Hola, hola, hola! Os traigo un nuevo capítulo del fic. Este es algo más corto por motivos de planificación. De este modo se queda más interesante para el próximo (en el cual estoy trabajando ya, llevo más o menos la mitad hecho.) Las cosas van a cambiar mucho en la historia, sobretodo para Prue, a si que espero que esteis atentos y que os guste el capitulo.

Como siempre los derechos de autor están reservados a Marvel Comics y a Stan Lee.

Capitulo 23: El gigante violeta.

Cinco años atrás:

Tony Stark tenía un mal día, bueno, mejor dicho: había tenido un mal día, una mala semana, un mal mes. Terrible, apocalipticamente alocado. Tanto, que incluso le había cambiado la vida y su visión del mundo para siempre. Había pasado de ser uno de los mayores productores de armas de estados unidos a ... ¿Qué era ahora? No estaba seguro, pero no era el mismo hombre que fue.

El caso es que su experiencia casi mortal al ser secuestrado por un grupo terrorista en Medio Oriente le llevó a construirse una armadura lanzallamas para salir de allí. Y, al volver a casa... Con ayuda de J.A.R.V.I.S y sus cachivaches, acabó por construirse una armadura voladora y lanza rayos mejor que la anterior y así sucesivamente hasta que, je, bueno. Ha salvado America. Supuso que se había transformado en un héroe, uno sin corazón porque se lo habían arrancado del pecho y oh, claro, ahora vivía gracias a un Reactor ARc. Demasiadas cosas en tan poco tiempo maldita sea.

El caso es que él era el guay, había vencido a los malos, y ahora debía de asistir a una rueda de prensa. Como le aburrian todas aquellas patrañas maldita sea. Para que Tony no fuese perseguido por más terroristas y estuviese a salvo de ataques de posibles "villanos". Un tal Coulson de una tal organización S.H.I. . lo había organizado todo para que la prensa pensase que el llamado "IronMan" era el guardaespaldas de Stark. Pero... pero pero.

Tony apareció ante los reporteros, maldita sea, le encantaba tanto como lo repudiaba. Todos estaban con las cámaras apuntándolo, listos para filmar cualquier hilo de voz que pasase por sus cuerdas vocales. Y no, lo sentía, pero era demasiado orgulloso. Posó sus papeles en el atril y tal cual lo hizo, les aventó un manotazo tirándolas al suelo bajo las miradas de toda la prensa.

- Yo soy IronMan.

Y ya está, esa simple frase hizo que todos los esfuerzos de S.H.I. . por ocultar su existencia se viniesen abajo y que, todas la prensa presente se viniese arriba. No podía evitarlo, era demasiado orgulloso y egocéntrico, la fama no podía llevársela otro.

Fue una mañana agotadora, llegó a su edificio y casi se arrancó la corbata de cuajo, necesitaba una ducha, una muy larga. Encendió las luces, pero no funcionaban y se extrañó.

- J.A.R.V.I.S.? - Preguntó preocupado. ¿Se había estropeado el generador?

- Bienvenido a casa señor Stark. - Le respondió la inteligencia artificial, malamente, como si se estuviese quedando sin batería. Se adelantó un poco en su propio salón y vio una figura, una sombra negra, mirando por la ventana.

- "Yo soy IronMan." - Habló en tono sarcastico. - ¿Crees que eres el único héroe del mundo? - Preguntaba mientras se daba la vuelta, dejando ver un hombre vestido de negro de arriba a abajo, con un parche en un ojo. - Señor Stark, está a punto de adentrarse en un universo mucho más grande de lo que usted cree.

- Quien demonios es usted? - Masculló. Más enemigos no, por favor, quería ducharse.

- Soy Nick Fury, director de S.H.I.E.L.D. - Alzó la cabeza digno.

- Ah. - Definitivamente iba a volverse loco algún día.

- Estoy aquí para hablarle de la iniciativa Vengadores.


Era inútil tratar de contar los pisos de la nave que se había teletransportado, delante nuestro, por arte de magia. Casi parecía un portaviones, que digo, era como veinte portaviones y eso era mucho considerando que yo nunca había visto uno en mi vida.

Agarré con fuerza la mesa, presa del pánico. No sé qué habia en ese lugar, pero la sensación extraña había vuelto a mí y me estaba gritando a más no poder que no subiese a esa nave, bajo ninguna circunstancia.

