Capítulo 31


Naoki tomó aire de la anticipación y cogió el teléfono del bolsillo de su saco para distraerse.

Esa tarde de viernes sería la primera "clase" con Kotoko.

Aunque quería evitarlo y disimularlo, era como un niño inquieto, mientras esperaba que llegase la hora de salida del trabajo y pudiese reunirse con ella. Sería en la oficina, más que nada para no ser molestados y porque no se trasladarían a casa suya o de Kotoko. Él lo veía perfecto, estaba bien siempre y cuando se mantuviesen alejados del vecino, y no creía que ella se sintiera cómoda en su apartamento, considerando las circunstancias en que se encontraban. Además, contando con su compañía se daba por bien servido, era a lo que más podía aspirar tomando en cuenta el estado de su relación.

En ese momento no tenía ningún pendiente, con lo poco que restaba de acabar el horario laboral, por lo que se sentía inquieto de esperar al tiempo indicado. Le reconcomía el que pudiese cancelar de último momento; tenía que tomar en cuenta que el miércoles por la tarde ella había tardado hora y media en contestar, y que en dos días no la había visto en la empresa, pese a haber oído de ella por ahí.

Odiaba ese cambio de su ruta, y casi optaba por el nepotismo para hacer que ella continuara con él.

Que Kotoko le evitara hacía que su pecho tuviera un nudo y sintiera enormes ganas de encerrarla en una habitación con él y besarla hasta que consiguiera su completa devoción.

Un poco tiempo atrás y no lo habría necesitado; fácilmente podría haber obtenido su aceptación… pero con la llegada del vecino y su metida de pata, las cosas se habían torcido, haciendo que no bastara con besarla.

Resopló y abrió su red social en el móvil, que en una semana no había sentido ánimos de ver, exactamente el día en que se encontró con los dichosos zapatitos y sus emociones apagaron el interruptor de su capacidad de razonamiento.

Estuvo revisando publicaciones insustanciales durante pocos minutos hasta reparar con poca tranquilidad que hacían falta las que pertenecían a Kotoko. Incluso llegó al vídeo de Watanabe del que quería investigar, al que supuestamente seguían los zapatitos de ella. Frunció el ceño con los hombros tensos y buscó en sus amigos, apretando los dientes al darse cuenta que ella había desaparecido…

…pero en el buscador ella permanecía disponible.

Le había eliminado entre sus amistades.

No era muy importante para él, que no le interesaba realmente la red social; sin embargo, para alguien como Kotoko representaba mucho. Se había deshecho de él ahí, cortando sus vínculos y haciéndolo desaparecer entre su pequeño "mundo".

Eso no era agradable, y había que remediarlo. Lo entendía, pues Kotoko tendría su orgullo tras el sábado anterior, mas se negaba a que ella cortara lazos con él, sobre todo cuando él la quería más cerca que nunca.

Llevó la mano al puente de su nariz; esa vez las cosas se harían bien, así que primero las cosas ocurrirían en el plano real e ignoraría el mundo informático, que ya antes le había ocasionado dolores de cabeza. No perdería la calma por cosas sin sentido, tenía que ir aprendiendo.

La tensión en sus hombros cedió y continuó su intención inicial de distraerse, recordando al instante esa publicación de Watanabe que había aplazado con los acontecimientos de la semana. Así, abrió el navegador en el ordenador, para hacer una búsqueda de lo que le había interesado.

De pronto, el castaño se encontró enfrascado en un área no explorada de la ingeniería, en estrecha relación con la medicina, que ocasionó una extraña sensación en su pecho, un entusiasmo que reemplazaba por mucho a lo que inicialmente sentía por su trabajo.

Y sintió que sus aspiraciones habían llegado a algo.

Como respuesta a ello, una sonrisa genuina apareció en la boca del joven, reflejando la emoción y el interés que le causaba lo que leía. Era la primera vez que le ocurría semejante cosa, y él lo sabía: individualmente, había alcanzado lo que siempre estuvo buscando.

La cuestión era tomarlo o dejarlo ir.


Conforme el genio estaba en ello, la persona en que quería evitar pensar, Kotoko, se encontraba temblando y regañándose a sí misma.

La joven no quería parecer interesada en su reunión con Irie-kun.

No podía engañarse diciéndose que era por aprender el tejido, porque solo de pensar pasar horas con él la ponía nerviosa, ya que no sabía qué esperar. Precisamente eso le había hecho demorarse en responder (así como una plática con Keita, quien le habló sobre lo que sabía acerca del embarazo, de un modo que ella comprendió).

