Capítulo 29


El lunes después del "suceso", Kotoko renació.

El domingo lo dedicó a desahogarse y hacer planes, consiguiendo darse los ánimos suficientes para la siguiente prueba de su vida. Naoki Irie había sido parte suya desde los quince años, y dejarlo ir era como desprenderse de los vellos de las piernas con cera. Dolía, pero tendría sus beneficios.

(Solo se le escapaba pensar que, eventualmente, el folículo volvía a crecer.)

También, había dedicado el día anterior a borrar los vestigios reales de él en su vida; dejando de ser su amiga en su red social, acumulando sus fotografías en un sobre que devolvería a su madre, botando las revistas en las que aparecían sus logros, y eliminando las imágenes que tenía suyas.

Peleando con la tristeza y la pena, sollozando con manos temblorosas, fue como consiguió hacerlo, viendo cómo se iban sus sueños y fantasías, igual que el polvo cuando el aire soplaba.

En la noche, tras horas de insomnio, se deslizó fuera de la cama y cogió una sola fotografía de él, que guardó boca abajo en el fondo de un cajón que no usaba, pero no hubo otra señal de debilidad tras ello. Consiguió dormir hasta la hora de ir al gimnasio, donde habló con Ryu-sempai y decidió dejarlo, para cambiarse a uno cerca de su hogar, por las tardes.

Había tomado la decisión de seguir las palabras de su padre y solo tener un trabajo.

Tenía una novela por escribir, que ahora tendría toda su atención, y, descubría ante los recientes acontecimientos, una musa despierta.

La inspiración había llegado a ella e iba a aprovecharlo. Con su vida menos ajetreada y enfocada en un hombre, lograría alcanzar su meta. Y, quizá, si conseguía los ánimos suficientes, publicar su libro… al que seguirían otros.

Si hacía fama, podía dedicarse únicamente a ello y evitarse cruces innecesarios con…

—¿Has dormido bien, Kotoko-san? —Casi se cae de espaldas al escuchar a su compañero mensajero, que repetía la pregunta hecha por Taketo-kun cuando se despidió de él y su novia.

Sabía que no lucía muy bien; tenía unas ligeras bolsas bajo los ojos, causadas por el llanto y el poco sueño, así que no le extrañaba. Por fortuna, su padre no las había visto, o habría suscitado preguntas… hasta una hipótesis cierta de que se relacionaba con el hijo de oji-san.

Tu madre no fue la primera mujer de la que me enamoré, pero sí la última.

Si él supiera…

Un enamoramiento sencillo no duraba todos esos años ni causaba el dolor que ella sentía.

Aunque él había dicho obsesión.

—¿Kotoko-san? —Saltó.

—Tengo un poco de insomnio; perdí mi otro trabajo —respondió ella, tratando de sonreír a Hiroaki-san.

—Me apena escucharlo. Algo saldrá, Kotoko-san.

—Sí. Eh, quería preguntarte si, tú, eh…

—¿Qué ocurre?

—¿Te importaría cambiar la planta de diseño conmigo? —pidió con un murmullo.

—¿Has tenido algún problema con alguien, Kotoko-san? —cuestionó el muchacho con su ceño fruncido.

Se encogió de hombros.

—Es que quiero cambiar —expresó riendo nerviosa, sin saber que delataba a su compañero de que mentía, pero a la vez le dejaba claro que no quería hablar al respecto.

Hiroaki sonrió. —Te comprendo; no hay problema por mí, así podré ver más de lo que hacen y seguir preparándome.

—Eso es genial, Hiroaki-san.

El muchacho asintió y ambos comenzaron su trabajo habitual, con esa modificación realizada a petición de ella.

Quien primero notó el cambio fue el guardia de seguridad en el centro de cámaras, que se preguntó para sí las consecuencias que acarrearían con el hijo del jefe, mismo que todavía no había regresado ese día a sus actividades.

La segunda persona fue Watanabe… y compartió los pensamientos del hombre de seguridad, diciéndose que a Irie no le agradaría regresar y encontrarse con ella lejos de su alcance.

De haber sido valiente, se habría animado a aprovechar la oportunidad.

Pero suponía que su amigo no se quedaría de brazos cruzados.