Loki, por otra parte, estaba entusiasmado. Dijo que había hablado con no sé qué tío que iba a ayudarnos y al parecer había tenido prisa por conocernos, ya que había venido en nuestra búsqueda. Tenía sus orbes verdes y brillantes, emocionados, mirando al frente. Casi me dió rabia, seguro que ya no se acordaba de lo que casi sucede instantes antes. Dioses.

Se sentó y dirigió la nave más y más cerca de la otra, una compuerta delantera se abrió. Era pequeña, vista desde lejos, pero conforme nos acercamos iba haciéndose más grande. Tanto, como para que aterrizasemos allí.

Mi respiración se agitó un poco al sentir la nave pegada al suelo. El mal presentimiento iba en aumento, no podía evitar estar tensa y preparada para cualquier cosa. No obstante, el Dios se había percatado y se dirigió a mi, con rostro preocupado. Me acarició la mejilla.

- Ellos nos ayudarán con nuestro cometido.- De repente la palabra "nuestro" sonó demasiado pesada. - No tengas miedo, no van a hacernos daño. - Él sonaba dulce.

- He vuelto a tener esa sensación. - Dije mirándole a los ojos. Él me miró con sorpresa y revisó con la mirada que lo de fuera no fuese una emboscada.

- Hice un trato con ellos. - me susurró.- no tienen ningún motivo por el cual deberían atacarnos. No obstante, me fío bastante de esos presentimientos tuyos. - Me cogió la mano y me dió una daga envainada con una correa. - Solo por precaución, escondela debajo de tu vestido. - Yo asentí y la amarré a mi muslo, nadie miraría ahí.

Después de eso, Loki fue muy claro: me dijo que no hablase bajo ninguna circunstancia ya que, aunque no iban a hacernos nada debido al trato, no dejaban de ser mercenarios y, además, ellos no sabían de mi presencia. Me estaba exponiendo al peligro pero no dejaría que me pasase nada, a si que con paso firme y una sonrisa falsa, pero no forzada: hizo aparecer su armadura y bajó la rampa de embarque. Yo le seguí muy pegada a su espalda.

Aquel sitio era enorme, estaba lleno de una gran variedad de naves, todas aparcadas y bien ordenadas. Los focos del techo alumbraban con una luz azulada toda la estancia. No obstante, lo que más llamaba la atención era la larga pista que separaba el sitio en dos. Sin duda, estábamos en una lanzadera. Nos quedamos un rato allí de pie hasta que vimos como se acercaba una sola figura hacia nosotros. Era encorvada y anciana, aunque iba bastante rápido. Cuando se acercó lo suficiente, vi que llevaba una capa gris y polvorienta que le tapaba casi todo. Solo podía ver la parte inferior de su rostro: azul, con una especie de hierro con forma de bozal. Imponía bastante.

- Dios de las mentiras.- Saludó la criatura, agachando su cabeza como forma de reverencia. Pude sentir como sus ojos escudriñaban en mí y abrió la boca podrida para preguntar: - ¿Quien es ella?

- Viene conmigo. - Sonaba autoritario, como si estuviese hecho de ego de arriba abajo.

La criatura solo asintió, algo molesto diría yo. Nos dió la espalda y nos indicó que le siguiesemos. Tardamos bastante en dejar atrás la lanzadera, íbamos en completo silencio. Aunque fue mucho peor subir al ascensor al que nos guió, pensaba que iba a matarnos por algún motivo y, por otra parte no dejaba de pensar en la última vez que Loki y yo estuvimos en un ascensor. Aquellas decenas de pisos se me hicieron eternos.

Las compuertas se abrieron, dando paso a una gran sala grisácea, metálica y con un olor extraño que se me agarró a las fosas nasales. Mientras avanzabamos en completo silencio, traté de lanzarle varias miradas cómplices a Loki, pero este miraba al frente muy serio.

La estancia era gigantesca, tenía varios centros de mando por los alrededores, completamente vacíos y una cristalera enorme por la cual podía verse el espacio. Delante de nosotros, coronando el lugar, se alzaban unas escaleras y... ¿Eso era una silla voladora?

