Capítulo 28
Kotoko procuraba mirar a los clientes antes de atenderlos, y esa única vez de no hacerlo, tenía consecuencias.
Ying había tenido que atender una llamada urgente de China, por lo cual le cambió la mesa siete, que habría deseado ver antes de encontrarse cara a cara con Irie-kun y su cita.
Su cita, la mujer hermosa de la fotografía de su página social.
De no haber estado cojeando un poco, atenta al suelo para no tropezar, habría visto los ocupantes de la mesa de Ying y habría dado media vuelta, sin importar qué pasara. No solo para que su corazón no crujiera por la escena… sino por su misma promesa de confesarse la próxima vez que tuviera a Irie-kun de frente.
¿Cómo iba a hablar de sus sentimientos en medio de su cita?
Sintiendo que llevaba mucho tiempo con la mandíbula desencajada, y a pesar de la falta de aire, como el llamado en otra mesa —proveniente de una voz familiar—, ella se obligó a reaccionar, pestañeando.
—¿Imp… impresionado? —balbuceó, sin poder evitarlo, ignorando el sentido común de hacer como si fuese cualquier cliente —cuando no lo era.
La mirada de él la hizo sentir un escalofrío, helada cual bloque de hielo, de modo que, inclinando la cabeza, trató de pensar… llegando a la conclusión obvia de que Irie-kun no quería que ella les atendiera.
Sorprendentemente, su masoquismo esa vez no le animó a dirigir su atención a la escultural acompañante de él, que debía de querer que los dejara a solas para tener intimidad.
—No seas idiota —dio un respingo, sintiendo su animadversión—; ni intentes que yo lo parezca.
—Yo…
Ahora sí estaba perdida. ¿Estaría creando una realidad alternativa para evitar el dolor que palpitaba en su corazón?
La conciencia de que el hombre del que estaba enamorada tenía una cita le estaba cayendo como bomba. De inmediato se había sentido golpeada e idiotizada, pero ahora caía todo el peso en su cabeza.
Se mordió el labio inferior, esperando que el dolor físico paliara la ola que se agitaba en su interior y calmara las manos que la sacudían de un lado a otro, como un costal de papas. ¿Qué clase de mala suerte tenía para verlo con otra mujer? ¿Sería tan desafortunada que los vería besarse, apuñalando su corazón con una daga?
—Es increíble lo bajo que puedes caer, Aihara.
—¿Cómo? —susurró, confundida.
—Deberías sentir vergüenza de presentarte así, qué patético de tu parte. Pero no tendría que sorprenderme, solo una mujer desesperada hace lo que tú, que consigue fotos mías y entra a mi casa cuando no estoy.
Naoki la vio llevarse una mano a la boca, pálida, y sonrió de lado.
—Yo… esto… hay una… explicación… ¡de verd-
—¡No soy estúpido! —interrumpió él, en tono más alto que ella, atrayendo la atención de las mesas vecinas. —No hay excusa que valga, Aihara; agradece que no hice una denuncia. Esos modos de llamar mi atención me dan lástima. Y… ¿qué clase de restaurante es éste que permite las desfachateces de una acosadora?
—¿Acosa… acosadora?
—¿De verdad creías que guardaría tus notas sino para tener evidencias de tu obsesión? —Le miró el vientre un segundo, endureciendo la mandíbula y sintiendo el rostro caliente—. Deja de buscar un imposible conmigo, Aihara. Ya has hecho bastante… y no me interesa.
—¿Qué ocurre aquí?
La llegada del que parecía el encargado le hizo apartar la mirada del rostro blanco de ella. Con un extraño nudo en la garganta, él frunció el ceño y tragó saliva. Se dio cuenta que tenía las manos empuñadas sobre sus muslos, reprimiendo las ganas de agitarla.
—Es una vergüenza que su establecimiento permita a una acosadora hacer de las suyas —respondió Naoki al pelinegro, quien jadeó, dando una mirada sorprendida a Kotoko.
—¿Cómo! —A su alrededor, las personas brincaron y los miraron con más atención.
Naoki la observó, y los ojos cristalinos de ella le provocaron un dolor en el estómago, que sirvió para darse cuenta de su entorno.
