Capítulo 35


Naoki apartó su mirada de los papeles que revisaba al escuchar que la puerta de su oficina se abría, sin una indicación previa. Se sorprendió al encontrarse a su padre.

—Buen día, hijo —saludó éste—, me han dicho que no estabas reunido.

Asintió y lo invitó a sentarse. —Buenos días —respondió haciendo a un lado su labor matutina. —¿Deseas hablar de mi trabajo? —continuó, extrañado por su presencia en la oficina a primera hora de la mañana.

Su progenitor rió acomodándose en el asiento. —Me complace que tu primera preocupación sea el trabajo, pero no es nada por el estilo. Tú haces tus labores perfectamente, Nao. Solo hacía una breve visita por los departamentos; un buen jefe tiene que mezclarse entre sus empleados, es la clave para el liderazgo. Recuérdalo para el futuro. No hay que olvidarse de todos los involucrados en la empresa.

Él se encogió de hombros.

—Ciertamente es informativo bajar de vez en cuando —musitó el otro, con el índice sobre su mentón—, ¿desde cuándo Kotoko-chan no se encuentra en este piso?

Shigeki casi se tiró una carcajada al ver a su hijo incorporarse ligeramente, con los ojos atentos.

—Me han comentado que ella ya no hace su trabajo en diseño, y estoy seguro que tú recuerdas eventos a la perfección, Nao —dijo Shigeki, casi adivinando que la joven lo habría hecho tras la lamentable escena que había presenciado.

—No puedo darte una respuesta afirmativa, padre; fue en mi periodo de vacaciones. El martes de la semana pasada que volví, ella tenía una ruta diferente. Asumo que no fue un cambio de la empresa, si no fue de nuestro conocimiento.

El padre de Naoki sonrió. —No hay delito, tal vez en diseño necesitaban más concentración y Kotoko-chan fue prudente en no perturbarlos. Ella es una buena chica, pero poco silenciosa. Qué considerada de actuar como lo hizo. Me agrada.

—Ellos han actuado sin informar a sus superiores —replicó Naoki, enfadado dentro de sí porque había sido una decisión personal de Kotoko… por su culpa.

—Se lo comentaré al verla más tarde; no es una ofensa grave, hijo. La sería si deja de entregarme mis mensajes. —Su padre rió. —Tiene mucho ímpetu, pero es muy agradable que llegue trayendo alegría a mi oficina.

Naoki sonrió de lado.

—¿Tú quieres que ella sea tu mensajera de nuevo?

Elevó una de sus cejas. ¿Desde cuándo su padre era osado?

—Ella anima los días, aunque puedo suponer que también te distrae.

—Estoy bien —dijo indiferente, cogiendo el papel en el que estaba trabajando. —No es ninguna distracción, ni benef… —Calló deliberadamente. —No, estaría mintiendo al decir lo opuesto.

—¿Trae beneficios a tu trabajo? ¡No se diga más! Hablaré con ella. —Shigeki era lo bastante listo como para entender lo que trataba de hacer Naoki, pero fingió lo contrario. —Ella tiene una mente creativa que estoy seguro te ayuda. Hay que ver por los intereses de Pandai. —Miró su reloj. —¡Oh! Parece que tengo una reunión con unos inversionistas, debo dejarte. Estás invitado a unírtenos.

Naoki se mordió la lengua, no era una invitación. Lo hacía para que se hiciera poco a poco con los movimientos de su puesto, el que presuntamente ocuparía en un futuro.

—Subo en unos momentos.

—Perfecto.

Al salir su padre, suspiró. Tal vez debía sincerarse con él y decirle que se estaba pensando el ser su sucesor.

No obstante, esbozó una ligera sonrisa de victoria, sabiendo que de nuevo tendría a Kotoko diariamente en su oficina. Eso podía hacer esperar cualquier cambio que deseara llevar a cabo, dándole más tiempo para reflexionar.

