Capítulo 38
Kotoko se sintió desorientada mientras el timbre sonaba por segunda ocasión y su vecino esperaba paciente a que abriera. Lamentablemente, ella no veía a su alrededor y era difícil que saliera de esa situación sin ayuda de Irie-kun, quien permanecía callado. Tal vez estaba molesto por lo que acababa de pasarle a su teléfono, pues aun sin verlo bien sentía un aire tenso en el ambiente.
Sin que ella reaccionara, él le cogió la muñeca y la auxilió para ponerse de pie, entregándole su móvil.
—Ve a atender —le indicó como entre dientes.
Dubitativa, ella se mordió el labio inferior, pero escuchó el timbre que le obligó a decidirse.
Lentamente, y con ayuda de la linterna del móvil, llegó a la puerta, no sin antes presionar el apagador para suspender la energía de la corriente. Abrió con una sonrisa; afortunadamente, en el exterior, el alumbrado público iluminaba lo suficiente.
—Kamogari-kun, hola —saludó amistosamente.
—Hola, Aihara-san. Estaba por retirarme.
—Sí, lo siento por tardar. —Bajó la mirada en disculpa.
Él alzó su brazo derecho, mostrándole los cubos que le había facilitado días antes. —Gracias por prestármelos. Vengo a devolvértelos, lo había olvidado. Al estar estudiando, tiendo a olvidar todo a excepción de la enfermería.
—Oh, no importa. ¿No los necesitas más?
—Lo he resuelto por ahora, Aihara-san, ya no los utilizaré.
—Eso es bueno. —Ella aceptó los cubos de agua con su mano libre. —Si puedo ayudarte de otro modo…
—No, no es necesario. De hecho, yo todavía no consigo el número de Yoshida-san para ti.
—Kamogari-kun, no quiero presionarte. Estudias muy duro para ser enfermero y yo te molesto con mis tonterías.
—Si a Aihara-san le importa, no es nada —aseguró Keita rascándose la base del cuello. —E insistiré hasta que sea posible que des con tu antigua vecina. —Sería lo último que haría muy cerca de ella, después se apartaría hasta que ya no se sintiera enamorado.
—Eres muy amable, Kamogari-kun.
—Y… ¿estás sola? —preguntó para no irse todavía.
—Yo, eh —Kotoko titubeó. ¿Era correcto admitir que estaba con un hombre? —No. Tengo una visita, pero el foco se fundió hace unos momentos y estamos a oscuras.
Keita miró a la calle, donde descubrió el vehículo de Irie aparcado y asintió rígidamente. —Bueno, no molesto; de nuevo, gracias. Estoy al lado si tienes algún problema.
Dio media vuelta y suspiró, escuchando el sonido de la puerta cerrándose como el eco de las advertencias de la señora Irie.
Dentro, el hijo de la susodicha sonrió en medio de la oscuridad, sintiendo que había vencido al enemigo en esa batalla; pero no debía cantar victoria todavía. Antes debía dar a conocer sus sentimientos y sus intenciones.
La vio iluminar su camino hacia la cocina y de nuevo la casa tuvo luz, aunque ella tenía un color rojo en las mejillas, que esperaba no se debiera al tipo que acababa de retirarse.
—¿Qué pasa? —Ella le entregó su móvil con la cabeza inclinada.
—Lo siento, le he hecho una grieta; te pagaré el arreglo.
Bajó la vista al aparato y rodó los ojos al ver la pantalla protectora partida en la esquina. Era su responsabilidad; el día de lluvia que había visto a Kamogari entrando a su casa, al llegar a su edificio tuvo un percance con el móvil y ese era el resultado. Aquella vez estaba lo suficientemente alterado para no moverse con tranquilidad.
—No eres la causante, es un accidente mío del pasado.
—Fue después del día del bote, ¿verdad? —convino ella con una sonrisa. —Mi teléfono siempre corre con la misma suerte de accidentarse. Es un alivio saber que no soy la culpable. De hecho, el estado de mi pantalla ha hecho que a veces se ralentice un poco.
—Si es así, deberías cambiarlo, en una emergencia podría fallarte.
—Papá dice lo mismo, pero aun sirve.
Él suspiró.
—¿Y la bombilla? —cuestionó interesado.