—¿Tú, Kotoko? —inquirió el pelinegro—. ¿Tienes una explicación en tu defensa?
Kotoko negó lentamente y el castaño frunció el ceño, pensando que el hombre la conocía.
Eso significaba que…
—Recoge tus cosas y espérame atrás. —Atónito, Naoki la observó retirarse, tras asentir cabizbaja.
…ella era…
El hombre se inclinó a él—. Yo, señor, le ofrezco disculpas, no pensé que mi empleada actuara de ese modo.
…empleada.
Sin responder, él se levantó, depositó un par de billetes y se dirigió a la salida, dejando a Yuuko para lidiar con el asunto, cayendo en la cuenta de lo que había hecho.
Como abstraído, el castaño ignoró las miradas y los cuchicheos a su paso, susurrando para sí que acababa de perder los estribos y la hizo perder su empleo.
Yuuko, aturdida, permanecía en su lugar, escuchando las palabras apenadas del encargado. En otra mesa, los Irie, como estatuas de piedra, buscaban saber si no estaban imaginando cosas.
Noriko, en especial, que había tratado de llamar la atención en un comienzo del intercambio, empezaba a sentir el peso de la culpa y el enojo.
El sonido de un vidrio rompiéndose quebró el momento en el restaurante.
—¡OH, NO! —exclamó Yuuki, el primero en reaccionar de las personas atónitas, tras tirar el vaso voluntariamente.
Su madre se alertó y trató de levantarse, para ser cogida del brazo por su esposo.
—Suéltame, tengo que ir a arreglar cuentas con Naoki.
—Mamá, no, cálmate.
Ella fulminó a su esposo con la mirada, ignorando su responsabilidad y enfocándose en el enojo.
—Debo ir a reprenderlo y exigirle que se disculpe con Kotoko-chan, oh, ¿cómo está mi Kotoko-chan?
Shigeki ni se inmutó.
—Ese hijo mío necesita una buena reprimenda.
—Mamá —intervino Yuuki—, no creo que sea necesario.
Ambos lo miraron y él suspiró, señalando con la nariz la ventana; afuera, en la calle, Naoki, casi encorvado, se cubría el rostro con las dos manos.
—Oh, onii-chan, ¿qué has hecho? —murmuró Noriko en tono apesadumbrado.
El aludido no podía sentirse más miserable, reclamándose internamente por la estúpida escena que había hecho, y la pérdida de control que le había llevado a actuar fuera de carácter. Se había dejado llevar por los sentimientos y la había tomado contra ella, que solo hacía su trabajo.
Kotoko tenía su propia vida, donde él no estaba incluido… Y si en esa ocasión había saltado a conclusiones equivocadas, en otras tuvo que haber malinterpretado varias cosas.
Él se maldijo, sintiéndose vacío por dentro por razones que no podía nombrar. Había cometido un error momentos antes, pero eso no justificaba que se sintiera de ese modo, como si se le hubiese agotado el aire para respirar y perdiera las fuerzas internas.
Era una sensación que le recordaba a aquella vez que sus compañeros conocieron su sexo.
Enderezó su cuerpo al escuchar el sonido de unas zapatillas detrás suyo y cortó de raíz ese pensamiento.
—Me has dejado impresionada, Naoki-san —comentó Yuuko al llegar a su costado—. Si no me hubiera rendido hace tiempo, estaría contenta, pero no puedo evitar sentirme mal por la chica.
—No sabes de lo que hablas —siseó él, como si ella le hubiese puesto sal a una herida.
Caminó para aliviar la tensión en sus piernas, pero ella le siguió. Lo único que quería era sentir el aire golpeándole el rostro, o cualquier cosa, con tal de no pensar y quitar la inexplicable sensación de vacío en su interior.
Sabía que debía disculparse con Kotoko en ese mismo instante, solo que se sentía incapaz de mirarla a la cara, mucho menos para hablar… no tenía idea qué podía decir. Por primera vez se sentía incapaz de hilar pensamientos y frases con claridad. Había dicho y hecho algo imperdonable.
Además, encontrarse con ella sería como reafirmar lo equivocado que había estado y las demás implicaciones que la acompañaban… empezando por un interés de ella que podía no existir.
