Hola de nuevo, como podéis ver, actualizo siempre que puedo. Hace dos meses de la última actualización, pero tranquilos que sigo escribiendo todos los dias siempre que puedo. Se desvelan nuevas cosillas en este capitulo. ¡Cada vez estamos más cerca del suceso de Nueva York! Seguiremos viendo como se desarrollan las cosas.

El pasillo estaba haciéndose larguísimo y monotono, la ausencia de puertas y ventanas y el rancio color gris de las paredes , era tan deprimente, que me extraía cada buen pensamiento que me rondaba por la cabeza. Ripley andaba un poco por delante de mi, cabizbajo, pero con paso firme. El encuentro con el alien baboso y la chica peliazul, le habia consternado. Ahora nos dirigiamos a ver a otro ser, un tal Arlan, quien supuestamente iba a ayudarnos a que yo siguiera rondando por Knowhere sin problemas.

El silencio que hacia rato que se veia callado por el sonido de las pisadas. Torcimos a la izquierda y el soldado pasó su mano por la pared como hizo anteriormente. Una pequeña y alargada puerta se abrió en la pared. Una luz amarillenta y ténue iluminaba la , innesperadamente, gran estancia. Estaba repleta de archivadores, carpetas y hojas amontonadas allá a donde alcazaba la vista. El muchacho me miró indicandome que no me moviese y se adelantó hasta una mesa de madera bastante antigua que asomaba entre los papeles. Golpeó la mesa con los nudillos suavemente y los papeles empezaron a removerse. De ellos salió una cabeza de cabellos blancos, largos y lisos. Su cuerpo era totalmente rosa pálido, sus orejas eran puntiagudas y caídas y sus grandes y redondos ojos negros se escondian detrás de unas gafas redondas.

- Teniente Ashollen Ripley. - La muchacha se levantó atropelladamente, apoyando sus delgados brazos en la mesa. Iba vestida con un uniforme muy parecido al de él. Al levantarse, saludó militarmente y enseguida reparó en mí. - ¿Autorización?

- Viene conmigo, Arlan. De hecho, es por ella que he venido a verte. - Me indicó con la mano que me acercase. La he encontrado merodeando sola por ahí fuera.

- ¿Cual es tu nombre? - Preguntó la alien.

- Me llamo... Prue Halley. - Traté de sonar fuerte.

- ¿Halley? Que graciosa, como el cometa. ¿Raza? - Iba a contestar, cuando Ripley se interpuso entre nosotras.

- Tenemos que hablar sobre eso. - Arlan abrió los ojos como platos. - ¿Recuerdas aquella vez que me pediste que colase tu número de comunicador en el bolsillo del chaleco del cabo Kyriz? Te dije que me debías una por involucrarme con tus relaciones personales. Pues bien, es la hora de cobrarme el favor. - Ripley me agarró por los hombros decidido y cálido. - Es una humana. - Arlan se ajustó las gafas mientras abría la boca estupefacta. - Nadie debe saber que lo es, Se que es ir contra el código, pero su vida correria peligro si el pueblo se enterase. Por razones personales, te pido por favor, que falsifques su autorización.

Arlan pareció entenderlo no si exactamente como debía, ya que empezó a mirarnos a ambos de arriba a abajo y sonrió bobamente.

-Está bien... Cuentame, Romeo. - Ripley enrojeció, pero enseguida se puso firme.

- Por motivos importantes, crea o no, Cabo archivador Arlan, como su teniente, le ordeno que fiche a la señorita Prue Halley como un ciudadano de Knowhere, bajo cualquier raza existente.

- ¿Puedo saber "los motivos personales"?

- ¡Es confidencial! - Alzó la voz el chico. Dejó de parecer un chico amable, para dar paso al militar que era.

- Muy bien... - Suspiró la chica rosa- - Señorita Halley, creo que encajaría bien en el perfil de un vanir. ¿Qué te parece?

- ¿Un vanir? - Djie sorprendida.

- Un habitante de Vanaheim. Tienen una apariencia muy similar a la tuya, nadie te hará preguntaas . - Vanaheim... uno de los 9 mundos de los que me habló mi padre en su libro... y de los que Loki mencionó.

Arlan me tendió un aparato metalico extraño acabado en una especie de aguja que me daba mala espina. Al acercarlo a mi antebrazo, accionó un botón y la aguja empezó a surcar por mi piel, el brazo me temblaba del dolor y tube que apretar los dientes. Cuando terminó pude ver como habían escrito una cifra numérica 1500567. Si esto iba a ahorrarme que cualquier criatura quisiera comerme, el dolor que sentía no era nada.


Aunque todavía era de dia, en Knowhere es dificil saber qué hora es exactamente. El casco metalico que rodeaba el planeta reflejaba las luces exteriores, por lo que no podias guiarte por ellas para saber si era de dia o de noche. Unas sombras recorrian un estrecho y humedo callejón. Los pasos resonaban por el hueso de las paredes y por las tuberias oxidadas, acompañadas de los chillidos de los bichos de las alcantarillas. Las dos sombrias figuras encapuchadas andaban una detrás de la otra, como dos monjes paseando por un monasterio. Sin embargo, el último parecía algo apesumbrado, hacía rato que sentía una presencia extraña detrás de él. Las capuchas son efectivas si quieres que nadie vea tu rostro, pero limitan tu campo de visión y eso le ponía más nervioso todavía. Su respiración parecía cada vez más agitada y estaba empezando a sudar.

