Hola a todos, después de un par de meses puedo actualizar. Me entretendría contandoos todo lo que me sucede por la facultad y todos los trabajos por los cuales voy de cabeza, pero bueno, lo dejaré aquí jajaja. Me escribieron varias personas diciéndome que necesitaban un beso ya! Solo espero no impacientarles, pero ya ven como son los personajes de esta historia, ya ven como es Loki jajaja Se que necesitan ese beso, pero realmente creéis que él sería así? Simplemente trato de ser lo más fiel al personaje de Marvel, todo y que en este capitulo lo veréis algo más tiernecito. Muchos cambios y giros argumentales se aproximan, incluso dentro de poco se incorporarán al fin los vengadores a la historia! Mientras tanto, espero que os guste y como siempre: es un placer escribir.
El personaje de Loki pertenece a Marvel y a Stan Lee.
Las balas salieron disparadas por una fuerza invisible e inexplicable, los cuerpos yacían en el suelo, se veían fríos y sin vida. Traté de convencerme de que él los mató tratando de salvarme. Sin duda lo hizo, nos salvó a ambos ya que querían matarlo a él también. Algo me agarró del pelo y me lanzó hacia atrás, me di con un pilar en la espalda y me quedé aullando de dolor en el suelo. Había sido Charlotte tratando de devolverme el golpe anterior. Llevaba un porrazo ensangrentado en la frente y estaba tan furiosa que por sus poros desprendía vapor.
- ¡Tuviste que estropearlo todo! - Gritó.- ¡Ahora yo tendría el reconocimiento que tanto merezco! - Me propinó una patada directa a la tripa, casi hecho la cena.
- Reconocimiento falso, se que todo esto es un teatro. - Jadee. - No podéis engañarme.
- ¿Falso? Este trabajo es real, el premio que iba a ganar era real. ¡Lo único que tenías que hacer era volver a casa con el rabo entre las piernas! - puso su tacón en la boca de mi estómago.
- ¿Comprado verdad? Ni si quiera puedes esforzarte a conseguir uno por tu cuenta... - A cada palabra que salía de mi boca, Charlotte apretaba más su tacón en mi.
- ¿Como que no? Fíjate en todo esto, no hubiese sido posible sin mi. Bueno, sin tus maravillosos amigos, claro está.
Ahora lo veía claro, todos aquellos años rodeada de gente comprada por los McAdams, nunca tuve libertad, nunca pude salir de la jaula. Todo era falso, ni si quiera tenía amigos, ni si quiera un trabajo de verdad, sólo un único fin: la soledad y la oscuridad de una celda inculcada, de una vida totalmente programada.
Iba a clavar su tacón en mi vientre cuando vi unas rosas blancas volando por los aires, después, un montón de piezas de cerámica en el suelo y la cabeza de Charlotte, herida, tendida en mis piernas. Una Trizzia temerosa sujetaba un jarrón roto, había atizado a Charlotte por la espalda. Inmediatamente se agachó e intentó levantarme.
- Por favor, explícame que está pasando. Me estoy volviendo loca. - Sollozó.
- ¿No eres una de ellos?- Me sorprendí, no parecía mentir, pero me sentía demasiado decepcionada como para confiar en ella.
-¿Ellos? ¿Como que ellos? Soy una empleada de la editorial, me seleccionaron para entregar los premios este año ¡Ya sabía que era una mala idea! - Estaba realmente histérica.
Por fin pudo levantarme cuando vi como una señora nos apuntaba directamente con una pistola. Trizzia levantó las manos desesperada, yo busqué con la vista a Loki, pero seguía muy ocupado con una avalancha de gente que huía de la sala, y otra que trataba de matarlo sin llegar a explicarse como era posible que ninguna de las balas le atravesase. Detrás de nosotras otro hombre nos apuntaba, estábamos rodeadas. Grité, grité a Loki todo lo que pude cuando me pusieron las manos encima. Trizzia se desmayó y cayó al suelo. Cuando Loki me vio, se abrió paso hasta llegar hasta mi, pero entonces la mujer que me sostenía me llevó corriendo al balcón y me lanzó abajo. Loki la atravesó veloz con una cuchilla que hizo aparecer. Se asomó abajo, estaba blanco, esa estúpida me había dejado caer... Pero entonces una máquina voladora, más conocida como helicóptero, apareció de debajo del balcón, Loki llegó a ver que yo iba en él, estaba pateando en el suelo, al menos seguía viva. Pensar por un momento en que yo había muerto le hizo querer reducir aquel enorme edificio a cenizas. Pero por mucho que lo desease no podía excederse, Heimdall lo sentiría y se iría todo al traste.
Vio una sombra atacándole por la espalda y se giró al mismo tiempo que le rompió la nariz a aquel que osaba tocar a un Dios. Entre el gentío, vio un rostro familiar levantándose del suelo. Se dirigió hacia esa midgardiana con paso firme. Se agachó y la agarró demasiado fuerte de los carrillos, lo que menos le preocupaba en ese momento era ser delicado.
