Capítulo 4
Había cierta clase de timidez, carisma y espontaneidad en Kotoko Aihara, que claramente podían verse por los modos de comportarse que había tenido la pelirroja en presencia de la madre del genio.
Mientras comían, Noriko había estado haciendo un análisis concienzudo en la chica de aire soñador, quien parecía encantada con los alimentos que habían llevado a su mesa, tanto como lo había estado ante la presencia de su frío hijo.
Esa curiosa combinación de características debía ser la causa por la que no veía que ambos fuesen pareja, obviando por un instante la personalidad reservada y hermética de Naoki, quien no hacía las cosas nada fáciles, menos para una chica así de dulce.
Debía averiguar el punto en que se encontraban las cosas entre ambos.
Habiéndose contenido para dejar que la joven tomara unos pocos alimentos y no se desvaneciera, Noriko finalmente pudo dar paso a su interrogatorio, en el que no se iría con sutilezas… debía aprovechar el tiempo al máximo, pues las nietas no llegarían pronto de no hacerlo.
—Entonces, Kotoko-chan, ¿estás enamorada de mi hijo? —cuestionó sin tapujos.
La aludida, que en ese momento bebía de su agua, casi escupió el líquido, aunque consiguió tragarlo, con los ojos abiertos como platos.
Una sensación de nervios recorrió a Kotoko de pies a cabeza, incapaz de encontrar el modo de disimular. Esa mujer, sin verla mucho tiempo, logró llegar a la conclusión rápidamente, entonces alguien más podía adivinarlo, o quizás era tanto su recelo a alguien quitándole a su hijo, que se dio cuenta.
Había pensado que era muy amable, pero no sería la primera vez que se equivocara; podría estar a punto de decirle que se apartara de su hijo.
Por tanto, no supo cómo era la manera correcta de contestar.
Era una lástima que se caracterizara por decir la verdad.
—Sí —respondió ella encogiendo el cuerpo, haciendo de sus palillos las cosas más interesantes del mundo.
—¡Perfecto!
La exclamación de la mayor devolvió toda la atención de Kotoko al frente, para ver que su interlocutora parecía saltar de la excitación y brillar de alegría con esa información que acababa de recibir.
Noriko estaba exultante, porque la admisión de la muchacha significaba que confiaba en ella, y como consecuencia aceptaría su ayuda para estar con él. Ya se imaginaba las adorables nietas que le darían los dos juntos.
Aunque aplaudió, se recompuso rápido para no asustar a la chica.
—Me encantaría tener una nuera como tú, Kotoko-chan. Eres justo lo que mi hijo necesita —afirmó sonriente, para gusto de la joven, en medio de la incomodidad que le causaba la gran efusividad de la madre de Irie-kun.
La señora le caía bien, nadie podría haber imaginado que estaba emparentada con Irie Naoki, pero en las familias había de todo, bien lo sabía ella con la suya, de parte de madre.
—¿Por qué dice eso? —preguntó Kotoko anonadada, ya que con solo verla no creía que Noriko-san se hubiera convencido de que convenía a alguien tan perfecto como Irie-kun; aunque le halagaba y emocionaba.
Si la mujer que le dio la vida decía que merecía a su hijo…
—Veo que mi hijo requiere una mujer dulce y bonita como tú, Kotoko-chan; él es muy serio y necesita a alguien vivaz a su lado —aseveró con una gran sonrisa, que imitaba la plasmada en el delicado rostro de la pelirroja—. Y creo que no le eres tan indife… Bueno, bueno, tenemos que avanzar, ¿mi hijo sabe lo que sientes por él?
Kotoko palideció y negó, diciendo palabras atropelladamente, que se volvieron ininteligibles por lo mismo. Lo que quería decir era que no se atrevía, porque se sentía muy poca cosa junto a él, y temía su rechazo, en especial por ser él quien presenciara gran parte de su torpeza. Si no había podido confesarse en la preparatoria, menos en las circunstancias en que se encontraba actualmente: una graduada universitaria de idioma y literatura japonesas, con muy pocas cualificaciones y dos trabajos que un triunfador vería como mediocres; eso, sin decir que planeaba ser escritora, pero no llevaba, ni a medias, su primera obra. Mucho menos sin mencionar su historial de tonterías y fallas.
