Capítulo 22
El jueves, Kotoko decidió faltar al gimnasio.
No lo hizo especialmente por eso que le perturbaba, ni se quedó dormida. Deliberadamente se ausentó para hacer una comida de agradecimiento a Irie-kun, por el día anterior.
Sus habilidades no eran muy buenas en la cocina, una vergüenza siendo su padre chef, pero se defendía lo suficiente con lo poco que había podido aprender gracias a la ayuda de Kin-chan en el momento en que más lo necesitaba. De no ser así, no se habría atrevido a preparar cualquier cosa para un hombre exigente como Irie-kun, cuando eso era lo mejor que podía hacer para darle las gracias.
Se esmeró en el almuerzo como en el pasado y colocaba unas algas en el arroz, como sonrisas, cuando su padre se asomó en la cocina, frotándose un ojo con una mano y con la otra sosteniendo un zapato.
—Eres tú —dijo él, suspirando aliviado.
—¿Qué pensabas hacer con ese zapato, papá? —preguntó ella con gracia, haciéndolo sonrojar.
—A esta hora no estás aquí, Kotoko —se justificó el mayor, un poco sonrosado y ya más despierto—, había mucho ruido y pensé que habría un ladrón.
Kotoko rió, porque ella habría hecho lo mismo. —Pero esta es una zona no muy opulenta, ningún ladrón querría meterse en las casas de por aquí —razonó para sí, aumentando el rubor de Shigeo, quien se acercó a ella observando su cocina con ojo avizor.
—¿Tendrás tiempo de limpiar?
Ella asintió dando los últimos toques a su almuerzo ante la mirada atenta de su progenitor.
—¿Para quién es? Yo he dejado tu comida preparada anoche —musitó él curioso. —¿Tienes un enamorado en uno de tus trabajos? O… nuestro nuevo vecino, ese que no conozco… y que vive solo… eh, ¿te agradó?
—No. Kagamori-san es amable, pero… Es para Irie-kun —informó Kotoko sin alzar la mirada, sintiendo su rostro calentarse. —Ayer me llevó en su coche a un sitio porque estaba lloviendo, y es mi modo de agradecerlo.
—Muy considerado de su parte, haces bien en demostrarle que apreciaste su gesto. Iri-chan tiene un buen hijo.
Su hija coincidió asintiendo. —Los dos lo son; el otro día me quedé atrapada en el ascensor con Yuuki-kun y pude platicar con él. Al llegar a grande será exitoso como Irie-kun.
Shigeo escuchó la admiración en su voz y contempló el esmero que plasmaba en sus acciones, aunque no había nada en que ella pusiera su objetivo y lo hiciera sin gran determinación y esfuerzo. Sin embargo, le pareció que esa vez excedía a otras ocasiones.
—¿Te interesa Naoki-kun, Kotoko? —cuestionó apoyándose en el respaldo de la silla de cocina.
La aludida se sonrojó de sobremanera, con las manos temblorosas.
—Él… yo… —balbuceó dejando caer la tapa de la caja de obento.
Shigeo suspiró. —Tu reacción me lo dice todo —manifestó encogiendo los hombros. —Es un buen muchacho, y aunque le tenga estima a Kinnosuke, es mejor opción para ti… Una persona más seria.
—¿Te gustaría que estuviera con él, papá? —Kotoko formuló la pregunta con algo de ilusión.
—No te estoy diciendo que lo estés, pero también sería agradable, no voy a mentirte. Es el hijo de mi mejor amigo y así seríamos familia, pero yo no te obligaré a amarlo, quiero que tú seas feliz con la persona que tú escojas, sin importar qué piense yo. Deja que tu corazón te guíe. Solamente espero que esa persona sepa valorarte con tus virtudes y defectos… cuando un hombre lo haga, será el indicado. A ese hombre le daré gustoso mi aprobación y bendición.
Valorar sus virtudes y defectos, repitió Kotoko en su cabeza.
¿Irie-kun lo haría?
Él carraspeó. —Aprovechando que estamos juntos y tenemos tiempo, quería hablar contigo de otra cosa.
—Sí, dime —pidió Kotoko llevando las cosas al fregadero.
—Me inquieta que estés regresando muy tarde. ¿No es suficiente el empleo en Pandai? Y sabes que con mis ganancias del restaurante es suficiente para los dos, no necesitas tener dos empleos. Además, trabajas tanto y ser mesera ni siquiera es lo que te gusta. ¿Qué pasa con la novela que querías escribir? ¿O los niños con los que querías trabajar?
Kotoko quitó el jabón del sartén con una arruga en la frente. Tenía algo de tiempo sin pensar en su novela inconclusa.
—Yo no quiero trabajar con niños, papá. Solo apoyar a Hasegawa-san como hacía antes. Y mi libro… creo que no he tenido inspiración para seguir escribiéndolo.
—Dicen que eso pasa, pero ten en mente esto. No quiero que solo trabajes, tampoco sales con tus amigas.
—Jinko y Satomi están en su último año de la universidad —recordó Kotoko—. Pero lo tendré en cuenta, gracias papá.
