No he dejado de escribir durante todo este tiempo y a parte de este capitulo tengo uno más. A parte de que estoy trabajando en otro._Capítulo 21: Humana indefensa.
El humo que había levantado el golpe no dejaba ver nada, había pulverizado el suelo. Estaba segura de que Ripley llevaría mi agarre marcado en el brazo. Al soltarlo se escuchó como se estrellaba contra el suelo. Poco a poco el polvo fue disipándose, tapé mi boca y mis ojos con los brazos, para evitar tragarme todo aquello. La risa del gigantesco bruto que nos había agredido estaba volviendo a inundar la sala, rebotando de pared en pared. Palpé a mi alrededor en busca de Ripley, pero no podia alcanzarlo.
- ¡Ripley! - le llamé. Entonces mi pierna topó con algo y me quedé quieta antes de tropezar.
Cuando el polvo se disipó, poco a poco pude ver como mi pie estaba junto al teniente, quien yacía en el suelo acallando sus gritos de dolor. Entonces me fijé en que pese a mi advertencia y al haber tratado de tirar de él, el monstruo le había aplastado parte de su pierna izquierda.
Aunque impactada por la escena, me agaché para tratar de ver la gravedad de la herida. Gran parte había quedado casi destrozada, aunque por suerte, no había pillado el hueso, tenía varios músculos desgarrados.
Ripley me agarró y entre quejidos me pidió que lo pusiera de pie. Pesaba y su herida no hizo fácil su reincorporación, sin embargo logré que se apoyase en la pared. El gigante seguía riendo ante el silencio sepulcral del lugar, nadie movía ni un músculo.
- Ya me he cansado de ti. - musitó Ripley, tratando de no sonar herido. Cargó su pistola y volvió a apuntarle. - vas a ir derechito a cadena perpetua por haber herido a un agente de la ley.
- fíjate cuánto me importa tu maldita ley! - el monstruo se acercó de nuevo a toda prisa, cargando con su puño, dispuesto a estampar al teniente de una vez por todas.
Tal vez fuese porque nadie hacia nada, porque estaba estresada o simplemente porque vi el cuerpo destrozado de Asholeen Ripley por un segundo. Sin embargo no dudé en destrozar uno de los palos de billar en la espalda del ser carmesí. Quien detuvo su ataque y seguidamente me miró. Ripley se desplomó en el suelo, seguramente por la perdida de sangre. Suspiré aliviada, al menos no estaba reducido a escombros junto con la pared.
Un rugido resonó y el gigante venía corriendo hacia mi a gran velocidad, le veía golpearme y lo esquivé una, dos, tres veces, a la cuarta me apartó de un manotazo. Me deslicé por el suelo y pude coger otro palo, le di dos veces pero mis golpes no le hacían nada. Con Ripley inconsciente, me había quedado sin protección y aunque aún no entendía muy bien porque pero podía preveer sus ataques, no podía hacer nada para ganar.
De repente el monstruo carmesí rugió, haciendo que toda la gente perdiese la calma y empezase a correr despavorida. Poco a poco, empezó a acercarse a mi tratando de acorralarme. Yo miraba hacia atrás tratando de buscar una salida, pero me dirigía directa a otro muro cerca de la barra.
El monstruo rojo se percató y cogió una jarra con desdén y la partió, quedándose con el asa y buena parte del cristal puntiagudo. Era increíble el alboroto que había. Todo pareció volverse cámara lenta, la gente corriendo y gritando, los dueños debajo de la barra temiendo por sus vidas, puertas abriéndose, el gigante cogiendo impulso para partirme en dos con ese cristal... Y de pronto, todo pasó muy deprisa. Una sombra se interpuso entre ambos y cerré los ojos aguantando la respiración. Los pasos de la gente corriendo se oían lejanos.
Un goteo llegó a mis oídos y abrí los ojos con sorpresa de no sentir dolor. Una figura alta y esbelta estaba delante de mi, olía a sangre. Sabía quién era , pero no sabía si era real u otra de mis recientes visiones. Aún y así me sentí aliviada al verlo.
