Capítulo 12


Muy sonriente, Noriko se quitó los lentes oscuros y llamó a la puerta del apartamento del antiguo compañero de su hijo, que en la actualidad se dedicaba a aspectos tecnológicos muy secretos, la burla de sistemas informáticos, o, simplemente, era un hacker.

Reforzaba la seguridad de personajes importantes, después de descubrir lo bueno que podía ser en eso, y que no podría competir con Naoki tras los años escolares.

Funatsu le recibió ceñudo, porque él no tenía mucho contacto con las demás personas en su hogar; era del tipo introvertido que no llevaba a nadie a casa.

—¿Quién es usted? —preguntó sin apartarse de la puerta.

La que por el momento era la única Irie, sonrió. Era una cosa muy estúpida y minúscula porque Naoki casi no empleaba su red social, pero para Kotoko-chan significaría mucho lo que planeaba.

—Necesito de tus habilidades —informó, pidiéndole acceso a su hogar. —Es un asunto personal.

—No espío maridos —espetó Funatsu a punto de cerrar la puerta en su cara.

Noriko rió. —No, no, eso no es lo que pretendo. Soy la madre de Irie Naoki.

Detrás de sus gafas, los ojos del pelinegro brillaron de rabia y trató de cerrar de nuevo.

—Espera, querrás escucharme —pidió la mujer vestida completamente de negro—. Sé que no puedes tener una empresa igual para superar a mi hijo, pero puedo darte algo que hará que puedas ser el número uno.

Atraído por esa última frase, Funatsu abrió de par en par, permitiendo pasar a la mujer, quien se acomodó con una sonrisa en el sillón de la salita.

—Sé que tus trabajos privados no son de este tipo, pero… quiero que te metas a la cuenta de mi hijo y mi futura nueva y los hagas amigos.

Incrédulo por esa tontería, él empuñó sus manos. Esa mujer estaba loca.

—¿De qué modo puedo ser mejor que él con eso? —Se encaminó a la puerta para abrir.

—Te reirías en su cara de haber hecho algo sin que él lo sepa y serías el número uno por ganarle de ese modo —sugirió Noriko brincando en su asiento.

—Se dará cuenta al ver su muro —replicó Funatsu, aunque la idea de burlarse de él le atraía mucho.

Nunca se le había ocurrido antes lo que ella insinuaba.

—Sí, lo sé, pero yo me encargaré de que parezca normal —indicó la mayor, pensando en que su hijo tampoco eliminaría a Kotoko por educación, y lo que ella tuviera llamaría su atención.

Los cristales de los lentes de él refulgieron y Noriko extendió su mano, cerrando un trato.

[…]

La pelirroja caminó entre las mesas tras haber despedido a los comensales que atendía, asegurándose que nadie más requería de sus servicios por el momento.

El restaurante no estaba lleno entonces, como lo acostumbrado, así que se fue a una esquina, donde su compañera Ying, estudiante de origen chino, le hacía una seña que ella se encargaba y se podía tomar un breve descanso.

Decidida a sentarse un rato, Kotoko volvió sus pasos hacia el área de servicio en la parte trasera del local, observando las mesas; en una de ellas un intercambio llamó su atención.

Una chica daba una nota romántica a su novio, quien sonrió al leer.

Eso enterneció a la joven, deseosa de poder tener algo como eso con Irie-kun.

Como si estuviera relacionado, recordó el día del desayuno con él, cuando pensó en que le gustaría escribirle alguna cosa.

¡Eso era!

Presurosa, fue a por sus cosas, pues en su bolso tenía un paquete de post-it, que utilizaba para anotar lo que no debía olvidar —aunque a veces olvidaba dónde ponía esas notas.

Eran cuadrados de colores llamativos, de tamaño pequeño, pero que podrían ser muy buenos para su propósito.

Escribiría notas para alegrar el día de Irie-kun…

No podría firmarlas con su nombre porque tal vez él las recibiera de mala gana, pensando que eran una tontería. Si eran anónimas significaban que alguien se preocupaba por él y le harían sentir bien.

Aplaudió entusiasta. Después sonrió sacando un bolígrafo negro y un post-it azul, comenzando a planear el contenido de la nota que le daría el día siguiente.

Decidida, la joven puso la punta del bolígrafo sobre el papel.

Mientras Kotoko escribía contenta, haciendo los mejores trazos de su vida —nada parecidos a su habitual caligrafía—, en otro edificio, de apartamentos muy elegantes, Naoki recibía a su madre, extrañado por su presencia un día miércoles, sin haberle llamado de antemano.

Caviló en los motivos que pudiera haber detrás de su arribo y solo concluyó que iba a importunar como siempre, con sus excusas maternales.