Se preguntaba si actuarían como los conocidos que eran, o sería una repetición de su día en el bote, o si él demostraría más interés por estar cerca suyo.

Y la pobre muchacha no sabía cómo evitar pensar en eso.

Con su petición de perdón y su ofrecimiento, él le había hecho más difícil su objetivo. Ni siquiera necesitaba verlo —y lo evitaba mucho— para tener presente ese tema.

¿Podemos volver a empezar?

Ciertamente, en casos como el de Kotoko, esa pregunta, y el modo en que fue hecha, conseguían desestabilizar un poco a la persona, o a veces mucho. Tratándose de la pelirroja, ella no cambiaría sus intenciones para sentirse realizada, pero cada vez más la perspectiva planteada por la mujer Irie aumentaba el nido en su cabeza, y dejarle una oportunidad a Naoki, sin desviarse de su propio crecimiento personal, era más viable.

Pero seguía en su "no lo sé", que servía para mantener al joven fuera de su zona de confort, esperando y deseando por ella, casi del modo en que Kotoko había estado antes, pues no sabía de los verdaderos sentimientos que ésta tenía por él.

Prácticamente los dos enamorados se sentían inseguros por el otro.

No era de extrañar que la pelirroja estuviera de ese modo, tembloroso, hecho anotado por los tres artistas que permanecían de pie, aprovechando a observarla en uno de sus entornos habituales a los que no habían tenido acceso, a diferencia del gimnasio y el restaurante, u otros sitios que frecuentara.

Los mangakas habían pasado desapercibidos incluso para Noriko, ensimismada en sus ideas casamenteras.

Ryo se había unido al gimnasio, como demostraba su nueva apostura.

Aoki frecuentaba el restaurante, cual comelón era el chico de lentes.

Y Takeru había cubierto su casa y salidas, pues se mezclaba mejor entre la gente.

Ellos tres, a efectos de su nuevo manga, la habían seguido —muy discretos, después de aprender por una ocasión anterior en que casi son demandados—, y se habían percatado del historial de los dos jóvenes. No obstante, aunque los tres preferían que su musa los escogiera, sabían que el corazón de la chica pertenecía al muchacho… lo habían observado.

Sabían, también, que era mutuo.

Su única venganza era mostrarle al jefe de proyectos de Pandai el dibujo del traje de Kotorin, el ángel justiciero.

Y el villano.

—Vamos, que comienzan a mirarnos —dijo Takeru, espiando de reojo a un muchacho pelirrojo que subía y bajaba los ojos de su trabajo.

—Ya tenemos un poco de material —musitó Aoki, ajustando sus lentes—; además, perdemos tiempo de diseño si tardamos aquí más de una hora.

—¿Creen que Irie-san desee recibirnos sin previa cita? —preguntó Ryo.

—Kotorin nos dio a entender que somos artistas a los que quieren tener contentos, no podrá negarse —respondió Aoki, pagado de sí mismo.

Los tres sonrieron de forma boba.

—¡Kotoko-san! —llamó Takeru, agitando su mano a la chica, que se acercó a ellos empujando su carrito de mensajería.

—Hola —saludó ella, sin hacer referencia a sus nombres, pues los había olvidado en orden y no quería confundirse al mencionarlos. —¿Presentarán algún trabajo? —Señaló las carpetas de los tres, quienes asintieron.

—Queremos que vengas con nosotros —pidió Aoki, sonriendo entusiasmado.

—¿A dónde?

—Tienes que ver nuestro nuevo trabajo, se lo enseñaremos a Irie-san y deseamos tu opinión.

Ella cerró los ojos un momento. —¿No pueden mostrármelo ahora o después? Irie-san se molestará si interfiero.

—¡Para nada! —exclamaron los tres, y la empujaron al ascensor.

Kotoko suspiró, consciente de que no podía burlar a tres hombres y terminaría importunando a Irie-kun, otra vez. Solo ella se metía en esos problemas.

—Por cierto, ¿si te gusta nos firmarás unos papeles? —inquirió Aoki tras llegar al piso superior—. Podrás hacerte famosa con un pequeño garabato.

—¿Firmar? —Arrugó la frente. —¿Qué? ¿Para qué? ¿Famosa?

—Ya lo verás —dijeron los tres al llegar a la puerta de Naoki, todavía empujándola.

