Hola, hola, hola, hola. ¡Aquí de nuevo tras no se cuanto tiempo! Pero quiero que sepáis que no me olvido de el Fic, en absoluto. Todos los dias busco un ratito que dedicarle a esta historia. Contadme vuestras inquietudes ¿Qué opináis de las misteriosas llamadas a casa de la familia McAdams? ¿Quien será? También desde aquí agradecer a todos aquellos que me leéis fielmente, y un saludo a mis compis de Universidad y a mi madre, hola mama. No ahora en serio, gracias por leerme y por animarme a seguir haciéndolo.
Como siempre, recordar que los derechos de los personajes de Marvel recaen sobre la misma empresa Marvel Comics, y sobre su creador Stan Lee.
Él había estado enamorado de mi, sin saberlo, durante mucho tiempo, a veces se preocupaba llegando a pensar que era una obsesión. Todo empezó de forma desagradable, su propia madre estaba pagandole para que fuese mi pareja. Cuando me tuvo, fue tremendamente feliz, sin embargo, se confió demasiado, pensaba que por tontear con unas y con otras iba a perdonarle, ya que yo le amaba. Pobre iluso.
Había metido la pata, y ahora se arrepentia tanto que quería llorar. De hecho lo había hecho, muchas noches, mientras su madre le consolaba. Siempre le parecí inalcanzable, por eso trató de mejorar su aspecto, ya que antes había sido un niño gordo y seboso y ahora, desde que había empezado a hacer dieta y a ir al gimnasio, todas se habían acercado a él, no tenía la culpa, ¿no?
Aunque sin saber porque esa faceta suya no era de mi agrado. No podía atraparme, cuanto más "mejoraba" para gustarme, más lo despreciaba... echaba de menos los viejos tiempos, cuando sólo tenía que arrancar un par de hojas, para evitar dar alas a mi imaginación, a mis expectativas, a mis ilusiones.
Se levantó de la cama y abrió el último cajón de su escritorio. Lo sacó del mueble, tirando todas las cosas que habían dentro, encima de la cama. Tras darle algunos golpecitos de más a la madera, salió un doble fondo de fieltro negro, y tras él: un sobre.
Anteriormente, solía abrirlo de vez en cuando, pero desde que empezó a salir conmigo, ya no lo había vuelto a abrir. Después de quitarle un poco el polvo, metió la mano en él, sacando un par de hojas amarillentas, casi de tacto arenoso. Las desplegó, pues eran demasiado grandes para estar dentro de un sobre.
Nunca entendía qué le veía a aquel personaje de cuento, pero el caso es que fue mi favorito durante un tiempo, hasta que su perspicaz mente decidió arrancarlo de cuajo. Ahora sólo era un recuerdo olvidado en el tiempo del que yo no era consciente.
Volvió a meter las hojas en la carta. Al principio pensó en tirarlas a la basura, no obstante, la muerte de mi padre fue un duro golpe para él también, por esto lo conservó, sentía que así, de algún modo, honraría su memoria.
Dejó el sobre encima de la mesa, le sería de gran ayuda el viernes.
Estiré los pies en mi cama y sentí el cálido calor corporal de alguien a mi lado. Un momento...¿Qué? Me levanté tan rápido que se me nubló la vista. Cuando volví a ver nítido, una cabellera pelirroja asomaba por la almohada, respiré aliviada al recordar que Amy se había quedado a dormir. Yo, la verdad, que de dormir bien poco, por culpa de mi buena amiga a duras penas había logrado conciliar el sueño. "Sientes algo por él, ¿verdad?" A quien se le ocurre preguntar algo así. Ahí, ale, sin suavizarlo ni nada.
Ya de pie, fui al balcón con intención de despejarme, aunque se iba a convertir en tarea imposible. Cuando me preguntó eso ayer Amy, cambié de tema totalmente, pero aunque no le respondí, en mi mente se había grabado a fuego. ¿sentir algo por él? ¡como podría! Él me considera una humana, y aunque pactamos en tratarnos como iguales, sabía que él solamente estaba jugando conmigo, que realmente me creía inferior.
El frío matinal chocaba en mi cara y en mis brazos, los crucé con intención de protegerme del escalofrío que recorría mi espalda. Casi parecían cuchillas clavandose en mi, y eso hacia que estuviese entumecida, tal y como se encontraba mi estado anímico, sólo era capaz de darle importancia a los aspectos negativos del Dios de las mentiras. Suspiré expulsando vapor. Fui a entrar al salón, cuando de pronto una sensación extraña rozó mi manga. Me giré, y al no ver nada le eché la culpa al viento. Sin embargo, al bajar la vista, un pequeño pájaro de papel trataba de posarse en mi pie. Me agaché- lo habrá traído el viento.- pensé. Cuando fui a cogerlo, movió las alas, como si estuviese vivo, me sobresalté y caí sentada en el suelo. El pequeño pájaro alzó el vuelo, suave, acercándose cada vez más a mi nariz. Era extraño, estaba asustada pero por otra parte reconfortada.
