Hola, hola, hola, paso super deprisa, la universidad no me deja ni un respiro, tanto que incluso tenia este capitulo vagando por ahí y no tenía tiempo de subirlo. ¡Por fin, el más aclamado momento! Es el capitulo más largo que he escrito hasta ahora para compensar que me he tirado tanto tiempo sin actualizar. ¡Pasan muchísimas cosas, y como siempre con un final que no os vais a esperar! Espero que os guste y me deis vuestra opinión. ¡Nos vemos!
Como siempre no, Loki no es de mi propiedad, si no de Stan Lee y toda la tira de gente de Marvel, pero... ¿Quien nos impide soñar de vez en cuando?
Hotel Oriental se alzaba majestuoso ante nosotros, sus luces nos agobian y deslumbran. Tenía el corazón en un puño, pero atesoré las palabras del Díos de los engaños, y cuando en mi interior fueron lo suficientemente fuertes, empecé a avanzar. Loki me seguía pasmado por todo aquel lujo, acostumbrado a verlo por doquier en Asgard, aquí se había vuelto difícil de encontrar.
Subimos las escaleras mientras temblaba como una gelatina, yo ya había estado allí ¿Me reconocerián los trabajadores? ¿cuanto tiempo tardaría en encontrarme con la familia McAdams? nos encontramos con el recibidor, amplio y señor y una señora muy elegantes y formales nos recibieron con una enorme sonrisa, no les conocía, pero todo indicaba que eran empleados de allí.
- Buenas noches, señores. - Empezó a hablar la mujer, mientras me daba un repaso de arriba a abajo. Al detenerse en mis pies, hizo una mueca extraña, pero enseguida volvió a mirarme a los ojos rápidamente. - Hoy el hotel está reservado a un evento muy importante y no se atenderá a otros clientes, a si que sintiéndolo mucho no puedo darles una habitación.
- ¿perdón?- Exclamé. Loki y yo nos miramos sin entender, entonces, algo enfadada respondí.- Venimos al evento, soy Prue Halley, la autora de uno de los libros que se presenta esta noche. - saqué la acreditación del bolso y se la entregué. - Y deje de mirarme como si fuese inferior a usted, después de todo yo estaré dentro disfrutando de una buena cena y usted aquí fuera, mirando de forma desagradable a la gente que entra.
- Disculpe a mi compañera señorita.- intervino el hombre, quien ya había comprobado mi nombre en la lista de invitados. - ¿Quien es el caballero? ¿sería tan amable de darme su nombre?
- Soy Loki, hijo de Laufey. - el recepcionista se quedó algo atónito.
- Loki, se llama Loki... ¡Laufeyson!- improvisé. El señor dejó de mirar raro y asintió como si ya hubiese comprendido.- es europeo. - Sonreí.
Nos dio unas acreditaciones plástificadas con el logo de la editorial y un cordón azul para que lo colgasemos al cuello y subimos al ascensor. Nos dirigimos al último piso de aquel colosal edificio, donde se encontraba el salón vip. Eran 72 pisos, un viaje muy largo y tenso en ascensor para ir dentro con Loki. Me miraba todo el rato, llevaba así desde que me había visto esta noche.
- ¿Nerviosa?
- Creo que es obvio. - estaba demasiado concentrada deseando a los dioses que el ascensor dejase de funcionar en ese instante. Todo lo que quieran, mientras no tenga que ver a los McAdams. Incluso si el precio era quedarme hasta el amanecer allí, encerrada con el Dios de las mentiras.
- Si les hablas a todos como has hecho con la inútil de antes,... - Me miró juguetón tratando de provocarme, mientras se acercaba a mi. Se empezó a agachar aproximándose peligrosamente a mi. No me atrevía a mirarle ¿Qué estaba haciendo? Y cuando pensaba que me agarraría y me besaría en contra de mi débil voluntad. Apoyó su frente en mi sien y me susurró al oído. - ...No se que voy a hacer contigo.
Lo peor de todo no era el hecho de que los dos estábamos como un tomate, lo peor era que él no quería estarlo. Todo aquello le estaba empezando a absorber demasiado. El Dios del Engaño se estaba creyendo su propia mentira, se estaba metiendo demasiado en el papel, lo estaba sintiendo demasiado. Eso le enfadaba, solo pretendía encandilarme para que le sirviera, ¿por que esos malditos sentimientos midgardianos? Se sentía tan frustrado, tan débil, al no poder controlar la situación con la mente clara.
