Capítulo 40


Por segunda semana consecutiva, el día viernes Naoki no se reunió con Kotoko, tomando en cuenta los ánimos bajos de la pelirroja, que había concluido sus días laborables en un estado melancólico, el cual ocasionó miradas algo incómodas para él en los pasillos, mientras supuestamente no se percataba. Aparentemente alguien comentó que salió con ojos llorosos de su oficina y se había propagado la idea de que él había hecho algo a ella, a quien no debieron preguntarle por su tristeza.

(El único que quiso saber qué ocurría fue Watanabe, porque llamó su atención el asunto.)

A Naoki no le molestaba que le miraran, pero sentía alivio de que en esa situación las personas estuviesen de parte de Kotoko, incluso si le tenían miedo a él. Le decía que cuando ella sonriera nuevamente o aclarara la razón de su estado anímico, no habría personas que la atacaran por "ser su pareja". No habían aprovechado la oportunidad para molestarla por "su rompimiento", entonces si estaban juntos tampoco sería una excusa.

Esa era una cuestión; la otra se relacionaba a la satisfacción que sentía por haber sido la persona que la apoyara en esa penosa situación, y no Kamogari. Tal vez tendría que sentirse mezquino por estar feliz de ser él su apoyo y no el novio, pero le agradaba que ella se fiara de él. Primero abrazándolo y llorando en sus brazos, luego conversando con él para sentirse acompañada.

…sin contar que había accedido a que fuese él y no el vecino, quien estuviese con ella al presentar sus respetos a la tumba de la fenecida anciana. Eso lo hacía más importante a sus ojos; era una gran ventaja ser mayor que Kamogari, y no ser un estudiante universitario con ocupaciones escolares que podían extenderse al fin de semana.

Además, ser mayor y conocer más le había abierto la oportunidad de ser quien le llevara en su automóvil el sábado por la mañana, ese mismo día.

Habían acordado que él pasaría por ella a su hogar y le llevaría. Había sugerido que su padre también podía viajar, pero éste había comentado que nunca había tenido relación cercana con su vecina, por todo su trabajo, y que verdaderamente era su hija quien merecía ir. También estaba tranquilo de que ella estuviera acompañada en su viaje, más que nada por él, en quien confiaba.

Y no iba a defraudar esa confianza, pensaba Naoki mientras estacionaba frente a la casa de los Aihara y descendía para llamar a su puerta. No obstante, a medio camino ella salió de la pequeña casa, saludándole lentamente con la mano.

Llevaba unos pantalones oscuros y una blusa morada, botas negras y una mochila pequeña a su espalda.

—Buenos días —saludó él cuando se encontraron.

—Buenos días, Irie-kun. No quise que llamaras porque papá está durmiendo todavía —le hizo saber ella.

Asintió en comprensión.

—Preparé unos almuerzos para… —Unas voces riendo interrumpieron el comentario de Kotoko y ella movió su cabeza hacia la fuente del sonido, atraída por el sonido. Él, para indicarle que fuesen a su coche, se giró.

Su movimiento le dio la oportunidad de ver quiénes hacían ruido a tan temprana hora y se percató que era el vecino acompañado de tres chicas. Una muy alta, pelinegra, y dos más bajas, pelirroja y rubia.

—Aihara-san, Irie-san, buenos días —habló Kamogari al voltearse y verlos.

A Naoki le pareció una falta de respeto que, en ausencia de ella, invitara a tres mujeres a su hogar de soltero. Probablemente su falta de nerviosismo al ser visto indicaba que no tenía malas intenciones, pero demostraba poca consideración con la novia que estaba triste por la muerte de una persona querida.

También confirmaba que la relación no era tan formal como creía, y que no estaban en muy buenos términos.

Asimismo, como novio, detestaría la idea de que otro paseara a su novia.

—Buenos días —respondió Kotoko con un asentimiento en dirección a los cuatro jóvenes. Naoki vio que las otras tres prestaban atención a donde se encontraba con la pelirroja, y notó que la persona alta tenía rasgos algo masculinos. Su intuición le dijo que tal vez no era originalmente una mujer.

Él, por educación, bajó la cabeza en forma de saludo.

La joven de cabellos negros le dio un codazo a la pelirroja, y ambas cuchichearon entre ellas.

