CAPITULO COMPLEMENTARIO: SENTIMIENTOS CONFUSOS

Después de someterme a los ridículos gustos de esa mierda de estilista y montar en la jodida carroza frente a tanta gente lo único en lo que pensaba era en recuperar mi cuchillo para apuñalar a alguien… y el deseo sólo aumentaba al recorrer la plaza y ser exhibido frente a tanta gente como si fuese una simple mercancía.

Porque esa mujer llamada Gabriela estaba a mi lado no bajé la guardia (ya que no se podría bajar la guardia frente a una persona que hace temblar inclusive a Isabel) pero aún así me permití evaluar al resto de los condenados a muerte, y fue una desagradable sorpresa descubrir que lo que todos los estilistas aparentaban era ser una bola de mierdas que pensaban que al provenir de una zona textil era bueno fingirse tapetes, que haber nacido en una zona pesquera era para disfrazarse de pescados y bueno, muchas pendejadas por el estilo.

En esas miradas superficiales diferentes sujetos me llamaron la atención ya sea por su vestuario, su cobardía o su arrogancia… sin embargo, todo se detuvo cuando apareció él.

Para haber diseñado un carruaje envuelto en llamas había que reconocer que el estilista del 12 no era un completo imbécil, pero la idea me pareció un tanto exagerada dado que la chica que lo montaba lucía como si se encontrara al borde del desmayo… por el contrario, el muchacho realmente tenía huevos (o era un auténtico idiota) para juguetear con las llamas del modo desvergonzado en que lo estaba haciendo.

Desde que lo vi mis ojos no pudieron apartarse de él: cabello obscuro, piel besada por el sol que de niño era mi mayor sueño, rasgos suaves y dos ojos con una mirada tan intensa que el fuego de la carroza que montaba palidecía como si de simples chispas se trataran.

Transcurrió el resto del desfile, terminó la ridícula exhibición y lo vi retirarse sin siquiera voltear hacia donde yo estaba. Por mi parte yo… bajo ninguna circunstancia digo que su mirada me quitó el sueño, pero no puedo negar que esos ojos verdes fueron lo último que cruzó por mi mente antes de que el cansancio me envolviera con el manto de sueño y olvido que el cuerpo demandaba.

Entonces volví a encontrar esos ojos verdes al día siguiente y en más de una ocasión los vi encenderse, estrecharse, nublarse y empañarse según la forma en que el mocoso estrellaba su frente en la prueba de equilibrio.

Mientras todos a su alrededor ya habían aceptado el triunfo o la derrota, el mocoso continuaba buscando alcanzar un éxito que estaba fuera de rango simple y sencillamente porque es imposible equilibrar con un dispositivo dañado. Aún así, mientras él mordía el polvo mis ojos no se le apartaban y yo no dejaba de preguntarme cuántos golpes más serían necesarios para doblegar su voluntad… hasta que, en ese momento definitorio, él simplemente logró lo que tal vez nadie más habría podido lograr y conservó un tambaleante equilibrio sin soporte alguno.

Como era de esperarse el mocoso fracasó después de unos cuantos segundos de falso triunfo y por un solo momento el fuego en sus ojos pareció menguar, como si fuese a extinguirse…

Patético.

Si un fracaso puede golpearte hasta lo más hondo de tu ser, si un golpe puede derribarte, si una caída es tan fuerte que no te puedes levantar nuevamente… si es así, entonces eres apenas algo mejor que una basura tirada en el piso mugriento.

Pero, así como bajó, el fuego en esos ojos – fuego que ahora que lo pensaba debió ser la inspiración del estilista para las llamas del carruaje – revivió en sólo un instante llenando el lugar de la promesa tácita de volver a insistir al instructor si trataba de frenarlo para impedirle probar el equilibrio otra vez.

-Oye mocoso de mierda ¿Piensas ponerte de pie en algún momento o vas a pasar el resto del día llorando ahí como un estúpido bebé?

