¡Hola! Aquí de nuevo, no ha sido una semana, si no una semana y un par de días, pero bueno, el caso es que aquí os traigo otro nuevo capitulo. ¿Qué tal os pareció el enternecimiento del capitulo anterior? No estamos muy acostumbrados a ver a Loki tan desatado (o al menos no en ese sentido.) En este capitulo, aviso que se avecinan más giros, no ademasiado buenos para ambos protagonistas, veremos como se las arreglan para seguir adelante. (No me odiéis por hacerlos sufrir demasiado)

Tanto Loki como todos los personajes de Marvel que aparecen en este fic, no me pertenecen a mi si no que son propiedad de Stan Lee y de la empresa MARVEL.

Se estaba sintiendo absolutamente desbordado, no contaba con tener que decirme nada sobre "el por qué" de todo aquello. Sin embargo, yo había insistido en saber de sus orígenes, y que mejor forma de entenderlo, que contándome como se enteró él. No obstante, había acabado por perder los estribos por completo, había dejado que sus emociones volasen libres con demasiada libertad, en mi presencia. Y no solo eso, si no que incluso en medio de su lucha para controlarse, hecho que se volvía una tortura para él, cada vez que Odín se paseaba por su memoria. Yo tuve la descarada osadía de no dejarle solo.
Me atreví a estar con él en su mal momento, a no dejarle solo en su tormento, y tan solo con haberle tocado un pelo, todas las tensiones de su cuerpo, las preocupaciones e incluso, por un momento su propia identidad, se disiparon. Se giró dispuesto a gritarme cualquier cosa, palabrerías sobre como de grandioso era él y como de insignificante era mi ser. Sobre como él me había llevado hasta allí, arriesgando a echar a pique su plan y yo lo primero que hago al despertar es casi morirme. Mucho peor fue resistirse a sentirse pegado a mí. No es como si nunca hubiese sido abrazado por nadie, pero por primera vez, se sentía demasiado fuera de sí mismo como para resistir mucho por más el impulso de besarme. Aunque se tuvo que reprimir muchísimo más el más primitivo de los instintos, para no terminar devorándome por completo.

Cuando a penas tuvimos el suficiente oxígeno para pensar detenidamente. Nos separamos lo más rápido que pudimos, rojos y no muy conscientes de lo que habíamos hecho. Él volvió a coger distancias conmigo, apartó la mirada mientras intentaba tapar su sonrojo con su mano, tan blanca, que hacía resaltar todavía más el tono de su rostro.

- Yo... - se me hacía raro ver al Dios nervioso, lo tenía por un descarado. - Como puedes intuir, soy heredero al trono por partida doble, algún día seré rey. - Me miró por encima del hombro, queriendo fingir que no había pasado nada, que todo aquello no le había afectado.

Claro, en realidad tenía razón. Aunque él lo dijese tratando de olvidarse de la, según él, estupidez que acababa de cometer, tenía razón. Era un Dios después de todo y yo una humana, ese hecho resonó en mi cabeza mucho más fuerte y real que antes. Tal vez era el hecho de haber aceptado mis sentimientos hacía él, me había hecho perder de vista este pequeño detalle. ¿Cuantos años debía tener él? Aparentaba a penas algunos más que yo. ¿Qué ocurriría al pasar el tiempo, en el caso de que acabásemos juntos? Entristecí tanto, que no pude evitar poner una mueca de dolor. No estaba segura de haber sentido algo así por nadie, ni si quiera por Ted y ahora que se me presentaba la oportunidad, resultaba que era un amor prácticamente imposible.

Le miré algo consternada, con los ojos aguados, tratando de no dejar escapar ninguna lágrima. Él me apartó la mirada, aunque pude ver el reflejo de algo que me pareció resignación.