Los ojos verdes y desafiantes chocaron con la mirada del monstruo, no sabría decir cuál de los dos estaba más furioso. Loki se tocó un costado, entonces pude ver como el cristal había terminado clavado en él y no en mí. No obstante, el Dios lo cogió y lo saco como si tal cosa.
- ¡L-Loki! - me atreví a pronunciar. Él no reaccionó, sin embargo el gigante si me había escuchado.
- ¿Loki? -gritó divertido. - El Dios de las Mentiras está muerto.
- ¿Lo está? - Preguntó el aludido, no obstante no obtendría respuesta alguna, puesto a que el gran monstruo había sido partido por la mitad como una jarra rota.
Sentía mi respiración ya entrecortada, congelarse bajo la mirada del Dios de las Mentiras. Era severa, pero sorprendentemente no hacia mí, si no hacia él mismo. Ambos nos giramos de golpe al escuchar las sirenas de los guardias aproximándose, era mejor salir de allí.
Loki chasqueó los dedos y le apareció una capa encapuchada de color negro. Al ponérsela, me cogió por el hombro y me escondió en ella. Loki daba pasos largos y rápidos sin dejar de sujetarme y yo trataba de seguir su ritmo tanto como pude. No podía dejar de mirar su herida en el costado, borboteaba, pero él seguía como si tal cosa. Su rostro seguía impasible, maldita sea, caí en la cuenta de que seguía molesta con él.
Hacia rato que solo escuchábamos nuestros pasos, por lo que llegamos sin problemas al edificio del principio. La puerta se abrió pesada y los escalones rechinaban cuando subimos. Me fijé que en la puerta había un lector de huella dactilar, Loki lo hizo funcionar y la puerta se abrió como por arte de magia.
La estancia estaba tal y como la había dejado en la mañana, o en la noche, ya no estaba segura.
Al entrar, el Dios aventó su capa a un lado , estaba nervioso e inquieto. Iba y venía por la habitación y no dejaba de mirarme de reojo tratando de decir algo. ¿Se sentiría culpable por mentirme? ¿Puede el Dios de las Mentiras, sentirse culpable por mentir? Después de todo me había usado o pretendía usarme. Aún me enfadaba pensar que había estado cautivandome solo por su beneficio, pero en vez de liarme a guantazo limpio con él, decidí cambiar de tema.
- Creo que debería mirarte eso. - Dije seriamente mientras señalaba su lado ensangrentado.
- No es nada. - Respondió tajante.
- Llevas sangrando a chorros desde que el monstruo ese te golpeó, claro que es algo! - respondí aireada por su cabezonería.
- Los Dioses nos curamos a mayor velocidad que los humanos, no voy a morir por esto. - Aún y así sonaba dolorido y hacia que me sintiese culpable. Ese golpe era para mí.
Sin cruzar más palabras con él, lo agarré de un brazo y lo llevé hasta la cama, donde lo senté. Él trató de levantarse, refunfuñando, pero no le di alternativa. Me miró con pesadez, parecía que no tenía ganas de llevarme la contraria, pero al mismo tiempo parecía que tampoco quería estar allí, teniendo que volver a verme, teniendo que hacer frente a la situación que había dejado a medias horas antes.
Aunque me moría de vergüenza y me dolía al mismo tiempo, empecé a desabrochar su armadura. El cuero negro se volvía resbaloso con la sangre, era difícil desabrocharlo. Más todavía sintiendo su mirada tan cerca, me desconcentraba y se me volvía a resbalar. Hasta que me sobresaltó agarrándome el brazo para que parase. Tiró de una correa suavemente y su armadura se abrió de par en par. Hizo una mueca desagradable cuando trataba de quitársela y le ayudé, deslizándola por sus brazos.
El torso desnudo de Loki era blanco como la nieve, parecía suave y calido y, aunque no era extremadamente musculoso, era fuerte. Me quedé algo embobada , bastante... Y me sonrojé muchísimo cuando le vi mirándome a los ojos. Ya basta, debía centrarme.
Su herida, surcaba gran parte de sus costillas y parte de su vientre, por suerte no habían cristales clavados. No era médico ni por asomo, pero algo había aprendido de primeros auxilios. Me levanté decidida y me dirigí al baño a por algunas toallas y las humedecí, debería limpiar la herida. Al verme con mi solución, me miró escéptico, pero pasé de su cara y procedí. Cuando puse la toalla mojada en la herida, su cuerpo automáticamente se tensó y volvió a agarrarme del brazo.