Kamogari se aproximó a ellos. Esperaba que no fuese a despedirse de una forma en que marcara su territorio. —Aihara-san, ¿te sirvió el número que conseguí? —inquirió el sujeto, casi logrando que Naoki dejase caer su mandíbula. Por lo que había entendido de Kotoko, el vecino había sido quien le facilitó el teléfono para contactar a la inquilina anterior.

¿Acaso habían roto y por ello él no sabía? ¿O le importaba tan poco ella?

La aludida puso una expresión triste en el rostro. —Sí, fue de ayuda, pero Yoshida-san ha fallecido recientemente. Hoy iré a presentar mis respetos.

Kamogari se rascó el cuello.

—Me da mucha pena escucharlo, Aihara-san; si hubiese sido más rápido, podrías haberla visto antes. Pero ahora ella descansa y se sentirá bien de que vayas a su tumba, ella debió ser feliz de haberte conocido.

—No tienes la culpa, Kamogari-kun; no te preocupes. Gracias.

Atento al intercambio, Naoki se sentía incrédulo de la actitud del joven, creyéndose afortunado de que los dos no tenían ya alguna relación. O si la tenían, que era tan frágil que no había familiaridad entre ellos. Era maravilloso… y si no estuviese por acompañar a Kotoko a la tumba de su antigua vecina, la habría llevado con él para decirle sus sentimientos en privado.

En medio de su alegría, él se fijó que las tres jóvenes se acercaban detrás del pelinegro, y que la chica alta carraspeaba sonoramente, antes de que se ubicaran a un costado del estudiante.

—¿No vas a presentarnos, Keita? —cuestionó la pelirroja de forma coqueta, mirándolo atentamente.

Él reprimió una mueca de desagrado. Era esa clase de chica.

—Bueno, tampoco hay necesidad —intervino la pelinegra con voz aguda, pestañeando sensualmente. —Puedo hacerlo yo.

—Ya empezaron ustedes —masculló Kamogari ceñudo. Luego suspiró. —Aihara-san, Irie-san, estas personas estudian conmigo en la universidad. —Señaló a las jóvenes en orden al nombrarlas—: Ogura Tomoko —la rubia—, Shinawaga Marina —la pelirroja—, y Kikyou Motoki. —La pelinegra tenía nombre de varón, si es que no lo era.

—Oh, soy Moto-chan —terció Kikyou. —Es un placer.

—Ella es mi vecina, Aihara Kotoko-san —prosiguió Kamogari.

—Mucho gusto —contestó Kotoko mirando intrigada a Kikyou. —Es bueno conocer a los compañeros de Kamogari-kun.

Kamogari continuó: —Y él es su novio, Irie Naoki-san.

Él se paralizó con las palabras del vecino, oyendo apenas los lamentos de dos de las chicas. ¿Habría escuchado mal? ¿El vecino había dicho que él, Irie Naoki, se trataba del novio de Kotoko?

¿Qué clase de cosa pasaba ahí?

—¿Cómo… has dicho? —pronunció Kotoko tartamudeando. —Kamogari-kun, ¿tú has presentado a Irie-kun como mi novio?

Ella parpadeaba con cara de asombro, sin mirarle.

—Irie Noriko-san me lo ha aclarado hace un tiempo, cuando me mudé —aclaró el vecino antes de carraspear. —Bueno, nosotros tenemos que estudiar. Tengan un buen viaje. —Se escabulló rápidamente con sus acompañantes.

Naoki se hallaba estupefacto, por primera vez la mente se le había quedado en blanco. Era un hecho insólito lo que acababa de ocurrir y, a pesar de ser muy sencillo, no conseguía procesarlo.

Segundos después, poco a poco tomó conciencia de lo que acaba de presenciar.

Había sido presentado como pareja de Kotoko, por quien creía que era su novio.

El vecino y ella no tenían una relación amorosa.

Kotoko era libre.

Y, según el chico, desde hacía un tiempo lo sabía. Gracias a su madre.

Se quedó mirando a la nada, empezando a hacer conexiones con su cabeza. Para Kamogari, el novio de Kotoko era él, y lo creía así desde antes, porque su madre se lo había dicho al llegar ahí, lo cual significaba que había una explicación alterna a las veces que pensó que estaban juntos… y que no hubo nunca una relación entre ella y su vecino, quien se mantuvo alejado por las palabras de su madre.

