Muy buenas! Aquí otro capítulo del fic, de ahora en adelante, voy a intentar actualizar cada semana, si no cada viernes, cada domingo. Trataré de escribir tanto como pueda para hacer capitulos largos, sin embargo prefiero actualizar semanalmente, por vosotros, que recrearme en hacer un capitulo lo suficientemente largo.
Este capitulo es... MUY INTENSO, recomiendo que se lea relajadamente y sé que hay información de las películas de Marvel que todo el mundo sabe, pero he intentado que Loki muestre su lado más vulnerable, espero que os guste y tener reviews con vuestra opinión. También comentar que, como habéis podido ver, he cambiado la ilustración de la portada, está hecha por mí y podréis encontrar más en mi instagram: akanelogics. Trataré hacer más para que cada semana podáis disfrutar de una nueva ilustración de Poorly Complaint.
Loki y parte de la información que aparece en este capítulo está creada por Stan Lee y los derechos le pertenecen tanto a él como a Marvel.
Oscuridad, muchos hechos de esta historia se han llevado a cabo a partir de aquí, pero ahora mismo, más que nunca, así veía mi interior a estas alturas. No se donde estoy y no veo por donde piso, voy andando, como si supiese el camino correcto, pero ese sendero me lleva de nuevo hasta la habitación de Victoria McAdams, mi carcelera. Mis manos manchadas de sangre, yo comiendo su corazón, desesperada. Loki detrás de mi, observando como se resbalaba la sangre de mi victima por mi garganta. Sonríe y me limpia, es tan agradable que le abrazo. Sin embargo, me invade una sensación extraña, ya que de repente estábamos en la cima de la Torre Stark, en Nueva York. Sentía mi vientre caliente, y al separarme de él, vi como me clavaba un puñal. Me dio una patada y salí por los aires, cayendo a un vacío infinito de luces verdes y gritos.
Me alcé gritando, el pecho me subía y bajaba alterado. Tenía la frente y la espalda empapadas de sudor, como si hubiese pasado la noche con fiebre. Alargué mi brazo a la derecha para coger un pañuelo de mi mesita de noche, pero me sorprendí dándome con una pared. Que extraño. Me levanté ¿Una pared? ¿Es que no estaba en mi casa? Busqué el interruptor de la luz, pero no había nada. ¿Donde estaba? Traté de recordar la noche anterior, pero me dolía demasiado la cabeza. Miré a mi alrededor, estaba casi a oscuras, pero podía ver que era una estancia pequeña. Al poner los pies en el suelo sentí frío, el suelo parecía de piedra pulida. Me costó algo ponerme en pie, estaba mareada.
Me alisé un poco la ropa, todavía llevaba el vestido que me había regalado Loki. Lástima que hubiese tenido que mancharse de sangre. Al avanzar un poco tropecé con mis zapatos y casi me caigo, de no ser porque me apoyé en una cómoda que había delante de mi. Al caer, accioné algo con la palma de la mano, algo que parecía un mando a distancia o un interruptor. De repente, empezó a surgir una luz de mi izquierda que me obligó a taparme los ojos. Poco a poco pude abrirlos y acostumbrarme a la luz azulada que entraba del exterior.
En efecto, era una estancia pequeña, de un color veis casi amarronecido por el paso del tiempo, de un material que parecía piedra. La ventana era una especie de rosetón, una ventana redonda con un borde de metal, el cual al parecer, yo me había encargado de retirar al accionar el botón. La cama era de hierro negro y tenia un colchón y unas almohadas súper mollidas y enormes. Había poco más, un sillón rojo y un tocador con un par de cajones y un espejo. Me miré en él, iba hecha un desastre con todo el pelo desecho y un par de ojeras surcaban mis ojos de tal modo que casi me asemejaba a un mapache.
