Buenas! No tenía pensado actualizar hasta que tuviese más adelantado el siguiente capitulo, pero hoy me ha asaltado una fan de repente por twitter y me ha dado tal alegría que hubiese alguien interesado en mi fic, que he decidido premiarla con el capítulo. Este es un capitulo más de acción, aunque nuestros protas no van a poder revelar más sus sentimientos.

Espero que os guste mucho, seguiré trabajando en el siguiente capitulo para que esté lo antes posible!

Como siempre, los derechos se los reservo a Marvel Comics y a Stan Lee.

Capítulo 22: El amor de mi herida.

Una nave negra y algo oxidada surcaba la galaxia, el polvo estelar chocaba en las alas y producía una estela blanquecina, no tardaría mucho en llegar. Sus amoratadas manos sujetaban el volante con suavidad, ya no sabía cuántos eones hacia que conducía esa máquina . Respiró hondo y su máscara de metal resonó, estaba algo impaciente por ir a contarle a su amo sus buenas nuevas. Y es que no todos los días uno de los Dioses de los nueve mundos saboteaba una de sus reuniones (posiblemente la más aburrida de su vida) y se ponía a contarle sus planes de conquista.

Poco a poco, el ambiente se fue volviendo más denso y oscuro, supo entonces que estaba llegando a casa. Los asteroides de alrededor estaban agujereados como si fuesen esponjas, habían tres lunas, dos de ellas semidestruidas por la extracción de minerales y metales, todo esto acompañado por un planeta polvoriento.

Tenía un color violeta antinatural y grietas y boquetes por todas partes. No era más que una mera piedra a merced de los depredadores más temibles de la galaxia: Los chitauri.

Multitud de naves estaban posadas sobre el terreno rocoso, no obstante una de ellas llamaba mucho más la atención que las demás. Se trataba de una nave gigantesca de metal oscuro, contaba con enormes ventanales y sus turbinas eran casi del mismo tamaño que un asteroide promedio. Apretó varios botones del panel de control, no hacía falta identificarse, su amo seguramente ya sabía de su presencia a si que simplemente se dispuso a aterrizar.

El angar estaba repleto de esos monstruos asesinos sin cerebro y, aunque trabajaban para él, siempre evitaba el contacto directo. Eran criaturas salvajes, no podía asegurar su propia seguridad. Debido a esto, dejaba su nave en una estación de aterrizaje de la nave de su señor. Una vez dentro, bajó con su anciano cuerpo y una puerta se abrió dándole paso al interior del lugar. Realmente era un laberinto de paredes de metal, luces y algunos centinelas robóticos que su señor había comprado o construido. Subió a un elevador, nunca prestaba mucha atención a cuántos pisos habia, quince, veinte, tal vez más. Al llegar a la sala del trono, unas escaleras alzaban un gigantesco sillón, el oro de este resaltaba sin proponérselo en aquel lúgubre lugar. Su señor estaba allí sentado, observando el paisaje a través del enorme ventanal que envolvía la sala.

- Has vuelto antes de lo previsto. - Dijo una voz proveniente del sillón. Envuelta por las sombras al igual que su figura.

- Así es. - El anciano se acercó un poco. - Ha habido un cambio de planes. Creo que le agradará saber lo ocurrido. - La sombra hizo un gesto con la mano para indicar que continuase hablando. - La reunión sobre la revolución contra Cosmo ha sido saboteada.

- ¿cómo? - Su señor sonaba más sorprendido que enfadado.

- Un Dios de los nueve reinos se ha hecho pasar por mi aprendiz y me ha sorprendido a mitad de conversación. Le gustará saber que ha sido uno de los hijos de Odin.

- ¿Thor? ¿Ha tratado de matarte? - La sombra se giró cada vez más atonito.

- No... Él no. Loki. - El anciano sonrió, haciendo que sus dientes podridos asomasen. El gran ser también sonrió. Podían verse claramente sus blancos dientes en la oscuridad.

- Pensé que había muerto... Ese hechicero es bueno, ha sabido esconderse bien durante mucho tiempo. Bien y... ¿Qué quiere el Dios de las travesuras?

- Un ejército. - Respondió El Otro con una carcajada seca y ahogada.