Me pareció ver un destello verde en la terraza de en frente, pero no había nada. Cuando volví la vista al pájaro, se había posado en mis manos y ya no tenía vida. Lo examiné, estaba doblado con mucho cuidado, a si que decidí no deshacerlo. Estaba claro quien había sido, ¿me pareció simpático? Si. ¿le había perdonado? No. ¿que era muy bonito lo que acababa de hacer? Si. ¿se había disculpado? No.
Cogí el pájaro y me puse de pie, busqué con la mirada sitios cercanos desde los que podía haberme dado esto. Pero no había ni rastro, seguramente el destello anterior fue su despedida. Entré a casa con una sonrisa en la cara y el pájaro en mis manos.
Desapareció tan pronto como había sentido su presencia. Ya que él mismo se había negado volver a establecer una conexión mental, porque le parecía innecesario, (o porque tenía miedo de descubrir qué pensaba de él.), no le quedaba otro remedio que ir a verme de vez en cuando, bastante a su pesar. O de eso quería convencerse.
El acelerador de fotones le chupaba gran parte de su tiempo, aunque gracias a él, parecía que ahora el laboratorio fluia con más rapidez. Tenía la cabeza en demasiadas cosas al mismo tiempo, y eso no era problema para su intelecto, pero si para su cuerpo, ya que no podía estar en varios sitios a la vez... Bueno, realmente si, pero no podía si lo que él pretendía era ahorrar magia. Por esto, "construyó" un sustituto, un "mini espía", que le indicaría mi localización en cada momento. ¿Quien sabe? Tal vez se me ocurría ir a ver a las autoridades y contarles todo sobre él. O tal vez se me ocurría ir a ver a Ted, aunque este último pensamiento trató de manejarlo rápido. No quería distracciones estúpidas por nimiedades como culebrones midgardianos.
En resumen, aquel papel en forma de pájaro que me envió servía para saber donde estoy, y si de paso podía ganar puntos como el gran galán que era, o se creía, pues eso que ganaba. Pero que para nada en el fondo deseaba ser algo romántico conmigo, ni si quiera quería hacer realmente las paces conmigo, para nada, el escozor que sentía en el pecho solo era una nimiedad que pasaría con los días.
Algo perturbó su mente y se vio obligado a volver a la base de S.H.I.E.L.D., no miró atrás, por terco. Tras el chasquido de dedos apareció en el laboratorio, esta vez invisible. Todos trabajaban y el pájaro vigilaba, como siempre. Aunque últimamente le estaba inquietando un poco. Desde la vez que le hipnotizó levemente para que se fuese a tomar un respiro, Ojo de Halcón había estado especialmente atento y de vez en cuando se quedaba mirando a la nada, apuntando con su arco y creando la incertidumbre en los científicos. Siempre se escudaba diciendo que oía ruidos, pero Loki sabía que él había presentido algo, se había dado cuenta de que algo no iba bien. Tanto era así que esa mañana había reclamado audiencia con Fury, y allí estaba el Dios, tan rápido y audaz como siempre, andando cada paso que daba el arquero, en dirección al gran despacho del director Nick Fury. Clit llamó a la puerta y una voz grave sonó al otro lado. "Adelante."
- Agente Barton, aquí estamos reunidos tal y como me pidió, ahora, tome asiento y explíqueme qué sucede. - Ojo de Halcón se acercó al sillón de cuero que se encontraba enfrente de la mesa del director. Loki tomó el de su izquierda, discretamente (y aguantándose la risa.).
- Creo que alguien trama algo. - respondió este, en voz baja y mirando a todos lados. ¡Cuanta perspicacia! Que interesante se estaba volviendo la trama para el señor de las mentiras.
-¿te refieres al laboratorio? ¿Es que has visto algo?.- Fury se inclinó hacia delante, muy atento e intrigado.
- Si, bueno, en realidad no. Es como una sensación o como una corazonada, no lo sé, señor.- volvió a susurrar, aunque agitadamente por la presión que sentía.- Se que puede sonar como si estuviera loco, pero ayer me fui a por un café. ¡Durante mi guardia!
- ¿Está usted diciéndome, que me ha hecho venir aquí a primera hora, para decirme que ha cometido una falta en su guardia? - Fury parecía furioso, irónicamente. Tal vez para Clint fuese importante, pero visto desde fuera parecía un tema totalmente sin sentido.- si se trata de eso, y necesitaba confesarse ante su párroco, le haré llegar uno, pero por el amor de dios, agente Barton, si sólo me ha hecho venir aquí por un café...
- Señor, usted ya sabe como de marcial soy con mi trabajo, nunca descanso cuando no me toca, me gustan las cosas bien hechas ¿cuantas veces ha oído que me haya saltado mi trabajo?
- Bueno aquella vez que botó mi orden de asesinar a Romanoff, aunque gané una buena agente y le estoy agradecido. - Clint quiso replicar, pero el director no le dejó hablar.- Se eres un agente ejemplar, pero permíteme que te diga esto de amigo a amigo: trabajas demasiado. No pasa absolutamente nada por ir a por un café.
- Es que no era yo, era como si mi cuerpo se moviese sólo. No lo sé. No era normal, señor.- Loki se sorprendió, que humano tan interesante, lógicamente tenía una sensorialidad muy avanzada, si no, no se explicaba que un simple hombre fuese capaz de si quiera olerlo.
