Capítulo 26


Su segunda semana de descanso fue un martirio para Irie, rumiando en su mente respecto al posible embarazo de la joven que quería evitar pensar. Era como si su magnífico cerebro tratara de burlarse de él, algo que le frustraba en demasía, pues nunca le traicionaba de esa manera.

Y últimamente venía haciéndolo.

¿A él qué tenía que importarle que la mujer que le gustaba —y con la que no pretendía estar— estuviera esperando un hijo? (Que no era suyo.)

Por supuesto, tenía que ver con eso de considerarla de él.

Aunque en realidad no lo era.

Naoki se llevó una mano al estómago, donde le atenazó un dolor agudo e insoportable. Volvía cada vez que pensaba en el tema —lo que significaba que desde el domingo permanecía en él—, y no entendía por qué, no sabía por qué. El lunes había tomado una pastilla y no se había ido realmente; solo remitía cuando apartaba a Kotoko de su cabeza.

No había ninguna lógica en eso, y lo único que se le ocurría —muy estúpido—, era que transmitía la idea del embarazo a su cuerpo, pues le dolía a la altura donde ella agrandaría su tamaño.

Apretó su mandíbula al tiempo que su teléfono sonaba. Atendió sin muchas ganas al ver que era su hermano.

(Si hubiese estado en sus cinco sentidos, se habría dado cuenta que últimamente lo buscaba más.)

Yuuki, que notó el tono molesto de su onii-chan, tuvo la cordura de no preguntar, prosiguiendo a invitarlo a casa por la tarde, para que pudiera ver a su nueva mascota, una extraña cría que el vecino le dio, resultado de la cruza entre su perra Pastor Alemán y un San Bernardo callejero. Claro está, Noriko movía sus manos en el asunto, queriendo tener a su hijo para la cena, donde tendría a Kotoko también.

Ella quería que Naoki se tragara sus palabras de ser solo conocidos.

Pero antes tenía planeada otra cosa.


En lo relativo a Kotoko soportando la prolongada ausencia de Naoki, ella había notado bastantes cosas. Era como en la universidad, cuando pudo concentrarse mucho en sus actividades por no estar espiándolo en los pasillos (que hizo en la preparatoria), ni estar fantaseando un número mayor de veces, influida por su cercanía.

Aunque sí se esforzaba demasiado para ser digna de un hombre como él, no se distraía con su presencia, aun si no eran estrechos.

Inevitablemente, su mente regresó a lo mismo que pensaba aquella ocasión que supo de la partida de Yoshida-san.

Y era triste.

Cuando Naoki estaba cerca, su vida se cernía a él, como una polilla revoloteando alrededor de la luz.

No quería pensarlo de ese modo, porque significaba que había estado regalando años de ella por una persona que se mantenía como su "conocido". Sí, ahora estaba más cerca que en el pasado, pero eso no era sinónimo de que estuviera obteniendo algo, más bien iba perdiendo. Y Kotoko no veía mal darse a él, en su opinión podía demostrar devoción por una persona y entregar de sí… siempre que ella obtuviese, al menos, un poco de esa atención en respuesta.

En otras palabras, de estar con él, la joven sería la clase de pareja que pondría primero las necesidades de su relación en conjunto, y la felicidad de la otra persona, antes que sus propios deseos… porque así había crecido, observándolo a su alrededor, y anteponiendo el sueño de su padre a su infancia solitaria. Dando mucho y pidiendo solo un poco. Justificando que, por ver contento a los otros, a quienes quería, ella se sentiría feliz.

Y pese no haberlo pensado tan profundamente, Kotoko sí sabía que no veía gran cosa por la que sentirse a gusto; se involucraba en la vida de Irie-kun y era atenta a él, como dijo Noriko-san, pero no veía interés verdadero de su parte. Mientras tanto, su vida se retenía…

Ella agitó su cabeza; no era propio de ella someterse a pensamientos así, a pesar de que las palabras del domingo los habían provocado. Era mejor preguntarse qué quería su oba-san citándola frente a un edificio elegante la tarde de su viernes libre, justo después de ir a comprar los materiales para empezar a tejer una prenda para el bebé de Satomi.

Platicaba mucho con la madre de Irie-kun, pero seguía sin entender su modo de pensar… y a veces tampoco el de actuar.