El enorme ser se dejó caer de más en su sillón, sus hombros empezaron a moverse seguidos de una risa siniestra. Era una buena ocasión para desatar un poco de caos.


Después de ver la reacción de Ripley tras escuchar sus palabras, este echó a correr como pudo por la rampa de desembarque. Loki, rápido como un rayo se abalanzó sobre la palanca de apertura, haciendo que los engranajes empezasen a recogerse y a cerrarse y con ellos la propia rampa. Subía haciendo que al teniente se le hiciese difícil correr por ella, provocando que patinase y que cállese de bruces al suelo mientras veía como los motores se ponían en marcha y como el fuego de los reactores propulsaba la nave hacia el espacio. Dejando atrás un descolocado Knowhere y a su teniente, maldiciendo y golpeando el suelo como un condenado.

Suspiré. Por los pelos. Había sido arriesgado pero gracias a mi plan habíamos logrado escapar. Tuve una capacidad de reacción muy rápida, Loki estaba asombrado. Cuando se giró para mirarme con una sonrisa, enseguida se le borró al ver el río de sangre que me surcaba el brazo y goteaba en el suelo. Le miré tratando de sonreír, pero aguantando el llanto de lo asustada que había estado todo el tiempo.

Fue corriendo en busca de algo con lo que ayudarme y encontró un botiquín con ungüentos y vendas, aunque tenía pinta de que haría falta más que eso para detener la hemorragia. Me había lucido, pero vaya idea la mía. No me debí rebanar a piel.

Me indicó que me recostase en una de las sillas y se fue. Volvió en unos segundos, que se me hicieron eternos. Con él llevaba toallas, una botella con un líquido rojo dentro, una aguja e hilo.

- ¿Para qué es todo eso? - Estaba empezando a sudar de más y todos esos trastos no me daban buena espina.

- Lo siento mucho pero nunca se me dieron bien los hechizos sanadores y no se como podrían afectar a un cuerpo humano. Tendré que valerme de las cosas que sé sobre las ciencias de Midgard. - Loki rompió una de las toallas en tiras y me hizo un torniquete en la parte superior del brazo para evitar que la sangre llegase a la herida. Luego, con mucho esfuerzo, abrió la botella. Un olor frutal llegó a mi olfato. - Bebe un buen trago. - Dijo tendiéndome la botella y le obedecí.

- ¿Alcohol? - ya entendía, no habían sedantes en la nave o, si los había, no sabía cómo iban a reaccionar en mí, por eso optó por emborracharme.

-Si, dame, yo también lo voy a necesitar. - dio un gran trago también, mientras un hilo de liquido rojo le bajaba por el gaznate. - Espero saber hacer esto. - Suspiró profundamente.

Pasó el hilo por la aguja y empezó. Dolía tanto que las lágrimas se caían de mis ojos sin yo pretenderlo. Mordí mis labios procurando no gritar para no desconcentrar al Dios. Su cara era seria y decidida, y sus manos rápidas. Juntó mi carne lo mejor que pudo. Al terminar, después de casi veinte minutos, dio otro trago de alcohol y se limpió la boca con el dorso de su mano mientras comprobaba que todos los puntos estuviesen bien dados y que no iban a soltarse. Yo le observaba aliviada de que en cierto modo, el dolor hubiese pasado. Me miró con media sonrisa y acercó la botella a mi boca, di un buen trago también.

Me recosté en el respaldo de la silla y suspiré, Loki estaba tapándome la herida con unos vendajes.

- Con esto creo que bastará. - miré mi brazo con algo de pesadez.

-Otra más para la colección. - Loki miró curioso.

- ¿Es que tienes más? - Preguntó. Me levanté el flequillo, era increíble que no se hubiese dado cuenta hasta ahora.

- Esta. - Le enseñé la señal en mi sien izquierda. - Me la hizo Victoria antes de asesinarla. - Suspiré.

- Una cicatriz a cambio de llevar a cabo tu venganza... No está mal. Es un buen precio. - sonrió con maldad. -Descansa aquí, he de ir a ver el panel de control un segundo.

