Capítulo 21
El miércoles amaneció nublado.
En la previsión del clima anunciaron que podría llover, si la humedad incrementaba más tarde. Consecuentemente, Noriko salió de casa con impermeable y paraguas en mano, y el equipo protector de su cámara para no dañarlo con el agua.
Era el día de la semana en que iba a recoger las copias de los videos de seguridad del gimnasio en que salían su hijo y futura nuera, que su amigo le proveía porque atraía a mucha gente nueva cada semana, aumentando su popularidad y el dinero en su bolsillo. Se trataba de un trato conveniente para los dos. Ella satisfacía sus "ideas casamenteras" como él le decía, y el otro se beneficiaba por algo inofensivo, pues solo seleccionaba aquellas donde salían los jóvenes.
(No podía hacer nada con Nakagawa, pero confiaba en Irie-san para cuidar ese material.)
Era un acuerdo estrictamente confidencial, por lo que ella asistía en las horas donde nadie podía sospechar de ella; sin embargo, esa mañana Noriko había despertado muy temprano para hacerlo a primera hora y no más tarde, ya que quería ver a Kotoko cuando saliera y saludarla.
Aparte de los mensajes que compartían diariamente, no había tenido la oportunidad de reunirse con ella en más de dos semanas, y la mujer Irie estaba comenzando a sentirse deprimida por no abrazarla como debía. En muy poco tiempo esa jovencita se había ganado un lugar preciado en su corazón y no verla le estaba pasando factura. Además que era la única que recibía sus abrazos.
A la salida del establecimiento se dio cuenta que la lluvia ya caía, por lo que se puso su impermeable y abrió el paraguas para esperar a Kotoko al otro lado, no pasara que su hijo la viera ahí; atraería atención innecesaria si así fuese.
Veía su reloj por segunda ocasión cuando Naoki salió, sin paraguas.
—Onii-chan, desde que vives solo te cuidas menos. —Ahí estaba la prueba de lo importante que era estar bajo el amparo de una madre, ni su muy concienzudo hijo veía por su salud.
Ella arrugó la boca y estuvo a punto de cruzar la calle, pero él accionó su coche estacionado cerca y se detuvo a tiempo.
—Naoki no es tan inconsciente —resolló.
Él entraba al coche en el momento que ella vio a Kotoko, que iba acompañada por el sonriente, entrometido y guapo musculitos.
Solo el joven llevaba un paraguas, mientras que su futura nuera carecía de uno en su mano.
Se llevó la mano a la boca para ocultar su risa al percatarse que Naoki no se iba y su cabeza parecía ladeada hacia los otros dos.
Cerró su paraguas y se acomodó el gorrito del impermeable, a la vez que buscaba su cámara.
Corrió a ocultarse detrás de una caseta telefónica para tomar fotos con el zoom, sin perder detalle de que Kotoko negaba con la cabeza a su compañero.
—Vamos onii-chan, dile que la llevarás a casa —rogó entre dientes Noriko, sin perder la vista de lo ocurría del otro lado.
Era la oportunidad de Naoki de marcar su posición.
La mujer suspiró ante la insistencia del muchacho, que parecía muy caballero.
—No te preocupes, Taketo-kun —decía la pelirroja apenada, del otro lado, agitando sus manos a la altura de su pecho.
—Vivo cerca, toma mi paraguas.
—De verdad que no, cogeré un taxi. Muchas gracias. —Ella inclinó la cabeza dos o tres veces. —Llegarás tarde a tu trabajo y estás en un caso importante. Olvídate de mí.
Pensando que era una indirecta, Takendo perdió su sonrisa. Hiciera lo que hiciera, Kotoko parecía preferir a Irie-san; no obstante, le sorprendía lo poco herido que se sentía y lo más preocupado que se encontraba de un reproche por la tardanza.
Un Infiniti negro se detuvo ante ellos y la ventanilla del copiloto descendió para dejarles ver a Irie en el volante.
Una sonrisa diferente a las que le daba bailó en el rostro de Kotoko y Takendo suspiró.
Kotoko contuvo su excitación escuchando a Irie-kun preguntar si les quedaba de camino a la dirección en que se dirigía.
—No, Irie-san —contestó Takendo con una mirada ceñuda a su muñeca. —Debo irme; o recibiré una reprimenda. Buen día a los dos.
