Capítulo 34
Kotoko se detuvo a la salida de la estación de metro y volvió su mirada a la derecha, donde había una cafetería, repleta como la mayoría a esas horas del día, el comienzo del horario laboral.
No le apetecía un café, pero tal vez así le agradecería el favor a Irie-kun, que le había llevado a casa el día anterior. De ese modo, sería algo completamente impersonal y no ocuparía más que el tiempo que le llevara alcanzar su turno, a diferencia de cuando le preparó el almuerzo.
Así se quedaría tranquila por ese apoyo; luego encontraría el modo de agradecerle por enseñarle a tejer. Lo haría cuando consiguiera su cometido, y así tendría la conciencia libre al no volver a molestarle después. No importaba si el motivo de él era que ella considerara eso importante, tenía que dejar claro que su interés no estaba en otra cosa.
Suspiró y fue a la entrada de la cafetería. Era decepcionante que tuviera que razonar y justificarse internamente por algo tan nimio. Sabía que seguía enamorada de él, y que las acciones de Irie-kun le daban mariposas en el estómago, pero no quería hacer nada que gritara otra cosa… menos cuando su intención no era conseguir una relación con él.
La verdad era que, aun si le decía que sentía algo por ella, tampoco brincaría ante esa posibilidad, porque lo rechazaría. Un romance no era su prioridad, ni estaba preparada para uno.
Si él tenía otro interés por ella, no quería dañarlo rechazándole, porque sabía el dolor que acarreaba. En ese caso, lo haría a ambas partes. De hecho, ni quería prolongar mucho su tiempo juntos, era como animarlo a algo que no sería en ese momento.
Quizá y se adelantaba a los hechos, se dijo golpeándose la frente. Ya había decidido no pensar de esa forma, y ahí seguía. Cuántas veces su padre le había expresado que daba muchas vueltas a las cosas, aun después de decidirse.
Encogiéndose de hombros, esperó su turno y sonrió al hacer el pedido, uno que nunca habría hecho. El café negro y amargo no era de su preferencia; entre más dulce supiera, mejor. En cambio, tomando en cuenta el día que estuvieron en la cafetería, Irie-kun era lo opuesto. De todos modos, cogió dos sobrecitos de azúcar y apuró el paso para no llegar tarde al edificio. Tenía que entregarle el café antes de empezar su trabajo y también antes de que se enfriara.
Ya en el edificio, Kotoko alcanzó los ascensores sin esperar y llegó al piso donde estaba la oficina del castaño, quien acomodaba sus pertenencias en su área de trabajo cuando llamó a la puerta.
Él se preguntó quién podría necesitarle tan pronto, por lo que acudió a la puerta curioso, en caso de requerirse fuera.
Se sorprendió y entusiasmó al encontrarse a su mensajera favorita en la entrada; ese día llevaba unos pantalones oscuros y blusa color violeta, combinando con el pronóstico del tiempo, y además tenía un vaso de café en la mano izquierda.
—Buenos días —se dijeron mutuamente.
—Pasa —musitó haciéndose a un lado.
Ella negó con rapidez. —No ocupo mucho tiempo, Irie-kun. Vine a traerte un café, sé que no te gusta lo dulce, así que está bastante cargado. Esto es por ayer, es lo único que encontré para agradecerte.
Él no necesitaba pensar en el término del día anterior, para no tentar a la suerte, pero asintió. Le intrigó la diferencia entre un desayuno hecho por ella y un café del establecimiento a una cuadra.
—Es por llevarme a casa, ya que aún no he aprendido a tejer y no puedo agradecer por ello.
—No tienes que darme algo a cambio por las veces que te haga un favor.
Kotoko se mordió el labio inferior, entregándole el café.
—No quiero sentirme en deuda contigo.
—¿Y eso por qué? —inquirió desganado.
—Me siento mejor así.
Él suspiró y movió la cabeza en conformidad.
—Tengo azúcar —agregó Kotoko buscando en el bolsillo de su pantalón. —Dos… No, no. Em… tengo un sobre de azúcar —dijo al tiempo que sacaba una bolsita blanca, llena de pequeños puntitos brillantes.
