Capítulo 13
Kotoko casi no había podido dormir.
La noche anterior le había sido imposible conciliar rápido el sueño después de tener acceso ilimitado a la cuenta de Irie-kun, quien quizá no tenía mucho publicado, pero sí lo suficiente para causarle felicidad. Ver más que su foto de perfil era, sin duda, fantástico.
No durmió temprano, porque pasó un rato revisando sus publicaciones más recientes, y luego se mantuvo dando vueltas en la cama, sin caberle el gozo en el cuerpo, lanzando suspiros cada rato. La señora Yoshida le había dicho que dejara de hacer actividades que hicieran chirriar las paredes y la joven se había preguntado qué tan delgados eran los muros… o si secretamente tenía micrófonos, porque una mujer de su edad no podía escuchar tan bien ciertas cosas.
El sueño le llegó tarde y la alarma sonó muy pronto, como si solo hubiera cerrado los ojos y fuese hora de despertarse.
Pero, positiva como muchas veces, la pelirroja pretendía afrontar ese día con buena actitud, porque tenía la oportunidad de ver a Irie-kun por la mañana en el gimnasio y, además, le daría su pequeña notita para alegrar su día.
En el tiempo presente, era momento de entregarle sus archivos de primera hora de la mañana, donde esperaba un lugar privado para insertar discretamente el pequeño sobre amarillo con su post-it azul dentro. Era uno de esos sobres de pago, y no tenía remitente, por lo que esperaba que no lo desechara sin más, creyendo que dentro contenía droga o una infección biológica, como había visto una vez en una película con Kin-chan.
¿O era el capítulo de una serie de televisión?
Poco recordaba Kotoko, pues ese interludio de su vida, un breve "noviazgo" con su mejor amigo, era algo que prefería borrar de su mente.
Kin-chan y Chris seguro que también agradecían no tenerlo en cuenta. En especial el primero, que entendió eso que todo el mundo le estuvo diciendo que la mujer indicada para él no era su mejor amiga. Mucho fuego hacía más fuego y al final todo terminaba quemado, y su relación había terminado profundamente afectada.
Él estaba mejor con su futura esposa, que conoció gracias a Kotoko.
Ahora, todo estaba bien, y olvidar ese salto en tándem sin paracaídas, que les había hecho estrellarse al suelo de golpe.
Por esa mala metáfora, la joven pelirroja sonrió, imaginándose una de las escenas de una caricatura occidental protagonizada por un coyote y un correcaminos, donde lo que había pasado con su amigo era igual a las caídas del predador.
Esa sonrisa fue la que hizo que el amigo de Naoki, y uno de los abogados de la empresa, se detuviera y la mirara, como se había descubierto haciendo una o dos veces.
La encontraba atractiva, y la recordaba de alguna parte, estaba seguro; ella no era una belleza convencional, pero había algo en sus facciones aniñadas y suaves, junto a su sonrisa positivamente fulminante, que le había hecho desarrollar un gusto genuino por la mensajera, quien sí tenía una torpeza anexada a su nombre, perdonada por sus pequeños rasgos atrayentes.
Era una lástima que ella presentara una clara atención por Irie, no tan indiferente a Aihara.
Por supuesto que su amigo era difícil de adivinar y muy bueno en disimular, y Watanabe podía no tener notas excelentes —y había pasado el examen de abogacía por mucho estudio—, mas sí bastante capacidad de percepción, suspicacia, que le servía para observar y analizar y… llegar a verdades que nadie más conocía, ni siquiera los implicados.
A veces se preguntaba si debía ignorar la lealtad que debía a un amigo e invitar a salir a Aihara, pero sería poco honorable hacerlo conociendo de antemano que Irie la había visto primero y, sobretodo, que ella se inclinaba por el castaño.
…Además estaban esas palabras casi humillantes que Irie soltaba a los que prestaban demasiada atención a Aihara, que podía jurar (y sobre su propia vida) éste no se daba cuenta.
Nadie había sumado dos más dos todavía, como para relacionar una cosa con otra. Achacaban que el interés que perdían por Aihara se debía a lo despistada que ella era para percatarse que flirteaban con ella.
Aihara le gustaba, pero no al extremo de enfrentarse a Irie. Valoraba demasiado su vida como para eso.
(Y solo para rematar, ella era demasiado inocente, por lo que cualquier acercamiento debía tener en mente el matrimonio y la castidad… si le entendían. Veinticuatro años era muy poco para casarse.)
De tal modo que se entretenía observando a su amigo y a ella, y disfrutando de sus sonrisas que iluminaban el día de cualquiera, porque de no hacerlo, ni el impertérrito Irie Naoki habría sucumbido solo un poco.
—Watanabe-san. —Kotoko terminó de llegar hasta él y tardó unos segundos en buscar entre los paquetes hasta dar con el suyo. Si mal no recordaba, un contrato con dos artistas a los que Irie estuvo buscando, porque eran famosos en un blog suyo. —Éste es para ti.
—Gracias, Aihara. —Se acomodó sus lentes y trató de verla bajo una nueva luz. —¿Sabes? Cada vez que te veo pienso que te recuerdo de alguna parte.
Ella hizo un mohín, escrutándolo muy de cerca, tanto que él se puso un poco nervioso porque a un palmo de distancia, con una joven que le gustaba, era tentar a un monje.