Clavé mis pies al suelo, aterrada. Me acababa de percatar de aquella silueta gigantesca y en penumbra, que además, estaba empezando a moverse. Podría jurar que se me cortó la respiración en ese instante.

El anciano que nos había guiado, se adelantó a nosotros y postró una rodilla en el suelo. No entendía nada, ¿Quien demonios era ese ser?

- Mi señor, el Dios de las Mentiras ha llegado.- carraspeó desde el suelo.

La enorme montaña se giró. Dos enormes y potentes ojos nos observaban, algo me decía que no debía mirarlos. Y no pude ver más, ya que Loki me agarró del brazo y tiró hacia abajo, haciendo que me arrodillase... Un momento, ¿Loki arrodillado? ¿Qué estaba pasando aquí?

- Vaya, pensaba que mi siervo estaba desvariando esta vez. - La voz de aquella criatura sonaba a ultratumba, era muy grave y potente. Retumbaba por cada hueco y hacia que se me pusieran los pelos de punta. - Todo el mundo te da por muerto, Loki: Dios de las mentiras. - Siguió, con un tono burlesco. - Nos has engañado. - Rió.- Levantaos.

Loki volvió a agarrarme. De no ser por él, seguiría en el suelo. Las piernas me temblaban demasiado, no podía tenerme en pie y no osaba levantar la vista. Escuché respirar a Loki, decidido a hablar. Halzó la cabeza muy dignamente.

- No necesito presentarme, entonces. - Respondió. No sé si estaba nervioso, pero si era así, lo disimulaba muy bien.

- Veo que aún guardas tu dignidad de asgardiano. Odin os educó bien. - La criatura seguía en tono burlón e incluso juraría que estaba sonriendo. Miré de soslayo a Loki, tenía los puños en la espalda y estaba apretandolos con fuerza.

- Odin enseñó muchas cosas, bastantes de ellas inútiles, otras no tanto. - Respondió, áspero. Con una sonrisa.

- Me gustas. - soltó después de una risotada.- Mi siervo me ha contado vuestra "reunión" en Knowhere. Me sorprendió muy gratamente.

No obstante, como comprenderás, no puedo confiarle mi valioso ejército a cualquiera. Necesito... Garantías de victoria.

-Son una raza mediocre y primitiva. - Sonrió el Dios, fríamente. - Yo soy un Dios y posiblemente el hechicero más poderoso del universo, no sé qué más garantías necesitas.

- Eres muy atrevido sin duda. - Su tono parecía serio de repente. - Sin embargo, he estado observándolos durante años y se que ...

Cesó su charla, de repente. Por primera vez desde que estábamos ahí se había fijado en que al lado del orgulloso Dios, se encontraba un bulto tembloroso y pequeño: yo. Todavía no había levantado la cabeza, no me atrevía. Escuché una pisada. Retumbaba por las paredes pero eran lo suficientemente nítidas como para saber que estaba acercándose a nosotros.

Cerré los ojos con fuerza, implorando no volver a ver esos ojos rodeados de oscuridad. Pero mis plegarias fueron en vano cuando la pinza gigantesca que era su mano, agarró mi mentón y me hizo levantar la cabeza. Notaría mi miedo, mi temblor. Su rostro era robusto, su mandíbula cuadrada, la cabeza era gigante, todo él lo era. Su piel era de un tono amoratado y tenía una extraña textura que lo cubría de arriba abajo de líneas verticales.

Loki miró el gesto y se puso tenso, ¿No estaria pensando en matarme, no? No le había dicho nada de que yo iba porque no lo creía necesario, pero estaba empezando a pensar que había Sido mala idea presentarme ante él. La gran montaña miró al Dios y me miró a mi.

- Una humana. - Me apartó el pelo de la cara, con solo un dedo. No era solo su presencia y su aspecto lo que me aterrorizaba. Había algo más, algo oscuro en su interior. - No pensaba que ibas a presentarte aquí con una.

- Está conmigo en esto. - El Dios trató de mostrarle todo el respeto posible, no obstante, en su tono denotaba cierta molestia.

- Tranquilo, Dios de las mentiras. Solo me ha sorprendido que tengas una concubina y, además, que sea humana.

En ese momento me quedé petrificada, ¿Cómo que concubina? ¿Qué demonios estaba diciendo? ¿Acababa de decirme que yo era la puta de Loki? Algo se me encendió en la boca del estómago y respiré fuerte. Loki lo notó y me miró urgentemente pidiéndome que no hiciese tonterías. Apreté los dientes.