- Insisto, no te reprimas.- El director se apoyó en su respaldo, más relajado.- ya que estamos aquí, cuéntame que tal va Selving.
- Selving está loco. Está claro que es una mente brillante, pero esta como una col, ninguno de nuestros científicos da la talla a su lado, señor, es totalmente un fuera de serie. En sólo un día ha inventado tantas cosas que creo que he perdido la cuenta.
-Entonces todo va estupendamente.
La conversación acabó en breves, pero todo y haberse desahogado con su leal director: seguía con la mosca detrás de la oreja. Loki le seguía, invisible, casi tentado a sacarle la lengua para ver si el agente reaccionaba, pero poca cosa.
Lo que si hizo reaccionar al agente fue la señal de alarma que se encendió directamente del laboratorio. Ambos, corrieron hasta allí.
Loki palideció cuando entró a la sala. El gran ordenador, de donde había guardado los datos de las coordenadas de Knowhere estaba totalmente cubierto de una substancia marrón y caliente que olía de maravilla. Selving iba gritando de esquina en esquina, aunque cuando Loki se metió en su cuerpo, cesó. Esto lo arreglaría en un santiamén.
-¡Agente Barton menos mal que ha vuelto! - exclamó.
- ¿Qué demonios ha pasado aquí? - gritó el arquero. Loki buscó wn la reciente memoria de Selving.
- estos malditos becarios, les tengo dicho que nada de comer en el laboratorio. Han dejado el cafe en medio de el cuadro de mando, he pasado y... - cuanto más hablaba Loki sobre los recuerdos del profesor , más se ofuscaba y más se avergonzaba. Desvio la mirada y se puso a toquetear unos botones, la alarma se apagó, ahora solo estaba el pegajoso cafe reluciendo en el teclado. Ojo de Halcón se le quedó mirando extraño.
- Dígame doctor, ¿Tiene usted familia?- la pregunta le pilló de sopetón.
-No ¿por qué lo pregunta?
-¿Es usted consciente de su capacidad intelectual?- el aludido se quedó callado. Las sospechas se Clint Barton dieron diana sin saberlo. - Insisto, ¿como lo haces? ¿donde ha estudiado? ¿En qué se ha basado? Soy un cateto, pero se que aquí hay gato encerrado, esto no es una tecnología común. ¿Quien es usted?- abrumado por tantas preguntas, el doctor Selving sonrió.
- Creo que se lo dije, agente. Soy Erik Selving, profesor de astro física en la universidad de nuevo México. Estudie y me licencié en la misma y he dedicado toda mi vida a crear teorías. Ahora por fin tengo el apoyo económico suficiente como para poder hacer todas mis hipótesis realidad, no estropee este gran momento a este pobre viejo.
-...- Clint se quedó serio mirándole.- si, tal vez he exagerado un poco, lo siento. Pero a veces parece que sus ideas sean de otro planeta.
- Si, últimamente me lo dicen mucho.
_
El mal estar de el día anterior me había llevado a aceptar aquella oferta por parte de Amy, y maldito el momento. Ya sabéis cual es mi opinión sobre las "compras" en general y, para mi desgracia, tanto Amy como Charlotte eran adictas al shopping. Y allí estaba... en el majestuoso Rockefeller Center, subiéndome por las paredes. Metafóricamente, claro.
Su objetivo era encontrar el vestidito perfecto para la fiesta, tanto para ellas como para mi. En cambio mi objetivo era salir con vida de aquel escalofriante atolladero de la moda.
Entraría en la primera tienda que vieron y yo recé para que saltase la alarma a mi paso, pero no fue así... un arresto no me iria mal.
- ¿que tal este vestido?- Amy me plantó delante de la cara, un flamante y escotado vestido con lentejuelas.
- Me he dejado las gafas de sol en casa.
-Si, es verdad que es bastante brillante. - mi amiga pelirroja puso una mueca de pesadez.
-Mira, Prue, mira. - me llamó Charlotte, entusiasmada. Al levantar los brazos, me mostró un pomposo vestido azul con volantes y lazos.
- bonito disfraz de muffin. - los ojos llorosos de Charlotte entraron en escena y nos rompió el corazón.
-pero ... pero yo me refería para mi. No te creas siempre la protagonista de todo, que a la fiesta vamos a ir todos. - el corte que me metió la pequeña fue tal que me quedé sin palabras. Cogió su vestido algo indignada y siguió mirando la tienda, algo pasota de sus amigas.
-¿Pero a que han venido esos humos? - Dijo Amy por lo bajo, algo molesta.
- No lo se, si yo no le he dicho nada. O sea, no me gusta el vestido, pero si le gusta a ella pues adelante, no tiene porqué ponerse así. - A veces Charlotte era demasiado cría.