Ella mostró una cara que le hizo sospechar la causa antes de haber sido dicha.
—El día que hice la compra no lo anoté y ahora no tengo de sobra.
—Hay una tienda cerca, iré contigo —dijo poniéndose en pie.
—No, no. Por ahora usaré uno de mi habitación y después compraré otro.
—Vamos a la tienda. Podría repetirse lo de hace unos momentos si tomas el de tu dormitorio. Y de este modo lo colocaré sin necesidad de que muevas una silla.
—Gracias, Irie-kun.
Ella se dio la vuelta para ir a la cocina y la siguió en silencio; la vio coger dinero de un cajón y saltar sorprendida al encontrárselo detrás.
—Si estás lista, apaga la luz.
Kotoko asintió y lo hizo, momento en que él le cogió de la mano para guiarla a la salida. La soltó a regañadientes, se puso sus zapatos y abrió la puerta, brindándole la claridad del exterior para colocarse un abrigo ligero y un calzado deportivo. Después de tomar las llaves, salieron de su hogar y ella cerró.
Fue innecesario llenar el silencio durante el camino, aunque se sentía agradado si en su presencia ella estaba callada o con su incesante plática. Había cambiado al punto de aceptar su compañía como fuere.
En la tienda, tuvo la sensación de hallarse en una situación rutinaria para una pareja joven, encargándose de comprar productos para su hogar compartido. Ciertamente, no recordaba ninguna ocasión en el que su padre acompañara a su madre, pero los tiempos cambiaban y en las veces que visitaba el supermercado, encontrarse a parejas compartiendo ese deber era más habitual.
Ella compró tres bombillas y emprendieron el camino de regreso.
—Tienes que pensar que soy muy torpe al olvidarme de comprar los focos y actuar como una tonta en la oscuridad —sentenció ella casi cuando llegaban a su casa.
—No es así. A las personas normalmente le pasan cosas como esas y solo te comportaste conforme a tus circunstancias. Temías la inseguridad que tu problema provoca.
Kotoko sonrió. —Lo haces sonar como si yo fuese igual de normal que los demás.
Él rió en voz baja. —Te equivocas, no eres igual a los demás. Eres diferente.
—¿Diferente mal o diferente bien?
—No existe nada malo en ti. —Era demasiado buena; y llegado a un punto, sus torpezas la hacían fascinante, del modo adorable. Una cualidad única que le hacía ganarse el corazón y aprecio de los que estaban a su alrededor.
—Yo también he hecho cosas que no debía —subrayó ella.
—Que las recuerdes es motivo suficiente para creer que estás arrepentida.
Kotoko bajó los hombros.
—Ya llegamos —musitó ella y sacó sus llaves para abrir. En la entrada, él le cogió la mano e hizo de forma contraria lo que antes, encaminándola a la cocina. Le dio satisfacción sentir un pequeño temblor en su cuerpo, de nerviosismo, así como saber que confiaba en él para guiarla.
Tras encender la luz de la cocina, ella abrió el paquete con el bombillo y lo siguió al salón. A él no le bastó más que estirar el brazo para alcanzar su objetivo, a una altura no más baja que la media. Segundos después, ella presionó el apagador y la luz regresó al salón.
—Gracias, Irie-kun. ¿Quieres un té o un café? —ofreció Kotoko, tratando de seguir con la atmósfera cómoda entre los dos, que le había hecho apartar de su cabeza el beso de ese día.
—Un café.
Ella asintió y se dispuso a prepararlo, siguiendo los mismos pasos de siempre para la bebida. Se sintió observada y le miró, él estaba concentrado en sus movimientos, aunque no con la apariencia de estar juzgándolos, sino solo viéndola. Esbozó una sonrisa sintiéndose tranquila y se concentró en no arruinar el café para él.
Todavía no sabía con exactitud qué le había incitado a ir, si era más que comentarle de su falta por el viernes, pero disfrutaría de ese pequeño momento con él, ignorando el día de mañana y todas las inquietudes que danzaban a su alrededor.
Irie-kun le esperó pacientemente y regresó a él ofreciéndole unas galletas que Chris le había dado el fin de semana.
Por primera vez no se sintió hambrienta y solo bebió té para acompañarle. Debía ser por no ir al gimnasio, algo que no le apeteció mucho por el escozor en su brazo.
