Lo siento, lo siento, lo siento y lo siento por demorarme tantísimo, y más cortando en una parte tan clave. El trabajo que tuve en Agosto y el inicio de las clases me complicaron mucho el escribir este capitulo, a si que después de un mes casi, (o más) aquí está al fin, espero que os merezca la pena.

Por cierto, seguramente mucha gente no lo sepa, pero estoy pensando en abrir un "blog" u cuenta de deviantart, donde subir dibujos míos inspirados en la historia. Estoy esperando a tener una buena cantidad para ir subiendo progresivamente. Además también he barajado la posibilidad de realizar un fancómic, pero son cosas que iré viendo si el curso me lo permite o no. Sin más os dejo con el capítulo y recordar que Loki y todos los personajes de Marvel que aparecen no me pertenecen a mi si no a Stan Lee y a toda una serie de dibujantes que hicieron posible su creación.

Me palpitaba la mano del tortazo que le dí al señor " ¿Como sabes quien soy?", luego el pálpito se volvió un hormigueo. Debí haber perdido practica, o músculo, porque me dolía más de lo normal. O eso o que la cara de los dioses era mucho más dura que la de los humanos.
Me la cogí y la acaricié, como dolía. Mientras, él balbuceaba con la boca abierta mientras miraba a todos lados desconcertado, se llevó la mano a su llameante y escocida mejilla, le había dado con ganas. Se frotó el mentón mirándome con desconfianza y al mismo tiempo seguía intentando asimilar como una " estúpida midgardiana" había sido capaz de golpearle. No sabía si montar en cólera y matarme o reprimirse y fingir que no le dolía.
Una batalla emocional dio inicio en su interior, se batían en duelo su orgullo como dios y su "plan", así llamaba al amorío que tenía planeado tener conmigo, para que yo aceptase a ayudarle en la conquista de Midgard.

Se dejó cegar por los pensamientos de inferioridad y asco que le profesaba a la raza humana, y decidió no consentir ese comportamiento de mi parte. Cuando vi como su mirada cambiaba, me temí lo peor. Fui testigo, anteriormente, del uso de su magia. Él ya me había mostrado como había mandado a volar a aquel hombre que había intentado asesinarme y además, ya me amenazó con matarme una vez. Aunque ahora estaba siendo mucho más directo, ya que me metió un puñetazo que iba directo a la cara. Yo me cubrí, aunque no sirvió de nada ya que salí volando y me estampé contra la pared. Vino y me cogió del cuello, tan rápido que no pude evitarlo. Al hacer esto, quedamos muy cerca, nuestros ojos volvieron a enfrentarse, la esmeralda trataba de mostrarse fiera, decidida y valiente, aunque en el fondo, muy en el fondo podía ver como él en realidad no quería herirme.
Él por otra parte, vio algo diferente, los ojos marrones de siempre,tenaces, de espíritu indestructible. Volvían a tratar de ser alguien, agitandose sin descanso por escapar, por ser libres. Él anhelaba tanto tener esa convicción, me envidiaba, por eso me estaba agrediendo. O eso trataba de hacer, pero algo en su interior no le dejaba, esto hizo que dejase de apretarme el cuello. Al ver esto, vi que era la mía. Una vez en el suelo le hice un placaje sujetandolo por la cintura, haciendo que nos estrellasemos contra el suelo.
Quedé encima suya y empecé a golpearle el pecho, no pude evitar gritar de rabia, le cogí de la bufanda que le había prestado y le sacudí con lágrimas en los ojos. El dios seguía inmóvil, frío y como si no estuviese. Cuando ya llevaba rato llorando y golpeandolo pareció despertar, porque me agarró de ambas muñecas y me levantó los brazos, además, se sentó, quedando yo sentada encima de sus piernas y él en el suelo. Cualquiera que hubiese entrado por la puerta hubiese pensado cosas que no eran.