Al rato salimos de aquella tienda y aunque la tensión había desaparecido, los repentinos ataques de Charlotte me preocuparon, es una buena chica y le quiero mucho, pero había conseguido abatirme unos segundos. Paseamos charlando de todo un poco y aunque salió el tema "chicos", Amy no mencionó palabra sobre ello y Charlotte, aunque estuvo presente cuando se me escapó el dichoso comentario, tampoco hablaba de ello, si no que se pasaba horas y horas hablando de un joven farmacéutico que había conocido. Desgraciadamente para mi, aunque la conversa ya había derivado hacia rato a otros temas tan triviales como espeluznantes, yo no podía dejar de pensar en la maldita pregunta de Amy, ¿como iba a responder? Si es que de verdad no sabía que sentía. Atractivo es ¿a quien iba a engañar? Pero esa no es la mejor cualidad de un hombre para mi y, desgraciadamente, Loki la poseía. Y es que, si algo estaba claro es que Loki era interesante, e inteligente, y eso lo hacia misterioso y al mismo tiempo complicado.
De casualidad, mientras yo seguia debatiendo en mi interior, mi subconsciente me aproximó a una tienda de ropa cercana, haciendo que me detubiese mientras mis amigas seguían avanzando. Me fijé en el escaparate: unos maniquís portando trajes de vestir para hombre se alzaban ante mi. Trajes negros, de chaqueta y corbata ¿Tal vez debería llevar uno? No sería mala idea, es original. ¿Tal vez debería ir disfrazada de hombre, al evento? Con un poco de suerte podría pasar desapercibida y ningún miembro de la familia McAdams me reconocería. Maldita mi corrupta imaginación, colando imágenes de Loki con traje, en mi mente. Casi sonrojada aparte la mirada de el punto que estaba mirando. Maldita la hora en la que volví a la realidad. Aquellos pegajosos y caídos ojos, volvían a mirarme, y un asco superior a mi ser, volvió a mi. Quise llamar a Amy y a Charlotte, pero estaban demasiado lejos; sin contar que él me cortó el paso. Incluso estaba empezando a sentir algo de miedo.
-Ted ¿Qué quieres? ¿Me has seguido hasta aquí? - Dije alejándome, no quería jaleos, ni tener nada que ver con él o su familia, pero me estaba empezando a tocar la moral.
-¿Yo? ¿Qué dices? ¿Por quien me tomas? - Respondió tratando de parecer inocente. - Tan solo estaba en esta tienda, tratando de buscar un buen traje para ponérmelo el viernes, pero es difícil satisfacerme, ya lo sabes. - Apreté los puños, estaba empezando a sacar a pasear su envenenada lengua. Nada ágil, por cierto. - Solo encuentro baratijas, es el Rockefeller Center después de todo.
Una mano blanca apareció de la nada y agarró el hombro de Ted, empujándolo hacia atrás. Eran Amy y Charlotte, quienes buscándome, habían visto la escena desde lejos. Ted se puso pálido al verlas, no le gustaban, especialmente Amy, ya que no se cortaba un pelo en decir lo que pensaba de él y lo decía sin tapujos, claramente, después de lo que me hizo, de la boca de Amy solo salían rayos y truenos cuando hablaba de él.
- ¿qué demonios haces aquí, rata? - Le llamó la atención tan seria, que casi me asustó a mi.
- Solo paseaba, ha sido pura casualidad encontrarnos aquí esta tarde. - Dijo tratando de mostrar una ironía forzada que me sacaba de quicio, pareció notarlo y en su mirada noté que iba a volver a molestarme. - Te veo "renovada", Prue. Te veo como más mujer, ¿no? Ya que últimamente nos encontramos en centros comerciales. - si no fuese porque tengo un mínimo de sentido común, ya me hubiese liado a palos con él. - Supongo que querrá ponerse guapa. - Comentaba ahora a mis amigas. - ¿Has deducido ya que no solo basta con tu estúpida personalidad, para enamorar a un hombre?
- ¿Pero que dices? - Saltó Amy cada vez más molesta. Yo trataba siempre de no alterarme con estos comentarios y, aunque por fuera trataba de esconderlo y de permanecer callada, por dentro, estaba ardiendo de rabia.
- El físico es importante. - Volvió a ello. - Pero bueno, eso no viene al caso, el hecho es que Prue se está volviendo más femenina, felicidades. - Ted me quería, sin embargo optaba por hacerme daño como el gran capullo que era. ¿por que? muy sencillo: venganza. Estaba dolido porque le dejé y ahora lo único que era capaz de hacer para remediarlo era tratar de dejarme en ridículo, aunque eso a él en el fondo también le doliese, pero era un dolor que estaba dispuesto a soportar, ya que nadie deja mal a un McAdams. - Tengo ganas de verte como una princesita el viernes.
- ¿Cómo qué el viernes? - La pelirroja me miró desconcertada y con los ojos como platos. - ¿Este viene el viernes? Por dios, Prue ¿No será él el chico que me comentaste ayer, verdad? Dime que no.
- ¡¿El chico que le comentaste?! - Exclamó Ted. - O sea que aquel estúpido impertinente que vi... - El rostro del McAdams se ensombreció.
- El Oriental es de su familia, Amy. Es inevitable que su familia no asista a un evento tan importante como este. - Hacia un rato que no abría la boca, y casi me temblaba. Este comentario, que por supuesto era para pasar completamente de la pregunta que había hecho mi ex, no le sentó nada bien a este.
