Capítulo 10
El chef Aihara podría haber notado el estado excitado en el que estaba su hija, si él no se hubiera encontrado con la emoción flotante dentro de sí, mientras se dirigían a la dirección dada por Noriko para el reencuentro con su amigo de infancia. Finalmente había llegado el día en que ambos iban a verse.
Shigeo se avergonzó un poco al recordar el comentario de Noriko sobre la empresa de su esposo, y vio con asombro lo próspero que era el resultado del esfuerzo de Iri-chan. Si él se hubiera interesado en negocios, habría visto antes del triunfo de su amigo, pero en lo que más pensaba, además de su hija, era en comida.
Del mismo modo, sabía que no se había atrevido a llamar a su amigo viendo su éxito, pues habría parecido que lo hacía por conveniencia, y le daba pena; ésta aumentaba mucho más después de saber que el otro preguntaba mucho por él.
Era una fortuna que su hija y la esposa de él se conocieran. Agradecería por siempre esa casualidad del destino.
No podía ser de otra forma, puesto que su hija era mensajera en Pandai, y no creía que se cruzara con su amigo, ni su hijo mayor, que tenía entendido también trabajaba con Iri-chan; además, el muchacho era todo un prodigio. Su amigo tenía que estar muy orgulloso, pensó al ver todo lo que destacaba en su corta vida.
De lo que una persona se enteraba a veces, estimó recordando lo leído.
La hija de Shigeo, por su parte, se encontraba en los cielos después de la mañana que había tenido, principalmente porque había contribuido favorablemente a la empresa, de una manera mucho más importante de lo que ya hacía.
Era magnífico para ella, también, que al hacerlo obtuviera un reconocimiento de parte de Irie-kun, sobre todo al estar cumpliendo que reparara en ella de manera positiva. Noriko-san estaría muy orgullosa de ella cuando le hablara; Kotoko casi deseaba no estar acompañando a su padre a la cena con su amigo de infancia, porque tendría que esperar hasta el día siguiente para llamar a la señora. Podría haber hablado mucho al cambiar su turno en el restaurante.
Sin embargo, dejó de pensar en ello, pues en ese momento en que ella y su padre bajaron del taxi, se dio cuenta, en el letrero frontal, del nombre de los dueños de la enorme casa en la zona residencial de la ciudad.
—¿Irie? —Leyó ella con extrañeza. Debía ser un apellido común.
Shigeo, que la escuchó, asintió con ojos peligrosamente brillantes. —Sí, Irie Shigeki, Iri-chan. Trabajas en su empresa.
Adelantándose en la puerta de entrada y los escalones que daban acceso a la vivienda, el mayor no vio la mirada asombrada que cruzó el rostro de su hija, quien rápido le siguió para comprobar con sus ojos que podría ver a Irie-kun allí.
Con el recibimiento de la sonriente Noriko-san, casi gritó de felicidad, en especial al presenciar el amigable saludo entre ambos, y el caluroso abrazo que le dio la madre de Irie-kun.
Ella los hizo avanzar en un pasillo, silenciosos, hasta dar con una puerta cerrada.
—Si no le causara un infarto, habría hecho un reencuentro más grande —susurró Noriko, guiñando de reojo a la pelirroja, porque habría de ver a su hijo allí también.
Muy animada, abrió la puerta a su sala de estar.
—¡Papá, mira a quién he invitado! —anunció haciéndose a un lado, para que su familia viera a Aihara-san.
"¡AI-CHAN! ¡IRI-CHAN!" Fueron las exclamaciones simultáneas de los dos hombres antes de acercarse al otro y abrazarse de manera afectuosa.
Noriko sintió que le faltaba un pañuelo, de verles.
Solo fue un segundo, porque quedaba que su hijo reparara en Kotoko-chan, como tenía la atención puesta en su esposo y su amigo, igual que Yuuki.
Ella entrelazó su brazo con el de su futura nuera y la instó a que descendieran la escalerilla.
Fue testigo del momento exacto en que Naoki abrió los ojos al girarse hacia ellas, clavando la mirada en la joven, adorablemente vestida con falda rosa y blusa con estampado de flores.
Luego, vio su el temblor en su ojo izquierdo, mientras intentaba contener las ganas de registrar el momento con su cámara.
Debía estar lleno de incredulidad de que su compañera de trabajo estuviera ahí. Y, tenía que contener de no mostrarse emocionado por ello.
—¿Aihara-chan? —Se vio obligada a apartar la atención de su hijo para enfocarla en su esposo, que miraba sonriente a Kotoko-chan. —Ai-chan, ¿es ella tu hija?
Shigeo asintió mirando con afecto a su hija.
—Buenas noches, Irie-san —saludó la joven con una sonrisa luminosa.
Noriko carraspeó. —Oji-san.
Su esposo rió, asintiendo. —Buenas noches…
—Kotoko-chan —intervino el padre de ella, quien afirmó con la cabeza.
—Es un gusto verte aquí, Kotoko-chan. Nunca relacioné tu apellido con mi gran amigo —dijo Shigeki abochornado, rascándose la nuca. —Es una gran sorpresa; lo tuve tan cerca.
Todos rieron a lo dicho.
—¿Coinciden mucho? —preguntó Shigeo, sorprendido.
—Sí, me hace entrega personalmente de documentos —explicó el patriarca Irie—. Antes lo hacía mi secretario, pero un día estuve presente cuando entregaba unos documentos, y conversamos. A partir de entonces le dije que podía pasar a mi oficina. Tienes una hija de la que sentirte orgulloso, su carisma es inigualable. Es un soplo de aire fresco, en los días que he estado estresado ha sido gran apoyo. Y sé que todos se alegran con su presencia. Desde que entró han aumentado los resultados en las encuestas de satisfacción de personal.