- Te escucho.- dijo, sin soltarme. Seguía igual de impasible.
-¡Eres un imbécil! - grité sin piedad.- ¡No te dije que lo sabía, por esto! ¡Sabía que ibas a tomartelo mal, por eso quería que me lo dijeses tu! ¡Pensaba que me lo contarias porque confías en mi! ¡Pero eres un estúpido dios egocéntrico, haces justicia a tu nombre! - Cogí aire, soltar todo eso a la vez con tanta fuerza fue agotador.- Me fíe de ti, confié. Todo porque eres una de esas criaturas que me acompañaban todas las noches con mi padre. -sollocé.- para mi esto era como un sueño, al fin aparecía alguien que estaba a mi lado... pero...
Vete.
-¿qué? - el dios no daba crédito a lo que estaba escuchando. Dejando de lado el hecho de que le había confesado que se había convertido en un gran apoyo para mi, y el porqué se había callado, le estaba pidiendo que se fuese. -¿Por qué? ¿No acabas de decirme que confías en mi, por qué quieres que me vaya? - se le frunció el ceño, pero no de enfado como él quería aparentar, más bien parecía tristeza.
-No, no quiero que te vayas. - volvió a mirarme esperanzado. - pero creo que debes irte. - Me levanté de encima suya.- Nadie me asegura que no vuelvas a ponerte hecho una friera. Soy Midgardiana, si ¿y que? ¿Quien crees que eres para hablarme así? - Loki sonrió ladino. Los midgardianos también tienen su orgullo, o al menos yo si, eso, agallas y un buen derechazo.
- Soy Loki, hijo de Laufey, heredero de los tronos de Asgard y Jotunheim, por derecho.- relamió cada palabra mientras se ponía en pie. - Además del dios del engaño. Así me llaman todos, aunque también soy el dios de las travesuras.- Su mirada volvía al tono irónico de siempre mientras me miraba de arriba a abajo, queriendole dar un tono "picante" a "travesuras", sin mucho exito, ya que ni si quiera sonreí. No me confesaría aún que pronto haría justicia a su otro mote: "el dios del caos.", si no seguro que si que le echaba a patadas.
- Algo tarde para decirmelo, sin embargo creo que me deberías pedir disculpas . ¿Ves? ¿Me tratas mal y no eres capaz ni de pedirme disculpas? Me has golpeado. Eso demuestra lo egoista que eres.- Me aparté más, algo en su interior pareció romperse. - No me apetece verte, la verdad. - Le dí la espalda.
-Está bien, te golpeé, pero tú también a mi, y más veces. - Se levantó, dispuesto a soltar su lengua a pasear de la forma más maléfica. Tendría que usar sus malas artes de la manipulación para convencerme.- No me eches, por favor. - empezó cogiendome del brazo.- Eres la única persona en la que puedo confiar aquí. Contigo no me siento tan sólo y se que a ti te pasa igual. - deslizó su mano hasta la mía, queriendo acariciarla y cuidarla.
- No... yo... - Se la solté.- Estoy harta de que la gente me haga daño. - Me alejé de él. - Si de verdad quieres estar a mi lado, ganatelo. Porque si no lo haces sinceramente, no volveré a confiar en ti. Nunca más. - La menta de los ojos del moreno se encogió desconcertada, eso era un ultimátum. - ¿Todo y saberlo me daba igual sabes? - agaché el rostro.- Me daba igual, como si eras el dios de yo que sé.
-¿ Y ya no te da igual? - Trataba de hacerse el duro, pero en su interior, algo le dolía, y al mismo tiempo la misma sensación hacia que su corazón se agitase. Cuando negué con la cabeza él parecía desesperado.
- No desde el momento en el que te has atrevido a levantarme la mano.
-Estúpida midgardiana.
- Estúpido Jotun. - respondí. Suspiré al ver su rostro lleno de desdén.- Te doy hasta el viernes, si de verdad quieres permanecer a mi lado, ganate mi confianza, si no, puedes marcharte.
-...- para mi sorpresa, sonrió bastante seguro de si mismo.- te prometí ir contigo el viernes. Mantendré mi promesa, ya se me ocurrirá algo.- yo quería que se le ocurriese algo, ya mismo. Por alguna razón me sentía rara cuando él no estaba .