Él enarcó una ceja, con una sonrisa tirando de sus labios. Kotoko había roto el sobre de azúcar en su bolsillo.
—Tengo que irme —manifestó ella con el rostro enrojecido.
—Hay un baño en mi oficina, para lavarte.
—Está bien, voy tarde. Gracias de todos modos. Eh… ¿El sobre?
Extendió su mano, aun si no iba a consumir el endulzante. Ella lo dejó y sonrió despidiéndose.
—Gracias.
Él cerró la puerta de su oficina y dio un sorbo a su bebida, saboreándolo lentamente; estaba a su gusto, pero no era la gran cosa.
Se encogió de hombros, porque proveniente de ella, daba lo mismo si hasta le hacía comida desabrida.
Siempre que significara que pensaba en él.
Yuuki tenía varios días observando a su madre, que parecía estar absorta en lo que fuese que pasara por su cabeza, y sentía escalofríos de que se tratara de sus locas ideas para emparejar a su hermano y Kotoko-san, quienes definitivamente no necesitaban su intromisión.
Según se daba cuenta, su hermano ya había aceptado que Kotoko-san era especial para él, pero iría a su propio ritmo, no al que marcara su romántica progenitora. A Naoki no le hacía falta que se metieran en su vida y sus decisiones, sino que le dejaran sentir que era dueño de las cosas, no el indefenso menor que hizo caso a su madre y terminó siendo avergonzado por su clase.
Con su obsesión por las féminas, Irie Noriko era un peligro.
Había llevado a su impertérrito onii-chan a hacer una escena en un restaurante, lo que era un ejemplo más que claro.
Por eso, se preguntaba en qué estaba metida ahora, pues sus miradas soñadoras presagiaban un desastre. Aparentemente ya se había recuperado de su culpa por su responsabilidad con los dos jóvenes, o fingía demasiado bien con los cargos de conciencia.
—Ya sé lo que pasó con onii-chan —declaró en tono alto, rompiendo el silencio de la sala de estar. Se encontraban los dos solos, ya que su padre aún no había regresado del trabajo.
Su madre lo miró curiosa. —¿Qué pasó con onii-chan?
—Sus primeros seis años de vida.
Ella pestañeó durante unos segundos y se cambió de asiento, a su lado.
—¿De verdad! ¡Qué alivio! ¡No podía seguir guardando el secreto! ¡Con lo que me gustan esas fotografías! ¿Quieres verlas?
Sintió su mandíbula caer de la impresión. Qué descaro el suyo.
—¡Mamá! —exclamó incrédulo—. ¿Cómo dices eso?
—¿Que no sienta vergüenza? Si son muy bonitas, deja te las muestro. Tengo varios álbumes…
—¡No! —cortó agitando la cabeza. —No, disculpa interrumpirte, mamá. No quiero verlas, me siento mal de solo pensar en lo que tuvo que pasar onii-chan, no deseo más pruebas.
—Si no son malas. Y Kotoko-chan las ha visto, tú eres su hermano menor, no se enojará.
Naoki debía sentir mucha impaciencia cada vez hablaba con ella del tema.
—De hecho, no te llevarás una sorpresa en su boda, cuando haga una presentación junto a las fotografías de infancia de Kotoko-chan.
—¿Boda? ¿Presentación? No, ¡mamá!, ¿qué estás planeando ahora? —Tendría que decirle a su hermano, inmediatamente.
O cuando conociera bien sus planes.
—Será una bonita presentación de la juventud de los dos. ¿Cómo voy a usar fotografías de la infancia de Kotoko-chan y no de mi hijo? Y teniendo tantas.
—Onii-chan no te lo perdonaría.
Ella rió. —¡Soy su madre!
—Precisamente por eso, mamá. Será una vergüenza para él, le arruinarías una fecha importante. ¿Cómo podrías arruinarle otro evento importante en su vida? —Tal vez su hermano sí le perdonara de nuevo, pero perdería la confianza que le restaba en ella.
Frunció el ceño.
—¿Por qué discutimos de una hipotética boda? No están juntos, onii-chan no va a casarse con Kotoko-san.