Ahora que me fijaba... Había algo raro en mi, llevaba algo extraño en el cuello. Una cinta negra atada con un aplique de metal. Me asusté un poco al darme cuenta de que lo llevaba conectado al cuello con unos cables enchufados con unas pegatinas blancas. Que raro... ¿Qué sería? Me puse a juguetear con él mientras paseaba arriba y abajo por la habitación ¿Me lo habría puesto Loki? ¿donde estaría? ¿Y donde estaba yo? Me asomé por la ventana y solo pude apartarme de inmediato al encontrar todo aquello, la unica explicación razonable era estar soñando. Me pellizqué, pero nada, era real.
Un montón de casas apiladas se erguían frente a mi ventana. Todas chapadas con metal, austeras y bruscas, llenas de ventanas y pasillos colgantes que conectaban bloque con bloque. Al asomarme hacia abajo, vi que estaba súper alto. Miles de naves voladoras iban de allá para acá, como si me encontrase en el hangar de la mismísima Estrella de la Muerte. Me aparté incrédula ¿como reaccionaríais a algo así? ¡ Como poco pensaba que me había vuelto loca. Volví a tocarme el cuello, nerviosa, ese extraño collar... y se escuchó un clac.
Fue entonces cuando di mi última bocanada de aire, no podía aspirar más, era como si mi tráquea se hubiese cerrado y no dejase pasar ni la más mínima molecula de oxigeno a mis pulmones. Me estaba ahogando, me apreté el cuello, no podía respirar, era como estar envasada al vacío.
Acerté a poder sentarme en la cama, no era que no pudiese respirar, ni que pudiese mantener la respiración, no. Me sentía como si estuviesen cogiendo el oxígeno que había dentro de mí sí me lo sacasen con una jeringuilla. Se me estaba empezando a nublar la vista, me tumbé en la cama. Alguien abrió la puerta de la habitación, no me enteré demasiado bien de quién era o de qué estaba pasando, parecía que me estaba muriendo.
Corrió a mi lado y sentí su mano toqueteando mi cara, su cabeza apoyada en mi pecho, sentí su mano acariciando mi cuello y algo se accionó. Un corriente de aire volvió a llenar de nuevo mi boca y mis pulmones, solté un pequeño grito de aspiración y empecé a toser. Todavía seguía en shock, cuando vi que quien me había ayudado era Loki, quien me miraba con una expresión de disgusto, mientras negaba con la cabeza.
-¿ se puede saber a qué narices estás jugando, midgardiana? ¿Es que quieres morir?- espero mi respuesta, pero yo seguía agitándome y disfrutando de una merecida inyección de oxígeno. A Loki se le acabó el enfado al verme allí tumbada, indefensa, al contrario de lo que yo le había mostrado de mí. Las ganas de acariciarme el pelo le dolían y le quemaban en las manos, pero no lo hizo. - será mejor que no vuelvas a tocar ese transformador.
Tras haber recuperado algo del aliento, me incorpore con la ayuda de Loki. Suspiré y le mire, volvía a estar demasiado cerca.
-¿ que me ha pasado? ¿ qué es esta cosa? - pregunte, algo ver a ser consciente de que ya no estaba en casa, mi interrogatorio continuó. - ¿donde estamos? - Loki parecía estresado y nervioso.
- pues...- y miró entrecerrando los ojos.- tenemos que hablar... - capto mi atención.- verás, bueno, te habrás dado cuenta de que no estamos en Midgard.
- Sí, em... Este tipo de paisaje no es muy común en la tierra.- Se me iluminó el rostro ¡No podía creerlo! - ¡¿Estamos en Asgard?! - grité ilusionadísima.
- ¡No!. - Negó, sin entender, e incluso algo indignado.- ¿Recuerdas algo de lo que te sucedió anoche?
- no, bueno, lo último que recuerdo es estar buscando la salida en la casa de los McAdams.
- me vi obligado a sacarnos de allí.- Me miro, yo esperaba que continuase su historia, pero se quedo callado y desvió la mirada.
- ¿ qué sucede?- le pregunté preocupada ya que comportarse así no era algo típico de él .
- Tuve que traerte hasta aquí. No estamos en la Tierra, ni en Asgard, estamos mucho más lejos.