- No te juzgo, eres un joven sano y con necesidades. - masculló mientras posaba su culo morado en aquella silla flotante. - Aunque,.. ¿Por qué solo una? Tú podrías tener todas las que quisieras.

El titán morado miró al frente despreocupado, pero no le gustó lo que vió. Loki había dicho que me mordiese la lengua y que no hablase, pero no podía evitar poner cara de asco y de repugnancia. A parte de que lo que estaba diciendo no estaba haciéndome ninguna gracia.

- Borra esa expresión de tu pequeña cara, humana. - ordenó. Pero provocó el efecto contrario y terminé por fruncir aún más el ceño. - No me gustan esos ojos ¿Estas sorda? - Empezó a elevar la voz. Loki agarró mi brazo insistiendo.

Vi una mancha gigante dirigiéndose a mi y vi lo que me esperaba. Vi al titan levantarse y dar dos gigantescos pasos hacia mí, para darme un manotazo y tirarme al suelo. Pero no, no sucedió, porque lo vi venir. Él se giró pensando en que me había dado pero, cuando se dió la vuelta para comprobarlo, yo estaba de pie un poco más lejos, consciente. Sin un rasguño. Mirándole.

- Que demonios es esto?- Gritó en dirección a Loki.

- Sugiero ... que se calme. - Respondió este con su característica mirada y sus cejas levantadas. Por otro lado, escondiendo una sonrisa. - Ella es mi acompañante, no es mi concubina. Además, posee ciertas habilidades.

- Ya veo. - Me miró pensativo.- No me había fijado antes, pero puedo percibir cierta fuerza extraña proveniente de su interior. ¿A qué se debe?

- No estoy seguro, pero creo que se debe al usar el portal del tesseracto. Por algún motivo, es capaz de percibir ciertas situaciones futuras que le supongan un peligro. - explicó el Dios. Me miró de arriba a abajo suavemente. - Además, diría que ha ganado algo de agilidad. No obstante, no está aquí por eso. - El ser morado prestó atención, inquietado. - Creo que su cerebro podría sernos muy útil para la creación de armamento y unidades móviles, para el ejército. - el monstruo se acarició la barbilla y puso cara de sorpresa. Si yo solo era un pequeño cuerpecito...

- Niña. - Me llamó. Yo lo miré, ya no con miedo, pero si con desconfianza. - ¿Cuál es tu nombre?

- Prue. - Respondí secamente. Su gigantesco agarre volvió a apretujarme la cara.

- Tu fiera mirada me gusta. - Sonrió con unos dientes amarillos. Estaba segura de que podía arrancar mi cabeza si quisiera. - Tengo ganas de ver de lo que eres capaz. Bueno, ambos. - Se giró hacia Loki. - Mi nombre es Thanos, algunos me llaman el titán loco solo por tener una opinión diferente. - Volvió a sentarse en aquel trono extraño.- ¿Cuáles son vuestras intenciones? ¿Qué queréis de mí y qué gano yo a cambio? - Loki me miró seguro y altivo y dió un paso adelante.

- Como bien le habrá contado su vasallo, me gustaría disponer de su ejército para poder conquistar Midgard... O bueno, más comúnmente llamada "La Tierra." - Sonrió al titán loco. Este alzó la mirada, ya lo sabía pero se sorprendió al escucharlo, sobretodo porque yo era humana, era mi planeta.

- ¿Tú estás de acuerdo con eso? - Me preguntó, de repente la voz de Thanos era extremadamente calida. Incluso diría que me miraba con preocupación.

- Si. - Dije con pesar. - Ellos me arrebataron a mis padres. Mis amigos, mi felicidad, mi libertad, eran ilusiones... No se merecen otra cosa. No se merecen su libertad.

- Eres una humana interesante. - Dijo después de un silencio. - La tierra sufre el mismo problema que todo el universo; está desbalanceado, hay demasiada gente y pocos recursos. Si tan solo la mitad de los habitantes muriese, se convertiría en un universo próspero. - Nos miró, ambos guardabamos silencio esperando una respuesta. - Os proporcionaré la ayuda que solicitáis de mi. No obstante, quiero algo a cambio. Quiero el tesseracto, se que está en la tierra.

