Si, se que vais a decirme, que ya era hora, que encima es corto, muchos tomates, muchas verduras, pero os olvidais de lo importante, que es que he actualizado! Realmente he estado muy ocupada con la universidad y este verano estaba demasiado cansada como para continuar con ningún proyecto, por lo que lo aparté una temporada, pero he vuelto y prometo seguir con la historia tan frecuentemente como se me permita.
Recordar que los derechos de Loki le pertenecen a stan lee, yo solo estoy aquí para echarle más azucar al pastel.
/
Capitulo 19: Knowhere
Loki salió dando un portazo hacía ya bastante rato, poco más que el que llevaba yo de pie mirando por la ventana. Me sentía bastante perdida, en un planeta de váyase a saber donde, con la única compañía que la de un... ser, lo suficientemente retorcido como para haberme encandilado, era el Dios de las Mentiras después de todo ¡Maldita sea! ¿En qué demonios estaría pensando enamorándome de él? Por que no es que precisamente hubiese puesto mucha resistencia. Suspiré llevándome la mano a la cara, mis ojos seguían rojos e hinchados, podía sentirlos, al igual que todavía podía sentir la tristeza del momento corriendo por mis conexiones neuronales. No obstante, me debatía todavía sobre qué había sido peor, si el hecho de que Loki estuviese aprovechándose de mí, o el haber huido como un cobarde. Me vino a la cabeza lo que me había contado sobre Odín apenas unas horas atrás, como había escondido su origen y como en vez de afrontar la situación, se refugió en el sueño de Odín. No sería su padre, pero estaba claro que de tal palo, tal maldita astilla.
No tenía a donde ir, ni a donde volver y al parecer ni si quiera tenía una razón por la cual quedarme allí, Loki se había ido espantado en vez de tratar de lidiar con la situación, solo me apetecía salir de allí, quería ver algo de luz entre tanta oscuridad.
Me giré echándole un vistazo a la habitación y preguntándome lo que me encontraría al cruzar aquella puerta. Me encontraba en un planeta habitado después de todo, con humanos o con otras razas, eso no lo sabía, a si que si los extraterrestres eran tal y como yo me los estaba imaginando en esos instantes: llenos de dientes, brazos, verdes, de ojos enormes, malvados y con cierto afán de conquistar la Tierra. (Curiosamente una descripción casi adaptable al Dios de las Mentiras.) Más me valía salir de allí de incógnito y sin llamar demasiado la atención de posibles depredadores sedientos de cerebro humano. Sonreí ante la sobredosis de ciencia- ficción que me estaba aportando mi mente tan gratuitamente.
Me miré en el espejo de la cómoda, me sentía revuelta al seguir llevando el vestido de Loki, sin embargo no tenía nada más, ni nada de dinero con el cual comprarme algo. Por suerte, la capa con la que en la noche anterior me había cubierto, seguía allí. Me la eché por encima, cubriendo mi cabeza con la capucha de esta. Me miré al espejo, parecía que me habían metido una paliza mientras paseaba por el más terrible de los infiernos. Pero como cada día de mi vida, debía seguir adelante. Me costaría mucho empezar desde cero en unas condiciones tan extrañas, pero no me quedaba otra. Seguir mirando al espejo no servía de nada, ya no era la misma persona que hacía un par de semanas, era alguien diferente, con otra vida, con otro futuro.
Apreté los puños e inspirando mucho, di media vuelta. Toqué el mismo pomo que Loki había agarrado instantes atrás y aunque sentí algo de luz en mí al pensar que tal vez estaría tras esa puerta: de pie, mirándome sonriente, mientras arqueaba una ceja, distante pero dulce... No fue así, solo encontré un pasillo húmedo, oscuro, con unas escaleras que bajaban hacía un lugar desconocido. No volvería a ver luz en mucho tiempo, de eso estaba segura, no al menos la luz que buscaba.
