Capítulo 25


A Naoki, el quiebre de su rutina no le estaba pasando factura como habría pensado anteriormente. Las horas de su trabajo las llenaba con lecturas, aunque tenía que admitir que echaba en falta otra cosa.

Y en momentos de debilidad —tres al día viernes, sin contar ese momento— había buscado la foto que quedó guardada en sus archivos del teléfono… esa del día en el parque, donde Kotoko se había hecho una famosa selfie.

No encontraba palabras para describir lo patético y despreciable que se sentía haciendo precisamente eso, porque el plan era alejarse, y le molestaba.

En el pasado, no tomaba vacaciones, ni tiempo libre, porque se sometía a esos momentos de reflexión que le causaban problemáticos sentimientos y pensamientos, pero esa semana no se había puesto a ello, más perturbado por una joven que no conseguía sacarse de la cabeza. Era como si desde ese día en que recibió una invitación de amistad una maldición se hubiese impuesto a él, que le hacía ser más consciente de ella de lo que ya había estado antes.

Con su continua torpeza, era imposible que pasara desapercibida. Desde el primer momento en que se unió a la plantilla de Pandai, sabía que estaba ahí, sus días pacíficos habían terminado entonces.

Sin embargo, le había hecho poco caso hasta que ella quiso ser su amigo

O hasta que su madre la conoció, pensó ceñudo.

Era demasiada casualidad; aunque estaba siendo paranoico al respecto.

En actitud sospechosa, solo porque debía de comprobar en última instancia, salió de su galería de imágenes y se propuso a llamar a Yuuki, quien, en la sala de estar de su casa, contestó extrañado.

Al decir "onii-chan", sus padres lo miraron con asombro. Ciertamente, Naoki casi nunca llamaba.

—¿Ocurre algo? —preguntó Yuuki juntando sus cejas.

—¿Mamá quiere que coma con ustedes el domingo porque estará Kotoko? —Naoki fue al grano, como siempre.

—¿Qué?

Noriko hizo una señal a Yuuki para que colocara el altavoz, pero su hijo, con mirada nerviosa, negó.

—Kotoko-san no estará en nuestra comida, onii-chan —musitó calmadamente, pues decía la verdad. —Pero supongo que la veremos porque es el restaurante de oji-san. Eh… ¿quieres verla? —investigó con un poco de temor, accionado por su madre, que le hacía caras.

(Y también tenía curiosidad.)

—Si mamá tiene ideas casamenteras con… —respondió Naoki ignorando la pregunta—. No, olvídalo, ella las tiene con todas las mujeres que conoce. Gracias; nos vemos el domingo.

Con la línea muda, Yuuki parpadeó y sonrió para sí, dándose cuenta que ella estaba cambiando a su hermano para bien, haciendo que actuara diferente a lo acostumbrado. Le habría gustado que los dos pudieran verse a solas el domingo, como el alocado plan inicial de su progenitora, arruinado por Kotoko-san.

Tal vez, en una ocasión íntima, sin aparente presión, su hermano se habría animado.

Perdió su sonrisa al fijarse en la mirada inquisitiva de su madre.

—Ya sospecha —anunció, haciendo que los tres intercambiaran expresiones de alarma.

Ignorante de lo que suscitaba, Naoki dejó el móvil en su mesa, inquieto por haber respondido afirmativamente en su cabeza a la pregunta de su hermano.

Pero podía soportar sin verla en persona, pues no era una necesidad imperiosa.

No obstante, teniendo la oportunidad de verla sin ser quien la buscara, no iba a desaprovecharla.


La reunión con sus amigas había dejado para Kotoko la noticia de que sería tía.

A pesar de que las cosas no estaban del todo bien para Satomi, en especial por su suegra, la futura llegada de un bebé le causaba emoción. Ella ofrecería todo su apoyo para su mejor amiga, que sí quería ser madre y tenía un novio dispuesto a ser padre.

—Leeremos revistas contigo —sentenció, cuando estaban por llegar al restaurante de su padre para almorzar. Habían decidido ir allí, sobre todo al decidir que debía cuidar su alimentación.