Watanabe, que los vio a de lejos, pensó que querrían que ella convenciera a su amigo de alguna cosa. Aparentemente eran igual de observadores que él.

Aunque esa confianza con ella no le gustaría a su amigo.

—Anúncianos, Kotoko-san —pidió amablemente Takeru.

Ella se encogió de hombros suspirando y llamó a la puerta.

—¿Quién? —preguntó Naoki desde el interior, apartando la mirada de la pantalla.

—Irie-san. —Él se irguió de repente al reconocer la voz de Kotoko, y buscó el reloj para saber si las horas se le habían ido leyendo.

Al ver que no, pensó que ella iría a cancelarle, por lo que se puso de pie ceñudo.

—Pasa —ordenó con fuerza.

El jefe de proyectos achicó los ojos al ver que no iba sola, pero se tranquilizó en creer que quería cambiar sus planes de la tarde.

Por encontrársela muy poco, la observó unos segundos, apreciando la falda rosa que llevaba en conjunto con su blusa blanca, tomando en cuenta los beneficios del gimnasio, y luego, obligatoriamente, miró a los artistas que la acompañaban.

—¿A qué debo su visita? —manifestó, no muy amigable de que llegaran sin previo aviso, ni su familiaridad con ella.

—Tenemos algo que le gustará y no podemos esperar más, Irie-san —dijo Kimura Aoki, el cabecilla de los tres.

Asintió y les invitó a pasar. Arrugó la boca al ver que Kotoko ingresaba a regañadientes, como si no deseara estar ahí.

Ya se le quitaría la impresión de que él no la quería cerca.

—Kotoko-san, querrás leer también, ¿por qué no te aproximas a Irie-san? —indicó Odawara Takeru amablemente.

Él sintió un mal presentimiento e hizo una señal a Kotoko para que avanzara al sofá oscuro donde una vez la recostó, de manera que los dos estuviesen sentados. Uno de los jóvenes tomó asiento allí también, al lado suyo, mientras los restantes ocupaban las sillas disponibles.

En su interior, agradeció la oportunidad de tenerla a su costado, respirando su perfume cítrico y con sus cuerpos rozándose. De estar solos, en ese momento habría ladeado su cabeza y tomado sus labios entre los suyos.

La notó nerviosa y deseó observarle el rostro para saber si era por temor o por otra cosa; pero ella miraba sus manos entrelazadas sobre su regazo.

—Sé que les gustará. —El tono del chico de lentes sonó socarrón, al tiempo que le entregaba una carpeta con un buen número de hojas dentro.

Naoki la abrió.

—¡Soy yo! —exclamó Kotoko con incredulidad. Él sintió su párpado temblar al observarla en la portada de un manga, y no porque apareciera ahí, sino por la alteración en su apariencia… más que nada, la ropa.

Era una mujer muy parecida a Kotoko, de ojos azules y cabellos rubios cobrizos, con unas alas en la espalda y un traje que, por nada del mundo, parecía de "ángel". Era una pequeña blusa blanca que dejaba al descubierto el borde del escote del busto y los laterales del estómago, y la parte inferior era una falda de cinco centímetros, que también era del color de la pureza. A todo el conjunto le adornaban diferentes signos occidentales referentes a la santidad, de color dorado, que combinaban con el tatuaje de alas azules que decoraba el costado izquierdo de la figura femenina, dando la impresión que llegaban a su vientre y al centro de su cuerpo, un camino que cualquiera imaginaría con perversión.

Era como el brazo de un hombre dirigiéndose a su… Apretó la mandíbula.

Por si fuese poco, esa Kotoko tenía exagerados sus atributos, ya que su busto era de proporción mayor a la de ella, igual que el trasero.

De ser otra mujer, lo habría aceptado, pero siendo ella

—No —masculló, sin pasar a la siguiente hoja. —Pandai no usa pornografía.

—¡No lo es! —gritaron los artistas a una voz.

Kotoko, que parecía haber estado en trance, brincó, y él la sujetó de la muñeca para que no perdiera el equilibrio. Sintió su pulso acelerado.

La soltó con desgana. —Es claro que no tienen su aprobación —argumentó con prepotencia.

—Puede arreglarse ahora mismo —intervino Akagi Ryo, sacando unos papeles de su carpeta.

—Así es, antes no has negado que firmarías, Kotoko-san —agregó Aoki, extendiendo una pluma para ella.

Él la cogió en su lugar, arrebatándosela malhumorado.

