CAPITULO VIII. BIENVENIDOS A TROST

-La chaqueta tiene varios bolsillos vivibles y ocultos por si necesitas guardar cosas y la tela no sólo es a prueba de fuego sino que además es lo bastante resistente como para amortiguar heridas si es que necesitas deslizarte en tierra pedregosa o por los troncos de los árboles; las botas también resisten el calor y si necesitas pasar sobre espinas o superficies afiladas se convertirán en tus mejores aliadas.

-Gracias Petra.

La chaqueta y las botas eran prácticamente el toque final de un vestuario que, por primera vez, estaba más orientado a la supervivencia que a la ostentación y que en realidad era casi idéntico en diseño para todos los tributos dejando al estilista con la única libertad de elegir en que materiales es que realizaba los cortes.

Siguiendo su mejor criterio Petra había diseñado las prendas interiores y la camisa en tela ligera mientras que la chaqueta y los pantalones eran de lo más resistente que había en su taller, y mientras que el resultado había sido completamente satisfactorio en términos de excelencia, la perfección del vestuario apenas había logrado hacer algo para calmar el acelerado corazón de Eren, quien durante todas sus explicaciones apenas y había logrado poner atención a sus palabras.

-Vas a estar bien – continuó ella poniendo las manos en sus hombros – ahí afuera las probabilidades no son buenas para ninguno de ustedes, pero si he de apostar por alguien entonces mi apuesta es por ti.

La sinceridad en las palabras de Petra ayudó al castaño a enfocarse, y aunque su corazón continuaba martilleando de manera acelerada, ahora podía darle un propósito a ese latido que sabía que en el campo de batalla marcaría una diferencia entre vivir o morir.

-Traje algo para que tengas un amuleto de buena suerte… aunque por las reglas del torneo debes mantenerlo oculto – diciendo esto sacó de uno de sus bolsillos la llave que Eren siempre había llevado al cuello y que por los reglamentos de inventario se había visto obligado a dejar en la base.

-Gracias Petra – respondió Eren sosteniendo el objeto entre sus manos con un súbito nudo en la garganta.

-Armin dijo que esa llave era muy importante para ti, aunque no me explicó porqué.

-Es la llave del diario de mi padre, él, me dio esto antes de morir.

-¿Fue hace mucho tiempo?

-Hace tres años hubo un… el almacén de granos explotó y el fuego rápidamente se propagó a la iglesia y después a las casas del pueblo.

-¿Tu hogar se quemó, Eren?

-No. Pero mis padres fueron voluntarios en la iglesia ese día y no lograron salir a tiempo.

-Lo siento.

-Mi padre me había dado la llave apenas el día anterior. Según él las cosas que había escrito en su diario eran verdaderamente importantes y dijo que yo era alguien digno de proteger esos secretos.

-Y, sólo si puedo preguntarlo ¿qué secretos tan importantes eran esos?

-No lo sé, jamás he leído el diario.

-¿No? ¿Por qué?

-Mi padre… él me dijo cuándo es que tenía que leer su diario, y el momento no ha llegado.

Eren no añadió a ese comentario la información de que el diario de su padre había viajado junto a ellos hacia la capital, y pese a que se sentía realmente intrigada, Petra no insistió al respecto, ya que desde un principio su intención principal había sido sólo distraer al chico de su nerviosismo.

Un sonoro pitido devolvió a ambos a la capital.

-Esa es la señal de abordaje – sentenció Petra con tono solemne.

-Lo sé.

-Sé que Hange a te lo explicó pero no lo olvides: una vez que escuches la señal debes saltar del globo antes de que lo derriben y después de eso estrás solo salvo por la voz de tus amigos a través del comunicador. Además, pase lo que pase todos los que nos preocupamos por ti estaremos al pendiente a través de las pantallas.

-Gracias por todo, Petra.

Y el chico ya se decidía a marcharse hacia el punto de abordaje cuando el – sorprendentemente fuerte – agarre de Petra lo retuvo.

-¿Eren?

-¿Sí?

-Las reglas de la corona dicen que sólo una persona puede regresar a la capital con vida.

-Lo sé.

-El rastreador que van a colocarte – bajó la voz a ser sólo un susurro – si confías en mí entonces debes recordar que ahí afuera ese rastreador va a ser tu única conexión con las reglas de la corona.

-¿Qué quieres decir con eso?

-Creo que una vez que enfrentes a los titanes entenderás lo que quiero decir, pero, si realmente llega el momento de encontrar un significado a lo que digo entonces tendrás que hacer lo que te dicte tu corazón.