Por alguna razón, dejé de prestarles atención. Loki empezó a hablar, oí como terminaba de contarle su plan a Thanos y le juraba y le perjuraba que una vez terminado, le daría el tesseracto. No escuché más, solo un pitido y mi vista se nubló, cerrándose en un túnel oscuro.

Soñé con una cama enorme y mullida, tenía unas sábanas blancas que olían a limpio, muchísimos cogines. Alguien acariciaba mi cabeza, me giré esperando ver a Loki. Me sobresalté y empecé a gritar cuando vi que lo que me estaba acariciando no era otra cosa que un chitauri. Abrí los ojos de repente y me cegó la luz, me levanté sobresaltada, pero unas manos me sugetaron y me retuvieron. La habitación era oscura, muy lugrube, debido a mi estado, no podía ver nada de mi alrededor, pero intuía que estaba en alguna sala llena de cables y aparatejos. Levanté la vista y un ser extraño y lánguido me mantenía sobre la tabla de metal en la que me encontraba. Sus ojos eran azules, llenos de soberbia, no tenía nariz, ni rostro humano. Tenía la piel arrugada como una pasa y del color del metal. Su frente era gigante y su boca pequeña y con labios finos. Llevaba una túnica blanca e impoluta.

- No te muevas. - Comentó con algo de asco, quitando sus manos finas de dedos largos, de mis hombros y limpiandolas en su túnica.

Su voz era demasiado fina para su rostro serio. Me miraba despectivamente como si el bicho raro fuese yo.

- ¿Qué ha pasado? - susurré con un hilo de voz, estaba bastante atolondrada y no entendía nada.

- ... - Suspiró con cansancio y altanería. - Tu... Insignificante cuerpecito de humana sobrepasó sus límites de temperatura saludables... A sí que desfalleciste. - Cogió mi brazo y lo puso delante de mí. - Tu amo me contó que te cortaste un código de seguimiento de Knowhere. - Mientras hablaba, iba de arriba abajo de la habitación tocando botones y recogiendo algunos algodones sucios de aquí y de allí. - Atrevido y efectivo a la par que inconsciente. Sobretodo sin los primeros auxilios necesarios. Seguramente tu amo ni esterilizó lo que usó para mal coserte la herida. - se giró para mirarme. - ¿Te salvó la vida? Si, pero también te provocó una grave infección. Si tan buen hechicero alardea ser ¿Por qué no conoce ningún hechizo de sanación? - Dejó de hablar esperando a que le respondiese.

- No lo sé. - susurré de nuevo. Volví a tratar de levantarme y quedé sentada en la camilla metálica donde me habían atendido. Volví a fijarme en mi herida. No había ni rastro del estropicio que había hecho Loki, ahora podía verse una cicatriz blanquecina, sin costura, sin sangre. Casi parecía estar completamente sana. - ¿Cómo has hecho esto?

- Muy fácil. - Elevó su mano derecha y junto a ella, varios instrumentos punzantes que habían en la bandeja empezaron a volar. - Mi telequinesis es tan precisa como los engranajes de un reloj. No obstante, estuviste inconsciente durante casi un día. Es lógico que tú herida esté mucho mejor.

- ¿Un día? - elevé la voz. Era mucho más tiempo del que pensaba. - ¿Donde está Loki?

- Ha estado aquí hasta que te has estabilizado. - levantó las cejas y entrelazó sus dedos delante de su pecho. - ¿Te ha cautivado y le has seguido hasta aquí? Pobre niña.

- ... - Le Miré con desdén. ¿Es que todo el mundo iba a comentar lo mismo? Quise gritarle que se callase, pero no lo hice por gratitud. - ¿Y tú quien eres?

- Oh yo no soy nadie, solo un sirvo de nuestro señor el ilustre Thanos. Mi nombre es Ebony Maw. - Hizo una corta reverencia, hasta que se acordó de que yo era humana.

- Yo soy Prue, Prue Halley. - De un salto bajé de la camilla. - Gracias por curarme.

- Eran órdenes de mi señor, si por mí fuese, una inmunda humana como tú hubiese muerto. - se puso recto y con gesto asqueado.

- Le agradeceré a Thanos, entonces.