Era irónico.
Yuuko carraspeó después de algún tiempo.
—Por lo que entendí, ella es otra de las que te siguen —se crispó—, has creído que te espiaba hoy y ahora ha perdido su trabajo, del que tú no sabías, lo cual me sorprende y me lleva a preguntar, ¿de dónde la conoces?
No se equivocaban al afirmar que podía ser como él.
—En estos momentos, tener un amigo con quien hablar es de mucha ayuda… y como mujer, puedo darte mi punto de vista.
¿Y qué podía decirle que le sirviera? Era consciente de que se había equivocado. Quería cobrarse el que entrara en su casa, como la escena —de traición a él— que había presenciado, mas no al grado de lo que había ocurrido. Solo quería que, al verlo con otra, ella experimentara lo que pasó con él, y dejarle claro que no la prefería.
Luego volvería a recuperar su atención, lo estimaba fácil.
Ahora era imposible.
—¿No quieres hablar? Supongo que prefieres estar solo, como siempre. ¿Y si finjo que nada pasó y hablamos de lo que ha transcurrido en nuestras vidas?
Era algo que él haría, pero no encontraba las fuerzas suficientes para hacerlo.
Negó.
—Está bien. Sudou debe estar esperándome.
—¿Sudou? ¿El entrenador de tenis de Tonan?
Ella asintió. —Forma parte de lo que íbamos a platicar.
Otra locura para esa noche.
Él movió la cabeza en forma de despedida y siguió caminando. Segundos más tarde, ella lo detuvo de la manga. —¿Qué harás para arreglarlo?
—No te hagas ideas.
—Naoki-san, no olvides que he llegado a conocerte un poco en todos estos años. Nunca muestras tus emociones, nunca te alteras, ni siquiera cuando tu madre llevó una pancarta de dos metros a nuestra graduación de la universidad. Nada puede tocarte. Y esta noche…
—¿Sudou no te espera? —cortó él, volviéndose. No tenía ganas de escucharlo en boca de alguien más.
Su amiga pelinegra sonrió. —Entiendo. Nos vemos después.
La observó ponerse en marcha a una zona de taxis y suspiró.
Si hubiese sido otro, él habría aceptado su ofrecimiento de hablar.
O se habría desahogado de alguna forma.
Si él fuese otro, no estaría ahí de pie, peleando consigo mismo y con la mirada perdida.
Ni siquiera se hallaría tan lejos de su objetivo.
De ser otro, se encontraría pidiendo perdón a los pies de Kotoko, hablando de su arrepentimiento.
Pero no era otro.
Y, por primera vez, no se sintió orgulloso consigo mismo.
Noriko apretó sus manos otra vez y dio un nuevo recorrido a la parte frontal de Masahiko, esperando la salida de Kotoko del local, preocupada por el estado en que debía encontrarse la muchacha.
Sentía un peso encima por ser parte causal de la situación, presionando demasiado a su hijo y animando a Kotoko para comportarse indebidamente, creyendo ingenuamente que Naoki no lo tomaría mal, al punto de malinterpretar una simple coincidencia. Era muy observador e inteligente y debía haberse percatado de varias cosas, incluso no debió haberlo engañado con la amistad de su red social… o intentar hacerlo con la presencia de la chica en su apartamento. Él había dado a entender que sabía que ella conocía de sus notas en casa, mismas que excusaba como prueba del interés por ella.
¿Y si había visto lo que no era y Naoki no estaba enamorado de su Kotoko-chan?
—No, no, papá y Yuuki lo han visto. Él estaba enojado porque ella estuvo en su casa —murmuró entre dientes. —¿Y si le explico que yo la obligué? Kotoko-chan no quería…
No había hecho bien los cálculos y las cosas salieron mal, debía reestructurar su estrategia, cuando la situación se calmase un poco. Lógicamente, Kotoko estaría pasmada por los hechos y sería renuente a querer algo con su hijo, quien mintió al decir que no le interesaba ella, pero renovaría sus intentos para unirlos, porque se merecían el uno al otro y no había nadie más que quisiera como nuera que la hija de Aihara-san.