Cumpliendo mi petición de que se marchase, su cuerpo cada vez fue haciéndose más y más translucido, estaba desapareciendo. Su rostro sonreía, fue más doloroso de lo que esperaba, parecía que estaba viendo un recuerdo desvaneciendose.
Al cabo de unos segundos, Loki me había dejado sola. Un par de lágrimas se desbordaron de mis párpados, no las sequé, dejé que mi piel sintiera su recorrido mojado y frío. La casa volvía a ser solitaria y silenciosa, volver a la rutina iba a ser difícil esta vez, pero pensaba que era algo necesario para saber si Loki era de fiar, si todo lo que había pasado era fingido... Si él en realidad pensaba que yo era importante.
Ahora debía mantener mi mente ocupada en otras cosas, aunque seria difícil, se había convertido en un día desastroso.
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Bien, genial, maravilloso, todos sus planes al traste y todo por perder los nervios. Pocas veces sucedía, y en que mal momento tuvo que suceder, debió ser más sincero conmigo desde un principio pero ¿A quien quería engañar? Lo suyo era mentir, enredar, manipular.
Ahora, fuera de mi casa, deambulando por las calles, se sintió como al principio: sólo en mitad del universo. Aunque en su interior había una extraña sensación de aflicción que le oprimía el pecho y le hacía querer inhalar más oxígeno del que necesitaba.
Se le ocurriría algo para retomar mi confianza, eso seguro. Sin embargo, tendría que dejarme aparcada de momento, necesitaba despejarse de algún modo, como por ejemplo hayando el modo de hablar con los chitauri. Un sano y placentero modo de descanso, sin duda. Sobretodo teniendo en cuenta que a penas sabía por donde empezar.
De momento iría al laboratorio donde había dejado al científico haciendo de las suyas. Miró la calle, era bastante transitada, a si que se coló en el primer callejón desierto que encontró. Había dejado restos de su conciencia en la mente de Selving, viajar hasta allí a través de este atajo sería pan comido. Además, "viajar" de este modo le permitía desplazarse sin ser visto por Heimdall.
No le hacía falta pronunciar ningún conjuro, de eso ya hacia años, con sólo pensarlo y un ligero movimiento de mano, ya se encontraba en el interior de un Selving ansioso. Por ahora sólo podía escuchar, después de todo un tal "Halcón" había anidado cerca.

- Señor, el condensador de fotones necesita unos reajustes en la capa interior. Los encargados de esto, dicen que no son capaces de realizarlo correctamente.
-¿Qué, que? - Erik Selving se agarró la cara queriendose arrancar la piel a tiras, tiras muy finas. - De verdad, en serio, dios mío. ¿Qué clase de formación científica os dan en S.H.I.E.L.D? Sois desesperantes. Si estuvieseis en mi universidad os suspendería a todos. El único que hace bien aquí su trabajo es el agente Barton.
-Bueno señor.- dijo uno de los encargados de el condensador de fotones.- Él no tiene que lidiar con sus cálculos inteligibles. Nadie en esta sala es capaz de entenderlos, sólo usted. Hablo por todos cuando digo que la mayoría no sabe que es la mitad de estas cosas.
- ¿Como no van a saber estas cosas? ¡Si todo es lógica!- Selving estaba atónito. Todo esto era normal, él podía entenderlo, ¿como no iban a entenderlo?

Loki sonreía en su interior. El dolor del pecho que sentía por mi culpa estaba siendo llenado por el sentimiento de desconcierto que Selving experimentaba. El científico no lo sabía, pero él le estaba inyectando algo de su conocimiento científico de asgard para ayudarle en la creación del portal. Era absolutamente normal que sus ayudantes no entendiesen nada, y si para él era normal entenderlo era porque Loki se encargaba de que el cerebro de Selving lo asimilase y lo tomase como algo normal y lógico.

