Capítulo 19
Algunas madres tenían una jerarquía de necesidades que no eran reemplazables.
En la de Yuuki, el amor y los nietos (o nietas) estaban antes que el estudio y el éxito profesional. De otro modo, él no estaría en Pandai en un día de deberes escolares.
Su madre podía ser demasiado obstinada en sus planes, si ponía por arriba de sus actividades escolares el que hiciera una visita a la empresa de su padre solo para que se diera una idea general de las cosas.
Siendo justo, sólo eran los deberes de verano y las horas de estudio que dedicaba durante las vacaciones —porque él no era genio como su hermano y necesitaba constancia—, pero las mañanas correspondían a hacer tareas y su madre había desechado sus planes diciéndole que podía encargarse de ello después. Que había cosas más importantes de las que ocuparse.
Como buen hijo —o más para evitar la furia de su madre—, Yuuki cumplió con sus instrucciones, y estaba en el vestíbulo del edificio de la empresa, a una hora muy temprana.
Podría haber subido, pero estaba divertido de sobremanera observando a cierta joven.
(En primer lugar no tenía que estar en el vestíbulo, pero su madre le había hecho salir de casa después de su padre… así que nada de transporte privado ni estacionamiento subterráneo…)
Resoplando, el adolescente se incorporó con su cuaderno bajo el brazo, esa excusa que daría a su presencia en Pandai, y caminó con pasos suaves y silenciosos hacia la figura detenida frente a las puertas del ascensor, que no entraba incluso si había espacio suficiente en las cabinas. Ya los demás empleados le habían dejado sola, mientras que ella permanecía ahí parada como idiota, balanceándose en sus pies.
¿Cómo su hermano estaría interesado en una joven tonta?
Le debía el beneficio de la duda, porque no estaba seguro si Naoki se interesaba en ella, ni conocía qué rasgo grandioso podía tener ella, pero en todos esos minutos no había visto más que un despliegue de idiotez de parte de Kotoko Aihara.
A su favor, podía decir que se vestía adecuadamente, ya que ese vestido floreado no era feo. Y olía bien, algo dulce y cítrico, como sintió cuando se colocó a su espalda.
—¿Se puede saber qué haces?
Kotoko sintió que el color se le iba de la cara, porque esa voz a su espalda había sonado como Irie-kun, el que extrañamente estaba tardando en llegar.
¿Lo tendría detrás?
—¿Qué haces parada frente al ascensor, Kotoko-san? —preguntó el mini Irie cuando ella se dio la vuelta, recuperando el aire en sus pulmones.
Ella rió nerviosamente y rascó su nuca abochornada.
—Yuuki-kun, buenos días. ¿Qué haces aquí? —dijo con una sonrisa. Nunca le funcionaba desviar una conversación, aunque no perdía nada por intentarlo una vez, ¿o sí?
De lo contrario, sabía que él se daría cuenta que mentía al dar una excusa frente al hecho de que esperaba la aparición de Irie-kun en el elevador. Sobretodo porque sería la primera vez que estarían juntos…
O no, porque Yuuki estaba ahí.
—Buenos días, Kotoko-san. Yo pregunté primero —contestó él con una sonrisa ladina.
Él era menor, ¿por qué parecía tan listo?
—Yo… eh, estaba esperando que el ascensor estuviera libre para subir.
Mientras ella presionaba el botón otra vez, Yuuki la miró con incredulidad y solo por educación no puso los ojos en blanco. Dos veces había visto los elevadores vacíos. Sospechaba que había otra razón para que ella estuviese ahí, como ensoñación o esperar a alguien.
—Está vacío —señaló cuando las puertas se abrieron ante ellos.
—Eh, sí, vamos —musitó Kotoko entristecida por no ver a Irie-kun. Sin embargo, de no subirse a la cabina quedaría en ridículo frente al hermano menor del hombre del que estaba enamorada.