Me abrigué más, venía aire helado de algún sitio, seguramente la salida. No había ni un alma y me alegré, no tenía muchas ganas de encontrarme a ningún ser extraño, aun y así me intrigaba escuchar solo el sonido de mis pasos al bajar los escalones. Llegué hasta una puerta de metal, la abrí decidida y cuando lo hice, se me echó encima un montón de aire frío y con cierto olor a combustible.
Aquel lugar era realmente extraño, había bajado a lo que parecía una calle, toda hecha de metal: paredes, suelos, incluso el techo. Parecía una especie de ciudad o algo parecido, ya que desde una esquina asomaba un boquete por el cual entraba algo de luz azulada. Tal como dije antes, parecía un paisaje sacado de "la estrella de la muerte". A mi derecha el camino se acababa un poco más allá, dando paso a un vacío incierto. Sin embargo, se alzaba una grandiosa nave, también metalizada, parecida a un barco, con unas velas similares a un montón de placas solares de colores azules y morados. Bajo ella se encontraban otras naves más pequeñas, parecía una especie de hangar. A mi izquierda el pasillo seguía y se elevaba hacía un nivel superior, todo él estaba repleto de puestos que parecían tiendas, de un par de ellas salía humo, por lo que intuí que venderían comida. Tenía hambre, si, pero no tenía dinero, por lo que esa necesidad quedaría descartada por el momento.
En todas partes habían luces y carteles luminosos, cuyos fotones rebotaban de pared en pared por el metal, haciendo que todo lo que alcanzaba a ver fuese de mil y un colores. Arriba de mi, un montón de casas se alzaban apiladas en enormes fincas, justo lo que había visto desde el rosetón de la habitación. Junto con los miles de puentes que conectaban unas zonas con otras.
Escuché unos sonidos extraños que provenían de la derecha, vi entonces como un gentío bastante sospechoso bajaba de aquella enorme nave. Me escondí un poco entrecerrando la puerta y bajando un poco más mi capucha para que no me reconociesen como una humana débil y tierna a la cual comer. Me gustaría decir que después de haber visto a un Jotun, ya lo había visto todo y que poca cosa me podría sorprender. Pues bien, ojalá hubiese sido así. No pude evitar contener un grito de terror al ver a aquella muchedumbre monstruosa, a cada cual más engendro que el ser anterior, serían al menos treinta monstruos. Cuando pasaron por delante de la puerta donde yo me escondía, uno de ellos miró en mi dirección de repente, parecía un insecto muy alto, sus ojos eran enormes y naranjas, mientras que su piel verde parecía dura, como la piel de un saltamontes. Ahogué un grito y me tapé la mano con la boca, sin embargo una figura humanoide montada en un monstruo cuadrúpedo de color marrón, apareció. Estaba cubierta por una armadura plateada y un casco con visera morada, que no dejaba ver su rostro, le dio con una vara en la cabeza para que continuase caminando. Fue entonces cuando me di cuenta de que todos ellos llevaban cadenas en los pies y las manos atadas con esposas. Aquella figura miró hacia donde yo estaba, o eso pensé ya que no se le veían los ojos y sin embargo, aunque parecía saber que yo me encontraba allí, no hizo nada.
Siguieron adelante un par de metros más y a la segunda calle torcieron a la izquierda, donde cruzaron por un puente hacia una enorme columna principal que se alzaba a mitad de toda aquella colmena de casas e instalaciones extrañas. Fue entonces cuando salí por fin de mi escondite, tenía razón, me encontraba en otro planeta y habían criaturas extrañas. Más me valía ir con cuidado. Salí en dirección izquierda y empecé a andar sin saber muy bien hacia donde ir, miraba el suelo, estaba ligeramente aceitoso y las botas se me quedaban pegadas al suelo cuando caminaba.
De una de las tiendas empezó a salir mucho humo de color blanco por un pequeño conducto que hacía de chimenea. Olía a algo extraño, como una especie de pollo, pero al mismo como a naranjas podridas. Al pasar por delante pude ver que en efecto era un bar; tenían la comida en bandejas repartidas por todo el mostrador, del cual solo me separaba una fina cortina. Pude ver como el amo estaba cocinando de espaldas a mi, entonces vi una pequeña bola blanca que desprendía un olor dulzón muy apetecible. Solo fue un instante, un roce, un agarre, para que el cocinero se girase y me pillase con las manos en la masa.
