Capítulo 23
Independientemente de que Irie-kun no estaría presente en el parque, Kotoko se hallaba expectante por la ocasión, y sonreía recostada en su cama, tan excitada que no podía conciliar el sueño todavía.
Como correspondía con ella, la noche anterior había soñado que él asistía y le enseñaba a remar sosteniendo sus manos entre las suyas, mientras Taketo-kun les filmaba; pero en la mañana había recordado su negativa y había puesto sus ánimos en pasarla bien con su amigo, en especial porque éste parecía estresado con un caso importante y necesitaba distracción.
Se preguntaba cómo alguien lindo y simpático como él no tenía novia; quizá era porque estaba en comienzos de su carrera laboral, que lo mantenía ocupado. O tal vez estaba muy interesado en esa compañera de trabajo—también de universidad—que salía a relucir mucho en sus pláticas, que estaba seguro que le odiaba… y según él compartía el sentimiento.
Pero si lo hacía, la mencionaba mucho.
En casi todas sus conversaciones la tenía en cuenta, que hasta se animó a hacer eso de la cascada por unas vacaciones que ella tuvo y le presumió de lo intrépida que era.
Kotoko consideraba que sería muy lindo que ambos terminaran juntos. Le encantaban esas historias donde el odio y el amor estaban muy entrelazados. Aparte él era agradable, por eso le fascinaba oír los relatos de Taketo-kun, ya que le daba muy buen material para alimentar sus ideales románticos.
(Y con ese afán, no se daba cuenta que su amor se imaginaba otras cosas, pasando por alto la mención de la joven.)
Un suspiro se escapó de su boca. Guardaba la esperanza que la historia tuviera un buen final, como la suya con Irie-kun debía tener.
Agitando su cabeza para no empezar a fantasear a esa hora —cuando ya había pasado su revisión de perfil y era tiempo de dormir—, ella se incorporó al recordar lo que no había hecho antes de acostarse.
Alargó la mano y cogió su móvil de la mesa de noche, que tardó en desbloquearse con su acostumbrada lentitud. Antes de abrir el navegador reparó en que quedaba poco de batería, por lo que gimió y se levantó de la cama para ir a donde tenía su cargador.
Hizo una mueca al ver el cable desgastado, que tuvo que desenredar.
Cuando lo tuvo conectado, buscó el pronóstico del tiempo al día siguiente y sonrió al ver el gran sol y una temperatura agradable.
Realizó una captura de pantalla y presionó el botón para compartirlo en su página.
(En su emoción, la pelirroja no se fijó que el símbolo de la batería cargándose no estaba.)
Mientras su publicación cargaba, en otro lugar de la ciudad, precisamente en el apartamento de Naoki, su dueño tampoco dormía. Algo que sorprendía.
Según él, por algún motivo se sentía intranquilo y se encontraba frente al ordenador, donde se había puesto a revisar lo que tenía de Ozawa Sarii.
Ahora llevaba un rato mirando a la nada, con la mente casi en blanco, de no ser porque estaba poco calmado, y no quería asumir que era porque el día siguiente era sábado.
Solo para distraerse, terminó abriendo su red social y, paradójicamente, una publicación de minutos antes apareció en su muro.
De Kotoko.
Una imagen del pronóstico del tiempo, con una leyenda:
Se siente entusiasmada. - Mañana será un buen día para subirme en bote (emoji sonriente.)
La boca de su estómago se contrajo y él comenzó a darse cuenta que cosas así sucedían en relación a ella, pero vio que un emoji de Nakagawa aparecía como comentario y apretó la mandíbula, orillando a que cerrara todo… sus pensamientos incluidos.
Lo único que le apetecía era dormir hasta muy tarde el día siguiente.
Muy, muy tarde.
Decían que las cosas salían al revés de lo que planeabas, y el castaño lo comprobó el sábado temprano.
Su cuerpo estaba "descansado" —más bien no tenía ganas de permanecer dormido—, y a las siete se había parado de la cama, no quedándole más que hacer que comenzar lo que tenía para ese día. Aunque Naoki no lo admitiera, trataba de mantenerse ocupado para no rumiar en pensamientos ingratos.
Acabando de guardar las compras de su temprana visita al supermercado, su móvil vibró en su bolsillo.
"Nakagawa", leyó, casi tentado a dejarlo sonando.
—Moshi, moshi —atendió con el ceño fruncido.
—Qué alivio, Irie-san.
—¿Por qué llamas? —preguntó tratando de sonar educado.