El ascensor paró y abrió sus puertas, llevándonos a un pequeño pasillo moquetado en rojo y decorado en tonos dorados y lámparas ostentosas, el cual acababa en una puerta, grande, recargada y cerrada
Loki se retiró, cediéndome el honor de abrir. Agarré los dos picaportes dorados y tiré de ellos tan segura como pude mostrarme en ese momento. Al otro lado miles de ojos nos miraban, miles de miradas inquisitivas en un salón amarillo y luminoso, escaneando de arriba a abajo. Bocas abiertas, otras murmurando entre ellas. A mi derecha se encontraba un señor, trajeado como los dos de abajo, quien me pidió que le enseñase de nuevo la invitación. Mientras tanto sentí a Loki detrás de mi, reía por lo bajo, cosa que me hizo levantar la cabeza. Allí estaban, Jessica, Ted y Victoria McAdams, aunque los dos hijos nos miraban descaradamente, con la boca abierta y enfadados, la madre se mostraba altiva, seguía mirándome por encima del hombro, como siempre, como toda la vida. Se giró, siguiendo animadamente una conversación que había dejado a medias con una señora enjoyada. No supe nada de los otros dos, cuando me di cuenta habíamos avanzado más hacía dentro de la sala, quedando expuestos a todo el mundo, incluida a Amy, quien se tiró a mi cuello nada más verme.
- Por favor, Prue, ¿De donde has sacado ese vestido? ¡Es perfecto! - Me cogió de la mano y me dio una vuelta para que el vuelo de la falda se levantase. Miró al suelo entonces y se echó a reír. - ¡Dios, solo tu eres capaz de venir aquí con botas! - Fue entonces cuando miró detrás de mi. - ¿Es él?
- Si. - Agarré tímidamente la manga de la chaqueta de Loki, acercándolo a mi lado. - Él es Loki Laufeyson, Loki, ella es Amy.
- ¿Loki? ¡Vaya nombre! ¿No eres de por aquí verdad? - El descaro de Amy casi me hizo llevarme las manos a la cabeza. No tenía ni idea de como iba a reaccionar ante otros midgardianos.
- Soy europeo. - Sonrió, luego me miró, dedicándome la sonrisa a mi.
- ¿En serio? He viajado mucho por allí, ¿De que parte eres?
- Me dijiste que eres de un pueblo de Noruega, ¿verdad? - Le pregunté, por favor que me siguiese la corriente. Estaba pasando un apuro, pero me estaba resultando bastante divertido.
-Si, de Asgard.
- ¿Asgard? Pues ni idea, he ido a Suecia, pero a Noruega no. Pues me pensaba que los noruegos erais más rubios.
- Bueno, toda mi familia tiene el cabello claro, soy el único con el pelo tan oscuro.- Respondió, pero a medida que hablaba la conversación se hacía más irónica para el dios.
- ¿En serio? - Amy soltó una gran risotada tejana. - Pues, tío, a ver si vas a ser adoptado y no lo sabes.
Se limitó a sonreír, nada más, todo y que ese comentario no lo esperaba, hubiese podido decirle que si, era adoptado y que por supuesto que lo sabia pero... ¿Para que quería saber aquella midgardiana de su vida?. Yo tampoco me sentía bien, por el hecho de que le había contado a mi amiga algo como eso y yo sin embargo, a penas sabía nada. Nunca me había contado nada personal a cerca de su familia o de su pasado, lo único, su afán por demostrar qué es capaz de hacer solo y el hecho de que se había escapado, que hablando de escapar... Tampoco sabía donde había estado todos aquellos días, debería preguntarle luego, ya que ahora, una chica que me resultaba familiar estaba encima del escenario blanco del fondo. Dio un par de golpecitos a el micrófono y empezó a hablar.
-Buenas noches señoras y señores, es un enorme placer darles la bienvenida al Hotel Oriental, en nuestro onceavo aniversario. Mi nombre es Trizia y seré vuestra presentadora esta noche. - claro, ella fue la encargada de traerme la invitación a casa. Aquella visita... ¿Para quien trabajaba? ¿La envió Victoria para espiarme o simplemente es una empleada de la editorial ?... Cómo fuese, no me podía fiar de nadie en ese momento. - Vamos a tener un rico itinerario esta noche, desde una cena deliciosa, acompañada de un magnifico espectáculo de la mano de artistas aspirantes de Broadway, hasta zona de baile, hasta la entrega de títulos best-seller de este año, junto la presentación de los nuevos aspirantes a entrar en nuestra familia. Sin más, espero que pasen una agradable noche, pueden ir sentándose en sus correspondientes mesas.
-vaya, esto ha resultado mucho más formal de lo que me imaginaba.- comentó Amy. - vamos, vayamos a la mesa, he dejado a Dean y a Charlotte con Charlie y tengo miedo, seguro que Dean se lo ha intentado ligar más de lo debido.