Noriko llevaba todo lo transcurrido del día sentada en la sala, abrazando uno de los cojines de su sillón con la mirada perdida, pasando por el duelo de sus nietas, y dejando que la pena la consumiera antes de ponerse manos a la obra con un nuevo plan para tenerlas. Necesitaba desahogarse para más adelante dar todo en ese plan, pues sería mucho más difícil que antes conseguir que esos dos estuviesen juntos.

Después de sacar su dolor su mente volvería al ataque, más fresca para lo que se le viniera encima.

Todo soldado, tras perder una batalla, necesitaba prepararse para la siguiente y ganar la guerra.

Suspirando, bajó la mirada hacia la mesa de centro, donde tenía fotografías de Naoki y Kotoko relacionados de alguna forma; se veían tan bien juntos que le dolía que no fuese un hecho establecido. ¡Ella que ya imaginaba su boda!

¿Por qué las cosas se torcieron?

Se puso en alerta al escuchar la puerta frontal cerrarse y reunió todas las fotografías para guardarlas debajo del cojín, porque tenía el presentimiento que no serían ni Yuuki ni Shigeki, lo que quedó confirmado cuando escuchó a Naoki llamarla desde fuera de la habitación.

—¡La sala de estar! —informó, dándose unos golpecitos en las mejillas para adquirir un poco de color.

No sabía con exactitud qué le esperaba con la presencia de su hijo mayor, pero debía jugar sus cartas con corrección; eso implicaba contener sus reclamos por el sábado.

La puerta se abrió y casi dejó su mandíbula caer al observar los ojos cansados y tristes de su hijo. ¡Lo sabía!

Naoki cerró la puerta de golpe y avanzó hasta ella con rectitud, deteniéndose a su lado al mismo tiempo que introducía su mano en el bolsillo de su pantalón. Al sacarla, puso a su altura unos negativos que ella observó con ojos entrecerrados.

—¿Cuál es la explicación a esto?

Noriko sintió su piel de gallina al distinguir a su bonita niña y se maldijo por dentro. ¡Así que eso era!

Quiso darse golpes contra la pared, olvidándose de su duelo. ¿Cómo cometió ese fatal error? Definitivamente fue por eso que Naoki perdió los estribos.

—¿Quieres que las revele? —sugirió con tono angelical.

—No juegues conmigo, madre —siseó él lanzando el negativo a la mesa, descargando ahí su enojo.

—Tengo que asegurarme que vivas en las condiciones adecuadas; puedes no fijarte en productos caducos o que tu hogar tiene problemas… es el deber de una madre asegurarse el bienestar de sus hijos. Claro que, si vivieras bajo mi techo…

Él resopló con disgusto.

—Violas mi intimidad y te burlas de mí, madre. Ya he cambiado la cerradura; no vuelvas a hacerlo o tomaré medidas drásticas.

¿Qué, iba a mudarse? En Pandai registraría su dirección y tenía acceso a esos datos. ¿Le pondría orden de restricción? Ningún juzgado se lo concedería en Japón, menos sin pruebas fidedignas.

—Cuando tengas hijos vas a entenderlo, onii-chan.

Naoki se mordió la lengua para no espetarle que haría un mejor trabajo en muchos aspectos, pues ella le dejaba qué desear en lo que competía a su salud mental. Recordó también a cierta mujer que se convertiría en madre y le dolió el pecho, por lo que tuvo que sentarse.

Dudaba que él tuviese hijos en el futuro.

Empuñó sus manos. —¿Así te defiendes? ¿Y qué me dices de meter a la hija de oji-san a mi apartamento? ¿Eso también es para mi bienestar? ¿También lo es mostrarle fotografías mías que, si bien acordamos, nadie debía ver?

—¡Si te ves adorable! —Ella rió escandalosamente. —Supongo que Yamamoto abrió la boca por temor a ti. Ay, no sé por qué te haces el malo ante la gente. —Él enarcó una ceja. —Verás, Kotoko y yo estábamos por ahí y tú no estabas en casa. Quería comprobar tu despensa.

—Casualmente llevabas tus álbumes contigo —musitó con sarcasmo.

—No seas desagradable, onii-chan. Tal vez sí pensaba mostrárselos, ¡pero era inevitable! Y… —Suspiró—. Ella no quería estar ahí, prácticamente la obligué a subir, no iba a dejarla en el vestíbulo, ¿qué tal si ese vecino tuyo, el mujeriego, se la encontraba? La llevé conmigo a regañadientes. ¿Sabes? Debió impresionarse por tu aséptico apartamento. ¿Has pensado cambiar la decoración y que sea menos fría? Tengo unas revistas que podrían servirte.