Había sido un idiota sintiendo celos de un enemigo inexistente… había cometido muchas estupideces por eso.

La había tenido solo para él todo ese tiempo.

Casi se echó a reír histérico, pensando en las cosas imposibles que habían pasado antes; tanto por la idea de tener que agradecer la intervención de su madre en el asunto.

Kotoko había sido, era y sería suya. Solo suya.

Le invadió una descomunal emoción, dándose cuenta que tenía el camino libre hacia Kotoko. No había experimentado una felicidad como ésa en sus años de vida, que sería superada cuando le confesara sus sentimientos y pudieran estar juntos. Kotoko había hecho innumerables cosas por él y le había correspondido el beso en la oficina aun después del incidente en el restaurante, lo que le daba esperanzas, que aumentaban exponencialmente al recordar veces anteriores donde se sintió animado por causa de ella.

Se giró hacia ella para abrazarla, pero muy a tiempo recuperó el sentido al recordar la razón por la que se encontraba frente a su casa. No era el momento indicado para confesarle lo que sentía; por lo menos, no durante la mañana. O si no el mismo día, tenía el siguiente.

Ya no había motivos para aplazarlo más.

Conteniendo su emoción, la vio abrir y cerrar la boca como si no supiese qué decir, mirando el sitio en que se encontraba Kamogari previamente. Parecía muy sorprendida. Esperaba que no se tratara del pasmo de que el chico que le gustaba pensase que salía con otro.

Él carraspeó, llamando su atención.

Kotoko dio un respingo. —Yo… —susurró ella viéndolo de reojo. —Le diré que está equivocado. Debí hacerlo ahora y ellos tienen una idea errónea de lo que somos; esas chicas bonitas parecían decepcionadas y quizá tú…

—Son cosas de mi madre —cortó él. —Vamos, se nos hará tarde.

Naoki se lamentó no poder decir que no le molestaba que tuviesen esa idea, sino que prefería que fuese real, pero era muy egoísta poner primero sus sentimientos en esa ocasión. Al menos no había dicho respecto a que quería cambiar la opinión de Kamogari, sino de las jóvenes, que no le interesaban a él. Le inquietaba que quisiera empujarle en su dirección, aunque eso no le amargaría lo contento que se sentía.

Sonriendo para sí, la invitó a subir en su coche y él lo abordó también.


Pese a viajar otras veces con Irie-kun en su automóvil, Kotoko sentía diferente esa ocasión, él parecía muy callado, no con una actitud negativa, más bien como si se obligara a no hablar de lo que estuviese pensando.

En parte lo agradecía, porque además de estar un poco triste por la noticia del fallecimiento de Yoshida-san, se encontraba avergonzada por lo que había acontecido momentos antes. No era su culpa del todo, ya que había sido la madre de él quien intervino, pero si la mujer lo hizo fue por las ilusiones que tenía al saber que ella estaba enamorada de su hijo, en el tiempo cuando hacía esas tontas cosas para llamar su atención. Eso le había recordado su humillante comportamiento y sus resoluciones de mantener su distancia con él.

Aunque todo parecía ponerse en su contra.

Era como si un imán la atrajera hacia Irie-kun, pues aun tratando de huir de su espacio, más se acercaba. Por supuesto, se sentía inmensamente agradecida con ese viaje, pero de todas formas no sucumbiría a su encanto. Con su propia novela, había estado trabajando en ello; en su crecimiento personal. De manera que no podía flaquear.

Se preguntó qué había pensado él cuando escuchó las palabras de Kamogari-kun; esperaba que su cabeza no volviera inmediatamente a su persecución por él, o arruinaría su amistad. Inmersa en su incredulidad, no había visto su reacción.

Tal vez no había sido nada y ella le daba vueltas, como a todo. Así que mejor se relajaba y mantenía su mente en la despedida a su antigua vecina, con quien había compartido buenos momentos, además de muchos regaños.