Nos dirigimos hacia la parte derecha de la sala, donde enormes ventanales y un balcón dejaban ver el exterior. La mesa estaba cerca de allí, los que estaban sentados se levantaron algo atónitos, sobre todo Dean y Charlotte, que no dejaban de mirar a Loki de arriba a abajo. Detrás de ellos se alzó un individuo moreno y fornido, de cejas espesas, quien deducí que se trataba de Charlie.
Era gracioso, tanto Amy como él iban extrañamente conjuntados. Amy llevaba un vestido de tirantes gris, largo hasta los pies y con un corte enorme que iba desde su cadera derecha hasta abajo, dejando ver su pierna. Charlie iba también de gris, con una camisa negra. Obviamente, lo habían hecho a proposito, pero aun y así me resultó gracioso.
Cuando vi a Charlotte de pie, pude ver como al final habia acabado por comprarse aquel vestido-muffin, era tan pasteloso y bombacho que me daban ganas de vomitar de solo verlo, aunque era su gusto despues de todo, por lo que simplemente me acerqué a saludarla y le dije que estaba muy guapa, ella me respondió gracias, bastante timida y haciendo movimientos de niña pequeña. Dean, bueno, Dean no le quitaba la vista de encima a Loki. Llevaba un traje blanco de solapas negras, como su camisa y sus zapatos, además llevaba el pelo largo y liso, casi parecía un actor de Hollywood. Chasqueé los dedos delante de su cara, para que por fin reaccionase.
- Nena. - Me dijo. - Que bien acompañada vienes, ¿no? - Alzó una ceja, mirando hacia nuestras manos. Fue entonces cuando me di cuenta de que seguía cogiéndole de la manga de la chaqueta al Dios. La solté de inmediato, mirándole, apabullada. - ¿Nos lo presentas?
- Oh, claro, claro. Su nombre es Loki. Loki te presento a Dean y a Charlotte. - Él se limitó a inclinar la cabeza, cordialmente.
- A si que Loki, ¿Eh? Que calladito te lo tenías, Prue. - Volvió a incidir Dean, metiéndose conmigo. Se sentó en la mesa, incitando a que todos hiciésemos lo mismo - Es un nombre poco común, no lo había oído nunca ¿De dónde vienes?
- Es europeo. - Comentó Amy. Casi me hace morirme de la risa, porque me la tuve que aguantar, por supuesto. No sabia como lo estaba haciendo, pero se lo habían tragado hasta el fondo.
-Ya veo. - Dean no dejaba de poner "ese" tono irónico y despectivo que me ponía nerviosa para hacer que todo aquello me pareciese bochornoso. - ¿Y como os conocisteis? Por que, Loki, no se si lo sabrás pero sabemos de ti porque se le escapó, ella nunca nos dijo que estaba saliendo con alguien.
-¡Y no estamos saliendo! - Grité, aquello ya estaba empezando a ser demasiado para mi.
- Solo somos amigos. - Me apoyó él. - La conocí una noche, me ofrecí a acompañarla a casa.
-¿Prue saliendo por la noche? - Comentó entonces Charlotte. - Eso es nuevo, yo salgo de vez en cuando, porque no tengo mucho dinero, pero los fines de semana mis amigas siempre me llaman para salir, sin embargo, Prue sale menos que yo, me parece muy raro que estuviese por ahí de noche.
- Fue la noche que fuimos al Pubb aquel, durante el cumpleaños de Amy. - Charlotte cuando arrancaba no había manera de pararla.
-¿Es serio? - Exclamó Amy. Todos se quedaron mirandola. -¿Qué? Si es que a mi no me ha contado nada tampoco.
-Vaya, si que lo tenías escondido. ¿Y como fue? ¿Te fiaste de él a la primera? Yo me hubiese asustado muchísimo, ya sabes como soy. - Preguntó Charlotte. Estaba realmente agobiada con tantas preguntas, no estaba muy segura de ser capaz de seguir toda aquella palabrería, no sabía que inventarme y lógicamente no iba a contarles la verdad.
- Ah, o sea, que fuisteis vosotros. - Me puso la mano en la rodilla para tranquilizarme, aunque solo provocó que saltase y me pusiese más nerviosa. Pero entonces el Dios de las Mentiras interpretó su papel a la perfección. - Salí de mi coche aquella noche y vi que dos hombres estaban siguiendo a una chica, cosa que me pareció horrible. - Me miró sonriente. - Se lo dije y me ofrecí a acompañarla a casa, me contó que sus amigos le habían dejado atrás y que ella se dirigía hacia el coche, a si que solo la acompañé hasta allí. No pude evitar pedirle el teléfono.
-¿Y te lo dio? - Preguntó Dean. Todos estaban callados y espectantes escuchando al Dios.
- No, claro que no. - Volvió a mirarme, tan verde. Me quería morir.
- Me lo imaginaba. - Respondió Dean.
