Capítulo 20


Watanabe temió por la vida del acompañante de Aihara en el ascensor, solo con ver, casi imperceptiblemente, la presión que Irie ponía en su mandíbula cuando este se abrió y mostró a la chica pelirroja abrazando a un joven con mucho afecto. De dicho hombre no se podía ver más que su cabellera, al darle la espalda, pero su altura prometía, pues rebasaba un poco la altura de Aihara.

Ella no le gustaba mucho, menos sabiendo que no tenía verdadera oportunidad con ella, por lo que la imagen no le perturbó, pero debía sentar terriblemente a su amigo encontrarse con Aihara muy efusiva con un hombre que no era él. Sobre todo cuando no tenía nada especial con ella.

Casi se compadeció de Irie, de no pensar más en la persona desconocida, en especial porque las puertas estaban por cerrarse de nuevo y no se separaban.

Finalmente Irie se aclaró la garganta y adelantó su mano para detener la puerta del ascensor.

Eso hizo que Aihara y el joven se desasieran del otro, ocasionando que los ojos de su amigo se abrieran de más.

—¿Yuuki? —preguntó Naoki dejando pasar el shock inicial, como la subida de temperatura en su estómago.

Suspiró y la indignación por la conducta no laboral de Kotoko mitigó. Demostraciones públicas de intimidad como las que imaginaba no podían ser permitidas para la buena imagen de la empresa.

Tratándose de quien era casi familia para ella, sus acciones podían ser no reprendidas. Con Yuuki no tenía es clase de interés. Hasta se sentía tonto por alguna razón.

Sin embargo, esos pensamientos se detuvieron mientras veía a su sonrosado hermano saliendo con rapidez del ascensor, como hacían las personas que querían huir de un peligro inminente.

¿Le temía a estar encerrado o ella le había dicho algo?

Kotoko, por su parte, le sonrió a todos, muchos de los que se alejaron después, y se inclinó para coger el móvil que descansaba en el suelo, sujetando con la otra mano el cuaderno de dibujos de Yuuki, quien se detuvo abruptamente ante los empleados.

—Onii-chan, hola. —Esas palabras de su hermano sirvieron para que la gente restante se desperdigara, y Naoki frunció el ceño al ver a Watanabe alejándose con una carcajada, que no sabía de dónde provenía.

Al menos que no se quedara a comprobar el bienestar de Kotoko significaba que sus imaginaciones pasadas eran infundadas.

—Irie-kun —dijo Kotoko colocándose frente a los dos y él soltó la puerta del ascensor, mirando interrogante a su hermano, que parecía acalorado, apoyando su hipótesis de claustrofobia. —Yuuki-kun, gracias por dejarme ver tus dibujos. Espero que pase rápido el tiempo para que trabajes aquí. —Ella entregó el cuaderno e inclinó la cabeza. —Debo trabajar.

Ella se dio la vuelta y corrió hacia el rumbo de las escaleras de seguridad.

—¡Kotoko-san, espera! —Yuuki se apresuró a donde ella estaba y Naoki deseó saber qué motivo le movía.

El Irie menor esbozó una sonrisa correspondiendo a la que le daba Kotoko, que esperaba por él espiando al mayor, del que estaba emocionada porque era la primera persona ante el ascensor en que estaba atrapada… y no parecía saber que su hermano estaba allí.

Irie-kun se había interesado por ella.

¡Le importaba!

—Kotoko-san, gracias —musitó Yuuki con una reverencia—. Yo… Lamento haber dicho que temer a la oscuridad es de niños y que eres tonta.

Contenta, ella abrazó de nuevo al adolescente, que se alejó tras unos segundos, retornando al lado de su anonadado hermano, en su interior aprobando la elección que éste había hecho.

Ella era diferente, pero le gustaba para su onii-chan.

Así al menos no se sentiría tan mal metiéndose en ese asunto.