—¡Kotoko-chan! —Noriko gritó en ese momento, bajándose del taxi con una sonrisa, distrayéndola.

La pelirroja le devolvió la sonrisa y ambas se abrazaron al reunirse. La mayor cogió a Kotoko del brazo para guiarla al interior del edificio, donde se cruzaron con un guardia de seguridad.

—¿Tengo que firmar el registro, Yamamoto-san? —preguntó dulcemente Noriko, como quien no daña ni a una mosca.

El hombre negó y observó atentamente a Kotoko, que se removió incómoda sin entender, siguiendo a la otra cuando la llevó al ascensor, ya abierto.

—¿Dónde estamos, oba-san? —quiso saber la chica, mirando los números en el panel un momento, antes de dirigir sus ojos curiosos al bolso grande que llevaba la madre de Irie-kun.

—Tengo que comprobar el estado del apartamento de mi hijo y quería aprovechar para que tú lo conocieras —explicó Noriko cuando las puertas se abrieron, sin decir que su otra intención era que la chica se enterara de que su hijo mantenía sus notas en casa… para que se diera cuenta de que no ignoraba sus esfuerzos.

Así como borrar de su cabeza la grosería del restaurante.

—Pero… oba-san.

—Tengo llave, y el guardia ya me vio.

Kotoko frunció el ceño. —¿Irie-kun le dio llave de su apartamento? ¿Está fuera de la ciudad?

—¡Claro que tengo su llave!, soy su madre, y no, está en mi casa. Onii-chan es muy amargado y no sale de viaje; muchas veces he insistido en que lo haga. ¿Cómo será en su luna miel? ¡Oh!, ya sé cómo me ocuparé. ¡Será perfecto! Y… ¿Qué te decía? Ah, sí. Necesito ver que mi hijo tiene su casa en orden; todo limpio y la alacena llena. —Miró a Kotoko con ojos implorantes, empujando la puerta de entrada—. ¿Lo entiendes?

La chica pasó saliva, y asintió, cuando realmente no comprendía del todo, menos con su monólogo.

—Pero… no es correcto que yo esté en su casa.

—¡Así podrás conocerlo! —exclamó Noriko, empujando a Kotoko dentro—. Se aprende mucho de una persona con el estado en que se encuentren sus habitaciones privadas.

—No creo que…

—Soy su madre, yo te doy permiso.

Kotoko negó con un suspiro y contempló con temor su alrededor. Se sentía poco cómoda entrando al hogar de alguien más sin su invitación, aunque la madre de esa persona se lo otorgara (¿eso contaba?). Sí tenía curiosidad por saber del entorno de Irie-kun, pero no haciéndolo en secreto; lo adecuado sería que Irie-kun la invitara en alguna reunión —porque verlo a solas con él era muy atrevido.

Permaneció en la entrada como una estatua, tratando de observar lo menos que podía a su alrededor. Sin embargo, aun mirando al suelo, sus ojos podían fijarse de lo impoluto que estaba el apartamento; y eso que tenía superficies oscuras, donde más se detectaba el polvo, y blancas, donde más se veía la suciedad.

—¡Kotoko-chan! —Saltó como resorte—. No te quedes ahí. ¿Puedes ver la habitación? Si tiene ropa planchada, sábanas limpias, yo tengo que leer la fecha de caducidad y oler algunos productos.

—Pero…

La otra ya estaba concentrada en su tarea y no le hizo caso, por lo que con un suspiro Kotoko depositó su bolsa en el suelo, se quitó sus zapatos y entró de lleno a la estancia, caminando en línea recta hacia lo que se suponía llevaría a las otras habitaciones. Se sentía inquieta, porque no le agradaba eso, aun si la madre de Irie-kun tenía las mejores intenciones; un poco extremas, pero las mejores.

El apartamento, sorprendentemente, excedía las dimensiones acostumbradas en los hogares típicos; quizá tendría relación a la zona de la ciudad y la posición económica del dueño. En el pasillo había cuatro puertas; supuso que la primera a la derecha correspondía a un dormitorio y cogió la perilla con el corazón acelerado.