- ¡Eh, tú! - Gritó. No fue muy agradable descubrir sus cuatro ojos rojos y su piel tatuada de forma extraña. Por lo que eché a correr. - ¡No te atrevas a robarme, maldito! - Empezó a gritar más fuerte.
Escuché como tiraba el delantal al suelo y salía corriendo detrás de mi. Empecé a correr todo lo rápido que pude. Mis pasos resonaban por el metal como una pulsación acelerada, sin embargo sus pies sonaban como un montón de gotas cayendo por un cristal. Fue cuando me giré y vi que venía detrás de mí corriendo con sus puntiagudas seis patas. Presa del pánico torcí a la derecha, sorteando a otro par de criaturas que había en el camino. Me estaba empezando a costar respirar, pero seguí adelante, no podía dejar que aquella criatura me atrapase. Cambiaba de dirección siempre que podía pero parecía que podía olerme porque aun y así siempre me acababa encontrando. Me metí por una callejuela estrecha, por donde estaba segura de que sus seis patas no podrían entrar. Respiré fuertemente por la boca, mientras apretaba con fuerza el espachurrado bollo que me moría por comerme y cuando estaba a punto de darle un bocado, el cocinero volvió a aparecer. Le costó pero acabó metiéndose en el callejón mientras maldecía, yo seguí hacia delante y salí a una calle muy transitada, casi chocándome con unos ancianos con aspecto de babosa roja.
- Jovencito, mira por donde vas. - Dijeron.
- Lo siento, señor. - Respondí, sin dejar ver mi rostro.
Aproveche el gentío para inmiscuirme del cazador. Seguí andando con brío, tratando de no mirar atrás. Ya no le escuchaba, le había perdido entre tanta gente. Digo gente por no decir monstruos gigantescos y espeluznantes, que parecían sacados de "el libro de los seres imaginarios" de Jorge Luis Borges. Mi padre hubiese estado encantado de estar aquí.
Al fin sola con mi preciado bollo, me había vuelto muy temeraria últimamente. Olía demasiado bien
Olía demasiado bien, así que no me resistí mas y este bocado. Estaba realmente bueno, aunque no sabía decir exactamente qué era, estaba dulce, ¿tal vez canela? Mire el interior del bollo e inmediatamente escupí lo que tenía en la boca. Aquel pequeño, redondo y blanco bollo que prometía el paraíso, estaba relleno de nada más y nada menos que de gusanos viscosos de color amarillo. Fue absolutamente inevitable que corriese a una esquina y vomitse hasta mi primera papilla. Qué horror, qué asqueroso. Lancé el bollo bien lejos, tantas molestias para nada. Me limpié la boca, me sentía mareada, desnutrida y sucia. ¿Así iba a terminar, tirada en una esquina abandonada en la calle?
Entonces escuché unas pisadas aproximarse, eran fuertes y en menos que canta un gallo estaban delante de mí. A levantar la vista, solo vi el hocico de un animal, tan grande como dos cabezas. Sus fosas nasales resoplaban y se agitaban. No parecía tener grandes dientes afilados, ya que tenía la boca pequeña, adornada con algunos rebotes, semejantes a un pez gato juntos, en cambio, sí que eran afiliados, grandes, blancos y amarillos, de pupila punzante y negra.
Respiraba vapor, me lo echaba encima, haciendo que mi capucha ondease seguida de mi pelo. Me acerqué tanto como pude a la pared, pegándome a ella. Quedando sentada en el suelo. Unos pies metálicos cayeron al suelo de lomos de aquella criatura extraña, al alzar la vista, vi a un hombre con una armadura de metal con toques purpura, semejante al de el ser que vi llevando a aquellos presos. ¿Iba a capturarme? Mierda, no debí robar ese dichoso bollo de gusanos, total para nada porque lo vomité.
