Capítulo 24


El sentido común le decía al castaño que debía dejar pasar un tiempo en lo tocante a Kotoko, para que se desvaneciera el gusto.

(Se convencía que tenía que ser una de las reacciones naturales a Kotoko, dado que todos parecían sentir agrado por ella.)

Como primera medida —aunque en el orden de implementación quedara en segunda posición—, el lunes dejaría resueltos los asuntos que tenía para la siguiente semana, y se cogería algunos de los días de vacaciones que en todo su tiempo en Pandai no había ocupado.

Sería demencial, casi como ese gusto que tenía por la hija de Shigeo-san; ese que de a poco se iría. Pero era algo que necesitaba, pues le haría bien. Y así no haría nada para orillar algo entre ambos.

No obstante, mientras le gustara, Naoki no iba a permitir que otra persona se acercara demasiado a ella, porque con el título de la chica que le gustaba, venía acompañado de cierta exclusividad hacia él, o al menos eso era lo que retorcidamente imaginaba el genio, con sentimientos tan extraños por primera vez.

Lo que era suyo, lo cuidaba.

Igual argumentaba que verla con otros traería esas sensaciones desagradables y harían que el gusto por ella se mantuviera ahí.

En consecuencia, su segunda medida para ese lunes —y primera a realizar— era hablar con Nakagawa y dejarle claro que a Kotoko le gustaba él, y que hiciera lo que hiciera para atraerle, no iba a funcionar.

Eso era lo que haría cualquiera, ¿no?

Mas Naoki esperaría al término de la hora de ejercicio y no a su comienzo, aunque se moría de ganas por irrumpir el saludo de Kotoko y el tipo, al otro lado de la sala. Tal vez debía hablar con Yamato-sempai para que le cambiara su rutina y pudiera controlarlos más de cerca. Le respaldaba la idea que ese día ellos parecían hablar entre susurros.

También eso extrañaba a la pelirroja, que miraba atentamente a su amigo.

—¿Por qué no estás calentando y pareces nervioso, Taketo-kun? —preguntó ella juntando las cejas. —¿Estás enfermo?

—No, eh, yo, no. Espero a mi… Ayako, mi novia. Iba a inscribirse…

—¿Tu novia? —Ella se cubrió la boca asombrada. —¿Harán ejercicio juntos? ¿Desde cuándo tienes novia?

—Desde el sábado… que, discúlpame por no ir, el trabajo…

—No importa —contestó Kotoko con una risilla—, ¿y tu compañera del despacho? —cuestionó entrometida.

Él se sonrojó y desvió la mirada hacia la puerta, por donde justamente entraba la aludida acompañada del instructor, quien parecía encantado con ella.

—Es Ayako —articuló Takendo cruzándose de brazos, celoso.

Pero la chica se dirigió hacia ellos sin tener preferencia por el instructor.

—Takendo, ¿qué estás haciendo? ¿Y tu entrenamiento?

—Estaba esperándote, pero tú pareces feliz con Ryu-sempai —replicó Takendo molesto, para luego abrir la boca de asombro al darse cuenta lo que había dicho.

Kotoko rió, ya que por oba-san sabía que el instructor era homosexual. El susodicho reprimió una sonrisa.

—Y tú con, ¿quién es esta chica? —inquirió ceñuda la novia de Taketo-kun.

—Soy Kotoko, Aihara Kotoko. Mucho gusto novia de Taketo-kun..

Eso debió gustar a la pelinegra. —Matsumoto Ayako.

Ambas se dieron sus respectivas reverencias.

Kotoko entonces se emocionó con una idea. —Ryu-sempai… ¿cree que pueda cambiar mi rutina para que ellos dos estén juntos… y yo, eh, ah…

—Por la zona de pesos —completó Taketo-kun guiñándole un ojo.

Ella se sonrojó de sobremanera, boquiabierta. Ayako, intrigada, miró hacia esa dirección.

—¿Irie-san? —pronunció tras unos segundos y soltó una carcajada. —Vas a necesitar suerte.

—¿Lo conoces? —preguntaron Kotoko y Takendo en unísono, él molesto.

—Fue compañero universitario de mi hermana mayor y pareja deportiva, tienen su historia… pero él es tan inalcanzable como la luna, Aihara.