Lo dije así porque no soy una persona suave y tampoco me interesa serlo, pero lejos de reaccionar violentamente – algo que habría sido esperado – él simplemente me miró como si no pudiese creer lo que le decía…

Oh, pero al final hizo lo que le dije y volvió a probar – ahora con mi cinturón – consiguiendo mantenerse fácilmente en equilibrio.

Cuando ese chico rubio externó el daño en el equipo y los murmullos de aprobación comenzaron decidí irme sin esperar nada, pero el torpe agradecimiento del chico del 12 interrumpió mis planes y debo reconocer que ese mocoso realmente parecía… ¿cuál sería la palabra apropiada? Lindo. Sí, lindo como un molesto perro faldero.

Pero no era mi lugar quedarme para continuar perdiendo el tiempo.

Así, esa noche soñé con su mirada de gratitud y al despertar lo que más quise fue buscarlo para borrar de una patada esa estúpida sonrisa de su cara.

¡Imbécil! En los juegos de Trost gana aquel que logra asesinar a todos sus rivales. Siendo así ¿cómo se atreve ese mocoso a sonreírme como si yo le hubiese hecho el favor más grande del universo? Eren Jaeger… ¿Es qué no entiendes que ver a los demás como personas puede ser la perdición de tu cordura? ¿O esa actitud alegre y dulce es acaso tu forma de desequilibrar a los demás? No, en el momento en que el fuego se disfrazó, una inocencia un poco fuera de lugar se implantó en su mirada haciendo imposible creer que un muchacho con esa clase de ingenuidad pudiera tejer una red de manipulación emocional y concluí entonces que el mocoso en realidad tenía simple y sencillamente una de esas actitudes de mierda que sólo ayudan a llegar más rápido a la tumba.

Después del descanso siguió el momento de conocer al enemigo y así me reuní con Farlan e Isabel para "analizar" uno a uno la información disponible del resto de los tributos…

Algunos sin duda serían peligrosos – por decir lo menos – y otros eran una amenaza simple y sencillamente mortal con la que no se podía cometer ningún error.

Otros eran idiotas con mala suerte.

Y en cuanto a Eren Jaeger… bueno, de algún modo saber las circunstancias bajo las que se ofreció fue algo que forzó en mí algo de respeto por el mocoso.

Aun así, ver su entrada triunfal durante el desfile y presenciar de primera mano su terquedad no me preparó lo suficiente para la experiencia de todas las semanas que nos vimos obligados a compartir espacios durante las prácticas comunes y, en esos tiempos de convivencia forzada, dejar de notar sus sonrisas, sus comportamientos impulsivos y la inquebrantable lealtad hacia sus amigos fue algo francamente imposible de pasar por alto.

Sin embargo, lo que más me hizo fijarme en él fue esa energía que no tengo idea de dónde sacaba, pero que lo hacía lucir lleno de fiereza y determinación como si no hubiese absolutamente nada que estuviera fuera de su alcance.

Ahora, después de seis semanas de conocernos era increíble el verlo desenvolverse en la entrevista con el payaso ese… porque el mocoso de mierda se comportaba natural, con esa torpeza inmadura que o caracterizaba pero también con esa actitud feroz y protectora que poco a poco me había robado el respeto.

Verlo envuelto nuevamente en llamas fue algo que me cautivó del mismo modo que el día del desfile, y como ese día pensé nuevamente que las llamas palidecían en comparación al fuego de su mirada; sin embargo, lo que de verdad fue capaz de provocar un escalofrío en mi columna vertebral fue la determinación que vi en sus ojos cuando aseguró que volvería a su casa.

Eso yo no puedo permitirlo.

Al precio que sea, abandonar a Farlan e Isabel es algo que no puedo hacer y lo que sea que ese mocoso agita en mi pecho no debe serme relevante… no estando en juego el permanecer junto a mis amigos.

Y sin embargo, ahora que esa payasada de show ha terminado y la carnicería se acerca, algo dentro de mí se revuelve inquieto con la duda de si seré o no capaz de matar a Eren Jaeger en el momento de la verdad.