-Me han informado de un robo. - su voz sonaba robótica ¿Seria algún tipo de robot o androide?
Rápido, rápido, debía pensar ¿Qué tenia que hacer en una situación así? Demonios ¿qué podría pasarle a una humana en un sitio así? Él seguía callado, esperando una respuesta. Le miré cabizbaja, tratando de no mostrarle mi rostro. Me agarró del brazo y me levantó, con tanta fuerza, que la gravedad actuó sobre mi ropa, haciendo que mi capucha se deslizase dejando mi rostro aterrorizado, a la vista.
Pareció sorprenderse y seguidamente me agarró de los carrillos, estrujándome la cara. Algo se escuchó cerca de nosotros y aquel extraño ser cuadrúpedo se agitó gruñendo hacia la oscuridad que se ceñía a nuestra izquierda. La criatura que me sujetaba me agarró por la cintura y empezó a tirar de mi.
- Vamos. - Susurró. Su voz se deformaba por efecto del casco. Opuse resistencia tratando de safarme de él lo más fuerte que pude.- Confía en mi. - Dijo esta vez con una voz más amable, haciendo que yo bajase la guardia.
Empezó a correr sujetándome del brazo para que le siguiera el paso, cada vez más rápido. Cogimos una velocidad impensable para ningún ser humano, para cuando me di cuenta mis pies ya no tocaban el suelo. Aquel extraño soldado silbó y la bestia que le acompañaba nos cargó sobre su espalda. De la nada saltó sobre nosotros la araña que me había estado persiguiendo todo este tiempo, por eso la bestia se había puesto a gruñir, había sentido su presencia. Trataba de darnos caza alzando sus patas y babeando un liquido azul, que lo deshacía todo a su paso, pero no consiguió detenernos. La montura en la que estábamos huyendo saltó de pared en pared hasta que llegó a unos tejados. Mientras, mi captor me sujetaba con mucha fuerza, para que no cayese o para que no escapase.
Seguimos cabalgando un poco mas hasta llegar al centro de la ciudad: aquella torre alta que había visto anteriormente. El extraño pez con patas se abalanzó hasta la entrada, clavando sus uñas sobre el puente metálico que lo conectaba a la ciudad. Una puerta metálica y algo oxidada se abrió después de que alguien nos observase desde una cámara. Al entrar nos aguardaba un pasillo muy largo, sin puertas ni ventanas, olía a humedad y a oxido. A lo largo de este nos topamos con varios soldados con la misma vestimenta que mi captor.
Bajó de un salto de la criatura y me arrastró con él hasta una pared maciza: posó los dedos en ella, como si presionase unas teclas, sin embargo no había nada. No obstante, una puerta se abrió ante nosotros con un sonido sordo, cuando entramos a la sala, se cerró detrás nuestra. Era una sala iluminada con una luz amarillenta que parpadeaba de vez en cuando. Todo dentro era metalizado y austero, con poco más que un par de sillas y una mesa.
-¿Qué hace aquí alguien como tú? - Me preguntó apoyándose en la silla. Me había hablado más veces durante nuestra huida, pero hasta ahora no había sido consciente de que hablábamos el mismo idioma.
-Tú me has traído aquí. - Respondí seca. Di un paso atrás y volví a colocarme la capucha sobre mi cabeza. Vaya suerte tengo.
-No "aquí". - Ladró.- Si no en Knowhere ¿Qué haces en este planeta? -Puse una mueca ¿De qué hablaba? Le miraba totalmente desconcertada. -¿Como has llegado?
-No... No lo se. - Loki se había marchado antes de llegar a esa parte de la historia.
- ¿Quien te ha traído? - Insistió. - Si no hablas y confiesas, deberás atenerte a las consecuencias.- Volví a retroceder. ¿Que iba a decirle? ¿Qué alguien aterrizó sobre la Tierra, se puso a vivir en mi casa, me enamoró como una tonta para usarme para conquistar mi propio mundo y que encima, después de confesarmelo todo, se había marchado? No, rotundamente.