Irie se llevó la taza a sus labios y dio un sorbo. En su opinión, fue perfecto. La medida justa de granos y agua, consiguiendo deleitar su paladar.
Si siempre hacía de ese modo el café, Naoki podía vivir encantado.
—Ya que no podré enseñarte el viernes, lo haré ahora. Estuve practicando el fin de semana —comentó ella mientras él disfrutaba de su bebida. —Ahora vuelvo.
Movió la cabeza en asentimiento y la vio partir por el pequeño pasillo. Se dijo que cuando acabara el café, hablaría con ella de lo que le había llevado allí.
Kotoko regresó con su imborrable sonrisa y se sentó de nueva cuenta en el sofá, sosteniendo en alto el pequeño comienzo del zapatito en su pierna, cuidando que las agujas no le lastimaran.
—Bien hecho —juzgó él con satisfacción, seguro de que la determinación de ella la había ayudado a conseguir parte de su objetivo, aun si al inicio parecía imposible.
—Quería esforzarme para que no tuvieras que conseguir otras agujas y practiqué mucho. Todavía tengo que repetirlo varias veces para no olvidarlo, pero ya es un comienzo.
Él asintió.
—Podrás practicar y hacer suficientes para el bebé de tu amiga.
Ella esbozó una sonrisa emocionada.
—Esto es gracias a ti. Yo soy torpe, y con tu ayuda he podido hacer algo más que estando sola.
—Tienes mucha determinación, una persona en tu lugar ya se habría rendido —repuso antes de dar otro sorbo al café, casi terminando su taza.
Cogió aire.
—¿Quieres más? —le interrumpió ella.
Se encontró asintiendo, reprendiéndose a sí mismo. Al final era como los demás seres humanos, nervioso a la hora de confesar sus sentimientos, incluso tras una aparente seguridad.
Ocupaba las excusas que se presentaban para no decir lo que deseaba, y se conformaba con seguir en su compañía. Toda su arrogancia del pasado era una tontería, sabía que solo con un buen impulso le podría decir sus sentimientos.
…o tal vez si ella hacía una insinuación consciente de los suyos.
Se aclaró la garganta. —Esta tarde…
—¿Sí? —musitó ella, regresando con la taza.
—Me he sentado a descansar unos momentos —continuó, atento a ella—, por la pastilla.
Kotoko dio un pequeño respingo y él bebió del café para ocultar su sonrisa.
—Pasó algo… —Ella desvió la mirada hacia otra parte y pudo ver su sonrojo.
—¡Sí! —exclamó ella exaltada—. ¡Mi brazo! ¡Me duele mucho! Casi no puedo moverlo sin que sienta ardor.
Él se descubrió asombrado por que ella pensara que caería en su "audacia"; su rostro era tan transparente que esa táctica para desviar el tema era muy obvia.
—Tú, ¿qué hacías ahí?
—Antes tenías fiebre, quería tomar tu temperatura… pero no debí acercarme tanto porque tuve un accidente, siempre me ocurren, tú lo has visto muchas veces. Y entre más intento no tenerlos, más ocurren, es como si todos mis esfuerzos no sirvieran y tuviera esta mala suerte que al menos no es contagiosa, porque te molestaría.
Él puso los ojos en blanco y sonrió de lado. De momento, seguiría su juego, igual que otras veces; claramente le ponía ansiosa que comentara sobre el beso, así que había significado algo para ella, pero no era suficiente para estar seguro de confesarse.
Al menos ocuparía su mente más que Kamogari. Y le divertiría cuando le dijese que se habían besado en la oficina.
—Tal vez podríamos seguir con tu clase —interrumpió su monólogo con una ceja en alto.
—¡Oh, sí! Divagué un poco. Disculpa.
—Si practicas todos los días, puedes enviarme imágenes de tu progreso —sugirió.
—¿Es así?
—No me molesta —se adelantó adivinando su cara de duda. —Será supervisión.
—Eres muy bueno, Irie-kun.
—Tienes un impresión exagerada de mí —dijo burlonamente.
Una vez dicho eso, dedicaron la siguiente media hora a su tejido.
El viernes por la mañana, Naoki tenía la seguridad de que su padre estaría conforme con el trato dado a Kotoko desde su regreso con él.