- ¡¿Donde se la han llevado?! - Le gritó. La pobre Trizzia casi se pone a llorar, era el peor día de su vida sin duda.
- ¡ No lo se! ¡Yo no se nada! ¡Sueltame! - Pataleaba.
- ¡La han llevado a la mansión! - Una magullada Amy se mostró ante él. Al verla, este se encaró con ella, la empujó hacia detrás. - ¡Escuchame, por favor! - Paró por un momento, pero en su mano tenía la fuerza concentrada para reventarla contra la pared.- ¡La han llevado a la mansión de los McAdams! ¡Está cerca de aquí, deja que te acompañe!
- Ni te atrevas a volver a respirar el mismo oxígeno que ella. - Se giró y se marchó. Mientras Amy tranquilizaba a Trizzia.
Corrió hacia fuera. ¿ La mansión de los McAdams? ¿Qué sabía él? Pero cada vez se sorprendia más de su indudable inteligencia y previsión. Un pajarillo le diría donde estaba. Se escuchó un disparo.
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Pataleé y me retorcí todo lo que pude, si pensaban matarme no iba a ponerlo fácil. ¡Que me hiciesen perder el conocimiento, total, esa noche no podría ir peor! No satisfecha con amargarme desde la muerte de mi padre, o incluso antes, ahora Victoria se dedicaba a crear espectáculos, sagas enteras, en mi honor. No sabía el porqué de todo aquello, por qué tanto anhelo de que permaneciese a su lado. Tantas molestias, comprar a toda esa gente,... Para mantenerme vigilada en todo momento. Cortarme las alas con un simple chasquido de dedos.
Llevaba el pelo tan revuelto por el aire del helicóptero que no veía por donde estábamos volando, no obstante deducí que se trataba de la gran mansión donde vivían. Helipuerto, piscina, gimnasio, tenían de todo. Al aterrizar, me cogieron del pelo y me atizaron hacia fuera, caí de rodillas al suelo, cómo me escocía el contacto con el asfalto. Vi unos pies delante de mi vestidos de charol negro, volvieron a agarrarme del pelo y tiraron de él para que alzase la vista. En efecto Victoria estaba allí. Que detalle, vino a recibirme... A recibirme y a agarrarme del brazo y arrastrarme escaleras abajo hasta su salón, mientras me clavaba las uñas, para acabar lanzándome contra el sofá.
- Muy mal, Prue, muy mal. - la señora paseaba de arriba a abajo de la sala. - ¿Era tan difícil simplemente volver con nosotros?
- ¿Es tan difícil entender que no quiero?
- ¡Es lo mejor para ti! - Gritó furiosa, aunque enseguida recobró la compostura. - Mira lo que has conseguido siendo tan egoísta. No poder confiar en la gente, sola, sin trabajo,... Y creeme que quería hacerlo por las buenas, Ted se ofreció a hacerte feliz, ibas a estar con nosotros para siempre. Nos fallaste abandonándonos de esa manera.
- ¡El me engañó con otras!
- Que importa?! Lo podrías haber tenido todo. - si, la familia McAdams no era famosa por ser modesta o poco materialista... - Suerte que encontré gente dispuesta a espiarte, muy serviciales tus amigos, por cierto. Sobre todo Charlotte, me ha hecho más de un trabajo extra, creo que no te tiene en muy buena estima. Ella fue quien nos contó a cerca de tu "amiguito", Ted os vio... Pero había que confirmarlo. - Río muy alto. No podía dejar de mirarla con odio, todo el que poseía. - todo por tu culpa... No se te debió escapar nada sobre él aquel día. ¿quien sabe? Puede que ya hayan acabado con él.
Debía estar mintiendo, seguro que mentía ¿no? El pulso se me aceleró con solo pensarlo, allí había mucha gente, ¿Y si habían realizado una redada y habían conseguido redimirlo... hasta matarlo? No, no, no. Era un Dios, era imposible. Empecé a retorcerme en el sofá, no podía ser, no. Victoria empezó a reírse, resonaba por todas las paredes y aquello solo provocó que mis lágrimas se desbordasen ¿Y si estaba sola de nuevo? Me sentía tan desolada, que ahora mismo no me hubiese importado que me hubiesen metido un tiro en la frente.
- Has nacido para obedecer, lo siento por ti. - Victoria se encendió un cigarro. - No puedes tener a nadie a tu lado, te lo arrebataremos, pase lo que pase, y no te equivoques, no será nuestra culpa, será tuya por no obedecernos. Igual que ha pasado con tu novio. Lástima, era muy guapo, casi me gustaba para mi y todo.
- Cállate. - Susurré.
- Te casaras con mi hijo, ya está decidido. - expulsó humo. - Serás una McAdams, ¿Era tu sueño no? Que fuésemos iguales, quien sabe, tal vez si me das un nieto en condiciones, te acepte.
- ¡Callate! - dije gritando, esta vez.