Al verme a la defensiva, suspiró, parecía más calmado, como si se hubiese desprendido de una especie de coraza. Me pilló algo desprevenida que pusiera sus manos en el casco y que se lo quitase.
Lo dejó encima de la mesa y se pasó la mano por su puntiagudo y frondoso cabello rubio. Un escalofrío me recorrió la espalda al descubrir un rostro humano, estaba tan asustada que casi me eché a llorar.
Era un chico muy apuesto, tenia la nariz respingona y unos ojos pardos que parecían poder atravesarme el alma. Al ver que le miraba tan fijamente, sonrió algo pillo, rascándose la nariz, haciendo que pusiera atención a las pecas que le surcaban la cara.
Topé con la pared de detrás de mi, asustándome. Él echó una risotada, como un niño burlándose, haciendo que se me subieran los colores.
- Nunca me hubiese imaginado que vería una humana por aquí. - Reía. Aunque yo todavía no estaba muy convencida. - No te preocupes, no voy a hacerte nada, aquí estás a salvo.
- ¿Eres...- me aclaré la voz.- ..¿Eres humano?
- No. - Dijo tajante. Me miraba de arriba a abajo mientras daba vueltas por la habitación. - Bueno,... - Rió.- Solo un poco.- Saltó hacia mi. - Me llamo Asholleen Ripley, pero todo el mundo me llama Ripley. - me cogió la mano, sacudiéndola - ¿Y tú?
- Prue, Prue Halley. - Al poner algo de mi parte, me dedicó una sonrisa que me invitó a sonreír con él.
- Prue Halley, es un placer. Por favor sientate, el procedimiento de seguridad de Knowhere me impide dejarte salir sin más. Se sentó en una de las sillas y yo cogí la otra y me senté en frente suya. - Veamos, se me había informado del caso de un robo a una tienda de comida, hecho del cual eres lógicamente culpable...
- ¿Culpable? ¿Hay pruebas de eso? - Alcé la voz, indignada.
- El vendedor que nos seguía tratando de matarte me parece una prueba más que razonable. - Vale, no estaba en posición de discutir con él. Además hubiese podido ser mucho peor.
- P...Pero... - Me seguía mirando de forma inquisitiva. Seguro que pensaba que era una estúpida. El tal Ripley suspiró y apoyó sus manos en su mentón.
- Mira, creo que se como te sientes, sola en un lugar desconocido... ¿Tenías hambre, verdad? - Le miré de arriba a abajo- ¿Te han secuestrado?... Ya sabes, este no es lugar para un humano, no es muy común encontrarse con uno tan lejos del sistema solar y su preciada Tierra, tan ajenos a todo. - Rió. Era cierto que todo aquello era una locura y que era increible todo de lo que la humanidad era inconsciente.
- No. - Contesté, aunque no muy convencida, me había pillado totalmente de improvisto, es cierto que yo estaba inconsciente cuando Loki me trajo, pero huíamos de la casa de los McAdams, supuestamente le consentí que me sacase de allí, aunque ahora el muy cobarde andase a saber donde, no podía avisar de su presencia a las autoridades y mucho menos después de saber todo lo que pensaba hacer. ¿Me estaba convirtiendo en una inconsciente, verdad? Tal vez si, pero aun y todo eso, no queria que le hiciesen daño. - No se como he llegado hasta aquí, no recuerdo nada. - Ripley me miró raro. - ¡Es la verdad!
- Como sea, lo mejor será que tomemos nota de tus datos y tratemos de devolverte lo antes posible a la Tierra. - Eso era un problema, un grandísimo problema ¡Maldita sea! como demonios iba a volver a mi casa tan tranquilamente después de todo lo que había pasado... ¡Había asesinado a una persona! Encima todo aquel jaleo que se montó en el Oriental... No podía dejar qeu me devolviesen de vuelta. Ripley vio mi cara de preocupación y alzó una ceja, sonriendo de medio lado. - ¿Ocurre algo?