Salí de la pequeña sala, como si supiese exactamente a donde ir. Aún estaba un poco entumecida y mareada, pero no quería quedarme con ese pedante ni un minuto más.

Los pasillos eran amplios, llenos de puertas, lúgubres y grises. Tal vez debí preguntarle a ese tal Ebony donde estaba Loki. Que, bien pensado... ¿Cómo que "mi amo"? No sé si todo aquello me parecía denigrante o machista o ambas cosas. Caminaba pisando fuertemente los pasillos y al torcer una esquina, llegué a uno que estaba lleno de espejos. Demonios, me veía terrible. Mi pelo estaba sucio y enmarañado, mis ojeras demostraban el poco descanso que había tenido esos días y mi vestido... El precioso vestido que Loki había hecho para mí, estaba hecho girones y lleno de sangre. Me daba mucha pena. Sin contar que me veía terrible ¿ Cuanto tiempo hacia que no me duchaba?

Me acerqué más para ver mi rostro en el espejo cuando alguien giró la esquina de enfrente mía. Me sobresalté, nunca podría acostumbrarme a la presencia de Thanos. Era demasiado abrumadora para mi pequeño ser.

Al verme, me miró curioso y se acercó sonriente, casi simpático.

- Justo iba a ver cómo estabas y te encuentro aquí en mitad de la nada. ¿Te has escapado de Ebony? - Su tono era cercano y me daba repelus, pero no podía hacerle ascos. Después de todo, su equipo me había sanado.

- Gracias por curarme. - hice una pequeña reverencia pero me detuvo.

- No hagas eso, no hace falta. - sonrió. - Me gustas, niña. No te dejas avasallar, pareces fuerte... Y alguien dispuesto a destruir su propio planeta debe serlo. - Le miré a los ojos por primera vez. ¿Destruir? Destruir no era lo mismo que conquistar. - Ven conmigo, demos un paseo. - Me agarro por el hombro y empezó a andar. Sus zancadas eran mayores a las mías a si que yo debía andar más rápido. - ¿Qué te llevó a unirte al dios de las mentiras?

- Él... Apareció en mi vida de repente y... Me salvó. - contesté pensativa.

- ¿La gente de la tierra te trataba mal? ¿ Rescató a una dama en apuros? Es hasta conmovedor. - río. Pero yo no reí.

- No, la gente de la tierra me trataba mal. Pero yo misma me encargué de ellos... Él me salvó de mi propia soledad. - Le miré intensamente. Me estaba empezando a enfadar que me tratasen de niñita pobre y desvalida.

- Cuéntame... ¿ Cómo es él? - le miré pensativa.

- Loki no es alguien común... A veces, es muy callado y reservado, otras habla sin parar. A veces, se toma las cosas muy a pecho y otras simplemente se ríe y bromea con ellas. Es tan sensible y apasionado y a la vez, tiene el corazón tan congelado... - susurraba cada palabra mirando a la nada, andando al lado del titan loco. Como si no estuviese, como si hablase con mi subconsciente. Me giré a observarlo y miraba al frente.

- Parece alguien inestable. - Comentó. Le miré de reojo esta vez. ¿Inestable? ¿Qué demonios estaba diciendo este tío de Loki?

- No. - Traté de ser lo más correcta posible, Thanos seguía dándome miedo. - Loki no está loco, si es lo que estás pensando. - Apreté mis puños. - Tal vez haya sufrido en el pasado y hayan jugado con sus sentimientos, pero ahora sabe lo que quiere. Es un hombre de ideas claras y consigue todo lo que quiere. No dejaré que nada ni nadie se interponga en su camino. - Dejé de andar y Thanos también. No pude controlarme y volví a mirarle desafiante. El se acercó a mí. Alto e imponente.

- ¿Y quien va a protegerle? - Levantó con sus gruesos dedos, mi fino y frágil brazo derecho. - ¿Tú?

- Pararé todos los golpes que pueda. - Me solté de su agarre de un tirón.

- Mírate. - Dijo riéndose, burlón. - Tienes un cuerpo diminuto y una fuerza minúscula. ¿Para qué intentar parar un golpe que no podrás soportar?