Respiré pesadamente, el dolor no me dejaba otra alternativa que estar en reposo. Era una nave bastante amplia, aunque desde luego no era de extrañar teniendo en cuenta que gran parte del pelotón que había invadido nuestra estancia, había cabido aquí.

Habían bastantes asientos en los laterales de las lanzaderas, con algunos cables y lo que parecían unos paracaídas. En la izquierda de la nave se encontraban varios armarios y estanterías con armas y otros aparatos que a simple vista no sabía que eran. A la derecha había una pequeña habitación que parecía un cuarto de baño, seguramente Loki sacó de ahí el botiquín. Donde yo estaba, era una especie de círculo con forma de mesa y rodeado por un banco de pared y varias sillas. Sin contar que al frente estaba el panel de control. Un ventanal enorme dejaba ver el exterior por el frente. Todo estaba lleno de lucecitas y botones que no entendía, por otra parte Loki parecía conocerlos a la perfección porque tecleaba aquí y allá muy convencido.

Me levanté de la silla tratando de no apoyarme con el brazo herido y me acosté en el banco de pared, el cual por suerte contaba de algunos cogines. Agradecí mucho poder tumbarme, no era ni por asomo la mejor cama del mundo, pero estaba tan agotada que me daba igual. Me quedé mirando un punto fijo de la silla donde se encontraba Loki, durante un buen rato. Moví la cabeza rápidamente cuando me di cuenta y fijé la mirada en la espalda del Dios. Era tan blanca y ... Un segundo...- desvié la mirada- ¡Loki llevaba con el torso desnudo desde que habíamos huido! Miré rápidamente al techo. Habían pasado demasiadas cosas esa noche, demasiados sentimientos expuestos y revelados. Loki me había besado! pero yo seguía molesta con él por haberme mentido, las cosas no eran tan sencillas.

Volví a mirar en dirección al Dios, esta vez con algo de pena. Pareció notarlo ya que se giró, me ruboricé y aparte la vista de nuevo. Sin embargo, escuché como se levantaba del asiento y se dirigía a mí. Cogió una silla y la puso al revés, sentándose con el respaldo entre las piernas y apoyándose en este.

- Siento no tener nada para aliviarte el dolor. - Dijo mirándome a los ojos.

- No importa... Al menos no voy goteando sangre. - Se puso serio y me cogió el brazo con delicadeza. El vendaje se había ensangrentado, como era lógico.

- En una hora lo cambiaré. - concluyó y yo asentí. No podía dejar de mirar su vientre níveo, como subía y bajaba a cada bocanada de aire. Sus hombros, sus brazos, su dichosa mirada. - ¿Sucede algo?

- ah. - Dije, mirándole a la cara, que vergüenza. - Nada, solo... ¿Podrías... ?- No terminé la frase porque no quería que él pensase que provocaba ese efecto en mi, pero captó el mensaje y me sonrió malvadamente.

- No me acordaba de que iba así. - chasqueó los dedos y le apareció la camiseta verde y los pantalones negros que llevó la primera noche que estuvo en mi casa. - No sería conveniente que te entrase fiebre.

-...- me sonrojé. - No eres para tanto.

- No me hagas demostrarte cuanto te equivocas, estando medio inutilizada. - su sonrisa se amplió picaramente.

- Nunca dejaras de ser un creído. - Le respondí.

- Ni tu de ser tan desafiante. - Me respondió.

Era el mismo juego de siempre, pero a millones de años luz del punto del que habiamos partido. Loki estaba jodido, estaba bien jodido. Por una parte se sentía un total hipócrita y por la otra no podía evitar tener sentimientos hacia mí y lo peor de todo era que aunque él me había llevado hasta allí, ahora temía que me viese involucrada en todo aquello, no quería que saliese herida. Era un estúpido egoísta indeciso, embustero y quería darse cabezazos contra la pared por haber llegado hasta ese punto. Se paró en seco- un momento - le vino a la mente algo que había pasado pero a lo que no había prestado mucha atención... ¡Estaba tan ciego tratando de aclarar su interior, que había olvidado que había previsto cosas!