Y no por obtener su favor. Había sido amable en sus encuentros con ella por el simple hecho de ser quien era, además de que le ayudaba en la relación amistosa que mantenían.
Por supuesto, en algunas ocasiones Irie no podía evitar ponerla nerviosa recibiéndola de pie frente al escritorio, aprovechando para aproximarse a ella mientras cogía lo que tuviera por darle. Una vez había llegado al extremo de hacerle tirar todo el contenido del carrito y se había entretenido rozando su mano mientras la ayudaba a recoger todo del suelo, para inmediatamente invitarla a sentarse y ordenarlo todo de manera tranquila.
La pelirroja había tardado quince minutos arreglando el material, inquieta por las miradas de soslayo que le daba al joven, cada vez que imaginaba que la estaba viendo. Y en todas lo descubría concentrado en su trabajo, haciéndola creerse una paranoica.
Para su ignorancia, él sí la espiaba y después fingía leer un papel que se sabía de memoria. Su único objetivo era conseguir que se encontrara de fijo en su mente.
(Lo estaba logrando, aunque Kotoko ya había pasado la etapa de que él dominara su cabeza y podía dedicarse a otras cosas además de su Irie-kun).
Naoki solo preparaba el terreno hasta que llegase el momento de reclamarla para él, desapareciendo al vecino del mapa.
Y como diariamente le había enviado fotografías de su trabajo, estaba seguro que no lo veía mucho, así que podía estar haciéndolo poco a poco.
—¿Irie?
Dejó sus cavilaciones al escuchar que Watanabe le hablaba desde fuera de la oficina.
—Puedes entrar.
Su amigo ingresó sin hacer ruido, trayendo con él dos juegos de fólders, de los que le entregó uno.
—He terminado con el asunto de Aihara-san y el manga, de este modo ambas partes quedan satisfechas.
—Te lo agradezco —dijo hojeando el acuerdo. —Ellos pretendían lucrar con ella de forma desagradable.
Watanabe carraspeó, aunque sonó más como una tos fingida. Alzó la vista para encontrarse con su mirada divertida y se dio cuenta del modo que había sonada. Su reacción, unida a su sospecha de que su amigo sabía de su interés, le confirmaron que lo suyo ya no era un secreto.
—Hay mangas que son visualmente más descarados que el atuendo de Kotorin —observó su amigo acomodándose sus lentes caídos. —Muchos tienen un estilo similar a los bocetos originales de estos mangakas.
—En su mayoría no se basan en personajes reales —puntualizó.
—Ese es un buen punto. Y si usan la imagen de la persona que te gusta se vuelven menos aceptables.
Él enarcó una ceja, haciendo que Watanabe riera.
—No diré nada, pero déjame disfrutar de la primera vez que te veo realmente interesado por alguien. Mi yo de la preparatoria estaría sorprendido por algo como esto; ahora que han pasado los años pienso que es bueno para ti.
—Hablas tan tranquilamente.
—Sé que no es el tipo de pláticas que tenemos. Por eso aprovecho el momento para decirte que ella me gustaba también.
No pudo evitar crisparse. ¿Acaso se había equivocado al desestimar al rubio?
—Antes lo hacía —prosiguió Watanabe—. Pero me rendí y decidí avanzar sin hacer nada. Ella es más especial para ti de lo que era para mí, y con Aihara era mutuo, su estima por ti era más alta.
Se sintió victorioso al saber eso y le incomodó ser tan ignorante de la atención que su amigo le daba a Kotoko. No obstante, en ese caso se habría comportado terriblemente con Watanabe.
—Si hubiese tenido oportunidad lo habría intentado, aunque antes te habría dicho, para dejar las cosas claras.
Sus palabras le hicieron descubrir que había menospreciado a un buen amigo, quien no se merecía una relación con alguien como él.
Y si su modo de pensar y de sentir no hubiese cambiado gracias a Kotoko, habría echado a perder cualquier lazo de amistad con él. Antes no habría pensado en lo leal de una persona cercana, pero aún estaba a tiempo de valorarlo como se debía.
—Probablemente me habría servido para abrir los ojos.
—Sí. —Su amigo rió. —No sé si habría sido para mi bien.
—Nunca podremos saberlo.
Watanabe se movió incómodo. —Corre un rumor interesante en la empresa.