—Bajo ninguna circunstancia la harán firmar sin la oportunidad de leer —informó con acritud—. Y no permitiré que su imagen sea presentada de este modo.

—¡Pero será un éxito!

—¡Después de verlo ya algunos de nuestros antiguos compañeros del club de anime lo quieren!

—¿Cómo has dicho, Akagi? —cuestionó heladamente.

Los otros dos dirigieron una mirada de reproche a su amigo, como si eso no debiera haberlo sacado a la luz.

—Todos nos mostramos nuestros trabajos actuales, Irie-san —comentó Takeru, en calma. —No se ha hecho con otro afán.

—Eso pueden explicarlo al abogado.

—¿Puedo leer la historia? —Los cuatro miraron a Kotoko con atención; Naoki, en especial, la observó con incredulidad. —No me gusta esa ropa, pero, tal vez, si la historia es buena, ¿pueda cambiarse? Con esa condición, podría firmar. —Ella frunció la boca. —La nariz tampoco me gusta.

—¡Sí! Todo lo que nos pidas, Kotoko-san —dijo Aoki.

—Lo agradezco, Irie-san, pero creo que es una decisión que me concierne a mí —sostuvo ella con orgullo.

Evitó sentirse menospreciado y suspiró, aun con ganas de estrangular a esos artistas problemáticos.

—Watanabe puede revisar el contrato y hacer los cambios que buscas —sugirió tenso, haciendo lo posible para que no la timaran.

(Aunque él también lo leería.)

—Si no es molestia.

—Claro que no —farfulló, enfadado de que lo pensara. Él se aseguraría sus mejores intereses.

—Entonces también revisará el suyo, Irie-san —acotó Aoki. —También aparece.

Al escuchar eso, Kotoko esperó oír la misma reacción que cuando ella, pero ésta nunca llegó, y se llevó la impresión de que había sido maleducada cuando él solo quería protegerla. Había creído que él lo hacía porque no quería problemas legales para un proyecto de la empresa, y actuaba como si ella no tuviera voz ni voto en el asunto, por lo que había intervenido casi molesta; ahora, con el simple asentimiento por su presencia en el manga, se daba cuenta que lo hacía explícitamente por ella.

Se sonrojó de la felicidad que eso le dio, internamente abochornada con su propósito de alejarse de él.

Para distraerse (aun si no le agradaba estar en un manga), se inclinó hacia la carpeta que él tenía sobre las piernas y cambió la página para leer las demás hojas, acción que repitió encantada, porque le interesaba lo que leía. Claramente ellos sabían de cuando estuvo en el club comunitario, que visitaba orfanatos, repartía comida a personas sin hogar y acompañaban a adultos mayores que tenían familiares de poco honor, pues no les prestaban atención. Habían hecho una mezcla de todo eso y más cosas, con una especie de súper heroína con apariencia de ángel, que debía librar batallas con secuaces del malvado dictador de su país, un hombre sumamente inteligente que escondía poderes de hielo, con los que trataba de herir continuamente a la protagonista.

Ella, además, era una infiltrada en su residencia, trabajando como empleada doméstica, aunque su apariencia cambiaba un poco.

En la última página ella había sido congelada por él, que enojado por una nueva hazaña de "Kotorin", desató su furia con la primera persona que tenía cerca en su residencia, siendo ella la única. La heroína no se había defendido para no revelar su identidad.

En ese dibujo, donde el villano aparecía en grande en la hoja, se fijó bien en sus rasgos.

—¡Eres tú, Irie-kun! —proclamó señalándolo, sin darse cuenta de cómo le dijo, apreciando la imagen.

Naoki sonrió en su interior y decidió no replicar por su papel en el manga, sobre todo porque a ella parecía gustarle esa tontería. Sin embargo, la apariencia de Kotorin debía cambiar, no quería que nadie fantaseara con Kotoko, mucho menos con el recorrido que seguía el tatuaje. De ahí en fuera no se había fijado mucho en la historia, puesto que había estado observándola a ella.

—¿Te gusta, Kotoko-san? —preguntó Takeru.

Ella asintió.

Los chicos chocaron palmas.

—Entonces haremos los cambios que quieres, lo traeremos y esperaremos a las firmas —dijo Aoki.

—¡Gracias Kotoko-san! —exclamaron los tres antes de ponerse de pie, reunir sus papeles, e irse.

—Qué rápidos —murmuró Kotoko, haciendo que él sonriera de lado.