—Todavía no, pero es un evento que tengo que planear con mucha antelación. Los salones y el catering se reservan mucho antes; probablemente en un corto tiempo me prefieran si menciono la empresa de papá, pero hay que ir sobre seguro.
—Mamá, ellos ni siquiera están juntos, ¡no puedes planear su boda! ¡Menos sin su conocimiento!
—¿Por qué no? Les ahorro el estrés de tener que tomar decisiones.
Yuuki elevó las manos al cielo.
—Incluso si fuesen a casarse, creo que a Kotoko-san le gustaría hacer su boda a su manera.
—¡Oh! Si lo estoy tomando en cuenta; un día que almorzamos juntas me habló de cómo sería la ceremonia, su vestido, la fiesta de recepción. Aunque para ella lo más importante es casarse con el hombre que ama, Yuuki-kun.
—Mamaaaá —se quejó, muy frustrado de tratar de negociar con ella. Ni siquiera se trataba de él y le daba mucha ansiedad.
—No te preocupes, Yuuki-kun, todavía no tengo una fecha, ni nada oficial. Solo tengo notas en mi cuaderno. He ido pidiendo presupuestos para diferentes épocas del año, modistas, flores, lugares, comidas, así en cualquier momento podemos organizar la boda. Y he ido haciendo estimaciones considerando los cambios que han tenido los productos en el mercado. Creo que las fresas aumentarán al triple su precio y el pastel de bodas tendrá que ser de vainilla, si no es en los siguientes dos meses. Pero no puede ser demasiado dulce, la industria de caña ha tenido problemas los últimos años, con las enfermedades cardiovasculares.
Él tragó saliva.
—Además, todavía resta que onii-chan se confiese. Aun estoy ultimando detalles para eso.
Cogiendo las manos excitadas de su madre, que agitaba en el aire, él lanzó un profundo suspiro. —Mamá, no hagas nada. Déjalo que decida su vida amorosa. Lo has fastidiado mucho.
—Pero necesita ayuda.
—¿Qué pasaría si, con tu intervención, se vuelve a estropear? —Ella abrió los ojos con alarma. —Onii-chan tiene que hacerlo solo… —Bueno, su consejo solo era mínimo. —Tu ayuda puede no ser de provecho, aunque tu intención sea la mejor. —Él suspiró de nuevo—. Y no solo por él, déjanos lidiar nosotros mismos con nuestra vida amorosa.
—No, eso sería… —Su madre puso cara de pánico.
—Es como si no nos creyeras capaces de tomar nuestras propias decisiones, tratándonos como niños pequeños. ¿No confías en nosotros?
Ella bajó la mirada.
—¿Y entonces qué haré por mientras? —musitó, dando una respuesta favorable a su pregunta.
Yuuki sonrió.
—Parece que lo haces bastante bien adquiriendo información y estimando al futuro. Deberías probar como corredora de bolsa —bromeó.
—¿Y eso de qué me serviría, jovencito sabelotodo? —replicó su madre—. ¡Oh, sí! Podría tener dinero a mi disposición para las mejores bodas del mundo, o para darles todo lo que quieran a mis nietas. ¡O para una enorme propiedad en la que todos vivamos juntos! ¡Eso me encanta!
—Ejem… o podrías saber cuáles son los mejores sitios para luna de miel, las mejores temporadas, los hospitales y médicos a los que ir por embarazos y bebés —sugirió, preguntándose si no había metido la pata.
—Tengo que empezar a analizar las acciones —siguió ella—, ¡pero antes tengo que planear el cumpleaños de Kotoko-chan! ¡Es en tres semanas!
A él no le quedó más que resoplar y poner los ojos en blanco, viéndola encaminarse fuera de la habitación, extasiada. Sin embargo, antes de que saliera, recordó algo.
—Mamá. —La detuvo—. ¿Kotoko-san menciona mucho un vecino suyo?
—¿Menciona mucho? —Noriko frunció el ceño, preocupándose de que su futura nuera hablara de más de otro hombre. —No. El único vecino varón que tiene es Keita-kun, pero es menor que ella y, de cualquier forma, me he asegurado que no se haga ilusiones románticas con Kotoko-chan. ¿Por qué?
—Onii-chan pareció preocupado por un vecino —contestó Yuuki.