Las excusas de su madre no le convencieron, pero la idea de que el tipo con búsqueda de satisfacción sexual inmediata se cruzara con Kotoko no le agradó, pese a todo. Sin embargo, después de lograr hacer memoria el día anterior, un poco menos emotivo, comenzó a tener la impresión de que sí existía esa explicación que ella trató de ofrecer… y ahora se arrepentía de no dar la oportunidad de escuchar.

Se sentía muy estúpido y un perdedor.

No tenía más por hacer, en ese juego él se había quedado con la derrota, y el vecino se había llevado el premio, uno que ahora tenía muy fuera del alcance de su mano, al haber arruinado su relación con ella.

Incluso si le pedía y obtenía su perdón, no la tendría de vuelta. Menos con la posibilidad de haberse equivocado con su interés por él.

—A mí estos colores me gustan mucho —continuó su madre sin obtener respuesta suya, manteniendo el tema desviado al asunto que le llevó ahí.

La verdad es que no le importaba; después del sábado, nada le importaba, peor que antes. De pronto su vida regresaba a ese sin sabor y al vacío con el que antes se sentía a gusto…

Antes de la noche del sábado habría sido obstinado en la queja a su madre, pero ahora no tenía sentido.

Había conseguido que Kotoko se alejara… justo para descubrir que estaba enamorado de ella.

No solo le gustaba.

Sus sentimientos se habían transformado desde su ingreso, cambiando exponencialmente cuando se había percatado que ella era más de lo que pensaba. Kotoko se había abierto paso en su corazón.

El día anterior había pasado pensando en ella y se había dado cuenta de la realidad. Muy tarde. Prácticamente cuando en el mundo de ella ya no había sitio para él.

Era un idiota por ello, pero no la clase de idiota al que deseó suerte por tener que lidiar con ella. Ahora quería estar en ese lugar, un mundo donde la tendría a su lado, afrontando las desconocidas emociones que tenía ligadas a Kotoko.

Mas el destino había decidido que las cosas fuesen de otra manera. Si se hubiera dado cuenta antes que no podía borrarla de su mente, de la importancia que tenía en realidad y le hubiese abierto los brazos, no tendría que estar pensando en pedirle perdón por hacerle perder su trabajo y conformarse con verla con anhelo en las ocasiones que coincidiera con ella, con una infelicidad que palideciera a su exuberante alegría.

Estaría disfrutando de tenerla.

Pero no.

Había alguien más.

Y muchas otras cosas.

Era muy tarde para sus sentimientos, que se guardaría para sí y los llevaría a cuestas toda su vida, tras haber perdido su oportunidad. Y viviría una vida seca y carente de todo, porque no se confiaba para fingir todos sus días al lado de una persona que no fuese su pelirroja de ojos avellana.

Suspiró profundamente, sin ver la mirada que adquirió su madre.

Kotoko podía ser feliz con la vida que tenía, él no era quién para inmiscuirse. Tenía una relación con su vecino y esperaba un bebé. De estar sola, haría lo que otros considerarían muy sorprendente para su orgullo, haciéndose cargo de ella y su hijo no nato, criándolo como suyo, solo porque era de ella.

Pero nada era así.

Y le quedaba sufrir por lo que no había sabido aprovechar en su momento.

(La vida no le podía parecer más vacía.)


Con el dedo a unos centímetros del timbre, Kotoko dejó escapar un suspiro, debatiéndose si tocar o no.

Había sido grosera con Noriko-san y no tenía la certeza de que le recibiría en ese momento, menos si lo vería con agrado por lo que iba a darle. Pensaba que lo mejor era entregarle las fotografías de su hijo en la mano, en lugar de hacerlas llegar por correo, ya que le daría un mensaje equívoco a la mujer… en el caso de que todavía quisiera verla a la cara.

Esperaba que haberla menospreciado el día sábado no afectara la relación entre su padre y oji-san, porque el que este último se mantuviese callado esa mañana no le había dado algún indicio de cómo podían llevarse a partir de entonces. Ella no era del todo culpable —tampoco iba a señalar a oba-san—, pero que Irie-kun le llamara acosadora podía tener un efecto negativo en sus padres.

Le dolería afectar la amistad entre ellos, aunque sería mucho más fácil apartar a Irie-kun de su vida.