Unos mayordomos me cogieron con delicadeza y me llevaron a la que había sido mi habitación durante años. Estaba vacía, sólo quedaba la cama y un viejo escritorio. ¿A caso era un pozo sin fondo de mala suerte? ¿Todo a quien una vez le tuve aprecio... Simplemente desaparecería de mi lado? Primero mamá, luego papá, mis amigas y ahora Loki... Lloré tirada en la cama.
Se escuchó un disparo en las escaleras del hotel, el sicario sabia que había dado contra algo, fuese el blanco o no, por lo que bajo corriendo por las escaleras para comprobar el resultado.
Una figura alta se alzaba en frente de él. Solo le habían pedido que asesinase a aquel muchacho, a él y a los tantos otros que habían en aquella sala. Sin embargo, por algún extraño motivo, estaba resultando ser muy dificil: el muchacho era escurridizo, mucho, no había recibido ni un solo tiro. Ahora estaba allí, altivo, observándole, impoluto. Dio un paso hacía delante y el sicario retrocedió. La mirada de Loki era fría, daba la impresión de que podía congelar a cualquiera que mirase, estaba enfadado, mucho, aunque su rostro parecía sereno. El hombre, sin saber como, empezó a hiperventilar, cuanto más se cruzaban sus miradas, peor se sentía. Le aterrorizaba, le hacía sentir un pánico que hacía tiempo creía muerto.
Loki empezó a avanzar hacia él y una presión invisible se abalanzó sobre su agresor, haciendo que cayese al suelo, horrorizado, sin respiración, como si hubiese dejado de ser adulto. Como si estuviese viendo al mismísimo diablo.
El de los ojos verdes se agachó a su altura, el hombre balbuceaba como un pez ahogándose en una orilla desierta. Acercó su oído a la boca de quien ahora había intercambiado roles con él, quien había pasado de ser asesino a ser víctima, su presa.
- ¿ Qué... eres...? - Preguntó a duras penas con el poco aliento que llenaba su traquea seca. Loki llenó su cuerpo de una sensación de poder que le embriagó por completo, hacía mucho tiempo que no se sentía así. Y extasiado, lleno de orgullo, mientras recordaba su posición, le respondió.
- Soy Dios. - Y cuando la víctima casi saca sus ojos de la órbita que les pertenecía, presa de una sorpresa que no acababa de entender, Loki le atravesó la boca del estomago con su daga, lentamente.
El Dios no era tonto, ni piadoso y mucho menos escrupuloso. Matar era algo que había hecho muchas veces a lo largo de su longeva vida, sin embargo, no acostumbraba a matar en vano. Al culpable de todo aquello se lo haría pagar, y lo haría de la forma más intima y retorcidamente macabra. Pasó la mano por encima del cadaver chorreante y un aura verde apareció en su mano. De pronto, la apariencia del asesinado era la suya, él estaba tirado en el suelo, un buen engaño.
Una llamada resonó en la mansión al cabo de unos minutos, la sirvienta trató de ser eficiente todo y estar herida, cogió la bandeja con el teléfono y fue a buscar a su ama, quien disfrutaba del martini seco de las tres de la madrugada. Al ver a la sirvienta ni se inmutó, ni la miró, cogió el teléfono y, después de una pausa en la que sólo hizo que asentir, colgó. Normalmente se mantendría serena, pero al fin, después de tanta espera, se habían acabado los obstáculos que la separaban del dinero de los Bolton. Empezó a reír a carcajadas e incluso se le cayó alguna lágrima de la emoción, después de enterarse de que el dichoso chico había muerto. Pidió una foto para asegurarse de que se trataba de él y, en efecto, era aquel muchacho moreno de piel pálida. Qué desperdicio...
No pudo más, no envió a nadie a darme el mensaje, de esto se encargaría ella misma. Se giró radiante y salió del salón, con paso firme, incluso dando algún saltito, como si fuese una modelo. Subió las escaleras y abrió mi puerta de par en par, del tirón. Yo la miré sobresaltada, aún con los ojos rojos y sentada en la cama. Su cara daba miedo, mostraba felicidad, pero de una forma tan siniestra que me hizo sobrecogerme. Traté de estar sería porque no quería que me viese llorar de nuevo, aunque me resultó difícil, estaba empezando a temer lo peor.
Me lanzó el móvil encendido a la cama, no me hizo falta cogerlo para ver la imagen que se mostraba en la pantalla. Un rostro más pálido y desaliñado de lo que recordaba, se encontraba abatido, parte de su revuelto pelo le tapaba algo del rostro, pero era él. No respiré, no parpadeé, en ese momento no existía.
- Ahí lo tienes, tu novio, muerto. Esto es lo que has conseguido. - La ansiedad volvía a mí en forma de pequeñas bocanadas de aire, aunque ahora mismo no necesitaba mucho para llenar mis pulmones, casi no podía respirar. Miraba a la nada. Solo sentía un fuego amargo en mi pecho.
- No es mi novio. - Susurré casi impasible, haciendo pausa después de cada palabra que consiguió salir de mi boca. La sensación ardiente seguía en mi interior y parecía no querer apagarse.