Él era alguien sumamente exitoso, brillante y genial, ella no era nadie a su lado.
Resultaba muy ambicioso esperar que la quisiera.
Con la respuesta en el cambio del rostro de su futura nuera, Noriko decidió que debía tomar cartas en el asunto, apadrinando a la niña, para que pudiera tener esas nietas que visionaba de parte de los dos. Era muy claro que carecía un poco de autoestima, y ella le daría el empujón y valor que necesitaba. Ella creía que alguien como Kotoko-chan no debía estar sola, menos con un hijo suyo disponible.
—Eso tiene que cambiar, Kotoko-chan; ¿cómo esperarás ser correspondida?
He ahí el detalle, en lo profundo de su ser, la joven no creía que tendría la dicha de que su amor fuera recíproco en sus atenciones, y se contentaba con sus ilusiones, feliz con a veces observarlo de lejos e involucrarse laboralmente con él. Llegaría el día en que tal vez pudiera avanzar y seguir con su propia vida, pero al momento gran parte de su mundo se centraba en aquel hombre.
Así había sido desde los quince.
—¿No esperas que te corresponda? —inquirió la señora Irie con desilusión, dándose cuenta que la joven era consciente de la clase de persona que era su hijo y no se esforzaría para ello, incluso con su ayuda.
Sin embargo, el sentimiento le duró poco, no había nada que le fuera verdaderamente imposible, como a su hijo. Naoki se enamoraría de ella y la aceptaría, y Kotoko-chan vería que era posible ser correspondida.
Estaban destinados, pronunció por sílabas en su mente.
Además, debía recordar, Naoki no parecía tan indiferente a ella, y había que sostenerse a eso también.
—Mi hijo es algo difícil —le dijo Noriko a Kotoko, quien asintió con un mohín—, pero si él ve lo estupenda que eres como persona, se enamorará de ti. ¡Y podrán estar juntos!
El grito atrajo las miradas de los comensales, para los que la mayor fue ignorante, mientras que Kotoko intentaba ocultar su cara detrás de sus cabellos rojizos. Estaba acostumbrada a ser el centro de atención por sus ridiculeces, pero de todos modos le avergonzaba que los ojos de los demás se pusieran sobre ella en sus errores.
Al parecer, Noriko-san tenía exceso de confianza, pues sus palabras, junto a sus acciones indiferentes, demostraban lo segura de sí misma que era, como su progenie.
Eso la animó y movió la cabeza en asentimiento, haciendo sonreír orgullosa a la señora Irie.
—Yo te ayudaré a conseguir que te haga caso como futura novia —manifestó la madre de Naoki—. Pero, en lo que se me ocurre un plan, cuéntame sobre ti.
—Soy hija de un chef. Mi padre, Aihara Shigeo, se casó con mi madre, que…
Mientras escuchaba la narración de Kotoko, Noriko tuvo que tragarse el grito de júbilo que quería escapar de su pecho, solo con saber el parentesco de la joven.
Ella era perfecta, la hija del amigo de su esposo; podrían unir a las dos familias mediante matrimonio.
Su hijo no sabría lo que le esperaba.
De vuelta en la oficina, Naoki estornudó, y él pensó que sería una de esas pocas veces en que sucumbía a los virus, cada cierto tiempo; odiaba enfermarse por el estado embotado que dejaba a su mente; lo peor de esa ocasión era que pretendía reunirse al día siguiente con los artistas de su último proyecto en puerta y con una enfermedad presente, era aparatoso.
El escalofrío que le dio lo achacó a una posible fiebre.
Nada tuvo que ver con el brinco que pegó Noriko en el restaurante. —¡Ya lo sé! Tienes que enterarte de todo lo que pasa por su vida —salió de su boca.
Los que lo escucharon, se encogieron de hombros, en tanto Kotoko solo ponía cara anonadada.
NA: Ja, ja, yo huiría de la mamá Irie.
Aunque no hay interacción entre ellos, aquí está la pieza clave de lo que vendrá a continuación.
Besos. Karo.