Su interlocutor suspiró. —Mi superior enfermó y no puede ir a una reunión importante con un cliente difícil al que estamos trabajando, y, como soy el único que conoce bien el caso, tengo que suplirlo. Kotoko-san no atiende el teléfono y me ha dicho que no irías. Sin embargo, ¿podrías hacerme un favor, Irie-san? Iba a encontrarme con ella en la estación, ¿puedes ir y explicarle lo sucedido? No quiero que piense que la he dejado plantada.
Naoki se llevó una mano al puente de la nariz.
Él no era mensajero. Y esa despistada seguramente tenía el teléfono en silencio hasta la noche, si no lo había olvidado.
—De acuerdo —musitó cansinamente.
—Irie-san, gracias, te debo una. Ahora tengo que irme.
Después de su sonido de reconocimiento suyo, el otro colgó.
Vio que el reloj de su pantalla indicaba las once menos cuarto y se encogió de hombros. Le vendría bien que ella se desanimara de Nakagawa al este no presentarse. Con el pasante podría aducir que lo olvidó porque le surgió algo.
Así el lunes ella se mantendría alejada de él y no tendría que escuchar cuando el otro hablara.
Pero también Kotoko estaría desanimada.
¿Cómo sería ella sin estar sonriendo tanto? Bueno, tampoco tenía que llegar a ese extremo, ya que solo era algo que no había probado y lo podría hacer en otra ocasión, cuando hiciera un día igual de bueno.
No es como si ella tuviera gran emoci…
Se sentía entusiasmada.
La noche anterior ella no mencionó a ningún amigo, solo su interés por ir en bote. Eso se traducía a que era algo que realmente quería hacer.
Puso los ojos en blanco de camino a la sala.
¿Acaso tenía una conciencia blanda? A él qué le importaba que ella se quedara abandonada y no hiciera eso que le entusiasmaba. O si lo hacía sola y volcaba, debía saber nadar.
Tampoco juró a Nakagawa que la iría a ver.
Pero a las once en punto se maldijo mientras tomaba su billetera y sus llaves.
Como manera de acallar su conciencia, el joven Irie se decía que solo hallaría a Kotoko y le diría que Nakagawa estaba ocupado, luego daría media vuelta y pasearía un rato por ahí; le dejaría a ella que decidiera si iría al parque.
Mensaje y seguidamente se retiraría.
Ignoraría esa energía que le recorría el cuerpo.
Claro que su inconsciente se oponía a las premisas que su lógica y voluntad pudiera poner, porque cuando el joven vio a la pelirroja en la estación se quedó tieso… casi sin aliento.
¿Tanto hacía el ejercicio por una persona?
Kotoko nunca llevaba mezclilla ajustada a la oficina, ni blusas sin mangas que dejaran a la vista su delgadez y los pechos que sobresalían en su cuerpo, marcados por el escote.
De hecho, vestía muy recatada… y tenía memoria eidética como para no recordarlo.
¿Estaría así por Nakagawa?, pensó Naoki con acritud. Aunque lucía cómoda para subirse en bote… no con sus faldas ni vestidos, ni blusas que le dieran calor, reflexionó él todavía sorprendido de su imagen, que no dejó que el desagrado le ganara.
Casi la estaba mirando con avidez.
Sin sentirse avergonzado.
Muy en el fondo, una voz de alivio tenía presente que era la primera vez que pasaba por eso que leía normal en todos los hombres (y en un estadio muy breve de la secundaria le hizo dudar de su sexualidad), fijándose en el cuerpo de una mujer… incluso si había salido antes con una irreprochable. Yuuko cumplía con todas las características que debía preferir; inteligencia, posición y buena figura.
Y no le provocaba nada.
Pero Aihara Kotoko sí, de entre todas.
Aturdido, Naoki cerró los ojos un momento, suspiró, y se abrió paso hasta llegar a ella, que se giró sorprendida al oír su nombre.
—¡Irie-kun! —exclamó Kotoko asombrada. —¿Qué…
—Nakagawa te ha estado llamando —interrumpió él en tono carente de emoción.
Ella pestañeó antes de buscar en su bolso, apurada. No podía distraerse con él al frente.
—Tengo aquí mi móvil —dijo extrayéndolo. Frunció el ceño al ver que estaba apagado, y trató de encenderlo. —¡Oh, vaya! —musitó con pena—. Mi cargador ya no debe funcionar bien, no tengo batería. ¿Él… tú… qué haces aquí, Irie-kun?
—Tuvo un problema con su trabajo. Vine a comunicarte su mensaje.
Kotoko bajó los hombros y puso cara de decepción. —Gracias, Irie-kun. Tendré que subir en bote otro día.
Él la observó un par de segundos, sin gustarle la manera en que su rostro perdía brillo. Maldijo para sí y se dio media vuelta a la salida del metro, respondiendo a un impulso.