Una lata cayó justo delante de suya, haciendo que ahogase un grito. Su compañero seguía caminando hacia delante totalmente ageno a la presencia que les acechaba. El encapuchado, temeroso, fijó su mirada en un punto lejano del callejón que ya habían dejado atrás. La oscuridad se cernía al igual que la vertiginosa sensación de peligro que se abalanzó sobre el.

Fueron segundos de consciencia los que le quedaron, tan solo sintió algo frío y puntiagudo acariciando su cuello y todo terminó. El encapuchado que quedaba seguía andando tranquilamente, cuando sintió que su compañero hacía rato que no le daba conversación, puesto que le pareció raro ya que era un odioso charlatán, se giró... Y allí seguía, andando detrás suya con la cabeza agachada y en silencio.

- Pronto llegaremos. - anunció con una voz siniestra y reptiliana. Su acompañante no respondió, pero sonreía mientras limpiaba en el interior de su manga, una daga ensangrentada.

Llegaron a la parte trasera de un edificio bastante bajo, no se asemejaba a los que le rodeaban. Además, al lado de un montón de basura, había la única puerta de madera que había visto desde que había llegado. Era estrecha y comida por el moho, parecía que las cadenas que la rodeaban era el único motivo por el cual seguía en pie.

La primera sombra llamo a la puerta y alguien al otro lado se acercó algo cauteloso, para preguntar "¿contraseña?". Contestó algo en un idioma que no logró entender. La puerta se abrió y entraron en lo que parecía ser una trastienda. Estaba llegó de estantes con comida, barriles, cajas y cajas de bebida, y en mitad de todo aquello, una mesa con tres sillas justas. Se sentaron a charlar y, aunque él sabía exactamente dónde se había metido, no pudo evitar tragar saliva.

-Bueno, díganos. -empezó a hablar el encapuchado. - ¿Para qué quiere a los chitauri?

El ser que les abrió la puerta era grande y robusto, pero dentro esperaba sentado un extraño hombrecillo verde de ojos amarillos punzantes y amenazantes , su clara calvicie y sus facciones hacían de su cráneo una forma casi esférica. Vestía un traje de cuero negro ajustado, similar a los trajes que llevaban los pilotos de la zona. Sonrió ampliamente ante la pregunta del hombre misterioso, sus dientes parecían agujas preparadas para clavarse en cuello ajeno, a primera de cambio.

- Amigo. - relamió el ser verde. - Mi nuevo mejor amigo. - rió macabramente. - ¿ Cual era tu nombre? ¿el alguien? ¿el señor? ¿el... Qué? - dijo con rápida ansiedad.

- Soy "El Otro". - Respondió algo falto de paciencia.

-¡Eso, eso! - volvió a reír. Entonces se giró hacia él.- ¿y este, y este? - se puso algo a la defensiva, debía pensar rápido.

- Eso no te incumbe.- respondió. - contesta a la pregunta de mi compañero. - la boca azul enmarcada por metales de su "compañero", hizo una mueca de satisfacción. Aunque le sorprendió su respuesta...

- vale, los chitauri, los chitauri. ¡Estoy harto del Generalísimo de Knowhere! Ese estúpido cuadrúpedo pulgoso... No hace más que joder las vidas de comerciantes que queremos ganarnos la vida de forma honrada. ¡como yo, como yo! - inicio un monólogo mientras andaba de aquí para allá, dándole vueltas a la mesa. - Quiero dar un golpe de estado a este paraíso sin explotar. Mucha gente está de acuerdo. Estamos hartos de la cárcel y de esa estúpida flota de seguridad suya. No nos dejan divertirnos. - se secó el sudor con la palma de la mano. - Ese idiota de Cosmo... se que prohibió el tráfico de chitauris aquí, pero también sabemos que no hay ninguna especie que los iguale. Matarán a quien sea necesario ¿cierto?

- Matarán a quien yo diga que maten, señor ... ¿Machacador? - Alzó la cabeza esceptico.

- Si, Machacador. Es un nombre más que apropiado para mí. - contestó el duendecillo rechinando los dientes.

- Pues Señor Machacador, verá, no es que no esté a favor de su causa... Mi amo tampoco simpatiza mucho con Cosmo. Pero comprenderá que usted no está haciendo un trato con los chitauris, a ellos solo les importa tener vidas que segar. Usted está haciendo un trato con Thanos. - La pequeña criatura abrió los ojos como platos. Ese tal "El otro" no estaba marcándose ningún farol... Esto era mucho más profundo de lo que había imaginado.

Sonrió sin proponérselo, no podía evitar pensar en el pez gordo que había encontrado tan solo escuchando aquí y allá. Sin embargo, esta mueca no pasó desapercibida para "el otro", le estaba observando muy de cerca.


Ripley logró deshacerse de las preguntas de Arlan como pudo. No me hacia mucha gracia como estaban desarrollandose los acontecimientos, estaba claro que me convenía estar cerca suya, junto a él estaba a salvo. Sin embargo, no me daba buena espina todo aquello, era demasiado bueno conmigo. Tal vez, después de tanta hostilidad, no era capaz de aumir que aun había gente buena en la galaxia.

El joven teniente me llevó a una especie de patio interior donde tenían naves amarradas y varias casetas, donde parecia que guardaban sus monturas. El centro de la estancia estaba desprovisto de techo y suelo, seguramente era el centro del edificio. muchas naves entraban y salían. Seguí con la vista a una nave pequeña y metalizada que descendia hacia el espacio exterior. ¿Dónde estaría Loki? ¿Habría abandonado el planeta? El alien vió como miraba a la nada y se acercó más a mí.