-...- Tragué saliva. - ¿Qué quieres decir? - Pregunté, pero él no soltaba prenda.
Me acerqué un poco más y recurriendo a la poca fuerza de voluntad que me quedaba, y a riesgo de perderla por completo, puse mis manos sobre las suyas. Me miró reacio y sobresaltado, vi en su mirada que quería huir, sus ojos gritaban auxilio, pero sus mejillas completamente coloradas, parecían complacidas.
- Loki, se que aun te cuesta ceder ante tu orgullo, pero te he involucrado en mis problemas hasta el punto de tener que huir del planeta. Si yo ahora no pudiese ayudarte a ti, me sentiría una persona horrible. - Sonreí. - A si que si hay algo que te preocupa, cuéntamelo, por favor.
El Dios de las Mentiras buscó una escusa, una salida de emergencia, pero no encontró nada. ¿Debería hacerme caso y contármelo todo? Seguía teniendo miedo de que saliese corriendo, de que después de llevarme hasta allí, de preocuparse por mí y de haberse sentido tan condenadamente igual a mi: le rechazase ahora. Bajó la mirada y vio que mis manos seguían ahí, fue entonces cuando él cogió las mias. Sentí que volvía a ser distante, altivo y frío, pero sus ojos brillaban con una fuerza extraña.
- Hay... hay muchas cosas que debería contarte, midgardiana. Tantas que no se por donde empezar... - Suspiró. - No se si debería involucrarte, lo tenía muy claro hace unos días, pero ahora, yo no... - Le corté.
- ¿Por qué no empiezas por el principio? - Le pregunté mirándole a los ojos. - Hay muchas cosas que no se de ti, muchas cosas que necesito saber. - Su rostro parecía triste, pero se endulzó cuando le sonreí.
- Soy Loki, encantado de conocerte Prue Halley. - Me estrechó la mano y la sacudió como si fuese la primera vez que me veía. - Al igual que tú, siempre he vivido a la sombra de alguien; en tu caso la sombra de los McAdams, yo en cambio, vivía eclipsado por la sombra de mi hermano.
"Thor siempre fue mejor que yo en todo, bueno, en todo no, pero si en todo lo que le importaba a nuestro padre: Odín, Rey de Asgard y protector de los Nueve Mundos. Siempre había sido fuerte, rápido y brutal, un guerrero ejemplar, el orgullo de Asgard. Sin embargo, yo siempre he sido un superviviente, seguramente teníamos habilidades muy similares, no obstante yo no soy así, no soy tan destructivo. Yo me regocijo entre las sombras, me gustan los trucos, las trampas, no ensuciarme las manos.
Realmente me hubiese sentido como un inútil si mi madre no hubiese estado ahí, puesto que no se me daba tan bien la pelea como a mi hermano, fue la encargada de enseñarme mi arma más preciada hoy en dia: la magia y su don de lucha con espadas.
Hace un año aproximadamente, la mayor de mis pesadillas iba a hacerse realidad, iban a coronar a Thor. Era una locura, ese estúpido era un insolente, un creído, buscaba guerras por placer... No es que a mi se me antojase de pronto ser rey, si no que toda mi vida me habían educado para ello, y sin embargo tuve que soportar ver como al final vale más la fuerza que la maña, como por mucho que me esforzase, mi destino iba a ser el de segundón para toda la vida ya que nunca cubriría las expectativas de mi padre."
-¿Sabes qué hice? - Preguntó. Negué con la cabeza. - Le... traicioné. - Sonrió de una forma macabra. - Saboteé su coronación. Él no estaba preparado para ser el rey de Asgard, era un maldito crío ¡Maldita sea! Tenía que hacer algo, por el bien de Asgard.
"Para ello contacte con ciertos.. Jotuns, como ya sabes, los eternos enemigos de los Asgardianos, aunque realmente ni si quiera ellos eran conscientes de que los estaba manipulando. Yo simplemente dejé abiertos y bien señalizados algunos túneles secretos que traspasaban las murallas de Asgard. Ellos aprovecharon para ir a por el Cofre de los Antiguos Inviernos, reliquia que había saqueado Odín cuando les venció en la guerra, sin embargo fue en vano, ya que Odín, que lo sabe todo, paró la ceremonia y desató al Destructor, un arma humanizada encargada de proteger el interior del castillo.