La aludida reprimió un suspiro de desánimo. Si su hermana se parecía en apariencia a la novia de Taketo-kun, y a eso agregaba su inteligencia superior por estudiar en Todai, y de todas maneras no lo atrajo, pues no tenía muchas esperanzas al ser del montón.

¿Y si oba-san estaba equivocada?

El instructor, que sabía más que los demás, se aclaró la garganta.

—Continúa tus calentamientos allá, Aihara, mientras trabajo con Matsumoto.

—Sí.

Con una cara de sufrimiento por el comentario de Matsumoto-san, Kotoko caminó hacia Naoki, quien sostenía en su mano izquierda una mancuerna, a la que se quedó viendo cuando notó que ella se dirigía en su dirección, hasta detenerse a un metro de él. Había visto la llegada de Ayako y tenía dudas, pero le importó muy poco al reconocer los resultados.

—¿Te han cambiado? —preguntó a Kotoko con una indiferencia fingida enmascarada de burla.

Ella, al ver que él le hablaba allí, como pocas veces, olvidó su pesimismo y recordó que era persistente. Además, no era nada nuevo que Irie-kun fuese un prospecto difícil.

—¿Cambiado? ¿Te refieres a Taketo-kun? No, yo quise dejarlos solos. Es su novia. ¿No es genial? —dijo con una sonrisa—. Su historia terminó bien, como yo esperaba.

Él no respondió y lo vio continuar su ejercicio con cara de concentración, sin saber que Naoki decidía que podía respirar tranquilo al no haber nadie más interesado en ella.

—A todo esto, gracias por enviarme las fotos.

Únicamente obtuvo un asentimiento desinteresado, otra vez sin interrumpirse su ejercicio.

Por esa pasión ella se dio cuenta por qué él tenía una figura atlética.

Kotoko suspiró, admirada porque la cercanía lo hacía ver mucho mejor. Finalmente se cumplía su objetivo en…

—¡Aihara, el calentamiento! —le recordó el instructor a lo lejos, acabando su fantasía.

Sobresaltada y apurada, no escuchó la breve risa en que escapaba de la boca de Naoki.


Esa misma tarde, en la casa de los Irie, Shigeki y Yuuki miraban a Noriko inusitadamente callada.

Shigeki había comunicado la intención de Naoki de tomarse unos días de vacaciones, algo sorpresivo para los tres, pero su esposa se había quedado en silencio, sin expresiones en el rostro.

No se imaginaban que Noriko sospechaba de las acciones de su hijo. Su hipótesis principal era que Naoki estaba huyendo, aunque bien podía ser que estuviera agobiado de trabajar sin parar, pero no podía ser porque no le costaba hacer las cosas; pensaba en la huida, o más bien el alejamiento, pues, porque lo conocía. En el pasado, tras haber ocurrido el incidente de la escuela con su sexo, él se había distanciado porque le afectaba… le perturbaba.

Tanto fue que se distanció, que tuvo la oportunidad de guardarse para sí y convertirse en lo que era en la actualidad, un hombre impasible.

Y si ahora se alejaba, conseguiría borrar los avances de Kotoko-chan.

No podía dejar que pasara.

¿Cómo se iba a tomar quince días de vacaciones precisamente ahora?

Si quería descanso, que se olvidara de su rutina por completo e hiciera las cosas de modo más natural, y así se quitaría presión de la cabeza. Además, dejando entrar a Kotoko-chan a su corazón y dando cabida a los sentimientos, se sentiría mejor que viviendo del modo en que lo hacía. ¿Qué no veía que ella llevaba emociones a su vida y era una muchachita tan dulce que no le haría daño, como debía temer?

Sabía perfectamente que Naoki, como todas las personas —o más ahínco—, guardaba su corazón para no ser lastimado y repetir el dolor de antes. Pero Kotoko-chan era tan buena que no debía temer en ello, era la persona más idónea para el papel, ninguna otra mujer le protegería ni le daría un amor noble… Kotoko-chan llevaba años enamorada de él sin ser vista y no había dejado de estarlo.

En su necedad, la perdería.

—¡No si estoy yo para evitarlo! —gritó, haciendo que su marido e hijo brincaran en el sillón.

—¿Mamá? —preguntó Shigeki.