- ¿Echas de menos tu mundo? - Mencionó sonriendo con algo de pena, como si se apiadase de mí,

-¿Eh? Ah... si. Seguramente todos me estén buscando. - Y no mentía, me estarían buscando para llevarme a la carcel por asesinato. Se me partió el corazón al pensar en mis compañeros, volvía a sentirme sola, siempre lo había estado.

- Tu familia estará preocupada, tus amigos, tu... ¿pareja? - ¿Por qué me parecía tan evidente que me preguntase eso? Era como si todo el rato, todo desembocase exactamente en ese tema, empezaba a ser molesto.

- No. - Contesté seria, evidentemente.

- No me lo puedo creer. - Rió. - ¡Vamos, seguro que hay alguien especial! - Hay dos tipos diferentes de "prototipo de gente que reacciona al saber que estás soltera". El primero es aquel ser que lo afirma y te adula, tal como: "Tan guapa y sin novio". El segundo tipo es aquel que lo niega, como es el caso. Claro que había alguien especial, maldita sea. - Lo siento, perdoname - Dijo de repente. - Pensé que tal vez recordar a tus seres queridos podría darte fuerzas para estos días. Pero en vez de una sonrisa casi te arranco una lágrima. - Se rascó la nuca.

- Es... complicado. - Forcé una sonrisa.

- Tengo tiempo... Soy un fan incondicional de las historias largas y complicadas. - Puso sus brazos en forma de jarra y alzó el mentón. "Por eso mismo estas acostumbrado a los interrogatorios." - Pensé.

Antes de que pudiese contestarle y de que él viese mi cara de "por favor no seas tan entrometido". Una nave blanca y azul se ponia en marcha, los cañones de plasma rodaban y resonaban, cargando sus reservas para una posible batalla con naves hostiles. Ripley desvió la mirada y se topó con los ojos aguileños de la muchacha peliazul de hacía un momento. Me indicó que nos acercasemos a ella.

- ¡Vaya, al fin te veo! - Gritó ella. - Haz el favor de explicarme todo esto. - Me miró de arriba a abajo - En serio ¿Qué hace ella aquí?

- Tranquila. La he encontrado esta mañana cerca de el centro de la ciudad, no sabe como ha llegado a Knowhere. - Volvió a mirarme, entrecerrando los ojos. Miró a Ripley y este le sonreía algo chulesco. - Prue, te presento a la piloto Sylien de la avanzadilla galactica de la rama de los Shi'ar. - La peliazul tendió la mano con impetu y transformó su severa mirada en una amable y sonriente. No sabia muy bien como reaccionar a tan brusco cambio, pero traté de calmarme y le estreché la mano.

- Bueno, cuentame ¿Qué ha pasado?

- Pues ya sabes, estaba haciendo mi ronda, como cada mañana y cuando estaba pasando por el angar 7.4. Una nave no identificada apareció en el radar. Mi capitán ordenó que fuesemos, porque al parecer habían avistado desde la central una nave chitauri por los alrededores de la orbita de Knowhere... y así fue. Una nave chitauri, solo una, con cuatro individuos dentro, al abordarla nos atacaron y el que viste antes es el unico superviviente. Lo hemos capturado como rehén, ya sabes que el General Cosmo prohibió su entrada. Lo he dejado en la unidad de interrogatorio y se están encargando de él.

-Todo esto es muy extraño. HAce muchos años que no veíamos ninguno tan cerca. Me pregunto que estarán tramando... - Me miró de reojo el muchacho. - Humanos y chitauris, lo nunca visto. - Rió. - ¿No tendrás nada que ver con ellos verdad?

-¿Estás de broma? Si ese bicho no hubiese estado encadenado me hubiese comido viva.

- Son una raza de asesinos. - Contestó Sylien. - Antes algunos malechores de aqui traficaban con ellos. No son mercenarios, son mercancia, maquinas de matar bajo el control de un superior...

- ¿Un superior? - Pregunté.

- Nadie sabe de quien se trata. - Repondió el teniente.

Recordé el sonido de los dientes rechinando en la boca del monstruo, la baba caia insaciable, como si tan solo con olerme pudiese comerme y partir mis huesos... Eso me recordó una sensación que mantenia retenida en mi interior y que eligio este preciso momento para volver a la luz. Tenía mucha hambre y mi tripa rugía desesperada.

Ripley sonrió de medio lado y pasó su mano por su pelo puntiagudo.

- No has comido nada ¿cierto? - Amablemente me posó la mano en el hombro.- Será mejor que nos vayamos antes de que te desmayes. - Habia tratado de comer aquel bollo ... nefastamente.

Ambos soldados se saludaron militarmente y pudimos ver como Sylien subía a su nave y se alzaba en el espacio en busca de más naves chitauri. Ripley, quien seguía con su mano en mi hombro, me indicó que le siguiese. Arqueé la espalda lentamente, si no dejaba de tocarme e invadir mi espacio vital, iba a empezar a ser desagrabable con él por tomarse tantas confianzas.

Llegamos hasta las cuadras del principio, estaba lleno de criaturas horribles de todo tipo. Su montura asomaba por una ventana mientras comía a saber qué con su lánguida lengua purpura. El rubio abrió la puerta y sacó a la criatura, le mimó un poco diciendole adjetivos que desde luego esa criatura no poseía y después de un momento subió y me tendió la mano para que yo hiciese lo mismo. Al subir detrás de él me pidió que me agarrase fuerte y me colocó las manos al rededor de su cintura. Desde luego, había visto muchas peliculas de los 80's para no haber pisado la Tierra.