Thor montó en cólera cuando Odín decidió no tomar cartas en el asunto, al ver esto, el Padre de Todos decidió postponer su coronación al considerar que tal vez su hijo no estaba preparado del todo.
Después de todo eso, lo encontré en la sala del banquete bastante enfadado, traté de "animarlo" ya sabes - rió. - le persuadí a tomar represalias contra los Jotuns "sin darme cuenta". Ya sabes, yo solo trataba de defenderle, en ningún momento le incité.
Habló con los tres guerreros: Volstag, Fandral y Hogun, y con la diosa de la guerra Syf, para convencerles de que había que hacer algo en contra de los Jotuns, ya que no podían dejar que nos invadiesen. Por lo que decidieron escapar a Jotunheim, y yo le seguí, como buen hermano.
Salir a escondidas de Asgard es muy difícil, sobre todo con el vigía Heimdall observándote día y noche."
Estaba tan embelesada con su palabrería, que se me formó una sonrisa bobalicona en la cara, traté de borrarla sacudiendo la cabeza cuando me di cuenta de que él me estaba sonriendo con altanería. Me recoloqué en la cama y carraspeé.
- Ese Heimdall... lo has nombrado muchas veces... - Traté de sonar normal, lejos de lo muy extremadamente emocionada que estaba de que él me contase su historia.
- Si. - Siguió. - Heimdall es el guardián del Bifrost, el puente que conecta a Asgard con tu mundo, a si como a cualquier otro lugar que se desee. Él es el encargado de abrir y cerrar ese puente bajo las ordenes de Odín... o de Thor.
- ¿Odín o Thor?... Pero tu también eres príncipe de Asgard ¿no?
- Si, sin embargo, algo me dice que no soy muy de su agrado...
"Cuando nos dirigimos hacia el Bifrost para ir a Jotunheim, Heimdall se encontraba a mitad del puente, observándonos. Es un ser bastante intimidante, enorme, fornido, con la piel de color del ébano, una armadura dorada con cuernos de toro y unos ojos en los que se refleja la galaxia entera. Traté de acercarme a él amigablemente, trataba de convencerlo para que nos dejase pasar, pero me paró en seco, nunca se ha fiado de mi, por lo que Thor tuvo que intervenir. Heimdall le rebeló que aunque no debía dejarnos pasar ya que Odín no lo aprobaría, no había sido capaz de ver a dos simples Jotuns. Era una terrible desgracia para él y su orgullo. Una terrible desgracia ya que solo un mago lo suficientemente poderoso y experimentado es capaz de pasar desapercibido a la mirada del eterno vigía, claro que de eso él no tenía ni idea. Como era un fallo terrible por su parte, nos dejó pasar, con la condición de que descubriésemos al culpable.
En Jotunheim nos dieron la "cálida" bienvenida varios Jotuns, hasta que empezaron a alzarse más y más a medida que avanzábamos hacía el trono de su rey, Laufey, sentado en su gran trono de piedra helada. Ya puedes imaginarte qué pasó. Odín en su juventud había llevado a su pueblo a la miseria y ahora su hijo Thor había ido hasta allí ¿Para qué? Thor les pidió explicaciones sobre lo ocurrido, dándoselas de prepotente, a lo que Laufey sugirió que tal vez, y solo tal vez, tenían un traidor en Asgard.
Fue fácil, dos o tres preocupaciones más y Thor desató la batalla. Fue ahí cuando intuí quien era yo realmente."
- Nunca debes dejar que un Jotun te toque o automáticamente morirás congelado, es ley en Asgard. Sin embargo, yo estaba luchando y en una distracción uno de ellos me agarró el brazo, fue impresionante y aterrador, mi armadura cayó en pedazos por la parte donde había sido tocado, no obstante, al llegar a la piel, esta empezó a volverse azul... - Se detuvo. - Cada vez que lo pienso... - El Dios apretó el brazo que aquella criatura le agarró. - Ese estúpido monstruo...