Había sido triste saber de su destino tras mudarse, y se había sentido muy culpable pensando que no se dio cuenta si lucía enferma, ocupada solo en un hombre que no era nada suyo, como si una sola persona hubiera controlado su vida. Trataba de recordar si ella había dicho o hecho algo extraño las últimas veces que la vio, pero no hallaba más memorias que sus ridiculeces mientras perseguía a Irie-kun. Se sentía consternada por ello; si bien no habría podido evitarlo, al menos le habría ofrecido apoyo.

Ahora solo le quedaba el lamento, ya que era imposible cambiar el pasado. De poder volver atrás, ella modificaría sus decisiones y algunos de los actos que había tenido entonces… aunque sin haber ocurrido estos, ella no habría tenido otra forma de pensar y seguiría volando como polilla en torno a la luz que ofrecía Irie-kun. No tomaría en cuenta su autoestima y su propio crecimiento, y seguiría aplazando su novela y buscando hacer que la correspondieran en un amor imposible.

Sin duda, algunas cosas pasaban por algo.

A ella le había hecho bien "renacer". Era todavía la tonta, romántica, distraída y torpe chica promedio, pero ya analizaba más las cosas y lo que le hacía bien, y se sentía mejor que antes.

Yoshida-san se sentiría orgullosa de ella.

—¿Qué tan lejos estaremos? —se le escapó en voz alta, por lo que escuchó a Irie-kun reír.

—Cuarenta minutos, como mucho —respondió él sencillamente.

—Estamos a más de la mitad del viaje —calculó. —¿Verdad?

Él asintió.

—¿Tú cómo conoces el sitio a donde vamos? —preguntó intrigada. Cuando le había dicho de ese sitio, él había dicho saber cómo llegar. No había podido preguntarle mientras estaba conmocionada por las palabras de la pariente de Yoshida-san, pero tenía la duda.

Lo vio encogerse de hombros. —Alguien conocido tiene un negocio cerca de ahí, y un antiguo empleado de Pandai, ya jubilado, lo nombró cuando se necesitaba inspiración para un juego. Yo usé la excusa de tomar fotografías para alejarme de los ardides de mi madre. Ese fin de semana quería emparejarme con la nieta del dueño de la corporación Oizumi.

Qué cansado debía ser para él.

—Afortunadamente ella misma se desinteresó con Sahoko-san, pues le pareció muy moldeable y simple para mí, según ella no necesitaba a esa mujer como mi esposa, ni ella la aceptaría como nuera —compartió él con un deje de sarcasmo al final.

Ella se imaginó a su oba-san haciendo algo como eso y pensó que tal vez, tarde o temprano, la madre de él perdería su entusiasmo con ella, dejando de incitarla a una relación con su hijo. Esperaba que la joven que él escogiera tuviese la aprobación de Noriko-san, o sería problemático para las partes involucradas. Su oba-san podía ser hasta un poco drástica en sus acciones.

Momentáneamente se preguntó con qué clase de mujer terminaría él, y luego pensó que ése no era su asunto.

—Junto al templo, hay un bosque, del cual tomé las fotografías —concluyó Irie-kun.

¿Las tendría aun, como las hechas por ella el día del bote? ¿Sería prudente decirle que borrara esas imágenes?

Bueno, él lo haría por su cuenta en algún momento. Quizá eliminaba imágenes después de un periodo determinado y ese todavía no había llegado. Con su seriedad, él no debía usar mucho su cámara y por ello la memoria de su dispositivo no se ocupaba.

Suspiró.

—¿Estás bien? —musitó él sin apartar la vista del camino.

Esbozó una sonrisa. Se sorprendía ese aspecto preocupado de Irie-kun, igual que el día en que recibió la noticia de la muerte de Yoshida-san. Él podía mostrarse como una buena fuente de apoyo, aunque aparentemente fuese una persona dada a la indiferencia.

Se había sentido cómoda y muy cálida en su abrazo, rompiendo la idea de que él era frío. Había partes de él que seguía conociendo lentamente, que le hacían darse cuenta que en el pasado había estado enamorada de la idea del muchacho genial y no de la verdadera persona, como toda una ingenua. El del presente era real, que la mantenía enamorada de un gran ser humano.

Ella agitó su cabeza. —Estoy bien, ya estoy un poco más en calma con lo que ocurrió. Me sentía mal por fijarme en otra cosa, pero no puedo hacer más al respecto. A veces hay que aceptar las cosas como son, solo algunas las podemos cambiar.

