CAPITULO III. HANGE Y PETRA

Después de casi dos horas de conversación – es decir, casi a la una de la mañana – los tres amigos aprendieron que el nombre de la persona extravagante era Hange Zoe, que ella – o él (ninguno de los tres había reunido el valor necesario para preguntar directamente pero habían decidido por unanimidad darle el trato de una mujer) – había nacido en el capitolio pero que su madre era oriunda del Distrito 12 y que había buscado el empleo de conductora en los Juegos de Trost por ser éste uno de los pocos medios disponibles para tener acceso a la poca información disponible que existía sobre los titanes.

También se habían comenzado a plantar sospechas en el cerebro de Armin… sospechas buenas, cabe aclarar.

Para que se entienda: desde sus actuaciones exageradas hasta ese vestuario y maquillaje estrafalarios – por decirlo de manera amable – todo en Hange Zoe gritaba falta de sesos, pero bastaba tratarla por un corto periodo de tiempo para entender que esa primera impresión era totalmente errónea, y si se pensaba fríamente puede que los avances en la "investigación" de la que Hange presumía se debieran precisamente a que gente ingenua o demasiado distraída no tendría el cuidado de esconder ciertos datos de las personas que pensaban que no los escuchaban o que aunque lo hiciesen jamás podrían entenderlos y mucho menos reinterpretarlos.

Lo mejor de todo era que, por alguna extraña razón, Hange parecía realmente querer ayudarlos y a pesar de que llevaba tanto tiempo hablando sin interrupciones y mezclando suposiciones con hechos concretos, más de un dato útil había podido obtener Armin de sus palabras.

Sin embargo, para los tres mejores amigos el día había sido emocionalmente intenso y desgastante, pasando sin interrupciones entre la elección de Armin como tributo, la sustitución por parte de Eren, las incómodas despedidas con el abuelo y los demás chicos del pueblo, abordar el tren tras empacar de manera apresurada, la reunión con los "capacitadores" que se encargarían de explicarles las reglas de los juegos y la charla con Hange… bueno, se sobreentiende que el día había sido agotador ¿verdad?

Por eso, cuando la frente de Eren casi se impactó contra la superficie de la mesa en la que Hange había insistido en servirles té, Hange Zoe entendió que estaba forzando la atención de los muchachos y de manera apresurada los mandó a dormir.

A bordo de ese tren que los llevaría a la capital los tres amigos tenían cada uno su propia habitación pero Armin y Mikasa se negaron rotundamente a dejar a solo a su amigo por lo que, cuando a eso de las siete de la mañana Hange fue a buscarlos para tratar con ellos un asunto importante, se vio obligada a entrar prácticamente de puntitas en la habitación del castaño y despertar a los otros muchachos con ligeros toques en el hombro.

Después de dejar el lugar de Eren, los dos chicos se encerraron con Hange en la misma sala en la que habían estado hablando apenas unas cuantas horas antes.

-¿Hay algo importante? – se decidió a preguntar finalmente Armin.

-Mientras ustedes dormían paramos en el Distrito 9 y en una hora más pararemos en el 5, después de eso serán cinco horas antes de llegar a la capital pero en cuanto lleguemos cada tributo debe ser enviado directamente a su estilista… por lo mismo es hora de que Mikasa y tú seleccionen de entre los candidatos al estilista ideal para Eren.

-¿Estilista? – Mikasa no parecía particularmente interesada en los currículos que la mujer de vestuario extravagante les ofrecía – que sea cualquiera. Sería bueno que en lugar de perder el tiempo en esas banalidades nos permitieran más tiempo de entrenamiento con las armas y el cuerpo a cuerpo.

-Sin ánimos de ofenderte Mikasa, creo que no estás analizando el panorama completo.

-¿Qué?

-Mikasa, Hange tiene razón – intervino Armin recibiendo los papeles que su amiga había ignorado – la elección del estilista no parece algo importante ahora, pero cuando Eren esté en la arena enfrentando una muerte casi segura – el tono de culpa en su voz no le pasó desapercibido a ninguna de las dos mujeres – una lata con sopa o medicamentos pueden marcar la diferencia entre caer o vencer, y para bien o para mal los patrocinadores van a darle eso a quien vean que es más redituable en el gusto del público.