Naoki, ajeno a todo esto, tras haber visto el intercambio curioso, se preguntaba qué podría haber pasado entre los dos como para provocar la reacción de Kotoko, y también desde cuándo ambos eran tan cercanos. ¿O es que en un tiempo atrapados en el ascensor ella había esparcido su peculiar encanto?

Porque, ¿desde cuándo su hermano admitía abrazos? ¿Dos veces?

Eso era de lo más raro en el mundo; y de haber sido mayor habría pensado que Yuuki se interesaba por ella.

(Y solo si así fuera, le daría una de esas pláticas paternalistas sobre interesarse en jóvenes de su edad, de preferencia con más intelecto y gustos en común. Así como que no podría estar con una adulta hasta ser mayor de edad, si no quería cárcel… y que si tenía que esperar, en los años de distancia podrían pasar muchas cosas… como en decidirse por hombres de su edad. O que su madre, principalmente, y su familia, podrían oponerse. Yuuki, naturalmente, le escucharía.)

Sonrió de lado e invitó a su hermano a ingresar a su oficina, mientras escuchaba su explicación de que quería mostrarle un par de dibujos nuevos.

Su familiaridad había sido producto de la amistad entre sus padres y porque Kotoko tendía a provocar lo impensable.

—Onii-chan, Kotoko-san me agrada —comentó Yuuki distrayéndose del tema un segundo.

Definitivamente, ella volvía locos a todos.

Pero aun así se encontró asintiendo a su hermano, quien sonrió cuando no lo estaba viendo.

Sí, ella le gustaba.


Kotoko logró cubrir su desliz con la nota en la siguiente ronda de entregas que dio más tarde y así terminó su jornada semanal en Pandai dejando al castaño con desagrado por el escueto contenido del mensaje… aunque suponía que se lo merecía después de botar los otros dos.

De modo que no lo desechó, incluso si no había razón de peso para conservarlo, pues un "buen día, Irie-san", provocaba nada de risa ni era un mensaje bueno.

Se lo preguntó todo el fin de semana, y el lunes, comenzando su rutina diaria, seguía sin obtener una respuesta pertinente al asunto.

Pero perdía importancia porque el pasante presumido estaba de vuelta en el gimnasio.

Como los otros días, el volumen alto con que hablaba perturbaba su rutina; alardeaba de un modo molesto y seguro que no solo a él le fastidiara que hiciese algo como eso. Los otros tres asistentes al gimnasio debían conocer su vida tanto como él; Nakagawa hacía imposible tratar de ignorarlo.

En ese momento presumía de unas vacaciones donde practicó remo en cascada con sus amigos, y Kotoko, por supuesto, parecía maravillada por la hazaña, tanto que ya había alterado su rutina al seguir en la bicicleta estática.

Él, poniendo los ojos en blanco, caminó hacia la que quedaba al costado izquierdo de Kotoko y se subió para empezar a pedalear con un ritmo algo rápido, porque sus piernas le pedían un ejercicio apresurado.

Ella pareció no darse cuenta de su presencia… o por primera vez lo disimuló muy bien.

—¿Y no marea estar en el agua que se mece? —preguntó Kotoko en medio de la plática. Tenía una expresión entre curiosa y confundida.

—No, es como cuando subes en bote; la velocidad no equipara a un barco, el movimiento del agua y la rapidez hacen que te dé mareos y náuseas —explicó su interlocutor sin detener su ejercicio, a diferencia de ella.

—Nunca he subido en bote —repuso ella con un mohín.

—¿De verdad? Tienes que probarlo, es muy agradable. Te gustará, Kotoko-san.

Naoki casi podía predecir el curso de la conversación y solo ella no se daría cuenta que la embaucaban en una cita.

¿Cómo podía ser tan ingenua?

¿O es que acaso ésa era su intención?

Atento a la conversación, el castaño no se daría cuenta que sus piernas pedalearon más rápido.

—¡Eso es! —exclamó Nakagawa. —¿Qué tal si te llevo a hacerlo? Te gustará la experiencia. Pero… aquí en la ciudad no conozco lugar; yo lo hice en otra región.

