CAPITULO I. MALA SUERTE Y UN VOLUNTARIO
Con el calor del verano había llegado también el tiempo de la cosecha.
Como era la obligación para todos los candidatos a tributos Eren Jaeger pasó un peine por entre los mechones recién lavados de su cabello castaño, arregló el cuello de la única camisa sin remiendos que tenía y ajustó el cinturón de los pantalones que su padre le heredara sobre la firme musculatura de su abdomen. Mikasa a su lado hizo una mueca y con un paño húmedo borró una mancha de hollín en su frente, después aún alcanzó a alisar un par de arrugas en su ropa antes de que él la empujara con molestia y le indicará con un gesto la puerta de la casa.
Con movimientos de autómatas ambos vaciaron el agua de la tina que habían utilizado para lavarse, recogieron el poco desastre que habían hecho y después salieron de su hogar asegurando la puerta con llave.
Caminaron hacia la plaza con el mismo tipo de pasos que habían hecho hasta el momento, pero la voz de su amigo Armin los sacó a ambos de su estado de sonambulismo.
-¿Eren? ¿Mikasa? ¿Podemos caminar con ustedes?
Al enfocarse Eren descubrió que Armin no llegaba solo, pues junto con su mejor amigo llegaba el abuelo de este: un hombre realmente no muy alto ya entrado en años, canoso, con un cuerpo de aspecto casi tan demacrado como el de su ropa y piel manchada después de tanto tiempo de trabajar bajo el cruento rayo del sol.
-Te sienta bien vestir así Eren – comentó el viejo a modo de saludo – y por supuesto también Mikasa luce más hermosa cada día que pasa.
-Muchas gracias abuelo – respondieron ellos, ya que al no haber conocido ni uno ni otro a los padres de los suyos el siempre cálido y consentidor abuelo de Armin se había convertido en la figura sustituta perfecta desde que… prácticamente desde que conocieron a Armin, ahora que lo pensaban.
-Chicos es casi la hora y aún queda un largo camino hasta la plaza así que será mejor si Armin se adelanta con ustedes y mis viejos huesos y yo llegaremos más tarde.
-Está bien abuelo, entonces nos veremos después de la ceremonia.
-Así será. Ahora váyanse.
Ninguno de los adolescentes añadió otra palabra a la conversación… era después de todo el día de la cosecha y ese día ponía en peligro la vida de los jóvenes de la aldea aún más que las enfermedades, el hambre o los abusos de la policía militar.
Era el día más temido del año y sin embargo nadie se atrevía a decir nada en voz alta, porque al callar podían hacerse la ilusión de que el peligro no existía y en tiempos de incertidumbre una seguridad – o a lo menos la ilusión de una – se convertía en el más apreciado de los tesoros.
Después de un par de pasos Armin y Mikasa comenzaron entre ellos una amable conversación, pero Eren no tomó parte en la misma.
Desde la muerte de sus padres ocurrida tres años atrás durante el incendio que arrasó con la mitad del pueblo, Mikasa y Armin se habían convertido en lo más importante en el mundo para Eren, y aunque ninguno de los tres chicos era del tipo de juguetonerías ni palabras melosas, el chico de cabello castaño y ojos verdes sabía que en las malas y en las peores podía contar con sus amigos para que ellos lo ayudarán; de ahí que aún en los peores días bastara la presencia de ellos para hacerlo sentir seguro.
Sin embargo, algo era diferente este año.
Eren sentía un nudo en el pecho, una opresión como no la había sentido nunca antes y por lo mismo su mente estaba ausente, dando vueltas una y otra vez alrededor de la fecha que era.
Muy pronto – demasiado para su gusto – llegaron a la plaza principal donde un escenario desorbitante se había levantado y los guardias de la policía militar corrían de un lado a otro como un enjambre de insectos separando a los jóvenes en edad de candidatura de los demasiado jóvenes o demasiado viejos, a los chicos de las chicas y a los candidatos de los que tenían una edad diferente a la de ellos.
Como lo dictaba el protocolo Armin y Eren se formaron en una larga fila que no era la misma en la que se formó Mikasa.
La fila era enorme pero avanzaba con mortífera y silenciosa lentitud de manera que, menos de una hora después, el rubio y el castaño veían llenar – prácticamente al mismo tiempo – sus boletos de sorteo, para posteriormente ser separados en diferentes contingente, ya que Armin había cumplido los dieciséis años días atrás y aún faltaban unos cuantos meses para el cumpleaños de Eren.
Noventa agobiantes minutos tuvieron que transcurrir antes de que los jóvenes terminaran de ser acomodados y aún después de eso quince minutos más fueron necesarios para que los organizadores del evento aprobaran el montaje de las luces y la distribución de cámaras pero, una vez que todo estuvo perfecto, una señal fue dada y la música estridente ahogó el silencio sepulcral de la multitud…
Después de eso, con una coreografía obviamente ensayada hasta el cansancio se paró en el centro del escenario una - ¿mujer? – persona vestida con un extravagante vestido de manga larga, cuello de botella y con vuelo exagerado pero con la falda bajado apenas hasta las rodillas, botas blancas a juego con el color del resto del vestuario y la peluca de crepé que usaba y tanto maquillaje en la cara que no era posible distinguir sus facciones originales.