- Mis heridas sanaran solas. - Dijo como podía mientras se quejaba por el escozor.
- Es posible, pero se tienen que desinfectar. - seguí frotando poco a poco. En efecto, su piel era suave.
No recuerdo muy bien como acabaron mis manos en sus heridas. Una vez limpias, pasé mi mano desnuda por ellas, acariciando la piel intacta entre los cortes. Empecé a contarle las costillas por si tenía alguna rota, al llegar a la tercera, hizo un gesto raro ¿a caso tenía cosquillas? Miré hacia arriba divertida, su mirada penetrante se había vuelto ardiente. Entonces me di cuenta de la posición en la que estábamos: él sentado en la cama y yo arrodillada en el suelo, entre sus piernas. Reaccioné rápidamente y me levanté.
-No debiste parar ese golpe. - Dije nerviosa, apartando la mirada.
- Hubieses muerto de no ser por mi. - Su tono de voz sonaba demasiado cálido como para venir de él.
-Me las estaba arreglando bastante bien sin... - Iba a reprocharle por todo aquel día, por haberse ido y haberme dejado sola a mi suerte, por ser un estúpido niño mimado.
Volvió a agarrarme y me giró de sopetón, todo pasó demasiado rápido como para que pudiera reaccionar. Sus brazos rodearon mi cintura y me apretó contra él, posando su cabeza en mi pecho. Su respiración era fuerte, lo sentía en mi vientre y en como su espalda subía y bajaba. Mis manos fueron directas a su pelo, le acaricié suavemente. Él me apretaba más. Tenía una espalda tan firme...
- Lo siento.
-... - me quedé en shock, ¿habia escuchado bien?
- Siento todo lo que ha pasado, todo por lo que has tenido que pasar. - se levantó y cogió mi rostro entre sus manos. - He sido un idiota. - posó su frente en la mía. - No quiero mentirte más ,no puedo, no quiero hacerte daño, no quiero que te vayas. - Lo abracé más fuerte, no podía creer lo que estaba escuchando.
Una de sus manos se deslizó hasta mi nuca y me atrajo más hacia él , su rostro era decidido, pero al mismo tiempo temeroso. No quería pensar más, cerró los ojos. Sus labios estaban secos y cortados, no eran dulces, pero eran blandos y cálidos. Por un momento me sentí extraña, como si ese fuese mi primer beso. Profundizó el beso y no pude evitar hacer el amago de agarrarle de la camiseta, pero no habia, por lo que tímidamente le acaricié el pecho , hasta su cuello. Él mordió mi labio inferior con ganas y me aferré a él. Giró sobre nosotros mismos y me lanzó de espaldas a la cama. Se veía enorme y a contraluz, casi podía jurar que sus ojos brillaban sedientos.
Estaba nervioso y ansioso, era consciente de que me había hecho daño y quería enmendarlo, a cualquier precio, ya que se había dado cuenta de algo muy importante despues de hablar con "El otro". Tras la buena noticia de su reunión con Thanos, solo se le había pasado una cosa por la cabeza: yo. Quería contarmelo todo, me necesitaba a su lado y no para sacar provecho, si no porque quería estar a mi lado. Pude ver rubor en su rostro, de repente se veía algo furioso. Se arqueó hacia mi, posando sus puños en la cama, acorralandome en ella. Estaba tan cerca... Se fue acercando hasta que sus labios rozaron mi oreja.
- Te odio. - Susurró agarrándome de las muñecas. - y me odio a mi. - bajó su cuerpo un poco mas, su cabello caía por mi rostro. - Me he enamorado de una estúpida midgardiana. - El corazón se me puso a mil. Sin poder evitarlo empezaron a brotar lágrimas de mis ojos.
- ¿Me Tomas el pelo? - El Dios negó. - ¿De verdad sientes eso por mí? - El Dios asintió en silencio y no pude evitar reír. Estaba tan cansada de todo, me sentía tan sola... Y ahora era tan feliz.