—El domingo invitaremos a onii-chan y Kotoko-chan a almorzar al restaurante de Aihara-san —explicó ella aplaudiendo emocionada. —Los citaremos una hora antes. Sí. O…

—Sería muy obvio si no nos presentamos —intervino Yuuki con tono irónico, adelantándose a su idea.

—Es cierto —terció Shigeki.

Noriko se llevó el dorso de la mano a la frente y se desplomó en el sillón. Su esposo, con presteza, le sujetó la muñeca, llamándola.

—Eso no funcionará —dijo su hijo, resoplando.

Ella abrió los ojos y se recompuso. —Solo practico por si se presenta la oportunidad. —Los ojos de ambos la miraron entre rendijas. —No me hagan caso. —Rió con elocuencia. —Una hora más tarde bastará; tú, Yuuki, le mandarás el mensaje preguntando, o llámale. Cítale a la una y llegaremos a las dos. El domingo diré que me equivoqué con la hora.

—Onii-chan preguntará por qué le invito yo —arguyó Yuuki, temiendo que su hermano sumara dos y dos. Su madre lo miró con una ceja alzada. —Pero me excusaré diciendo que mamá sabía que se negaría a la invitación —completó casi divertido.

—Así me gusta, Yuuki. Listo como tu madre.

—¡Mamá! —se indignó su padre.

Yuuki suspiró y buscó su móvil.


Con la llegada del martes, la preocupación se hizo hueco en Kotoko a primera hora.

Irie-kun había faltado al gimnasio.

El día anterior lo recordaba bien, aunque muy ocupado cuando dejó sus mensajes, que apenas la miró, y la sensación de que su cambio de rutina tenía que ver con ella no le abandonó mientras hacía su ejercicio, fallando numerosas veces a lo largo de este.

¿Le molestaría la cercanía con él y había decidido dejar de asistir, o hacerlo a hora diferente?

Sentía el corazón contraído por esa posibilidad, que tenía un significado aterrador, y era que tenerla cerca e interesada en lo que hacía le molestaba, contrario a las palabras de oba-san. Tal vez trataba de decírselo sin palabras, más cuando la semana anterior se había entrometido en su trabajo y el sábado se había visto obligado a acompañarla en el parque, además de darle comida.

¿Sería su modo de comunicarle que no la quería cerca y que debía dejarlo libre?, se preguntó dolida, ya en Pandai, donde automáticamente entró al ascensor sin detenerse a esperar que el castaño llegara.

Así, cabizbaja, no se dio cuenta de que Shigeki, con su secretario, iban en el elevador.

—Kotoko-chan, buenos días —la saludó el padre de Naoki, frunciendo el ceño al terminar—, ¿te encuentras bien?

—¿Eh? ¿Oji-san? —exclamó ella elevando el rostro. Sonrió rápido y le dio una reverencia. —Buenos días.

El compañero de Shigeki le ofreció un asentimiento.

—¿Y? —preguntó el dueño de Pandai, alzando sus cejas.

—Sí, sí, eh, ¿cuál fue la pregunta? —musitó Kotoko distraída.

—¿Te encuentras bien?

Ella asintió. —Sí, no estoy enferma, ni nada, no afectará mi trabajo.

—Descuida, Kotoko-chan, sé que siempre haces un buen trabajo. Es un alivio saber que no estás enferma. Podré estar sin Naoki, pero tu presencia es mejor.

—¿Sin Irie-kun? ¿Él ya no… va a trabajar aquí? —pronunció Kotoko con temor, cuando sonaba el timbre de su piso, dos antes que el de oji-san.

—No, no. Para nada. Solo vacaciones. Al fin se las toma. Anda, que las puertas se cierran.

—Sí, eh, sí. Hasta luego —dijo Kotoko sorprendida, saliendo a trompicones.

Al quedarse parada frente al ascensor le dio mil vueltas a las palabras del mejor amigo de su padre.

—No fue por mí —murmuró formando una tenue sonrisa en su rostro, rodeando su cuerpo a la altura de su estómago, donde recuperaba la calma.

Tanta era su alegría que, mientras caminaba a su casilla, le parecía escuchar una de sus canciones favoritas en sus oídos, animándola. No estaba siendo rechazada por el hombre del que estaba enamorada, únicamente él estaba tomándose un merecido tiempo libre.