—Sígueme —pidió sobre su hombro.
Vio el momento exacto en que su expresión se iluminaba y sonrió cuando devolvió la vista al frente, para escuchar sus pasos apresurados detrás suyo. Podía imaginarse lo que estaba pensando.
Y no le molestó.
Mientras caminaba, consciente de la presencia a su lado, se encontró a gusto. Ella estaba inusitadamente callada, pero intuía el por qué.
No se equivocaba.
Kotoko brincaba de felicidad en su interior a lo largo del amplio recorrido que tomaron; mirando de reojo el reloj en su muñeca, se daba cuenta que pasaba casi una hora con los dos caminando por ahí —con tiempo de que ella se comprara y comiera un helado—, hasta que Irie-kun se detuvo en el embarcadero.
Observando a su alrededor, sabía que estaba siendo un paseo casi romántico, que habría sido espectacular en primavera, con los árboles repletos de flores de cerezo.
Estaba contenta de que fuese con él y no Taketo-kun, quien se sentiría incómodo a su lado; él era coqueto, como un amigo que tuvo en la universidad, y sus insinuaciones del día en que se conocieron se desvanecerían ante una situación real.
El susodicho, que había concluido su reunión mucho antes de lo esperado, triunfantemente, se acercaba al parque en su bicicleta, que había quedado en el trabajo el día anterior. Deseaba ver si sus sospechas eran ciertas.
…y no importaba que tuviera una carga a cuestas.
—¡Nakagawa! —habló la pelinegra en la parte trasera de la bicicleta—. ¡Te has desviado! Debí haber utilizado el metro y no aceptar tu ofrecimiento en el despacho.
—Solo necesito comprobar algo. Además, tú fuiste quien olvidó su tarjeta de metro y no traía suelto para un billete sencillo. Solo intentaba ser amable con mi compañera de trabajo, aunque ésta siempre pelea conmigo. ¡Si ya lo estás haciendo de nuevo!
—¡Yo no peleo contigo, Nakagawa! Eres tú quien lo hace —replicó la pelinegra y se sostuvo con mayor fuerza del cuerpo de Takendo—. ¿Por qué no habría alguien con automóvil en el despacho y solo uno con bicicleta?
—¿Y así lo agradeces! ¿Por qué tuve que coincidir contigo otra vez?
—Éramos los mejores de la universidad, Nakagawa, no te extrañes —dijo ella con voz extraña para él. —¡El destino se burla de mí! —continuó más normal.
—¡Concuerdo contigo, Matsumoto! —gritó Takendo volviendo el rostro enfadado hacia ella, olvidando que ya estaban en el parque y podía detenerse a mirar el lago buscando a Irie-san y Kotoko, con él robándole a la chica mezquinamente.
—¡Mira al frente, tú…
Fue muy tarde para Takendo el controlar su bicicleta, y los dos jóvenes terminaron en el pasto tras golpear el árbol.
Él reaccionó primero, más acostumbrado a las caídas.
—¡Ayako! —exclamó asustado cerniéndose sobre ella, con la cara adolorida. Preocupado, el joven abogado colocó sus manos en sus mejillas para evitar que se moviera bruscamente. —¿Estás bien? ¡Responde!
Su compañera abrió los ojos y ambos quedaron atrapados en la mirada del otro.
Takendo no recordó que estaba ahí por otra cosa cuando los labios de ambos se encontraron.
Sin embargo, no tendría de qué preocuparse. No muy lejos de ahí, en un bote, Kotoko y Naoki disfrutaban sin percances de la brisa suave que soplaba, aclimatada por el agua.
—Irie-kun, ¿puedo tomar unas fotos con tu móvil y me las envíes a mi número? —preguntó en ese momento Kotoko, extasiada de esa experiencia con el chico, que en su imaginación se trataba de una cita.
Una romántica y bonita cita con el hombre que quería.
El otro tardó unos momentos en observarla, aunque al final terminó introduciendo su mano en el bolsillo de su pantalón, sacando el móvil y colocando la huella para desbloquearlo, antes de tendérselo a ella.
Kotoko tragó saliva y miró el aparato como si fuese una bomba, sin cogerlo. Debió haber esperado algo así.
—Eh… es bonito, un modelo nuevo. —Y caro—. Mejor no, ¿qué pasa si lo rompo? Y… no sabré usarlo.
—No hay diferencias en las funciones de cámara. Te estaré viendo, evitaré que lo dejes caer.
Naoki volvió a colocarse el móvil a la vista, hizo un par de toques y se lo ofreció de nuevo.
—Bueno… —Asintió insegura y tomó el extremo del móvil con mucho cuidado.