—Amigas, ¡gracias! —exclamó Satomi, con ojos acuosos.

—¡Ya sé! —Saltó Kotoko. —Mi vecino del 213 estudia enfermería. Es muy simpático e inteligente, podré preguntarle algunas cosas.

—Estupendo, Kotoko —celebró Jinko.

—¿Y Yoshida-san? —Kotoko se detuvo ante el restaurante, bajando la cabeza con tristeza. El momento coincidió con la llegada de Naoki, quien notó su presencia y ralentizó el paso hacia la puerta.

—Ella se ha mudado cerca de la playa. Ayer que charlaba con Kagamori-kun él dijo que preguntaría con el agente si podía conseguir su teléfono para mí. No me pude despedir de ella.

—¡Qué chico tan más amable tu vecino!

—Y dinos, además de inteligente, ¿es guapo? — Naoki colocó una mano en la puerta, sin abrir, esperando la respuesta a la pregunta hecha por la pelinegra.

—Es tres años menor que yo.

—Pero… ¿es guapo? —Justo en aquel momento la puerta fue jalada desde dentro, y el castaño se vio obligado a entrar al local, perdiéndose lo que Kotoko tuviera que decir. En su lugar, tuvo que buscar a su familia, a quien encontró en un apartado; se dirigió a ellos tratando de aligerar su molestia, para que no se dieran cuenta del desagrado que sentía por no saber qué opinión tenía de ese muchacho que vivía junto a ella.

Entretanto, la joven, con sus amigas, elevaba su cabeza con el ceño fruncido tratando de pensar en el muchacho universitario.

—No lo sé, supongo, lo veo como a cualquier amigo —contestó Kotoko encogiendo los hombros, adelantándose a la puerta. Esperaba que no surgieran con el tema de qué clase de chicos le gustaban, porque su enamoramiento era un secreto que guardaba celosamente. Sabía que le dirían que estaba muy fuera de su alcance.

—¡Kotoko, dinos! —replicó Satomi, llamando la atención de quien atendía la barra, sin que ellas se dieran cuenta.

—Eso no importa, no tiene que ver con el bebé.

—¿BEBÉ! ¡KOTOKO! ¿TÚ!

Las tres amigas miraron alarmadas a Kin-chan, que había llegado a ellas desapercibido y con su grito había atraído la atención de los comensales, en especial de los Irie, tanto de los empleados de Shigeo.

El dueño del restaurante se quedó congelado en la cocina, con el cuchillo al aire.

Naoki, por su parte, al escuchar Kotoko y bebé sintió como si le hubiesen golpeado el estómago, mientras su cabeza se llenaba de zumbidos.

—¡Kinnosuke! —Christine fue la primera en reaccionar y corrió a la entrada, dando un puntapié a su novio, mismo que hizo reaccionar a Kotoko, cuyo rostro empezó a tornarse escarlata.

—¡NO! —exclamó y cogió a su amigo del brazo, llevándolo a la cocina, seguido de las tres chicas.

(Y una sudorosa Noriko dispuesta a escuchar tras la puerta.)

Todos los comensales les siguieron con la mirada, en especial el par de ojos pertenecientes al genio, que apretaba la carta del restaurante con mucha fuerza.


Al llegar a la cocina, Kotoko y los demás se detuvieron en seco al encontrarse con su padre, que sostenía un cuchillo carnicero a diez centímetros de la plancha, con la expresión de alguien que hubiese visto a un fantasma.

—¡Ya ves lo que haces, Kin-chan! —protestó Kotoko, acercándose a su padre. —Papá, no estoy esperando ningún bebé.

Shigeo soltó un suspiro de alivio.

—¿De verdad? ¿No lo dices solo porque yo…

—No, Aihara-san, ella no está esperando un bebé; pero, yo… sí —intervino Satomi, sonrojada.

El otro chef soltó un largo suspiro. —¡Qué bueno! Tú tienes novio, y Kotoko no.

—¡Eso no te daba derecho a informarle a todo el restaurante! —gritaron Kotoko y Chris a la vez.