Alcé la cabeza, allí estaba, con un fingido cariño, con una sonrisa sádica, pretendiendo mostrarse dulce. La observaba, o eso pretendía, perdía el enfoque tantas veces que incluso pensaba que estaba soñando, ojalá. Ella era real, estaba respirando, estaba quemándome. Metí un puñetazo al colchón y con el mismo impulso, me abalancé sobre ella. Clavé mis uñas en el brazo que interpuso entre nosotras. Estaba sola, ya no tenía a nadie. La única persona que al final realmente había estado ahí, él era el único que me había hecho tener ganas de sonreír. El único hombre por el que había llegado a sentir...
Le mordí dispuesta a arrancarle la piel. Mi interior ardía en llamas de rabia, estaba al rojo vivo, como una forja capaz de crear el arma más mortal y peligrosa: La venganza. Caímos hacia atrás, sobre el pasillo, y varios de los sirvientes corrieron a socorrer a su ama, la cual gritaba y pataleaba al sentir como le atravesaba el brazo con los dientes. Trataron de separarme e hicieron falta tres hombres para redimirme de un tirón. Me cogieron del cabello y me arrojaron a la habitación, cerrando la puerta con llave. Me levanté corriendo tratando de pasar, pero me cerraron la puerta en la cara. Empecé a golpearla y a gritar.
- ¡No me tendrás! - Grité con tanta fuerza que me raspó la garganta. - ¡Mi mente será libre por siempre! - Aporreé la puerta todo lo que pude hasta que mis puños empezaron a dolerme.
Nadie respondía al otro lado, yo seguía ofuscada, cuanto más trataba de respirar y calmarme, más sentía el cansancio. Jadeé y sentí el gusto amargo del hierro en el paladar, escupí y una mancha de sangre se formó en el suelo, sangre que seguramente era de Victoria. Debí apretar mucho más en su pútrida piel y haberme llevado un trozo conmigo. Los puños me palpitaban y las piernas volvieron a pesarme. Me senté en la cama jadeando y metí la cabeza entre las piernas. Volví a llorar. Antes tenía esperanza ¿Pero ahora? ¿Qué me quedaba ahora? Escapar de allí y vivir una nueva vida lejos de aquel infierno era más que tentador y estaba dispuesta a sacrificar mi vida con tal de no estar allí ni un segundo más.
Algo se movió dentro de mi, algo en la espalda, me sobresalté, no era una sensación, algo se estaba moviendo por dentro del vestido que Loki me había regalado. Me retorcí, metiendo los brazos como pude para sacar mi molestia. Al fin agarré algo, ¿un papel arrugado? Saqué el brazo del vestido para descubrir mi hallazgo: El pájaro que encontré aquella mañana en mi balcón, siempre pensé que me lo había enviado Loki, aunque no le había preguntado. ¿Cómo había llegado hasta allí? Lo agarré cuidadosamente, tratando de alisarlo y lo acerqué a mi corazón, como si tratase de abrazarlo. Una lágrima me surcó la cara. "Vuelve conmigo"- pensé. - "No me dejes sola."
Un silencio sepulcral se alzó en la habitación mientras contenía los sollozos, pájaro en mano. Sentí una sensación, como un hormigueo, como si alguien me estuviese haciendo cosquillas. Abrí las palmas y observé lo que contenía: era el pájaro, estaba temblando. Un escalofrío me recorrió la espalda y me levanté de la cama de un salto dejando el papel allí.
De pronto el pájaro dejó de temblar para empezar a moverse, sus alas se agitaron poco a poco, como si hubiese acabado de despertarse y entonces, alzó el vuelo.
Le observé con la boca abierta, como una niña ante un espectáculo de magia. El pájaro se fue a una esquina de la habitación, cercana a la ventana y contraria a mi. La ventana se abrió de par en par dejando entrar un aire congelado que me hizo helar la nariz. Me Asusté por el repentino acto y por reflejo empecé a mirar a todas partes. Seguía sola en la habitación... ¿No?
- ¿y esa cara? - sonó una voz, bastante cercana.
Me giré. Allá donde una vez estuvo el pajaro, en la esquina contraria a mi, se alzaba una sombra oscura, justo como cuando nos conocimos: observándome desde una esquina, con ese aire de siniestra superioridad, con esa armadura negra, verde y dorada : Allí estaba Loki, el Dios de los Engaños.
Al principio pensé que era mi subconsciente jugándome una mala pasada, pero avanzó hasta plantarse delante de mi. Me miraba como si hubiese estado comprendiendo mi dolor. Me acarició la mejilla izquierda, sintiéndola empapada por mi llanto y viendo como nuevamente, mis ojos hinchados volvían a derramarse. Deslizó suavemente su mano desde la mejilla hasta mi nuca, enredando sus dedos con mi pelo, y entonces empujó mi cabeza contra su pecho.
No sabía porque había tenido ese acto reflejo, se sentía algo contrariado, pero no quería verme así y mucho menos si mis lágrimas eran por él.
- Pensaba que habias muerto. - dije aclarándome la voz. Me separé de él y me sequé los ojos lo más rápido que pude para que no me viese hecha un desastre.
