Capítulo 8
El resto de la semana pasó con el mismo sentimiento pletórico para la pelirroja, olvidando los inconvenientes de despertarse temprano todos los días, pues había visto con alegría que, por alguna razón, le asignaban un instructor más agradable, Yamato-senpai, y a la vez que se ejercitaba, tenía oportunidad de dar breves miradas a Irie-kun.
Podía creer que, algunas veces, la buena fortuna le sonreía.
Con los acontecimientos, Kotoko definía su estado como más vitalizado, aunque no había cometido tantas torpezas porque la quema de energía por la mañana le restaba mucho ímpetu, y la hacía actuar casi tranquila; sin embargo, la razón de la vitalidad recaía en sus emociones, activadas por el simple cruce con su amado y la certeza que sus posibilidades para estar con él aumentaban con ello.
Además, a excepción del lunes, en toda la semana Irie-kun no la había reprendido y aceptado sus entregas, lo cual era un avance a las tres veces por semana que tenía un percance en lo referido a sus documentos, y él elevaba la comisura de su boca en muestra de reprobación. Esa semana había tenido retrasos, excepto que él no había dicho nada.
La joven dudaba que sus problemas no ocurrieran, ya que ella sabía se debían a que dedicaba largo tiempo recreándose encuentros en su mente y eso la distraía.
Había intentado cambiar al respecto, pero no lo conseguía.
Así que veía favorable que él no respondiera reprochablemente esos días.
Tampoco podía saber que Naoki tenía más su atención puesta en los mangakas que todavía no aceptaban las condiciones para firmar un acuerdo de Pandai produciendo un videojuego, a partir del famoso trabajo que habían compartido en un concurso de manga durante sus estudios universitarios, el cual se hizo famoso y era ampliamente conocido en el público, que esperaba la aparición del anime.
Aquellos jóvenes, casi de su edad, eran reticentes a poner sus firmas en un negocio con Pandai, aunque desearan ver en juegos a sus personajes. Ya llevaban meses retrasándolo y no daban una afirmativa, sin decir tampoco qué esperaban, lo cual no les daba pie a qué debía modificarse en el acuerdo.
Y todo, porque él lo había supervisado, era perfecto.
Para Naoki, lidiar con artistas era complicado, no veían los asuntos prácticos.
Hasta en la mirada del abogado de los tres chicos notaba que se cuestionaba el que no dieran brazo a torcer, porque con su reticencia podían cansarlos.
Seguramente era impensable para el hombre la visión que el genio tenía del trabajo de los jóvenes, y que no dejaría el acuerdo sin firmar. Sería provechoso para la empresa.
Únicamente no había hallado lo que comprara a los tres dibujantes.
Tenía bastante capacidad de lógica, pero no conseguía ponerse a su nivel en modo de pensar. Claro que todos debían tener un precio.
Naoki solo esperaba que en esa ocasión quedara listo, en lugar de seguir retrasando lo inevitable.
Suspiró y miró el reloj en su muñeca, faltaban unos pocos minutos para la llegada de los otros.
Entretanto, Kotoko, feliz, regresaba de su almuerzo, y entraba al edificio al mismo tiempo que las personas que esperaba el castaño: un abogado con traje negro y tres chicos de aspecto introvertido, vestidos informalmente en vaqueros y camisas, uno era de cabellos lacios hasta la mitad de la espalda, otro de cuerpo relleno y lentes, junto a uno más de melena rizada y corta.
La pelirroja, reconociéndolos, brincó entusiasmada, como la falda de tubo azul le permitía.
—¿El pirata informático! ¿Universidad de Tonan! —exclamó aplaudiendo, señalando a los tres jóvenes, que asintieron, para después sonreír con miradas embelesadas a la pelirroja que los contemplaba emocionada.
El abogado veía anonadado a la joven, sin comprender la importancia que le daban a los mangas y lo que giraba en torno a ellos. Debía ser otra chica artista e ilusa como sus clientes, a quienes los aspectos prácticos les valían muy poco.
Por supuesto, no iba a decir nada, porque la comisión que se llevaba era muy buena.
—¡Es genial! —celebró la joven—. También estudié ahí. Seguí su manga. ¡Y lo harán anime! ¿Trabajan en alguna de las oficinas?
—No —contestó Takeru, el de cabellos rizados y de mejor compostura entre los tres. —Estamos aquí por Pandai. Es fantástico encontrarse con una seguidora.
En especial, reconoció, una atractiva, que sabía había visto antes.