El doctor arregló la máquina en cuestión, explicandolo en voz alta para sus improvisados alumnos. Aunque más de uno se perdía en la explicación, al finalizar, el chisme funcionaba. Loki pudo ver en la parte izquierda de la sala algo parecido a un control de mando, ahí sería el lugar donde seleccionaría el planeta de los chitauri, aunque de momento, poco sabía acerca de eso. Debería de ir en busca de información.

Relativamente cerca de Vanaheim, existía el cráneo de uno de los titanes a los que Odin dio muerte en la guerra contra Jotunheim, el segundo al cargo de Ymir, el coloso de hielo, su hijo y padre de Laufey, cuyo nombre, Odín se encargó de borrar.
Ese órgano desprovisto de cuerpo, se encontraba ahora flotando y habitado por miles de mercenarios los cuales se aprovechaban de todo tipo de substancias que sustraian del cráneo, desde hueso, hasta líquido intersticial. Loki estaba seguro de que allí más de un mercenario tendría la información que iba buscando. Aunque de momento se limitaría a terminar el dichoso portal.

Su siguiente movimiento iba a ser muy divertido, iba a acelerar el proceso ¿como? Muy sencillo. Él mismo se encargaría de terminar la máquina. Los ingredientes necesarios eran: un cuerpo de mente débil y un mago. Casualmente se encontraba en el subconsciente de una mente humana, y para Loki, humano es sinónimo de débil. El mago era todavía más fácil de encontrar, sobretodo si lo es uno mismo.
En un abrir y cerrar de ojos Selving ya no era Selving, o al menos no por dentro, ya que la mente de Loki había devorado momentáneamente al doctor. Sin embargo, por fuera seguía siendo el campechano Erik Selving.

- Señor. - habló una muchacha con bata blanca que se había acercado por su espalda. Parecía algo cohibida. - Doctor, me gustaría decirle que yo realmente admiro su trabajo, en menos de dos semanas ha construido máquinas casi imposibles, en campos que muchos científicos ni llegábamos a soñar. ¿Como puede realizar esto?
- No son más que años de experiencia.- Sonrió.- Y algo de magia.
- Si, la ciencia es tan sorprendente que se puede lograr cualquier cosa con ella. Como la magia.
- ¿Querías algo, señorita... Melody White? - La muchacha casi se sonrojó ¡Se acordaba de su nombre! Selving seguramente ni lo sabía, pero Loki, bueno, Loki lo sabe todo y lo que no sabe, lo busca.
- ¡C-Claro! - La señorita volvió en sí, apartándose un mechón de pelo algo nerviosa. - Señor, por favor, tengo algo que pedirle. Yo no soy como ellos, ellos se niegan a creer, piensan que usted es un viejo loco, pero yo se que no es así, si estas máquinas funcionan, nos encontraríamos ante uno de los mayores genios de la ciencia, usted. Sería el padre de el viaje dimensional. A si que por favor, acépteme como su aprendiz.
- No creo que seas capaz de entender. - Se limitó a decir. Loki no se preocupaba por procurar ser como Selving, él hubiese sido más dulce.
- Por favor, señor. - La tal Melody empezó a acercarse más de lo debido. - Esto es lo que siempre he soñado, necesito aprender del mejor. - Estaba tratando de persuadirle. Si Loki no fuese Selving, la mataría por osada, pero tal vez le fuese de ayuda.