Ahí Hange se llevó una sorpresa. Había esperado que la chica comentara acerca de lo estúpido que eso era y se enfadara comenzando a golpear todo lo que se encontrara a su paso – tal y como había hecho en su distrito cuando se recuperó del shock de saber a su "princeso" como tributo elegido – pero en lugar de eso una chispa de comprensión apareció en sus ojos grises y un visible asentimiento fue la respuesta que dedicó al rubio.

-Bien, si un buen estilista puede ayudar a salvar a Eren entonces hay que elegir al mejor de todos. Tú – se dirigió directamente a Hange pero por primera vez desde que se conocieron no había hostilidad en el tono de la de cabello obscuro – has sido presentadora por el Distrito 12 desde hace ya varios años ¿quién de todos estos puede ayudarnos mejor?

-Bien pues… si de currículos se trata Nanaba y Gunter son los estilistas más experimentados. Ella ha trabajado en los Juegos de Trost desde hace 12 años y además es tres veces ganadora del premio al mejor diseñador de moda de invierno. En cuanto a Gunter… bueno, no cualquiera es bienvenido a presentar su solicitud en este evento particular y Gunter lleva 18 años sin recibir ni un solo rechazo ¿eso habla bien de él, no?

-Entonces ¿a cuál de los dos debemos elegir?

Hange se mordió el labio inferior.

-Aún en este tipo de concursos la fama no lo es todo. Los diseñadores de los que te hablé son buenos porque guían sus diseños de acuerdo a lo que le gusta al público, pero si la elección fuera mía entonces yo los ignoraría y me iría por Petra.

-¿Petra? – cuestionó Mikasa cuando la otra mujer señaló de entre los juegos de papeles el currículo de una mujer joven y con el cabello rojo inusualmente corto.

-Bueno, reconozco que no es una de las diseñadoras más condecoradas y en este juego es la más novata de todos, pero su estilo es inusual y tiene ese toque de… no sé. A diferencia de casi todos los demás Petra es auténtica, define sus ideales y se mantiene fiel a sí misma independientemente de si los resultados le gustan o no a los demás. Aún así deben pensar que de contratarla a ella el resultado será imprevisible.

Los dos amigos intercambiaron una mirada entre ellos compartiendo el mismo pensamiento: si por ellos fuese tomarían la opción segura y elegirían a alguno de los diseñadores de mayor prestigio, pero después de escuchar la descripción de Petra no podían dejar de pensar que si algún estilista podía llegar a entender a Eren esa sería ella y, por tanto, era tal vez la única que podría sacar a relucir su máximo potencial.

Aún así, apostar la vida de Eren a una novata…

-Hange – murmuró el rubio después de algún rato – ya tomamos una decisión.

. .-.

Despertar, practicar algo de combate cuerpo a cuerpo con Mikasa, tomar el desayuno, escribir en su diario, escuchar a Hange y darse un lavado rápido antes de subir al auto sin ventanas que lo esperaba en la estación y que lo llevó hasta ese edificio extraño.

El día de Eren podía ser descrito en esas simples palabras pero lo cierto es, que mientras esas dos mujeres extrañas lo mantenían recostado en la mesa y dedicaban toda su energía a lavar y tallar cada centímetro de la superficie de su cuerpo, el castaño no terminaba de descifrar si su rostro estaba encendido debido a encontrarse desnudo frente a dos mujeres maduras o si en cambio era un pálido semblante lo que reflejaba a causa de las nauseas nerviosas que no le habían dado tregua desde el momento que – por primera vez en su vida – se vio obligado a enfrentar un problema sin la presencia tranquilizadora de sus amigos.

-No estoy del todo segura – escuchó la voz de la mujer, pero tal vez por el ruido de las regaderas o tal vez por el martilleo de los latidos del corazón en los oídos, dichas palabras sonaban distantes – tal vez tengamos que lavarlo un poco más.

-Ese es el problema con la gente del campo – respondió la otra – no es posible remediar toda una vida de revolcarse en porquerías con una simple ducha y es injusto que nos pidan algo tan difícil.

-Calla amiga, podrían oírte.

Si algo más dijeron esas personas el castaño no las escuchó. En cuanto terminaron de lavarlo envolvieron su cuerpo en una toalla mullida y lo llevaron a una sala contigua donde se quedó recostado en un sofá completamente solo.