Ella lo vio extrañada por su respuesta abrupta y suspiró.
El castaño hizo una mueca a esa acción, muy imperceptible.
—¿Vas a subir? —Prácticamente espetó Naoki.
Kotoko brincó y tembló internamente, porque no vivía cerca y él descubriría que se había inscrito a un gimnasio lejos de su casa para verlo.
—Yo…
—Te llevaré a casa… mi madre me matará si se entera que estábamos en el mismo sitio y no te auxilié. Sube, que se hace tarde —dijo Irie-kun en un tono que no admitía a réplicas.
Tragando saliva, ella cumplió su orden y se subió muy tiesa al coche de un olor de madera. Estaba nerviosa porque él era un genio y sumaría dos más dos rápidamente.
—Dirección —ordenó Naoki, reprendiéndose por haberse metido en ello.
Mejor habría permitido que Nakagawa le diera su paraguas.
—Puedes llevarme al restaurante de papá, o a un sitio de taxis —musitó Kotoko y él la miró ceñudo.
El corazón de Kotoko estuvo a punto de salir de su pecho e incómoda desvió la mirada.
—Me estás haciendo perder tiempo.
Como si la suerte le sonriera, ella recordó que Satomi vivía por el lugar que dijo él y, además, tenía un duplicado de sus llaves.
Naoki asintió cuando recibió la información y se puso en marcha a aquel sitio. Casi detrás de él, su madre cogía un taxi y pedía que lo siguieran, muy contenta.
Mientras, ya más tranquila, Kotoko se sintió relajada y disfrutó de la comodidad del asiento en que se encontraba, apoyando la cabeza en el respaldo, luchando por no cerrar los ojos con el movimiento que la arrullaba.
Tal vez fue eso, o una coincidencia, pero ella pensó en el hecho de que viviera muy lejos del gimnasio, asociándolo al agotamiento. Con el trabajo, las vueltas, ejercitarse, y madrugar, no estaba el cien… aunque podía fingir muy bien.
¿Estaba bien sacrificar las horas del sueño que amaba, por él?
Ya le había gustado el ejercicio, porque tenía menos accidentes por la energía quemada, y le gustaba más su cuerpo, pero…
—Hemos llegado.
Ella pestañeó y asintió desabrochando el cinturón.
—El sábado no iré —anunció Naoki con evidente mal humor.
Si no hubiese mantenido su concentración en el otro tema, Kotoko habría saltado. En su lugar, se encogió de hombros, haciéndolo fruncir el ceño sin ser visto. —Está bien, le diré a Taketo-kun. Hasta más tarde, Irie-kun.
Él, desconcertado, como perturbado por alguna razón, asintió. La vio bajar de su coche y correr hacia el portal del edificio, sacando un gran juego de llaves, de las que probó dos veces —casi haciéndolo reír—, antes de ingresar.
Naoki tamborileó sus dedos en el volante con un escalofrío al nivel de su estómago, al que dirigió su mirada ceñuda un segundo. Al alzarla y mirar el edificio, alcanzó a ver cómo su madre se acercaba a éste y aprovechaba a entrar cuando uno de sus habitantes salía de él.
Noriko, ya al interior del edificio de apartamentos, caminó encantada hacia la joven parada cerca de la puerta.
—¡Kotoko-chan!
La aludida lanzó un chillido y cayó al suelo de golpe, asustada.
Con una mano en el pecho, elevó el rostro. —¡Oba-san! Hola. Buenos días.
—¿Qué haces aquí? He visto que has bajado del coche de mi hijo. ¿Te has mudado y no me lo has dicho? —preguntó con dramatismo la mayor, sintiéndose herida. Además, se daba cuenta que Kotoko estaba un poco ida.
—¡No, no, oba-san! No vivo aquí. ¿Estaba siguiéndonos?
Noriko hizo un ademán quitándole importancia al asunto.
—Andaba por aquí, vi el coche de Naoki y luego a ti bajando de él, me entró curiosidad —dijo como excusa, apretando el bolso donde tenía su cámara. —¿Y tú qué haces aquí? ¿Has salido del gimnasio y Naoki te trajo por la lluvia? ¿No vives…
Kotoko se sonrojó, combinando con su blusa deportiva roja.