- Sin embargo...- siguió Loki.- nos encontramos un par de días más tarde, atrapados por la lluvia, en un centro comercial y... Volví a insistir hasta que aceptó, aunque a regañadientes, vosotros lo sabréis mejor que yo, lo obstinada que puede llegar a ser. - su tono de voz se había vuelto tan cálida en ese momento, que casi me hizo suspirar como una idiota.
- Entonces. - Dean interrumpió aquel momento en el que Loki me había atrapado en un sin fin de nervios. Nos miraba serio y decidido, e incluso se acercó más a nosotros para empezar a hablar más bajo. - Sabes algo sobre... su.. ya sabes.
- ¿...Su? - Loki me miró arqueando una ceja.
- Su ex. - Terminó de decir.
- Bueno aquí estoy, algo se. - Vi entonces como Loki buscó con la mirada a Ted y lo encontró en una mesa larga, más cercana al escenario. - Que venga si quiere, yo le estaré esperando con los brazos abiertos.
La cena fue realmente divertida, todo y que se quedó la tensión bastante exaltada tras el último comentario de Loki. Se mostró tranquilo, cordial y gentil ¿Sería así realmente o se estaba marcando un papelón de campeonato, jugando con mis amigos? Se comió todo el menú sin rechistar y eso que yo no pude comer algunas cosas, nos sirvieron entrantes y gambas, odio las gambas a si que se las di todas a él, pareció disfrutar de lo lindo, aunque muy lejos de lo que yo tenía en mente. Cuando pienso en dioses nórdicos me vienen a la cabeza enormes fiestas con mesas larguísimas llenas de carne e hidromiel, cantares, fogatas y peleas. Pero él estaba allí, tan tranquilo y diferente, Shakespeare decía que el príncipe del mal es un "gentleman", un caballero,... tenía toda la razón.
Todos estábamos bastante nerviosos, durante la universidad habíamos hecho algunas exposiciones en grupo; explicando nuestro trabajo, debatiendo algún tema o respondiendo tímidamente a preguntas al aire que lanzaban nuestros profesores. Defendimos nuestro proyecto de fin de carrera, con capa y espada, tratando de ser los mejores, nos explicamos delante del tribunal y de los vocales para convencerlos de que nuestro trabajo era el merecedor de la matricula de honor. Pasamos todo aquello juntos, y ahora todavía igual de unidos íbamos a entrar a una prestigiosa editorial, que se encargaría de repartir por todo el mundo nuestro trabajo, era sin duda el sueño de muchos de nosotros, ya no de nuestro grupo, si no de nuestra promoción. Y allí estábamos, aun no lo creía, al menos a mi, el corazón me iba a mil y no podía soportar la idea de subirme a ningún escenario a hablar sobre nada.
Amy y Charlotte no dejaban de parlotear a la hora del postre, nos sirvieron unos cuantos dulces, brownies, flanes y helado, acompañado de sorbete de limón, aunque estas dos combinasen todo eso con un par de chupitos de alcohol. "No queremos estar nerviosas cuando subamos" - Se excusaban. Estaba claro que una cosa era no salir nerviosa y otra muy diferente, salir ebrias. Muchos habían dejado de lado la cena hacia rato y estaban de pie, charlando unos con otros, relaciones sociales, que bien... Con lo bien que se me dan estas cosas. Irónicamente hablando, claro está.
Las asquerosas de mis amigas me cogieron contra mi voluntad y me sacaron a bailar, quería morirme de vergüenza, toda la gente nos miraba estirada y de arriba a abajo. La orquesta tocaba canciones preciosas y yo más que salir a bailar y hacer el tonto, como si aquello fuese pachanga, prefería escuchar tranquilamente. No era la primera fiesta así a la que asistía, cuando vivía con los McAdams eran bastante frecuentes y como siempre iba para que la familia quedase de humilde ante los invitados, yo siempre solía campar a mis anchas, por lo que me quedaba detrás del escenario escuchando a la orquesta.
La situación embarazosa cesó cuando Charlotte se fue a beber, fue cuando Charlie se levantó y metió a Amy entre la gente, dejándome de pie, sola. Sonaba una canción de Patrick Doyle, versionada por un cuarteto de cuerda impresionante. Era una canción lenta y muy sentida, me encantaba porque aunque era muy sencilla, tenía mucha fuerza. Entre gente y más gente girando, me quedé atrapada en mitad de la sala, fue entonces cuando alguien me tomó de la mano y me acercó a él, sujetándome de la cintura.
- vaya, pensaba que ibas a mostrar más resistencia. - Al levantar la mirada me encontré con un pegajoso y sobón Ted.
- Aparta! ¿Se puede saber qué te has creído?- Le empujé hacia atrás, maldita sea, había bajado la guardia, embelesada por la música y pensando que se trataba de Loki.