"Fue una batalla fatídica, sin embargo yo ya había tomado varias precauciones antes de partir. Avisé a los guardias para que comunicasen el plan de Thor a Odín, fue por esto que cuando las cosas empezaron a empeorar y nos vimos acorralados, Odín descendió desde el cielo con el Bifrost, evitando la guerra entre Jotun y Asgard que su hijo casi inicia.
Al volver, Odín retumbó por todo Asgard, culpó a Thor de todo lo sucedido y por desgracia... lo desterró."
- Si, se te ve terriblemente afectado por ello. - Comenté con sarcasmo.
- Estaba muy afectado, pero no por eso.
"Cuando volví, no pude evitar usmear en la habitación donde habían entrado los Jotuns: La Bóveda de los Trofeos de Odín, una sala donde el Padre de Todos guardaba todos los objetos de valor de Asgard, ya fuesen obsequiados o saqueados. Nunca solíamos entrar allí sin su supervisión, sin embargo, lo hice. Al final de un eterno pasillo de baratijas y armas milenarias, se encontraba el Cofre de los Antiguos Inviernos. Me llamaba, sentía como su fuerza proclamaba mi atención, mi tacto. Era un cubo de metal, no más grande de lo que pueda ser un joyero, tallado con una piedra que nunca se rompe y un vidrio por el cual se puede observar la inmensa cantidad de poder que alberga. Era fascinante. Tanto, que lo agarré.
Ese extraño cubo tuvo el mismo efecto en mi qué que me tocase el Jotun. Al agarrarlo por las asas, su poder pasó a mí, mis manos se volvieron azules, y no solo eso, poco a poco mi cuerpo entero era azul, era una sensación curiosa, no era desagradable."
- Odín me detuvo, supongo que no quería verme en ese estado, pero... - Se detuvo y apretó los puños tanto que sus tendones se marcaron en sus manos.
- ¿Hablas en serio? - No supe como reaccionar ante tanta información. Podía hacerme una idea de lo que le había pasado.
- Siempre he sido una persona paciente, pero.. - Se mordía le nudillo, tratando de reprimir su furia. - Cuando mi .. "padre", estaba allí ante mí, indiferente. No lo entendí al principio, ¿Sabes? Pensé que estaba maldito. Pero cuando le pregunté qué era yo... él solo supo decirme que yo solo era su hijo. - Le miré preocupada, pero el seguía mirando al frente, inmerso en su ira. - El Cofre de los Antiguos Inviernos no es lo único que "tomó prestado" de Jotunheim.
Se me cayó el alma a los pies cuando lo dijo, o sea que Loki era un niño robado... Ahora todo encajaba, por eso no entendí cuando él me decía que su padre era Laufey y sin embargo en la cultura popular era conocido como hijo de Odín. En todos lados hay mentiras internas, Loki no era solo el Dios de las Mentiras por cometido propio, era el Dios de LA Mentira, la mentira que todo el mundo le había hecho creer desde el principio.
- Después de una larga pausa, Odín reconoció que me había cogído. - Siguió. - Al parecer me encontró en un templo. Me dijo que era pequeño para ser el hijo de un gigante. - Soltó una risotada. - Al parecer por eso me habían condenado a morir, ya que pensaban que era débil. - Suspiró. - Cuando al fin salió de su boca que yo era el hijo de Laufey, solo pude repetir su palabras.. Le exigí, le exigí saber el por qué de todo aquello. - Alzó la voz, me estaba empezando a asustar. - Me dijo muchas excusas, pero no. - Rió de nuevo algo macabro. - Yo sabía que no era verdad, Odín siempre hace las cosas con algún propósito... y no me equivoqué. ¡Lo único que le empujó a salvarme la vida fue la idea de unir ambos mundos algún día, a través de mí, ni si quiera me quería como su hijo! ¡ESTABA FORZÁNDOSE A QUERERME! - Metió un puñetazo a la pared que tenía más cerca. Su voz sonó desgarrada, como si al fín hubiese podido gritar después de mucho tiempo. - Yo... - Sonaba ahora más calmado. - No soy más que otra reliquia robada, encerrada en aquel castillo hasta que por fin le fuese útil. De repente, pasé de ser un príncipe de Asgard, a un monstruo. Por eso lo vi claro, por qué siempre había preferido a Thor después de todo aquel tiempo, por qué nunca pensó en mí como Rey de Asgard: porque nunca hubiese dejado que un Jotun, un Gigante de Hielo, ocupase su trono.
