CAPITULO IX. NOCHE SIN FOGATA
Acostumbrado como estaba a trabajar en el campo, el cuerpo de Eren no se quejó por tener que soportar el agobiante calor de Trost y sus pies tampoco protestaron después de casi tres horas de penosa andanza por terreno desigual… vaya, ni siquiera sus manos daban la más mínima señal de protesta a pesar de que al arrastrase las había frotado con superficies duras (aunque Eren sospechaba que en eso en especial los guantes habían ayudado más que sólo un poco), aún así, el chico sentía que su espalda y su cintura comenzaban ya a dolerle debido a que en su intento de pasar desapercibido había elegido para caminar las áreas más espesas del bosque y eso le había obligado a agacharse y estirarse sin ninguna clase de ritmo.
Escuchando y observando a su alrededor, y sin encontrar cerca de sí ningún indicio de peligro, el castaño se apresuró a subir las ramas de un árbol alto y de espeso follaje y sólo cuando llegó a la parte de más segura y cubierta del mismo se permitió relajarse un poco y apoyar su exhausta espalda contra el grueso tronco al tiempo que colocaba el paquete que había logrado recuperar en sus piernas.
El contenido de la mochila capturada por Eren era el siguiente: un plano mal dibujado de lo que sólo se podía suponer que era un edificio, una manta delgada, una botella vacía, tres pedazos de cordel, un frasquito de brea, un lienzo blanco, un cinturón cuatro veces su talla, un par de metros de cuerda, una brújula, un hacha de mano y una pequeña pero filosa cuchilla que a lo mucho podría servirle para afilar ramas… o para convertir en puntas de flecha las ramas, si lo veía desde otro ángulo.
De los labios de Eren escapó un sonoro suspiro de frustración. Sí, no negaba que esas cosas le podían ser de gran utilidad, pero hacia ya horas los cañonazos habían anunciado las muertes de Alma, Rika, Carlos, Benny, Guadalupe y Elena, y después de la forma en que había visto actuar a los que peleaban por las armas realmente no estaba seguro de que el equipo de supervivencia fuese suficiente para salvarse de ellos.
Sin embargo, tan pronto como dicho pensamiento cruzó por su mente fue desechado.
Eren sabía que tenía todas las posibilidades del mundo de fallecer en las próximas horas, ya fuese a manos de otro tributo o entre las mandíbulas de un titán. Es más, la mala suerte podía así como así hacerle una jugarreta y un mal paso haría que sus días acabaran estrellándose ruidosamente contra el suelo duro. Pese a todo, el castaño sabía que debía seguir viviendo, que perder su voluntad de pelear sería lo mismo que echar al canal las horas de trabajo de Petra, las sesiones agotadoras de entrenamiento y los desvelos y planes elaborados de Mikasa y Armin. Aún si todo estaba en su contra él no tenía opción, porque quería mantenerse con vida y para lograrlo esos segundos de titubeo debían desaparecer de una vez por todas.
Sin que él se diera cuenta, la cámara que – sincronizada al chip en su brazo – lo seguía de cerca, captó de manera clara y majestuosa el brillo de la determinación que chispeó en sus ojos verdes.
….
Una vez terminada la proyección del collage que se había editado utilizando las imágenes más impactantes dadas por la batalla entre tributos, la cámara enfoca directamente al rostro de Chad Mercator para irse alejando muy lenta y gradualmente conforme este saluda a la audiencia. Ahora se aprecia que sentados en la mesa junto a él hay dos personalidades: a su derecha una mujer rubia de ojos obscuros y con un peinado tan extravagante que era capaz de llamar la atención aún sobre el traje de lentejuelas usado por Chad, en cambio a su derecha un tipo con una cicatriz de garras desfigurando la mitad superior de su rostro vestía de forma más bien modesta.
Chad: Han pasado apenas seis horas desde el inicio oficial de la última fase en estos los septuagésimos cuartos Juegos de Trost y la emoción realmente no se ha hecho esperar con la contabilización de seis emocionantes muertes en la arena de las armas y un desafortunado joven que sufrió el ataque de una serpiente venenosa (voltea hacia la mujer). Nina, tú como ganadora de los septuagésimos juegos ¿qué puedes decirnos al respecto?