- Vamos, baila conmigo, aunque sólo sea un poquito. - No se que me daba más asco, el hecho de mirarlo, o ver como me miraba el escote y las piernas de forma tan depravada. - Sabes que no te conviene dejarme mal delante de toda esta gente.
- ¿Ah, no? ¿Y eso por que?- Me puse en guardia, la gente giraba y giraba, ajena y sorda a nuestra conversación. La vista no me alcanzaba a ver a Loki.
- Será mejor que me hagas caso, ¿O no recuerdas lo que te dije en nuestro último encuentro? - Claro, claro que lo recordaba, dijo que quería matar a Loki y todo y que la sola idea me pareció una pérdida de tiempo, no pude evitar asustarme ¿Hasta donde estaba dispuesto a llegar?
Caminé varios pasos hacia atrás, alguien me agarró de la cintura de nuevo y como si se tratase de un dejavu, Loki volvía a mostrarse imponente ante Ted, tal y como sucedió en el centro comercial el día de su primer encuentro. Volví a sentirme tranquila de nuevo, él estaba allí, me prometió no dejarme sola.
- ¿Te está molestando?- Pude ver como Ted nos miraba con rabia y cabizbajo. Cada palabra de Loki se sentía como una daga helada recorriendo el cuello del enemigo.
- Si.- Le respondí tajantemente, esto hizo que él me agarrase más fuerte.
- Creo que no me presenté aquella vez.- Loki me puso detrás suya tratando de protegerme, pero no pude resistirme a ver la cara de mi ex frente a alguien que no le temía, a excepción de mi.- Me llamo Loki Laufeyson y espero no volver a pillarte hoy molestando a mi acompañante.
- ... - Sin saber exactamente porque, el rostro de Ted acabó por desencajarse .- ¿L... Loki has dicho? ¿Loki?- el nombrado asintió. - No puede ser, ¡No me hagas reír! ¡Tu verdadero nombre, ahora!
- Loki. - Volvió a decir. La situación empezaba a ser graciosa para el dios de las mentiras, no podía evitar sonreír ante aquella pérdida de papeles del señorito. Yo, en cambio, lejos de estar asustada, casi sentía vergüenza ajena por lo que con un simple "vamos", tiré de mi acompañante.
Nos introduje más en la multitud, cuando todos cesaron de bailar, miraron al escenario y aplaudieron, dando paso a la siguiente pieza. Otra de las razones por las que me escondía detrás de la orquesta en la fiesta era porque bailar era un privilegio que a mi no se me tenía otorgado, querían que la gente viese como me habían otorgado una nueva oportunidad, pero ni de lejos pretendían que llamase de más la atención, ni que formase parte de ellos.
Por esta razón sentí una vergüenza tremenda y un rechazo total, cuando Loki volvió a cogerme de la cintura y empezó a movernos a ambos al son de la música. ¿Recordáis que llevo muy mal el sentirme un fantasma en algunas ocasiones? Pues bueno, esta no era la ocasión.
-Por favor, Loki. Va a vernos todo el mundo. -le susurré.
- Pues espero que presten atención. - Contestó. No se que me gustó más, si el hecho de que le daban igual los demás, o que aquello era claramente una declaración de intenciones en toda la cara de los McAdams.
Concluí que el objetivo del Dios aquella noche era sorprenderme. No sólo parecía un gentleman, si no que incluso parecía que había sido criado y educado en una de las más exquisitas casas de Gran Bretaña. Sonaba un vals lento, pero en crezzendo, me agarraba fuerte la cintura con un brazo, con la otra mano me cogió la mía y yo posé mi mano en su hombro. Guiaba él, yo no sabía bailar pero él lo hacía fácil. Con cada paso, el vuelo de mi falda le era cómplice; era ligero, como las miradas que nos empezaban a lanzar aquellos que nos acompañaban.
Victoria miraba desde fuera del grupo de baile, seria, con los ojos muy abiertos, punzantes de ira. ¿Cómo nos habíamos atrevido?
Cuando la música cesó, todo el mundo aplaudió, iban a volver a iniciar otro baile, pero cogí de nuevo a Loki de la manga y lo saqué del gentío. Había sido precioso, sin duda, sacado de película, pero demasiada gente para mi gusto, necesitaba despejarme. Todo el mundo estaba dentro ahora, por eso arrastré a Loki, entre risas, al balcón. Desde donde podían verse unas amplias y hermosas vistas de Nueva York.
- ¿ Viste como nos miraban? Dios fue genial. - Estaba algo exhausta, apoyé los brazos en la gruesa barandilla de mármol negro, mirando el horizonte. - ¿Te enseñaron a bailar así en Asgard?