- Prue. - Me cogió por los hombros, hacia rato que estaba callado y no sabía qué le había dado. - cuando estábamos en Knowhere, cuando estábamos... - le vine a la mente tumbada en la cama y respiró algo furioso. - dijiste " nos han encontrado" ¿Cómo demonios lo sabías?

- Es verdad! - Respondí. - hay algo que debo contarte con detalle, me había olvidado por completo. - me di en la frente ¿Cómo pude olvidarlo? - empecé a sentirme muy extraña estando con Ripley, como si estuviese mareada, como si mi cuerpo estuviese advirtiendome de que él me estaba engañando y de que quería capturarme. - Loki me miraba atento.- además, en aquel pub, cuando me atacó aquella bestia, juraría que vi como aplastaba a Ripley. Sin embargo, había sido como una especie de visión...fue muy extraño.

- ... Puede. - Paró a tragar saliva, me miró esperando una reacción. - puede que se deba a que hayas sido influenciada por la energía del tesseracto. No estoy seguro al cien por cien, pero es lo único que se me ocurre.

- ¿El Tesseracto? ¿De qué estás hablando? - pregunté sin entender. Él se llevó una mano a la cara y miró al techo con pesadez... No me había contado esa parte en detalle.

- Como te dije, cuando no estaba contigo estaba infiltrado en una organización secreta de Midgard. Llegué allí siguiendo al Doctor Selving, a quien resulta que necesitaban para analizar su reciente hallazgo: El Tesseracto. - le miraba con la boca abierta, lo que me contaba parecía sacado de una película. - Es como... Un cubo azul, muy brillante y poderoso ¿Lo mejor? Que alberga la mayor fuente de energía jamás encontrada. - Sonrió algo chulesco.- construí a sus espaldas el portal que nos trajo hasta aquí.

- ¿En serio construiste un portal? - pregunté casi entusiasmada y sonrió. Desde luego Loki sabía de todo. - Pero un segundo, ¿Por qué aquí? ¿Tenías algo pendiente en este lugar?

- No, no. - Dijo demasiado rápido como para sonar natural. Ya empezaba a darme cuenta de cuando me mentía o cuando me escondía cosas.

- Loki... - le miré inquisitivamente. - Estamos los dos solos en una nave escapando de otro planeta. A no ser que todo esto sea una mentira o una broma de mal gusto, solo me tienes a mi. Creo que tengo el derecho a saber por qué me trajiste a este sitio. - Loki apretó los labios e hizo otro gesto de pesadez. Suspiró, era cierto que a estas alturas era poco producente esconderme cosas.

- Escuché... - empezó.- que en Knowhere habría una reunión secreta, a la cual asistiría alguien que podría proporcionarme lo necesario para invadir tu mundo. - A si que no bromeaba cuando lo dijo, iba en serio. - Conseguí hallarlo y llamar su atención, de hecho, cuando te encontré acababa de encontrarme con él justo en ese mismo pub. - eso explicaría que hacía allí. - también deberías saber que me proporcionó unas coordenadas para volver a reunirnos. Llegaremos en un día o incluso menos.

No pude cerrar la boca durante toda la conversación. Toda esa situación me asombraba y me abrumaba al mismo tiempo. Todo lo que dijo era cierto, podía hacerlo, podía destruir la Tierra. No supe cómo sentirme en ese momento porque aunque como ya le dije, le ayudaría y no me ata nada a ese lugar, había algo que me hacía pensar mal de todo aquello. Era otra vez esa sensación extraña.

Un traqueteo extraño me despertó de mis pensamientos e hizo desaparecer la sensación de angustia. Me levanté de mi asiento y Loki hizo lo mismo, algo estaba haciendo que la nave se moviese. Loki fue corriendo a sentarse en el sillón del piloto mientras apretaba botones a gran velocidad. De repente una pantalla roja se encendió con lo que parecía un radar; un punto azul aparecía detrás de nosotros. El Dios hizo aparecer un "volante" y con gran destreza hizo girar la nave para ver quién nos seguía. Pudimos ver como otro vehículo más grande que el nuestro venía hacia nosotros ¡Y nos disparaba! Al ver los cohetes surcando a nuestra dirección, Loki dió un par de volantazos y, a toda velocidad, los esquivó, tratando de escapar. Tratando de no caerme, me sujeté como pude a las paredes. En una de las evasiones, el tirón fue muy fuerte pero logré agarrarme a un agarre rojo que había en la pared. Debido al peso, el agarre se descolgó un poco y traté de volverlo a meter en el sitio. No obstante, un chirrido provino de la nave y Loki se giró a mirarme con cara de "que demonios has tocado". Sin embargo, su cara cambió cuando vio que lo que había chirriado era una trampilla que se había abierto tras su asiento. Entonces su vista se iluminó.