La mayor comenzó a reírse a carcajadas. —¡Está celoso! —exclamó encantada—. ¡Si supiera que no hay probabilidades!
—Mamá, onii-chan no se hace ideas de la nada —razonó Yuuki—. Creo que, incluso enamorado, no daría mucha importancia a alguien a menos que tuviera pruebas.
—¿Así lo crees? Pero no hay motivos, Keita-kun sabe que onii-chan y Kotoko-chan tienen una relación amorosa.
—¿Le hiciste creer que salen juntos?
—¡Por supuesto! Si se lo propone, un muchacho como él podría enamorar fácilmente a Kotoko-chan. ¡Es tan amable y atento! ¡Y tiene tan buenas creencias del matrimonio y la pareja! Si no tuviera una excusa que se lo impidiera, ¡los hijos de Kotoko-chan serían mini enfermeros!
—¿Kotoko-chan quiere ser enfermera? —Los dos miraron a la entrada, donde estaba su padre, rascando su cabeza medio calva. —¿Por qué motivo?
—No, papá, estábamos hablando del vecino de Kotoko-chan. Ella publicará un libro.
—¿Y qué importancia tiene ese vecino? —preguntó Shigeki, anonadado.
—Onii-chan está celoso de él.
—¿Ese vecino está interesado en Kotoko-chan? Debo decirle a Ai-chan, porque su hija está sola en casa.
—Harías bien, papá —alabó su esposa. —Aunque no es peligroso, hay que cuidar a Kotoko-chan de los muchachos.
Noriko pensó que Naoki no debía ser sacado del error —al menos no todavía—, porque como con el musculitos del gimnasio, él se pondría manos a la obra con Kotoko-chan. Con los celos, pasaba a la acción.
(Qué poco sabía.)
En cuanto a Yuuki, él salió de la habitación, receloso de creer que el otro chico no tenía mucha relevancia; pero si su madre, que estaba en todas partes, no le daba importancia, así debía ser.
De todos modos, buscó su teléfono móvil y empezó a mandarle a su hermano la buena nueva de que su madre no se interpondría en sus planes con Kotoko-san.
No tenía por qué mencionar a un vecino sin importancia.
Naoki se recostó en la silla de su escritorio en el dormitorio y contempló las notas de Kotoko que guardaba allí, pensativo por las palabras que le había dicho su hermano menor sobre sus conocidos.
Durante un instante, sintió curiosidad sobre Yuuki hablando de su propia experiencia, usando el recurso de "otra persona" para disimular. No le extrañaría que su hermano guardase el secreto de una novia, por el riesgo de su madre metiéndose en sus asuntos.
Sin embargo, eso no era su asunto, así que no había motivos para indagar al respecto; en todo caso, su hermano lo diría cuando lo considerara necesario. Lo importante era el contenido de su mensaje, sobre tener detalles y un gesto significativo.
Su ayuda con el tejido funcionaba un poco, pero no debía ser suficiente. Parecía minúsculo en comparación con las cosas que ella había tratado y lo que se merecía después de la escena que le hizo pasar. Sabía que, en su lugar, él pasaría mucho tiempo buscando que la otra persona se arrastrara para resarcir el daño.
El problema era que no sabía qué. Podía usar los ejemplos de las películas y series románticas que existían en todas partes, pero no haría semejantes cosas, porque eran enteramente patéticas y actuaría como alguien ridículo, nada que ver con él. Además, Kotoko se había enamorado de él por algo en su persona; si cambiaba, desaparecería lo que la hizo hacerlo… y se preguntaba cómo, pues no era cálido, ni expresivo, cosas que una soñadora como ella esperaría en un hombre.
Por fortuna, Kotoko no decía nada por su modo de ser. Y antes, cuando estaba seguro de que le interesaba, no parecía disgustada por cómo era.
¿Habría cambiado de opinión?
¿Querría un hombre distinto?
¿El vecino sería amable y atento y por eso…
Negó con la cabeza, perdería el tiempo preguntándose cómo era ese sujeto en realidad. Ni siquiera quería tratarlo. Él solo tenía que tomar en cuenta que ella no le era tan indiferente y llevar a cabo el consejo de Yuuki, "sin perder el estilo".