Al principio el castaño no se atrevió a moverse de donde estaba, sin embargo al final la curiosidad pudo más que él y – sujetando firmemente la toalla alrededor de su cuerpo – se levantó para examinar lo que había a su alrededor… y que lo dejó con la boca abierta.

¡Dios santo! ¿Quién rayos tendría tiempo de ponerse tanta ropa en una sola vida?... ok, eso era lo de menos pero ¿a quién en este puto mundo se le ocurriría vestir de una manera tan ridícula? Porque en verdad, aún a pesar de que los veintidós trajes estaban íntegra y pulcramente colgados, no le quedaba del todo claro por dónde entraba la cabeza y cuáles eran las mangas.

-¿Te gustan esos trajes, Eren?

El chico saltó en su sitio al verse sorprendido y volvió el rostro sólo para encontrar parada detrás de él a una mujer bajita, de cabello rojo cortado casi al ras y grandes ojos.

-¿Qué? Yo… ¡lo siento por mirar sin permiso! Es que…

-Tranquilo Eren, si yo quisiera mantener esta ropa oculta no la habría colgado aquí ¿no crees?

-Esto – de alguna manera extraña eso tenía sentido – sí, supongo que sí.

-Aún no has respondido mi pregunta ¿estos diseños te gustan?

-Yo… - Eren no encontraba las palabras para decir amablemente lo horrible que la ropa le parecía así que decidió soltarlo así como así – no me gustan mucho, la verdad.

Contra lo que había esperado la pelirroja no parecía molesta, por el contrario una gran sonrisa llenaba su rostro.

-Si piensas así entonces nos llevaremos muy bien. Aquí entre nos todo esto lo diseñé por encargo y bajo especificaciones estrictas pero para ser sincera estos son los que considero los mayores fracasos de mi carrera.

Sobre decir que esas palabras sorprendieron a Eren, pero también lo hicieron sentir una confianza que no había sentido ni de cerca con ninguna de las tantas personas que lo recibieron al llegar a la capital.

-¿Disculpe pero – murmuró – quién es usted y cómo sabe mi nombre?

-Bueno pero que descortesía la mía. Mi nombre es Petra y para esta competencia seré tu estilista. Por supuesto es natural que sepa tu nombre Eren pero – un brillo especial apareció en sus ojos – dentro de poco me aseguraré de que sea el nombre más popular en todo el reino.

-¿Yo?... pero yo no…

-Supe lo que hiciste por tu amigo – su mirada era repentinamente suave y su voz seria – fuiste muy valiente.

-Armin ha sido mi mejor amigo prácticamente desde que usamos pañales. No podía hacerlo de otra forma.

-¿Y por qué no?

-¿Qué por qué no? ¿No es obvio? Armin es la persona más inteligente que conozco pero no es un luchador, además… – sin quererlo su mirada se perdió en el vacio – este es un mundo cruel, y Armin aún no ha logrado entender eso.

-Ya veo… tranquilo, lo entiendo.

Después de algunos minutos de silencio Petra volvió a hablar.

-Eren, te ofreciste como tributo para salvar a Armin y lo lograste pero ¿qué es lo que sigue ahora?

-¿Qué sigue? ¿A qué…?

-Bien, mi pregunta es ¿te resignarás al hecho de que has dado la vida por tu amigo? ¿O acaso piensas en algo más allá de eso y estás dispuesto a hacer lo que sea con tal de volver con vida de los Juegos de Trost?

Como si esa pregunta hubiese encendido algún interruptor en la mente de Eren el semblante del chico cambió: sus facciones adoptando una rudeza poco común en alguien de su edad, su postura erguida y orgullosa y su mirada tan brillante e intensa que en sus preciosos ojos verdes prácticamente se podían ver destellar las flamas.

-Viviré – respondió Eren con firme convicción – viviré al precio que sea.

-Excelente decisión – aduló Petra – y por supuesto mi deber como tu estilista es ayudarte a sobrevivir… captando el interés de los patrocinadores.

-¿Cómo haremos eso?

-Ya que eres más guapo de lo que había esperado tengo la confianza de que nuevas ideas surgirán. Sin embargo mi idea inicial es montarte en una carroza con un traje especial que hará que preciosas flamas enmarquen tu figura… mmm… y si añadimos ácido bórico puede que incluso convirtamos eso en tu sello personal.

El rostro de Eren quedó en blanco.

-Tú… ¿eso es una broma, cierto?