—Si no estás segura, no te sientas obligada —comentó, porque no quería que ella se fuera inmediatamente.

Ella se aclaró la garganta. —Lamento ser grosera, yo pensé que lo hacías por los intereses de la empresa.

Él por poco y blasfemó. ¿Cómo podía hacerle entender que le importaba? ¿Iba a echarle en cara que fuesen "conocidos"? Entendía que no creyera en él tras el sábado, pero le frustraba y le hacía pasarlo mal, sintiéndose como un inútil.

—Aparentemente no puedo pensar en tu bienestar —musitó secamente.

Kotoko, que tenía a flor de piel sus sentimientos, se crispó. No era su intención hacerle sentir lo contrario, ya que él demostraba interesarse por ella; no obstante, le era difícil comprenderlo. Tampoco le gustaba hacer sentir mal a otros.

Él se puso en pie y caminó hacia su escritorio, donde se sentó. Ella se preguntó si era una muda invitación para dejarlo solo, o si quería enseñarle alguna cosa, al no pedir que se fuera.

Generalmente él le decía que se retirara, así que era complicado entender; su rostro no expresaba más que irritación al pararse, pero no dirigida a su persona. Además, no quería irse con el sentimiento de culpa por dudar de sus buenas intenciones.

Lo miró atenta y vio un cambio en su rostro, diferente a las veces en que trabajaba con algún proyecto; parecía apasionado por lo que estaba haciendo, si ese adjetivo aplicaba para él.

Movida por la curiosidad, se puso en pie para acercarse con sutileza hacia su escritorio. Cada cosa que hacían en Pandai era de su interés, por lo cual quería enterarse de lo que estaba planeando, sobre todo porque en su cara se veía que sería estupendo.

Titubeó y se detuvo, ya que podría ser visto por él como inmiscuirse en su vida.

Con la mirada baja peleó en su mente unos segundos, hasta suspirar. No tenía derecho.

Al verlo de nuevo, se encontró con sus ojos violáceos en ella.

Tragó saliva.

—¿Cuál era tu intención? —cuestionó él con un deje de gracia. Lo que estaba haciendo parecía haberle relajado.

—Eh.

—Si no dirás nada a nadie, puedes verlo.

Dudó, pasando el peso de un pie a otro.

Él lanzó un largo suspiro. —Si estás pensando en mis palabras del sábado, olvídalas, tú que puedes.

En realidad, no recordaba perfectamente todo lo que había dicho; tras algunos días, prevalecía más el sentimiento. Se preguntó cómo sería recordar a la perfección las cosas, aún más si eran sucesos amargos. —Oba-san dijo que tenías memoria fotográfica.

Él asintió. —Puedo recordar todo lo que he escuchado o leído una sola vez.

Incluso las burlas y el rechazo en su infancia.

Debía ser difícil estar en su lugar, pensó con tristeza, avanzando hacia él sin pensarlo.

—No te preocupes por mí.

¡No lo hago!, exclamó como defensa para sí, deteniéndose a un paso del escritorio.

—Has hablado en voz alta. —¿Lo hizo? —Y también tu rostro es muy transparente, Kotoko —replicó él con una diminuta sonrisa que le cosquilleó en el estómago.

¿Por qué le hacía difícil apartarlo de ella!

—Yo… tengo que irme a hacer… ¿Pandai hará tecnología de hospital? —preguntó al ver la pantalla del ordenador, intrigada.

Naoki pensó que ella no podía estar en una sola cosa a la vez, y que era tan sincera que no pensaba muchas veces lo que iba a decir, hasta haberlo hecho. Se había contagiado de eso últimamente, aunque ella era mucho mejor en el tema de los sentimientos que él, sin duda.

—No, es personal.

—¿Dejarás de trabajar en Pandai?

Él bajó la mirada al teclado, indeciso. No sabía si podría hacer a un lado su trabajo actual, por algo que repentinamente tenía interés; si se alejaba de Pandai para comenzar a hacer una cosa diferente, sería como ir de cero, sin saber si triunfaría, y, además, estaría haciendo a un lado las esperanzas que su padre había puesto en él de ser su sucesor. Pero, por otro lado, era la primera vez que sentía que podía hacer algo que continuamente le motivara y sintiera que pudiera ser demandante para él.

¿Perseguía un imposible al querer triunfar en algo diferente?

