Capítulo 17
Con una chispeante actitud positiva, producto del maravilloso sábado que había tenido, Kotoko recibía el lunes, arribando de lo más puntual al gimnasio, incluso antes que Irie-kun, por lo que veía.
Había despertado sin necesidad de alarma y diez minutos antes de lo acostumbrado ya estaba en la parada del metro, lista para toda la semana laboral. Llevaba el envoltorio del chocolate que le dio Irie-kun en el monedero, como amuleto de la buena suerte para el futuro.
Al comerlo le había sabido como el manjar más delicioso del mundo.
Ahora, el envoltorio que lavó con esmero le ayudaría en su cruzada por el amor de Irie-kun, a quien sentía más cerca después de ese abrazo con el que soñó dormida y despierta en las últimas treinta y seis horas.
Sonriendo, se presentó en la entrada del gimnasio, que estaba por abrir, y así la vio un chico que había llegado a inscribirse el día anterior, quien automáticamente curvó la boca afablemente y dio un paso en su dirección.
En ese momento llegó también Naoki, que se detuvo y se apoyó en la pared sin que los dos se dieran cuenta, pues le daban la espalda. Él no se había percatado tampoco de la presencia de Kotoko, que era cubierta por la figura masculina ataviada en ropa deportiva; solo se puso a revisar su correo en el móvil mientras esperaba la llegada del encargado del gimnasio.
—Hola —saludó el pelinegro amigablemente.
Kotoko, sobresaltada, miró a su derecha encontrándose con un muchacho alto y atlético, de sonrisa agradable y contagiosa.
—Hola —correspondió en un susurro tímido, bajando la mirada por la intensidad con que el muchacho lindo la veía. Aparte de Kinnosuke en su momento, nunca había tenido el interés de alguien y la pelirroja se sentía extraña por el modo en que le observaba.
—Nakagawa Takendo —dijo él sin perder su entusiasmo.
—Aihara Kotoko, mucho gusto, Nakagawa-san —musitó Kotoko inclinando la cabeza, un poco más alto que la vez anterior.
Eso disparó la atención de Naoki, quien alzó la vista al escuchar el nombre de la chica —oportunamente temprano en el gimnasio.
—El gusto es mío. ¿Es tu horario habitual, Aihara-san? —preguntó Takendo, esperando que el encargado se retrasara un poco más.
Kotoko asintió.
—Estupendo, ya hay una razón para que me guste esta hora.
Ella se sonrojó por completo y el chico pensó que su desparpajo habitual tal vez era mucho para esa muchacha bonita.
Detrás de él, Naoki frunció el ceño, atento al intercambio.
—Nakagawa-san… yo… —titubeó Kotoko, para disgusto del castaño. Esa tonta era peor de lo que había supuesto el sábado, porque tenía novio, andaba detrás de él y aceptaba el flirteo de un desconocido.
O estaba muy desesperada por atención.
—Creo que te estoy abochornando. —Takendo sonrió conciliadoramente. —No es mi intención, no quiero que te sientas incómoda conmigo. Así soy yo.
—Oh, sí, bueno. —Ella rió nerviosamente.
Naoki se preguntó a qué hora pretendía llegar el encargado, porque era desagradable escuchar ese intercambio de una mujer poco honorable y torpe.
—Seamos amigos, ¿te parece? —Cuando Kotoko asintió, él suspiró—. Y dime, ¿tienes novio?
—No.
Takendo celebró internamente mientras el oyente a la conversación se quedó sorprendido y preocupado por las consecuencias que esa información tendría.
—Debes conocer a hombres ciegos, Aihara-san; pero ahora me guardaré mis opiniones porque por ahora somos amigos.
—¿Cómo?
—Aihara —habló Naoki al mismo tiempo que ella, interrumpiendo la conversación.
—¡Irie-kun, buenos días! —Kotoko brincó al verlo aparecer a un costado del joven que acababa de conocer.
—Buenos días —saludó Takendo un poco desanimado por la expresión de alegría que apareció en el rostro de la joven por el recién llegado. Pero reclamó el buen ánimo ya que tenía oportunidad porque ella había dicho no tener novio.
Naoki asintió al escuchar al nuevo chico y le dio su nombre escuetamente, cuando el encargado del gimnasio hacía su llegada.
—Discúlpenme —pidió el amigo de Noriko con varias inclinaciones de cabeza—; me encontré con un accidente y Yamato ha enfermado. Hitoshi no está en la ciudad.
Los tres asintieron y esperaron a que las puertas se abrieran.
—¿Estás en la universidad, Aihara-san? —continuó Takendo.
—No, terminé hace casi año y medio.
Takendo soltó una carcajada. —Eres mi superior, vaya, qué inesperado.
Naoki sonrió de lado. —¿De verdad? —preguntó Kotoko observando atentamente el rostro del chico nuevo, que no fue muy grato para el otro varón cerca. —¿Cuántos años tienes, Nakagawa-san?
—El mes pasado cumplí veintitrés.
Un año menos que ellos, pensó el castaño, agradeciendo llegar a la sala de ejercicio. Así, al menos, se callaría el tipo. Su voz era desagradable.