- Bueno, verás... - Mis nervios estaban en aumento otra vez. - estaba pensando que tal vez podía quedarme aquií unos dias...
-¿Qué? - Exclamó casi saltando de la silla. - ¿Te has vuelto loca?
- Bueno, este sitio es seguro ¿verdad? - El chico me miraba cada vez más sorprendido. - Además... la seguridad por aquí parece bastante confiable, ¿no? - Solté, comentario que hizo aparecer un cierto rubor que no acabé de entender de parte del rubio. - Ya que la humanidad no es consciente de lo que hay más allá, me gustaría grabar todo este sitio en mis retinas.
-Eres una humana extraña ¿No te da miedo quedarte aquí? - Me encogí de hombros, pero en realidad sí, estaba totalmente aterrorizada al pensar que estaba en un planeta repleto de seres extraños que podían acabar conmigo en cualquier momento. - ¿Sabes? - Sonrió. - Creo que podré hacer la vista gorda. - Abrí los ojos de sorpresa, entonces vi una mirada traviesa, como la de un niño jugando a truco o trato el dia de Halloween. - Pero me parece que tendrás que darme algo a cambio.
-De acuerdo... - ¿Qué otra salida tenia?
- Deja que te invite a cenar. - ...¿Qué? ¿Pero que demonios acababa de pasar aquí? - Te agradecería que dejases de mirarme como si fuese un depravado. Solo quiero charlar contigo, mi madre era humana ¿sabes? Me gustaría saber que tal van las cosas por allí. - Me sonrió enseñandome una ilera de dientes blancos y ligeramente puntiagudos.
Era demasiado cálido, en ese momento me sentía como alguien que encuentra un refugio mientras anda perdida en una tormenta de nieve. Fue una sensación extraña, después de todo lo que había pasado, verle sonreir fue como si mi corazón se llenase de la calidez y tranquilidad de la rutina que tanto echaba de menos. Me seguía mirando, sus orbes ambar vibraban mientras me miraba fijamente. Tal vez me ayudase olvidarme un poco de todo, respirar aire nuevo, darme un respiro. Ripley al fin se decidió a romper el hielo, pero alguien abrió la puerta de repente.
- ¿Habéis acabado ya? - Una chica muy extraña entró a la habitación hablando muy alto.
Me levanté de mi asiento del susto y Ripley hizo lo mismo. Era una chica joven, o lo relativamente joven que pueda parecer un alien, todo y que tenía una apariencia bastante humana, sus ojos afilados y amarillos y su pelo azul no pasaban desapercibido, no no era muy alta, pero era delgada y parecía contener mucha fuerza en sus brazos. Su cara resultaba algo intimidante, ya que en ambos ojos tenía dos rayas negras, similares a una cicatriz. No obstante, eso no era lo peor, lo peor era lo que agarraba fuertemente: se trataba de una especie de lagarto metálico gigante, una especie de cyborg repugnante, el cual no dejaba de salivar en mi dirección, sus dientes eran puntiagudos, tanto, que se hería a si mismo. Estaba temblando del terror pegada a la pared cuando esa chica volvió a hablar:
- ¡¿Una humana?! - Chilló, antes de que Ripley pudiese taparle la boca con la mano.
- Shh. Por favor, no grites.
- Voy a terminar todo lo que tengo que hacer y me debes una explicación. Una buena explicación. - Señaló la alien. - He encontrado a este chitauri rondando por los alrededores ¡y casi se estrella contra mi nave!
- ¿Un chitauri aqui? Eso es imposible, el general les prohibio la entrada. - Dijo Ripley, yo no tenía ni idea de que hablaban, tan solo queria que me sacasen de allí, ese bicho no dejaba de mirarme mientras se relamia.
- No es el primero que se divisa hoy, Ripley, algo extraño está sucediendo.- yo no tenía ni idea de que hablaban, tan solo queria que me sacasen de allí, ese bicho no dejaba de mirarme mientras se relamia.