Efectivamente, al abrir se halló ante una habitación con una cama matrimonial de sábanas color índigo, custodiada por dos mesitas laterales, una con lámpara; en un extremo, cerca de la ventana, había un escritorio con una computadora portátil, un portalápices y una lámpara; en el otro, se encontraba una puerta que debía llevar al vestidor. Caminaba hacia allí cuando su mirada fue atraída por algo colorido al pie de la lámpara del escritorio.

Jadeó y cortó la distancia como una bala, diciéndose que no parecía posible… hasta él debía de comprar post-its de colores para su casa, a pesar de que en la oficina no se le veía a la mano.

No era posible que se trataran de los suyos.

Pero sí los eran.

—Los conserva —susurró para sí, cogiendo con manos temblorosas los post-its unidos, en medio de los cuales se hallaba uno arrugado.

Se sonrió con el corazón latiendo a mil y la invadió una alegría porque él había guardado aquellas notas, incluso recuperado una de la basura, apreciando su esfuerzo.

No sabía que eran de ella… pero había aceptado algo suyo.

—¿Kotoko-chan? —Los papelitos saltaron de su mano, y en su afán de cogerlos casi hizo caer la lámpara, que sujetó con presteza.

Inclinándose al suelo, cogió las notas y las dejó en su sitio, observando de reojo que la señora Irie la observaba con una sonrisa.

—¿Todo bien, Kotoko-chan? —Asintió, sonriendo, sin decirle que no había comprobado nada. Además, no creía que hubiese algo fuera de lugar en ese apartamento, si hasta la cama estaba perfectamente hecha.

Irie-kun era demasiado genial.

—Perfecto. Quiero aprovechar para mostrarte algo, siéntate conmigo. Vamos fuera.

Intrigada, y esperando que no siguiera enseñándole cosas que la hacían sentir incómoda, ella siguió a la mujer hasta la sala de estar, donde ambas se sentaron mientras Noriko cogía su bolso grande.

—¡Mira! —exclamó la mayor sacando dos gruesos libros.

—¿Álbumes? —inquirió Kotoko, leyendo las palabras frontales de uno con cubierta blanco y rosa. —¿Fotografías?

—Así es. Fotografías de la infancia de onii-chan. Siempre he querido presumirlas, Kotoko-chan. Y tú, como mi futura nuera, tienes que verlas —explicó Noriko colocando el álbum en su regazo.

¿Siempre había querido?, repitió Kotoko. ¿Y por qué no…

Al abrir el álbum, se quedó anonadada. —Eh —carraspeó—, ¿tuvo una hija, oba-san?

—No… mira bien, es onii-chan.

Kotoko abrió los ojos y la boca de forma desmesurada, observando a la repetitiva niñita retratada en las fotografías, ataviada con vestidos, encajes y moños.

—Siempre quise tener una niña; de hecho, en mi embarazo tenía el presentimiento que lo sería, y compré muchos artículos de niñas… después seguí haciéndolo por costumbre… hasta que un mal incidente pasó en una clase de natación y desde entonces onii-chan ya no quiso formar parte del juego, como lo llamábamos. Siento que es así por mi culpa, antes era más alegre, y se volvió solitario. —Oba-san suspiró—. Yo no quería hacerle mal, pero me hacía tan feliz ver todos esos artículos.

Eso era… La señora Irie tenía un problema.

De pronto, se sintió mucho más incómoda estando ahí, que pasó mecánicamente las páginas del álbum, sin escuchar del todo las explicaciones que le daba la madre de Irie-kun. La quería mucho, pero no podía negar que sus acciones fueran escalofriantes.

Comenzó a dudar de nuevo.

¿Y si su empuje hacia Irie-kun era una ocurrencia semejante? Le había dado información de su gimnasio, unas fotos de él y la presentaba como su nuera a gente nueva.

Tal vez ese no era el mejor método… y ciertamente ella prefería que él conociera de sus sentimientos; tenía que ser valiente, más ella misma, como le había animado Chris. Ella no escondía la cara. No podía seguir con el consejo de la señora Irie, pues ya no parecía muy fiable… no con lo que estaba viendo.

La próxima vez que se encontrara a Irie-kun de frente le haría saber que estaba enamorada de él, tuviera el resultado que tuviera.

—¡Kotoko-chan! —Noriko la agitó—. ¿Estás aquí?