- No soy una buena persona. - Comentó sin girarse. - Creo que eso lo deberías tener claro. - No mostraba ninguna emoción al hablar. - Aunque yo no sabía nada sobre mi pasado, me aproveché de eso. Mientras yo gritaba a mi supuesto padre, él no supo encajar la situación y terminó hundiéndose en el sueño de Odín. - Suspiró, estaba seguro de que yo no sabía que era eso. - El sueño de Odín es...
- Si... Odín necesita descansar de vez en cuando. - Comenté. - Son sueños largos, se lo que es, como si se desmayase, para cargar pilas, pero él sigue viendo y escuchando todo mientras está de ese modo. - Se giró tratando de no parecer sorprendido. - Mi padre me lo explicó. - Le sonreí, pero él evitó mirarme y volvió a girarse, dejándome de nuevo chafada.
- Nadie sabía cuando iba a despertar, mi madre estaba realmente mal. Pero yo... - hizo una pausa. - Solo podía alegrarme de que le hubiese sucedido. Se merecía eso y más, mucho más. Ese estúpido y viejo hipócrita ya no estaba hecho para ser rey y encontrándose en ese estado, y con Thor exiliado, el siguiente en la línea sucesoria era yo. - Alzó un poco la cabeza, como si se enorgulleciera de ese hecho. - Me proclamaron Rey de Asgard. Aunque pueda parecer extraño, en ese entonces no estaba tan seguro, sin embargo mi madre me ayudó mucho en eso, estaba triste porque seguramente Frigga siempre había sido la única persona que me había querido realmente en aquel teatro, pero no era mi madre... - Suspiró de nuevo, tratando de no recordar mucho la cara de la hermosa esposa de Odín, recordarla le dolía, ella le había enseñado muchas cosas, le había apoyado y ayudado, querido. Sentía que la había defraudado. - Tenía claro que eso no iba a quedar ahí, la conversación con mi padre no había terminado.

" Frigga me dijo que él nunca me había contado la verdad porque quería que nunca me sintiese diferente, no obstante, siempre fue él el primero en hacerlo. Por este motivo decidí que trazaría un plan maestro en el que pondría a Odín, a Frigga ¡A todo Asgard en peligro! Para ello retomaría el antiguo plan de Thor de aniquilar a los gigantes de Hielo, después de todo, estábamos en peligro de guerra inminente. Me tomé la molestia de hacerle una visita a mi hermano, nada me garantizaba que reclamase su puesto de nuevo, por lo que fui e hice lo que mejor se, mentir. Le dije que nuestro padre había muerto y que nuestra madre no quería que volviese ya que "era la única condición a cambio de la paz, que los Jotuns habían aceptado", o eso le hice creer.

Por otra parte también estaba dispuesto a engañar a Laufey, aquel quien se había dignado a menospreciarme, abandonándome a mi suerte, le demostraría cuanto se equivocó. Me dirigí hacia Jotunheim, de nuevo sin que Heimdall me viese, ese estúpido nunca supo la forma en la que lo había hecho, seguramente siga maldiciéndome ahora. Al llegar, muchos gigantes me esperaban y el mismo Laufey ordenó mi asesinato, sin embargo, cambió de opinión cuando le revelé que fui yo quien les había ayudado a entrar en Asgard aquella vez y que estaba dispuesto a volverlos a ayudar. Les daría su tesoro más preciado El Cofre de los Antiguos Inviernos, a cambio de que él mismo diese muerte a Odín. No me costó demasiado que aceptase.

Creí tener todos los cabos atados, sin embargo al volver, Heimdall me estaba esperando, le hice jurar que obedecería al nuevo Rey de Asgard, así al menos, me aseguraba mi seguridad. Heimdall no puede faltar jamás a su palabra. Le ordené que nunca más abriese el puente del arco iris sin mi permiso. No caí en la cuenta de que no solo me había dejado un cabo suelto, si no que además cuatro cuerdas andaban sueltas a placer. Volstag, Fandral, Hogun y Syf, habían decidido traicionarme y marcharon para traer de vuelta a Thor, pero no tuve piedad, no había llegado tan lejos para nada. "Sellé" a Heimdall para que no pudiese abrir el bifrost de vuelta para los guerreros, con el Cofre de los Antiguos Inviernos. Él me obedecía, por lo que pude usar su poder, lo que me permitió congelar a Heimdall de pies a cabeza.