—¡Ni a meterte en conversaciones ajenas! —agregó Jinko, con un puño amenazante.

—¡Lo siento! Me dejé llevar.

Satomi suspiró. Iba a decirles, pero con más discreción.

Kotoko puso una mano en su hombro. —Queríamos preguntar si sabían de menús para embarazadas.

Shigeo asintió tras unos segundos. —Aprendí con tu madre. Lleva a tus amigas a una mesa, y tú, Kinnosuke, no grites en mi restaurante.

—¡Sí, jefe!

—Y ahora te encargarás de estos platillos mientras atiendo a mis amigos.

—¡Sí!

—No sé cómo sigues con él, Chris —masculló Jinko, precediendo a las demás a la salida.

Kotoko y Satomi rieron por los reclamos de la pareja, perdiéndose la retirada de Noriko, que regresó a su mesa sonriente, en especial porque su hijo mayor parecía como si necesitara cualquier cosa para explotar.

Ya sentada, agitó su mano. —¡Kotoko-chan! ¡Ven, siéntense con nosotros!

La aludida brincó asombrada y sonrió alegremente, adelantándose a sus amigas.

—Oba-san, oji-san, Irie-kun, Yuuki-kun, hola. Bienvenidos a Shige —saludó jovialmente, sin atreverse a mirar a su enamorado.

—Me complace que aceptaran mi invitación, Iri-chan —intervino su padre, llegando junto a sus amigas.

—Es nuestro placer, Ai-chan —dijo Shigeki, sonriendo.

—¿Son las amigas de Kotoko-chan? —habló Noriko—. ¿Satomi y Jinko? Nosotros somos los Irie, amigos cercanos de Aihara-san, y adoramos a Kotoko-chan.

Ambas chicas se inclinaron respetuosamente y se presentaron a los demás.

—Mucho gusto, Irie-san, y familia… ¡Irie Naoki-san! —dijeron en unísono al ver al susodicho y se voltearon a Kotoko. —¿Eres amiga del genio de la preparatoria!

Roja como tomate, ella abrió la boca para responder.

—Somos conocidos —se adelantó Naoki en tono glacial, ocasionando un escalofrío en los presentes. Él se hallaba enfadado con la mirada puesta en el vientre de Kotoko, repitiendo en su mente la palabra "bebé".

Kotoko sintió su corazón resquebrajarse y se mordió el labio inferior con la mirada perdida, lo cual solo no fue percibido por Shigeki y Jinko.

Naoki se limitó a desviar la vista a la carta, consciente del escrutinio de Yuuki.

—Onii-chan, eres un grosero —reprendió Noriko entre malhumorada y satisfecha. Su hijo claramente estaba celoso, aunque eso no le daba derecho a portarse mal.

Shigeo, conocedor de los sentimientos de su hija, carraspeó, al tiempo que Kotoko tomaba la palabra. —Oba-san, él dice la verdad, nuestras familias son cercanas, pero eso no nos hace amigos —expresó con el mayor ápice de dignidad que podía juntar, haciendo que su padre sonriera.

—Y nosotras fuimos maleducadas al referirnos así a Irie-san, señora —acotó Satomi. —Lo sentimos, Irie-san.

El aludido se encogió de hombros, ocasionando que su madre quisiera saltar y jalarle la oreja.

Shigeki, moviéndose incómodo, rió falsamente. —Nao mantiene las distancias aun cuando no está trabajando. Él es muy serio en el trabajo y no procura hacer amistades con los empleados, por eso no se permite ser amigo de Kotoko-chan, la ve como su compañera de trabajo.

Al ver que iba a agregar algo —posiblemente hiriente—, Yuuki golpeó el muslo de su hermano, poniendo su decepción en ello. Naoki, con ojos agudos, enarcó una ceja.

—Eso lo explica —manifestó Jinko, que veía al suelo y alcanzó a ver el intercambio entre los hermanos. —Pero, Irie-san, no podemos comer con ustedes; hoy nos reunimos desde hace un tiempo y tenemos muchas cosas que platicar.

—Disculpe, oba-san.

—Sí, Irie-san, y no queremos interrumpirlos —completó Satomi.