—Lo siento, oba-san… me perdí en mis pensamientos, ¿qué decía?

—Que se nos hará tarde. Te invito a casa a cenar; allí podrás ver a onii-chan —le dijo alzando las cejas.

Ella sonrió y negó levemente. —Será en otra ocasión, oba-san. Gracias.

No podría confesarse en ese caso.

—¿Kotoko-chan? Por favor.

—Me iré a casa —a planear su confesión—, pero dé saludos de mi parte a los demás.

Noriko, frustrada por dentro, se tragó un resoplido. —Lo haré —musitó, sacando una fotografía del álbum. —Quiero que tengas esto. Insisto —pidió cuando vio la expresión de Kotoko tratando de negarse.

Guardó los dos libros en su bolso y se puso en pie, acomodando los cojines. Se sentía decepcionada de que esa vez no le hubiesen salido las cosas bien.

—Vamos.

Kotoko asintió, muy animada de salir de ahí, intentando no arrepentirse de no ir a casa con ella.

Ambas abandonaron el apartamento calladamente.

Ninguna de las dos vio el negativo que había caído debajo de la mesita central.


Aliviado de estar en casa de nuevo, Naoki sujetó con una mano la bolsa que contenía la comida que su madre le había dado para el fin de semana, sin abandonar todavía esa actitud suya de responsabilizarse de él aunque ya fuese independiente; con la otra mano, se dispuso a abrir la puerta de su apartamento.

Casi al entrar, le dio un mal presentimiento, semejante a los que le daban cuando su madre hablaba de cualquier joven que rondara su edad, algo que habituaba en las cenas en que era invitado a casa… y que faltó esa noche.

Tal vez por ello se hallaba extrañado, ya que había sido una cena agradable, carente de las insinuaciones de novias, bodas y nietas.

Se obligó a relajar su ceño fruncido, tratando de no especular en esa rareza, podía ser que su madre tuviera la cabeza en otra cosa, como su curso de fotografía o un nuevo platillo. No tenía que sospechar de hechos minúsculos, menos de su madre, era muy ruin.

Así pues, tampoco tenía que trasladar lo raro de la cena a su casa. Bastante había sido con su semana irritable respecto a cierta joven que no dejaba de rondar su cabeza.

Resopló y terminó de guardar la comida en el refrigerador, para después irse a la sala de estar, donde optó por no sentarse a ver las noticias, como lo haría siempre, sino visitar brevemente su página social para comprobar que Yuuki había compartido las fotografías de los cachorritos.

(Antes de sucumbir a ver la imagen de su galería con Kotoko.)

Se sentó mecánicamente en el sillón, con los ojos puestos en la pantalla de su móvil, y abrió la aplicación, misma que se actualizó al iniciarla.

Lo primero que se encontró fue la imagen de los perritos, que observó unos segundos y, en un impulso, la guardó en su teléfono, sonriendo ligeramente. Le gustaban los perros, mucho más que las personas; creía que ellos eran más genuinos que muchos de los que conocía… él incluido. Si no tomaran mucho de su tiempo, acogería uno.

Volvió al muro y a continuación observó una publicación de Watanabe, quien compartía un vídeo de un ingeniero desarrollando artefactos de aplicación médica, muy interesante para él. Se sorprendió a sí mismo al notar que atraía mucho su atención y se le ocurrían ideas al respecto al leer lo que se explicaba.

Salió del vídeo dispuesto a buscar más sobre ello al cerrar la aplicación, pero la imagen descendió y se quedó detenida ante la fotografía de un estambre y agujas para tejer, acompañados de una imagen de calcetines de bebé.

Su estómago dio un vuelco al leer el nombre de Kotoko, seguido de su comentario:

"¿Creen que podré hacer un par de calcetines?"

Sin poder detenerlo, el teléfono se le escapó de las manos, que sentía calientes, pero débiles como gelatina.

¿Acaso hacía falta confirmación?

Kotoko era…

No podía alcanzar a pensar las palabras; la cabeza comenzaba a bullirle y el malestar del estómago regresaba.

¿Qué ocurría con esa mujer? ¿Habría estado mal él todo ese tiempo y ella no lo buscaba?

¿Y si lo hacía porque no había un padre para la criatura?