—¿Pandai? —respondió Kotoko con duda, hasta pensar que podía deberse al equipo de creación—. Yo trabajo allí, soy mensajera. No se arrepentirán de trabajar en Pandai, es una empresa muy buena y las personas son amables y admiran a los artistas como ustedes, que son muy creativos. Son imprescindibles.
Ella hizo una pausa mientras las puertas del ascensor se abrían, al que ingresaron todos; no notó las miradas intercambiadas ni el pecho henchido en los jóvenes.
—Lo suyo será valorado, por tener a artistas tan buenos; quisiera tener su talento.
—Graci-ias —dijo el de lentes, con dificultad, deslumbrado por la sonrisa en el rostro de la pelirroja.
—¿Y cómo te llamas? —intervino Ryo, el de cabellos largos. —Creo reconocerte, ¿estabas en el club de comunitario?
Kotoko asintió y se presentó justo cuando el timbre anunciaba la llegada a la planta que le correspondía.
—Lo siento, tengo trabajo. Suerte —se despidió atropelladamente, yéndose rápido al departamento de mensajería, sin saber que dejaba a tres chicos enamoradizos siguiéndola con los ojos.
—El ángel —pronunció Aoki, acomodándose sus lentes, con su acostumbrada actitud activa. —Kotorin —completó con manos temblorosas, habiéndosele ocurrido una idea.
La idea de Superman estaba muy chapada a la antigua, pero podía modificarlo a su conveniencia.
—Sí, el ángel de comunitario —manifestó Ryo, parpadeando con la inspiración bailando en su cabeza, también. —¿Has dicho Kotorin? —preguntó, saboreando el nombre en su boca.
—A mí también acaba de ocurrírseme una idea —musitó Takeru, reconociendo las expresiones en sus amigos. —Tenemos que reunirnos para intercambiarlas.
Los otros dos asintieron, resueltos.
—¿Fui el único a quien convenció de decir sí? —continuó, y los otros sonrieron como respuesta—. Maravilloso, terminemos con esto y apurémonos para comenzar a dibujar.
El abogado vio con asombro cómo se dirigían presurosos a las oficinas de Irie-san, y los siguió, pensando que las palabras de una jovencita habían conseguido más que las múltiples reuniones que había presenciado, como, en general, con muchas de las personas que había asesorado en sus quince años ejerciendo.
Negó, pensando en las acciones de una simple mensajera, mientras entraba a la oficina del jefe de proyectos de Pandai, quien estaba acompañado de un representante legal de la empresa y escuchaba las frases emocionadas de sus clientes.
Poco sabría de la sorpresa que se llevaba Naoki con el discurso de sus interlocutores, porque, contrario a otras veces, no había necesitado decir nada para que estos le comunicaran que pretendían firmar ese día, lo más rápido posible.
No lo cuestionó, aunque se le hizo extraño, y algo sorprendente, pues hasta entonces su postura era negativa y al momento eran toda felicidad, en lo que se ultimaban las cosas entre ellos sin necesitar correcciones al contrato, que los otros firmaron y se excusaron dejando atrás a su abogado, quien resopló guardando sus cosas.
—Si no es mucha curiosidad, ¿puedo saber por qué el cambio de opinión?
Naoki habría reprendido a Watanabe por la poca muestra de profesionalidad, excepto que tenía la misma duda y sabía que su antiguo compañero de preparatoria, ahora empleado, no habría preguntado a su igual de no creerlo pertinente.
El otro abogado, Tanaka-san, se encogió de hombros. —En todos mis años no había visto que las palabras de una mensajera surtieran más efecto que las mías. La señorita Aihara seguro que es algo más, ellos venían dispuestos a replicar —expuso antes de despedirse.
—¿Aihara? —emitió su amigo abogado, al mismo tiempo que Naoki lo pensaba. Luego, aquel soltó una risa poniéndose en pie. —Puedo creerlo, es alguien impresionante, a pesar de todo. Me retiro.
Naoki movió la cabeza, y Watanabe no vio que fruncía el ceño después de sus palabras, aunque generalmente era bastante perspicaz. Eso fue favorable para el castaño, que ignoró la reacción a la frase de su amigo, cuando llamaron a la puerta.
Resultó ser Aihara.
A su presencia le acompañó una respuesta extraña.
NA: Y no pongo el otro capítulo porque me quedaré sin mi reserva.
Je,je, para las que saben su historia, supongamos que Watanabe pasó su examen en el primer intento y trabaja en Pandai. Aunque esto se basa más en el anime.
Por ahora no diré nada del club de Kotoko, solo tomen nota. Su vida sin Naoki en la universidad tenía que ser muy diferente.
Tenía la escritura en pausa porque me puse a leer mucho, ya vuelvo a ella.
Besos, Karo.