- ¿Asgard?- Se echó a reír. - No, que va. En Asgard toda la belleza se la lleva el paisaje, la gente allí es muy bruta. - Se acercó a mi, miró el paisaje, miró los setenta y pico pisos de caída. - Mi... Mi madre... Era la única a quien verdaderamente podría considerar elegante en ese lugar. Ella me enseñó a bailar. - Me miró sonriente, aunque algo nostálgico y de mirada triste. - A escondidas de mi padre, claro está, un guerrero o un hechicero, no pueden hacer cosas de... Mujeres. - puse una mala cara evidente.
- Tu padre es idiota. - Solté, provocando otra carcajada de su parte. - Ha sido genial, no había bailado nunca así, gracias. - las mejillas se me encendieron y por la luz que entraba desde dentro, se podía ver claramente que a él también. - Por cierto. - Me aclaré la garganta. - Tal vez deberías saber que nuestro buen amigo Ted, te ha amenazado de muerte.
-... - Se puso serio, pero su sonrisa sarcástica no tardó en asomar ¿que qué? Debía de ser una broma. - ¿Y a que se debe ese honor?
- Está de muy mal humor porque has venido conmigo. - Sonrió complacido ante mis palabras, casi rió, haciendo que sus hombros se sacudiesen.
-Veo que le hemos cortado el rollo al macho alfa, que patético. - Derrochaba superioridad con todo el mundo, desde que habíamos llegado había estado mirando a todo el mundo por arriba del hombro. A todos menos a mi. ¿Seguiría con el pacto de ser iguales?
Loki no parecía un tipo sensible a primera vista, ni si quiera después de conocerlo y discutir con él hasta la saciedad. Era frío, calculador y tergibersador. Pero ahora, bajo la luz de la luna, juraría que se había ablandado. Todo aquel trato ¿Con qué fin? ¿Solo quería mi perdón? Si, eso sería... o eso quería pensar.
Estaba tan empanada mirando afuera, que no me percaté de la presencia lánguida que se aproximaba por nuestra espalda. Un taconeo constante, sin pausa, como un martilleo, algo familiar, como algo acechando. Una silueta oscura como pocas cosas en esta vida había, se acercaba a nosotros, contorneándose. Agarré de nuevo la chaqueta del Dios, casi se estaba convirtiendo el un acto reflejo, en una costumbre. Un escalofrío de pánico recorrió mi espalda, no me dejaba hablar.
Delante de nosotros estaba Victoria McAdams. llevaba un largo y ceñido vestido rojo, adornado con un caliente y tupido rabo de zorro, natural, seguramente. Perlas blancas y dos guantes negros que le llegaban hasta los codos. Sus cejas prominentes y finas, creaban una expresión continua de enfado y seriedad. . ojos negros, como su cabello, atado en un recogido enjoyado, como una verdadera dama.
-Vaya, veo que no soy la única que necesita tomar el aire. - Como siempre, pensaba que era estúpida, estaba más que claro que había salido a propósito a vernos. - Prue, ha pasado tiempo.
-... - tragué y cerré los puños con fuerza. - No el suficiente. - Respondí con la cabeza alta. Sin miedo, ya no más.
- Vaya, sigues siendo igual de impertinente que hace unos meses. Pensaba que se te habrían bajado los humos después de vivir fuera. Pero ya veo que incluso te atreves a llamar a mi propia casa y desafiarme. - Sonreía, casi daba miedo. Posó sus ojos sobre Loki, miré a este, él la observaba con una sonrisa, enseñando los dientes.
La señora encendió un cigarro en su alargador negro, se acercó más a nosotros, lo suficiente como para quedar a la altura de Loki y, aunque ella llevaba tacones, él seguía siendo más alto. Aspiró fuertemente, haciendo que el tabaco recorriese sus pulmones de arriba a abajo y acabase saliendo por su boca, transformado en humo, directo en la cara del Dios, quien ni se inmutó. Puso la punta de su alargador en el mentón de Loki, moviendo su cabeza de lado a lado, observando, sonriente. A mi, sin embargo, el demonio estaba empezando a hacer arder mis entrañas, muy, muy furiosa. En mi interior, quería arrancarle la piel a tiras finas, muy finas. Nada hubiese sido más placentero en ese instante: tiras muy finas y gritos desgarradores.
- Eres muy guapo. - Comentó. - Y eres joven, no mucho más que mi hijo. ¿Cuantos años tienes? - Casi pareció interesada en ello. Loki ya le había visto venir nada más verla.
- Muchos. - Respondió. Seguía con su sonrisa, retándola, tratando de hacer que perdiese los nervios.
- ¿De donde vienes? - Estaba empezando a pensar que Loki no era más que un crío, creído e incrédulo.