-Muy buenos días a todos los que nos siguen en vivo – saludó en el micrófono con una voz chillona que a poco estuvo de dejar sordos a los que más cerca estaban de las bocinas – nos encontramos transmitiendo desde el Distrito 12 donde la ceremonia de cosecha está a punto de comenzar, sin embargo, antes de ceder el protagonismo a todos estos guapos jóvenes y bellas señoritas escucharemos el mensaje que el Rey Fritz envía a toda la población en esta, la ceremonia de los septuagésimos Juegos de Trost.
Como cada año un video grabado con la voz y el rostro del Rey Fritz se proyectó en la enorme pantalla que cubría el fondo del escenario y con eso el nudo en el estómago de Eren se acentuó amplificando de forma dolorosa el mortal significado oculto tras las palabras que el monarca pronunciaba en el altavoz.
Ese fatídico video terminó con el toque armonioso de instrumentos musicales y justo después de eso la persona extravagante recuperó su lugar en el centro de toda la atención.
-Muy bien ¡un mensaje realmente conmovedor por parte de nuestro Rey! Pero ahora es el momento que todos hemos estado esperando: ¡Hora de elegir a nuestros tributos de este año!
Su tono excesivamente alegre contrastaba con el hecho de que prácticamente dictaría una sentencia de muerte, pero con paso jovial no dudó ni un segundo en dirigirse a las urnas en que descansaban los boletos de los aspirantes a tributos.
-Primero las damas – casi gimió de gusto al meter la mano en la primera de las urnas y sacar un boleto doblado – y nuestra bella tributo de este año será – desdobló el boleto y lo leyó con un chillido de alegría mientras la multitud entera contenía el aliento – ¡Hannah Cooper!
Los contingentes de los varones continuaron en silencio mientras todas las mujeres – menos una – dejaban escapar el aliento que sin pensar habían contenido.
-¿Hannah Cooper? – Continuó jovialmente la persona extravagante - ¿dónde está Hannah Cooper? ¡Hannah Cooper un paso al frente por favor!
Las jóvenes a su alrededor se apartaron y una muchacha de no más de diecisiete años de edad quedó expuesta entre la multitud con el semblante pálido y el rostro congelado en una explosión que rayaba entre la incertidumbre y la desolación.
-Hannah, lindura, ven conmigo por favor.
Extendiendo el brazo hacia la chica en un genuino gesto de invitación y ella de la nada se vio rodeada por soldados de la policía militar, quienes "protectoramente" la llevaron hacia las escaleras por medio de las cuales se subía al escenario y ahí la entregaron a la guarda de la extravagante persona.
-¡Pero qué alegría! Démosle un fuerte aplauso a nuestra hermosa tributo y deseémosle toda la suerte del mundo para que traiga gloria a nuestro distrito. Ahora – instó a Hannah a que se colocará detrás de ella mientras unos pocos aplausos distantes e inconsistentes resonaban a la distancia - ¿qué les parece si elegimos al guapo galán que completará la ofrenda?
Con pasos que resultaban algo torpes debido al exagerad tacón de las botas la persona extravagante regresó ahora ante la siguiente urna y cada paso Eren lo sentí como si resonara directamente en sus oídos. Al final, con el mismo gesto ceremonioso de antes sacó un nuevo boleto doblado.
-Y el nombre de nuestro tributo masculino es… ¡Armin Arlet!
Así, mientras susurros de alivio colectivo escapaban de labios de sus compañeros, Eren sintió un gran peso hundirse de lleno en él, presionando su corazón y sacando el aire de sus pulmones.
Su visión se volvió borrosa, su pulso latía de manera irregular en sus oídos y sus pies de pronto fueron enraizados en el piso como si no se hubiese movido en siglos. En ese momento sintió que todo el peso del mundo lo aplastaba y creyó que no sería capaz de moverse de nuevo pero…
El sonido de los pasos de los guardias mientras escoltaban a Armin lo devolvió a la realidad.
-¡Armin! – de la nada la conciencia pareció regresar a él - ¡Armin! ¡No, esperen! – Protestó cuando los soldados le rodearon para contenerlo - ¡soy voluntario! ¡Déjenlo en paz! ¡Yo soy voluntario!
Los guardias entonces se miraron por un momento y después, con un movimiento fluido, abandonaron a Armin rodeando a Eren en su lugar.
-¡Vaya si esta ha sido toda una sorpresa! – la voz de la persona exótica le golpeó los oídos – parece que por primera vez tenemos un voluntario en el Distrito 12 – los guardias lo llevaron al pie de las escaleras, las cuales subió mecánicamente sin percatarse más que a medias de la mano que se extendía en su dirección – dime guapo – esa voz jovialmente fuera de lugar se negaba a dejarlo en paz - ¿Cuál es tu nombre?
-Yo… - se sobresaltó al darse cuenta de que su voz resonaba por el micrófono ¿en qué momento había llegado hasta ahí? – soy Eren… Eren Jaeger.
-Bien Eren, sé bienvenido a los septuagésimo cuartos juegos de Trost. Distrito 12 ¡brindemos un fuerte aplauso a nuestro valiente tributo Eren Jaeger!
Sólo que esta vez nadie aplaudió y la visión de Eren regresó justo a tiempo para ver que uniformemente todas las personas del Distrito 12 levantaban la mirada hacia él mientras se colocaban el puño sobre el corazón…
Fue hasta que observó a la distancia las miradas petrificadas de Armin y Mikasa que Eren comprendió plenamente lo que acababa de hacer.