Un ruido a mis espaldas devuelve toda mi atención al mundo real y una simple mirada con Isabel y Farlan me dio a entender que ellos lo habían escuchado también.

Una vida entera de subsistir en una ciudad que se conforma con desperdicios y la ambición de aspirar a algo más es lo que nos ha unido desde el primer momento… seguir nuestros instintos es lo que nos llevó hasta donde logramos llevar y en este momento lo que mis instintos me dicen es que esos pasos son de alguien que no ha pasado por aquí por mera casualidad.

Discretamente, la mano de Farlan se dirige a su bolsillo mientras Isabel se sitúa a mi lado.

-Tengo que reconocer que tienen sentidos agudos como para haber detectado mi presencia.

La voz que escucho no es lo que esperaba: es confiada, autoritaria sin ser por eso grosera y, para variar, me resulta realmente familiar.

-Quien quiera que seas muéstrate.

-Te gusta abordar las cosas de frente – un hombre rubio con cejas tupidas y ojos azules salió del pasillo detrás de nosotros – no siempre eso es algo bueno pero sin duda alguna me gusta tu actitud.

-¿Erwin Smith? – Farlan no pudo disimular su sorpresa – ¿Qué tiene que hacer aquí el productor ejecutivo de los juegos?

-El productor ejecutivo de los Juegos de Trost… ¿suena bien, verdad? Sin embargo, tanto como mi puesto es envidiado por otros, puedo entender si a ustedes mi rango no les hace ninguna gracia.

-¡Por supuesto que no! – Gritó Isabel – nuestro hermano está en peligro de morir por este circo estúpido ¿por qué deberíamos nosotros entonces de tener el más mínimo respeto por el que convierte la muerte y el sadismo en un espectáculo?

-Te falta tiento niña – su voz sonó extrañamente serena, como la de un padre que regaña a su hija pequeña – por mucho que esa sea tu opinión, explotar de esta manera con opiniones así puede meterte en problemas cuando consideras que te encuentras en la capital del reino y que tus adorados "hermanos" y tú no son más que una pandilla de ladrones y asesinos apresados después de una verdadera acumulación de crímenes contra la corona.

-Pero…

-Por suerte para ustedes – continuó el rubio como si no la hubiera escuchado – no tengo intenciones de denunciarlos con la policía militar por sus palabras contra la estabilidad del reino. Más bien me gustaría hacerles una propuesta.

-No nos interesa lo que tengas que decir – tajé.

-¿Seguro? Porque como productor de los Juegos de Trost tengo acceso a información exclusiva y clasificada.

-No me importa – le di la espalda decidido a llegar a nuestro departamento sin otras interrupciones.

-¿Pensarías igual si te dijera que hay una forma de burlarse de los Juegos de Trost?

Mis pasos se detuvieron.

-¿Qué es lo que quieres decir?

-Tradicionalmente la única manera de sobrevivir a los Juegos de Trost es ser el último superviviente de entre los veinticuatro tributos, pero, la realidad es que hay otra manera en la que puedes ganar tu vida sin tener que convertirte en un espectáculo para la gente de la capital.

-Mientes – acusó Farlan – he estudiado la historia de los 73 juegos pasados y en cada cosecha sólo queda un sobreviviente ¡la única forma de sobrevivir es ganar los Juegos!

-Estoy diciendo que Levi tiene una opción, pero tal vez deba ser más específico: la opción que tiene es la de romper las reglas y abandonar el juego.

-¿Llamas a eso una opción?

-Lo es si escuchas lo que tengo que decir.

-No confío en ti.

-Me sorprendería si fuese de otro modo, sin embargo ¿qué te parece si cambiamos un par de palabras más? Puede que yo tenga la capacidad de cambiar tu opinión.

Por su tono de voz y por el hecho de que saca un arma y apunta a Isabel con pulso firme, me queda claro que lo que dice no es una sugerencia.