Era consciente de la oportunidad que le estaba dando su padre, pues debía sospechar que ella se cambió de ruta después de lo que presenció en Masahito. Cualquier otra excusa era cuestionable.

Contento, se puso en pie; tampoco podía olvidar que era viernes. No importaba las reuniones fastidiosas a las que tuviese que asistir, lo enduraría hasta la tarde a solas con ella.


Frente a la puerta de la oficina de Irie-kun, Kotoko seguía preguntándose si él tendría relación alguna con la instrucción dada por su oji-san en la mañana, que casi hizo se le cayera la mandíbula de la impresión y la incredulidad.

(Hasta de molestia.)

Había sido informada por el mismo presidente de la empresa que ella llevaría la mensajería a su hijo, mientras que Hiroaki-san le entregaría el suyo al Jefe de Administración, con la excusa de que había notado que Irie-kun trabajaba más a gusto con ella cerca, ya que su compañero era menos hablador y veía mejores resultados que ahora.

Tenía que estar bromeando.

Sin embargo, era el presidente, que mandaba sobre todos y debía obedecer.

Estaba segura que si supiera sus intenciones, él la apoyaría, pues tenía que haber empatía para una mujer que no quería seguir cruzándose con el hombre del que estaba enamorada.

(O diría que los asuntos del trabajo no debían mezclarse con los personales.)

Ahora bien, no dejaba de ser extraño; según ella, entorpecía el trabajo de Irie-kun, por lo cual parecía tonto que la quisiera de vuelta… aunque quizá eso de su energía podía ser provechoso para él.

Llevó la mirada al techo, inquieta. Era mala suerte que debiera verlo de manera cotidiana, no era justo. La constancia hacía terribles estragos en ella; si por algún motivo hubiese vivido bajo su techo, sabía que le habría sido imposible ignorarlo. Era lo mismo tener que llevarle los recados.

Cerró los ojos con fuerza.

Había alguien allí arriba que se reía de ella y la ponía ante duras pruebas.

Probablemente solo era lo primero, pues el encargado de las cámaras, que estaba por terminar su turno, la observaba entretenido, imaginándose que ella se encontraba en las nubes, como otras veces la había observado en su jornada. El que lo estuviera ante la puerta del Irie joven, le hacía pensar en que debía ser por él. No era la única que mostraba interés por el hijo del presidente, ya que siempre se daba cuenta de las jóvenes que se ocultaban detrás de los cubículos para seguirlo con la mirada.

Pero él favorecía a la pelirroja, dado que era la misma que más de una vez había escondido notitas en su correspondencia, como una adolescente enamorada. Y porque había visto esa semana que el Irie joven la apartaba del joven de lentes sobre el que había caído, con demasiada premura… el mismo al que una vez ella miraba de cerca y les había puesto distancia.

Si tan solo el Irie joven no se encargara personalmente de las cámaras en su oficina, pensó desanimado. Él no tenía los conocimientos informáticos que el menor, así que no había modo de burlarlo.

Se puso rápidamente en alerta al ver a la pelirroja alzar el puño para tocar, todavía con los ojos cerrados…

En ese preciso instante la puerta se abrió.

El castaño puso mirada sorprendida segundos antes de que la mano de ella golpeara su pecho. Ella brincó hacia atrás, que lo hizo a él cogerla de la cintura para evitar que cayera de espaldas, elevándola ligeramente del suelo.

Ambos se quedaron mirando a los ojos durante unos momentos, y el guardia animó al chico para que la besara, aprovechando la ausencia de testigos —con su excepción—. En su lugar y con una joven que le gustaba en sus brazos, la besaría.

—Vamos —dijo con energía, observando subrepticiamente los segundos que pasaban en el reloj.

Ellos permanecieron congelados, como si la cámara se hubiese detenido.

El castaño era el más rígido.

Aunque Naoki se moría por besarla, un presentimiento le hizo permanecer inmóvil, dándole oportunidad a ella de decidir. Kotoko debía tener el derecho de hacer lo que fuese mejor para ella, sin importar él.