- Métete ahí! - me gritó.

- Cómo? Pero que demonios hay ahí abajo?- Le pregunté, pero estaba demasiado ocupado esquivando como un desesperado para prestarme atención.

Bajé todavía algo indecisa, debía hacerle caso, después de todo era el único que sabía de naves espaciales. Habían unas escaleras de metal, el túnel era redondo y no muy hondo. Al llegar al final, me vi "atrapada" en una cristalera circular con una base de metal y vistas al espacio, en el centro había un asiento mecánico muy similar a una silla de dentista. Me subí y empezaron a aparecer radares y luces naranjas a mi al rededor. Me puse las varias correas con las que contaba el aparato y la nave pareció responder ya que de repente se desbloqueó el asiento y de delante de mi aparecieron dos cañones. Perfecto, esto había acabado siendo una película de star wars.

- ¿Prue, estás lista? - escuché la voz de Loki en unos altavoces que tenía sobre mi cabeza.

- Por favor, dime qué no he de disparar con esto. - me estaban sudando las manos.

- Solo tú puedes hacerlo, no hay nadie más. - aunque su voz trataba de tranquilizarme, tener tal responsabilidad me erizó la piel. - es un mecanismo sencillo, haciendo girar el asiento con tu cuerpo, harás que los cañones giren. Para disparar solo tienes que coger los agarres y empujarlos hacia delante. Como si estuvieses dando puñetazos. - dejo de hablar. Malditos, demasiada presión.- necesito que los derribes o moriremos, midgardiana.

Exhalé y, todo lo convencida que pude, fui a ello. Giré mi cuerpo en dirección a la nave que nos perseguía. Tenía cañones a ambos lados, que producían miles de balas láser. Loki debería quedarse a uno de los lados, sería bueno si consiguiesemos deshacernos de ellos. Como si hubiese leído mis pensamientos (podría apostar a que lo hizo), frenó la nave algo en seco y dio la vuelta para encarar a nuestros enemigos. De pronto, cesaron los disparos.

Una imagen se proyectó en el gran ventanal del panel de control y a mi me fue retransmitida en pequeño en una esquina de la cápsula. Era Ripley, portaba el casco que llevaba cuando nos conocimos. Aquí la nave A058 de la guardia de Knowhere. Nave C121 detengase de inmediato, queda en arresto en nombre del General Cosmos. Repito: Estáis arrestados, rendíos.- Su voz sonaba lejana y metálica. Él seguramente solo quería arrestarnos porque yo no debía de estar en ese planeta y pusimos resistencia. No tenía ni idea de los planes de Loki y eso era justo por lo que no podíamos dejarnos atrapar.

Apreté los ojos y miré hacia arriba, ¿En qué fregado nos habíamos metido? Entonces desapareció el rostro de Ripley entre interferencias y apareció el del Dios de las mentiras. Estaba algo serio, pero enseguida alzó una ceja y sonrió. Lo siento muchísimo teniente. - Dijo sin una pizca de culpa.- No puedo permitirme el lujo de que nos apresen. Igualmente le recordaré que la humana está conmigo bajo su consentimiento. - Se tapó la boca tratando de ocultar su risa. - No se sienta mal porque le haya rechazado.

Fue cuando la nave enemiga cargó hacia nosotros enfurecida, cuando Loki aprovecho para poner en uno de sus laterales. Fui lo más rápida que pude moviendo los cañones, pero fallé, dando en uno de los dados de la nave. Salió algo de humo. Bueno, no era mi objetivo, pero le di.

La nave enemiga volvió a estar detrás de nosotros, aunque era más grande, era igual de rápida. Mientras Loki huia hacia el frente, yo giré los cañones, quedando en frente de la nave. Traté de disparar dos o tres veces sin mucho éxito.