- De eso se trataba. - Sonrió chulesco. - para engañar a tus enemigos hay que engañar a tus amigos.- Le miré indignada.
- ¡Serás idiota!- grité. Pero él posó un dedo sobre mis labios para evitar que armase jaleo. - Te odio. ¿Sabes como lo he pasado de mal? - dije indignada. - Creía que me habias dejado sola... - empecé a sonrojarme por mis palabras. - Creía que no te iba a volver a ver.
Me agarró fuertemente de los hombros y se acercó a mi. Su mirada era intensa y algo grave, sus ojos verdes resaltaban con la poca iluminación que llegaba de la calle. Podía intuir como me miraba fijamente, de mis ojos a mis labios, de mis labios a mis ojos. Se acercó más y yo me aferré a su ropa. Sentí su frente sobré la mía y mi corazón se aceleró tanto que parecía que iba a salir y a irse volando con él. Nuestras narices se rozaron, cerré los ojos instintivamente a medida que sentía su aliento acercarse a mis labios. Frenó en seco.
- Te dije que sería tu acompañante esta noche. - susurró. Mis labios se secaron esperando a los suyos. Nunca llegaron. - Vamos.
Abrí los ojos, otra vez me había hecho suspirar como a una idiota y otra vez no había llegado a ningún puerto. Entendí que no era el momento, o eso quería pensar. Me esperaba en el marco de la puerta, con esta abierta. Mi libertad se abría paso ante mi, aunque la mirada de Loki me hizo entender que no nos iríamos de aquí con las manos vacías.
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Victoria se había encerrado en su habitación. Aún le escocía y le sangraba mi mordisco, me maldijo tanto como pudo y de su boca salieron sapos y salamandras. Ella tenía claro que todo esto podía hacerse de tres formas: por las buenas, por las malas y por las muy malas. Si tenía que coger su pistola para meterme un tiro entre ceja y ceja lo haría, total, nadie sabía quien era yo y ella tenía el suficiente dinero como para hacer pensar a toda América que me había suicidado. Aquel dinero sería suyo.
Abrió el cajón de su escritorio y abrió un libro: allí estaba su pistola glock, negra y mate. La agarró con firmeza, no era la primera vez que lo hacía, cogió el cargador y lo llenó de balas por si se me ocurría huir. Sonrió ¿huir a donde? Si estaba atrapada y destrozada después de la "terrible noticia", seguro que aceptaría la muerte de buen grado.
Cargó la pistola haciendo que sonase un ruido sordo y se dispuso a salir de su habitación, y aunque esa era su intención, los acontecimientos se precipitaron de otra forma puesto a que cuando abrió la puerta, una oleada invisible la llevó hasta el otro lado de la habitación como si hubiese explotado una bomba.
Se estampó sobre la pared por la onda y se le cayó un cuadro encima, un cuadro muy caro, aunque no le dio mucha importancia cuando lo reventó contra el suelo de la rabia. Al mirar a la puerta fue cuando empezó a palidecer y a sudar frío, como si hubiese visto a un muerto recién llegado del infierno y dispuesto a llevársela con él. En gran parte, no se equivocaba. Loki estaba ante ella y detrás, yo observaba seria la situación.
- No puede ser. - Escupió Victoria con desprecio y un cabello alborotado. - ¡Deberías estar muerto! - rugió. Apretó la empuñadura de la pistola.
La levantó rápidamente y a Loki le pareció una vieja torpe. Trató de apuntar y disparó. El sonido de la pistola rebotó por las paredes, pero ningún impacto se escuchó. De hecho la bala estaba suspendida en el aire, como si el tiempo y el espacio ya no existieran para ella. Victoria se horrorizó creyéndose en una pesadilla y disparó tres veces más, pero sucedió lo mismo ¿Qué clase de broma pesada era esta? Se levantó del suelo y trató de acercarse a nosotros para dispararnos más de cerca, pero Loki no se lo permitió. Antes de que se diese cuenta, el estaba sujetándole el cuello con fuerza. No la oprimía ni la asfixiaba, pero no podía moverse por mucho que forcejeó.
- ¿Esto es tuyo? - me preguntó Loki, sonriente, descubriendo bajo la manga de Victoria un bocado infectado y todavía latente. Yo simplemente asentí algo avergonzada y me pasé la mano por la boca por si había algo de sangre. - Es poco en comparación a lo que se merece. - El Dios sacó una daga de la nada y empezó a acariciarle el cuello con ella.
- ¡No, por favor! -Gimoteó. - Os daré lo que queráis, pero soltarme, no hay necesidad de llegar tan lejos.
- ¿No, verdad? - Se burló él. - ¿Qué necesidad hay de llegar tan lejos, verdad? ¿De qué serviría...? No sé, por ejemplo: montar una fiesta falsa para acorralarla a ella o, también comprar a gente para que fuese su amigo y de paso te mantuviesen informada... Eso debería preguntar yo ¿Qué necesidad de llegar tan lejos? ¿Tanto querías que Prue estuviese a tu lado? - Loki apretó un poco más la daga en ella. - Contesta, humana.