Él le dio indicación de adelantarse, con la mano que sostenía un cuaderno forrado de azul.
Apreciando el gesto caballeroso que nunca le había tocado, aunque lo veía en la televisión, ella sonrió muy feliz, y Yuuki, casi sonrojado, tuvo que desviar la mirada. Habría jurado que los ojos de ella resplandecían como su sonrisa y no sería adolescente si la atención de una joven mayor y simpática no le provocara algo.
Para Kotoko, la reacción del menor le pasó desapercibida. —¿Irás donde oji-san? —cuestionó cuando presionaba el botón para la planta de Irie-kun.
—Sí. —Ella pulsó el otro botón.
Momentos después Kotoko se animó a hablar. —¿Y qué es lo que… ¡aaah!
Ambos se sostuvieron de las paredes del elevador cuando este hizo un movimiento extraño y se detuvo, para consternación de los dos.
En especial de Yuuki.
Frunciendo el ceño, porque siempre parecía atraer esa clase de situaciones y era la tercera vez que le ocurría, ella pulsó la alarma de emergencia, sin poder evitar refunfuñar hacia su fortuna.
Quería estar con un Irie en el ascensor, pero Yuuki no era el indicado. No le extrañaba; tenía mala suerte hasta para eso.
Habría terminado perfectamente su semana quedando atrapada con Irie-kun.
Pensó que al menos tendría compañía en lo que tardaran en arreglar el desperfecto. Yuuki-kun no parecía ser platicador, pero lograría que hablara con ella.
Lo miró a través del espejo en las paredes y como rayo volteó hacia él; por un instante, le pareció que su cara reflejaba pánico. Ahora solo parecía acalorado, pues tenía un poco de sudor en la frente.
¿El aire acondicionado había dejado de…
La boca de Kotoko se abrió en un círculo perfecto cuando la comprensión llegó a ella. Al estar en la oscuridad le pasaba algo similar por su ceguera nocturna.
—¿Tienes claustrofobia? —susurró colocándose dubitativamente a su lado, porque no tenía idea cómo tratar con eso.
Yuuki, que sabía la verdad, pero no quería parecer débil, negó. —No s-seas tonta.
Ella rió en voz baja.
—Soy graduada de la universidad, Yuuki-kun —defendió presumida en un intento de distraerlo.
Él lanzó un resoplido de desdén parecido a los de su hermano.
—¿Y qué estudiaste?
—Literatura japonesa. No reprobé ni un solo año, como los demás. Y fui la única de mi grupo de preparatoria que entró en el primer intento.
—¿Y qué haces como mensajera en la empresa?
Kotoko se encogió de hombros. —Quiero ser escritora, pero hasta no escribir mi libro…
—Entiendo. —Asintió él, mirando el rostro de la joven.
—Eres muy parecido a tu hermano. ¿Quieres ser como Irie-kun?
—¡No! —exclamó Yuuki; de pequeño lo quería, ahora se conformaba con ser su propia persona.
Además, su hermano no tendría miedo en esa situación. No sufría de claustrofobia, pues no llegaba a ese extremo… pero de niño se quedó en esas mismas circunstancias en una visita y era inevitable para él acordarse en ese momento.
—Sí, sería extraño que quisieras ser como Irie-kun —dijo Kotoko con escepticismo. Él se pasó una mano por la frente para quitarse el sudor. —Tengo curiosidad, ¿qué traes ahí? ¿Por eso estás aquí?
—Aquí está la empresa de mi padre —contestó arisco.
—Bueno, sí, pero, eh, no te había visto por aquí hasta ahora. Y no has dicho qué es eso.
—Dibujos.
—¿Puedo verlos? —preguntó como si fuese una niña pequeña.
Él apretó el cuaderno a su pecho. —Son personales. —Suyo, de su hermano y su padre.
También su madre, aunque solo por entremeterse. Como en ese caso, por lo que era culpable de su actual desgracia, elucubró tragando saliva al verse en el espejo.