Aquel cuadrupedo empezó a correr más rapido una vez que salimos del criadero, ibamos por una especie de carretera acristalada desde donde se podía ver toda la ciudad. Una sensación extraña volvió a rondarme por la cabeza, era muy raro, como si de repente un montón de desconfianza se apoderase de mi y me pusiese de mal humor.

No podía controlar todo lo que me estaba pasando, la sensación desagradable pasaba desde mi mente hasta mis terminaciones nerviosas, provocando que soltase mi agarre con asco inmediatamente.

-¿Te encuentras bien? - Dijo el rubio hablando alto, ya que el sonido del viento y el galope del monstruo, era tan fuerte que era imposible escuchar nada.

- Si, no es nada... -volvi a cogerme, aguantandome.

- No te preocupes, el sitio al que te llevo no está muy lejos ¡te va a encantar!

Al parecer estaba totalmente convencido de querer mantener nuestra promesa, por ambas partes. El resto del camino lo pasamos en silencio, me llevó por el centro de la ciudad y por algunas de las calles que había pasado. La montura disminuyó la velocidad al pasar por una de las calles más transitadas. Los edificios eran altisimos, de hueso y metal y formaban una plaza la cual estaba adornada con un estanque en medio, aunque no daba muy buena espina. A una de las partes de la plaza había una planta baja con algunas plantas extrañas metidas en macetas. Dos grandes cristaleras se alzaban a cada lado de la puerta metálica pintada de blanco. Arriba de esta , colgaba un cartel metálico donde estaba grabado un nombre en algún idioma alienígena imposible de descifrar. Estaba algo abobada al haber encontrado un lugar tan "humanizado" en aquel amasijo de casas y puestos. Estaba tan abobada que no presté atención a cuando el teniente bajó del monstruo y me tendió la mano para ayudarme a bajar. Cuando caí en la cuenta, le agarré la mano, estaba áspera. Una vez estuve en el suelo, volvió a recorrerme esa sensación, tal vez el hambre y todas las emociones de ese día me estaban pasando factura.

Ripley llamó a la puerta. Una especie de robot blanco y negro nos abrió , no tenía expresión alguna y parecía no ser capaz de generarla. Era muy estilizado, tenía toda la pinta de ser un camarero.

- buenas noches señores, ¿mesa para dos? - ¿vaya, ya era de noche? El robot se quedó mirando al chico y añadió. -¿Señor, está seguro de querer entrar aquí vestido así? - entonces calló en la cuenta de que aún seguía con su uniforme.

-Disculpe, tiene razón . - apretó el emblema que portaba sobre el pecho, como si de un botón se tratase, y una luz morada apareció. Pude ver como su traje poco a poco iba recogiendose solo, como si de la armadura de Tony Stark se tratase.

Debajo de todo ese metal, se encontraba el cuerpo del chico, vestido de forma más informal. Llevaba una camiseta sin mangas y de cuello alto de color negro, una chaqueta color mostaza de manga corta, unas bermudas marrones y unas botas negras de media caña. Todo ropa demasiado humana, estába sorprendida.

El camarero asintió y nos llevó con él. El interior del restaurante era blanco y azul, las mesas de color negro hacían resaltar las velas y las flores. Había bastante gente y aún y así no olía demasiado mal en comparación al hedor a combustible que siempre hacia afuera. El camarero nos llevó hasta nuestros asientos: dos sillones azules que supieron a gloria después de andar y correr tantísimo durante todo el día. Ripley se ofreció a elegir mi cena ya que no tenían comida humana, pero al menos me pediría algo que pudiera meterme en la boca sin vomitar.

- Gracias por todo esto. - mencioné. Ripley parecio sorprendido y se rascó la nuca con algo de vergüenza.

- no tienes que agradecer nada, esto entraba en el trato. - sonrió y dio un sorbo a su vaso de agua. Yo hice lo mismo. Parecía que hacía años que no bebía nada.- cuéntame un poco sobre la tierra.

- Pues... No se que podría interesarte.

- mi madre era humana como te dije, de un país llamado Italia, ¿Lo conoces?

-Lo conozco, claro. Pero nunca he estado allí. - el muchacho suspiro algo decepcionado. - sin embargo, dicen que la comida de Italia es la mejor y cuenta de muchos monumentos históricos... También dicen que la gente es muy simpática, pero que los hombres pecan de... - miré a los ojos de Ripley... Que fuese italiano explicaría algunas trazas de su comportamiento. - ser muy amables con las mujeres.

-bueno, siempre que se lo merezcan... Y que sean tan bonitas como tú...

- ¿perdon? - me sonrojé, pero no me gustó nada que se tomase esas libertades conmigo, por muy alagador que fuese .

- ¿y tu de donde vienes? - preguntó sin hacer mucho caso de mi reacción.

- Nueva York, una ciudad de norte América.

-La conozco.

- ¿has estado?- pregunté incrédula.

- No, pero el resto de la galaxia sabe muchísimo más sobre la tierra, que ella sobre el resto del universo. Sois un planeta extraño, no hay muchos como el vuestro... La unión galáctica decidió que vuestro planeta se catalogaría como intocable, es decir, nunca debéis saber de la existencia de otra inteligencia, ya que se os tiene como a una especie inferior. Sois como una plaga, lo arrasais todo y os la dais de superguays, cuando en realidad no dais la talla. Ante una guerra espacial, estaríais perdidos. Por eso la junta piensa que así manteniéndonos invisibles a vosotros, os protegen.