Así pues, tras un momento eterno, soportó verla tragar saliva y dejarla mirar la mano que permanecía en su brazo izquierdo, que afortunadamente no era su pecho, o habría sentido sus latidos alocados, algo que no podía controlar.

No.

Suspirando, la soltó y dio un paso atrás, adentrándose en su oficina. Repentinamente se sentía agotado. Había visto cómo lo miraba, pero no era suficiente para ella.

—¿Quieres de beber? —preguntó sin dar paso a sus emociones.

Kotoko negó a la cuestión, llevando mecánicamente su mano a su bolso, más grande porque llevaba el paraguas guardado.

—Tengo un termo con té —susurró extrayéndolo con manos temblorosas. —¿Te gustaría?

—Estoy bien por ahora —respondió él calmo, haciéndole darse cuenta a ella que estaba demasiado alterada por un momento accidentado.

¿Fue su imaginación o él permaneció mirando sus labios durante unos instantes?

—Lamento golpearte —dijo ella caminando hacia el sofá, donde se sentó y se concentró en buscar los materiales.

—¿Has practicado esta semana? —contestó restándole importancia al golpe.

Ella asintió, centrando la mente en el tejido.

—Todos los días, papá me preguntaba si era yo la que tendría el bebé —comentó y se rió, pensando que era imposible. Si hasta el gimnasio le hacía bajar de peso y su padre pensando que lo ganaba.

Kotoko no vio a Naoki crisparse, para relajarse al oírla reír como si fuese un chiste. Ahora se reprochaba no haber aprovechado la oportunidad para besarla; era el movimiento más tonto de su vida. Así, si lo rechazaba, al menos podía excusarse con las circunstancias.

Y habría tenido sus labios entre los suyos.

—¿Has hecho avances?

Él curvó la boca al ver que bajaba los hombros.

—No —siseó ella desanimada. —¡Pero voy a lograrlo! —manifestó segundos después.

—Eres admirable.

Naoki cogió el material de las manos de ella, que se había congelado con sus palabras.

—Gracias —murmuró Kotoko.

—Coge las agujas, comenzaremos de este modo.

—Sí.

Con su supervisión, ella empezó a hacer los cruces para ir uniendo la tela, manteniendo la mirada en lo que estaba haciendo.

—Detente —pidió al notar que introducía la punta de la aguja donde no era. —Te has equivocado allí —señaló con el dedo.

Kotoko abrió la boca en forma de círculo y él lentamente empezó a deshacerlo, para que no lo arruinara.

—Ahora cierra, y repite lo que has hecho —indicó Naoki, apreciando que comenzaba a hacerse un poco con la técnica básica, aunque se tomara el triple del tiempo que se debería. —No, hazlo despacio. Kotoko, lento. No te apresures. Estás…

Resopló, al parecer lo había pensado muy pronto.

—Haremos esto, si no funciona esta clase, conseguiré las agujas y me imitarás, ¿de acuerdo?

Ella asintió.

—Deshaz a partir de aquí.

Veinte minutos más tarde, se vio desenredando de nuevo el avance después de la cadena.

—Cuando te apresuras, te equivocas, hazlo con lentitud. ¿Tienes algo que hacer al salir de aquí?

Ella negó.

—¿Cuántos meses tiene tu amiga?

—Casi dos.

—Entonces tienes suficientes semanas para hacerlo con calma. ¿O es por mí que te aceleras?

—¿Qué! No, Irie-kun. Mi cuerpo no se acelera por ti ni porque esté atraída, no… —expresó ella con demasiada rapidez.

Él perdió la respiración, pero con pena se dio cuenta que ella decía la verdad. —A lo que me refiero es a tu idea de que me molesto y por eso tienes miedo de mí.

Kotoko agitó la cabeza. —No te temo, Irie-kun.

Suspiró aliviado. Debía ser su rebosante energía.

—Prosigamos.