- No te hagas la sueca, Prue. - Gritó. De repente, estaba al borde de un ataque de nervios. - ¿¡Vas a ir a la fiesta con otro hombre?!
-¿Otro hombre? - Dije despreocupada mirando al cielo, como si estuviese tratando de recordar. - ¿Es que iba a ir con otro? Mejor dicho, ¿Es que acaso conozco a otro? - Los ojos azules de Ted casi se quebraron de agonía reprimida.
- No lo se, dímelo tú. - Estaba casi al borde del llanto.
- No seas tan creído, no me digas que te has dado por aludido por eso de "hombre"... - Siguió Amy.
-Oh. - Exclamé con malicia, iba a darle la vuelta a la tortilla en un santiamén. - ¿No me he expresado bien? Lógicamente tu para mi no eres un hombre, si quiera por eso que tienes entre las piernas.
- Eso. - Me complementó Amy con su tono más repelente.
Ted se quedó muy quieto, casi se le podían ver las lagrimas acumulándose en sus ojos. Me miraba muy fijamente, con cara de cachorrito, pero yo ya había elegido, no quería saber nada de él, y él por supuesto no ayudaba nada comportándose así y diciéndome toda clase de cosas hirientes para mi persona. Sinceramente, no se exactamente qué esperaba, después de todo, él estaba intentando dejarme mal y, simplemente, ya no se lo permito. Nunca más Ted McAdams iba a tomarme el pelo.
- Tu lo has querido, puta. - Me dijo con la mirada llena de rabia, yo en cambio fruncí el ceño, pero casi de molestia por escuchar su voz ronca. - Pienso hacerte la vida imposible, no vas a poder escapar de mi, nunca, ni de mi ni de mi familia. ¿Sueñas con la libertad? pues pienso arrebatártela, y al final puedo asegurarte que serás mía, aunque sea a la fuerza. - Se acercó peligrosamente, era más alto que yo, aunque sinceramente, eso no era difícil. Me plantó un dedo en la clavícula, amenazándome, aunque algo tembloroso. - Te arrepentirás de salir con otro, eres una fresca, ¿A penas me dejaste y ya estás con otro? Lo lamentarás, te lo juro, ¡Aunque sea lo último que haga, le mataré!. - Gritó tanto, que todo el mundo que pasaba por allí se le quedó mirando, un silencio abrumador se hizo presente en la calle, los pájaros no cantaban, los coches se habían parado. Echó a correr.
Tenía un nudo en la garganta, no podía respirar, una extraña sensación empezó a subirme por el brazo, las piernas empezaron a flojear y la punta de la nariz se me había dormido, sentía un pequeño hormigueo. Las manos no me respondían, a penas si podía abrirlas, sentía como una enorme presión que me obligaba a cerrarlas hasta deformarlas. La boca me sabía a sangre y no oía nada, era como si ya no existiese, como si no tuviese cuerpo.
No recuerdo nada más, tan sólo siento un murmullo y algunas imágenes de los días pasados rondando por mi mente. Volví a ver desaparecer a Loki, me desperté, desorientada, exhausta e inmóvil.
El techo que vi no era el de mi habitación, demasiada luz. Vi borroso por un momento hasta que pude enfocar la mirada debidamente. Vi a Amy y a Charlotte mirándome, con un atisbo de esperanza que aumentaba a medida que me levantaba para intentaré incorporarme en aquello que parecía una cama de hospital.
- ¿Qué ha pasado? ¿Qué hago aquí? - No empecé a preocuparme de verdad hasta que Charlotte y Amy se miraron.
- ¿No recuerdas nada? - Me preguntó Charlotte, me dolía la cabeza, pero aun y así su me parecía tan dulce como siempre.
- No, solo... - Me sujeté la cabeza. - solo recuerdo a Ted gritándome cosas terribles, eso y ponerme muy nerviosa.
- Has sufrido un ataque de pánico. - Comentó una mujer con bata blanca que recién entraba en la habitación. - Suerte que tus amigas estaban contigo, de no ser así, lo hubieses pasado realmente mal. - Parecía alguien amable a la par que amargada, algo molesta por tener que trabajar. - Seré sincera, has sufrido un ataque muy severo ¿Has estado sometida a mucho estrés últimamente?
- ... Podría decirse que sí.
- Te recomiendo que tomes un respiro de vez en cuando, es bastante probable que sufras más episodios, este ataque ha sido comparable a un ataque al corazón y seguramente haya servido como detonador. Si te vuelve a pasar y no lo controlas, puedes llegar a sufrir trastornos muy graves. ¿Entiendes?
Asentí casi mirando a la nada, ¿Yo un ataque de pánico? Lo sorprendente es que no me hubiese dado antes. Pero sin duda, lo que me faltaba. Aun y así, no iba a echarme atrás, aunque me hubiese amenazado el inutil de Ted, amenazas peores me habían caído esos dias. Amenazas de dioses que hacían que Ted McAdams se viese reducido a un molesto e insignificante mosquito. No obstante, la cosa empeoraba cuando se trataba de su madre, Victoria McAdams, a ella si que había que temerla, por sus numerosos recursos y contactos, era una mujer muy poderosa.