Él no iba a ocupar el puest… ¿o sería capaz de hacerlo?

Naoki agitó su cabeza.

Ni siquiera le interesaba. No. Ella le gustaba, pero ya estaba fuera de sus límites; antes no planeaba comenzar una relación entre los dos, ahora las circunstancias lo apoyaban; no se iba a preocupar por el padre, porque estuviera o no, mucho menos tomar ese sitio… aunque una voz le gritaba en su cabeza que averiguara quién era, aquel que había tomado a quien él favorecía.

—Revelará su identidad más abajo —murmuró entre dientes, masajeando el lateral de su cabeza. Si atendía a los comentarios, el padre del bebé se revelaría.

O averiguaría si estaba ausente.

Se encorvó para coger el móvil y se detuvo en seco, al ver que a unos centímetros del aparato se encontraban unos viejos negativos de fotografía, que no debían estar ahí. Cogió ambas cosas con sus manos e, inquieto, colocó el móvil en la mesita de centro, sosteniendo la tira oscura con ojos entrecerrados.

Antes no había estado incorrecto. Alguien estuvo en su casa.

Rechinó sus dientes, pensando en el fondo quién había sido. Una amante de las fotografías, que se inmiscuía en todo, era la respuesta más obvia.

¿Habría forzado la cerradura? No lo parecía.

Se puso en pie y colocó el negativo a contraluz, pero al reconocer las pequeñas imágenes éste regresó al suelo, mientras la sangre en las venas se le calentaba más.

Era él, de sus primeros años de vida… vestido como niña.

No había nada que odiara más que eso, el momento más bochornoso de su existencia, mismo que le había cambiado la perspectiva del mundo, demostrándole la realidad de las personas, solo atentas a sus deseos y basadas en las apariencias, que desdeñaban a otros a partir de estas.

Muy molesto, sin saber por qué su madre entraría en casa, ni mucho menos dejaría esas fotografías allí, fue a la entrada, se calzó y cogió sus llaves otra vez, y salió rumbo al ascensor, cuyas puertas se abrieron en menos de dos segundos, dejándole en un espacio vacío. Era mejor, porque no habría podido disimular su enfado a cara de los demás.

En ese momento no habría tenido oportunidad de borrar la expresión de granito que le devolvía el espejo del ascensor.

Lo que había hecho su madre era como una burla; había invadido su espacio, e, intencionalmente, o no, había dejado una prueba de otra cosa con la que mofarse.

Y no iba a quedarse de brazos cruzados.


NA: Naoki, tú provocaste que tu madre entrara; no lo habría hecho de tratar bien a Kotoko.

No me pareció aclarar cómo la madre tiene su duplicado, porque puede ser capaz de muchas cosas.

En fin, esta historia se está alargando más de lo que esperaba, pero mucho tiene que ver que los capítulos no tengan mucha extensión, y los diferentes puntos de vista. Por eso, mi siguiente fic, AU, será corto y nada más punto de vista de una Kotoko diferente. ¿Qué opinan de los dos conociéndose en el incidente de Naoki? Sí, las familias no estaban cerca para entonces, ¡pero esto es fanfiction!

Nada más dejen que tenga mi summary y les doy cómo va el fic de: Regálame cincuenta primaveras.

Estoy a una semana de mi cumpleaños; ¿me darán comentarios de regalito?

Besos, Karo.


Lilimatte: Ja,ja, ese Naoki usa excusas siempre, así que no te engañes XD. Ya ves, nada más tiene su cita-no-cita con Kotoko, le dice que ya se acostumbró a tenerla en su vida, y ¡zas!, decide mudarse para explorar qué quiere con su vida. Y, bueno, él también tiene sus momentos impulsivos (y tontos). Pero sí es mucho el impacto que pueda tener Kotoko en su vida... es como que admita ante una cafetería que él la necesita en su vida (¡cómo me encanta que haga eso!). Gracias por el review; te mando un gran abrazo, linda.

caro: Uy, sí, a mí me gusta actualizar y me hacía falta, pero me da gusto que sigas aquí. Ojalá y no tarde tanto para el siguiente capítulo, que sí está, pero necesito avanzar y que no se me acumulen. Un super abrazo, gracias por tus palabras :D