Antes de continuar, Kotoko lo miró de frente. —Irie-kun, ¿no te agrada Hiroaki-san?

—¿Hiroaki-san?

—Tu mensajero.

—Takaishi. —Ella afirmó. —¿A qué viene la pregunta?

—Oji-san me pidió que a partir del lunes te entregue tu mensajería, en lugar de él. Tú, ¿le dijiste? ¿No te agrada?

Se encogió de hombros. —Mi padre toma sus propias decisiones, sabe lo que hace.

—Oh, bien.

—Aunque me irrita lo perfectamente que trabaja Takaishi —agregó, sonriendo de lado. —No hay excusa para reprenderle.

Kotoko abrió los ojos de par en par y él rió.

—Yo, eh, tú, disfrutas sermonearme —balbuceó ella con trabajosa indignación, señalándolo con las agujas.

—Cuidado.

—Lo siento.

—No, puedes lastimarte tú —dijo él, haciéndola sonreír con timidez.

—Si soy sincera, creo que siempre tengo accidentes en los que no me lastimo. Cuando es algo grave, no soy demasiado torpe.

—¿Es eso posible? —bromeó Naoki.

Ella soltó una suave risa. —No lo hago a propósito ni nada parecido.

—Es parte de tu personalidad.

El sonido de un aguacero atrajo la atención de los dos al exterior, donde hasta el aire hacía ruido intenso en medio de la lluvia, que se estampaba con fuerza en el cristal de la ventana.

—Pobre Kamogari-kun, su casa va a inundarse por completo —manifestó Kotoko de forma penosa.

Naoki frunció el ceño con los dientes apretados.

—¿Por qué? —farfulló en voz alta; aunque concluyó en su cabeza: "…lo mencionas ahora?"

Sin darse cuenta de su malestar, ella explicó: —La casa de Kamogari-kun tiene goteras y no tenía suficientes cubos para ellas, le presté algunos. No debieron hacer bien la inspección, y Yoshida-san nunca mencionó nada al respecto. Ni siquiera recuerdo que se quejara cuando llovía.

Era obra del destino, según Naoki. Enfocado en su casa, el vecino no tendría oportunidad de hacerle caso a ella.

—Hay personas despreocupadas que no aceptan la inspección para no perder una propiedad y… por economía —aseveró con displicencia.

—Kamogari-kun es un buen chico, él no haría eso. El inspector no debió hacer bien su trabajo —arguyó ella, haciéndolo resoplar.

Llevó sus dedos al puente de su nariz, conteniendo espetarle que, si era tan bueno, por qué no le estaba ayudando.

—Irie-kun, ¿estás bien? ¿Te duele la cabeza? —La angustia en su tono de voz era el ingrediente perfecto para hacerle sentir peor.

Por supuesto que no estaba bien, contestó para sí con sarcasmo.

—Tal vez podemos concluir por hoy, Irie-kun —dijo ella en voz baja.

Él suspiró.

—Estoy bien, no es necesario.

La vio buscar en su bolso y extraer el termo del que había hablado antes. Después vertió un poco del líquido en la tapa para entregárselo.

—No está muy caliente, pero es té verde.

—Gracias. —Sus dedos se rozaron cuando ella le dio la tacita.

Dio sorbos pequeños a la bebida tibia, mientras la observaba pensativo. Kotoko permanecía callada, mirándose las manos como si fuesen lo más interesante del mundo. Parecía la imagen de la quietud y templanza, cuando en realidad era haz de luz lleno de energía, que transmitía su fuerza e intensidad en medio de las sombras. Verla le colmaba de muchas emociones, que no concebía ni era capaz de nombrar.

No entendía toda su resistencia a ella en el pasado, tal vez era autoprotección al tifón que representaba en su vida y las implicaciones que le acompañaban.

—Respóndeme algo.

Kotoko parpadeó y prestó entera atención a Irie-kun, que tenía una expresión distante en el rostro. Le preocupaba que estuviese enfermo, porque así no podría volver a casa, inclusive tendría que enfrentarse a la lluvia.