—Este el edificio donde vive una amiga. Mi casa queda lejos; no quería que Irie-kun lo supiera. Tengo que irme o no llegaré a mi hora de entrada a Pandai.
—Lo entiendo, ¡qué lista eres, Kotoko-chan! Te acompaño.
La pelirroja asintió y llegó a la puerta, aceptando el paraguas que le ofrecía la señora Irie, para utilizarlo en el exterior, donde lo abrió.
Naoki, que no se había alejado mucho del edificio, por un extraño presentimiento que le atenazó por el rostro de Kotoko y por ver entrar a su madre al mismo lugar, se incorporó en el asiento de su automóvil, frunciendo el ceño al ver que ambas mujeres salían del edificio —Kotoko con las mismas ropas— y paraban un taxi, al que abordaron con rapidez.
Automáticamente su mano dio a la palanca de cambios, que apretó con fuerza al darse cuenta de lo que iba a hacer, como lo que estaba haciendo.
No las iba a seguir, ya hasta había perdido mucho tiempo allí donde estaba. De modo que hizo andar de nuevo su coche en dirección a su casa, porque no iba a llegar tarde al trabajo.
A pesar de eso, no se quitó la sensación de que algo sospechoso estaba ocurriendo.
Si las hubiera seguido, habría aumentado su atención en el asunto, y las dos mujeres que más tarde apeaban del taxi en donde vivían Kotoko y su padre no podrían estar tan tranquilas, ni riendo.
Pero la primera en dejar de hacerlo fue la menor.
—¿Qué pasa, Kotoko-chan? —preguntó Noriko observando atentamente a la muchacha. —¿Es porque aquí ya no llueve aquí?
Kotoko negó y señaló a un muchacho de cabellos largos y negros dirigiéndose a la casa de Yoshida-san. Él sostenía dos cajas con el aspecto que tenían cuando alguien se mudaba.
—¿Hay algo con él? —quiso saber la mayor sintiendo aprensión. Ella no podía interesarse por otro chico cuando a Naoki le gustaba.
—Yoshida-san nunca tiene vis…
Ambas mujeres gritaron cuando un conductor en moto pasó rápido a su lado, salpicándolas con el agua de un charco en la calle.
—¡Maleducado! —vociferó Noriko enojada, a pesar de no ser afectada por el agua, como Kotoko, quien goteaba y refunfuñaba.
—¿Están bien?
Kotoko y Noriko se dieron la vuelta para encontrarse de frente con el muchacho de cabellos largos, dueño de una voz cálida. Las dos parpadearon y sonrieron ante su expresión amable.
—Hay personas que no deberían conducir —expresó él negando con la cabeza—. Si no viven cerca, puedo buscar unas toallas entre mis pertenencias y conseguir un poco de té para ustedes; no quiero que enfermen.
—Yo estoy bien, mi ropa es impermeable, pero Kotoko-chan no. Gracias, muchacho, vamos a esta casa —señaló con afabilidad Noriko.
—¿Eres familiar de Yoshida-san? —intervino Kotoko.
El muchacho agitó su cabeza y señaló una serie de cajas apiladas en la acera.
—No, estoy mudándome. ¿Entonces seremos vecinos? —Kotoko asintió—. Soy Kamogari Keita, un placer.
—Aihara Kotoko.
—Irie Noriko.
—No sabía que Yoshida-san tenía planes de mudarse.
Keita se encogió de hombros. —El hombre de la inmobiliaria me dijo que la última dueña dejó libre la casa para mudarse con una amiga suya, cerca de la playa. Este sitio era un poco grande para ella, aparentemente.
Kotoko bajó la mirada, entristecida. ¿Cómo no se había dado cuenta que la señora se iba? ¿Es que estaba tan distraída? No se pudo ni despedir de ella. Es cierto que la anciana se pasaba reclamándole sus tropiezos, y no era muy amigable, pero se debía a que su familia nunca le visitaba.
Al menos tenía una amiga cercana con la que iba a vivir.
—Keita-kun, un día de lluvia no es el mejor día para mudarse —comentó Noriko.
Él asintió con expresión compungida. —Hoy no parece un buen día para terminar mi mudanza, pero pronto regresaré a la universidad y pedí permiso en mi trabajo de verano.
