Capítulo 2


Podía haber mil y un razones por lo que las cosas podrían salir mal, si se tenía una suerte como la de Kotoko.

Aquel nuevo día, la joven se despertó muy tarde, no pudo tomar su desayuno, le fue imposible maquillarse como le hubiera gustado, perdió el metro y tuvo un retardo llegando al trabajo, en el que, por si no fuera poco, su torpeza le hizo mezclar toda la correspondencia que debía entregar en el edificio.

Muchos motivos pudieron orillar a esa situación, pero en el caso de la pelirroja, más allá de su propensión a accidentes, se debió al suceso del día anterior, que le hizo olvidar recargar el teléfono y programar la alarma, además de perder el sueño.

Tras el hecho terrible de darle "Me gusta" a una foto de su Irie-kun y enviarle una solicitud de amistad, que no sabía si había visto o denegado, la calma con que pocas veces Kotoko contaba, se había esfumado por completo, y en el presente era un amasijo de nervios; que solo empeoraron cuando le correspondió entregar sus cartas a su enamorado, Naoki, quien leyó la línea de urgente en un sobre, recibido en sus manos hasta muy avanzada hora del día, con gran enojo. El papel tenía la hora de entrega y fue muy de mañana.

—¿Se puede saber, Aihara, por qué no has llegado aquí antes? —preguntó el genio en tono duro, indiferente a los ojos temerosos y el cuerpo tembloroso de la mensajera. —¿No eres capaz de leer la palabra urgente?

Naoki puso sus dedos en el puente de su nariz, viendo que la joven movía la cabeza en afirmación y negación, sin dar una respuesta inteligente. Una reacción que le provocó sumo fastidio.

—Habla, Aihara —exigió, sin guardar el temple, casi orillado a perder la paciencia por culpa de esa joven, de la que ya conocía el nombre.

No era para menos su actitud. Esperaba el trabajo de unos artistas independientes, a los que llevaba tiempo queriendo convencer de relacionarse, y cuando llegaba su pendiente, ella no era capaz de entender la importancia de la urgencia. Para Naoki, Kotoko Aihara solo era una inútil.

—Hubo un problema… con la paquetería y el sobre quedó… perdido. Lo lamento, Irie-san —explicó ella con voz balbuceante; Kotoko se sentía con deseos de huir o desaparecer, sin poder soportar la mirada fría del castaño, desconociendo si la situación del día anterior había provocado esa actitud, junto con el error cometido.

Era de entenderlo, él tenía un puesto muy importante como para que ella entorpeciera sus labores por su torpeza. Debía de dejar de cometer tantos errores, asimiló ella en su mente.

—No volverá a ocurrir —dijo la pelirroja, y Naoki se preguntó si ella se creía sus propias palabras. Siempre pasaba un error con esa muchacha; hasta donde tenía calculado, había ingresado nueve meses atrás, y desde la primera semana merecía el despido, solo que no se lo concedían.

Debía agradarle a alguien.

—Por supuesto que no, o me encargo que dejes la empresa, Aihara —siseó él, masajeándose las sienes sin comprender por qué perdía la calma a causa de una persona insignificante, para la que los errores eran típicos. —Solo retírate —pidió, abriendo el sobre amarillo con las obras artísticas de dos jóvenes que publicaban parte de sus obras en la red, en blogs que contaban con gran número de seguidores.

Sus trabajos eran de muy buena calidad, y tenían el agrado del público, lo que les hacía candidatos ideales para el nuevo proyecto que pensaba arrancar.

Enfrascado en lo que leía, el castaño era incapaz de ver que Kotoko, distraída con la concentración que pasaba por su rostro, lo contemplaba ensimismada, imaginándose una más de sus fantasías, donde él se levantaba del asiento, rodeaba su escritorio y caminaba hacia ella con aires de depredador, pero sonriendo ladinamente mientras la acorralaba contra la pared, en una seducción premeditada.

Se veía como una visitante "sorpresa", y él, ansioso de verla, dejaba aparte sus actividades laborales y ponía su atención a ella, para aprovechar besarla y abrazarla, diciéndole cuán agradecido estaba por tenerla con él, susurrándole palabras de amor.

Por supuesto, llegó el punto en que Naoki, sintiendo una mirada clavada sobre él, alzó la vista, y observó con acritud a la fantasiosa joven que le veía ensimismada en su propio mundo, con ojos velados que gritaban emociones melosas, altamente irritantes. Notaba que no era capaz de disimular lo atraída que se sentía por él, y pensó que era muy molesto y desagradable.