- ¿Hu...humana? - repitió sin entender, aunque no había mucho que entender, de hecho estaba siendo obvio para ella que el hombre que la amenazaba no era normal. - ¿Qué eres? - Bajo mi sorpresa Loki le metió un puñetazo en la boca a Victoria, le partió el labio.
- He dicho que contestes.
Yo observaba la escena desde la otra punta de la habitación. Si bien en cualquier otro momento me hubiese opuesto a todo aquel espectáculo, ciertamente en ese momento lo disfruté. Se lo merecía después de todos aquellos años. Loki por otra parte estaba mostrándose realmente frío y duro con la causante de mi sufrimiento.
- Sí.- Respondió al fin Victoria, con la boca ensangrentada. - Debe estar a mi lado y al lado de Ted. Es su único propósito, para eso nació. - Loki sintió ganas de volver a pegarle, pero se reprimió.
- Dudo mucho que ella este de acuerdo. - ladró el Dios, después de mirarme de reojo. Apretó más el agarre del cuello de la mujer y la aventó encima de una silla. - ¡Sientate! - gritó. Le obedeció al acto, aunque algo torpe. - Vamos a jugar a un juego, uno donde sólo vas a jugar tú. Vas a contarnos por qué intentas retener a Prue aquí ¿Piensas que soy idiota y que voy a creerme todas esas patrañas sobre estar a tu lado?
- ¿y si no quiero?- respondió tragando fuerte. Estaba aterrada, pero se sentiría peor consigo misma si lo mostrase.
- Entonces me encargaré personalmente de que tu patético hijo no encuentre tu cadáver. - A Victoria se le heló la sangre y yo casi me llevo la mano a la boca ante la brutalidad del comentario. No podía creer que todo aquello estuviese sucediendo.
- E..está bien. - Sollozó.- Su madre y yo siempre habíamos sido muy buenas amigas...
"Ella y yo nos habíamos conocido de pequeñas debido a que vivíamos en el mismo vecindario. Crecimos juntas, fuimos juntas a la universidad y cuando por fin me casé con quien mi padre consideró apropiado para mi, me mudé a Nueva York. Siempre he sido ese tipo de persona, mis padres tenían mucha preocupación por temas como el estatus, nunca me dejaron relacionarme con gente de clase media, y a mi tampoco es que me interesase demasiado.
Sin embargo, su madre (BUSCAR) nunca fue así, todo y que sus padres se lo prohibían ella salía a jugar con los demás niños del pueblo, salía a ensuciarse y le daba igual. Ni si quiera los azotes del señor Bolton la hacían cambiar de parecer. Ni si quiera cuando se negó a seguir el negocio familiar, cuando su padre le advirtió de que se quedaría sin herencia. Claro que ella era hija única, a los Bolton les costó mucho tenerla, como para desheredar a su única hija... Sólo la vergüenza que eso supondría en una familia tan famosa, fue capaz de hacer recapacitar a los Bolton.
Ella sabía que yo estaba trabajando en Nueva York a si que decidió venir. Podría haberse comprado el piso que quisiera, pero decidió vivir de alquiler. No le gustaban los lujos a la muy tonta..."
- Deja de parlotear. - Ladró Loki.- ¿A caso tratas de atrasar tu muerte? - Victoria sintió el cuchillo rasgando su garganta y como el filo penetraba levemente en ella. Escocía.
- ¡No! - Gimió. - Por... Por favor .
- más te vale que no nos hagas perder el tiempo. - El dios agarró con una mano la cabeza de la mujer manteniéndola rígida en mi dirección, obligándola a mirarme. Yo seguía impasible, como si todo aquello no fuese conmigo.
- A lo que quería llegar era.. - Siguió -...
"Tu madre, Prue, era una ilusa. Vino a verme a Nueva York con una mano delante y la otra detrás porque quería ganar su propio dinero. La tuvieron trabajando como una simple secretaria hasta que la ascendieron a editora en una editorial mugrosa en la que solo publicaban poesías de vagabundos sin futuro. Bien es verdad que tu padre no llegaba a tal grado.
Thomas era un mediocre, un pobre muchacho aburrido y parsimonioso de un pueblo cercano a Phoenix. Un iluso más, pero este de familia granjera. ¡Granjeros! Que desfachatez. ¡Una Bolton con un granjero!
Thomas escribía, ya podéis imaginar qué pasó. Escribía, ganó un concurso y justo la editorial de tu madre se interesó en él, por lo que la enviaron a tutorizarle. ¡Fue como si ganara la lotería! - soltó una risotada. Yo fruncí el ceño. - Se casaron y ascendieron a tu madre a editora jefe y tuvieron que mudarse a Nueva York ¡Y un dia me llama y me dice que está embarazada! ¡De ti! ¡Una aberración para los Bolton, su hija procreando con un granjero!- De repente victoria se puso sería. Ya no parecía tan asustada, su mirada era grave. - poco después de eso le diagnosticaron cáncer en los huesos. Hubiese podido salvarse, si. Sus padres tenían el suficiente dinero como para pagar absolutamente cualquier tratamiento. Sin embargo, todo esto era con una condición: abortar. Fue el único requisito que le pidieron ".