Nina: Gracias por permitir que los acompañe en esta transmisión Chad. Bueno, antes que nada debo decir que estos decesos no han sido una sorpresa: la arena de armas es una trampa mortal para aquellos que no están lo bastante capacitados en el combate cuerpo a cuerpo y en este caso se notó tanto el entrenamiento de los tributos del Distrito 1 como la gran habilidad de los del 3 y el 7.
Chad: Cuando tú participaste recuerdo que te abalanzaste por un hacha y con ella le partiste la cabeza a dos tipos en sólo tres movimientos.
Nina: (sonriendo orgullosa) Sí, eso hice. Obtener armas es algo fundamental si quieres sobrevivir y aquellos que han logrado armarse en estas primeras horas han dado ya el primer paso hacia su supervivencia.
Chad: Un punto de vista interesante pero (se volvió hacia su otro acompañante) ¿tú qué opinas al respecto Johan? Después de todo, ganaste los sexagésimo novenos Juegos de Trost sin utilizar una sola arma.
Johan: Bueno, aquí más bien creo que debemos redefinir lo que todos entendemos por la palabra "arma". Es cierto que yo en mi tiempo no busqué hachas o arcos pero lo primero que hice al llegar al pueblo fue buscar los materiales que necesitaba para armar las trampas que me dieron la victoria.
Chad: Sí, no podemos negar que en aquella ocasión jugaste de manera brillante. Dime ¿qué opinión tienes de lo que va de los juegos hasta el momento?
Johan: Bueno, en mi experiencia las primeras veinticuatro horas son cruciales; en otras palabras si en el primer día no te mataron sobrevivirás de mínimo otro día más, e inclusive tienes buenas probabilidades de ganar los juegos.
Nina: Johan tiene razón. Tal vez hay muchos factores determinantes, pero en general la mayoría de los errores que puedes cometer los cometes en las primeras horas y después de eso todo es perfeccionarse poco a poco.
Chad: Chicos, algo en mi lógica no está de acuerdo con eso pero ya que ustedes son los que ya han participado voy a creerles. Y por cierto ¿tienen ya favoritos para ganar los juegos de este año?
Nina: (riendo) Miren, yo nací, representé y gané por el Distrito 1 así que es lógico que apuesto por ellos pase lo que pase… la habilidad que Anie y Barthole han demostrado me da la razón así que en este caso apuesto por ellos.
Chad: ¿Johan qué opinas de eso?
Johan: Como oriundo del Distrito 4 mi apoyo entero debería de ser para Keneau pero sinceramente no creo que él tenga lo necesario para ganar la competencia… por eso y sin ánimo de ofender yo daría mis votos de confianza para Gabriela y Vigo respectivamente pero tampoco descartaría a esa chica Ymir.
Chad: ¿Quisieras explicar al público esa decisión?
Johan: Mira Chad, en estos juegos en especial el entrenamiento y las habilidades no lo son todo sino que la determinación y la claridad de pensamiento también entran en juego. A lo que demostraron en la arena de armas Gabriela y Vigo tienen la sangre fría que se necesita para llegar hasta el final en cualquier tipo de circunstancias. Ymir en cambio es totalmente diferente a ellos: ella simplemente se quedó en la cima del árbol en que aterrizó y se escondió entre las ramas mostrando total indiferencia a lo que estaba sucediendo con los demás y después descendió hacia terreno conveniente. Su manera de ahorrar energía y recursos fue algo francamente peculiar pero creo que siempre que logre mantenerse alejada de los titanes hay posibilidades a su favor.
Chad: Hablando de los titanes… hasta el momento han brillado por su ausencia.
Nina: Los titanes son impredecibles y por increíble que se escuche dado su tamaño, son bestias que pueden aparecer literalmente de la nada y terminar con quien esté a su paso. Por suerte para los participantes el sol no tarda en ocultarse pero yo no descartaría la posibilidad de un ataque antes del anochecer e inclusive si no es así, lo más probable es que la ciudad les dé una bienvenida nada agradable.
Chad: ¿Quiénes, desde sus puntos de vista, serían los más vulnerables en caso de que apareciera algún titán?