Ella se había adelantado al momento de mostrárselos.
—Creo que todos tenemos derecho a tener miedo —murmuró Kotoko.
—¡No tengo miedo al encierro!
—Iba a decirte que no debías tener miedo si eran malos, no iba a decírtelo —repuso ella, sonrosándolo.
—Yo… yo…
—A mí me asusta la oscuridad.
—Ése es un miedo de niños. —Yuuki tragó saliva. —¿Por qué le tienes miedo? —preguntó receloso.
—Desde pequeña, es como si me quedara ciega y siento pánico cuando estoy en un sitio oscuro. Solo mi papá lo sabe y siempre deja una lámpara encendida por si debo salir al pasillo en la noche.
Los dos permanecieron callados y Kotoko se concentró en un juego de su teléfono, ya que no podía hacer otra cosa con la pobre red y el adolescente silencioso.
Yuuki se quedó pensativo, observando de reojo a la joven de la que Naoki estaba enamorado. Era una buena persona; no una belleza como las otras mujeres que iban detrás de su hermano, pero agradable a su modo y, sobre todo, sincera. Además, era sensible.
¿Qué otra cosa esperaba de su hermano sino sentirse atraído por una buena chica? Onii-chan debía saber que la belleza externa se consumía.
Sintiendo un poco de calma por quedar en esa situación con una persona que no desdeñara su temor, miró a la cámara agradeciendo que no se escucharan sonidos. Siquiera de ese modo sería un secreto entre los dos, porque tenía el presentimiento que ella no diría nada.
Yuuki suspiró. ¿Cuánto tardarían afuera en arreglar esa cosa?
Desde fuera, Naoki miraba ceñudo la puerta de su oficina, sentado detrás de su escritorio con algo de impaciencia.
Aihara no se había aparecido todavía. Si hubiera día que ella no se presentara con correspondencia, o que faltara al trabajo, creería que era normal; sin embargo, después de una hora del horario de entrada era raro que no estuviera por ahí.
Cierto que él había llegado a trabajar más temprano de lo normal, a causa de un disparo de adrenalina de esa mañana, después de ir al gimnasio solo ocupado por la torpeza de Kotoko y nada del demasiado entusiasta pasante de abogado, cuya voz disgustaba su rutina.
Él había visto a la joven muy alegre en la mañana, por lo que no podía concluir que era algo en su persona —y estaba seguro que ella nunca rechazaría su presencia—; así mismo, Kotoko dejó el gimnasio al mismo tiempo que él… tenía que ser algo después.
Tampoco podía poner la excusa de enfermedad, pues él podía quitarle el día ante una mentira de esa clase.
Y no era que se preocupara por la mensajera, es más, se trataría de un día sin percances, muy alegre… solo que no recibía sus documentos y necesitaba trabajar en ellos.
(Eso era.)
Naoki se dijo que le daría unos minutos más de tardanza, acomodando su muy apretada corbata.
No obstante, pasó un cuarto de hora y decidió que él mismo podía ir por lo que necesitaba, pues esa irresponsable torpe debía haber cometido una tontería que le llevaba a retrasarse en sus labores. Debían restarle eso de su sueldo porque no estaba siendo efectiva; sin eficacia ni eficiencia no podía ser retribuida.
Le obligaba a estar en una situación molesta.
Con eso, se puso en pie y fue hacia la puerta, que sonó al tiempo que colocaba la mano en el pomo.
Se tomó un respiro y abrió.
Un muchachito llevaba un carrito de mensajero. Lo conocía, era un becario.
Un sentimiento extraño le dio un escalofrío.
—Irie-san, lamento la tardanza. Hay dos sobres para usted.
El genio se dio cuenta del estremecimiento del becario cuando lo miró con una ceja enarcada. —¿Y Aihara? —preguntó mientras asentía para agradecerle, como si saber no fuese muy importante y se tratara de una pregunta trivial.