Dicho sea de paso, no creía que Noriko-san tomara positivamente el que ella quisiera distancia, o la petición de que no volviera a tratar de meterle al hijo entre ceja y ceja.

—La puerta está abierta, si no te animas a tocar el timbre.

Se llevó una mano al corazón al escuchar la voz a sus espaldas, que tardó unos segundos en procesar adecuadamente.

—Yuuki-kun —dijo aliviada dándose la vuelta.

La pelirroja sonrió al ver su uniforme escolar, recordando el pasado, antes de agitar la cabeza y borrar el curso de sus pensamientos.

Yuuki la miró inexpresivo, internamente esperando que su hermano supiese arreglar las cosas y no estropeara todo de nuevo. Kotoko-san tenía aspecto triste, el cual no iba con ella. Quería verla contenta, no con una fingida alegría llena de esperanzas rotas.

Le habría dado una charla a su hermano de no exponer su conocimiento de las cosas. ¿Cómo iba a marchitar a una chica así? Estando en su lugar, la trataría bien. Seguramente habría explotado por la insistencia—como predijo antes—, pero al final habría visto que ella le convenía y que la quería, buscando el modo de estar juntos… sobre todo para que otro no se la arrebatara.

—¿Te estás arrepintiendo de venir? —inquirió finalmente, al ver que ella no decía nada. La habladora era Kotoko-san, y hasta eso había desaparecido.

Ella agitó su cabeza, moviendo sus cabellos cobrizos.

—Entraré contigo.

El menor asintió y abrió la puerta frontal de su casa, permitiéndole el paso a ella antes de ingresar. La sonrisa genuina de la chica le hizo sonrojar, y rápido se cambió el calzado mientras ella se despojaba del suyo, para andar con calcetines dentro.

—Yuu… ¡Kotoko-chan! —Noriko exclamó sonriente al ver a la joven, a quien esperaba ir a ver cuando su hijo menor llegara a casa. Lamentó que el mayor ya no estuviese ahí.

Kotoko asintió con algo de timidez y se dejó arrastrar por la mujer, que no parecía tenerle resentimientos. Le llevó hasta la sala de estar, donde recibió la sorpresa de su vida al ver la mesita central, con fotos de Irie-kun y ella, en las que el otro la miraba con atención. Eran del gimnasio.

¿Estaría él pensando que la acosaba o la veía así por otra razón?

—¿Lo ves, Kotoko-chan? —preguntó Noriko a Kotoko de sus pensamientos—. Le interesas; él estaba enojado por mi culpa, porque yo saqué un duplicado de su llave sin permiso y entré a su apartamento… y también por mostrarte las fotos donde él vestía como niña. —Fuera, Yuuki desencajó la mandíbula—. Onii-chan pensó que tú estabas de acuerdo y malinterpretó las cosas. La furia, la confusión y la ignorancia hablaron por él. Está muy arrepentido, hoy vino a casa.

Kotoko pestañeó frunciendo el ceño, cogiendo una fotografía donde él la observaba del otro lado del gimnasio y casi parecía que le importaba. Parecía que sus ojos brillaban y que toda su atención estaba puesta solo en ella.

Se dejó caer en el sillón con la fotografía en mano, conmocionada.

Sabía lo que era hablar en un arranque emocional, que no lo justificaba exactamente; de eso podía disculparlo. Pero lo que refería a denigrar sus sentimientos no era tan comprensiva, menos si era cierto que le interesaba. No herías a las personas que te importaban.

O, tal vez, era a las que lo hacías cuando perdías el control.

Aun así, si a Irie-kun parecía importarle y sabía lo que ella sentía por él, ¿por qué lo ignoraba?

Eso era aun peor. Le hacía sentir como si sus sentimientos no tuvieran peso y los desechaba, como si ella no valiera la pena.

—Él sabe muy poco de emociones y sentimientos —musitó la madre de él, al parecer leyendo sus pensamientos y dándole una posibilidad que no se le había ocurrido.

La confusión e incertidumbre se abrieron paso en su cabeza.

—No parece darse cuenta de lo que a ti refiere; pero, ¿qué pasaría si lo hiciera? ¿Y si te pidiera perdón y quisiera una oportunidad?

—Si ese escenario hipotético existiera, ¿qué le diría? —dijo Kotoko en voz alta, sintiendo que sus pensamientos eran una maraña—. No lo sé —contestó con sinceridad, mirando al suelo.