El doctor sonrió, no podría hacerlo todo sólo aún y así, sobretodo si no quería levantar sospechas. No le explicaría demasiado, después de todo aunque no dudaba de su inteligencia, estaba claro que esa niña sólo buscaba aprovecharse de la situación. A un viejo como Selving... debía de estar muy desesperada, para restregarse de ese modo.
Dejando de lado esto, era sorprendente lo que una pequeña y vieja mente midgardiana había logrado en tan solo un par de semanas, con su ayuda o no, casi sentía respeto por ser capaz de asimilar tanta información. El Doctor Selving, había sido capaz de realizar casi un trabajo perfecto. Se acercó a la maquinaria mientras los otros científicos hablaban entre ellos y le miraban con algo de discordia. Era una situación divertida, sin duda. Además, eso demostraba como de ruines podían llegar a ser, unos se intentaban aprovechar, como era el caso de la tal Melody White, y otros solo podían envidiar y regañar de lo desconocido.
No se dio cuenta de que alguien más estaba allí, alguien que había bajado de su nido para rondar cerca suya, el dios casi pudo olerlo. Era el momento de actuar.

- Profesor. - Le llamó Clint. Loki, o bueno, ahora Selving, se giró sonriente.
-Ojo de Halcón. - Respondió. - ¿Qué tal? ¿Disfruta de las vistas?
- Se me ocurren un par de cosas para mejorarlas. - Dijo despreocupado, mientras observaba a Melody White de arriba a abajo y sonreía, ella le devolvió la mirada lasciva. Menudo panorama. Clint vio resoplar al viejo y volvió al tema. - ¿Está todo en orden?
- Como siempre. Dejando de lado a los incompetentes que me habéis dejado, claro. - Selving sonrió falsamente. - Me falta mucho para terminar. ¿Usted no se toma un descanso?
- No, no necesito descansar. - Lástima, porque a Loki le vendría muy bien que el halcón volase por unos momentos. - Aunque puede que me vaya a por un café, después de todo no hay mucho movimiento por aquí.
-Claro que no, tomemos un descanso. - Relamió cada palabra para que el Halcón lo escuchase con total claridad.
- Tomemos un descanso. - Repitió. Loki perdía parte de sus poderes cuando poseía alguna consciencia, pero podía convencer a gente en temas asi de triviales.

Selving dio un par de palmas y anunció el descanso, provocando que todo el mundo dejase lo que estaba haciendo inmediatamente, y casi en estampida, salieron del laboratorio. Vaya, había sido sorprendentemente fácil quedarse solo, o bueno, eso creía, ya que la plasta de Melody White, le seguía lamiendo el culo. En Midgard corría el rumor de que las mujeres rubias eran menos lúcidas que las demás, sin embargo, esta parecía tenerlo bastante claro.
-Deberías ir tu también. - Comentó, algo molesto.
- No, si usted se queda yo también lo haré, he de ayudarle, ¿recuerda? - Fue fácil convencer al pájaro, incluso los demás habían salido por patas de alli, deseosos, pero ella seguía allí, ¿Sería característica común de las midgardianas, ser tan obstinadas?

Empezó a acercarse más de lo recomendable. Acorroló al doctor en una mesa, obligándole a apoyarse en ella, casi a sentarse. Melody seguía acercándose descaradamente, hasta que llegó el momento en el que le agarró de las caderas y le acercó más a ella, quedando pegados de cintura para abajo. Malditas midgardianas necesitadas, era tentador, sin duda, era muy tentador, Melody era toda una mujer. Antes de que se diese cuenta ya le estaba besando en el cuello, él se agarró fuerte en la mesa. ¿En serio pensaba tirarse a un viejo como Selving solo por un poco de fama? Casi dio una arcada, no de asco por el hecho de que Selving fuese viejo, si no de lo podrida que debía de estar esa mujer. La agarró por los hombros y la apartó, puso un gesto extraño al parecer, la mujer entrecerró los ojos y suspiró levantando las manos, luego las cruzó y se puso a mover su boca, resoplando. Pateaba el suelo, inquieta, y miraba a todos lados. Parecía que esperaba algo por su parte, algo. Pero es que Loki pensaba que no había nada que explicar, simplemente era una humana rancia y carroñera, ¿eso no lo daba a entender ya? Selving ladeó la cabeza y abrió los ojos a la espera de que soltase lo que se estaba guardando. Entonces ella pareció sorprendida.

