Capítulo 15
Naoki celebró la llegada del fin de semana, que de algún modo había sido más agotadora que otras en su vida, y nada tenía que ver estar a mitad de verano, pues el clima no le afectaba en lo más mínimo.
Nunca había sido la clase de persona que esperaba con ansias el viernes por la noche, pero cayó ante esa actitud de la gente promedio.
Seguramente el cambio podía achacarse a que en los últimos tiempos su vida era un poco más agitada que lo normal y por eso encontrarse en la calma de su apartamento —hasta más temprano de lo acostumbrado— era una forma de escapar a terrible situación. La soledad y quietud de su casa le devolvían a aquello con lo que se sentía cómodo.
Sin embargo, desde haberlo pensado semanas atrás, no se hallaba en la monotonía y desencanto que prevalecían en su día a día.
Y, muy en el fondo… le daba temor. O llamársele reticencia, su acostumbrada renuencia.
Para el chico genio algo estaba sucediendo y no quería afrontar una serie de cambios que le perturbaran la existencia pacífica (y aburrida) que tenía. Por encima de todo, dar la cara a lo diferente y a perder el control no era algo con lo que ese Irie quisiera encontrarse.
Nuevamente tomaba en cuenta que su fingida seguridad era para no lidiar con emociones ni afrontar las situaciones que le afectaran psicológicamente. Aunque deseaba experimentar un algo, sabía de las consecuencias y prefería la imperturbabilidad.
En el transcurso de unas semanas estaba viviendo cosas diferentes que ponían en peligro sus convicciones.
Él no iba a admitirlo por ahora, pero tenía una íntima relación con cierta joven de cabellos rojizos, dueña de la nota azul que Naoki se encontró al abrir su agenda (ésa que tenía por mera formalidad ante un cliente porque no olvidaba nada).
"Los días siempre son mejores con una actitud positiva, por eso sé que triunfará otro día más, como siempre, Irie-san."
A pesar de saber la frase a la perfección por leerla una sola vez, cogió con su mano el post-it, solo para repasar la caligrafía de la persona que lo hizo… cien por ciento seguro de que era Aihara.
¿Quién más haría algo así de estúpido?
Si lo ponía en votación, por unanimidad de opiniones solo ella.
Sabía que a muchas mujeres (y hasta hombres) les gustaba, y que era admirado por muchos, pero ninguno como para decirle las cosas de manera anónima… si lo que más les gustaba era decirle alabanzas a la cara, irritándolo y haciéndole ver que no se equivocaba con afirmar que la gente solo se dejaba llevar por las apariencias y admiraban a alguien que no conocían en el interior. Solo prestaban caso al exterior y así se sentían con derecho a importunarle con sus atenciones, que a él no le interesaban.
Muy pocos se tomaban el tiempo de conocer a su persona… o solo lo menos profundo de quien era, pues nadie le conocía en el fondo de su alma.
Asimismo, le turbaba que esos que daban sus halagos tuvieran la idea errónea que él les debía atención de vuelta. Despreciaba a esa clase de personas que creían que por solo mostrarle su interés él debía corresponderlo.
Gente patética.
La mensajera tenía que estar incluida entre ellos, claro.
¿Cómo podía conocerlo ella, más que superficialmente? Solo debía de estar obnubilada por esos diez meses que llevaba trabajando allí y lo había observado.
Era otra de esas chicas ridículas.
He ahí la razón por la que no volvió a traer a colación el asunto con ella, para no escuchar lloriqueos por su rechazo.
Y, ante todo, le constaba que Aihara no se estaba confesando ni nada por el estilo. El ridículo habría sido él.
Lo dejó pasar y ya estando en casa, por algún motivo, se vio en la imposibilidad de botar la nota.
No, el motivo era que se trataba de una buena frase.
Había notado que Aihara no era tan inútil ni tan hueca de mente y esa nota era agradable, así que estaba bien mantenerla.
Seguro que si ella lo supiese no habría tenido llanto el día anterior ni parecido menos efusiva en la jornada de ese día.
—Una mujer susceptible como madre —masculló Naoki con asco, cerrando su agenda y depositándola en la mesa.
Pensar en una semejanza entre ambas le llevó a elucubrar en la familiaridad de las dos, y se le ocurrió que Aihara pudo haber tramado con su madre que ella le agregara en su red social, solo para espiarlo a sus anchas y acercarse a él…
Era muy probable que ambas urdieran eso en uno de los intentos de su madre de emparejarlo con cualquier mujer que ella creyera adecuada para ser de la familia.
Aihara era perfecta en ese sentido, ya que sus progenitores eran muy amigos y ser parientes en el futuro debía parecerles lo mejor del mundo.