- Maldita sea! - Me quejé. Si no dejaba de moverse iba a ser imposible acertar. Estaba empezando a perder los nervios.

- Trata de prever sus movimientos! - Gritaba Loki desde su silla.

- ¿Cómo se supone que debo hacerlo? No deja de moverse. - De forma bastante imprevisible, de hecho, para tratar de pillar desprevenido al dios.

- Se supone que tú puedes hacerlo! - respondió. - Le viste venir la última vez.

- No puedo controlarlo a voluntad!

- Inténtalo! ¿No querías ser libre? Si nos cogen te llevarán de nuevo a Midgard!

El Dios de las mentiras casi pareció desesperado hablando conmigo, pero tenía razón. No podía volver a mi mundo. Traté de tranquilizarme cerrando los ojos y me focalicé en la nave. Traté de visualizar los movimientos de Ripley, qué haría luego, qué pasaría. Pero la sensación de siempre no apareció.

Solo podía ver como no dejaba de dispararnos sin tregua alguna. Entonces recordé como disparé anteriormente, la chapa de esa nave era blanda y no podría resistir muchos golpes sin acabar formando un agujero. Entonces decidí que, aunque lo mejor era disparar a las armas para que no nos hiciesen daño, si disparaba a dar para abrir un boquete acabaría por causar su retirada.

Entonces, me preparé para disparar, apunté en la parte de abajo de la nave, al subir y bajar tratando de darnos, daba mucha posibilidad para atacar a esa área. Me puse a ello. La nave resonó, los cañones se calentaban con fuerza, disparaban y retrocedían sin cesar, y yo movía los brazos tan rápido como podía.

- ¿ Pero que haces? - preguntó Loki. Esa no era la idea que había escuchado anteriormente.

- ¡Confía en mí! - Loki apretó sus manos en el volante y abrió sus ojos, sorprendidos por mi respuesta. Luego sonrió ladino. En cierto modo estaba orgulloso de mi, pero no dejaría que yo me enterase de eso.

Tras varios disparos inferiores, empezó ha salir algo de humo de la nave, Ripley dejó de seguirnos por detrás para ponerse a nuestra misma altura. Íbamos a la par, surcando las corrientes espaciales. Embistió su nave hacia nosotros onligandonos a virar hacia la izquierda. Había levantado algo de chapa de nuestra nave, porque pude ver como los trozos salían disparados y acababan flotando a la deriba por el espacio.

Giré de nuevo mi cuerpo en dirección a la nave de Ripley, fue entonces cuando caí en la cuenta: Los reactores estaban justo debajo de sus alas, delante de mi. Solo había un problema, la distancia entre los reactores y yo era relativamente cercana.

- ¡Loki, he encontrado los reactores! - Grité. - Necesito que de distancies un poco de ellos, si les disparo desde aquí, la explosión podría alcanzarme.

- Eso es un poco complicado. - Respondió exhausto. Estaba haciendo mucha fuerza para que no nos arrastrasen hacia un lado.

Era una situación difícil, si Loki cedía y dejaba de hacer fuerza en dirección contraria, la otra nave se nos echaría encima estampandonos contra los asteroides. La única solución era destruir sus rectores para que dejasen de ejercer presión sobre nosotros, pero seguramente eso me mataría. Debía de haber una solucion... Entonces caí en las demás armas. ¡Era una nave de Knowhere, si se dedicaban a mantener la paz , seguro tendrían alguna armas antidisturbios.

Me colgué de los barrotes para subir hasta la nave. Sentí como se abría mi herida, pero no me importó, no había tiempo para eso. Trepé hasta arriba y me dirigí hasta las vitrinas.

- ¿Que demonios haces aquí? - Murmuró Loki. No podía más. Sudaba y el volante echaba chispas.

- necesito algunas cosas. - rebusqué.

Habían algunas palancas y varas. Me servirían también. Me puse a buscar algún arma que lanzase proyectiles materiales, no lásers, ya que si no el plan de iría al garete. Encontré una especie de bazooca que disparaba pelotas más o menos del tamaño de mi puño. Podría servir.