Se me heló la sangre. ¿Queria decir que o me tenía a mi y moría o aceptaba la proposición de sus padres y me dejaba atrás? Un mal estar me lleno por completo. Dio su vida... ¿Por mi?
-¿ ese es el motivo por el cual no puedes dejar que prue se vaya?- pregunto Loki, me quitó la frase de la boca.- ¿el hecho de aferrarte a la voluntad de su madre por que ella viva?
-¿ que? - río.- ¡claro que no!
-¿Entonces? - dije furiosa- ¿que quieres de mi?
- de ti nada, querida. - Loki volvió a hacer presión en su cuello pero edra vez no se asustó, si no que volvió a reír. - tu madre fue una real estúpida al tenerte, pero no creo que se sacrificase porque ella no quería vivir, ni por el hecho de tener una hija que dejar a tu padre, no. Ella murió porque sus padres le hicieron esa propuesta. Siempre obsesionada con ser libre... Debe ser hereditario, tu eres igual. - me miró fijamente. - tu madre quiso morir por el hecho de huir, porque no quiso dejarse atrapar por sus padres. Quiso la libertad de elegir como morir.
La libertad de elegir como morir... Conocía ese sentimiento. Momentos antes lo hubiese llegado a considerar... Morir por no querer una vida de opresión, sin embargo yo tengo salida. No soy mi madre.
Me afectó la historia, es fuerte al punto que llegaron mis abuelos, sin embargo toda esa historia no respondía a la pregunta de Loki. Traté de mirarla lo más impasible que pude, pero el odio afloraba inevitablemente.
- Responde de una buena vez ¿por qué tratas de retenerme? - Loki me observó, yo temblaba.
- ¿No es obvio? - sonrió. - pensaba que eras más inteligente: Tus abuelos sólo tuvieron una hija. Y a su vez, su hija sólo tuvo una hija.
- herencia. - susurró Loki lo suficiente alto como para que yo lo escuchase. Claro, ahora todo tenía más sentido.
- ¡bingo! - gritó. - tus abuelos, al morir, te lo legaron todo a ti, sin embargo con unas pequeñas condiciones. - se quedó mirándome por un instante.
- ¿querían que nuestras familias se uniesen? - pregunté y ella sonrió de nuevo.
- muy bien, esa fue una.
- ¿Y la otra? - Me estaba empezando a impacientar tanta cháchara. Inesperadamente empezó a reír a carcajadas como si no hubiese mañana, cada vez que hacia eso, a mi me hervía más la sangre. Se paró y me miró a los ojos, fría, sádica, calculadora... Y entonces como si de un fantasma se tratase, algo apareció ante mi, una idea sobre qué era la otra condición, aunque yo me negué a pensar que pudiese ser cierta.
Muchas imágenes empezaron a pasar por mi mente, muchos recuerdos, muchas palabras. No quería, no podía ser que no se hubiese dado cuenta. Me quedé totalmente pálida y mi visión se empezó a emborronar. No podía ser verdad...
- ¿prue? - preguntó Loki.- Prue ¿que sucede?
- Mi... - empecé a hablar pero no quería continuar, continuar significaba aceptar los hechos y, en ese instante, resultaba imposible.
- Veo que lo has captado... - siguió la señora. - Fue un trabajo duro, si te sirve de consuelo, ya sabes... Encontrar la oportunidad, el dinero de los sicarios, contratarlos, luego todo el papeleo... Un auténtico aburrimiento creeme...
Antes de que Loki pudiese siquiera percatarse de mis intenciones, yo ya estaba encima de Victoria. La silla se volcó hacia atrás quedando yo sobre ella y ella tendida en el suelo. No recuerdo como llegué hasta allí, sólo recuerdo el acogedor dolor en los nudillos, las subidas y bajadas de mi brazo, los impactos, la sangre de Victoria manchando el suelo.
No se a donde habían ido a parar sus dientes, ahora su boca sólo era un hoyo inchado y rojo. Ella trataba de zafarse de mi, me agarraba del pelo y me estiraba hacia arriba. Me metió un codazo en las costillas consiguiendo que cayese a su lado de dolor, entonces ella se levantó hacia su escritorio y de allí sacó un abrecartas. Al ver esto Loki se interpuso entre nosotras, pero le aparté con algo de desdén y corrí hacia ella, no obstante esta vez fue ella quien me derribó. Su sangre caía a mi cara, era pegajosa y negra. Cada vez le salía más al esforzarse por encontrar una apertura en la que clavarme el abrecartas, sin embargo, empezó a apuntarme a la cara, quería clavar eso en mi ojo. La agarré como pude, conteniéndola, pero entonces me resbalé con la sangre que había en el suelo y no pude evitar que me abriese una brecha sobre la sien izquierda. Al levantarse, su arma cayó al suelo, fue cuando me abalancé a cogerla y al girarme para atacarla, ella ya estaba allí.