El silencio se alzó en la sala después de toda aquella explosión de sentimientos encontrados. Loki se levantó de la cama de una zancada, oía su respiración agitada, alterada por tantas emociones expuestas y muchas otras reprimidas. Sus puños seguían cerrados, reacio a todo el mundo, encerrándose a sí mismo en una coraza de la que jamás podría escapar. Se alejó de mi, dirigiéndose hacia la ventana, andaba cabizbajo y nervioso.
Sólo podía observarle sentada en la cama, él también lo había pasado muy mal, había estado guardándose todo aquello durante mucho tiempo. Alzó su puño por arriba de su cabeza y se apoyó contra el cristal. Parecía una calmado, aunque la sensación que transmitía en ese momento era la de ser una bomba a punto de explotar.
No se porqué pero me levanté, veía su espalda, arqueada con tanta tensión... Sus hombros fuertes; pero delgados, su pelo cayendo en ellos. Cuando me di cuenta ya tenía las puntas en mis manos, lo acaricié. El Dios se giró sobresaltado, me miraba enfadado, sus ojos verdes se veían tan intensos que casi hubiese jurado que me mataría por osar tocar un pelo. Pero me daba igual, lo único que podíamos perder en ese momento era el uno al otro. La historia volvía a empezar, todo volvía a repetirse, pero esta vez en otra parte, en otro mundo donde nada ni nadie nos ataba. No pude mantener su mirada, me puse demasiado roja, aunque eso no frenó a que en un impulso, apoyase mi frente en su pecho y lo rodease con mis brazos. De la impresión, levantó los brazos como si me tuviese repulsión y no me quisiera tocar. Se moría del asco, estaba totalmente segura.
Sin embargo, sus manos en mis hombros me hicieron reaccionar, me agarraba firme y decidido. Esperé un empujón, un grito, un "estúpida midgardiana". Sus manos me estrujaron más fuerte y cerré los ojos ante la sacudida. Fue entonces cuando algo rozó mis labios, algo suave. Intenso y fogoso me rodeó con sus brazos. Me besaba con tanta necesidad, con tanta ternura y yo lo había estado esperando hace tanto, que sentí sus labios pegados a los míos y mi cuerpo se estremeció.
Sus manos empezaron a subir, de mis hombros a mi cuello, sus dedos acariciaban mi pelo y me sujetaban, tratando de profundizar aquel desesperado beso.
Nos separamos para buscar algo de oxígeno, aunque no tardé mucho en volver a reclamar de nuevo sus labios, a besos pequeños, entre sonrisas por parte de los dos. No era tan malo después de todo. Nada era tan malo después de todo.
Apoyó su frente a la mía y el verde no pudo despegarse de mi boca. Debía decírmelo, había pasado mucho tiempo, estaba empezando a hacer muchas estupideces por mi culpa, o gracias a mi. Necesitaba soltarlo. A si que para que prestase atención, sin separar nuestras frentes, me cogió de la cara, acariciándome. Respiró muy muy hondo y se preparó para confesarse:
- Quiero invadir tu mundo. - buscó mi respuesta apartándose un poco. Temeroso de que me asustase y le abandonase. Sin embargo, le miré dulcemente: nada me importaba ya.
- Tu ya has invadido mi mundo. - susurré en su oído, antes de retomar con mis besos el principio de las grandes hazañas que nos aguardaban a ambos.
