Capítulo 18
—Nori, ¿hay algo que tengas que decirme sobre Nao?
Yuuki, con una mano en la perilla de la puerta, se quedó quieto.
Le dio una mirada al cuaderno de dibujo que tenía en su otra mano y negó; era más importante escuchar lo que tuvieran por decir de su hermano, que mostrar sus dibujos.
A través de la rendija observó borrosamente a su padre detrás de su escritorio, de brazos cruzados hacia su madre, que miraba alguna cosa entre los dos.
Se molestó por no traer sus lentes, aunque de cualquier modo no alcanzaría a ver nada, porque su mamá se interponía; la miopía no influía en ese caso.
—¿Has revisado mis pertenencias, papá? —preguntó su madre después de unos momentos.
—Tropecé con la mesa de noche y de ella cayó tu cuaderno, abierto… junto con un buen número de fotografías impresas con Naoki y la hija de Ai-chan. —Yuuki abrió los ojos de más—. ¿Tengo que repetir lo que leí en la página abierta?
A su padre no le iba el tono irónico; sonaba divertido en lugar de molesto. Aunque, si no podía ver bien su cara, ¿quién le aseguraba que así era?
¿Qué tenía su madre en ese cuaderno? Que suponía se trataba del mismo que llevaba con ella casi siempre.
—¿No piensas que Naoki y Kotoko-chan hacen buena pareja? ¿No lo habías dicho ya?
¿Su madre quería emparejarlos en verdad?
Maldijo no haberse puesto sus lentes, pues no era capaz de discernir las expresiones en su papá. Y si volvía, se perdería de la conversación.
—Sí, claro que Kotoko-chan me gusta para Naoki —dijo su padre riendo—, pero eso no significa que quiera decidir por ellos y juntarlos. No puedes forzar el amor.
—Papá, Kotoko-chan está enamorada de onii-chan desde hace nueve años.
Yuuki se llevó la mano a la boca, mientras que su padre la abrió asombrado.
—Y estoy casi segura que Naoki no le es indiferente.
¿Cómo!
Su hermano, que no gustaba de nadie, ¿favorecía a Kotoko? ¿Una chica ordinaria?
No le desagradaba y sus padres decían maravillas de ella, pero, con Matsumoto-san mucho tiempo detrás de él, y muchas mejores también, ¿Kotoko?
Sí tenía que ser extraordinaria, o tener algo grandioso, para que su hermano le gustara.
—¿Qué estás diciendo?
Él volvió a prestar atención cuando su padre habló de nuevo.
—¿Viste la foto del gimnasio? Se distrajo en su ejercicio por Kotoko-chan y ahí le dijo que era tarde para ir al trabajo… aunque fue más una orden. ¿Y viste esa foto de la oficina? ¡La mira! Está atento a ella. También muestra sus emociones cuando la tiene cerca. ¿Quieres más pruebas? ¡A Naoki le gusta! ¡Tiene que hacerlo!
Si hacía todo eso, por una vez podía darle la razón a su madre.
Se estremeció de pensarlo.
Su estoico hermano con la atención en una persona, reaccionando a su causa, era un signo claro de que Kotoko-san no era una persona más del montón.
—Puedo imaginar que alguien como Kotoko-chan haga eso. ¿Por qué no me lo habías dicho? ¿Qué tanto te has inmiscuido, Nori?
—¡Oh, tú! ¿Solo estás enfadado por eso? ¡Te gusta llevar las riendas, verdad, papá? —Su madre rió. —¿Quieres ayudarme a conseguir nietos de una mujer que los dos queremos? ¿Y tú, Yuuki?
Él dio un traspié al retroceder y cayó sentado en la alfombra cuando ella abrió la puerta de par en par.
—¿Cómo? —murmuró atónito.
—Mamá tiene buen olfato. Levántate.
Sin abandonar el rostro de su madre, se irguió con dignidad, para negarse como correspondía. No se involucraría en la vida de su hermano; es más, le haría saber prontamente las maquinaciones de su progenitora.
Naoki se merecía acercarse a la chica que le gustaba a su propio modo, no al de su madre.
—Sé lo que estás pensando. Y no se lo dirás a onii-chan.
¿Acaso leía la mente?
Noriko puso los ojos en blanco; su hijo tenía quince años y era listo, pero no más que su madre, e iba a demostrárselo.
Solo le había dejado que oyera lo que quería porque necesitaba un aliado, en especial uno del que Naoki no sospechara.
—Tú decides, por las buenas, o por las malas —amenazó sutilmente, deteniendo a su marido con la mirada cuando trató de intervenir.
Su hijo tragó saliva y alzó la barbilla, queriendo imitar a su hermano. Aunque Naoki tenía una postura desafiante que solo se reflejaba en sus ojos.
—Se lo diré a onii-chan; nada de lo que puedas decir…
Ella sonrió, haciéndolo callar. Yuuki lo había querido. ¿Un año y medio sería suficiente para que Kotoko y Naoki se casaran y engendraran a su primera nieta?
Era tiempo justo.
—Cambiarás de opinión, Yuuki-kun. ¿Qué te parecen doce meses de no inmiscuirme en tu vida amorosa? Si no revelas nada a onii-chan, ni te interpones en mi camino de cualquier modo, tendrás un año de libertad.
El adolescente dejó caer su mandíbula, y con las puntas de sus dedos acarició un año libre de su madre; tenía la oportunidad de no ser molestado románticamente y hacer lo que quisiera.
Era…
No podía hacerle eso a su hermano.
Pero, ¿él entendería, no? En su lugar haría lo mismo.
—¿Quince meses? —sugirió su madre, como si presintiera su indecisión.
¿No le debía libertad a Naoki de manejar su propia vida?