Nina: Dolores y Frances.
Chad: ¿Johan?
Johan: Coincido con Nina pero yo añadiría a Alisa en esos nombres.
Chad: Interesantes observaciones. He estado pensando…
.
-Que Chad mantenga el discurso por no más de tres minutos más y después regresamos con la toma de Alisa como plano principal. También asegúrense de meter el cintillo de los patrocinadores una vez que la cámara enfoque los movimientos que hace para prender el fuego ¿queda claro?
-Sí, señor productor.
-Perfecto, entonces la mesa de análisis sale del aire en tres, dos, uno…
Con un ademán en el aire indicó al técnico de sonido y este de inmediato introdujo la melodía que daba por terminada la intervención de Chad Mercator. Segundos después las imágenes en pantalla cambiaron y la transmisión se enfocó en la chica rubia que batallaba con una rama en su intento de conseguir algo de calor.
-Realmente impresionante – escuchó murmurar a una voz a sus espaldas.
-Gracias por el cumplido Mike. ¿Novedades hasta ahora?
Volviéndose, Erwin se encontró de frente con un hombre de cabello dorado y ojos duros que, pese a encontrarse fijos en él, no demostraban ninguna emoción tangible que delatase cuáles eran sus intenciones al abordarlo.
-La sala de asesores está en orden y no ha habido problema con le emisión de señal ni con ninguna de las cámaras.
-En cuanto a los rastreadores…
-Comprobé la señal de nuestros rastreadores y también ahí todo parece ir en orden.
-Entonces retírate a descansar y dentro de cinco horas debes estar aquí para corroborar tus deberes ¿lo entiendes?
-Sí, señor productor. Por cierto – se acercó casualmente al oído del rubio – ella me ha informado que la respuesta es "sí".
-Más te vale llegar puntual – habló otra vez Erwin como si no hubiese escuchado lo que el otro le decía – no podemos darnos el lujo de perder enfoque en este momento de la transmisión.
-Como usted diga, productor.
Pero, mientras Mike Zacharias se retiraba de la sala con pasos relajados, los engranajes en la cabeza de Erwin Smith giraban a gran velocidad incorporando a sus elaborados planes la participación de una nueva cómplice cuya posición e influencia podían resultarle verdaderamente provechosas.
…
Mientras tanto, en territorio de Trost y completamente ajeno a todas los comentarios que se vertían en el estudio de grabación, Eren había utilizado la botella para colectar agua y la mochila para meter dentro de ella algunos frutos antes de continuar su tedioso zigzagueo entre los gruesos troncos de los árboles.
Decidido a aprovechar en lo más posible la última hora de sol, Eren apoyó firmemente sus pies en el suelo desigual del bosque de Trost y después comenzó su caminata teniendo presente que, de acuerdo a las indicaciones que les habían dado, pequeños paquetes con comunicadores inalámbricos habían sido llevados a las (ahora) ruinas de la ciudad y encontrarlos sería la única manera de hacer contacto con el equipo que habían dejado en el estudio.
Para no perder tiempo en consultas frecuentes, Eren se había obligado a memorizar previo a los juegos el mapa de Trost y, una vez apoderado del equipo de supervivencia, el rumbo que había tomado sabía que debía llevarlo al área poblada, la cual colindaba directamente con el gran muro que lo separaba del mundo exterior y donde se encontraba la gran puerta cuya abertura había sido en inicio de tanta desgracia para la gente del reino.
Hablando de eso… poco a poco la vegetación se hacía menos densa y ahora los árboles y plantas perecían de menor altura y robustez que aquellos a los que había tenido que enfrentar después del aterrizaje.
Las señales se lo decían con claridad, pero aún así, cuando unos pocos minutos después Eren encontró un sitio dominado enteramente por arbustos, y después de eso ruinas de casas rodeadas de enredaderas, el asombro que lo invadió no pudo dejar de reflejarse en su expresión.
¡Así que este es!... el poblado caído de Trost.