Lo cogí todo y volví a bajar. Me senté de nuevo y volví a cuadrar los cañones en dirección a los reactores, con cuidado de no disparar. Cogí una de las palancas y falqué el asiento de forma que se quedase fijo en esa posición. Me bajé y le puse más palancas para que no se moviese. Bien, ahora el problema era disparar los cañones.

Debía disparar una de aquellas pelotas a los brazos, para que debido a la fuerza, disparasen los cañones. Sin embargo, desde fuera de la cápsula, no había ningún ángulo donde poder acertar... Solo quedaba una alternativa.

- Loki! Necesito que a la de tres, cierres la escotilla de la cápsula. - Ordené.

- ¿Qué? ¿Pero por qué...? - Se giró sin esperarse verme tras él. Pudo jurar que mis ojos eran fuego puro. Sonrió tan chulesco como siempre. - A tu señal.

Me senté en el suelo y crucé las piernas al rededor del sillón del piloto, descolgandome hacia atrás, quedando boca abajo. Senti la sangre bajando a mi cabeza, los brazos me temblaban, era difícil apuntar bocabajo con un arma tan pesada.

Respiré y el tiempo se detuvo, debía hacerlo rápido, si quería salir con vida. Uno, grité con un nudo en la garganta. Dos, se hizo el silencio. Estaba preparada para disparar. Apreté el gatillo y sin mirar atrás. TRES. Me levanté lo más rápido que pude y loki apretó el botón.

Una gran explosión hizo arder el ala derecha de la nave enemiga e hizo temblar de arriba a abajo la nuestra.

De pronto habían dejado de ejercer fuerza hacia nosotros y caian hacia el lado contrario, retirándose.

El Dios de las Mentiras suspiró tan alto que parecía que había sido liberado de un yugo de por vida. Se recostó hacia atrás en su silla repeinandose, mientras veía como seguían cayendo los enemigos. Se giró en mi busca y me hayó en el suelo, tumbada sobre la escotilla cerrada e inservible para siempre. Miraba al techo con los ojos entrecerrados y respirando entrecortada debido al estrés de los acontecimientos. Me sentí despegar del suelo, el Dios me había cogido en volandas y se dirigía hacia el banco de la mesa. Se sentó en él y me recostó encima suya.

- Creo que necesitamos un descanso. - Escuché sus palabras susurrantes en mi oído. Mi cabeza está apoyada en su pecho y me permitía escuchar su corazón, estaba tranquilo. - Se te han abierto los puntos. - susurró de nuevo, cogiéndome el brazo. - Estás como una maldita cabra. - la risa brotaba de sus palabras.

- Era el único modo, tú no podías moverte de ahí. - Respondí, aún jadeando.

Loki se levantó, dejándome acostada en el banco y retirando la mesa. Fue al lavabo y volvió con toallas mojadas. Se sentó en el suelo, agarrando de nuevo la aguja y el hilo.

- Extiende el brazo. - Lo hice como pude. Poco a poco me quitó las vendas manchadas, dejando ver la herida. Estaba empezando a amoratarse. Puso la toalla empapada y me retorcí.

- Duele mucho. - Ahogué mi voz. Loki alzó la mirada en cuanto me escuchó, pero encontró mi rostro escondido bajo mi brazo y varias lágrimas surcando mis mejillas. - No deberías preocuparte por mí.

- ¿Perdón? - No esperaba oír eso. - ¿Por que dices eso?

- Fui una tonta temeraria. Tengo la culpa de estar así ahora. - El llanto no me dejaba hablar con claridad.

- No seas estúpida, midgardiana. - Dijo con tono autoritario. - Eres una tonta temeraria, si y también eres muy cruel porque me obligas a ser un estúpido a mi también y a tratarte como a mi igual. Tú lo pediste y ahora no puedo dejar de hacerlo, a si que deja de decir idioteces. - Al ver que quizás había sonado un poco duro, bajó la mirada y siguió hablando. - Además, tú hiciste lo mismo por mi.

- No seas bobo, tenías razón. No necesitabas mi ayuda, tus heridas sanaron solas.