—Le diré a Chris que las atienda y esperen un poco por sus platillos, yo mismo me encargaré de ese especial por el que preguntaron —informó Shigeo, agradeciendo que el momento cáustico terminara. Sabía del interés de su hija, pero se daba cuenta que no era correspondida, y no podía hacer nada.

Las tres asintieron, yendo a su mesa habitual, que quedaba paralela a la ubicación de los Irie.

—Debería darte vergüenza, onii-chan —reprochó la mujer, lanzando dagas a su hijo por portarse mal. —Vivir solo te afecta.

—Noriko-san, no lo tengas en cuenta. Está bien. —Shigeo se rascó la nuca, abochornado ante la idea de causar problemas en la familia de Iri-chan. —Y… ¿ya han decidido?

Los otros negaron con presteza y rápido atendieron sus menús.

Shigeo esperó un poco más, tratando de no suspirar por ver perdidas sus pocas esperanzas de que Kotoko y Naoki-kun estuviesen juntos.

Lamentaba que el hijo de su mejor amigo no se llevara bien con su hija, que además se sentía atraída por él, pero los sentimientos nunca debían forzarse. Naoki-kun era un buen muchacho, simplemente no tenía interés alguno en su hija; era algo que debía respetar, después de todo Kotoko era especial, muy opuesta a él, de manera que sus rumbos estaban separados.

Por su modo de responder; sí, había sido tajante, y bien podía deberse a que era honesto y no gustara que hablaran de él como si no estuviese presente.

El chef estaba seguro que la mirada subrepticia de Naoki en ella, mientras los otros leían la carta, era que estaba arrepentido del modo en que habló.

No obstante, desconocía la profundidad de los sentimientos del castaño, que pensaba su cabeza iba a explotar de las punzadas constantes en la sien y no podía sino decirse de la despreciable muchacha que le gustaba, quien animaba a muchos y daba señales de ir tras él, y de la que habría esperado que negara sus palabras para lanzarle la pregunta de que un amigo se enteraba de su estado.

¡Y ella solo había respaldado su opinión!

Una voz pequeña en su mente quería darle el beneficio de la duda; a veces parecía demasiado inocente como para incluso estar embarazada… y lo único que tenía como hecho era el grito de "uno de los hombres más importantes de su vida", el desmayo de semanas atrás, así como el cambio de rutina en el gimnasio.

Shigeo-san no parecía afectado en lo absoluto, y la semana anterior llevaba ropas ajustadas, que no podían pasar por alguien embarazada.

Con esas excusas se permitió observarla cuando podía, hallando una opresión en su pecho al verla comer en grandes cantidades.

No sabía, por supuesto, que Kotoko tenía un voraz apetito, y la ansiedad provocada de las palabras de Irie-kun la llevaban a mantener su estómago lleno, ignorando el dolor que sentía en el corazón.

Era consciente de la atención que propiciaba en sus amigas, pero no quería hablar al respecto. Comenzaba a darse cuenta que oba-san tenía una actitud muy positiva y se equivocaba en lo que refería a su hijo; él no la veía más que como una conocida, no aspiraba a verla como más, porque había dicho "conocidos" con un desprecio que la había calado hondo. Se había sentido muy herida al darse cuenta que su relación con él no había avanzado nada, aun si ella pensaba lo contrario. Tal vez solo hablaba con ella por mera cortesía.

¿Y si solo estaba brincando a conclusiones? Tres meses atrás era nada a su lado.

—Ya basta. —Satomi le cortó sus pensamientos más favorables. — Kotoko, ¿te gusta Irie-san? El Irie-san genio de nuestra generación.

Chris escogió ese momento para acercarse.

—¡Kotoko! Ve a por él.

—Chris.

—¡Toma el consejo que me diste con Kinnosuke!

—Chris —interrumpió Jinko—, el genio. Es otra liga.

—¡Kotoko es estupenda! —expresó la rubia, empuñando sus dos manos en el aire.

—Sí —acordó Satomi—, pero… él es demasiado serio, y es maleducado.