Por más que hubiese querido preguntar a Petra lo que quería decir con eso, un nuevo pitido le avisó a Eren que se había quedado sin tiempo.

…SNK…

Desde lo más alto del Muro María los globos de aire caliente despegaron para posicionar a los tributos en un círculo alrededor del corazón mismo del – actualmente en ruinas – Distrito Trost y, mientras los jóvenes que ocupaban dichos globos sentían latir descaradamente sus corazones, un pitido repentino quebró al quietud del ambiente anunciando el fatal inicio de los septuagésimos cuartos Juegos de Trost.

Fiel a la forma en que había sido instruido Eren saltó se ayudó del arnés de su equipo de maniobras para realizar un salto de casi cinco metros hasta las ramas de un árbol cercano y después trató de descender a toda velocidad por las ramas del mismo mientras el susurro característico de varios misiles era precedido por el sonido de los globos que eran detonados e incendiados para obligar a todos los tributos a bajar a tierra.

El ruido fue tan intenso que el castaño sintió que le perforó los oídos, aún así no se detuvo y pocos minutos después logró llegar hasta la base del árbol. Ahí, rodeado por los árboles en los que habían aterrizado, se encontraba un pequeño claro que a juzgar por el suelo quemado había sido fabricado de manera artificial mediante el uso bombas y, en el centro del mismo, una pequeña plataforma llena de armas y provisiones se erguía orgullosa.

Al ver ahí las armas y la comida tu primer impulso será correr hacia el centro del claro – le había dicho Hange apenas la noche anterior después del show – pero no debes hacerlo. En un escenario donde los suministros son tan valiosos la confrontación directa será inevitable y en años pasados he visto como tributos considerados "favoritos" sucumben tratando de defender una espada o latas de sopa.

-¿Qué debo hacer entonces?

-Fuera del claro habrá esparcidas mochilas con equipo de supervivencia – la respuesta había llegado en voz de Armin – nada tan bueno como la comida o las armas pero a lo que vi e videos de años pasados son cosas útiles.

-Si puedes tomas más de una hazlo – agregó Mikasa – pero es preferible enfrentar la naturaleza con las manos vacías que terminar herido por una tontería.

Y por supuesto el escenario frente a él daba la razón a sus amigos:

En el centro del claro dos chicos peleaban a golpes por un cuchillo, cerca de ellos la mujer del Distrito 3 le rebanaba la garganta a otro muchacho que había tratado de coger la bolsa de pan y más allá los chicos del 1 y el chico del 7 parecían inclusive divertirse mientras probaban sus nuevas armas en los tributos que estaban a su alrededor.

Sin pensarlo dos veces Eren se precipitó a través de un pequeño tramo del claro y hasta donde había alcanzado a vislumbrar el asomo de tela obscura contrastando con el color claro del árbol que tenía detrás.

En lo que se refiere a correr, la longitud de su zancada había sido siempre una ventaja que Eren tuvo sobre otros chicos de su edad, sin embargo su misma estatura se convertía en una desventaja si de pasar desapercibido se trataba y, pese a que no hizo realmente nada para buscar su atención, fue visto claramente por Vigo, quien demostrando su aptitud como cazador le apuntó con una flecha que habría logrado incrustarse en la cabeza del chico de no ser porque una inoportuna – o tal vez oportuna – raíz se cruzó en el camino del castaño haciéndolo tropezar.

Así, cuando las manos de Eren tocaron el suelo el chico alzó la vista sólo para pintar sus facciones de horror al descubrir lo cerca que su muerte había estado, lo que hizo a sus músculos trabajar aún más rápido para acercarse a la mancha negra ahora gateando.

Diez segundos que para él se sintieron como tres horas le costó al castaño llegar hasta el tronco en el que descansaba una poco voluminosa mochila negra, y en ese lapso de tiempo dos flechas más pasaron peligrosamente cerca del cuerpo de Eren.

Finalmente, sus dedos alcanzaron la mochila y con un rápido movimiento giró su cuerpo entre las raíces del árbol refugiándose detrás de este para así evadir las flechas que nuevamente querían atinarle.

Sin embargo, mientras giraba, la visión periférica de Eren alcanzó a registrar como un hacha en su cabeza terminaba con la vida de ese chico llamado Guadalupe.

De ese modo, con muerte, caos y dolor es como comenzaban oficialmente los Juegos de Trost.