—Ya puedes dejar de mirarme y largarte, Aihara —expresó secamente, sin querer alimentar ese ridículo enamoramiento de una joven que ni siquiera le conocía y que consideraba estúpida, la última clase de mujer con la que se involucraría.

Sin embargo, no hubo un aleteo de pestañas que le hiciera saber que había dejado de estar abstraída en su propio mundo, ni un sonrojo que reflejara la vergüenza de haber sido descubierta y reprendida.

Naoki pensó que ella era más estúpida de lo que creía.

En consecuencia, deseoso de perderla de vista, se puso en pie, dio vuelta a su escritorio de caoba y caminó hasta ella, frente a la que tronó los dedos ante sus ojos muchas veces expresivos, como su rostro, que al momento permanecían nublados.

Le pasó por la cabeza, durante un breve instante, que aquella joven era medianamente atractiva, con un cuerpo aceptable, a pesar de lo baja que era; habían curvas donde debían estar, bien acompañadas de un rostro de ojos grandes, labios delgados y cutis agradable; era de buen ver, pero no de su estilo. Luego determinó que todo perdía puntos poniéndolo junto a su torpeza y estupidez, y le deseó buena suerte al idiota que se emparejara con ella y debiera tenerla a su cuidado, era una tarea suicida.

Eso le provocó a Naoki un poco de gracia; cosa que le sorprendió, porque acostumbraba a ver la vida sin emoción, y se mantenía impertérrito, ante todo.

En su modo de analizar las cosas, él supuso que se debía a que era risible pensar que alguna persona se interesara en la patosa, tras conocer sus cualidades, más que nada en forma de defectos. Eso le haría correr en la dirección contraria.

A menos que, en el enamoramiento, eso perdiera importancia.

Naoki bufó, como si eso pudiera ser. Para él, lo que llamaban amor, no podía hacer tan ciega a una persona.

—Aihara, reacciona —farfulló, ya harto de que el tiempo pasara y se mantuviera tronando los dedos, sin éxito; perdía su horario laboral con esa joven ahí.

Molesto, llevó una mano al codo de ella, que dio un ligero respingo.

A Kotoko, el toque eléctrico en su brazo la sacó de sus fantasías donde Irie-kun la abrazaba y conversaba con ella de su futura boda, y vio que el hombre de sus sueños estaba solo a un palmo de distancia, preguntándose en qué momento fue que se acercó a ella, avergonzándose de imaginar que había ocurrido largo tiempo desde que su mente se fue a la luna, porque sabía que lo había estado, como muchas veces.

O, pensó un momento, tal vez él estaba interesado en ella; aunque los ojos incomparables del jefe de proyectos la observaban hastiados.

Apenada, recordando que el día anterior había ocurrido un hecho vergonzoso, ella abrió la boca para decir algo, pero se arrepintió y dio la vuelta.

Entonces el mundo para ella giró y se volvió negro, ante la impresión del castaño, que no pudo hacer otra cosa que sostenerla mientras la llamaba repetidamente.

Naoki se decidió alzarla en brazos para depositarla sobre el sofá de su oficina, y luego lograr el modo de despertarla y que desapareciera de una vez.

Fue mala suerte para él que en ese momento entrara su madre; sin llamar a la puerta, obviamente.

Irie Noriko no respetaba sus límites.

Y significaba problemas.


NA: ¿Saben que les adoro, no?

Pues lo hago, me gusta que quieran acompañarme, alimentan mi inspiración.

Un abrazo. Karo.


SofaAcosta: Holiiii. ¡Maravilloso! Gracias por la atención a una historia más. Concuerdo contigo y estará, Naoki verá el valor de Kotoko, sí o sí. Te confieso que no podría escribir si no fuera a pasar en algún punto de la historia je,je. Te mando besos.

guest: Hi. Yep. Naoki and Kotoko at the end. Though they'll have their ups and downs (that, I hope). Take care.

DaCa: Hola, linda. Gracias, me da gusto que la otra historia te encantara, me deja con ganas de que esta también lo haga. No tengas problemas por perderte, lo comprendo, hay veces en que las responsabilidades nos hagan (u otras cosas). Feliz con tener tu apoyo. :) Ahí iré trabajando para que sigas teniendo esa bonita opinión de mis escritos. Besos y abrazos.