- Escucha bien lo que voy a decirte porque no lo voy a repetir. - se subió encima de la cama, poniendo cada pierna a un lado de mi cuerpo, agarró mis muñecas con una sola mano y las puso sobre mi cabeza .- Quiero que te quedes a mi lado, quiero que observes cómo destrozo tu mundo y a todas las personas que te hicieron sufrir. Y cuando todo haya acabado... - con la otra mano me agarró de la cintura y me apegó a él. - Quiero ser tu Rey, para siempre.
- ¿Mi Rey? - quité mis manos de su agarre y rodee su cuello. - ¿Y yo qué seré? - Sus ojos me quemaban con demasiada intensidad. Estábamos al límite.
- Un rey solo puede estar con una reina. - Ese comentario me hizo enrojecer mucho.
Él se dió cuenta de mi reacción y decidió enterrar su rostro en mi cuello. Me daba pequeños mordiscos que me hacían suspirar de más, poco a poco sus mordiscos se hacían más intensos y me hacían arquear la espalda, pegándome más a él y haciendome notar que se había endurecido. No podía estar más ruborizada en ese momento, ni más convencida de que el resto del universo me daba igual.
Un choque pasó por mi mente, me quedé paralizada, entonces volví a sentir una sensación desagradable que me hizo aguantar la respiración. Loki se apartó inmediatamente y cuando me miró vio que algo andaba mal.
- Nos han encontrado. - Dije mirando seriamente al Dios.
- Pero que... - No hubo tiempo para que le respondiese.
Algo o alguien le metió un golpe tremendo a la puerta y, aunque no la abrió, la aboñó. Me levanté de la cama enseguida y me preparé para lo que venía. Ciertamente no debí dejarlo olvidado en el pub.
Al siguiente golpe, la puerta salió volando y fue a parar contra la ventana, al otro lado de la habitación. Al otro lado se oían unas pisadas duras y una respiración algo agitada.
Ripley se quedó de piedra al encontrarme junto con Loki, además se quedó mirando al Dios de arriba a abajo y cuanto más le miraba más se enfurecía. Loki le devolvió la mirada, cruzó los brazos y alzó una ceja.
- ¿Quien demonios eres? - Preguntó Loki, estaba.. claramente muy molesto por haberlo interrumpido.
- Eso debería preguntarte yo. - contestó el teniente. Le seguia siendo difícil aguantarse de pie, pero su herida parecía mucho mejor y eso que aún no habían pasado ni dos horas del suceso. - Y tu. - Se dirigía ahora con dureza hacia mi. - Sabía que me estabas mintiendo todo este tiempo, sabes? Es imposible que un humano venga aquí de casualidad y lleve un collar de adaptación como el tuyo por arte de magia...- su tono cambió a uno mas triste.- Pensé que te habían secuestrado... Pero ya veo que no es así.
- No, lo siento, no quería herir tus sentimientos. - Respondí sinceramente.
- Ya, claro. - Respondió incredulo. - Y pensar que me gustabas... - Loki frunció en ceño y se empezó a acercar a él.
- Te vas a marchar de aquí. Estorbas. - Se paró en el marco de la puerta obligándole a retroceder.
- Tu no se que eres, pero ella es una humana y como tal no puede estar aquí, como teniente de knowhere tengo el deber de enviarla de vuelta. - Demonios, eso era lo peor que podía hacernos. Ese maldito de Ripley estaba totalmente despechado.
- Y si no te dejo , que?
- Soy teniente de la guardia de Knowhere, soy la ley aquí. Si no la entregas inmediatamente, llamaré por transmisor a las demás patrullas. - Loki me miró sin entender cómo había hecho yo para toparme con un teniente de knowhere. - Y ni penséis en escapar, la encontraré esté donde esté.
- No...- Dije, pálida. - Lo hiciste a propósito... - Instintivamente me agarré el brazo, maldita sea. - Me tatuaste esto como localizador. - Loki me agarró el brazo y lo levantó para ver qué había, cuando encontró el tatuaje, abrió los ojos como platos. - Me engañó, dijo que esto serviría para mantenerme protegida en knowhere.