-¿Es eso? - Loki no sabía a que se refería, esto ya estaba resultando demasiado complicado. Él era enrevesado, ¡pero jamás tanto como una mujer! Menuda historia se estaba montando ella sola. - ¿Es eso, verdad? Tienes a otra. Estas con otra mujer.
- ... - ¡Maldito el día al que llegó a Midgard! No tenía nada con ninguna humana, como mucho conmigo, o al menos en el sentido de amistad y sin tener en cuenta que es con el único humano con el que hablaba. También es verdad que después de lo ocurrido en la mañana, ahora mismo no sabía exactamente qué pensar. Suspiró, bueno, al menos aquella locura le serviría para alejar a aquella humana en celo de su entrepierna, o de la de Selving. - Pues si, la verdad es que estoy comprometido con una mujer. Esto no es lo correcto, señorita. A si que te agradecería que no intentases nada o haré que te despidan.
- Está bien. - Dijo después de unos segundos de asimilarlo. - No intentaré nada... Me voy. - Se fue andando deprisa, de repente casi parecía avergonzada, casi.

Al fin se encontraba solo en aquel sitio, que gran suplicio. Necesitaba averiguar las coordenadas exactas desde la tierra hasta la cabeza del coloso de hielo, más conocida como Knowhere. Para ello debía toquetear el panel de control que anteriormente había visto, se acercó y apretó varios botones, casi como si fuese una rutina, sin pensarlo. Uno de los monitores se encendió, era mucho más primitivo y sencillo que buscar planetas en los planetarios de Asgard. Simplemente debía buscar el cuerpo a lo largo de la ecliptica. La ecliptica es la trayectoria que sigue la estrella que da vida al planeta en cuestión, por lo tanto Loki siguió la eclíptica del Sol. Como era lógico, los planetas cambian su posición en el cielo según su distancia al sol.
Marcó algunas teclas más, haciendo que en la pantalla apareciese un mapa estelar de la visión de los planetas y estrellas de todo el sistema solar. Ahora tan solo debía encender el efemérides, o lo que era igual a la tabla de posición de los planetas. En otra pantalla apareció una gráfica con dos coordenadas. Sacó la lengua, divertido.
Si algo había sacado de la familia de locos en la que había vivido era la inteligencia y la capacidad de retención de su madre. Desde bien pequeño le había gustado leer y aprender miles de cosas, entre ellas la astrología y bueno, la astro-física midgardiana no era muy diferente a la astrologia básica asgardiana.

Tras varias búsquedas, al rededor de todas las vistas que el planeta Tierra disponía, encontró un astro extraño, era azul, y no era nada destelleante, por lo que Loki decidió que no era una estrella, sin embargo, el ordenador lo comprendía como un astro inferior, como un asteroide. Uno muy grande, y uno demasiado quieto como para ser un asteroide. Fue mucho más rápido de lo que esperaba, ¡y antes de que los demás volviesen de descansar! Definitivamente Loki se sentía orgulloso de sus capacidades, tanto que hasta se permitió tararear alguna que otra canción entre que apuntaba las coordenadas de Knowhere. (102'8,90'9) esas coordenadas se le grabarían en la memoria durante un largo y tortuoso tiempo, a partir de ese día.