Desaté al destructor, la misma arma que había matado a los Jotuns intrusos, y lo envié con ordenes de matar a Thor. Mientras, aproveché que los mejores guerreros estaban fuera para traer a Laufey y a varios de sus hombres hasta el mismo centro del castillo.
Entraron en la sala del Sueño, donde mi madre se encontraba al lado de la cama, la muy... boba, se negaba a abandonarle. A si que los Jotuns la empujaron y la redimieron, Laufey se sentó encima de Odín y regocijandose ante su sucia victoria, no se dio cuenta de que estaba apuntándole con el Cetro de Odín. Lo maté."

Se me heló la sangre, él... ¿Había matado a su propio padre? y no solo eso, si no que, además, estaba intentando asesinar a Thor. Me puse muy nerviosa, casi me entró pánico de pensar que ahora mismo estaba a millones de años luz de mi casa, de mi hogar, de mi vida. Le odié por un momento por haber cometido tal atrocidad, ya que ahora mismo en ese mismo instante y durante los últimos dieciseis años, hubiese dado todo lo que tenía en mis manos a cambio de un solo instante entre los brazos de mi padre. Una lágrima surcó mi rostro. Me sentía sola y desolada. Mi vida se había ido. Ya no había marcha atrás. Hacía años que no había marcha atrás.
- Prometí a mi madr... ¡A Frigga! - Le estaba empezando a costar hablar. - Que siempre la protegería. Así fue como salvé a Odín de Laufey. Sin embargo, como siempre, soy un miserable desgraciado. - Cogió aire. - Thor... él vino. Había derrotado al destructor y al parecer Heimdall se las había arreglado para abrir el Bifrost. Salí corriendo a encender el Bifrost por mi cuenta, si lo dejas en puente abierto durante mucho tiempo en un planeta, su fuerza destructiva lo acaba haciendo estallar por los aires. Ese era mi plan contra Jotunheim. Sin embargo, Thor llegó, tan heroico como siempre. Luchamos y fue duro, hubiese podido conseguir mi cometido de no ser porque Thor enloqueció. Martillazo a martillazo destruyó el puente del Bifrost. - De pronto parecía distraído. - Que estúpido, nunca más podrá volver a ver a esa midgardiana, nunca más. - Al oirse decir eso algo se activó en su mente y acto seguido me miró algo nervioso.

Vaya, a si que se trataba de eso: Thor, durante su exilio se había enamorado de una humana. Había sacrificado todo lo que tenía por su reino, aunque eso significase dejar atrás a la persona que más amaba en el mundo. Loki volvió a apartar la mirada avergonzado, nunca pudo soportar la idea de que Thor hubiese caído tan bajo, sin embargo, él se merecía un buen puñetazo porque sin querer había conseguido el mismo resultado al estar en Midgard. Se sentía humillado por haber sentido algo hacia mí, mi condición de humana efímera y vulgar le daba vergüenza. Por eso me estaba negando... Sentí como la rabia subía desde mi estómago, si ese era el motivo por el cual estaba haciendo como que no pasaba nada, era una absoluta tontería.

- cuando el puente se rompió hubo una gran explosión, en la que Thor y yo casi caímos al vacío de no ser por Odín. - siguió explicándome.- mientras agarraba la mano de Thor traté de hacerle ver a Odín que todo lo había hecho por él, para que de una vez por todas, se fijase en mi y me reconociese pero... - Se giró para mirarme serio y con cierta mueca de disgusto. - No fue así, todo lo que había hecho y sacrificado no valía para nada, la había cagado y estaba completamente solo en un planeta que no era aceptado, a si que me solté. - Dio un par de pasos hacia mi. - caí al espacio y lo siguiente que recuerdo es ser atraído por Midgard. El resto de la historia ya la conoces.