Tal vez podía usar la discreción que le daba una nota, como Kotoko también lo había hecho. Era nada llamativo y tenía habilidad para escribir, pensó abriendo el cajón del escritorio, donde guardaba post-it's, prácticamente un paquete nuevo.
Hizo a un lado su portátil y colocó el paquete frente a sí. Luego cogió un bolígrafo azul, cuya punta trasera llevó a su barbilla, dándose cuenta que no sabía qué poner. Recordaba numerosos textos que citar, y le servían como ejemplo también, pero todas las frases le parecían tontas, como si estuviese pensando en un libro de autoayuda.
Y las que había oído con contenido más meloso, no las escribiría.
Él nunca diría nada como "tu sonrisa ilumina el mundo", o "mi mundo", aun si era cierto. Le producía horror verse escribiendo algo así; peor aún, entregarlo. No podría verla de nuevo a la cara tras semejante proeza.
Tras un tiempo, resopló, y lentamente devolvió las cosas a su sitio. Era inútil, ni siquiera una estrofa de algún poema simple plasmaría en el papel.
Golpeó sus dedos contra el escritorio y de pronto se le ocurrió algo que sería más efectivo que darle una nota (o, al menos, a su parecer). Podía enviarle una solicitud en su red social, dando el primer paso para establecerlos como "amigos".
Arrugó la nariz, preguntándose si era tonto al cambiar de decisión de ese modo, no solo para las dichosas notas, sino por el hecho de que pensaba dejar el mundo informático para después.
Le habría servido saber qué hacían los amigos serios de su hermano.
Poniendo los ojos en blanco, abrió el portátil y se dispuso a buscarla, antes de arrepentirse como con las notas.
Sin pensarlo dos veces, envió la solicitud.
Kotoko, que escribía el final del noveno capítulo de su novela, no tardó nada en observarlo en la esquina de la pantalla, llevándose una gran sorpresa.
—¿Estaré pasando mucho tiempo frente al ordenador? —se preguntó ella en voz alta, dándose un pellizco para saber si estaba despierta.
Con el sentimiento de incredulidad latiente, abrió la página web y parpadeó cuando leyó de nuevo la solicitud de amistad que había recibido de Irie-kun, el que hacía pocas publicaciones y la ocasión anterior se había demorado en responder a la suya.
¿Los planetas se habían mal alineado?
¿Acabaría de darse cuenta que lo eliminó?
Se llevó la mano al mentón; por cuenta propia, ¿él quería ser amigo suyo?
—No hay nada malo en eso, ¿o sí? —musitó, sintiendo que su corazón se aceleraba sin querer. —Puedo ser su amiga.
Probablemente también por ese motivo él se había estado comportando como lo hacía, no solo porque hacía su vida más excitante. Ahora la consideraba su amiga, no solo una "conocida". A los amigos se les ayudaba, ella lo hacía siempre.
Sonriendo, pensó que todo cobraba sentido. Aun si era un poco triste que al final no estuviese enamorado de ella, era lindo que él se interesara por sus amigos de la forma en que ella lo hacía. Ya no tendría falsas e inadecuadas impresiones románticas, ni se sentiría mal porque él quisiera una relación de novios cuando ella no, y le estuviera animando de modo inconsciente.
A ella solo le quedaría guardarse sus sentimientos, como muchas personas lo hacían, y como antes lo había hecho.
Respondió afirmativamente a la solicitud.
Amigos, era lo mejor.
NA: Naoki pasa por lo que una persona normal con su crush, cambiando de opinión...
Y él no va a escribirle cartas, ni enviarle notas. Lástima.
También estuvo a punto de enterarse que Kotoko y Keita no son nada, pero esa es una escena que vendrá más adelante.
En fin, es de a poco que me voy acercando al final, aunque tampoco tengo planeado alargarla innecesariamente.
Besitos, Karo.
caro: ¡Yo igual! Por lo menos me habría gustado obtener una explicación, o interrumpirlos; ya sabes, poner equis excusa para que me invite a su casa y hacer tiempo hasta que llegue el papá, asegurándome de mantenerlos lejos (pero tú shhh).
