía de rabia. ¡¿Como se había atrevido?!

Loki seguía consternado mirando a todos lados cuando me levanté. Mi respiración era tan agitada que no me bastaba con respirar por la nariz, parecía que el aliento que me salía por la boca en ese momento ardía conmigo. No separé ni un segundo mi mirada de la suya mientras me acercaba, aunque él no tuvo más remedio que hacerlo, de hecho, le obligué. Yo no poseía magia, pero eso no quería decir que no supiese defenderme. O propinarle un buen mandoble con la mano abierta en la mejilla izquierda al gran Dios del Engaño.