Dio unos pasos hacia mí con rostro sombrío, aunque decidido. Sus ojos se mostraban fuertes, pero desprovistos de la pasión que me había demostrado instantes antes, ahora podría jurar que echaba de menos tenerle tan cerca.

- No soy una buena persona, no tengo escrúpulos en conseguir lo que quiero y lo que quiero es Midgard, voy a conquistarla, voy a arrancarles toda libertad que posean y les gobernaré. - hizo una pausa y alzó su rostro altivo, mirándome por encima del hombro. - ¿Qué vas a hacer? - al parecer, aunque me acababa de revelar sus verdaderas intenciones, seguía con su promesa de tratarme como a una igual. Me costó mucho responder, pero al fin lo hice.

- Seguramente, si me hubieses hecho esta pregunta cuando nos conocimos... Hubiese pensado que no tienes ningún derecho a hacerlo. - El Dios me miró entrecerrando los ojos, tratando de parecer duro, sin embargo seguía queriendo que no le dejase sólo. - Pero sin embargo, eso es lo que todo el mundo me ha estado haciendo a mi. - levanté la vista y le miré con la misma dureza que él me dedicaba. - Desde hace tiempo, muy dentro de mi sabía lo que en realidad quería: venganza. Y aunque he tratado de ser una persona justa y razonable, todo el mundo me ha dado siempre la espalda. El mundo no está preparado para disfrutar de la libertad y cuando encuentran a alguien que le da un mínimo de valor a esta, lo único que saben hacer es reprimirla. - Apreté los puños. - Como Midgardiana que aprecia su libertad, elijo mi propio camino, tal y como mis padres hubiesen querido. No puedo volver a mi vida normal, ya que soy una asesina... Me quedaré. - Loki sonrió complacido, pero sin mostrarse realmente excitado, no quería volver a caer en las ganas de venir a abrazarme. Su rostro cambió cuando le planté cara. - Sin embargo. - Dije impasible. - No pienso dejarme gobernar por ti, sigo pensando que no eres más que yo.

- ¿Entonces? - El Dios no acababa de entender.
- Te ayudaré. Pero no voy a obedecer tus órdenes. - Loki sonrío, ladino y algo chulesco.
- Sigues siendo una midgardiana y yo un Dios. Aunque tengamos ese estúpido trato, ambos sabemos quién es superior a quien, aquí.
- No tengo miedo a plantarte cara.
- Yo no soy como Victoria. - Me comentó.- no te hagas la valiente sólo porque le clavaste un puñal a una vieja. Yo podría matarte si quisiera.
- Si no lo has hecho ya, es por que no has querido. - Le corté, tenía razón, sólo era una humana, pero no por ello iba a dejar que mandase de mi, eso no iba a volver a permitírselo a nadie nunca, jamás. Él se quedó consternado después de mi respuesta. - Te ayudaré en lo que pueda, ya que tu me ayudaste a mí, pero olvidate de liderarme, voy a seguir el camino que yo quiera.

Él recordó entonces, en el más profundo rincón de su alma, el frío que sintió al chocar su cuerpo contra aquel maldito suelo de Midgard, como de húmedo estaba por aquella intensa lluvia, el olor a podrido que desprendía aquella basura que amortiguó su golpe. Como pensó lo horrible que era su vida antes de escuchar los quejidos de una mujer, jadeando por sobrevivir, como aquella lluvia mojaba su cabello, como al verla, al mirarla a los ojos, de algún modo sintió que no debía tirar la toalla, los mismos ojos que una vez, inconscientes, le miraron tan ardientes como ahora en ese mismo instante. Por aquel entonces una pequeña llama, sin embargo ahora mismo parecían un fuego vivo tratando de abrirse paso por los escombros de unas cenizas que habían sido apagadas hacía mucho.

- ¿Qué vas a hacer tú? - Le pregunté de vuelta. Decidida. Él se quedó un rato mirándome, como si escuchar mi voz fuese algo nuevo para él, entonces sonrió.