Él puso atención a sus palabras, pensando en lo madura que ella sonaba en ocasiones. No congeniaba muy bien con la idea de la muchacha de pensamientos infantiles, pero la creía capaz de tener profundas reflexiones, demostrando ser mucho más de lo que parecía.

Reprimió una sonrisa y siguió atento al camino, disfrutando de su compañía sin la presión de que tuviese un rival por su corazón.

Quizá podría seguir pensando en ese gran gesto del que había hablado Yuuki…


Tiempo más tarde, Naoki esperaba a que Kotoko se reuniera con él en la banca frente al estanque.

Ella había permanecido ante el sepulcro de su antigua vecina; entretanto, él le otorgaba la privacidad que se merecía en ese momento. No necesitaba estar a su lado para eso y ella pareció agradecerlo.

Él tenía la vista fija en el agua, donde los peces dorados nadaban tranquilamente, dándole una sensación de paz que no tenía igual en la ciudad. Allí, en el campo, la vida era más relajada que en la gran urbe, y si pudiese estar así siempre, lo disfrutaría. Era lo mismo que ocurría en la casa de su familia materna, donde, a pesar del numeroso clan, podía encontrar sitios en los que respirar y descansar sin perturbaciones.

¿A Kotoko le gustaría? O, al ser una joven citadina, ¿preferiría el bullicio y la civilización constantemente actualizada?

Ella era una persona muy vivaz y ruidosa, a la vez que sencilla, por lo que no sabía la respuesta.

Como si la atrajera con el pensamiento, la vio de reojo, sentándose junto a él.

—He terminado —dijo ella con una sonrisa. —Espero que le gusten las flores que le puse, ella decía que yo no tenía buen ojo para escogerlas, cuando las compraba para el altar de su casa, y que solo se las quedaba porque era una lástima botarlas. Mucho después entendí que era su modo de darme las gracias; el ser poco tomada en cuenta por sus familiares la había vuelto un poco hosca.

—Tu padre asegura que ella te veía como una nieta.

—Me regañaba como una abuela —manifestó Kotoko divertida. Después suspiró. —Este es un bonito sitio, por lo menos sus hijos tomaron una buena decisión para sus padres… —Ella hizo una pausa, pateando una piedrita hacia el agua. —Me recuerda al lugar de mi infancia, donde vive mi familia materna y donde están las cenizas de mi madre… aunque no es silencioso como aquí.

Él enarcó una ceja.

—Los miembros de mi familia son algo efusivos —admitió ella sonrosada. —Y casi dominan todo el pueblo, no es un lugar muy apacible.

—Me gustaría conocerlos. —Quería conocer el lugar en que ella había crecido sus primeros años, y también saber más sobre ella y su pasado.

—Después de una hora querrías irte.

Rió.

—La familia de mi madre también es especial. Esa es la razón de que sea como es, aunque diga lo contrario y prefiera vivir lejos de ellos. —Se puso en pie. —¿Quieres recorrer un poco el lugar?

Ella se levantó de prisa asintiendo. —Sí, y podemos buscar un sitio para comer el almuerzo que preparé.

—Debí haberte dicho antes que no lo hicieras. Hay un establecimiento de buena comida en el centro del pueblo.

Un gracioso mohín apareció en el rostro de ella.

—…lo disfrutaré —murmuró él metiendo las manos en sus bolsillos, fingiendo indiferencia. —Siento curiosidad por las caras que tenga el almuerzo —agregó burlón.

La expresión de su cara delató que no lo había pensado y sonrió de lado, divertido por la transparencia de su rostro. Era muy fresco estar en su compañía, ella era muy genuina. Si le cuestionaba lo que él creía, que eso parecía una cita, ¿su cara mostraría que ella también lo había pensado?

Pero eso sería muy cruel de su parte, porque no era su propósito ese día. Debía ser considerado con Kotoko.

—Me gusta este paisaje —comentó ella cambiando de tema. Señaló a la izquierda del camino. —El bosque y las montañas al fondo, con los pájaros volando en el cielo azul. Yo puedo perderme en su interior explorándolo, pero es muy bonito.

—Si tienes la compañía adecuada, podrías disfrutarlo.

—Tendría miedo por los osos —aseguró ella con un pequeño temblor.