Comprender era complicado.

—Kotoko-chan…

—Es importante para una chica saber cuándo rendirse.

—Pero Kotoko-chan…

—Oba-san, yo traje las fotografías que usted me dio —repuso, buscando en su bolso el sobre, sin soltar la que sostenía en su mano. —No quiero seguir queriéndolo. No me hace bien.

—Claro que te hace bien, ¡el amor nos hace bien! Solo es un bache en el camino, las dificultades que se nos presentan antes de obtener el final feliz. Él se portó mal, pero compréndelo. Si no te rechazó todo este tiempo, ni te alejó, significa que fue por algo importante que perdió la calma, y fue por mí, no por ti. De no haberme entrometido, no te habría dicho esas cosas y solo faltaría que se diera cuenta de lo que siente y confesarse.

Era un argumento válido para hacerla dudar. Sin embargo, las palabras que él dijo no las olvidaba todavía… y ella tenía un propósito. No podía desviarse. Se sentiría miserable cuando solo fuese una ilusión más, que en realidad no sintiera algo por ella.

Imaginando los pensamientos de Kotoko, Noriko prosiguió: —Tienes derecho a estar dolida, Kotoko-chan, él no dijo nada agradable y te hizo perder tu trabajo. Eso no es sinónimo de perdonarle todo. ¿Qué te parece que él te demuestre que le interesas? Hazte la indiferente y permite que sea él quien vaya detrás de ti.

—Eso es jugar con otra persona.

—No, Kotoko-chan, es proteger tu corazón. Es válido en este caso. No vas a hacerle de menos ni rechazarlo brutalmente. Solo no le animarás. Él merece una lección por portarse mal contigo y le toca luchar por lo que quiere. Yo… —Noriko tomó aire, arriesgándose—. Si él no hace nada, entonces aceptaré que no te merece. Él ha tenido muchas cosas fáciles toda su vida, es tan listo y tiene memoria fotográfica, es tiempo de que se esfuerce por obtener algo en su vida. Los sentimientos le son difíciles y es bastante estirado, pero, siento que en el fondo vale la pena. No renuncies a él todavía, Kotoko-chan, te lo ruego. Lo herí cuando niño y por eso es así; tiene que aprender a sentir y a vivir. Dale un poco de tiempo. Una oportunidad para ser él quien te busque. Lo pido por los dos, porque sé que le quieres y porque quiero verlos felices. Te mereces ser feliz con la persona que tu corazón clama.

—Oba-san… —susurró Kotoko.

—Por favor.

—No lo merece —interrumpió la voz de Yuuki, haciéndolas brincar—. Pero lo necesita, y creo que tú eres la única que podría influir para que sea más humano, Kotoko-san.

Ella contempló con ojos llorosos la fotografía de él mirándola.

—Tú no tienes que hacer nada, ni siquiera hacerle saber que conoces que le importas. Haz tu vida… Solo deja que onii-chan actúe para llegar a ti.

La pelirroja tomó aire, debatiéndose, con los dos Irie mirando expectantes.


Mientras tanto, en la dirección opuesta a la residencia de los Irie, Naoki se encontraba frente a la casa de ella, de pie en el primero de los escalones de entrada.

Se sentía un idiota parado ahí, sin hacer nada. Le era imposible reunir el coraje para llamar a la puerta y pedirle perdón por sus acciones. No era lo suficientemente valiente como para obtener un rechazo, o para poder pronunciar unas palabras que muy pocas veces habían salido de su boca.

Menos si no la obtendría a ella después.

Su pecho se encogió, pero de cualquier forma flexionó su rodilla para ascender al otro escalón. Segundos después volvió a dejar su pierna al derecho, con sus manos empuñadas flanqueando su cuerpo.

En esa postura indecisa lo encontró Keita, que regresaba a casa. Tras unos segundos de observarlo, dispuesto a ser de ayuda, se detuvo en el camino.

—Disculpe, ¿busca a los Aihara? —preguntó en voz alta, llamando la atención del castaño.

Naoki ladeó el cuerpo y se tensó al darse cuenta quién le hablaba. El vecino enfermero, estudiante de enfermería o lo que fuera.

Con la mandíbula tensa, asintió.

—Ellos no están en casa por las tardes. Solo Aihara Kotoko-san está algunos días después de las cinco, los que no trabaja.