—¿Kotoko-san? —la llamó Hiroaki-san, su compañero en entregas, sacándola de sus ensoñaciones.

—Hiroaki-san, buenos días —musitó sintiendo que todavía sonaba la música en su cabeza. —¡Si pareces más sonriente! ¡Te confesaste y aceptó!

—Tu teléfono —respondió él señalando su bolso, sin disimular su sonrojo.

Ella saltó y abrió su bolso cuando su móvil terminaba de sonar, así que lo dejó estar unos momentos, mirándolo expectante.

—Me dijo que sí; gracias por darme ánimos, Kotoko-san. Sin tus palabras y tu confianza, no me habría atrevido. Te debo una, cuando quieras.

Al tiempo que Kotoko asentía, su teléfono sonó de nuevo.

De ahí su canción.

—Disculpa.

—No te olvides de silenciarlo después —recordó el becario alejándose.

Asintiendo otra vez, ella atendió a Satomi, que le marcaba muy temprano pese a seguir en vacaciones y tener trabajo de tarde.

—Kotoko, espero que todavía no sea tu hora de entrada —su amiga sonaba extrañamente seria—, pero no te haré perder mucho tiempo, seré rápida. Yo… Jinko dice que está bien por ella… y han pasado semanas desde la última vez… ¿crees que el domingo podamos vernos? Y… yo… necesito hablar con ustedes.

—¿El domingo? Sí, ¿te pasa algo? Te escucho rara.

—Una mala mañana, eso es todo. Aunque, ya después… ¿A las diez en mi piso te vale?

—Sí, ahí nos vemos, Satomi.

—Perfecto —escuchó una exhalación—, tengo que irme.

—Nos… —Su amiga cortó sin despedirse y miró ceñuda el aparato antes de ponerlo en silencio.

Le entraron las dudas de lo que pasara con Satomi, quien siempre sonaba más animada. Realmente debía tener una pésima mañana para incluso no despedirse, pues era quien más tardaba hablando por el teléfono, y bien que lo sufrían Jinko y ella cuando en medio de una salida de chicas Ryo le llamaba.

Se preocupó porque hubiese terminado con él y por eso sonara así; se parecía al estado de tres años atrás, en Navidad, al creer que no pasarían la fecha juntos.

Kotoko supuso que hasta el domingo se enteraría bien qué pasaba, pues su página social no sería de mucha ayuda.

Y mientras cavilaba al respecto, la pelirroja no sabía que arruinaría los planes de Noriko, quien trataría de invitarla más tarde y sería lamentablemente declinada.


NA: Pues no sé Naoki, si te gusta y no la quieres contigo, déjala volar.

Bueno, esto del alejamiento de Irie-kun es como cuando se mudó, pero en este caso no va al autodescubrimiento. ¿O sí?

Ahora, antes de irme; tengo la mala noticia de que no puedo asegurar la siguiente actualización, pues tengo un proyecto en el que tengo que poner toda mi atención y tendré un par de semanas para eso. Con ánimos piensen que al regresar estará más cerca la publicación de una historia nueva, corta, de la que tengo una parte escrita.

Besos, abrazos y más besos, Karo.


DaCa: Eres muy linda. A mí tu comentario me causó felicidad je, je. Imagino que el enojo va para Naoki; digo, es constante que a mí me pase, aunque a veces también lo dirijo a Kotoko... que conste que Naoki no es exclusivo para fastidiarme. Y ya que estamos con él, bueno, no puedo evitar ponerle esa parte humana de apreciar el cuerpo de alguien más, y sobre todo de la mujer que le gusta, si hasta Kotoko, inocente, lo ha hecho. Qué bueno que te alegres que sabe más de sus sentimientos, pero eso seguirá dando batalla; mi idea de él es resistirse un poco... aunque le falta eso de que lo presione la madre para estar con ella. En cuanto a la relación de Takendo, pues en este caso era más leve su interés, porque Ayako llegó primero a su vida, no como en la historia original, que la vio a partir del revuelo que causó después de su carta. No te preocupes por los reviews, pero me alegra que sigas leyendo.

caro: Ay, es muy difícil que no se hiciera de rogar, pero hemos de darle el beneficio de la duda. Un gusto que la salida te agradara, con los extras que puse.