Desde que tengo uso de razón he escuchado relatos sobre este lugar y en los juegos de años pasados llegué a ver las partes de él que captaban las cámaras… sin embargo, este lugar es impresionante… una mezcla de abandono y de civilización… es casi como si la naturaleza hiciera un esfuerzo por reclamar el territorio que un día le fue arrebatado y por eso enviara sus arbustos y enredaderas a crecer en los empedrados y las ruinas de las casas.
Pero, en cuanto comenzó a internarse en él, no tardó el castaño en darse cuenta de que el aspecto ruinoso del poblado no era debido sólo a la vegetación que trataba de envolver el lugar, sino que además varias casas se encontraban derrumbadas total o parcialmente y el empedrado de las calles se encontraba resquebrajado en áreas específicas que tenían la escalofriante forma de pisadas…
La terrible historia del poblado de Trost volvió al primer plano en la mente de Eren.
De acuerdo a lo que siempre se les había dicho, los rebeldes abrieron imprudentemente las puertas en un estúpido intento por conocer el mundo exterior y los titanes aprovecharon la apertura para penetrar en el poblado como una incontenible y arrasadora marea que terminó con todo.
Hanji había pasado horas y horas repitiendo a Eren que debía mantener alertas sus sentidos, porque los titanes se veían inexplicablemente atraídos por los humanos y si llegaba a encontrarse con alguno su fin probable sería la muerte. También le había advertido que entre el poblado y el bosque, este último era más seguro ya que los árboles y cuevas resultarían mejor escondite si se presentaba la necesidad de evadir a las bestias.
Pero, contra lo más recomendable, los organizadores de los Juegos de Trost siempre obligaban a los tributos a internarse en ese terreno "despejado" en el que los titanes tenían amplia ventaja ya que si bien la mayoría de los edificios podían convertirse en refugios seguros, el acceso a sus tejados era prácticamente nulo debido al estado ruinoso de varios de ellos y a que para subir era necesario pasar por infinidad de escaleras sin que hubiese después cualquier modo para pasar de un techo a otro y así movilizarse.
¿Cómo es que lograban convertir un sitio tan peligroso en una parada obligatoria? Muy sencillo: los equipos de comunicación y de maniobras tridimensionales que les ayudarían a sobrevivir en el bosque se hallaban escondidos en ese lugar.
Básicamente el poblado era la misma trampa que había sido la arena de armas, y como la arena de armas su propósito más que el de ayudar a los competidores era el de propiciar escenarios de confrontación donde la lucha cuerpo a cuerpo por lo que buscaban fuera inevitable.
Sin embargo, a diferencia de la arena de armas, aquí la recompensa a la que se aspiraba era demasiado importante como para ser pasada por alto y, a regañadientes Armin y Mikasa habían admitido que auriculares y ganchos de maniobra eran objetos que podían representar la vida o la muerte dependiendo de si estaban o no en manos de su amigo.
Por desgracia, la única información que se le había a cualquier participante del juego era que los equipos se encontraban ocultos en el poblado y por desgracia eso significaba que podían estar en prácticamente cualquier lado, y para encontrarlos se necesitaría una mezcla de habilidad, tiempo… y suerte.
Suerte.
Nacido campesino, huérfano desde pequeño y ahora participante de los Juegos de Trost.
Con esa descripción Eren no parecía encajar en la descripción de una persona con suerte y sin embargo, al preguntarle al chico este jamás respondería que era alguien desafortunado… porque mientras sus padres estuvieron a su lado fueron los mejores del mundo y porque tenía los mejores amigos que cualquiera podía pedir. Para el caso Eren era ese tipo de gente que pensaba que la suerte servía para tres cosas y jamás dejaba que algo externo fuera lo que determinara su futuro.
En el cielo el ocaso era visible y el chico sabía que la posición que ocupaba lo hacía vulnerable y por eso – siguiendo las indicaciones que Hanji le había dado – se apresuró a buscar el edificio más alto al que podía tener rápido acceso, con pasos precipitados llegó a su interior y – ahora con el mayor sigilo posible – prosiguió a subir las aparentemente interminables escaleras.
Si bien el edificio elegido no era el más alto del lugar, ya en lo alto Eren tuvo una vista limpia de buena parte del poblado y gracias a eso logró enfocar directamente en su línea de visión las calles aledañas.