Habían pasado horas desde que había visto desvanecerse a Loki, había sido inesperadamente duro. Ahora en frío, casi me arrepentía, pero ni en broma iba a dejar que otro hombre se atreviese a hacerme daño, por muy dios que fuese, o por mucho que me aburriese.
Había estado con el portátil escuchando música y ahora me había puesto a descargar el clásico: "tortugas ciegas", una tragi-comedia animada. Mientras, decidí a salir a que me diese el aire. El frío invernal persistía pese a que ahora había salido el sol. La nieve seguía en la calle y sentirla bajo mis pies sólo me hacía sentir más sola.
Paseando por las manzanas cercanas, me topé con un supermercado, tal vez sería buena idea entrar y comprar algo de comida para la semana o, que diablos, palomitas para ver la peli, ¿o que tal helado? ¿podía permitirme atiborrarme a helado, como si me tratara de una victima empedernida de la gula? Mientras seguía rumiando e inventandome razones por las cuales no debería resistirme ante el placer y la cremosidad de un buen helado de triple chocolate, una mano fina, blanca y punzante agarró mi hombro.
Un vago recuerdo de la noche en la que me agredieron, volvió a mi, como un estruendo, un escalofrío y el corazón en la garganta. Me giré, despacio, pero lo hice. Temerosa, casi ahogada.

- ¡Hola!- ahogada, bueno...- ¿Qué tal? No esperaba verte por aquí.- La asfixia me parecía un castigo bastante leve.
-Amy, te prometo que si vuelves a asustarme, no se como voy a reaccionar. -En efecto, al girarme allí estaba la radiante Amy, con una de sus mejores sonrisas.
- ¿Te he asustado? Jope, lo siento.- dijo apenada.- es que te he visto entrar y digo no puede ser que sea ella.
-Lo soy, vaya si lo soy.- reí.- ¿que le trae por mis lares, bella dama?
- Nada realmente, había salido a andar.- Amy asomó su pelirroja cabeza y observó la nevera llena de helados. - ¿Helados en invierno? ¿no estuviste enferma hace poco?
- Si, pero ya estoy bien. - hice el signo de victoria.- ¿No te apetece? Venga, Amy, te invito. Iba a tomármelo viendo una peli. - acerqué la tarrina a sus ojos verdes.
- Bueno, está bien pero sólo porque me lo está pidiendo la tarrina.- se animó mi amiga.

Conocí a Amy el primer año de carrera, aunque por circunstancias no fue hasta segundo, donde gracias a Dean, pude conocerla mejor. En esos momentos yo todavía andaba con Ted, por lo que, posteriormente vivió y sufrió a mi lado parte de ese horrible noviazgo, fue sin duda un pilar muy importante, casi como la hermana que no tenía. Por eso no dudé ni un segundo en plantarle cara a aquel par de malnacidos. Por eso había empezado a dudar sobre contarle mi secreto o no. Teniendo en cuenta que lo más seguro es que ahora mismo este mordiendose la lengua, tratando de no preguntarme. Por ello, trató de mantener la conversación alejada de cualquier tema que tuviese que ver con "chicos", para la causa eligió "moda y complementos", algo bastante ajeno al tema, ... y a mi. Aun y así, era la compañía que necesitaba en ese momento, la brisa que se llevaba algo del malestar que habitaba en mi interior. Se puso a contarme lo preocupada que estaba sobre qué ponerse en la fiesta de la editorial. Realmente, no era para menos, ya que se trataba de un hotel muy caro, de los más caros, lujosos y exquisitos de todo Nueva York, lógicamente no nos iban a dejar entrar de cualquier manera, por mucho que me pesase.

El frío empezaba a apretar, ya que hacía casi media hora que había anochecido, por lo que apretamos el paso hasta llegar a mi portal. Me pareció extraño que Amy se parase de sopetón delante de mi, me temí lo peor, ¿Y si Loki había vuelto? Realmente, aunque me había prometido que volvería, sabía que no iba a hacerlo, no hoy, demasiado reciente. Al asomarme al ver que había provocado que mi amiga se sobresaltase, vi a la señora portera asomando levemente por la ventanilla de su casa. Al verme, se metió hacia dentro, casi diría que asustada. Amy y yo nos miramos extrañadas, normalmente, esa señora no era un amor de persona, pero siempre se paraba a hablar conmigo para preguntarme cosas e intentar sonsacarme temas de los cuales charrar más tarde con sus amigas del bloque. Al ver esta reacción, no pude evitar acercarme para ver qué ocurría. Me asomé y se volvió a sobre saltar, su cara reflejaba puro espanto y casi tartamudeando empezó a hablar.