Asintió al darse cuenta que esperaba su respuesta.

Él soltó un suspiro.

—Yuuki está enamorado de una chica, pero hay un estudiante, que cada vez que está cerca de ella, hace que se sienta irritado con ella y no quiera verla, y diga cosas dañinas, aunque no sea su intención —expuso él con las cejas juntas. —¿Qué le ocurre?

Ella se llevó la mano a la boca y rió de forma queda, pensando que era muy dulce que Yuuki-kun estuviese enamorado, como también el que experimentara celos y acudiera a su hermano para obtener explicaciones.

Más sorprendente era que él no tuvieran idea de lo que pasaba.

—Irie-kun, Yuuki-kun tiene celos —dijo de forma contundente, sintiéndose poderosa de saber más que él al respecto.

—¿Cómo? Eso no es posible —replicó él, como si se tratara de algo impensable. —Tiene que ser otra cosa, es absurdo.

—¿Por qué? —preguntó confundida. —Todas las personas sentimos celos alguna vez, es normal.

—Son enfermizos.

—Si son muy grandes y están siempre presentes, por cualquier tontería, y provocan mucho sufrimiento y dolor; y no dejan vivir a la otra persona. Es peligroso cuando una persona no se da cuenta de lo que pasa y el daño que está haciendo. —Suspiró. —Yo me he sentido celosa muchas veces. —Por él. —Y es muy difícil, pero haciendo un esfuerzo, no haces nada de lo que puedas arrepentirte. Para mí, cuando estamos enamorados podemos sentir celos de perder a la persona que queremos.

—Celoso —repitió Irie-kun riendo entre dientes. —¿Quién lo pensaría?

Era obvio que él no había pasado por eso, pero claro que no tendría por qué dudar de sus parejas. Al lado de cualquiera, Irie-kun era incomparable. El problema debía ser en ellas, porque sería inseguro vivir con alguien como él pensando que se encontrara con una mujer mejor.

Si ella, que nunca había sido su novia, había tenido celos, debía ser horrible estando a su lado.

No obstante, si él la quería y la escogía, tenía que confiar en que era la única, o no funcionaría.

Viró los ojos, percatándose de las tonterías que pensaba. ¿Ella y él pareja? Si solo eran amigos, y, además, él no tenía sentimientos por ella, mucho menos celos. Solo era la joven que le traía vitalidad a sus días grises.

Sonaba romántico, pero él no había manifestado nada de eso.

Y mucho menos ella buscaba un novio.

(Ahí iba de nuevo.)

Naoki, ajeno a sus pensamientos, terminó la bebida fría y le tendió a ella la tapa para que vertiera más. A continuación, se lo ofreció a Kotoko, quien sonrió ligeramente y asintió, tomando tranquilamente.

Él se maravilló de ella, capaz de dejarle estupefacto con una cuestión tan sencilla. ¿Cómo había sido tan tonto para no darse cuenta de que estaba celoso? Una emoción tan humana que no había experimentado antes y que solo le ocurría a causa de ella.

Kotoko era necesaria en su vida, porque le hacía sentirse como cualquier persona, y hacía surgir lo que residía dentro de él… podía mostrar su verdadero ser gracias a ella.

Era egoísta quererla solo a su lado, debía admitirlo. Sin embargo, tenía el presentimiento que el vecino tenía suficientes emociones humanas como para requerir de la energía de Kotoko.

Definitivamente no podía perderla.

E iba a dar lo mejor de sí para no hacerlo.


NA: Podría hacer un fic entero con un guardia de seguridad haciéndose historias de una cámara.

Si esto fuese un manga, Kotoko se habría puesto n/n por un beso al beber de la misma taza.

Besos, Karo.


caro: Hay que decírselo a Naoki, si hasta el anillo que le compró a Kotoko por su cumpleaños se lo puso mientras estaba dormida ja,ja. Todos sus gestos románticos son de manera discreta y que nadie le perciba XD