—Ya no está ahí —afirmó seco. Una hora atrás fue a explicarle lo sucedido a Masahiko-san; no obstante, ella había renunciado antes de que él le dijera que la despedía, por lo que no podía reintegrarla de nuevo en contra de sus deseos.

Keita se encogió de hombros.

—Si la busca a ella, no puedo decirle dónde encontrarla, pero Aihara Shigeo-san trabaja en un restaurante y tiene que estar ahí.

—La busco a ella —masculló, odiando tener que hablar a ese tipo. Le causaba náuseas tenerlo al frente, buscando información de ella con quien se la había ganado.

Y no era gran cosa; de piel más oscura y cara simple, no había nada trascendente en ese sujeto, más que tener a Kotoko. Solo le provocaban ganas de arrancarle los dientes y apartarlo de su camino; en especial porque, pese a ser su pareja, no demostraba mucho interés por el paradero de la pelirroja.

—¿Puedo ofrecerle una bebida y espera un poco por ella? ¿Desea dejarle un mensaje, o puedo decirle quién vino a buscarla, si la veo?

—Irie Naoki —dijo en voz alta antes de dirigirse a su vehículo. Al menos serviría que le comunicara que estuvo ahí. Ni loco aceptaría otra cosa proveniente de ese sujeto, era casi como una ofensa.

Escuchó las pisadas del pelinegro a su espalda y lo miró sobre su hombro con indiferencia.

—¿Eres el hijo de la señora Noriko? —preguntó el muchacho con claro interés.

Ceñudo, movió la cabeza en asentimiento y se preparó para defenderse ante un posible golpe.

—Sentía curiosidad de conocerte, Irie-san. Me han dicho cosas interesantes de ti.

Dicho eso, el pelinegro se dio la vuelta, dejando a un anonadado y molesto Naoki, que no sabía discernir entre si estaba recibiendo un insulto o una alabanza.

O si solo se burlaba de él.


NA: Ja,ja, Keita no sabe la tensión que provoca en el otro.

¡Sorprendente la respuesta al capítulo anterior! Bueno, ni tanto, porque a todas nos gustaría que Kotoko dejara de perseguir a Irie y que él hiciera un esfuerzo.

Ya Naoki sabe que está enamorado. La verdad es que omití su reflexión por no hacer una escena extremadamente larga, pero dejé lo importante que es el darse cuenta que es muy tarde.

Por otro lado, ¿creen que Noriko y Yuuki convencerán a Kotoko?

Saludos, Karo.

PD: Si no revisan la página principal (porque, vaya, realmente casi nunca hay nada nuevo), ya publiqué una nueva historia.


Marie: Ja,ja, sí, sufrirá un rato, y como Kotoko es despistada e inocente, pues más maravilloso. Eres un amor, a mí me encanta escribir y es reconfortante que a ustedes les guste; y hasta ahora no he sentido presión por hacerlo ja,ja. Me pregunto cuál será tu usuario (lamentablemente, en la red, como en la vida real, soy pésima en nombres y olvido).

izabela: ¡Ups! No quiero hacerle mal a tu corazón, pero Naoki se merece un poco de sufrimiento de vez en cuando ;) - Las cosas se arreglarán, ya lo verás, aguanta solo un rato, creo que será entretenido a pesar de todo je, je. Obrigado!

Guest: I know, thinking of Naoki working for her is funny ;)

guest: Yes, that should be the right translation: Give me fifty springs.

caro: Tiene otro empleo por tener más dinero, porque el papá ya le había dicho que no era necesario. Ja,ja, yo no pensé en ponerla en el restaurante del papá porque no le iba a dar paga ;). Ay, qué mal, yo me sentí mal por Kotoko pensando que le pasara eso, pero creo que a ella le pasa siempre que abre los ojos cuando algo grande pasa; de no ser así, ella no se ve muy afectada (eso no exime que aquí no pase, eh). En cuanto a Naoki, créeme que lo he pensado y será muy a su estilo, pero igual que convenza a su chica... Trato lo más posible de no cambiar mucho su modo de ser. Ya para el próximo capítulo lo verás. Y el final de tu comentario, ¡caray!, las cosas se pusieron color de hormiga y con sabor a habanero. Gracias a ti, linda.

Lizz asp: Dios, yo quería actualizar hace unos días, pero se me cruzaba todo para revisar este capítulo. Me alegra que te guste y espero no tardar para que sepas qué ocurre. Saludos.