- L-lo siento, de verdad. - Me quedé sin palabras, no sabía a que se refería. - Te prometo que no volveré a decir nada malo de ti, nunca más. - Se me palideció la cara, ahora si que no entendía nada. - Por favor, díselo a tu amigo, no volveré a hacerlo.

- De... de acuerdo. - Solo atiné a decir eso.

Ninguna de las dos entendimos a que se refería, ¿Tal vez Loki le había hecho algo? ¿Pero a santo de qué? Como fuese, salimos por patas de el patio y subimos al ascensor, solo haber sido capaz de contestar aquello me hizo sentir muy estúpida. Amy parecía algo inquieta, volvía a querer intentar preguntarme, y no la culpo, después de todo declaré que iba a ir acompañada al evento, es normal que tuviese intriga.

Abrí la puerta de mi casa, casi esperando a verle dentro, pero nada. Pasamos al salón dejando nuestros abrigos en la percha de pié que tenía antes de entrar, abrí el portátil para comprobar si la película ya estaba descargada, y así era.

- Oye, he estado pensando... - Empezó a comentar Amy. - ¿Quieres que mañana vayamos a mirar ropa? - Levanté la vista y la vi sonriendo demasiado amable para mi estado de ánimo. - ¿No? Se que te cuesta arreglarte, te vendrá bien quedar con Charlotte y conmigo, será divertido.

- De acuerdo. - Le respondí, agradeciéndole el gesto, sabía que solo trataba de animarme, aunque fuese a su modo. - Por cierto, siento no haber sido clara ayer al hablar de mi acompañante, pero ciertamente no estoy muy segura de que venga, por lo tanto decidí no dar muchos detalles.

- Lo entiendo y ,no se porque, pero tienes cara de miedo todo el tiempo. - Se sentó a mi lado y me miró a los ojos. - Se que seguramente no sea porque le temas a él, sabes que se muy bien donde te metiste cuando dejaste a Ted, entiendo que estés aterrorizada por haber conocido a alguien en tan poco tiempo. - Me agarró del hombro y yo me giré, mi mirada iba de arriba a abajo, no sabía como reaccionar, no sabía como respirar, ¿Por qué todo aquello? ¡Yo no tenía miedo, no lo tenía! - Sientes algo por él, ¿verdad?


El teléfono sonó en aquella amargada mansión del centro de Nueva York, el sonido rebotaba por las paredes casi en armonía con los pasos que se acercaban cada vez más nerviosos. Estaba siendo una semana muy complicada y extraña para la familia, pero si todo salía bien, a finales de semana, todos sus problemas se solventarían. El teléfono dejó de sonar al cogerlo. Era ella. El mayordomo conocía el ritual, llevarlo al ama, no preguntar, ni respirar. Subió al salón de la habitación de la señora, siempre igual, debería dejar esa costumbre suya de beber. Al entrar en la sala se respiraba un dramatismo fingido y una teatralidad que a él le daban ganas de vomitar, tanta exageración... pero se trataba de un buen sueldo, por lo que al final todo lo que tenía que aguantar se convertían en pequeñas motas de polvo las cuales limpiar. No dijo nada, solo le acercó el teléfono, ella se despegó la copa de la comisura de los labios, miró a su mayordomo y al ver que él asentía, una luz perdida volvió a su mirada, arrancándole ferozmente el teléfono de las manos.

- ¿Y bien? - Preguntó Victoria McAdams a la voz del teléfono.

- Lo confirmo, está con alguien.

- Entonces las sospechas de Ted eran ciertas...¿Crees que eso puede ser un problema?

- No se, eso es cosa suya, yo solo informo. - La voz casi reía.

- Lo eliminaremos por precaución.

- ¿Y lo que me prometisteis?

- No te preocupes, querida, lo que acordamos será tuyo.