—Eso es lo que advierten en el otro lado del bosque, en una villa romántica, pero las parejas se aventuran al interior a las áreas abiertas al público. Conozco a un familiar de los dueños y hasta entonces no ha ocurrido un incidente.

—Qué bueno, o el negocio no habría prosperado porque los osos no son románticos.

Asintió. —Mi conocido habría encontrado la manera de permanecer aquí, la mujer de la que está enamorado, y que es su novia, tiene una residencia cerca.

—Vaya.

—Esos son los sitios a los que se puede llegar en autobús, esta zona solo es accesible con vehículo particular o a pie, pero es algo lejos —informó.

—Gracias por traerme, Irie-kun —contestó ella. —Probablemente me habría perdido. Solo espero no haber arruinado tu fin de semana.

—No estaría aquí si no lo quisiera.

—Oh, bueno. —Kotoko tronó los dedos. —Espera, has dicho que tomaste fotos del bosque y que podría disfrutar, ¿tú lo has recorrido?

—Sí, ¿quieres hacerlo? —invitó, aunque tendría que ser cuando tuviesen mejor vestuario, una excusa para salir con ella de nuevo.

Ella negó.

—No soy una exploradora, solo siento curiosidad del interior.

Él se encogió de hombros, pero hizo nota mental de enseñarle las fotografías que tenía en su ordenador. Había una de mariposas que podría gustarle mucho.

Le platicó de forma breve de lo que se había encontrado en el bosque, a lo que ella escuchó atentamente, haciendo alguna que otra pregunta curiosa. Recordaba muy bien esa ocasión, por lo que pudo ser específico en cuanto a las características de ese entonces, que a ella le sorprendían de sobremanera.

Cuando llegaron a un pequeño parque, se sentaron a comer y continuaron su amena conversación, relacionada principalmente a lo que él sabía de ese lugar y los sitios que habían visitado en el pasado. Parecía un modo agradable para pasar el día y para que Kotoko recuperara los ánimos.

Si estaba sorprendida por su rara locuacidad, no lo demostró, aunque si le hubiesen preguntado él habría dicho que ella sería la única persona con la que podía bajar la guardia y comportarse como alguien más jovial e íntimo. Era uno de los cambios experimentados por y para ella, que le hacían muy bien a él, aliviándole de la incomodidad que le envolvía cuando convivía con las demás personas.

En el caso de no saber sus sentimientos, eso le habría indicado que con ella ocurría algo.

Pero por ese motivo pudo pasarla bien ese día.


NA: Como ningún sitio me convencía, utilicé el sitio de "Villa Romance", que no recuerdo si se dijo dónde está.

En otro punto, fue muy difícil para mí poner los "pensamientos" de Naoki tras las palabras de Keita. Ya lo tenía planeado, pero no había pensado tan a fondo cómo escribirlo. Eso sí, hacerlo sentir tonto lo disfruté.

Ahora no habrá quien le pare, ja,ja.

Hasta la próxima, Karo.


Sydnedy: Hi! I like this name, sometimes I have different guests. Here's another update, I hope you enjoyed it. The ending is almost here he,he. You won't know it when it comes ;) - Thanks for your words, I have new ideas and I really hope you can read them. Love from Mexico, honey.

caro: Ja,ja,ja, sí, de hecho lo puse brevemente en un capítulo, con el poder del secretario. El papá debe saberlo, pero también sabe mantener secretos je,je. Gracias a ti por comentar y seguir leyendo. ¡Besos!

AnastasiaRomanov: No hay de qué, me gusta responder reviews. De hecho, a veces es complicado cuando son invitados y es el último capítulo de una historia. Entre las reglas de ff está no publicar capítulos solo con respuestas a reviews, por lo que podrían denunciarte; siempre puede haber alguien de mala fe por ahí. ¡Guau! Pues yo no vi la versión más viejita, solo he visto fotos, pero si es graciosa, debe ser Kotoko. Si te laimaginas con la que describo, super :) - Eso sí, Yuki sí se parece mucho a Irie, y más con este, todavía no llego al punto de hacerlo Zhi Shu je,je. Oh, la verdad sí es molesto estar en el periodo con las cosas que dices, pobre Kotoko, tiene mala suerte. XD. Gracias a ti por leer y comentar. ¡Cuídate!