- ¿ Estas segura? - preguntó sonriendo. - ¿No quieres comprobar que estén bien? - Habló en un tono demasiado sugerente para mis mejillas. Empezó a reir cuando vio que me tapé el rostro para que no viese lo roja que estaba. Entonces, le vino a la mente. - Es cierto aquello que dije. - Alcé la mirada sin comprender. Él me observaba serio - Quiero que gobernemos juntos.

Me giré para mirarlo mejor, sus ojos verdes me observaban el alma y mi corazón se evaporaba. Sus manos acariciaban mi herida palpitante y ya restaurada sin haberme dado cuenta. Levanté la mano y le acaricié el mentón, la mejilla, el pelo. Con el índice le surqué la nariz hasta los labios. Cerró los ojos con anhelo, frunciendo las cejas en una mueca de extraña tristeza.

- Prométeme que no volverás a usarme. - Susurré. - ... sin mi consentimiento.

- Lo prometo. - Susurró mirándome a los ojos de nuevo. Cogió mi mano y la acercó a sus labios para besar el dorso.- ¿También quieres que me arrodille? - me guiñó un ojo.

- Si. - Dije siguiéndole el juego, aunque él pareció tomárselo en serio porque abrió los ojos como platos. Acto que aproveche para pillarlo desprevenido, agarrarlo por la camiseta y atraerlo a mi.

Sus labios estaban secos por el estrés sufrido, sabían a sangre porque se los había mordido. Pero eran tan blandos que no pude evitar morder su labio inferior. Al sentirlo, Loki se tensó, se puso rígido y sonrió.

- Eres cruel, midgardiana. - Susurró divertido y algo lascivo.

- ¿Estas seguro? - Pregunté, nuestros suspiros y deseos chocaban, ardientes. Tiré más de su camisa, obligandole a acercarse. Rozando mis labios en su oreja. - ¿No quieres volver a comprobarlo? - Susurré, parafraseando lo que me había dicho anteriormente.

Arrebatado como nunca antes le había visto, volvió a besarme con más necesidad. Aplastó su boca hambrienta contra la mía, obligándome a retroceder, arrinconándome. Esta vez fue él quien me mordió el labio, aunque no solo estubo contento con eso, trató de profundizar el beso deslizando su lengua. Estaba acorralada y él demasiado sediento, bajó hasta mi mentón y lo besó, siguió hasta mi cuello, donde enterró su rostro y empezó a besarme. Me aferré a su pelo con necesidad y él, al sentir mi reacción, sonrió y empezó a morderme, haciéndome suspirar. Sus manos se posaron en mis rodillas, eran fuertes y agarraban mi piel con firmeza. Poco a poco y sin dejar de jugar en mi cuello, sus manos empezaron a subir, acariciando mis muslos.

Levantó la cabeza y apoyó su frente en la mía, sus ojos ardían. Mi vestido le molestaba, solo quería agarrarlo, romperlo y...

Un pitido extraño inundó la nave. Loki, algo,mucho, bastante fastidiado, se separó de mí. El pitido sonaba cada tres segundos, me recordaba al sonido de los radares submarinos.

El Dios se levantó, limpiándose la boca con el dorso de la mano.

- salvada por la campana. - Comentó pícaro, aún con el rostro rojo, el pelo desecho y el deseo a flor de piel.

Dios bendito, su tacto era tan maravilloso... Suspiré mientras acariciaba el rastro de besos que Loki había dejado en mi cuello. "Su reina", enrojecí, debió costarle mucho decir algo así. Él el ser más egocéntrico, altivo, un dios, un jotun... Y quería que yo fuese su reina. Sonreí inconsciente. El Dios de las mentiras era potencialmente malvado, ya me empezó a dar igual durante la estancia en la tierra. Ahora hasta juraría que me resultaba tremendamente atractivo.

- ¿Recuerdas que dije que tardaríamos un dia en llegar? - sus palabras me devolvieron a la realidad. Alcé la vista y asentí. - Creo que han venido a por nosotros.

Abrí los ojos y me puse de pie. Una nave de dimensiónes descomunales había aparecido delante de nosotros. Loki sonreía complacido y entusiasmado, sin embargo yo no podía: tenía un mal presentimiento.