Jane y Lisbon tuvieron que salir corriendo de Sacramento ya que se enteraron de que John El Rojo iba a comenzar su plan para atrapar a Lisbon, así que fueron a sus casas y cogieron lo indispensable. Para escapar contaron con la ayuda del equipo.

- Conozco una cabaña en el bosque. – dijo Jane.

- ¿Y cómo es que la conoces? - preguntó Lisbon.

- Porque de vez en cuando me iba al bosque para pensar y la encontré, está abandonada.

- Pues venga, vamos. – dijo Cho.

Cho estaba conduciendo la furgoneta de la Brigada, Van Pelt de copiloto y Rigsby detrás junto con Jane y Lisbon. Al llegar a la cabaña miraron si realmente estaba vacía y al ver que así era se quedaron allí. Cayó la noche, el equipo estaba fuera con la furgoneta vigilando y Jane y Lisbon dentro hablando de sus cosas.

- No me puedo creer que tengamos que estar así. – dijo Lisbon con ojos húmedos.

- Yo tampoco…

Jane y Lisbon estaban encima de unas mantas y encima de ellas los sacos de dormir, ya que no había camas.

- Tanto sacrificio para nada, porque al final John El Rojo nos está atacando.

- Lo sé.

- Ojalá hubiésemos aprovechado para estar juntos.

- Y yo, pero por tu seguridad intenté hacerlo así para no arriesgarnos aunque al final no sirvió de nada. Lo siento tanto. – dijo mirando a Lisbon con los ojos húmedos y con un nudo en la garganta.

Entonces Lisbon le tocó la mejilla y Jane besó su muñeca. Al encontrarse sus miradas pegaron sus frentes y sus narices. Tenían los ojos húmedos a punto de llorar y un nudo en la garganta.

- Te quiero. – dijo Lisbon con lágrimas en los ojos.

- Y yo a ti. – dijo también con lágrimas en los ojos.

Entonces ya no pudieron aguantar más y se empezaron a besar. Como dijo Jane en cuanto la besara ya no podría parar, el sabor de sus labios se convertirían en una droga para él. El beso se volvió más apasionado, sin embargo luego se relajaron un poco y empezaron a besarse tierno mientras uno le quitaba la ropa al otro. Mientras lo hacían ambos no podían evitar besar y tocar al otro, recorriendo todo su cuerpo. Al terminar, un gran halo de felicidad recorría la habitación, nada ni nadie los podría separar y si es así el otro iría en busca del otro.

- Te quiero. – dijo Jane mientras la besaba en el cuello, hombro y brazo.

- Yo también. – dijo dándose la vuelta para mirar a Jane, ya que este estaba detrás suya, a sus espaldas.

- Cuando esto acabe nos vamos a casar y tendremos un hijo, ¿qué te parece? – dijo con una sonrisa.

- Me parece bien, pero quiero conservar mi apellido de soltera.

- Me parece bien.

- ¿Y cómo llamaremos al bebé? Que por cierto, quiero dos como mínimo.

- ¿Dos? Ya estás pidiendo tú mucho.

- No te quejes, que quien los tendrá nueve meses seré yo.

- Está bien. Pues nombres… no sé… Teresa para niña y para el niño…

- Patrick.

- Samuel.

- ¿Samuel?

- Sí, Samuel, sé que te haría mucha ilusión llamarlo como Bosco. De hecho… había pensado… ¿qué te parece Samuel Virgil?

- ¿Virgil? ¿Por Minelli?

- Ajá.

- Estás loco.

- ¿Loco? Dos nombres de dos hombres que quieres mucho, yo creo que eso es bonito.

- Está bien… Pero aceptaré que lo llames así si llamas a nuestra hija Angela.

- Teresa… yo…

- Sé que te gustaría llamarla así.

- La verdad es que sí, pero…

- ¿Pero qué?

- ¿Estás segura?

- Totalmente.

- Está bien. Angela y Samuel Virgil entonces.

- Sí – dijo mientras cerraba los ojos por el cansancio –. Buenas noches.

- Buenas noche mi amor. – dijo cerrando los ojos también.

A la mañana siguiente antes de que saliera el Sol se fueron todos camino al aeropuerto donde Jane y Lisbon se irían en el primer vuelo de la mañana.

- París, me gusta, ¿no te parece romántico?

- En este momento no estoy para romanticismos, Jane.

- Bueno bueno, perdone usted.

- Ya he comprado los billetes, debéis iros. – dijo Cho con su talante serio.

- Gracias chicos. Os lo agradecemos en el alma. Espero que nos visitéis.

- Por supuesto jefa.

- Claro que sí. – dijo Van Pelt.

- No lo dudes jefa. – dijo Rigsby.

- Habéis sido compañeros leales y buenos amigos, nunca os olvidaremos, ah y por favor, a partir de ahora llamadme Teresa y a él… Bueno a él llamadlo como os apetezca.

- ¡Ey!

Entonces todos empezaron a reír. Oyeron que el vuelo estaba a punto de salir y se fueron corriendo para entrar en el avión. Sería un día muy triste para todos, pero al menos Lisbon estaría a salvo de John El Rojo y comenzaría una nueva vida con Jane.