No esperaba aquella sensación, cortar carne humana es muy complicado, es muy duro. Sentir como Victoria se lanzaba sobre mi y sentir el peso en el cuchillo, ver como caía, sentir como se le clavaba en el estómago. Me escupió en la cara debido a la hemorragia, su mirada seguía demente, aunque pronto se apaciguó y cayó al suelo. Como si todo aquello no hubiese pasado.
Me temblaban las piernas. Dejé clavada el arma en el cuerpo. No entendía como había podido hacer aquello, pero después de saber la verdad, todo aquello era poco en comparación con lo que se merecía.
Lógicamente no es como si yo hubiese matado a muchas personas en mi vida. Me aparté no muy consciente de lo que había hecho hasta que me vi las manos empapadas de sangre caliente. Al retroceder me topé con Loki y me asusté, él también lo parecía, tenía una mirada algo incrédula y sorprendida. ¿Había conseguido alterar a un Dios? Si, había matado ¿Pero no en vano, verdad? Tenía motivos ¿no? Había asesinado a mi padre...
Sentí una mano en mi hombro echándome de nuevo aquella capa negra que creía haber perdido en la fiesta. Me apretó y mi rostro se quedó hundido en su pecho. Él había presenciado una escena desagradablemente... deliciosa ¡ E inesperada! Era interesante, mucho. Aunque era una midgardiana torpe y sin gracia, había sabido defenderme. No podía hacerme la idea de cuanto le había divertido, sin embargo no podía detener sus sentimientos, estaba pasándose de la ralla últimamente y eso estaba empezando a fastidiarle, había caído en su propio juego. - "no por favor. - Pensó. - Yo también, no." Con un príncipe de Asgard interesado por una midgardiana, era más que suficiente.
- Vamos. - Musitó, y yo asentí.
Salimos de la habitación dispuestos a dejarlo todo allí ¿Qué diría si venia la policía? He asesinado a alguien... si lo descubren, que lo harán, no tengo escapatoria... Que idiota me sentí, luchando por libertad para acabar encerrada en la cárcel. No tenía a donde ir. Loki aferró más su agarre, haciendo que levantase la cabeza. Lo que faltaba.
- ¿¡Qué cojones ha pasado aquí?! - Bramó Ted desde la puerta de entrada, en el piso de abajo. No era de extreañar, cuerpos dde criados desmayados y yo aferrandome a Loki, sin duda debió ser una visión impactante para él. Aunque no se muy bien que le enfadó más. - ¿Qué hace este aqui? - Volvió a chillar andando hacia nosotros con los puños cerrados.- ¿Donde está mi madre? - al ver que ninguno respondía, subió la escalera corriendo y al plantarse delante de nosotros siguió: - ¡Contestad!
Se avalanzó contra Loki tratando de golpear su mandivula, sin embargo, por acto reflejo, me interpuse en su camino, pero me empujó con fuerza antes de que pudiese detenerlo, estrellándome contra una pared. Loki esquivó el siguiente golpe y detuvo el puño de Ted en el siguiente, parandolo en seco. Ted empezó a hiperventilar, no podia quitarse de encima el agarre de Loki, y además hacía rato que sentía un quemazón en la zona donde estaba apretándole. ¿Quien diablos era él? Gritó al ver el brazo de el Dios pasar a un color azul intenso. Fue entonces cuando Loki arrastró a Ted hasta la pared más cercana y dejó pegado el brazo de este allí. No podía moverlo ni un momento y cuando lo hacía, sentía que la piel se despegaba de sus carnes. Además, al principio no se había dado cuenta, pero una especie de escarcha empezó a formarse por lo que su brazo acabó por ser totalmente inmovilizado.
Loki se apartó y acto seguido se tapó los brazos, volvía a ser vergonzosamente azul. No era la primera vez que lo veía así, pero si la primera vez que pude afirmar que estaba viendo a un Jotun. Pensar en que acababa de congelar el brazo de Ted con tan solo un simple toque... sin duda hacía que me sintiese en el más loco de los cuentos de hadas.
- ¿Qué es esto? - Ted estaba pálido. - ¡Eres un monstruo!
- ¿Te parezce esto monstruoso? - Preguntó con la voz tan gélida como sus manos. Entonces fue como si rompiese las cadenas.
El azul que en un principio solo se mostraba en sus brazos, poco a poco fue estendiéndose por todo su cuerpo y su piel empezó a cubrirse de símbolos extraños. Lo verdaderamente terrorífico fue observar como sus altaneros y distantes ojos verdes se volvian completamente rojos y sedientos, como dos brillantes gotas de sangre. Tan brillante como la que ahora estaria brotando de la herida de victoria.
Desprendía tal frío que el suelo se escarchaba a través de sus zapatos, tal y como aquella vez en mi habitación, sin embargo esta vez toda la escalera, las paredes cercanas y el techo, quedaron cubiertas. Incluso su aliento desprendia una nuve blanquecina.
-¿ Y ahora? - Preguntó con sorna.- ¿Ahora lo soy más, no? - Empezó a avanzar y Ted empezó a gritar.