Aceptando el cambio de tema, Naoki resopló, regresando sus ojos al documento.
—¿Desde cuándo es un tema al que dirija mi atención? —preguntó al tiempo que leía.
Su amigo rió en baja. —Podría ser la primera vez, ya que te relacionan estrechamente con Aihara.
La atención puesta al acuerdo desapareció.
—¿Disculpa? —inquirió con el ceño fruncido.
—Como podrás adivinar, no sé cómo ni cuándo han empezado a difundirse, pero el que ella regresara a ser tu mensajera ha ayudado a favorecerlos. Creen que tienen una relación íntima y ha suscitado envidia entre las empleadas. Afortunadamente, hay mucho temor a tu reacción, por lo cual no han decidido tomar acciones contra Aihara. Y ella les agrada.
Fue una sorpresa escuchar la existencia de rumores sobre los dos, pero el escuchar eso último no le tranquilizó lo suficiente. Estaría más atento a ella, porque acabaría con las personas que le hicieran daño deliberado.
¿Alguien les habría visto en viernes? ¿Sabría ella de lo que comentaban sobre ambos? ¿No era tan discreto como creía?
¿Estaría ella consciente de su interés por ella y no le hacía caso?
Eso sí le escoció.
—¿Cómo lo has sabido? —cuestionó curioso.
—He tenido una cita con Sarii-san y ella lo ha mencionado de pasada.
—¿Sarii-san?
—De programación.
—Sé quién es —replicó—, ¿no es una joven solitaria?
—Ella es callada y muchas veces está inmersa en sus diseños, solo pocos como Aihara o yo la notamos —comentó Watanabe con una sonrisa de agrado—. Por su personalidad introvertida, Sarii-san no se entera mucho de los comentarios, pero si ella lo notó y lo comentó, es que hace mucho ruido. No he sido yo quien lo escuchara, supongo que mi amistad contigo les da reticencia a incluirme.
—¿Y es seguro que no la atacan?
—No, he hecho mis averiguaciones. Claro que no está de más permanecer atento.
Asintió.
—Gracias por la información.
Su amigo se puso en pie. —No es nada, era eso por lo que vine. Los papeles eran solo una excusa. Si lo deseas, puedo dedicarme exclusivamente a este tema y hacerte saber los acuerdos a los que lleguemos; procuraré poner los intereses de Aihara primero.
Pensando que tal vez de ese modo ella estaría más conforme, asintió. Además, pretendía poner más su atención en las consecuencias de esos rumores.
NA: ¡Hola!
He tardado más de un mes, lo siento. Ha sido un tiempo intenso, aunque ahora tengo la ilusión de no tardar más.
Mi intención era tener treinta y ocho capítulos, pero mis descripciones de las escenas planeadas se alargaron un poco y se ha prolongado el término de esta historia.
Por otra parte, es mi interpretación que Naoki solo responde bajo medidas desesperadas, así que por eso no se confiesa cuando hay calma. Y también me gustaba Watanabe, pero no lo tenía como un amigo verdadero (de hecho, creo que el más cercano es Kin-chan, y tampoco tan estrecho a él. Kotoko es su única amiga).
Muchos besos, Karo.
caro: Ja,ja, él es muy cobarde, pero bien que no le gusta que Kotoko esté con otros; es malditamente posesivo y dominante miedoso. Y sí, había que tener un beso en algún rato. :) - Perdón por hacer esperar, se me hace tan difícil escribir con el calor, me da dolor de cabeza y ansiedad (y eso que mi estado es de los más calientes del país ja,ja). Pues Naoki y Keita no conversaron, aunque los dos sabían de la presencia del otro. ¡Gracias por comentar! Besos.
Guest: A cute and cheeky way, almost like their second kiss in original story. Soon, soon their end will come ha,ha (there will be more kisses to add). Thanks to you for your review! :)
AnastasiaRomanov: Muy bonito nombre el que tienes, me gusta la historia universal y esa parte de Rusia es interesante. En fin, ya llegó la continuación, y podrás saber qué pasó. Tristemente la vez pasada quedó en cliffhanger, pero ahora no, aunque ya no quiero ni creo tardar para el próximo capítulo. Gracias por tus palabras y espero que puedas disfrutar de mis historias :)