Sin embargo, su hermano era más inteligente y se daría cuenta rápido; tal vez ya lo sabía y él desaprovecharía una oportunidad única por ser fiel a Naoki, y por desconfiar de sus increíbles habilidades.
Incluso onii-chan le diría que jugara mejor sus cartas. A su madre le convenía que no hablara.
—Dieciocho —rebatió—; exiges mucho. —Ella se llevó una mano al mentón, como considerándolo. —No, dos años. Es la vida de onii-chan.
Su madre resopló y negó.
—Se lo puedes decir, puedo cambiar de estrategia, dos años sin emparejarte no valen este secreto. Tendré más trabajo, pero no vale la pena.
—Espera —pidió casi con pánico—. Está bien, quince meses.
—¿Y si nos ayudaras? Te daría año y medio.
Bajó los hombros, sintiendo que era una victoria sucia.
—Año y medio.
Noriko celebró internamente y extendió la mano. —Palabra de Irie.
—Palabra de Irie.
Su esposo sonrió.
El Irie restante, en su apartamento, estornudó. Era otra cosa unida a su malestar de la semana, que tenía cara y nombre.
Estaba contrariado; debía estar feliz de que una persona pretendiera a Aihara, para quitarle la atención hacia él… y en tres días que eso estaba ocurriendo en el gimnasio, la idea no terminaba de gustarle (hasta se había acercado a ella fuera de su área de trabajo para recordarle su horario… y así hacer que se alejara del tipo ese).
¿Tanto era su narcisismo que ser menospreciado en favor de alguien inferior, por la persona que había mostrado la persecución más inofensiva, le molestaba?
Y, para colmo, lo pagaba infantilmente.
Kotoko, que estaba algo cabizbaja en el restaurante, seguía recordándolo, y ni su habitual revisión del perfil de él podía animarla. Esos tres días en el trabajo Irie-kun había estado irascible con ella, criticando su labor como nunca antes, exigiéndole una precisión en los tiempos que se le harían imposible de cumplir si no tuviera ya organizado los archivos, como había comenzado a hacerlo.
Pero, suponiendo que eso era normal, le rompía el corazón ver cómo a sus ojos arrugaba las dos notas que le había escrito esa semana, con mucha saña, llamando estúpida a la persona que escribiera sarta tontería, antes de lanzarlas al cubo de la basura.
Debía pensar que ella sabía quién era la persona que las hacía, para que le pasara el mensaje de lo que había hecho. O que no haría, ya que no se atrevería.
Era una crueldad recibir la información de qué hacía con las notas, mas era peor presenciarlo.
Se sentía horrible de ver el rechazo que estaba haciendo a sus mensajes, que con tanto esmero había hecho; no entendía por qué las otras sí las leyó y no las botó, mientras que a las últimas dos las trató como basura.
¿Tenían algo de malo las frases?
No podía preguntar qué era diferente con ellas, porque revelaría su autoría, y si lo dejaba, lo sabría.
Además, le entusiasmaba escribirlas… aunque esa semana no estaban cumpliendo su propósito.
El trabajo debía estar siendo extenuante para Irie-kun. Tenía que estarse desahogando con la única cosa insignificante para él entre sus papeles.
El viernes le desearía solo un buen día y la próxima semana reanudaría las frases largas, así si la desechaba —y hasta rompía— le dolería menos y él podría cumplir el objetivo de desahogar su frustración.
Irie-kun no sabía que ella las hacía y por eso era inintencionada su crudeza. Estaba segura que no lo haría de saberlo.
Suspiró.
Esa faceta molesta de él no la conocía; sin embargo, a final de cuentas le producía tristeza por no poder ser un soporte en su sufrimiento.
Se asomó hacia la ventana y observó unos instantes la luna, preguntándose si en casa, solo como vivía, Irie-kun tendría una forma de desahogo para sus malos momentos.
La pelirroja no sabía que era ella a quien estaba usando como saco de boxeo, ni que éste se reprochaba por sus actos de niño pequeño observando las notas arrugadas en sus manos, que había sacado del cubo de basura.
Estaba comportándose ridículo.
Y no sabía si eso era lo que le molestaba o el no saber por qué.
NA: ¡Ya puedo volver a mi ritmo normal de escritura!
Tenía dudas si hacer el capítulo más largo, porque estoy tardándome mucho en llegar a la parte que quiero, pero seré más constante con las actualizaciones y al final no importa cuántos capítulos haga. ¿Por qué lo digo? Pues el próximo está fuertemente ligado a éste y para no tener 4 mil palabras, qué remedio.
Subiré el siguiente el viernes :)
Besos, Karo.
SofaAcosta: Creo que los celos de Irie son una fuente de diversión para todas, los reciben mejor ustedes. ¿Qué te parece que sufra con Taketo y también con Keita? Kotoko parecerá con muchos seguidores, pero siendo que es para molestar a Naoki, es un buen fin. Me pone contenta que te gustara el anterior.
Caro: Hola, linda. Acabo de leer que también estuviste por otro fic, me da gusto que ambos te agraden, ahora no tardaré más para que me leas.
Lilimatte: Saludos. Feliz de que te guste, espero que lo que está por venir también lo haga.
Izabela: ¿Qué tal? Ay, ya ni me digas, lo sé. Supuestamente iba a encontrar tiempo en diciembre y no fue así, me ocupé en mil cosas. Pero ahora que esa época ha pasado y aquí estoy en temporada fría, la que más me inspira, me voy a recuperar. Por Watanabe; él será ligero, pero hacer sufrir a Naoki sí es más fácil, porque aun le quedan celos que sufrir y desprecios que pasar, no se las verá bonitas en los próximos capítulos... Tu español es bastante aceptable, más porque es un idioma difícil (suerte que lo hablo ya), y gracias, linda. Besos.