- ... - traté de digerir todo lo que estaba diciendo el rubio. - si, tienen razón. Sería nuestro fin. La raza humana es autodestructiva, es mucho mejor que ella sola se extinga por su cuenta.- Ripley me miró con los ojos como platos.

-definitivamente no eres una humana normal. -sonrió. - ¿ que te hace pensar así?

- Tal vez haya perdido algo de fe en la humanidad ... - la humanidad me estaba empezando a importar un comino.

- Vaya... ¿una mala racha? - pregunto poniéndose algo serio.

- una mala vida... - apoyé la frente en mis manos, algo aturdida por el simple hecho de recordar.

Trajeron lo que Ripley habia pedido, tenía buena pinta, era una especie de sopa de tomate con carne y a mi me trajeron un trozo de carne hecha a la brasa con algo verde y largo que inuti que serían verduras. Ni idea de que animal era, pero tenía un sabor delicioso. Comía con ansia, tuve que parar un par de veces porque estaba sintiéndome observada por los demás clientes. Sin embargo a Ripley, más que molestarle parecía divertirle. Estuvimos hablando de cosas triviales hasta que me fijé en como sus puntiagudos dientes escondían una lengua muy particular. El muchacho vio como me había quedado mirando y entonces abrió la boca de sopetón y con una velocidad arrolladora, con su lengua cogió un trozo de mi carne y se lo llevó a la boca, sin moverse del sitio.

- Wow, vale, Eso ha sido... Vaya... - miré en todas direcciones y nadie parecía impresionado. -¿como lo has hecho?

- Bueno... - sacó la lengua, pude ver como era mucho más rojiza que la de una persona normal y además era muy larga, estaba seguro de que si se lo proponía, podría chuparse la nariz e incluso la frente... Sus ojos también cambiaron, aunque el ámbar seguía latente, sus redondas pupilas negras se afiliaron . - si, soy medio humano... Pero mi padre es un reptiliano. Te lo mostraria pero tendría que quitarme la ropa. - Reaccionó al ver mi sonrojo y mi cara de "pero que narices esta diciendo" y se puso rojo también. - ¡ No es lo que piensas! Es mi pecho... Dios, tengo la sensación de que siempre que te digo algo quedo en ridículo... ¡ pero es cierto! Tengo el pecho lleno de escamas de reptil.

- pff.. - No pude controlarlo más y por alguna razón empecé a reírme muy fuerte. Me tapé la boca con la mano pero fue inútil ya que al aguantarme la risa empecé a llorar. Ripley me miraba con una mezcla de incomprensión y gracia. - ay... -cogi aire- Lo siento mucho de verdad, no quiero que pienses que estoy riéndome de ti. Es que me ha parecido muy gracioso cómo has reaccionado.

Di un par de risotadas más, hacía mucho que no me reía así, aún me quedaban lágrimas en los ojos cuando Ripley cogió su servilleta y limpío suavemente mis ojos. Sonrió cálidamente y no pude evitar hacer lo mismo. Al bajar la mano, me acarició el brazo sin querer. Volvió a ponerse muy nervioso y se ruborizó tapándose la cara. Aunque me empezaba a parecer adorable, estaba claro que de algún modo estaba generando sentimientos hacia mi y eso lejos de alagarme, me estaba haciendo sentir mal. Ya no solo por el hecho de que no estaba siendo del todo sincera con él, si no porque no podía corresponderle.

Después de un rato en silencio, decidió proponerme ir a otro sitio. Lógicamente, él pagó la cena, ya que no tenía ningún tipo de moneda del lugar, cosa que tambien me hizo sentir mal. Maldita sea, no me gusta ser una carga para nadie. Al salir, su montura nos estaba esperando, él cogió sus riendas y echó a andar. Me puse a su lado, agradecía ir tan tranquila paseando, tanta paz casi me parecía extraña. Ripley se puso a hablarme de sus padres, de como su madre había sido rechazada por la familia de su padre por ser una simple humana, como ella murió en uno de los viajes interespaciales que solía hacer y como su padre, ex militar de Knowhere , había cuidado de él.

- ¿ y a veces no te preguntas porque tu padre se casó con tu madre, aún y siendo humana? - le pregunté, siendo consciente de mi impertinencia algo tarde. Pero pareció no importarle.

- si, se lo he preguntado muchas veces. Pero siempre me contestaba lo mismo: " porque la quería". - al escuchar esa respuesta, mi corazón palpitó muy fuerte. Ojalá todos pensasen así. - ah, mira, ya hemos llegado.

Ripley señaló un local que estaba al otro lado de la calle. Parecía un local bastante de moda, por lo que estuve rezando por lo bajo que no hubiera mucha gente. Además sin contar que la última vez que fui a un puff no fue muy agradable.

Por fuera, una gran puerta de madera se abría de par en par dejando ver una luz amoratada que salía de su interior. Desde fuera se escuchaban los gritos y la música... Ya estaba empezando a agobiarme.


La tensión en la trastienda fue aumentando, él trató de defenderse tanto como pudo cuando el Machacador le hacia preguntas y la mayor parte del tiempo era "El Otro" quien respondía en su lugar... eso solo podía significar dos cosas: o por alguna razón estaba empezando a perder la paciencia con el Machacador o hacia rato ya que se había percatado de que su amigo había muerto. ¡Como fuese! Tendría que dar el paso lo antes posible. Le sudaban las manos y su respiración se iba acelerando conforme se iba preparando para intervenir. Maldita sea, tantos siglos vivo y aun le hervía la sangre antes de hacer alguna fechoría,... Aunque eso le hacía sentirse vivo ¿A quien quería engañar? Machacador empezó a hablar de nuevo sobre como la "industria del crimen" en Knowhere había decrecido, cuando la atmosfera fue haciendose pesada.