Estúpida de mi, sabía que lo que ellos querían era que fuese el viernes para arrastrarme con ellos, para volver a encerrarme como un canario. Dudé, claro que dudé, pero entonces un pequeño atisbo de luz apareció en mi corazón al sentir una mano acariciando la mía. El corazón se me aceleró esperando ver unos ojos esmeralda consolándome... Me estaba volviendo loca. Encontré unos ojos azules y melosos, y una larga melena rubia, en su lugar.
- No dejes que te ganen, Prue. - Habló Charlotte, apretándome la mano, tratando de darme fuerza. - Tienes que ir. - Me apretó más. - Tienes que asistir, este grupo sin ti, no existiría, la idea es tuya y... - empezó a llorar. - Todos estamos pasando grandes momentos juntos, me lo he pasado muy bien. Por favor, tienes que venir.
Me quedé sin palabras, no estaba tan sola como me esperaba. Al levantar la vista, Amy había empezado a llorar también y yo no pude evitar seguirlas, después de escuchar las palabras de la pequeña rubia. Tantos años tratando de escapar y al final, en ese momento sentí por primera vez, que todo aquello valía la pena y que por supuesto iría a plantarle cara a la putrefacta familia McAdams. Se acabaron las ataduras, iría a por todas.
Me dieron el alta esa misma noche, recetandome unas pastillas, para el entumecimiento muscular, y mucho descanso. Me sentía algo cansada, por lo que pedí a Amy que conduciese por mi. Me llevó hasta casa e insistió en acompañarme hasta arriba, pero ni loca, una aun conservaba su amor propio y, aunque ciertamente no podía más, entré yo sola. Dentro de la finca, me encontré con la señora portera, quien lejos de preguntarme nada, se limitó a sonreírme amablemente, haciendo que mi bello se erizase casi de terror, ante tal acto.
Subí al ascensor, y en cuento se cerraron las puertas, me apoyé en la pared exhausta, dolida y enfadada por sentirme tan débil. Me arrodillé, cayendo al suelo. Estaba tan frustrada que al llegar a mi piso entré corriendo, abrí el balcón y grité, grité como si me llevase la vida en ello. Y aquel lamento desgarrador se escucho por todo Nueva York hasta volver a mis oídos rebotando por las paredes. Tras esto, parecía que todo el mundo había sido callado por mi rabia, cada paso sumido en el silencio. La ciudad que nunca duerme, se había arrodillado ante mi.
Un viento frío como el hielo empezó a chocar en mi cara y cerré los ojos. Aquel viento fue, para mi, mucho más cálido y acogedor que cualquier abrazo. Suspiré y abrí los ojos, empecé a tener algo de frio, que raro, con lo abrigada que iba. Bajé la vista y me descubrí con las piernas desnudas, me asusté ¿Pero que demonios? miré atrás por si había perdido los pantalones por el camino, pero ¿como iba a ser tan lerda de ir con los pantalones bajados? Me quedé en shock, me palpé, algo andaba mal, esa no era mi ropa. Entré corriendo para mirarme en un espejo y me di cuenta de que no tenía zapatos. Extasiada, llegué al baño y no me reconocí. Tuve que volver a palparme y pellizcarme para verificar que no soñaba. De la nada, mi ropa ya no estaba, en su lugar llevaba puesto el vestido más hermoso que había visto en mi vida. No era rimbombante, ni ajustado o provocativo; era sencillo, pero a la vez elegante. Se trataba de un vestido largo hasta arriba de la rodilla, voloso, pero estrecho de cintura, recogiéndose en una sola pieza en un corsé, abrochado con unos cordones por delante, de palabra de honor. Negro, tan negro como el azabache. Sin embargo, una pieza independiente formaba un cuello alto, tapando a este y los hombros, dejando visible la parte superior, desde las claviculas hasta el principio de la palabra de honor, esta pieza en colores índigos daba una nota extraña que me cautivaba y encantaba.
Me sobresalté al sentir caer algo sobre mi cabeza, hoy no ganaría para sustos... Era una nota.
"Supuse que te sería difícil encontrar uno que te gustase.
El indigo es tu color, eres la mente y la imaginación, se
que eres más que capaz de superar tus miedos y alcanzar
tus metas, por lo que, por respeto a ti, te dejo libre. Vuela."
Loki, Dios del engaño.
"Pd: Me temo que si quieres tus zapatos tendremos que volver a vernos."
No pude evitar reír, me sentí feliz inexplicablemente.
La señora McAdams estaba dándose una ducha cuando su hijo mayor volvió a casa. Un estruendo rugió por toda la casa y ella salió corriendo con su albornoz rosado, para ver qué le había pasado. Caminó deprisa hasta el recibidor, y allí estaba, muy alterado.
Al girarse, vió su cara de odio, como nunca antes lo había visto, en ese momento, le recordó a ella y casi se sintió orgullosa. Con él había una de sus sirvientas, pobre de ella, porque Ted necesitaba romper algo, tal como la agarró del cuello, la estampó contra la vitrina de el recibidor, al chocar, el cristal que lo recubría se partió, provocándole unas heridas desafortunadamente dolorosas, y aunque le dolía y era obvio, nadie dijo nada, ni ella. No podía quejarse si quería seguir cobrando, comiendo o viviendo.