—Si no me hubieses dicho que estás interesada en Naoki-kun, hasta te habría recordado que pronto cumplirás veinticuatro y el tiempo se pasa rápido si quieres tener hijos.
Ella se sonrojó de raíz, que solo fue capaz de mover la cabeza de arriba abajo mecánicamente.
—También, si Naoki-kun no te hace caso, no te centres solo en él, hay muchos jóvenes allí afuera. Tu madre no fue la primera mujer de la que me enamoré, pero sí la última.
Kotoko se volvió a él, pensativa, y caminó hacia donde él estaba; su padre tenía una mirada melancólica.
—Papá, ¿nunca has querido volver a…
Los ojos de su padre se iluminaron. —Me lo planteé cuando entraste a la adolescencia y fue muy difícil para ti por no tener una figura femenina… pero no me atreví. Mi corazón solo puede pertenecerle a ella, Kotoko; ninguna otra mujer me podrá dar lo que mi Etsuko me dio; y aunque se fue, me dejó a alguien con quien puedo recordarla cada vez que la veo.
—¿Y si yo me casara? No quiero que vivas solo, de hecho, te querría cerca, pero, ¿no crees que te faltaría alguien para acompañarte?
Ella se refería igual a que estar pendiente suyo le había robado oportunidades.
—No, lo he pensado también. Cuando la tarea de cuidarte sea para tu esposo, me quedará el restaurante. No necesito a otra mujer, ni la quiero.
Kotoko sonrió y los dos se quedaron contemplando la fotografía de Etsuko Aihara en la habitación contigua.
¿Y si Irie-kun era para ella lo que su madre a su padre?
De ser así, nunca podría ser feliz con otra persona, o no podría hacer su vida con alguien más, como pasaba con su padre.
¿Pero si no lo era?
Agitando su cabeza, compuso una sonrisa en su rostro para terminar de alistarse. Todavía no había confesado sus sentimientos y él no la había rechazado, de manera que quedaban esperanzas para ella.
¿Tal vez era tiempo de decirle lo que sentía?
Nueve años era mucho para guardarse sus sentimientos hacia él… Si los confesaba, podía llevarse la sorpresa que él le diera una oportunidad. O que él no sintiera ni solo un poco de interés por ella, a pesar de lo mucho que ella se había acercado a su vida, como aconsejó su madre.
Tenía miedo de que Irie-kun no aceptara, obligándola a rendirse. ¿Qué sería de su vida si eso ocurriera? Una gran parte de ella estaba dedicada a él.
¿Dónde quedaría ella?
Aunque también sería mejor no tenerlo a escondidas y… si él no se interesaba… dar por terminadas sus ilusiones hacia Irie-kun, para buscar a alguien con quien ser feliz.
Incluso si dolía.
Tu madre no fue la primera mujer de la que me enamoré, pero sí la última.
Naoki, que sentía un temblor en su pierna derecha, miraba el reloj de su muñeca tratando de combatir la curiosidad que seguía allí después de una mañana sin Kotoko en el gimnasio.
Por extraño que fuese, hizo lo posible por salir lo más pronto de allí, porque no se sentía cómodo. Lo quisiera o no, ya se había acostumbrado a encontrársela en la semana.
Y, con su inclinación por los accidentes, le pasó por la cabeza que algún percance pudo haber tenido en el camino.
Tenía que admitir que cuando una persona constante, no cumplía con su horario, era curioso.
Solo curioso.
El castaño podría seguir engañándose lo que quisiera, pero cuando llamaron a la puerta de su oficina su pierna terminó su inquietud.
—Adelante.
—Buenos días, Irie-kun —le saludó Kotoko, con apariencia muy saludable.
Él arrugó el entrecejo, porque la pregunta entrometida para zanjar su curiosidad pugnaba por salir de su boca, recordándole la duda de comienzos de semana.
—Esta mañana hay tres sobres. —Naoki le miró las manos que rápido dieron con sus documentos; sonrió irónico al darse cuenta que ya parecía llevar un orden en eso.
Asintió al recibirlos y los colocó en su escritorio. De algún modo, a diferencia de otras veces, no le interesaba mucho abrirlos al primer momento. En su lugar, siguió con sus ojos puestos en ella.
—¿Qué se te ofrece? —preguntó enarcando una ceja, al verla dubitativa, cambiando el peso de un pie a otro.
Recordó que ya no tendía a perderse en las nubes al estar en su oficina y, con sorpresa, asimiló que, el que lo llegara a hacer en ese momento, sería diferente… no tan molesto. Claro que se debía a que le faltó en qué divertirse por la mañana.
Lo que le hizo volver la curiosidad de su ausencia.
Ella aumentó la calidez en su sonrisa.
—Ayer no te di las gracias, Irie-kun. He traído un almuerzo para ti por haberme llevado en tu coche. —La vio inclinarse a la parte baja del carrito, donde había un paquete envuelto en tela morada, al que antes no dio interés.
Pero de algo más se percató y fue que el gimnasio le estaba sirviendo, o su…
Sonó una alarma en su cabeza y se enderezó apretando los dientes. Se trataba de Kotoko Aihara.