- De muy lejos. - Otro desafío. Desde luego la Señora McAdams no estaba acostumbrada a un trato tan desobediente.
Apretó todavía más el alargador en la cara de Loki, tratando de provocar dolor en él, dejándole una línea roja allá donde surcaba. Claro que para él, aquello no eran más que meras cosquillas. Pero a mi eso me daba igual, trataba de herirle y eso no iba a permitirlo. Mi respiración era muy agitada, mis manos se movieron solas con la intención de estrujarle el pescuezo entre mis manos, aunque sólo fue un anhelo, ya que el Dios sujetó mi brazo, no me miraba, seguía sonriendo a Victoria, pero sabía que quería que me calmase.
Todo y que él puso un brazo suyo entre victoria y yo, mi mirada la cortaba por momentos, casi podía sentir mi piel arder, estaba tan enfadada que quería gritar de rabia. Eso ella lo sabía y me sonrió, o sea que encima, provocando. Aguanté la respiración y ella entró dentro, volviendo a dejarnos solos. Cerré mi puño y golpeé muy fuerte el mármol negro, me dolió, pero no me quejé. Loki se quedó en silencio, miraba despreocupado mis arrebatos.
- Ya sabias que iba a venir a provocar.
- Si, me lo imaginaba.
- ¿Entonces por qué pierdes los nervios? - ¿Es que a caso no estaba claro?¿o me estaba tomando el pelo para que se lo dijese?
- Mira. - iba a gritar, pero me mordí la lengua e intenté respirar hondo. - Si les veo a dos metros de ti, si se atreven a acercarse, a decirte, a mirarte o a hacerte algo otra vez, te juro que...
No podía continuar hablando, el Dios de las Mentiras había tirado de mi, estampándome en su pecho trajeado. El traje estaba helado, había dejado de llover, pero el frío y la humedad persistía y se había calado en él. Sus manos también, lo sé porque me rozó los hombros desnudos, subiendo, acariciando cada centímetro hasta mi cuello, donde se desplazó hasta la nuca. Sus dedos se enredaron en mi pelo, era suave y yo me sentía demasiado somnolienta como para reaccionar, simplemente cerré los ojos.
Sabía qué iba a pasar, ambos lo sabíamos. Estaba contrariado, no quería ¡No podía involucrarse más! ¡Iba a volverse loco! ¡Pero no podía dejar de pensar que lo necesitaba, necesitaba aquello, no podía detenerse sin más, quería renunciar a todo, olvidarse de todo, besarme de una buena vez! Sentí el calor de su aliento casi suplicante cerca de mi, cada vez más, más cerca de mis labios.
- ¡Prue, será mejor que entres! - ajena a todo, Amy salió al balcón sin esperarse toda aquella explosión de sentimientos que gracias a ella no habían llegado a ningún cauce. Al ser consciente de lo que había cortado se alteró.- Oh dios, lo siento, lo siento mucho. - Se fue súper avergonzada.
Ante el grito de Amy, tanto él como yo nos soltamos. No, no hubo beso y parecía que ninguno de los dos estábamos ahora por la labor... No nos miramos, nadie dijo nada. Estaba contrariada, era algo que esperaba, era algo que había estado creciendo en mi interior pero que me negaba a reconocer. No quería tener respuesta a aquella pregunta de Amy, la noche pasada.
- Se... Será mejor que pasemos, puede que sea nuestro turno. - Muy avergonzada eché a andar. Me tranquilizó sentir que él me seguía.
Al volver a entrar, toda la gente que estaba bailando se había apelotonado al rededor del escenario, ahora ya carente de música. Amy se había volatilizado al lado de los demás, apreté el paso para llegar deprisa, Loki no decía ni mu. Ni yo tampoco. Al llegar, Amy me miró con cara de loca, se moría de ganas de preguntarme acerca de lo que había visto, pero al parecer se estaba cociendo algo más importante que eso, que le impedía hablar, de hecho nadie lo hacia hasta que Trizia apareció en lo alto del escenario de nuevo.
-¿Qué tal os lo estáis pasando? La cena era deliciosa ¿verdad? Ahora daremos paso a entregar los primeros Best-S... - Un mayordomo apareció de la nada al lado de Trizia y le susurró algo al oído. - Vaya, ha habido un cambio de itinerario de última hora. Muy bien, a continuación daremos la bienvenida y haremos entrega del sello de las familia a los nuevos integrantes de la empresa.
Aquello era muy raro, miré por todas partes, ni rastro de ningún McAdams, no me gustaba nada. Mis amigos parecían bastante calmados, tal vez hubo un problema de verdad y han tenido que atrasar el evento, pero aun y así, no podía pensar mal, algo olía a chamusquina. Loki seguía detrás de mi, con mirada grave, parecía enfadado ¿Con Amy, por interrumpir? ¿Conmigo? ¿Con él mismo?