-¿No teneis calor? - Mencionó mientras se secaba el sudor de la cogió la camiseta y se puso a aventarla para que le entrase el aire.

- Yo me encuentro perfectamente. - Al hablar, "El Otro" le miró con los ojos muy abiertos. Se puso de pie.

Machacador se puso de pie también inmediatamente y silvó. Entonces el grandote que había abierto la puerta anteriormente apareció por la espalda. El gran alien garró por la espalda a aquel que había osado levantarse en contra de Machacador, pero con un movimiento de mano se desizo del gigante, quien acabó estampado en la pared por una fuerza invisible e imposible de aplacar. El hombre sintió fluir su poder hasta la palma de su mano y, aunque no estaba tocando a su víctima, sentía su tacto, su respiración, el sudor que bajaba por la garganta del alien. Él apretó y apretó sediento de sangre. Sin embargo, antes de que el último pataleo del gigante cesase, el pequeño Machacador saltó y le quitó la capucha al hombre.

Dos brillantes ojos verdes se posaron sobre la criatura. Le miraba y el enano empezó a temblar. No obstante, presa del pánico, Machacador saltó sobre su presa, preparado para asertarle un mordisco mortal en el gaznate. Sin embargo, el ahora desencapuchado no se quedó de brazos cruzados y le agarró de su calva cabeza.

El enano empezó a tratar de acertar algunos mordiscos al aire, sus dientes chocaban y sonaban como cuchillas afiladas. Gritó muchas cosas: " no sabes quién soy", "te acordarás de esta", " te voy a matar"... Cosas que solo hicieron que condenarle, puesto que nadie amenazaba al dios de las mentiras. A sí que le calló abriendo de más su boca y por consecuencia, parte de su cráneo. El cadáver del Machacador golpeó el suelo con un sonido sordo y el silencio se hizo en la sala.

- Soy Loki, de Asgard. Y estoy aquí para hacerte una oferta que no podrás rechazar.


Tenía razón, el gentío era más que evidente en el establecimiento. Estaba lleno de criaturas pasandolo bien bailando debajo de un montón de focos de colores, otros se acercaban a la barra a pedir. Había muchísima gente y el desmadre que reinaba el lugar estaba fuera de mi gusto. Gracias a Dios que pasaba desapercibida. Más atrás de las luces y el humo , habían un par de mesas de billar y una mesa de póker, cerca de unas escaleras que llevaban a un balcón. Ripley me llevó a través de la gente hasta una de las mesas de billar mientras reia por lo bajo.

- veo que no estás hecha para las multitudes.- comentó.

- me agobio un poco... Sobretodo si se que podrían comerme.

- Prue, nadie va a comerte aquí. - Se apoyó en la mesa de billar y cogió uno de los palos que había encima. - Esta gente me conoce, saben quien soy y de qué trabajo, no van a hacerte nada si estás conmigo. Además de que Arlan se ha encargado de que aparezcas en los registros como una Vanir, nadie tiene pruebas de que eres humana. - Se levantó despreocupado, haciendo peripecias con la vara, la lanzó al aire y cuando la cogió, me apuntó con ella. - ¿Sabes jugar?

- ¡Claro! Bueno, al menos que el billar del otro lado de la galaxia sea algo diferente al humano.- Me puse nerviosa por algún motivo, cogí otro palo y lo apoyé en el suelo. Estábamos en un contexto muy extraño como para ponerse a jugar al billar.

-No lo sé. - Rió. - Déjame que te enseñe y veremos si se parece.

Ripley metio una moneda en la mesa y las bolas aparecieron encima como por arte de magia. Al ver mi cara de fascinación, el muchacho sonrió algo chulesco. Apretó un botón y las bolas empezaron a flotar sobre el tablero y entonces este desarecio dejando ver el interior de la mesa, casi toda llena de agujeros .

- estas bolas están proulsadas por aire a presión, debes tratar de colarlas en los agujeros de dentro de . ¿facil ,cierto? Debes golpear con la bola roja las demás. Si cuelas una negra, deberás colar todas las negras del tablero. ¿entiendes? - asentí, más o menos se parecía al de la tierra. - sobre todo debes evitar a toda costa lanzar hacia arriba, la bola podría golpear a alguien. - De un movimiento brusco se quitó la chaqueta. La camiseta sin mangas que llevaba mostraba sus brazos fuertes y fornidos y debido al tipo de tela, sus pectorales se marcaban tanto que casi me hizo enrojecer.

Sin duda, era un chico muy guapo...pero su forma de ser , tan lanzada. Me ponía nerviosa. ¿a que me refería? Básicamente a que se había colocado detrás de mí y estaba tratando de "enseñarme " a coger el palo. Me agarró de ambos brazos y nos puso en posición. Su boca estaba demasiado cerca de mi oreja, cada vez estaba resultando más incómodo. De repente me reincorporé, obligándole a él a hacer lo mismo.

- Se como se hace, es muy parecido a nuestra forma de jugar. - sonreí bastante forzosamente. Él me devolvió la sonrisa... ¿estaba pecando de santo? - Perdón por ser tan brusca, pero me gusta conservar mi espacio vital.

- vaya, perdón. No volveré a importunarte con algo así, perdóname. - se llevó la mano a la cabeza, parecía que no acababa de entender porque le había llamado la atención. - deja que te recompense.