Naoki, sin embargo, conocía el sitio perfecto y no le molestaría compartirlo.

Kotoko, entretanto, bajó los hombros desanimada por perderse esa experiencia. No había tenido muchas vacaciones por el trabajo de su padre y las clases de verano, así que había disfrutado muy poco.

—Mi madre llevaba a mi hermano al parque Inogashira. —Escuchó a su lado, de parte de Irie-kun.

Lo miró; sorprendida de que estuviera junto a ella, concentrada como estaba en la plática con Taketo-kun. Buscó en su reloj de muñeca y se dio cuenta que él había hecho sus ejercicios muy rápido, pues ella aún tenía cinco minutos de bicicleta.

Debía tener mucha energía esa mañana.

Se emocionó por tenerlo a su lado, reprendiéndose también por haberse despistado ese día. Su razón principal para unirse al gimnasio era convivir con él y en la primera oportunidad, no la aprovechaba.

—¿El parque Inogashira? —le preguntó con una sonrisa y él asintió, informándole cerca de qué estación se encontraba, y cómo llegar al lugar.

—Pues podemos ir, ¿qué te parece este sábado al mediodía, Kotoko-san? —intervino Takendo—. Por cierto, gracias por el dato, Irie-san. No había escuchado hablar de ello.

Celebraba la primera oportunidad de salir con Kotoko.

Ella asintió y buscó el rostro de Irie-kun. —¿Quieres venir también, Irie-kun? Será divertido.

Internamente, Naoki se carcajeó, mientras Takendo gemía de frustración, que disimuló con una sonrisa. El castaño casi se vio tentado de aceptar solo para entretenerse un rato… pero cuando los dos conocieran la leyenda del parque sobre los amantes, el pasante perdería toda su emoción respecto a ella, que insistiría en subir, si es que se enteraba antes de hacerlo.

Podía imaginarla diciendo: "¿Los amantes que suben aquí romperán o nunca estarán juntos? Qué bueno que tú y yo solo somos amigos, Taketo-kun."

Era una leyenda estúpida, que él no creía, aunque otras personas sí.

Haciendo eso, ella podría comenzar a buscarse otro tipo que no lo dejara en ridículo.

O mejor aún, mantenerse alejada de los…

—No —respondió más para acallar sus pensamientos. ¿Qué le importaba si se acercaba a los hombres?

—Podemos vernos en la estación y tú nos guías. ¿Verdad, Taketo-kun? Será mejor.

—Suena como un buen plan, no querremos perdernos —acotó el pelinegro contagiado por la expresión entusiasta de Kotoko. Se resignó a que esa oportunidad romántica sería desaprovechada; pero al final podía sugerir acompañarla a casa y excusarse con hambre para invitarla a comer, y luego pedirle una cita formal, para demostrarle a Matsumoto que atraía a chicas buenas. —¿Qué tal si nos das tu número y quedamos de acuerdo?

Kotoko casi saltó a la posibilidad de tener ese dato de Irie-kun, más cuando lo vio suspirar y asentir en acuerdo. ¡Lo vería también el siguiente sábado!

Por su parte, Naoki se preguntó por qué no fue más tajante con su oposición… a la vez que una inquietante duda empezaba a formarse en su mente.

¿Y Takendo? Él se dio cuenta de cómo pintaban en realidad las cosas.


NA: Alguien tocará el violín, ¿o no?

Ja,ja, ese Irie puede jugar sucio. Yuuki se salvó por poquito de enfrentar su ira.

Ay, pero nada más de imaginar las piernas que conseguirá por pedalear así.

El próximo capítulo estará el jueves. Y les puedo asegurar que les gustará.

Un gran abrazo para ustedes.

Karo.


caro: Ja,ja, el hermano se libra por poco, y pues Naoki ya tendría planeado qué hacer; aprovecharía que Yuuki le hace caso XD