Se dio cuenta que fuera, en el pasillo, una serie de personas estaban congregadas ante en el elevador.
—Suponemos que Kotoko-san está en el ascensor; nos han dicho que hay personas atrapadas dentro, pues accionaron el botón de emergencia. Kotoko-san nunca falta. Dicen que ya le ha ocurrido.
Naoki arrugó ligeramente la nariz por la mirada en el rostro del muchachito y la manera en que pronunciaba el nombre de ella; pero él lo atribuyó al desagrado por una falla y a que ella fuera un imán para los problemas.
—Tengo que irme, Irie-san; tengo el doble de tareas.
El muchachito —cuyo nombre desconocía— se alejó con prontitud, y Naoki se regresó un instante para dejar los sobres en el escritorio.
Se dirigió a donde estaban las demás personas curiosas, que cuchicheaban frases sobre Kotoko y su falta de fortuna… aunque le atrajeron más los comentarios que era un jovencito atractivo el que estaba dentro con ella, con quien afortunadamente se veía cómoda.
Al parecer, el novio de una trabajaba en mantenimiento y había visto las imágenes de las cámaras.
Shigeo-san había descuidado mucho a su hija por su trabajo, o no le había enseñado a ser más comedida con los hombres. ¿Qué no se daba cuenta que incitaba a las habladurías si se mostraba muy amigable con un jovencito atractivo?
Dicho jovencito, en el ascensor, se llevó la mano a su oreja, cuestionándose si su presión estaba subiendo, porque le ardía.
Yuuki sabía que no resistiría mucho ahí dentro; y empezaba a dudar de las aptitudes de los encargados. Según recordaba, Kotoko no llevaba mucho tiempo allí y ya había pasado dos veces un incidente similar.
Sentado como estaba, volvió a observarla de reojo. Se estaba aburriendo; no quería acabar la batería de su móvil por cualquier cosa. Aparte, nunca se entretenía mucho con él.
Su acompañante, sin embargo, parecía muy concentrada en lo que hacía, no apartando la vista de la pantalla.
—¡Eeeeh! ¡Me harás perder! —profirió Kotoko cuando él colocó el cuaderno entre sus ojos y el móvil.
Ella dejó el teléfono en el suelo y le miró.
—¿Me dejarás verlos? —Yuuki asintió; así, por lo menos, tendría qué hacer; buscaría conocer su opinión. Y, de paso, conviviría más con la mujer en que estaba interesado su hermano.
Kotoko abrió el cuaderno.
Yuuki se dio cuenta que su rostro era muy expresivo, aunque al ver cada dibujo se lo dijo con palabras.
—¡Yuuki-kun! ¡Eres un artista! Y uno muy bueno. ¡Me encantan! ¿Trabajarás en Pandai? ¿Sí? ¡Es estupendo!
Justo entonces el ascensor empezó a ascender de nuevo.
Kotoko, de la emoción porque no había tardado horas, abrazó a Yuuki, que hizo lo mismo.
Y lo primero que vieron en el piso de Naoki, fue a Kotoko en brazos de un castaño.
NA: Esto es por amor a Yuuki.
Lástima que la reacción de Irie abarcaba más párrafos y ya era lo suficientemente largo.
El próximo capítulo estará el lunes.
Besos, Karo.
SofaAcosta: Creo que sus celos nos dan más risa cuando no se porta tan mal con Kotoko, pero igual porque no sabe qué onda con él. A mí me divierte escribirlos ja,ja. Y ya escribí la parte en que aparece Keita por primera vez.
Lilimatte: A mí me encanta cuando ellos se unen por causa de la mamá, como en la luna de miel... Es súper divertido imaginarlos en una causa "noble" como la de cupidos. Aun quedan más momentos de ellos. Y por Naoki, trato de replicar su forma infantil de comportarse cuando tiene celos, y eso que dice que se siente extraño cuando le pasa.