- ¿Que? No hace falta que me recompenses nada, en serio. - agite los brazos ¿como que recompensarme? Me bastaba con sus disculpas.

- Deja que te traiga una bebida. - Dijo cogiéndome de la mano. Definitivamente no había entendido nada.

Antes de poder rechistar, el rubio y se había marchado hacia la barra dejandome sola en la mesa, sujetando el palo con firmeza. Encogí los hombros, era un muchacho realmente extraño.


La sangre de sus manos continuaba fresca y resbaladiza, los cadáveres llacian en el suelo y " el otro" seguía en su silla.

- Tenía mis dudas. - la voy de El Otro sonaba mecánica y lejana. - Al principio pensé que de verdad eras mi aprendiz... Pero quién iba a decirme que estaría ante el mismísimo Dios de las Mentiras.

- Entonces no hacían falta presentaciones. - Loki se cruzó de brazos. - Siento que nuestra reunión deba ser entre muertos.

- Eso es lo que menos me preocupa , dios asgardiano. - El Otro no transmitía ninguna emocion cuando hablaba. - Has podido ocultarme tu presencia, engañarnos y veo que tu inteligencia y tu falta de escrúpulos son dignos de un hijo de Odin.

-Llamame Loki, anciano. Odin no tiene nada que ver con esto. - El Dios sonaba severo y cruel.

- Es cierto. - Río la extraña criatura. - Es sabido que el príncipe Loki de Asgard murió, pero por lo que veo es otra mentira.

- Una mentira que debe seguir siendo verdad para todo el mundo. - No podía dejar que nadie se enterase de que seguia con vida o todos sus planes se echarían a perder.

- ¿ Y que es lo que desea de nosotros el señor de los engaños? - El otro cruzó los brazos sobre su barriga y enseñó los dientes en una mueca que pretendía ser una sonrisa.

- Necesito un ejército... Voy a tomar la tierra y a hacerla mia. - Volvió a acelerarse su corazón , emocionado por como estaban saliendole las cosas.

- Tendrás tu ejército joven Dios, puedes darlo por hecho... Pero me temo que mi amo va a querer algo a cambio.

- ¿Dinero? - Alzó la cabeza.

- Mi señor te recibirá en cuanto le hable de tí, él mismo te dirá que desea. - la misteriosa criatura se levantó de la silla. - Siento que no pueda ser ahora, estoy seguro de que esta entrada espectacular le hubiese encantado. Ahora, será mejor que salgamos de aquí antes de que alguien nos acuse de asesinato y no te conviene, joven dios.

- De acuerdo, salgamos. - Loki estaba agarrando el pomo de la puerta por la que habían entrado, pero el otro no hizo amago de irse.

- Será mejor que no salgamos por ahi, las horas que son está zona debe estar llena de gente, salgamos por delante, llamaremos mucho menos la atención.

Había otra puerta, esta de metal. Loki no se había percatado del jaleo del exterior hasta ese momento.


Veía a Ripley en la barra tratando de pedir algo de bebida entre la multitud. Me recordó a Amy, la noche en la que me agredieron aquellos rufianes. La noche en la que conocí a Loki. No quise pensar en ello y sacudí la cabeza. Seguía sugerando con fuerza el palo de billar... No podía ser tan difícil a si que para despejarme, decidí hacer la primera tirada. Después de todo, Ripley aun iba a tardar en volver.

Las bolas flotaban en el aire, la roja estaba en posición y las demás ordenadas juntas y preparadas para ser desordenadas. Habían agujeros en muchas direcciones a si que decidí que dispararía en medio. Me coloqué en posición y hice que el palo se deslizase entre mis dedos. Golpee la bola roja con la fuerza suficiente como para desperdigar las demás. Vi entonces como una de las bolas negras estaba en posición para colarse por uno de los agujeros. Supuestamente era el turno de Ripley... Pero no había nadie alli que pudiese acusarme de tramposa. Volví a deslizar el palo por mis dedos, sin embargo alguien que pasaba por detrás de mí chocó conmigo. Le di muy fuerte, tanto que la bola roja salió disparada hacia una de las paredes del tablero y rebotó haciendo mi cara. Ahogue un grito y rápidamente me agaché para que no me golpease.

No obstante, una vez en el suelo con los ojos cerrados, el sonido del estruendo fue innevitable. Me giré corriendo para ver qué había pasado.

Un alien yacía boca abajo tirado en el suelo. Estaba temblando de miedo y esperaba por el amor de Dios que no estuviese muerto. Me acerqué aligerando el paso y me agaché par comprobarle el pulso, pero en cuanto les toqué, se puso de pie. Era un alienígena grande, de piel roja brillante y cuatro brazos, veatina una espècie de smoking Blanco con cuatro mangas. La escena me hubiesemos parecido graciosa si sus cuatro ojos amarillos sin pupilas, no estuviesen mirandome con ànsia de sangre. Chocó sus puños entre si mientras gruñia rodeado de aus amigos, quines imploraban, al igual que yo, que no se enfadase. Pero no sirvió de mucho, muchos aliens trataron de evitar que cogiese una de les Varas de billar, pero con sus grandes brazos los iba empujando y lanzando contra la pared uno tras otro.