- ¿Qué ha sucedido? - Preguntó su madre, atemorizante y severa.
- ¿¡ Qué que ha pasado?! - Explotó de nuevo. - Va a ir con alguien, mama. ¡Esa asquerosa y podrida mujer tiene la indecencia de presentarse el viernes con otro hombre!¡Delante de todos! - pateó de nuevo a la sirvienta, aun en el suelo.
- ¿Como sabes eso? ¿Te lo ha dicho...?
- No, ella no. Ha sido la misma Prue. Me he encontrado con ella por casualidad en Rockefeller Center. Estaba con sus buenísimas y maravillosas amigas.
-...- El rostro de Victoria era impasible, nunca perdía los nervios, no delante de sus hijos, debía mantenerse firme. - No te preocupes, Teodore. Le viste ¿cierto? - Su hijo asintió.
- Alto, con mirada indiferente y estúpidamente altanera. - Puso cara de asco. - Ojos verdes, piel clara y facciones marcadas. Pelo oscuro y liso. Olía a rata muerta.
- Olerá a eso el viernes. - Sonrió y acarició la cara de su hijo, protectora. ¿Como habían osado tratarle así? - Tendremos la vía libre pronto, tu, tu hermana, yo y el dinero de los Bolton.
La semana había pasado larga, pero sin pausa, y tal como había prometido Loki en su nota, fui totalmente libre esa semana, libre para prepararme mentalmente, aclararme, tranquilizarme y descansar. Se lo agradecí, era todo lo que necesitaba, lo prefería a cualquier ramo de flores, a cualquier vestido o a cualquier regalo caro. Espacio para mi, libertad. Sin embargo, todo y este valorado presente, mi mente permaneció totalmente ocupada durante esos días, no solo por los trigimaneges de la familia McAdams, si no por el Dios, había sido toda una sorpresa su presente, y sencillamente, me había ganado, para bien o para mal. Gracias a esto, la semana a parte de larga, la había pasado algo ansiosa e incluso nerviosa y deseosa de que llegase el viernes, con la esperanza de verle entonces.
Tal y como me encontraba en este preciso momento, el día había despertado gris y lluvioso, por lo que, aunque me puse el vestido, ni en broma iba a salir de mi casa sin los zapatos. Para colmo, faltaba solo media hora para la fiesta y no había ni rastro de Loki. Tal vez su nota había sido definitivamente una despedida y el "vuela" significaba que me dejaba. Un momento ¿Dejar de qué? si no somos nada. Quiero decir, que tal vez ya no vendría... a por mi. Definitivamente hoy no estaba para calentarme demasiado la cabeza, y me moría de los nervios, por lo que ni corta ni perezosa me puse un par de zapatillas (ya que no hay ni un par de zapatos en mi armario.) y salí por la puerta, cerrando y echando a correr escaleras abajo para coger el coche y estar allí a tiempo. Iba tan cegada y tan concentrada en no caerme por las escaleras al bajarlas de dos en dos, que no vi la gran figura que se alzaba ante mi y que provocó que cayese al suelo.
-Estaba preocupado por si no ibas a querer verme. - Me puse como un tomate al oír su voz y me faltó tiempo para levantar la cabeza. - Pero no me esperaba este recibimiento.
En efecto, al fin, esta vez si, allí estaba. Loki estaba frente a mi y de una forma casi irreconocible. Iba vestido de negro, llevaba un traje de vestir, con unos mocasines negros que rozaban la exquisitez. También vestía una chaqueta de tela que parecía bastante cara, una camisa blanca y una corbata negra, era sencillo, pero infinitamente sobrecogedor y elegante, provocando que a mis nervios les viniese justo ayudarme a cerrar la boca. Claramente él se dio cuenta de esto, levantó una ceja y sonrió, pícaro.
-Es bueno ver que te gusta mi elección. - Me tendió la mano para ayudar a levantarme y la acepté, estaba tan fría como siempre.
- Ah. - Dije volviendo al mundo real, y mirándome el vestido. - Si, ciertamente, me gusta mucho, gracias. - Le sonreí, pero mantuve las distancias y la cordialidad justa. Estaba en mi naturaleza ser algo arisca después de una pelea y aunque me moría de ganas de verle, no iba a reconocerlo. Ante mi comentario, el solamente sonrió.
- Deberíamos irnos. - Me tendió su brazo, para que yo me cogiese de él y cuando lo hice, dejándome llevar, empezó a bajar las escaleras.
Al bajar, llovía y me sobrecogí, ¡que frío hacía esta noche! Me froté los brazos tratando de calentarlos, tonta de mi, con las prisas si quiera había cogido chaqueta. El Dios, casi irreconocible, tendió un brazo por mis hombros y a la vez que caía sobre mi, hizo aparecer una capa negra, con la que me cubrió, casi diría que tratando de cuidarme. O estaba siendo muy observador o había vuelto a leerme la mente. Casi sin quererlo, la vista se le fue a mis pies, entonces empezó a reír y yo lo maldije. Le miré cabizbaja y el sonreía de forma maligna, hizo caso omiso a mis zapatillas de deporte, volviendo a rodearme con su brazo y a acercarme a él, estaba tan sobresaltada que casi no me percaté de lo que se aproximaba.