Y tenía motivos para no ceder.
Miró sus labios pintados de rosa, escuchando el tecleo de las computadoras al final del pasillo. Solo ella y él lo sabrían, y los guardias de seguridad que lo presenciaran en las cámaras.
Quizá podía decirle luego que fue un impulso y ya con un beso zanjaría el gusto por ella, para respetar el código de amistad.
—Creo que no está de más recordarles que las horas pagadas no son de ocio.
Watanabe iba a morir por la falta de sangre en la cabeza, pues el mismo demonio lo había atrapado in fraganti.
—Irie-kun, buenos días —dijo ella sin una pizca de nervios.
¿Irie-kun? ¿Desde cuándo?
Ciertamente, el abogado sentía más curiosidad por la nueva familiaridad entre los dos, que la posibilidad de ser desmembrado psicológicamente por Irie.
Por fortuna, Aihara no se había percatado de sus momentáneas intenciones.
—¡Oh! Lo siento, Irie-san —musitó la pelirroja con voz abochornada. —Trataré que la próxima vez no pase.
—Déjalo, debe ser demasiado para tu capacidad.
Watanabe se atrevió a voltear, en un intento de terciar y defenderla.
Perdió toda valía y tragó.
Lo escondía casi con maestría, pero Irie estaba colérico. O solo enfadado, pero no le había gustado.
Y él se sentía como los criminales a punto de ser ahorcados o guillotinados.
Kotoko rió sentida por la frase desagradable de Irie-kun, pero reconociendo que se merecía su enojo, pues le había hablado como no debía en el trabajo, después de que él la reprendiera con Watanabe-san por estar platicando en horas laborales.
—Lo siento, es que Watanabe-san dijo que me recuerda de alguna parte y quise ver su rostro de cerca para analizarlo mejor, porque su cara me es familiar, también —explicó.
Watanabe suspiró internamente por la inocencia de ella, que le estaba salvando. Por los ojos de Irie pasó la comprensión y, tal vez, alivio, al mirar el transparente rostro de Aihara. Él, por su parte, trató de que no fuese su cara la que le traicionara.
Se suponía que lo había perfeccionado en la universidad… que sirviera para un momento de vida o muerte.
El genio, por su parte, no comprendía cómo Aihara podía ser tan ingenua como para creer que dos rostros así de cerca no podían derivar a una intimidad mayor, ni tampoco por qué necesitaba tragar repetidamente con algo pulsátil en el estómago. Tanto Watanabe, como Aihara, tenían expresiones tranquilas en el rostro, que no orillaban a pensar que jugaban a los novios en el sitio de trabajo.
A la vista de todos.
Era estúpido, claro que no hacían nada, y él se imaginaba cosas, pensando que dos de sus empleados actuaban con falta de ética en la empresa.
Y era más estúpido pensar que Watanabe se fijaría en alguien como Aihara.
—Él estudió también en la preparatoria Tonan —expresó ya con la boca lo suficientemente humedecida, después de tragar mucho.
—¿Sí? —preguntó Aihara y Watanabe abrió los ojos de más en dirección a ella.
¡Claro! A la chica la encontraba mirando hacia Irie y él algunas veces, casi escondida.
Sorprendente. La joven tenía demasiada suerte para encontrarse trabajando en el mismo sitio de trabajo que su encaprichamiento de adolescencia.
—¿Cuál era tu clase? —cuestionó con educación.
—La F.
—Buena deportista, entonces —señaló educadamente, pues era la última clase académicamente, aunque su ambiente escolar era más agradable que el opresivo y silencioso de la A. —Yo era compañero de Irie. Espera, hubo una sola persona de esa clase que consiguió entrar a la universidad, y tú has dicho que la estudiaste.
Kotoko rió y asintió.
—Enhorabuena, pocos del E lo consiguieron y tú lo lograste.
—Gracias.
Irie, quien seguía escuchando solo porque esperaba el momento en que ella le diera sus documentos, se dio cuenta que su contacto era solo amistoso… y no se conocían mucho, por su conversación. Si hasta él la conocía más.
—Duda aclarada, a trabajar —emitió Watanabe para huir y librarla.
—En seis años, cuando haya reunión de generación, podremos decir que nos conocimos después de la preparatoria, en el trabajo —manifestó muy contenta Kotoko, despidiéndose y pensando que el serio abogado era una persona agradable, de la que gustaría ser amiga.
¡Y él era amigo de Irie-kun, por supuesto!
Entonces le tocó encarar a este, que con una ceja enarcada esperaba sus paquetes.
NA: He tenido pocas oportunidades de escribir, pero ojalá que este capítulo lo compense (no por el largo, sino un Irie celoso).
Ahora sí me pongo las pilas, porque ya acabé de escribir otros dos fics que tengo...
Besos, Karo.
DaCa: Creo que en otra vida Naoki hizo algo muy malo para tener una madre como la suya, que tiene que estar esperando por cualquier cosa que ella pueda hacer ja ja. No puedo revelar para qué servirá estar en la misma página, pero recuerda que uno se entera de cosas así. El plan de Noriko funcionará, supongo. Por supuesto, los modales primero, corazón. Gracias y cuídate tú también.