Sí, ella tenía más culpa por esa noche, no solo por el presente, sino el pasado, que hizo a su hijo así… Cuando consiguiera que estuviesen juntos enmendaría sus múltiples errores.
Debía trazar un plan mejor, carente de fallos, que lograra unirlos.
Y tenía que conseguir la participación de su hijo, o de otro modo no funcionaría. Había que hacerle entrar en razón, hasta usaría las pruebas donde la miraba. Usaría los medios que tuviese a la mano y no fallaría.
Lidiaría con el peso de la culpa paulatinamente, como hacía siempre. Primero estaba conseguir que fuesen una verdadera familia y hacerlos felices.
Era cuestión de prioridades.
Suspiró con los ojos cerrados, y entonces se chocó con un cuerpo menudo como el suyo.
—¡Lo siento! —exclamó en unísono con la otra persona.
—¡Kotoko-chan! —dijo al reconocerla.
—¡Oba-san!
Ella salía de un callejón, donde debía estar la entrada lateral al restaurante.
Sin medirse, la abrazó. —¡Kotoko-chan! Lo lamento. ¿Cómo te sientes? ¿Qué te dijo tu jefe?
—Oba-san.
—Naoki solo estaba enojado porque estuviste en su casa; te creyó culpable de algo que debía desquitarse conmigo, lo aclararé con él y se disculpará. Hablaré con tu jefe…
—Oba-san —interrumpió Kotoko con voz queda, apartándose. —No lo haga. Yo… disculpe, necesito estar sola.
—Kotoko-chan… —protestó viéndola con el rostro caído. —Todo estará bien, se solucionará —le animó.
—Oba-san, no quiero oírlo. Su hijo, él no me quiere.
—Hizo algo horrible hace un momento, pero su intención no era herirte, quería reprenderte por mi culpa. Es insensible a veces, cuando está enojado. Ya verás que cuando todo se aclare, y él se calme…
—Él no me quiere. —Kotoko puntualizó cada palabra. —No, oba-san. Y yo hice algo horrible. Él tenía razón en enojarse conmigo.
—¡No!
—Quiero estar sola —pronunció la chica secamente, dejándola atónita.
Con eso, puso distancia entre las dos, y Noriko se llevó una mano al pecho, sentida por algo que se había buscado, sin poder ignorar la culpa que le carcomía.
Sus ojos se humedecieron al saber que dos de las personas que más quería habían salido heridas por causa suya.
Una mano se posó en su hombro y dio un respingo. Miró los ojos comprensivos de su esposo y sollozó, sintiéndose una mala madre.
—Nori, vamos a casa.
—Mamá, ella está lastimada por lo que pasó esta noche; dale tiempo.
Negó a las palabras de Yuuki y observó la figura de Kotoko que se empequeñecía.
Tenía el presentimiento que había ocasionado algo con consecuencias lamentables.
Kotoko no tuvo idea cómo fue que consiguió llegar a casa sin percances, yendo como apartada de la realidad. Había perdido conciencia del tiempo y debió dirigirse mecánicamente, pues no se enteró del camino que hizo; podría haber ocurrido un accidente frente a sus ojos y ella no lo sabía.
Y, en ese instante, no le importaba mucho.
Con pasos lentos llegó a la guarida de su habitación y cerró la puerta, antes de dejarse caer al suelo, luchando con el nudo en su garganta.
Gimió al recordar lo que había pasado esa noche.
Había perdido el trabajo, las ilusiones y el respeto por sí misma.
Se le escapó una lágrima al recordar el desagrado en el rostro de Irie-kun, que le había reclamado por acosarlo, y con mucha razón. Se había desmayado en su presencia, le siguió al supermercado, se unió al gimnasio por él; le esperaba para subir al ascensor, le enviaba notas, tenía fotos suyas. Había hablado con su madre para conseguir que le hiciera caso.
Oba-san había dicho que tenía que enterarse de todo lo que pasara en su vida. Para ser su nuera. Por esa hija que no tuvo.
Se dejó guiar por una persona con ideas descabelladas.
Conocía toda la rutina de Irie-kun.
Se metía en su trabajo.
Entraba a su casa sin su permiso.
Llevaba años espiándolo en la red y en cualquier medio que le diera información o noticias suyas.
Nueve años.