Sí, debía ser amigo de la pelirroja con esa intención, era un plan bien tramado.
Resopló.
Podía concederle a la mensajera el beneficio de la duda, porque su progenitora, por sí sola, era capaz de un ardid así, mientras que Aihara era muy ingenua de lo que pasaba a su alrededor… hasta de lo que podía pasar en sus narices, como con Watanabe, quien por no tener interés no la besó como consideraba cualquiera habría hecho.
Aihara debía ser ignorante de la intervención de Irie Noriko y solo debía vivir en la felicidad de "tener amistad" con él, al tiempo que se encontraba en una nube por coincidir en otras ocasiones… de paso transmitiendo su alegría a todo el mundo, con las sonrisas que portaba siempre y le hacían preguntarse si ella veía las cosas de rosa.
Interrumpió sus pensamientos por el avance de la jaqueca que había estado sintiendo e hizo lo que nunca… se acostó a las seis.
(Alterando otra vez su rutinaria vida.)
Mientras, en otra parte, para ser precisos en el restaurante Masahiko, donde laboraba Kotoko, ella abría su taquilla ya sin poder no estar curiosa por el sobre que Noriko le había dado dos horas antes, en una visita fugaz.
Pretendía atender el asunto en la noche, terminado su turno, pero no podía aguantar más en la ignorancia, deseosa de conocer el contenido del pesado sobre, que la madre de Irie-kun prometía iba a amar.
La pelirroja se decía que solo tomaría un par de minutos en enterarse, al ser uno de los viernes atareados, y ya podría continuar con normalidad lo que quedaba del día.
Pero casi se desmaya de la impresión al reparar en lo que había dentro.
¡Fotografías!
—Fotos de Irie-kun —musitó tapándose la boca para no gritar.
¡Oba-san le había obsequiado fotografías de Irie-kun!
Tenía que ser su regalo adelantado de cumpleaños.
Rápidamente, porque no tenía tiempo de revisar una por una a conciencia, pasó el mazo de fotos en sus manos, sonriendo con cada una de las imágenes que observaba ante ella. Pensaba que se había enamorado de un hombre muy apuesto desde tiempo atrás.
Lástima que eran inmóviles, porque lo primero que le había atraído había sido su voz, su inteligencia y su actitud, en el primer día de clases de la preparatoria.
Irie-kun fue el representante de su generación, por ser el más listo, y dio el discurso de bienvenida a sus demás compañeros, con una voz barítono y una maestría en el arte de la oratoria, de suma seguridad, que ella terminó cautivada, aunque hubo palabras que eran difíciles y debió buscar en el diccionario más tarde.
En ese momento sintió el flechazo por él… con quince años. Desde entonces una parte de su vida estaba dedicada a Irie-kun. El hombre que dominaba sus fantasías, en las que ambos se casaban y tenían hijos.
Una ilusión alimentada por la propia madre de él y que con sus consejos y apoyo quería alcanzar.
—¡Kotoko! —le llamó Ying en voz de grito.
La aludida salió de su ensimismamiento y devolvió los artículos a la taquilla, para continuar su trabajo.
Kotoko caminó demasiado feliz a pesar de seguir en su periodo, recordando algunas de las imágenes que había visto.
Entonces se dio cuenta que en muchas de las fotografías que le dio la señora él no posaba frente a la cámara y faltaban las de él cuando era pequeñito.
—Quizá no las tiene —pensó en voz alta, recibiendo una mirada extrañada del cliente.
Agitó la cabeza y anotó la orden, haciendo nota mental de preguntar luego a la señora Irie por esas fotografías, que pensó no le interesarían.
Todo lo que fuese de él lo hacía.
Lo que Kotoko desconocía era que Noriko se había tentado en dárselas también, pero prefería un sitio más privado en el que hacerlo.
Después de todo, la mujer mayor sabía que debía tener tacto para mostrarle las fotografías de él vestido de niña.
(Como no lo había tenido al vestirlo como tal en primer lugar.)
NA: Era un capítulo consistentemente más largo, pero... digamos que tantas correcciones lo dejaron en lo normal.
¿Bajo qué circunstancias mamá Irie podría darle las fotos de pequeño a Kotoko?
Enfermé y después me puse a leer, por lo cual esta actualización es un poco tardía :S
Sin embargo, les deseo desde ahora un feliz año nuevo, que lo comiencen con el pie derecho para cumplir todos sus objetivos del 2018. Gracias por acompañarme en este otro año entre ustedes. Pidan de deseo por mí que haya inspiración para que otras personas y yo podamos escribir más fics, ¿va?
Cuídense mucho.
Miles de besos, Karo.