Ella colocó el paquete en el escritorio con sumo cuidado.
Intrigado, y para apartar su cabeza del inquietante tema, él deshizo el nudo y abrió la caja de obento, pestañeando al encontrarse una comida llena de caras sonrientes.
—¿Lo cocinaste tú? —No pudo evitar preguntar, sobre todo para corroborar que oji-san no hacía ridiculeces.
Kotoko se sonrojó ante su mirada. —Esta mañana lo he hecho. —Al ver su mirada escéptica, ella continuó—: Aunque parezca para niños, sabe bien. Lo probé. Es solo que me acostumbré a hacerlo así. No soy tan mala en todo, ya no; es una historia curiosa. Mi papá dijo que necesitaba una verdadera motivación para aprender, porque hasta la universidad no sabía cocinar. Todo me salía mal… y como mi papá es chef, no lo necesitaba; pero en la universidad, con mi club, nos acercamos a niños y niñas en orfanatos y les llevamos comidas, por lo que me esforcé en aprender algo. —Ella alzó un puño. —Puse todas mis ganas y aprendí por ellos… Al principio se me quemaba la comida o le agregaba mucha sal, pero fui mejorando hasta hacer algo respetable. Kin-chan fue quien más soportó con mis errores, pero me ayudó bastante… Él se convirtió recientemente en chef, fue aprendiz de mi pa…
—No necesito escuchar de tu vida, Aihara —interrumpió él en forma parca.
Ya había aclarado el asunto de la mañana, y ahora sabía más sobre ese Kinnosuke.
—Es cierto, lo siento, Irie-kun.
Él suspiró y tapó la comida. Casi era coincidencia que ese día no tuviera almuerzo.
—Gracias —expresó a duras penas.
Kotoko volvió a sonreír de modo resplandeciente y bajó la mirada al escritorio para ver cómo lo guardaba en un cajón; por tanto, alcanzó a ver otras cosas.
—A las personas no le gustó mucho ese manga. —Ella apuntó al trabajo que tenía en el escritorio. —Se vendió porque había curiosidad sobre su final, pero no convenció… pocos querrían jugarlo. Probablemente sería…
Ella se cubrió la boca con las dos manos al darse cuenta lo que iba a decir frente a él, que imaginaba casi lo mismo que había pensado.
—Continúa.
—Yo, eh… Un fracaso… solo el que no conozca la historia…
Naoki, que a falta de buenas novedades para el siguiente verano quería optar por ése, resopló.
—Pero sé que cualquier cosa que Irie-kun desee hacer será un éxito —trató de componer Kotoko.
—No sigas —indicó él. —Son trabajos que estoy contemplando.
La pelirroja hizo un mohín, pensando que tal vez podía ayudar a una amiga… él estaba ponderando, ¿no?
—Oh, bueno, este… Sarii-san tenía algo bueno… que Mori-san no consideró importante y…
—¿Sarii-san? —inquirió él.
—Ozawa Sarii-san, de programación. Supe que a ella le gusta hacer trabajos a mano un día que estaba en el comedor dibujando… pero se lo mostró a Mori-san y él le dijo que ella no debía distraerse con eso. Tal vez es porque no sigue la idea tradicionalista e interesaría más a mujeres… no es algo que se vea mucho en Pandai, y no es que sea malo lo que hace la empresa, es muy bue…
—Ya he escuchado suficiente —dijo Naoki.
Ella asintió y cogió el carrito apresurada.
—Ya me voy.
Él la observó salir recargado cómodamente en su silla, preguntándose por qué ella era capaz de sorprenderlo.
Como otras veces, el genio detuvo su pensar antes de meterse "donde no debía" y dirigió una mirada a su cajón, donde estaba el paquete que le había dado la joven mensajera momentos atrás. Nadie más habría podido ver el asomo de una sonrisa de satisfacción en su rostro, antes de ponerse a buscar el nombre Ozawa entre los registros que tenía de la empresa.
¿Por qué ella no cesaba de hacer cosas como ésa?, se cuestionaba.
NA: Que Kotoko cocinara no se lo esperaban, eh.
Digo, si en la historia mejora tantito porque se esfuerza por su Irie-kun, imagino que con una meta muy, muy importante, se pondría las pilas como acostumbra en esos eventos. Y, si echan bien el ojo, se darán cuenta que tiene relación a otra cosa que ya mencioné en otro capítulo.
En fin, saquen sus propias conclusiones respecto al capítulo, y esperen el próximo para el miércoles, que será el paseo en bote :D
Abrazos fuertes, Karo.
Lilimatte: Ja,ja, Keita pone las cosas emocionantes, y tiene la ventaja de vivir justo al lado. A veces los vecinos son peligrosos, más si son como él, que Noriko lo sabe. Ay, qué risa, esa mujer es difícil pero graciosa de escribir, a veces siento que me paso por su atrevimiento… pero quien espía en la luna de miel se merece mi atención. Gracias a ti por comentar :)
caro: Qué bueno. ¿Confundido? No sé a qué aspecto; pero ya sabes que Keita es un buen recurso para Irie, siendo todo lo que él no es… digo.