Noriko se imaginaba que éste pensaba eso, conveniente para ella. Entretanto, se preguntaba cómo podría hacer para distraerlo largo tiempo como para fingir que ingresaba a su portátil y entraba a la cuenta de su red social, agregando a Kotoko.

No lo había pensado bien, animada por haber conseguido que el informático accediera (utilizando como excusa el permiso de madre).

Funatsu ya había hecho las modificaciones pertinentes a sus cuentas, para eliminar rastros de su paso por la vida de ambos jóvenes, y solo restaba que ella tuviera unos minutos con el portátil de su hijo, mandarle un mensaje al informático, quien actuaría y borraría su huella, y listo.

Naoki por supuesto que cambiaría sus contraseñas después, cuestionándose cómo habría sabido ella las actuales, pero podría creer lo que quisiera.

No actuaba del modo correcto, lo sabía, aunque era tan pequeñito que podía aceptar el cargo de conciencia.

De alguna manera, la suerte de los Irie le persiguió, puesto que, al ingresar al apartamento falto de colores, vio en la mesita de centro que su hijo estaba usando su portátil, en el que su pantalla tenía un gráfico aburrido.

Naoki observó a su madre sentarse en el sillón, hablando sobre extrañarlo, y puso los ojos en blanco, pensando en que ella era muy empalagosa. Inútilmente creyó que acabaría su acaparamiento tras mudarse, pero solo disminuyó a los tiempos en que no podía librarse de la atención que le daba.

Cuando comenzó a hablar acerca de una nueva chica bonita de sus clases de fotografía, decidió que no le había invitado algo de beber.

—¿Quieres té? —ofreció, en lo que ella hacía una pausa en las virtudes de la tal Sora.

Su madre asintió.

Sería lo suficientemente educado para compartir un té con ella, soportando lo que tuviera por decirle, y después le diría que era tiempo de retirarse.

Yendo él hacia la cocina, su progenitora siguió con las alabanzas de la joven, que escuchó poco, decidido a quedarse en la otra habitación en lo que el agua se calentaba, solo para no oír perfectamente lo que tuviera por decirle.

En el salón, Noriko sonrió triunfal, relatando de memoria las características de su personaje de novela favorito.

Dándole enviar al mensaje preparado, abrió el navegador y actuó con presteza, dirigiéndose a la red social, que, por supuesto, su hijo tenía fuera de sesión.

Ingresó con la contraseña actual de Naoki, dada por Funatsu, arrugando la nariz al equivocarse con la historia que daba al castaño, quien se iba a dar cuenta por su misma agilidad mental.

Vio segundos después de actualizar que en la pantalla principal de la red aparecían publicaciones de Kotoko y alzó un puño al cielo, presionando un "Me gusta" a la reflexión que ella había compartido.

Adrede, la mujer cerró el navegador sin salir de la cuenta, e hizo lo mismo con el portátil, cambiándose de lugar cuando su hijo volvía, fingiendo una sonrisa inocente, que no engañó a Naoki, el cual miró con ojos entrecerrados el aparato.

No actuaría hasta que ella se fuera.

Y así lo hizo, buscando hasta que dio con lo que estaba diferente.

Él apretó los dientes al reparar en el atrevimiento de su madre, procediendo a cambiar la seguridad de todas sus cuentas, como la otra supuso.

Maldijo el que fuese de muy mala educación eliminar a alguien de sus contactos tras haberlos aceptado apenas.

Su progenitora era de lo peor, reflexionó con los dedos en el puente de su nariz.

Si preguntaba, daría la excusa de que lo hacía porque sus familias se conocían.

—Fantástico —farfulló y abrió los ojos de nuevo.

En su cuenta, que no había cerrado después de los pertinentes cambios, observó un vídeo de dos horas antes. El usuario, Aihara.

Sorprendido, vio que su contenido no era tonto, sino era sobre primeros auxilios.

Al parecer, había más de ella de lo que pensaba.

—Eres peculiar, Aihara Kotoko —dijo mientras se acomodaba en el sillón observando la fotografía de la joven mensajera, donde sonreía.

Dicha joven, en el restaurante, con el descanso de su turno terminado, guardaba sus cosas otra vez, justo al momento en que su móvil, que tardaba en entregarle notificaciones, vibraba dos veces.

Intrigada, ella lo extrajo de su bolsillo.

Y brincó de alegría.

¡Le había aceptado!


NA: Espero que la hazaña de Noriko pudiera ser entendida.

Lo escribí tantas veces que no sé si perdió el sentido.

Era importante que estuvieran conectados en Face, ja ja, porque ya saben de cuánto no se entera una persona por las publicaciones de otros...

Karo.