Subieron un grupo de artistas, tendrían nuestra edad, más o menos, estaban muy cohibidos, aquello les venía enorme, como a nosotros. Eran autores de un cómic de fantasía, sobre dragones y hadas. El que parecía el líder tartamudeaba. No sabía cuantos nuevos más había allí aquella noche, pero pensar en ser los siguientes me podía. Una hiperventilación se apoderó de mi, no oía nada, miraba pero no veía nada. Hasta que algo me sacudió, era Charlotte, me miraba, preocupada y me preguntó si estaba bien, no, no lo estaba, pero le dije que sí. El grupo anterior acabó y todos aplaudimos.
- A continuación, daremos paso al siguiente grupo. - Abrió un sobre blanco para comunicar los siguientes. - Que suban al escenario Charlotte Moore, Dean Thompson y Amy Reed.
Un momento... ¿Y yo? ¿Y yo qué? Miré al escenario y a ellos sucesivamente, no se giraron, no me miraron, simplemente subieron. Un escalofrío me recorrió y empujó hacia delante. ¿Se habrán equivocado? Subí con ellos mientras veía a Loki abajo, mirando de lado a lado de la sala, él también lo sentía.
Arriba podía verlo todo, la gente mirándome extrañada, seguía sin rastro de Victoria. El corazón se me subió a la altura de la garganta, iba a sentarme mal la cena a este paso. Traté de hablar con Amy, pero me chistó, teníamos que guardar la compostura.
- Charlotte, explícanos tu trabajo. - Habló Trizzia ¿Qué? ¿Su trabajo?
- Oh, pues realmente ha sido menos pesado de lo que creía, he tenido un equipo muy bueno. - ¿Has tenido un equipo muy bueno?
Las palabras de Charlotte eran como tiros directamente al corazón. Estaba blanca, me sudaban las manos, tenía frío, mi estómago se encogía y por mi cuello subía la mas ardiente y abrasadora de las sensaciones, de las más emocionales, de las de muy al fondo. ¿Qué significaba todo aquello? Todos mis esfuerzos, mi trabajo, mis gastos, mis sacrificios, todos esos años sola... ¿Para ahora esto? Miré desesperada a mis amigos.
- ¿Ha sido Charlotte una buena jefa de grupo? - Comentó Trizzia.
- Si. - Respondió Dean. - Sin duda alguna, ha sido una muy buena líder, ha sabido llevar al grupo y sin duda este trabajo no se hubiese podido llevar a cabo sin su ayuda y sus ideas.
- Sin duda. - Respondió Amy con una sonrisa radiante.
- Bueno, pues cuentanos, Charlotte. ¿De qué se trata la obra? Haznos un pequeño spoiler. - Rió la presentadora. La pequeña Charlotte se giró y me miró. Yo seguía helada, en shock, no sabía que hacer.
- Pues la verdad no tengo ni idea. - Sonrió.
Me miraba, inocente, como si lo hubiese hecho sin querer. Trizzia, ajena a todo, no entendía el por qué de esa respuesta, pero al ver que Charlotte me miraba, acercó el micrófono en mi dirección. Me acerqué, ella me recordaba, pero aun y así me preguntó mi nombre.
- Soy Prue Halley. - Dije, impasible, mirando a la nada.
- ¿Sabrías explicar de qué trata su trabajo?- Otra vez ese "su" ¿A nadie le sorprendía el simple hecho de que la propia "líder" no lo supiese? posé mis ojos sobre el lejano verde, me miraba, sabía que pasaba, yo también.
- ¿Prue, puedes explicarlo? - No estaba sola, el verde cobró fuerza en mi interior. Claro que podía explicarlo, era mi trabajo, mi seguro de futuro, mi pasado, mi tiempo, y por lo tanto, libre con hacer de ello lo que quiera.
- Claro que puedo, "su" obra... - Vi a Victoria de pronto, en una esquina. - "Su" obra... Es una encerrona.
Cogí el micro con ambas manos, no sabía qué iba a pasar a partir de ahora, pero ya lo había perdido todo ¿Qué importaba ya? Golpeé a Charlotte en la cabeza tan fuerte como pude. Escuché disparos y me tiré al suelo, ¿Tan grande era el teatro que habían montado? Bajé al otro lado del escenario y asomé la cabeza. Tras los numerosos disparos, se hizo el silencio, entonces vi que todos los invitados estaban armados y que estaban apuntando a Loki. Tuvimos un cruce de miradas fugaz y sonrió, entonces varios le dispararon, en vano. Sólo tuvo que apretar los puños para crear una onda invisible que devolvió las balas a sus dueños, tendiéndolos en el suelo y dejándome helada.