Llegamos a una puerta abierta de par en par que llegaba a un hangar gigantesco, donde millones y millones de naves estaban atracadas. Se me hizo un nudo en el estomago al ver que todas aquellas naves oxidadas estaban llenas de Chitauris. Pero no solo las naves, los Chitauris iban y venían, con cajas, con armas, algunos discutían entre ellos, otros descansaban y comían a saber qué. Y, en medio de todo aquella marabunta apoteosica de bichos del demonio, estaba Loki paseando tranquilamente junto con el esbirro de Thanos. Parecía que estaba enseñándole las tropas.

Nosotros seguíamos parados en lo alto de la puerta. Thanos empezó a descender, pero yo no pude. Mis piernas volvieron a quedarse ancladas en el suelo sin poder moverse.

- Loki... - Dije. Corría algo de viento espacial de los asteroides próximos y hacía que mi pelo se revolviese y ondease en todas direcciones. Al escucharme pronunciar palabra, Thanos se volvió. - ...Es lo único que me queda y haré lo imposible para protegerle, aunque mi débil cuerpo de tonta midgardiana perezca.

Descendí las escaleras con pie firme para que el fuerte viento no me hiciese tambalear. Pasé de largo a Thanos. No podía hacer mucho por Loki, pero si hubiese algo, por mínimo que fuese, que hiciese su carga menos pesada... Empecé a correr escaleras abajo, las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos y a marcharse con el viento.

Muchos Chitauris me vieron bajar y alargaron sus zarpas para tratar de cogerme, pero no pudieron. Corrí todo lo que pude en dirección a Loki. Las botas hacían que se me oyese correr a kilómetros. Él se dio la vuelta y sonrió alegre al verme, aunque no quiso mostrarlo demasiado. No delante de "El Otro", solo una sonrisa de la que él y yo eramos conscientes.

También vio como me limpiaba las lágrimas con el dorso de la mano conforme llegaba a él y como, algo atrás, estaba Thanos dirigiéndose hacia él también. ¿Me habría hecho algo ese malnacido? Llegué donde estaba, jadeando por la carrera.

- Prue. - Habló Loki, entre preocupado y alegre de ver que había despertado al fin. - Veo que te encuentras mejor. - Su mirada era tan suave.

- Me han curado bien. - Su rostro endulzó al oír mi voz.

- Ejem. - Tosió El Otro. - Como iba diciendo... Los chitauri han demostrado ser una raza extraterrestre cambia-forma, cuando arrasan planetas, absorben culturas y conocimientos e incluso parte de la apariencia de los seres que viven allí. Mi señor no está seguro de su forma original nativa.

- No creo que al Dios de las Mentiras le interese saber la procedencia biológica de su ejercito. - Resonó la voz de Thanos, que ya había llegado a nuestro alcance. - Es un ejercito como cualquier otro, "general". - Dijo ahora refiriéndose a Loki. - Solo que constan de resistencia sobrehumana y una velocidad de regeneración muy alta. Son máquinas de matar.

- Señor, es bien sabido que los chitauris no son para nada organizados, son simplemente un enjambre alborotado que le gusta matar y así no vamos a conquistar la tierra. - Explicó Loki, extendiendo las manos a su alrededor. - Creo que subestima a los humanos. Más de la cuenta. ¿No es así? - Me preguntó Loki.

- E-em... - Me pilló por sorpresa que me preguntara a mí. - No estoy muy metida en temas belicosos de mi mundo,... pero tienen armas muy peligrosas. En la historia de mi planeta se han construido armas de energía nuclear en diferentes partes y, si no tuvieron reparos en lanzarlas entre ellos, no dudaran en hacerlo ante una amenaza de tal envergadura.

- ¿Crees que podrían destrozar a los Chitauris? - Preguntó Thanos, curioso, rascándose el mentón.

- Creo que podrían destrozar medio planeta fácilmente, señor. Estas criaturas no son más que lagartos, de ellos solo quedaría su sombra. - Suspiré. - Aun y así, diría que es su último recurso. Antes que eso... no lo se, enviarían al ejercito.

- ¿Y el ejercito de la Tierra podría contra los chitauris? - Preguntó El Otro esta vez.

- No lo se. Ya le he dicho que no estoy muy metida en el mundo de la guerra. - Todo el mundo se quedó en silencio y muy pensativo después de mi explicación.

- Yo si lo se. - Rugió Thanos. - Dije que llevaba tiempo observando la tierra. Están formando un ejercito de personas especiales.