- Aceptaré tu ayuda. - Trató de enfriarse todo lo que pudo. - Como puedes imaginar, no he sido del todo sincero contigo durante el tiempo que estuve bajo tu techo, en Midgard. - Agachó la cabeza, quería mostrar falso arrepentimiento, pero no lo consiguió. - Estuve haciendo unas visitas a Selving a tus espaldas.

- A si que era eso... - Susurré. - ¿Qué has hecho?

- Nada, te lo aseguro. - Sonrió, pero yo no podía evitar estar seria. - Lo encontré dando una charla, donde me indicaste y por sorpresa terminé en la base secreta de alguna organización de tu mundo. - Abrí los ojos como platos, Loki desde luego no perdía el tiempo. - Me infiltré y descubrí que poseían una fuente de energía inagotable llamada Tesseracto. Utilicé a Selving en mi beneficio, le "convencí" sin que él lo supiese, para que trabajase para mí.

- ¿Cómo hiciste eso? - Pregunté asombrada.

- Me metí en su consciencia, es... bastante fácil.

- A si que a eso te referías con "persuadirme" aquella vez. - Loki asintió. - ¿Por qué nunca lo has usado conmigo?

- Porque somos iguales. - Contestó casi al mismo tiempo, queriendo cambiar de tema. - El caso es que descubrí que el Tesseracto tenía contenida la suficiente energía como para crear un nuevo Bifrost. Como ya te he contado, Thor destruyó el de Asgard, por lo que.. ¿Por qué no tener uno propio con el cual poder viajar de un extremo al otro de la galaxia? Y entonces se me ocurrió la gran idea... ¿Por qué no llevar un ejercito hasta Midgard y hacerla mía? - Me miró con algo de entusiasmo y sonrió, trataba de mostrarse lejano y frío de nuevo, pero no pudo evitar endulzar una milésima su rostro. - Entonces vi lo que eras capaz de hacer, esos retratos que me enseñaste, como esas criaturas se movían en aquella caja como si estuviesen vivos y pensé que me serías de ayuda para poder diseñar a mi ejercito, proveerlo de diseños inteligentes capaces de arrasar ciudades enteras.

Miré mis manos, se refería a que quería usar lo que yo mejor sabía hacer para acabar con el planeta, había acabado tan fascinado de lo que la animación podía hacer que pensaba que era posible llevarla a la realidad. Sonreí con algo de pena, seguramente me había mantenido con vida hasta ahora porque pensaba que yo le era útil. Yo quería vengarme, eso lo tenía seguro, pero ahora al saber esto, me dolía pensar en que tal vez él hizo todo eso para mí justo para que yo le ayudase, tratar de enamorarme para nada, jugar conmigo.

Cerré los ojos con fuerza y suspiré apretando los puños, después de todo, detrás de todas esas mentiras y verdades a medias, esa era la verdadera realidad, solo me usaba. Loki se puso serio de repente mientras me observaba. Mi mandíbula temblaba y mis dientes se apretaban tratando de mantener la boca cerrada. Cogí aire y me sorprendí a mi misma temblando, tratando de contener las mil y una lágrimas que ahora encharcaban mis ojos. Me tapé el rostro, pero fue inútil, en nada el agua empapó mis mejillas y aunque quería contener el llanto, fue en vano.

Loki no entendía, me miraba desconcertado y se puso nervioso ¿Qué pasaba ahora? Me agaché en el suelo y cogí mis rodillas, hundiendo mi rostro en ellas. Su boca se secó al verme ahí, su respiración se agitó, apretaba los puños algo nervioso por no saber como actuar. Verme allí llorando de esa forma, a sus pies, le hizo sentirse la mayor de las mierdas y en cambio, tensó la mandíbula y de un paso salió de la habitación. Una vez fuera dio un puñetazo a la pared. Sus nudillos se pelaron y sentir el escozor en su piel le calmó. Había apagado de un soplido, sin saberlo, la llama de mis ojos.