- Y no te mentí, al contrario que tú. Solo te oculté información. - ¿por eso sentía todo el rato aquella desagradable sensación? ¿Era un preludio?- En cuanto a ti, no te conozco, pero averiguaré quien eres y porque has traído hasta aquí a una humana.
- Ha venido por voluntad propia. - contestó Loki fríamente.
- Eso no importa, aquí están prohibidos los humanos. Su especie no puede relacionarse con el resto del universo, es la ley.
- Me importa una mierda tu ley. - A Ripley le estaban repitiendo mucho esa frase esa noche. por otra parte, en otra situación tal vez Loki hubiese tratado de reaccionar de otro modo teniendo en cuenta el plan que había detrás de ellos, no obstante estaba muy molesto.
- Veo que no me dejaras otra opción. - Suspiró Ripley. Me miró y añadió un comentario con tono despectivo. - Casi parece de risa, la chica humana e indefensa, con el chulo de mierda ¿Que te ha prometido, la luna? Pensaba que eras diferente, pero me has decepcionado.
Un temblor empezó a mover el edificio, algo de polvo caía del techo. Loki y yo nos miramos en silencio suplicando que solo fuese un terremoto, pero por la cara del teniente, estaba muy lejos de ser uno. Seguía parado en el marco de la puerta, con mirada decidida e impidiendonos la salida. Por la ventana pudimos ver como una nave nos estaba sobrevolando, al parecer ya había llamado a los refuerzos hacia un buen rato, solo se había encargado de mantenernos ocupados mientras llegaban. Varios agentes bajaron con cuerdas y reventaron la ventana de la habitación para entrar, otros entraron por la puerta. Llevaban un uniforme parecido al de Ripley, metalizado con toques morados. Además iban armados con unos blasters, que no dudaban en dirigir hacia nosotros.
Loki miraba a todos lados tratando de buscar una solución, aquello era malo, no había dejado ningún rastro de consciencia en ningún sitio, por lo que no podía teletransportarnos como hizo en la mansión McAdams. Podría hacerse invisible, pero para poder teletransportarse a la consciencia de alguien, debería dejarme sola y aprovecharían para llevarme con ellos. Se puso delante de mi, no me llevarían a ninguna parte.
Yo, por otro lado no dejaba de observar a Ripley "la chica humana e indefensa" no dejaba de retumbarme en la cabeza. Me enfurecía a un nivel que no me hubiese esperado nunca. Necesitaba hacer algo y necesitaba hacerlo ya o nos veríamos totalmente rodeados. Vi como Loki hacia aparecer una daga en su espalda, ¿pensaba luchar contra ellos? Eran demasiados, incluso sin contar los que se encontraban en la nave y además, ahora debía protegerme... Sacudí la cabeza, podía protegerme yo sola. En la puerta habrían como cincuenta hombres y en la ventana otros diez... Tal vez, tenía la solución.
Agarré el brazo de Loki.
- Necesito que lo hagas. - le dije seriamente. El Dios pareció no entender. - Rompe tu promesa, Loki. Léeme. - Al decir eso Loki abrió los ojos y sentí mi mente pesada, como si alguien estuviera mirando. Entonces le conté mi plan.
Al ver que teníamos pensado hacer algo, Ripley gritó para que nos apresaran. Los soldados empezaron a correr en nuestra dirección para tratar de redimirnos, pero Loki salió al ataque. Trató de no mostrar sus poderes, ya que si descubrían que era un mago poderoso, podrían pensar que era él. No obstante, no necesitó sus poderes para nada. Algunos se amontonaron a por él, pero con varios golpes se los quitó de encima y una daga voladora fue a parar en la frente de uno de los soldados que pretendían dispararle. Todos se quedaron petrificados por su rapidez, momento en el que Loki aprovechó para lanzarme una daga a mi. No sabía muy bien como luchar, mucho menos como luchar con eso, no obstante poco a poco, entre el gentío pude abrirme a golpes par llegar hasta la ventana. Desde allí observé a Ripley desafiante. Fue entonces cuando Loki saltó hacia mí y nos lanzó al vacío.