¿Qué clase de persona era ella? Estaba mal.
Era patética, todo ese tiempo había sido una chica patética viviendo pendiente a él, y recientemente buscando su atención. Se había comportado de modo horrendo. Debía parar, no debía seguir así, no solo porque Irie-kun no quería nada con ella. Hacía el ridículo persiguiéndolo cuando él no la quería. Es más, él debía detestarla; era un milagro que fuese tan tolerante y no le hubiese denunciado, cuando había muchas pruebas. Esa noche había supuesto un explote para Irie-kun, pensando que le seguía a su cita.
Y lo habría hecho… De haberlo sabido, habría estado allí a escondidas, para ver su felicidad y la clase de mujer que ella no era, conocer el tipo de persona que prefería.
Habría sido acoso.
Gimió de nuevo.
Ella no quería cometer un acto malo, únicamente pensaba que lo que hacía podía servir para ganarse un espacio en su vida y su corazón. Pero solo le acosaba. Buscándolo, persiguiéndolo, acumulando cosas de él, enviándole notas que podían tener diferentes significados.
Tenía que parar ese comportamiento. Tenía que olvidarse de que él le correspondiera; si no había pasado hasta entonces, no ocurriría nunca.
Irie-kun no se enamoraría de alguien que acosara y que moldeara su vida por otra persona y se perdiera de cosas importantes por ello.
Sintió vergüenza de sí misma.
Y le dolió. Más que el desprecio de él, más que la pérdida de sus fantasías y la confianza que tenía de Masahiko-san, más que darse cuenta que Noriko-san la utilizó para cumplir sus deseos, más que nada.
La ola de sollozos explotó en su boca y llenó su rostro de lágrimas, avergonzada de los límites a los que había llegado.
¿Cómo podía decir que se quería a sí misma?
Lloró y lloró, haciendo fluir sus lágrimas como ríos, alimentando la presión de las espinas en su corazón, ya apaleado y asfixiado. Se merecía lo que había pasado, para abrirse los ojos y decir ya no más.
Era tiempo de tener una vida normal.
Una vida donde lo mantuviera apartado de ella, porque obviamente él sabía de sus sentimientos y no los correspondía. Le dolería como si le arrancaran el corazón, pero había podido vivir sin él todos esos años de la universidad.
No lo necesitaba.
Se desharía de sus fotografías, dejaría de coincidir en el gimnasio con él, cobraría el favor de Hiroaki-san y cambiaría de ruta de mensajería en la empresa, le daría un alto a Noriko-san y dejaría de hacer que su mundo girara en torno a Irie-kun.
Sanaría su corazón roto, que, no sabía por qué se ilusionó si él nunca dio atisbo de querer algo con ella.
Y lo haría porque merecía valorarse más a sí misma.
Finalmente.
NA: ¿Pueden creer que este capítulo fue el que movió toda mi historia?
Seguramente ahora viene la pregunta, ¿y cómo se arregla? Pues, ya saben, le toca a él.
Ahora, la sinopsis prometida de Regálame cincuenta primaveras:
No había Aihara, sin Irie, Kotoko lo sabía. Pero había caído en el típico cliché de haberse enamorado de su mejor amigo de toda la vida, y las circunstancias recientes parecían hacerle dudar si su amistad seguiría ahí para siempre. "Naoki-kun, ¡regálame cincuenta primaveras! Serían amigos siempre, todas las primaveras como ésa."
Si les llama un poquito la atención, pronto la verán. También tengo derecho a hacer clichés ;)
Besos, Karo.
Randa1: La forma de tu expresión me mató de risa. ¿Sabes por qué lo presentías? Porque Irie y celos no van bien de la mano para la felicidad de Kotoko. Él mete la pata cuando lo está.
caro: Tú tranquila y yo nerviosa, no hay nada que no pueda resolverse, a menos que sea la muerte ;)
Lilimatte: Sí, a las cosas que orilla Noriko a Kotoko, y la pobre sintiéndose mal por ello. Es que se pasa esa mujer, y ni vergüenza siente por ello ja,ja.
Guest: Thanks. I'm pretty sure you're the one who wrote the others rws. I'm really happy that my stories were interesting to you.