Mientras Eren se acomodaba con todas sus cosas en un punto sin inclinación del techo, por la ventana de una de las casas en la calle aledaña comenzó a escapar la inconfundible luz de una fogata.
Sintiendo que su cuerpo se movía por sí mismo los pies de Eren lo llevaron hasta la orilla del techo en la que tenía mejor visión y ahí se agazapo y utilizó su chaqueta para cubrirse la cabeza en un burdo intento de camuflaje.
El fuego había sido encendido por Hannah, la tímida chica que junto con él había llegado desde el marginado Distrito 12 y que apenas seis meses atrás había llorado de alegría mientras recibía de su novio un anillo de compromiso hecho con el metal de la llave fundida de su casa.
Por todo el tiempo que había durado el entrenamiento la mente de Eren de algún modo había logrado evadir el hecho de que para que él sobreviviera la sangre de Hannah debía regarse en el suelo, sin embargo, ahora que la contemplaba desde la distancia, la sola idea de lastimar a esa chica que lo recibía con una sonrisa cada vez que iba a la panadería le provocaba que la bilis llegase hasta su garganta y que un temblor recorriera desde su espina dorsal y hasta las puntas de sus dedos.
Hannah.
De tener un arco o una cerbatana Eren habría podido limpiamente atinar a la desprevenida Hannah que confiadamente se había sentado junto a la ventana rota… pero el chico supo en ese momento que arma o no, no podía hacerlo, no podía matarla así como así, sin un motivo poderoso colgando entre ellos, porque una cosa era matar al calor del momento o en defensa propia y otra muy diferente era planear un asesinato a sangre fría.
Por otro lado, vieja y amable conocida o no, él no sobreviviría mientras Hannah continuase respirando.
El castaño pasó los próximos minutos (¿o fueron acaso horas?) meditando lo que debía hacer a continuación cuando las notó: tres sombras que sigilosamente se acercaban a la calle pegándose a las paredes de las casas y agachándose… sombras que se separaron en un momento dado en algo que parecía una formación elaborada y que cuidadosamente rodearon la casa en la que Hannah se había refugiado.
Para cuando la realidad de lo que estaba por suceder golpeó Eren fue demasiado tarde.
En una señal dada por una de las sombras las otras dos se precipitaron dentro de la casa y a partir de ahí los gritos de Hannah perturbaron la quietud de la noche…
Y cuando cosa de unos segundos después los gritos cesaron Eren pensó sinceramente que el fin de su amiga había llegado.
El chico – ignorante a la realidad de los hechos – se agazapó aún más discretamente contra el techo del edificio y esperó así casi dos horas hasta que, casi a la medianoche, el fuego finalmente se consumió por completo y los tres asesinos abandonaron el lugar.
Segundos después – y para el desconcierto de Eren – el cañón fúnebre retumbó en la distancia.
Sólo para asegurarse de que no habría peligro el Eren esperó casi dos horas y después – ignorando por primera vez las instrucciones de sus amigos desde su llegada a Trost – bajó a la calle, miró atentamente a su alrededor y después – tan rápido como sus piernas se lo permitieron – entró a la escena del crimen.
Por supuesto ni su estómago ni sus nervios estaban preparados para lo que vio.
Tan consciente como era de la crueldad del mundo y de la realidad de la muerte de Hannah, Eren esperaba al entrar en la casa encontrarse con un cuello roto o – en el peor de los casos – una cabeza desprendida del cuerpo… pero no esperó encontrar el delicado rostro de Hannah desfigurado en una mueca de sufrimiento, sus manos y pies atados y su ropa desgarrada en jirones que para nada cubrían la sangre seca que había quedado entre sus piernas y que manchaba su cuello.
Con la última luz de lucidez que tuvo Eren llevó su mano a su boca para ahogar de una mordida el grito que quería escapar desde el fondo de su pecho… porque gritar no serviría de nada.
Sin embargo, pasado un rato y una vez que recobró un poco el control sobre sí, volteó hacia la cámara que a todas partes lo seguía y, con el fuego de sus ojos brillando intensamente, habló en voz alta.
-Lo pagarán… ellos ¡lo pagrarán!