La cara del teniente se desfiguró, corrió hacia la ventana ¿Nos habíamos suicidado? Pero cuando llegó nuestros cuerpos no estaban en el suelo ¿Como había pasado? ¿Donde estabamos? Sacó su aparato de rastreo, el código de mi tatuaje se encontraba cerca, por la zona. No entendía que había pasado, pero nos encontraría, pasase lo que pasase. Ordenó replegar las tropas, nos seguirían en la nave y otro pelotón a pie. Cuando la sala se vació se quedó mirando los cuerpos caídos. Ya no había ninguna daga clavada en la frente de su soldado. Era extraño, sin embargo se fijó en la profundidad del corte, había sido brutal. Sin duda su oponente era difícil.
Decidió subir a la nave, su pierna necesitaba reposo. Suspiró, si hubiese estado en plenas condiciones, hubiese podido perseguirnos... Resopló y se llevó la mano a la cara, que noche tan larga.
El teniente se encargó de que el control de mando estuviese conectado al rastreador , de modo que siguiese la dirección del objetivo. No obstante, según este, estaban siguiéndolos muy de cerca, pero el pelotón de a pié no los encontraba. Maldijo por lo bajo. Siguiendo la ruta, llegaron hasta el puerto y al llegar a uno de los angares la nave paró.
- Señor, el rastreador dice que los objetivos se encuentran justo aquí. - Dijo el piloto.
- Muy bien, que bajen las tropas , debemos redimirlos.
El teniente apretó su símbolo de la guardia y se puso su traje. Bajó por la rampa decidido, junto con dos pelotones más de refuerzo y un guía con rastreador. Debían ir con cuidado, no podían bajar la guardia.
- muy bien soldados a sus posiciones. Que alguien vaya a comprobar las naves próximas y otro grupo que inspeccione la entrada. Quiero que se peine toda la zona ¿entendido? No conocemos cuales son sus intenciones, debemos ir con cuidado. Tu, cabo rastreador JJ, trata de concretar la ubicación.
- p..Pero señor. - Empezó a hablar el rastreador, un muchacho azul con tres ojos. - Este aparato dice que ellos están aquí.
- Si, lo sé. - Dijo sin pensar. - No tienen escapatoria.
- No señor, no es eso lo que intento decir. - Ripley le miró escéptico y alzó una ceja. - Ellos están aquí, justo aquí, donde nosotros estamos.
- Pero no puede ser, aquí no hay nada... - Entonces cayó en la cuenta. Alzó la mirada. - Mierda...
Solo había una cosa más a parte de ellos en aquel sitio: su nave. Ripley corrió hasta la puerta de desembarque, casi desesperado, sintiéndose un completo idiota por no darse cuenta antes. Cuando llegó ya era demasiado tarde.
- ¿Como demonios...? - Ripley Estaba atónito, ¿habian estado en sus narices todo este tiempo? ¿Como lo habían hecho?
-Fue muy facil. - Respondí secamente. - Tus soldados descendieron y rompieron la ventana, pero no replegaron las escaleras. Solo tuvimos que saltar... Y él solo tuvo que hacernos invisibles. - El soldado rechinaba sus dientes , se la habían colado entre ceja y ceja.
- No importa a donde vayas!!! No importa cuánto tiempo escapes!! - Gritó lleno irá. - Te encontraré, no podrás escap...- Lo que vio le hizo quedarse sin aliento.
Saqué la daga que anteriormente me había prestado Loki y no pensé. Ripley no lo esperaba, ni si quiera el Dios se lo había visto venir. Sin pensarlo dos veces y apretando los dientes, rebané la piel cubierta de tatuaje. La tajada calló en la rampa de la nave, pero me agaché para cogerla y la lancé hacia donde estaba Ripley. La sangre corría de mi brazo hacia mi vestido y el surco se podía ver perfectamente en carne viva. Miraba a Ripley amenazante, sin pestañear, aunque me estaba muriendo de dolor. Escuché a Loki reír ante la mirada atónita del teniente. Empezó como un bufido, luego se transformó en risa y la risa en carcajada. Se sujetaba la tripa y se le escapó alguna lágrima, casi era exagerado que reaccionase así. De pronto paró en seco y se dirigió a Ripley.
- No se donde está la humana indefensa de la que hablabas.