Naoki, quien hasta ese momento había estado tratando de hacerse a la idea de la mala suerte que tenía para esa coincidencia, escuchó esa explicación con pasmo interno. Viendo a la sonrojada joven, pensó que ahí estaba el motivo por el que seguía en Pandai. (Y por el que no podría correrla.)
Eso era imposible; cometía errores y tenía accidentes muchas veces, no podía creer que muchos tuvieran un efecto positivo con ella.
Aunque, analizándolo a fondo, sí podía hacerse a la idea, incluso cuando a él le molestaba tenerla en la oficina esos nueves meses.
—Sé a lo que te refieres, papá, yo he conocido a Kotoko-chan esta semana y he quedado cautivada con ella. Tu hija es maravillosa, Aihara-san.
El rostro de Kotoko aumentó de color y la vergüenza le hizo bajar la mirada.
—Pareces una cereza —comentó Yuuki casi sin emoción, haciendo reír a todos.
Shigeo miró al menor de la sala, reparando que era muy parecido a Naoki, pero con ojos más achocolatados y postura más suelta que la del mayor, aunque también parecía serio. En la adolescencia, como le daba la impresión que estaba, era raro; sin embargo, daba muestra de madurez.
—Hijos, preséntense —pidió el padre de estos.
—Naoki, es un placer conocer al amigo de mi padre —saludó con jovialidad el susodicho.
—Soy Yuuki, mucho gusto, Aih… oji-san —se corrigió el adolescente advirtiendo la mirada de su madre. —Kotoko-san.
—Qué jóvenes tan más educados. Encantado de conocerlos. Provienen del lado apuesto de los Isshiki, ¿verdad, Iri-chan? —bromeó el padre de Kotoko.
—¡Se parecen a mí! —replicó Shigeki, con falsa molestia.
—¿Qué les parece si los invito a la mesa? —habló Noriko, abrazando a Kotoko, quien sonreía amistosa a Yuuki, a la vez que obsequiaba miradas a Naoki, aparentemente imperturbable. —He preparado un banquete. Estoy segura que no estará al nivel de tus habilidades culinarias, Aihara-san, pero lo importante es que estemos aquí.
—Tengo la certeza que cocinarás excelente, Noriko-san —repuso Shigeo.
—Me adelanto, pasen a la mesa, por favor —dijo la mujer. —Y no, Kotoko-chan, eres invitada y no me mires así, ve a sentarte también.
Kotoko frunció el ceño, pero asintió.
—¿Cuántos años tienes, Yuuki-kun? —cuestionó ella, en lo que se dirigían al comedor y los mayores hablaban.
—Catorce —respondió escueto el chico.
—¡De verdad? Eres muy alto… supongo que lo entiendo, porque Irie Naoki-san también lo es. Yo aspiraba a crecer más en la adolescencia, pero me quedé de este tamaño. Pronto cumpliré veinticuatro y soy más pequeña que tú —se quejó ella con un puchero.
Como para reafirmarlo, con los centímetros que les separaban, Yuuki miró a Kotoko con superioridad, conteniendo una sonrisa guasona.
—No heredaste los genes adecuados —musitó él, señalando la altura del padre de la joven.
Naoki, al verla cruzarse de brazos, puso los ojos en blanco.
—Como Nao, Yuuki entrará a la preparatoria de Tonan y después ingresará a Todai, para internarse en la empresa. Será un buen desarrollador, desde niño hace dibujos impresionantes —manifestó el padre de los Irie al llegar a la mesa.
Yuuki comenzó a servir agua en diferentes vasos, repartiéndolos.
—¿Naoki-kun estudió en la preparatoria Tonan? ¡Kotoko estudió ahí también! ¡Estuvimos tan cerca de encontrarnos! —expresó Shigeo con asombro, el mismo que tenía el genio.
—Solo sería perfecto que nuestros hijos se casaran —agregó Noriko, saliendo en ese momento de la cocina.
—¿Cuál? —preguntó con gracia Shigeo, sin ver que Naoki se ahogaba con el agua.
Shigeki rió. —Nao, por supuesto. Yuuki es muy chico.
A excepción de los jóvenes, los presentes rieron.
Yuuki miraba interesado, Naoki apretaba la mandíbula y Kotoko parecía contener su felicidad, misma que recorría a Noriko.
Lo que quedó de la cena, los amigos se encargaron de narrar anécdotas de juventud, que los demás escucharon entretenidos.
Naturalmente, Naoki fue receptor de miradas de soslayo de la pelirroja.
NA: Llevaba aplazando publicar el capítulo.
La razón es que estoy en las últimas semanas de clases y, pues, eso significa que si publico los otros dos capítulos que tengo ya escritos, me quedaré sin mis reservas, hasta que pueda escribir. Por eso atrasé este una semana para publicar otro la próxima y ya, si todo sale bien, el siguiente fin de semana escribir más y publicar con asiduidad.
Me frustra no tener oportunidad de escribir a gusto, pero si lo hago con apuros luego no me gusta, no es el mismo amor ja,ja.
Besos, Karo
DaCa: Muchas gracias, ya tenía tiempo sin poder responderte ja,ja. Sí, es cierto que en el fondo hace justicia a su nombre de ser amable, y llegar hasta la sensibilidad que puede y tuvo que poner en pausa con la locura de su madre. (Muy, muy en el fondo). Es una gran envidia que solo Kotoko pueda verle esos momentos ja,ja. Me gustó eso de "tarde se dará cuenta de lo que siente y pues ya sabremos que sucederá", ja,ja, pues al final es así, aunque tengo algunas cosas planeadas para que eso ocurra. Prometo no perderme, I swear it. Cuídate mucho.