Tras un instante, apareció en mitad de la lluvia un carruaje tirado por caballos negros y conducido por un extraño chofer al que no se le veía el rostro. Me quedé boquiabierta, todo ello desprendía un aura oscura que me asustaba un poco, pero al mismo tiempo me era atrayente e interesante. Extrañamente como él esta noche, aunque me di cuenta de que siempre lo había pensado. Volví a sentir frío en los pies, ¡maldito dios de las travesuras, había hecho desaparecer mis zapatillas! ¿Qué de gracioso tenía estar descalza e intentar cruzar por la calle inundada de agua, hasta el carruaje? Loki seguía sonriendo y una vez aparcó el chofer, cerca de la puerta, ya no sentí el suelo bajo mis pies. Él, rápido como un rayo, y yo, ligera como una pluma. Cuando me quise dar cuenta me estaba cargando en sus brazos para evitar que me mojase los pies... ¿En serio a caso era idiota? Hubiese podido andar con mis zapatillas hasta allí, perfectamente. No obstante, seguía inmóvil en los brazos del Díos. Brazos fríos, insospechadamente fuertes y firmes, y antes de que pudiese abrir la boca, él ya había empezado a andar. Seguía con la cabeza sobre su pecho, escuchando su corazón, me punzaba en la cabeza. Estaba allí, conmigo, estaba vivo y estaba empezando a parecerme realmente cálido.
Abrió la puerta y me metió dentro, para luego entrar él. No sabía como debía sentirme, estaba tranquila y a gusto, pero al mismo tiempo nerviosa, inquieta y absolutamente sorprendida por todo ese comportamiento gentil tan gratuito. ¿A caso pensaba que no me daba cuenta? ¿Pensaba que al colmarme de halagos y comodidades iba a perdonarle? Imaginaos mi cabeza en este instante, sin contar mis mejillas, me estaban ardiendo de vergüenza.
- ¿Por qué has hecho eso? - Dije casi rozando la indignación. Cogí la capa y me abrigué más, tapándome los brazos.
- Bueno, vas descalza, no quería que te mojases.- Se escudó tratando de sonar muy caballero y muy tierno.
- Llevaba mis zapatillas. - Simple y concisa.
- Hoy tienes que ir hecha un pincel, es tu día. - Vio mi cara, que seguía roja por todo aquello. Algo pensativo dio unos golpes en el techo para indicar que se pusieran en marcha. Loki miraba al suelo y suspiraba, parecía que quería decirme algo, pero parecía indeciso. - Eres curiosa, midgardiana. - Arrancó. - Estoy tratando de ser sincero ahora, de verdad. Es la primera vez que trato de complacer a una mujer... - Se me cayó el alma a los pies... ¡¿Pero que narices?! ¡A que se debe este cambio! ¿Qué demonios es todo esto? ¿De verdad estaba siendo sincero conmigo? - Todo y que pedí ayuda,... nefastamente. - Había pedido ayuda a Melody White, había estado pensando en mi toda la semana, hasta el punto de preguntarle a su "ayudante", aunque al verme delante suya, se dio cuenta de muchas cosas y recordó muchas otras. Toda aquella floritura, era mentira, todo aquella pomposidad era falsa. Vi como las mejillas de Loki volvían a sonrojarse tal y como pasó en Central Park mientras jugábamos con la nieve. Sintió un arrebato de sinceridad por primera vez en su vida. - Las técnicas de Midgard para atraer mujeres no sirven contigo, estoy... sorprendido. Te he estado tratando como a una más, pero... creo que deberías saber que eres única.
Como pude, le miré a los ojos y me sorprendió la mirada más profunda que alguien me había brindado jamás. Me percaté entonces que hacía rato que Loki me había cogido de las manos. Me adentré en el verde de su mirada y casi podía sentir como me hipnotizaba, como mis manos calentaban las suyas, volvía a estar ahí, no me iba a dejar sola. El carruaje paró y al mismo tiempo un destello verde cubrió mis pies.
- Pensaba darte unos zapatos más elegantes, pero... - Desvió la mirada y se empezó a reír. - ...Con eso no serias tú.
Miré abajo y me encontré con un par de botas negras de media caña, de cuero y acordonadas. Los mejores zapatos que me hubiese podido dar, sin duda. Me encantaron, y entre un montón de intentos de negarlo, en un rinconcito de mi interior, pensé en cuanto me encantaba él.
- Vamos sal. - Volvió a hablar, abriendo la puerta, dejando que la luz de el Hotel Oriental entrase. Bajé y me esperé a que él bajase detrás de mi. Parece que se dio cuenta de lo aterrorizada que estaba, y sin dudar y sin temblar, puso su mano en mi hombro y sin si quiera mirarme, dijo: - Eres dueña de tu propio destino.