Y se apartaría para que le indicaran su rutina.
Era una lástima que Hitoshi-senpai no estuviera, porque habría disfrutado con su exigencia.
—¿Nakagawa? —llamó entonces el entrenador del gimnasio.
—Si le necesito, se lo haré saber, Ryu-senpai. Gracias.
Naoki arrugó ligeramente la nariz.
—¿No tendrás instructor, Nakagawa-san? —Por fortuna, la curiosidad de Kotoko salió a flote para obtener una respuesta.
Solo para disimular que estaba atento, él se alejó de los dos junto a las caminadoras, comenzando a estirarse.
—Me cambié de gimnasio porque este está mejor sitiado con mi casa y el despacho de abogados en que comencé como pasante, pero llevo tres años ejercitándome desde que dejé los videojuegos, la patineta y el baloncesto. Mira. —A través del espejo, vio a la perfección el momento en que el otro le mostró su bíceps, que ella admiró como una niña pequeña ante un juguete nuevo.
Él sintió un tirón en la pierna por un mal estiramiento y profirió una maldición en voz baja.
Kotoko comenzó entonces a programar la caminadora, observando subrepticiamente a Irie-kun, haciendo sus ejercicios. ¿Tendría él un brazo musculoso como Nakagawa-san?
Aun si no, recordando su abrazo fuerte pensó que no había necesidad.
Perdió el paso y habría caído de bruces al suelo de no ser por el pelinegro, que la sujetó del brazo rápidamente.
—¡Gracias, Nakagawa-san! —dijo sonrojada por la vergüenza y de imaginarse una parte del cuerpo de Irie-kun.
—Podrías llamarme por mi nombre, Aihara-san —invitó él con un apretón amistoso—. Porque vamos a ser buenos amigos.
Ambos alzaron la cabeza al oír un golpe y voltearon hacia Irie-kun, que cogía una mancuerna del suelo, con Ryu-senpai a su lado.
Preocupada, buscó con la mirada que no estuviera lastimado y trató de oír lo que el instructor le decía, pero no vio nada más que el ceño fruncido de Irie-kun, seguramente porque algo le saliera mal ejercitándose.
Siempre lo hacía perfectamente.
Suspirando, Kotoko volteó otra vez hacia su nuevo amigo, que la veía atento, y asintió, porque tenía algo que le gustaba. Era como Kin-chan.
—Taketo-san, ¿sí? —Él asintió.
—Continuemos, Kotoko-san, porque el tiempo se pasa rápido.
Ella afirmó repetidamente, porque si no se apuraba no alcanzaría a Irie-kun.
Comprobó una vez más el bienestar de éste y se apuró en su rutina, tropezando una vez, pero su nuevo amigo estuvo allí para ayudarla, como hacía Kin-chan.
Esto no fue bien visto por el castaño, que estaba sorprendido de sus propias faltas y no muy divertido con la torpeza de ella, misma que utilizaba para coquetear descaradamente con el pelinegro.
No podía decir que ella fingiera sus caídas, porque era su forma de ser, pero debía estar dando esa impresión a Nakagawa, que desconocía lo torpe que podía comportarse. Tenía que imaginar que Aihara animaba sus atenciones…
…aunque ella en realidad no hacía nada para detenerlas.
Daba disgusto verlo.
Para él, era desagradable que ese tipo menor le hiciera caso a alguien mayor, y que ella, sabiéndolo, le respondiera. También era molesto que prestara mucha atención al nuevo. ¿Acaso no decía estar interesada en él?
La gente falta de palabra le daba molestia, y Aihara estaba actuando en contra de… ¿qué?
Él sabía lo que ella sentía, pero la pelirroja no le había declarado nada, aunque era obvio.
Sus acciones no estaban faltando a nada, por lo que no tenía motivos para acusarla de eso. Y, además, que tuviera interés en el pasante de abogado significaba que dejaría de prestarle atención a él; así terminaría su enamoramiento y habría una menos a su falda.
Estaba bien.
Era perfecto.
Debería estar bien; pero, de algún modo, no lo era.
¡Por supuesto! No era nada del otro mundo, se sentía grande con la admiración de otros, lo prefería a las burlas. Y ella se estaría burlando de él al inclinarse por un tipo como aquel, que no le llegaba a la suela de los zapatos, por sobre él.
Era menor, y un pasante de abogado.
Inferior.
¿Cómo osaba ella a insultarlo de aquel modo?
Las que se alejaban de él buscaban tipos de su nivel, en tanto ella…
Era una fuerte injuria, según Naoki.
Lo que no alcanzaba a ver es que, como otras veces en los últimos tiempos, se contradecía. Odiaba la adulación y ser perseguido, y en esas circunstancias quería que ambos los hiciera ella.
Su vida había empeorado desde que tuvo conocimiento de su nombre.
¿O todo el tiempo lo supo?
NA: Los días se pasan rápido y me quedo sin capítulos demasiado pronto, ¿cómo es eso?
Odio eso de que sea Takendo o Taketo :S, lo asumiré como un error de Kotoko.