Sin saber que estaba bajo la atenta mirada de Irie, ella sonrió y se tomó un par de fotos con el escenario de fondo, para luego proceder a capturar a su alrededor, en el que el agua cristalina se iluminaba por el sol, meciéndose ante las personas en los botes, quienes se hacían notar por una característica común.
—Solo hay familias —observó y él sonrió de lado, haciéndolo parecer más apuesto, mareándola, hasta captar que estaba hablando.
¿Mala suerte para las parejas?
Reaccionó de puro instinto, levantándose.
Irie-kun actuó como un rayo y la cogió de la muñeca, empujándola hacia abajo, haciéndola caer sobre él.
Durante unos momentos, sintiéndose toda sonrojada y en lo más alto del cielo, ella no hizo nada, disfrutando de estar en contacto con su pecho, convencida que el corazón que estaba acelerado y percibía, era el suyo. Esperaba que Irie-kun no lo sintiera porque moriría de vergüenza.
Naoki, por su parte, pensaba para sí mismo que Kotoko se ajustaba perfectamente al espacio entre sus brazos… Como si la medida estuviera hecha para ella.
Era pequeña y olía bien, e inspiraba en él un extraño instinto de…
La apartó porque su respiración y latidos se dispararon, por el peligro de caer, y no quería que ella lo notara.
Sin mirarse, ninguno de los dos habló.
Kotoko, para su propia sorpresa, salió de su pasmo antes y se dio cuenta que estaba en problemas. Él habló de parejas y ella se había alterado.
¿Qué decía? ¿Le declaraba sus sentimientos? ¿O no era el mejor momen… —Tú y yo aquí somos pareja —se le escapó de los labios sin haberlo pensado—, ¿eso significa que…
Naoki soltó una carcajada para disimular su turbación, porque esperaba que confesara sus sentimientos, y que no lo hiciera le inquietaba.
Quería escucharlo.
—¿Acaso no me escuchaste? —preguntó irónico—. Parejas que salen, en el sentido romántico. Y no seas tonta, es una leyenda estúpida. Incluso si saliéramos, una relación no depende de la suerte o las supersticiones. Las relaciones se sostienen de lo que hacen las personas en ellas.
—Eso es, parece cierto —murmuró ella—. ¿Tienes novia?
—¿Me harás un interrogatorio? —masculló Naoki fastidiado, cogiendo su teléfono de las manos de ella—. Sólo te acompaño porque querías hacerlo… toma los remos.
—Eh… ¡Eh! ¿Y si nos caemos por mi culpa?
—¿Sabes nadar?
—Sí.
—Entonces me arriesgo, pero algo me dice que no te atreverías a lanzarme al agua. Sigo siendo superior tuyo y sé de lo que eres capaz.
Eso casi sonó como un halago y ella asintió, animada por su muestra de confianza; así que se hizo con los remos y pasó el mejor momento de su vida, rodeada de un escenario idílico y el hombre del que estaba enamorada.
Él no conversó con ella y solo le dio instrucciones, es más, casi no dejo nada, pero al regresar a la estación Kotoko se sentía maravillosamente, tanto que sonreía iluminando su rostro, cosa que el castaño disfrutó.
Pero tan distraída estaba con eso la chica, que se despidió como en un sueño y cogió la línea que iba a casa sin pasarse por su cabeza que supuestamente vivía en una dirección opuesta.
De tal modo que, viéndola alejarse, Naoki se preguntaba si iría a otro sitio que su casa, como anunció ella, pues tendría que haber tomado su ruta. Tras unos segundos se encogió de hombros sin pensarlo a fondo y suspiró. Más le preocupaba ese hecho porque hubiese recibido su compañía positivamente, ya que quería alargar el tiempo con ella.
Le gustaba.
NA: Ja, ja.
¿Gustar? ¿Gustar?
Por mucho que quisiera poner celos de Naoki viendo a Takendo y Kotoko juntos, me apetecía que su preciada primera cita se respetara.
Actualizaré hasta el domingo, creo. Eso de querer hacerlo los sábados, por ahora no es muy posible.
Besos, Karo.
Lilimatte: Sí, eso de la ausencia de Kotoko fue como cuando el papá se la llevó de casa porque quería que se distanciara de Irie, ja,ja, que hasta a Yuuki afectó porque se iba a meter a la habitación de su hermano. Eres muy perspicaz, estás bien encaminada con el capítulo anterior, nada más faltan unas cosillas para que algo importante pase. No sé con exactitud cómo están los capítulos, pero sí sé qué voy a ir colocando de aquí en adelante. En cuanto a Noriko, quizá de cajón le dan voyeurismo, aunque sea leve. Gracias por tus comentarios. Saludos.
