Capítulo 5
"Mi hijo se interesará en ti, en la medida que tú estés atenta a él. A su vida." Esas habían sido las palabras exactas que Noriko le había dicho a Kotoko, y ella las recordaba durante un descanso en su trabajo del restaurante donde trabajaba, Masahiko.
Posteriormente, la señora Irie le había explicado que acercarse e involucrarse en los asuntos de su hijo, le haría ver que le daba importancia y que sería una esposa perfecta por estar preocupada con su vida. Él no cedería con una mujer que le fuese indiferente a lo que ocurría en su mundo; para él sería especial que se implicara en sus asuntos, ya que demostraría la dedicación que le pondría como esposa.
Esa última palabra había significado las ligas mayores, y le había ilusionado y convencido.
Además, si la madre de él, que lo conocía, decía que era lo adecuado, debía ser verdad, según el modo de pensar de la pelirroja, bastante simple.
No obstante, en su poco ortodoxa manera de hacer que ambos se juntaran, la señora Irie también había afirmado que Naoki no se inclinaría por una mujer perfecta e idéntica a él, sino a una que le diera emoción y cambiara sus días grises.
Al menos, en su última aseveración, podía llevar parte de razón, especialmente porque el aludido salía de su despacho en aquel momento, para ir a su apartamento y dedicarse a lo que seguía en su muchas veces monótona vida. Del trabajo, iría a casa, donde se asearía, cenaría, vería las noticias y dedicaría el resto del tiempo, antes de dormir, a leer, como casi cada noche.
Apenas y el nuevo proyecto le daba una onza de cambio a su impavidez; sabía, sin siquiera planteárselo dos veces, que sería un éxito, una vez que la "dificultad" inicial de reunir todas las partes del plan, había concluido.
Sus días, en opinión de Naoki, eran aburridos.
Durante algunos momentos de reflexión, eso le perturbaba, incómodo de ver que era completamente predecible y que no hacía nada que en realidad le entusiasmara, en especial por cumplir lo que todos esperaban de él.
La educación universitaria, a la que accedió cumpliendo a los deseos de su padre, no había sido demandante, ni emocionante; fue una normalidad donde era el centro de las atenciones tanto de maestros como alumnos. Destacaba sin esfuerzo, era el mejor en todo y lo escogían para los eventos académicos importantes.
Pudo no haber estudiado el grado, pero, de no tener nada más que hacer, lo hizo, y se decantó por lo que parecía adecuado y esperado, contentando a su progenitor, y enorgulleciendo a todo el mundo, menos él, que ya sabía que triunfaría, porque no había "reto" que no superara, ni asunto donde alguna emoción le diera impedimento.
No parecía tener voz ni voto, aunque él así lo había aceptado, pues por su cuenta no hallaba nada que le produjera algo. Y solo había continuado con lo que ya estaba escrito que venía en el curso normal de la vida.
Lo único que escogió fue dedicarse al área de proyectos, a la que se unió desde universidad para que la novedad le suscitara alguna diferencia.
Sin embargo, era efímera, y volvía al comienzo.
Ya se había resignado a que no habría cambio; aunque también se sentía receloso a que su mundo se alterara; sabía, al cien por ciento, que no sabría manejar lo verdaderamente inesperado, pese a su capacidad de mantenerse frío, puesto que, tratándose de emociones, era un tema no explorado, con el que no se sentía cómodo.
Sobre todo, cuando en la universidad, un profesor de Psicología le dijo que dependía de los otros, pese a que aparentemente fuera una persona desprendida, y que un pasado doloroso, junto a la poca exploración de su lado emotivo, eran barreras que se establecían a su alrededor.
No quería reflexionar en la parte de verdad que hubiera en ese análisis.
Así que no, el joven genio no había ido más allá, se detenía en sus elucubraciones y se contentaba con seguir hasta hastiado, pero en fingida seguridad, para no afrontar las situaciones que le perturbaran psicológicamente.
De haber sabido que en ese momento su madre procedía a enviarle información sobre su rutina a Kotoko, habría pegado el grito en el cielo.
Noriko, metida del todo en su plan, había reunido cada dato importante de lo que hacía su hijo en su día a día, para que la dulce joven despistada tuviera oportunidad de coincidir en sus actividades y Naoki comenzara a notarla.
No era ingenua, sabía que su hijo podría molestarse, pero su instinto le decía que no le era indiferente Kotoko-chan —o habría pedido que ella cambiara de itinerario con otro mensajero— y aceptaría de buen grado a la muchacha, quien en un futuro se volvería su nuera oficial. Con solo imaginar a las hijas de ambos se motivaba; aparte de que conseguía triunfar cuando se lo proponía.
Y si la felicidad de ambos dependía de entrometerse, lo haría mil veces. Sin fallar.
No por nada era una Irie. A ellos las cosas se les daban bien, fuese por esfuerzo, talento o suerte, eran triunfadores.
Sí, se felicitaba Noriko Irie, mientras trataba de esconder unos vestiditos para niña en la antigua habitación de su hijo, comenzando a prepararse para la llegada de sus nietas, pensando que luego compraría alguna que otra prenda de niño.
En esa ocasión, no se dejaría llevar tanto por los presentimientos ni las emociones y cometería el error de asumir que vendría una niña, como hizo con su primer embarazo.
Suspiró y miró el álbum rosa en la cama, que había estado revisando de nuevo al llegar a casa.
—Onii-chan, te veías tan lindo así —emitió ella con tono nostálgico. —Pero ahora sé que estuvo mal —se lamentó con ojos llorosos, volviendo a suspirar para controlarse.
En cierta medida, le pesaba la conciencia por haberle vestido de niña hasta fuera de casa y haber provocado que se avergonzara ante sus amigos y amigas, cambiando su actuar risueño y amigable para convertirse en un niño serio y aislado, preocupado solo por asuntos escolares y por mantener una postura complaciente, fachada bajo la cual lo veía triste.
Si tan solo hubiera escuchado a su esposo y no hecho su voluntad, su onii-chan sería distinto; muy inteligente, pero con más ánimos y, tal vez, metas.
Así que emparejarlo con alguien como Kotoko era un modo de aplacar su alma. Con alguien tan vital y determinada, él tendría emociones y sería feliz, y su propósito como madre estaría completo. Asimismo, enmendaría lo que había hecho mal y conseguiría que él tuviera la oportunidad de disfrutar, enamorándose y teniendo un futuro alegre, que planeara.
Por lo cual Kotoko jugaría un papel importante en su vida.
En ningún momento le pasó por la cabeza lo equivocado de sus acciones.
O lo contradictorio al querer manejarlo como cuando pequeño.
Al final, importaba muy poco, porque la joven ya había llamado para unirse al gimnasio al que asistía su Irie-kun.
NA: La intervención de Noriko augura problemas.
Este capítulo iba a estar el sábado, luego para ayer, y resultó que me ocupé en todo y ya no lo subí. Pero quería dedicar una lectura lenta a la parte de Irie. Las cosas pueden parecer lentas, solo que llevan su motivo.
Besitos. Karo.