Kotoko, viendo su falta de respuesta, reflexionó en lo que había dicho su madre, que él no tenía por qué luchar, como un comentario de que él estaba cumpliendo el sueño de su padre, pues no tenía uno propio.

Al parecer, hasta los genios como él tenían los problemas que la gente común experimentaba. Todos enfrentaban sus propias batallas.

—Hay preguntas para las que no tenemos respuesta, ¿verdad?

Por primera vez, cuando él alzó el rostro, ella pudo encontrar su cara dejando entrever emoción, y era el conflicto interno que pasaba.

—¿Tú qué harías?

¿Quiere mi opinión?, se preguntó incrédula.

Él asintió, aunque ella no habló en voz alta.

Lo pensó durante unos momentos.

—Seguiría mi corazón —susurró lentamente, y cayó en la cuenta que se estaba respondiendo a sí misma sus propias dudas.

Su corazón le decía que dejara todo fluir y que siguiera su meta; que podía permitir que a su debido tiempo él llegara a ella, si así debía ser y si él la quería; que podía amarse y amar a la vez, pero sin perder su dignidad en el proceso de ser amada.

Que, por encima de todo, en su vida, ella estaba primero.

Y si su corazón decidía que él era la persona de quien siempre estaría enamorada, aun sin tener nada juntos, no tenía por qué pasarse la vida sufriendo, pues no sería la primera en el mundo que tuviera un amor no correspondido.

Las cosas pasarían si estaban destinadas, no porque la madre de él lo deseaba, ni porque ella tuviera que hacer lo imposible para obtenerlo, o porque tuviera que hacerlo cambiar o rogarle; solo ocurriría si ambos alcanzaban ese punto intermedio para tocar al otro, dejando que sus vidas pudieran acompañarse por el tiempo que estuvieran en la tierra, o el que quisieran.

No debía pensar más, ni preocuparse o confundirse por lo que estaba fuera de su control. Sus objetivos actuales eran su libro y respetarse a sí misma.

Sujeta a ese pensamiento, Kotoko volvió a sonreír como siempre, viendo el mundo de forma positiva y con la inocencia de una niña, mientras se dirigía hacia la madurez que necesitaba como la adulta que era.

Naoki pudo percibir el cambio y contuvo el aire, dándose cuenta que ella lo había dejado a años luz, porque podía hacer lo que él no.

Y eso hacía la diferencia con Kotoko Aihara.


NA: Bien que Naoki se fija en su busto y trasero.

El día aun no ha terminado, pero el capítulo sí. Al próximo podrán leer qué pasa en la tarde. Es un viernes demasiado largo ja,ja (lo odiaría).

Las inquietudes de Naoki a esas alturas de su vida se merecerían un fic propio, aquí solo es como por encima. Eso de ser "perfecto" tiene sus pros y contras.

Por otro lado, no se preocupen, Kotoko se ablanda, aunque no es lo mismo que lo acepte. Es más, en el próximo capítulo él tendrá una probada de lo que siempre pasaba en la historia original (¿tienen ideas?).

Besos, Karo.


DaCa: Je, je, no había modo de que el tejer fuese diferente que tierno... aunque un dolor de muela para Naoki admitir que sabe de eso, pero él con ver un instructivo ya sabría cómo, así que, bueno, ya era su turno de hacer algo. No es justo de que todo sea de parte de Kotoko, también le toca demostrar parte de sus sentimientos. Gracias a ti por tus palabras, muy lindas. Siempre trataré de hacer lo mejor que pueda con mis historias y es fascinante que les gusten. Pues faltarán 8, 9 o 10 capítulos, dependiendo de lo largo que me salga lo que tengo planeado. Todo se va pasando a un siguiente capítulo. Y sí, siempre es bueno amarse a uno mismo. Besos para ti.

caro: No sabía que podía hacer sentir eso, pero significa que estoy haciendo bien mi trabajo je,je. Los pensamientos de Naoki con sentimientos son difíciles, solo que de algún modo u otro me meto en ellos y trato de analizarlos. Los saltos de fe son complicados, porque a veces el temor de ser herido por lo que se depositó confianza es peor. Gracias por comentar. Un enorme abrazo.

Caro: Je,je, sí, hubo mucho de inquietudes de Naoki y la inseguridad de Kotoko, algo casi normal, en algún momento u otro se me van capítulos enteros con eso. Todas las situaciones pueden usarse si se emplean con ingenio. ;) - Después de todo, sería muy repetitivo hacer lo mismo siempre. Gracias por el rewiew. Besos.