Me tenía acorralada, iba a golpearme con ese dichoso palo y yo estaba tan jodidamente asustada que no podía moverme. Entonces, algo pasó rozando la nariz de la gran criatura. La gente había formado una especie de pasillo al ver al teniente de la unidad galáctica de Knowhere: Asholeen Ripley, sosteniendo un arma de fuego en dirección al alien carmesí. Había muchísima gente por delante, ¿Cómo le había dado? Tras el sonido del disparo, todo el mundo se calló. El gigante de cuatro brazos se giró en dirección a Ripley y lo desafió con la mirada. El teniente iba acercandose a nosotros cada vez más y más. Al ver que la mirada de ninguno de los dos se despegaba de la del otro, el monstruo habló con una voz grave y casi terrorifica:

- Insignificante mestizo, yo iría con cuidado con lo que haces fuera de servicio. - Aquella amenaza hizo que el teniente tensara todos sus musculos. No era ningún secreto que él fuese medio humano y no era ninguna deshonra para él. No obstante, la continua burla hacia su madre que había sufrido a lo largo de los años, encendía una llama en su interior que no siempre era capaz de acallar.

- Deja en paz a la chica, media mierda. - Ripley volvió a cargar el arma y apuntó al suelo.

- ¿Media mierda? - El gigante rió. - Me atizan con una bola en la cabeza y me disparan en la misma noche, no podría ir mejor. - Se giró hacia mí. - ¿O sí?

Estiró uno de sus enormes brazos y rodeó con su puño mi cuello. La respiración se me entrecortó cuando elevó su agarre haciendo que mis pies flotasen en el aire. Reía a carcajada limpia, su voz revotaba por las paredes, todo el mundo estaba callado y expectante. Entonces me miró ladeando la cabeza y me atrajo hacia él sin ningún esfuerzo, pese a que no dejaba de patalear y de removerme para que me soltara. No se me ocurrió nada mejor que hacer y le mordí el nudillo, pero solo pude provocar que aun riese más alto. Aunque después de todo ¿Qué esperaba? Era un alien con la piel mas gruesa que el cuero, no la tierna y fina piel de Victoria McAdams. Apretó más su agarre, mis brazos y mis costillas quedaban aplastadas dentro de su mano, ahogué un grito.

- Vamos a ver que pasa si te muerdo yo a ti. - Ladró entre risas mientras había una boca de dientes amarillos.

Se movió muy deprisa, a penas un pestañeo y ya sentía sus babas en mí. Se escucharon dos disparos más y mi agarre se soltó, haciendo que cayese despedida encima de una de las mesas de billar.

- Eres muy rápido para ser tan grande. - Dijo el teniente Ripley. Su arma apuntaba hacia el gigante y de la boquilla de esta salia humo. - Por desgracia para ti, yo también. - El monstruo bajó la mirada y tenía dos disparos en las costillas, le brotaba algo de sangre, pero nada por lo que sus enormes músculos debiesen preocuparse.

- Vaya, parece que el mestizo tiene ganas de pelea. ¿Que dirán tus jefes si se enteran?

- Dirán que estaba protegiendo a un civil. - El grandullón se puso a reirse de nuevo y se giró para volver a agarrarme. Volvieron a oirse tres tiros, pero el alien hizo caso omiso y cuando me recogió, se giró.

- Me estás enfadando, mestizo.

- Sueltala.

- No.

Ripley frunció el ceño, separó algo los pies, poniendose en guardia. Sus botas rechinaron en el suelo. Miraba intensamente al grandullón carmesí, cuando algo raro empezó a pasar en su retina. Sus pupilas se volvieron dos lineas y su iris empezó a tornarse de un amarillo intenso, mientras su retina cada vez se volvía más oscura. El gigante hizo un gesto de desprecio, fingiendo ignorarlo, pero seguidamente, aporreó el suelo con uno de sus inmensos brazos. - ¡Ripley! - Grité. Pero ya no estaba en su sitio. Entonces el monstruo sintió un terrible dolor en la espalda. Cuando giré la cabeza hacia el otro lado, el teniente le había dado una patada. Cuando el muchacho empezó a descender de su salto, el alien carmesí se giró rotando tratando de golpearle de nuevo, pero otra vez, Ripley no estaba en su lugar.

El monstruo empezó a resoplar, enfadado. Me soltó golpeando conmigo el suelo. Me levanté lo mas rápido que pude y me aparté, por mucho que me pesase, no era de ninguna ayuda. Ripley apareció a uno de los lados del monstruo, desentumeciéndose el cuello y sonriéndome. El alien, al darse cuenta de que estaba allí, rugió lleno de ira, y como si su puño fuese una machacadora, aporreó el suelo. De nuevo no sirvió de nada.

- Deja de moverte, estupida alimaña. - Bramó como si le fuese la vida en ello.

No veía nada de lo que sucedía, era como si Ripley se volviese invisible y apareciese y desapareciese. Apareció delante de él, mientras trataba de dar puñetazos al azar en el aire y entonces le disparó en el abdomen. Ripley sonrió de nuevo, su cañón estaba pegado a la piel del alien y al retirarlo, parte de esta se quedó pegada en la boquilla. El gigante estaba echado hacia delante con la boca abierta y los ojos en blanco.

Ripley volvió a guardarse el arma dentro de su chaqueta y se dirigía hacia mí, mientras podía ver como sus ojos volvían a la normalidad. Fue entonces cuando volví a sentir aquella sensación desagradable, una sensación de malestar, como si algo terrible estuviese a punto de pasar. Entonces lo ví. Ripley estaba en el suelo machacado. Pero al abrir los ojos él seguía delante de mí.

-¿Estás bien? - Me preguntó. - Pareces algo aturdida.

- ¡Aparta, Ripley! - Agarré al chico de las solapas de la chaqueta y lo eché hacia un lado.