—¿Tú crees que él y yo no congeniaríamos? ¿Soy tan poca…

—¡No! —exclamaron las tres, sin dejarla terminar.

—Irie-san sería muy afortunado de tenerte, Kotoko —musitó Satomi, colocando una mano sobre la de ella, haciéndola sentir con ánimos renovados—. Tú serías lo mejor que podría pasarle en su vida. No me gustó cómo actuó hace unos momentos; tampoco lo conozco mucho… aunque actuó como Kin-chan cuando estaba en negación con Christine, pero yo, te apoyo, si te hace feliz. Y si te rechaza, ¡seré la primera en darle una paliza!

—¡Y yo! —secundó Chris.

—¡Y yo! —terció Jinko.

—¡Y yo! —agregó Kin-chan, apareciendo ante ellas. —¡Solo díganme de qué!

Las cuatro chicas soltaron una carcajada, dejándolo anonadado. Chris se puso en pie y lo abrazó, y su sonrojo no se hizo esperar.

—Son los mejores amigos que pueda tener.


La partida de los Irie y Kotoko y sus amigas coincidió, aunque Noriko no se dio cuenta, todavía molesta por la actitud de su hijo. El almuerzo no había sido muy ameno para ellos por eso y se iba en el automóvil enfurruñada, siendo objeto de miradas preocupadas por Yuuki y Shigeki, más porque obraría venganza.

Naoki, como las chicas, se alejó a pie; el primero, porque no estaba tan lejos de su apartamento y le apetecía caminar; las otras, porque acompañarían a Satomi a casa y luego tomarían el subterráneo para ir a sus respectivos hogares. Kotoko iría a cambiarse para su turno de tarde del restaurante y no debía tomar el desvío, pero quería estar atenta a su amiga mientras la tuviera cerca.

La única persona en percatarse de la coincidencia fue el castaño, quien no tenía más opción que ir en la misma ruta que Kotoko, dado que debía tomar el camino que él. El joven iba a una distancia prudente, no quería que ellas supieran de su presencia.

Fue por eso que se quedó extrañado al ver que solo Ishikawa Satomi se quedaba en el edificio donde llevó a Kotoko en una ocasión, mientras las amigas se despedían y se dirigían al lugar en que había una entrada de metro.

Sin intenciones de seguir a la pelirroja, caminó hasta el edificio y buscó el nombre del propietario en los timbres de entrada, frunciendo el ceño al leer que la amiga era quien respondía por el sitio.

Dos hechos más aparecieron en su cabeza, tratando de dar sentido a eso. Uno fue el ascenso al taxi después de dejarla allí, y otro el día del bote, cuando ella cogió una línea distinta diciendo que iba a casa.

No quería llegar a conclusiones apresuradas, pero allí pasaba algo.

Kotoko estaba siendo demasiado compleja para su gusto.

Entonces se llevó una mano al cabello, recordando que debía dejar el asunto de ella en paz.

Así como había planeado.


NA: La única ventaja de que Naoki sea demasiado listo es que no sorprende que haga descubrimientos.

Sigo sin prometer fecha, pero si en mi tiempo libre no falla el FF, les publico rápido.

Besos, Karo.


caro: Sí, no me gusta tardar en actualizar, menos cuando los capítulos no son extremadamente largos, pero no me desapareceré por meses, juro que no :D. No puedo dar doble capítulo porque solo me puse a checar uno (tengo inspiración para escribir, así que mejor sigo haciéndolo y corrijo cuando no tenga muchas ideas). Ja,ja, creo que en toda historia tengo mi nota de poner a Naoki celoso, les encanta, de veras, y pues sí, sus sentimientos se ven entonces. El de la oficina tendrá que esperar XD

Lilimatte: Genial! Juro que esa actitud de Irie no fue tan planeada, pero me llevo el crédito ja,ja. Es que igual algo tiene que pasar sin la oficina de por medio, y debía distanciarse igual, porque sabiendo que le gusta, no puede estar de acuerdo tomando en cuenta cómo es ella (desde su punto de vista), pero que tampoco sepa qué onda debe hacer. Creo que tú lo pusiste muy bonito.