Noriko rió, aunque en el fondo estaba dispuesta a conocer más del nuevo vecino de Kotoko-chan, ya que debía estar atenta a un joven viviendo cerca de una chica cuyo padre trabajaba casi todo el tiempo.
—Debes necesitar ayuda. Es una lástima que Kotoko-chan tenga que trabajar, pero yo puedo ayudarte, Keita-kun.
—Sería muy amable, Irie-san, pero no quiero molestarla, usted, como su hija, debe tener obligaciones.
—¡Mi hija! —Ella soltó una risa animada. —Eres encantador, yo más quisiera que lo fuese. Aunque está a punto de ser mi nuera.
—¡Oba-san! —exclamó Kotoko toda sonrojada, volviendo a la realidad.
—¿No es su hija? Yo pensé que el apellido diferente era porque estaba casada… pero te deseo lo mejor en tu próximo matrimonio, Aihara-san. Es muy bueno que tengas amena relación con tu suegra, es de mucha ayuda.
—Kamogari-san, eso no. Oba-san, yo no… Irie-kun y yo…
—Kotoko-chan, él se resiste pero ya lo hará. —Noriko rió emocionada, mas se dio cuenta de la mirada especulativa del muchacho. —Keita-kun, ¿puedes creer que mi hijo le huye al matrimonio y el compromiso? Si no se anima dejará ir a una joya. Ella hasta participó en el comedor comunitario de la universidad, que apoyaba a personas en condiciones lamentables. Si mi hijo no se convence de las bondades del matrimonio, la perderá, aunque la quiera.
Los ojos oscuros de Keita se iluminaron. —El matrimonio es un asunto importante, señora, tal vez su hijo lo está considerando por eso. El matrimonio es cuando dos personas que se quieren se comprometen para estar juntas toda la vida y depositar la confianza en su pareja para enfrentar las dificultades que se pongan en su camino, apoyándose mutuamente y buscando lo mejor para el otro. Una relación que debe sostenerse en el respeto, el afecto y la felicidad compartida.
Kotoko y Noriko lo miraron con idénticas sonrisas conmovidas.
—Lo que has dicho es hermoso, Keita-kun.
El muchacho se mostró abochornado.
—Es un tema que me apasiona, señora.
—Mi hijo necesita un amigo como tú —aseveró Noriko aprobando al muchacho. Si no tuviera a Kotoko en mente para Naoki, le habría aconsejado un chico de corazón bueno como él. —¡Y qué afortunada la chica que se case contigo!
Un sonrojo mayor azoró el rostro de Keita.
—¡Oh! Kotoko, se te hará tarde —recordó Noriko.
—Sí. —Ella inclinó la cabeza. —Mucho gusto, Kamogari-san. Nos estaremos viendo.
—Así es, Aihara-san. Buen día laboral.
Noriko le entregó a Kotoko el almuerzo que preparó. —Lo he hecho especialmente para ti, Kotoko-chan.
—¡Gracias, oba-san! —exclamó la joven abrazándola, antes de ir a su casa.
La mayor sonrió contemplándola y se volvió a Keita, quien tenía una mirada gentil en el rostro.
—Te ayudo —dijo caminando hacia las cajas, escuchando a sus espaldas su suspiro resignado. —Dime, Keita-kun, ¿qué estudias? —cuestionó ocultando una sonrisa taimada.
Hablar de las virtudes del nuevo vecino podía servirle en el futuro.
NA: Ja, ja, el personaje más aclamado ha aparecido.
¡Y es el vecino!
En este capítulo espero que me indiquen si se comprendió todo, porque intervinieron cuatro personas en la primera parte y no quise usar mucho Noriko-Naoki-Takendo-Kotoko.
Por otra parte, ya pueden ver que Kotoko se da cuenta de cosas fuera de lugar con la gran atención que pone a Irie-kun. Y él, con su molestia a que ella no hablara en el camino (pero no lo puse en el capítulo), le salió mal decir que no iría a la "no-cita", pues ella ni se inmutó.
Lo que respecta a la actualización; si puedo publico el sábado, de no ser así quedará para el domingo. :D
Besos, Karo.
Lilimatte: Ja,ja, Yuuki lo amo siempre, y esta vez funcionó para que Irie la pasara mal, cosa que disfrutamos más. Me encanta que tú utilizaste en caso de que acepte. Supones bien. Y ya verás qué pasará :D
